Opinión
Oportunidad irrepetible
Por Mariana Velasco
El Ecuador de todos, eligió a Daniel Noboa como Presidente Constitucional-2025-2029- y ésta es la oportunidad irrepetible para poner la casa en orden; con él vendrá inversión, estabilidad de la dolarización y oportunidades de empleo. No está por demás, realizar ejercicios de proyección del futuro, identificando tendencias que impactarán en el país: crisis climática, narcotráfico- corrupción, envejecimiento poblacional y digitalización.
En este bello paraje del universo, caben dos escenarios: una nación próspera y desarrollada, hasta una marcada por el estancamiento y la inestabilidad. Dimensionar lo que está en juego, es ineludible, razón por la cual, todas las funciones del Estado, academia, gremios, cámaras, sociedad civil, deben trabajar en ejes básicos, fundamentales, cuya capacidad de anticipar desafíos y definir estrategias sirva para orientar el desarrollo de instituciones democráticas sólidas. Insta una reforma constitucional que permita reorganizar los poderes del Estado para recuperar la institucionalidad.
Requerimos mayor integración al comercio internacional (aumentar exportaciones), remover las barreras que dificultan el desarrollo de sectores como agroindustria, biotecnología, todas las energías, minería y la economía del conocimiento que, lleven a la estabilidad macroeconómica, pilar esencial. En 17 meses, el mandatario logró avances significativos en la estabilización económica, al poner orden en las cuentas públicas. No obstante, no está garantizada. Estos sectores, combinados estratégicamente con los servicios, tienen el potencial de generar los empleos que el país necesita.
Se debe aprovechar las oportunidades globales, atraer inversiones es crucial, fomentar la innovación tecnológica y desarrollar el talento humano, imprescindible. En este sentido, la transformación del sistema educativo es obligatorio.
Para restaurar la confianza en la justicia, los corruptos deben enfrentar sentencias firmes, extradiciones y consecuencias legales, sin excepción. No se puede ni debe coexistir con la impunidad.
Fronteras, puertos, aeropuertos, aduanas deben ser modernizados a través de sistemas digitales para tener estrictos y transparentes controles. Construir el Ecuador que queremos, exige actuar desde hoy para habilitar llaves: institucionalidad, desarrollo y estabilidad. Las decisiones que tomemos hoy definirán el futuro del país. Tenemos la oportunidad y responsabilidad de construir un legado donde las próximas generaciones puedan con certeza proyectar su futuro. ¡A trabajar para que así sea! Fuente: El Telégrafo
Noticias Zamora
Cuando la identidad busca sentido: jóvenes, familia y fe ante los desafíos de nuestro tiempo
Por: Lic. Mario Paz.
Introducción
En toda generación, los jóvenes han buscado comprender quiénes son y cuál es su lugar en el mundo. Sin embargo, en la actualidad, esta búsqueda de identidad se desarrolla en un contexto profundamente distinto, marcado por la influencia de la tecnología, las redes sociales y nuevas formas de expresión cultural que amplían las posibilidades de autoidentificación. En este escenario ha surgido con mayor visibilidad un fenómeno juvenil conocido como “Therians”, término asociado a personas que experimentan una conexión emocional, simbólica o identitaria con un animal no humano.
Para algunos observadores, estas manifestaciones pueden interpretarse como parte de los procesos normales de exploración propios de la adolescencia; para otros, generan inquietudes relacionadas con la construcción de la identidad humana, la influencia cultural y el bienestar psicológico. Esta diversidad de percepciones ha dado lugar a debates en ámbitos familiares, educativos, psicológicos y religiosos, evidenciando la necesidad de una comprensión más amplia y equilibrada.
Abordar este fenómeno requiere ir más allá de juicios simplistas o reacciones alarmistas. Supone reconocer que, detrás de las conductas visibles, suelen existir necesidades humanas profundas: búsqueda de pertenencia, reconocimiento, sentido personal y afirmación de la propia identidad. Comprender estas dimensiones permite responder con mayor responsabilidad, evitando tanto la trivialización como la estigmatización.
Este tema adquiere también una dimensión espiritual, ya que plantea preguntas fundamentales sobre la naturaleza humana, la dignidad de la persona y el sentido de la existencia. Al mismo tiempo, representa un desafío pastoral para las familias y las comunidades, llamadas a acompañar con amor, verdad y prudencia los procesos de crecimiento de niños y adolescentes.
En este contexto, el presente artículo propone una reflexión integral sobre el fenómeno Therian, analizando su significado, su impacto en la familia y la sociedad, las posibles razones que lo explican, su relación con la visión religiosa del ser humano y algunas orientaciones para padres e instituciones. Más que ofrecer respuestas definitivas, el propósito es aportar comprensión, promover el diálogo y contribuir al acompañamiento responsable de los jóvenes en su proceso de construcción de identidad, favoreciendo siempre su bienestar emocional, social y espiritual.
Cuando la identidad busca sentido: origen, significado y realidad humana del fenómeno Therian.
La palabra “Therian” proviene del griego thērion, que significa “bestia” o “animal salvaje”, y en su uso contemporáneo ha sido adoptada por comunidades digitales para describir a personas que experimentan una conexión identitaria interna con un animal específico. Esta identificación no implica necesariamente una creencia literal de ser un animal, sino más bien una percepción subjetiva de afinidad, simbolismo o representación psicológica que puede expresarse mediante comportamientos, accesorios (como máscaras, colas u orejas) o actitudes que evocan características animales.
En términos socioculturales, el fenómeno Therian debe entenderse dentro de un contexto más amplio de búsqueda de identidad, especialmente en etapas de desarrollo como la adolescencia y la juventud temprana. Durante estas fases, es común que las personas exploren diferentes formas de autoexpresión para construir su sentido de pertenencia y singularidad. Las comunidades en línea han facilitado la visibilidad de estas identidades, generando espacios donde los individuos encuentran aceptación, validación y lenguaje para describir experiencias internas que antes podían resultar confusas o incomprendidas.
Es importante diferenciar claramente este fenómeno de condiciones clínicas. En la mayoría de los casos documentados, la identidad Therian no constituye un trastorno mental diagnosticable. Más bien, se relaciona con procesos de simbolización, imaginación activa, construcción identitaria y, en algunos casos, mecanismos de afrontamiento emocional. Sin embargo, como ocurre con cualquier manifestación identitaria, pueden existir situaciones particulares donde se asocie con dificultades psicológicas subyacentes, especialmente si la persona presenta aislamiento social, angustia significativa o desconexión de la realidad cotidiana. Por ello, la evaluación debe realizarse siempre de manera individual, evitando generalizaciones o estigmatizaciones.
Comprender el fenómeno Therian desde una mirada interdisciplinaria (psicológica, social, familiar y espiritual) permite evitar extremos: ni trivializarlo como una simple moda, ni patologizarlo automáticamente. Se trata de un fenómeno contemporáneo que refleja dinámicas culturales, tecnológicas y evolutivas de la identidad en las nuevas generaciones. La clave está en responder con información, empatía y orientación, promoviendo siempre el bienestar integral de la persona y su desarrollo saludable dentro de la realidad.
Cuando un hijo busca identidad: desafíos y oportunidades para la familia y la sociedad
El impacto social del fenómeno Therian no es uniforme; depende en gran medida del contexto familiar, cultural y de la intensidad con la que la persona vive y expresa esta identidad. Más que un problema en sí mismo, suele convertirse en un desafío relacional y de comprensión, especialmente cuando quienes rodean al joven no cuentan con información suficiente para interpretar lo que está ocurriendo.
En la familia, la aparición de conductas o expresiones asociadas a una identidad Therian puede generar inicialmente confusión, preocupación e incluso temor. Muchos padres se preguntan si su hijo está rechazando su identidad humana, si existe un problema psicológico o si se están vulnerando los valores familiares. Estas reacciones son comprensibles, ya que se trata de una realidad relativamente nueva para muchas generaciones adultas. Sin embargo, también puede convertirse en una oportunidad valiosa para fortalecer la comunicación familiar. Cuando los padres adoptan una actitud de escucha abierta y acompañamiento, el fenómeno puede abrir espacios de diálogo profundo sobre temas esenciales como la construcción de la identidad, la autoestima, la necesidad de pertenencia y la gestión emocional durante la adolescencia. En lugar de romper vínculos, puede fortalecerlos.
En la sociedad, el fenómeno se inscribe dentro del crecimiento de subculturas digitales y comunidades virtuales que permiten a los jóvenes encontrar grupos de afinidad más allá de su entorno inmediato. Internet ha facilitado la visibilidad de identidades diversas y ha creado espacios de validación que antes no existían. No obstante, esta exposición también conlleva riesgos: los jóvenes que se identifican como Therians pueden ser objeto de burlas, estigmatización o rechazo social, lo que aumenta la posibilidad de aislamiento o de refugio excesivo en entornos virtuales.
Además, el fenómeno genera debates sociales más amplios sobre los límites entre la libertad de expresión personal, el desarrollo psicológico saludable y la responsabilidad educativa de la familia y las instituciones. Surgen preguntas legítimas: ¿hasta dónde debe validarse una expresión identitaria?, ¿cuándo requiere orientación profesional?, ¿cómo equilibrar respeto y guía? Estas discusiones reflejan tensiones propias de una sociedad en transformación, donde las nuevas formas de identidad emergen más rápido que la capacidad colectiva para comprenderlas.
En este sentido, el impacto del fenómeno Therian no debe analizarse únicamente desde la conducta visible, sino desde las necesidades humanas subyacentes que suele expresar: búsqueda de identidad, pertenencia, reconocimiento y sentido personal. La respuesta más constructiva, tanto en la familia como en la sociedad, no es la ridiculización ni la alarma exagerada, sino la combinación de información, empatía y acompañamiento responsable, promoviendo siempre el desarrollo integral y el bienestar de la persona.
Cuando un joven busca sentido y pertenencia: las razones humanas detrás de estas conductas
Las conductas asociadas a la imitación animal o a la identidad Therian no responden a una única causa, sino a la interacción de factores psicológicos, sociales y culturales, especialmente durante la adolescencia, etapa en la que la construcción de la identidad personal ocupa un lugar central.
Entre los factores más relevantes se encuentra la búsqueda de identidad, mediante la cual los jóvenes exploran distintas formas de autoexpresión para comprender quiénes son. En algunos casos, la identificación simbólica con características animales puede servir como una forma de expresar emociones, rasgos de personalidad o aspiraciones internas.
La necesidad de pertenencia también influye significativamente. Las comunidades digitales pueden ofrecer apoyo emocional y sentido de grupo, aunque un uso desequilibrado puede favorecer el aislamiento del entorno inmediato. Asimismo, la influencia de internet y las redes sociales facilita la difusión de estas tendencias y procesos de imitación, especialmente en etapas de desarrollo donde el aprendizaje social ocurre por observación.
En ciertos casos, estas conductas pueden funcionar como mecanismos de afrontamiento emocional frente a dificultades personales o sociales, mientras que en otros simplemente reflejan creatividad y juego simbólico propios del desarrollo. La mayoría de las personas que se identifican de esta manera reconocen plenamente su condición humana, describiendo más bien una conexión interna significativa con características animales.
Aunque la investigación científica sobre el fenómeno aún es limitada, existe consenso en que suele relacionarse con procesos normales de desarrollo, necesidades de pertenencia, influencias culturales y mecanismos psicológicos de adaptación.
Comprender estas causas permite responder con equilibrio y orientación, promoviendo el bienestar emocional y el desarrollo integral del niño o adolescente.
Redescubrir quiénes somos: la dignidad humana a la luz del amor de Dios
Desde la fe cristiana, la comprensión de la identidad humana parte de un principio fundamental: el ser humano posee una dignidad única porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así lo afirma el libro del Génesis: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” (Génesis 1:26-27). Esta declaración no solo describe un origen, sino que establece una verdad teológica profunda: la persona humana tiene un valor intrínseco, una naturaleza espiritual y una responsabilidad moral que la distinguen del resto de la creación.
La tradición bíblica enseña que el ser humano no es simplemente un animal más dentro del universo, sino una criatura con alma racional, conciencia moral y capacidad de relación con Dios. Además, se le confiere un papel de administración y cuidado sobre la creación, como expresa también el Salmo 8, donde se resalta la posición especial del hombre por encima de otras criaturas. Desde esta perspectiva, la identidad humana no es intercambiable ni modificable en su esencia, porque está arraigada en el diseño divino.
Por esta razón, algunos creyentes consideran que identificarse como un animal (especialmente cuando implica negar o reemplazar la naturaleza humana) puede entrar en tensión con la doctrina cristiana. Textos como Romanos 1:22-23 advierten sobre el riesgo de distorsionar la verdad acerca de Dios y de la creación, cambiando la gloria de lo incorruptible por representaciones de criaturas. En este sentido, el debate no se centra únicamente en una conducta externa, sino en la comprensión de la identidad y del orden creacional.
Desde una lectura teológica, las preocupaciones principales que suelen señalarse incluyen:
- La posible negación de la imagen de Dios en el ser humano.
- La construcción de la identidad basada exclusivamente en percepciones subjetivas.
- La alteración simbólica del orden de la creación.
- La priorización del instinto o lo emocional por encima de la razón y la responsabilidad moral.
- La confusión del concepto de naturaleza humana.
Sin embargo, la fe cristiana no se limita a establecer principios doctrinales; también propone una respuesta pastoral basada en el amor, la misericordia y el acompañamiento. A lo largo de los Evangelios se observa que Jesús se acerca primero a la persona antes que, al problema, ofreciendo verdad junto con gracia. Por ello, ante fenómenos contemporáneos como la identidad Therian, la respuesta espiritual más constructiva no es la condena inmediata ni el rechazo, sino el acompañamiento que ayude a la persona a descubrir su identidad profunda como hijo o hija de Dios.
En el ámbito de la fe, estas situaciones pueden interpretarse también como oportunidades para dialogar sobre preguntas existenciales fundamentales: ¿Quién soy?, ¿cuál es mi propósito?, ¿qué significa ser humano?, ¿dónde encuentro mi valor? La espiritualidad cristiana ofrece un marco de sentido que integra la creatividad, la imaginación y la búsqueda personal dentro de una visión más amplia de la persona, recordando que la dignidad humana no depende de etapas de exploración, confusión o procesos de crecimiento.
En definitiva, la perspectiva cristiana afirma con claridad que el ser humano no es un animal, sino una creación única amada por Dios. Pero también enseña que toda persona merece respeto, paciencia y guía amorosa. La verdad sin amor puede herir, pero el amor sin verdad puede desorientar. El desafío pastoral consiste en mantener ambas dimensiones: afirmar la identidad humana creada por Dios y, al mismo tiempo, acompañar con compasión a quienes atraviesan procesos de búsqueda personal, promoviendo siempre su bienestar integral y su crecimiento espiritual.
Acompañar para crecer: el papel de la familia y la educación en la construcción de la identidad
Cuando surgen conductas asociadas a la identidad Therian en niños o adolescentes, la reacción inicial de muchos adultos suele ser la preocupación o el deseo de “prevenir” que continúen. Sin embargo, la literatura científica sugiere que, en la mayoría de los casos, estas manifestaciones forman parte de procesos exploratorios propios del desarrollo, especialmente durante la adolescencia. Por ello, más que centrarse en la prohibición, los especialistas recomiendan el acompañamiento, la orientación y el fortalecimiento de la identidad personal.
Según estudios psicológicos recientes, los jóvenes atraviesan etapas de experimentación identitaria que pueden incluir distintas formas de autoexpresión simbólica. Estas experiencias suelen ser temporales cuando el entorno familiar y social ofrece seguridad emocional, límites saludables y modelos positivos de identidad. Investigaciones académicas han encontrado que la comunicación familiar abierta y el apoyo emocional son factores protectores clave frente a conductas que podrían volverse problemáticas.
Recomendaciones para padres de familia
El rol de los padres es fundamental, no desde el control rígido, sino desde la guía cercana y consciente. Algunas orientaciones importantes incluyen:
- Mantener una comunicación abierta, evitando burlas, humillaciones o rechazo que puedan cerrar el diálogo.
- Intentar comprender qué significado tiene para el joven esa identificación y qué necesidades emocionales podría estar expresando.
- Fortalecer la autoestima, la identidad personal y el sentido de valor propio más allá de modas o influencias externas.
- Supervisar el consumo digital y las redes sociales de manera prudente, sin recurrir a prohibiciones extremas que puedan generar mayor curiosidad o rebeldía.
- Buscar orientación profesional cuando la conducta interfiera con la vida cotidiana, el rendimiento académico, las relaciones sociales o el bienestar emocional.
La clave no está en confrontar la conducta de manera directa, sino en fortalecer los fundamentos internos del joven: seguridad emocional, identidad clara y sentido de pertenencia familiar.
Recomendaciones para instituciones educativas
Las escuelas y colegios también desempeñan un papel importante en la prevención de conflictos y en el acompañamiento saludable del desarrollo juvenil. Entre las acciones recomendadas se encuentran:
- Promover programas de educación emocional, autoconocimiento y desarrollo de una identidad saludable.
- Prevenir y actuar frente al acoso escolar, ya que los jóvenes que se perciben como diferentes pueden ser más vulnerables a la burla o exclusión.
- Generar espacios de diálogo guiado sobre identidad, autoestima, uso responsable de redes sociales y construcción del autoconcepto.
- Contar con profesionales de orientación o consejería que puedan intervenir cuando sea necesario.
Un entorno educativo seguro y respetuoso reduce significativamente los riesgos de aislamiento y favorece el desarrollo integral de los estudiantes.
¿Qué hacer si la conducta ya se presenta?
Cuando un joven manifiesta comportamientos asociados a la identidad Therian, es importante actuar con prudencia y equilibrio:
- Evitar reacciones agresivas, alarmistas o ridiculizantes que puedan dañar la confianza.
- Escuchar activamente las motivaciones y emociones detrás del comportamiento.
- Evaluar el impacto funcional: si afecta el estudio, las relaciones sociales, la salud emocional o el funcionamiento diario.
- Consultar profesionales de la salud mental (psicólogos o consejeros) si existen señales de aislamiento, ansiedad, depresión o confusión de identidad significativa.
- Reforzar valores, creencias familiares y principios espirituales principalmente a través del ejemplo y la coherencia, no solo del discurso.
La intervención más efectiva no consiste en prohibir la conducta, sino en ayudar al joven a construir una identidad sólida, integrada y realista, fortaleciendo su desarrollo emocional, social y espiritual.
Diversas organizaciones sociales y guías profesionales también han abordado este tema, destacando la importancia de la empatía hacia los jóvenes que atraviesan estas experiencias, así como la necesidad de protegerlos de riesgos potenciales como el acoso escolar, la vulnerabilidad en entornos digitales o el aislamiento social.
En síntesis, el desafío para padres e instituciones no es controlar una conducta puntual, sino acompañar a la persona en su proceso de crecimiento. Cuando un joven se siente escuchado, valorado y orientado, aumenta significativamente la probabilidad de que construya una identidad saludable y equilibrada, capaz de integrar sus inquietudes dentro de una vida plena y realista.
Conclusión
El fenómeno Therian, más allá de las conductas visibles que puedan llamar la atención o generar inquietud, revela una realidad más profunda: la búsqueda humana de identidad, pertenencia y sentido en un mundo en constante transformación. Las nuevas generaciones crecen en contextos culturales y tecnológicos que amplían las formas de expresión personal, pero también pueden generar confusión, fragilidad emocional y preguntas existenciales complejas. Comprender este fenómeno exige ir más allá de la reacción inmediata y reconocer las necesidades humanas que lo acompañan.
La familia, la escuela y la comunidad de fe tienen un papel insustituible en este proceso. No se trata únicamente de corregir comportamientos, sino de acompañar personas; no de imponer respuestas, sino de orientar con verdad y amor; no de actuar desde el miedo, sino desde la responsabilidad y la esperanza. Cuando los jóvenes encuentran adultos que escuchan, guían y sostienen con coherencia, aumenta significativamente la posibilidad de que construyan una identidad sólida, integrada y realista.
Desde la perspectiva de la fe, el mayor desafío y la mayor oportunidad consisten en ayudar a redescubrir la dignidad profunda del ser humano como criatura amada por Dios. La identidad no se construye solo desde percepciones subjetivas o influencias culturales, sino también desde el reconocimiento del propio valor, propósito y vocación. Acompañar con compasión no significa renunciar a la verdad, sino presentarla de manera que ilumine, sane y oriente.
En definitiva, el reto de nuestro tiempo no es únicamente comprender fenómenos emergentes, sino fortalecer las raíces que permiten a los jóvenes crecer con seguridad interior. Cuando una persona descubre quién es, de dónde viene y hacia dónde puede dirigirse, disminuyen las confusiones y aumenta la capacidad de vivir con plenitud. Por ello, el objetivo no debe ser solo prevenir conductas, sino formar corazones firmes, mentes claras y vidas con sentido.
Porque, al final, toda búsqueda de identidad es también una búsqueda de amor, de reconocimiento y de propósito. Y allí donde existen familias presentes, comunidades que acompañan y una fe que ilumina, siempre hay esperanza.
Noticias Zamora
El poder del amor y la amistad: la fuerza que transforma y da sentido a la vida
Introducción
En un mundo donde todo parece avanzar con rapidez, donde las relaciones muchas veces se vuelven superficiales y las personas buscan sentido en medio de la incertidumbre, existen dos fuerzas capaces de sostener el corazón humano y darle dirección a la vida: el amor y la amistad. No son simples emociones pasajeras ni experiencias reservadas para momentos especiales; son necesidades esenciales del alma, pilares invisibles que sostienen nuestra identidad, nuestras decisiones y nuestra esperanza.
El amor auténtico tiene el poder de sanar heridas, reconstruir vínculos rotos y despertar lo mejor que existe dentro de cada persona. La amistad verdadera, por su parte, es un refugio en medio de las tormentas, una presencia que acompaña sin condiciones y una mano que se extiende cuando más se necesita. Cuando estas dos fuerzas se viven con profundidad, se convierten en motores de crecimiento personal, estabilidad emocional y plenitud espiritual.
A lo largo de la vida, todos buscamos sentirnos amados, comprendidos y valorados. Sin embargo, no siempre comprendemos qué significa amar de verdad ni cómo construir relaciones que perduren en el tiempo. Muchas veces confundimos amor con dependencia, amistad con conveniencia o afecto con costumbre. Por ello, descubrir la esencia del amor y la amistad no solo transforma nuestras relaciones, sino también nuestra manera de entender la vida.
Este artículo invita a reflexionar sobre el verdadero significado del amor y la amistad, su dimensión humana y espiritual, la importancia del amor propio, el valor del perdón y el poder del amor incondicional para fortalecer la familia y las relaciones interpersonales. Comprender y practicar estas verdades no solo mejora nuestra convivencia con los demás, sino que nos acerca a una vida más plena, más consciente y más profundamente humana.Porque, al final, la mayor riqueza que una persona puede alcanzar no está en lo que posee, sino en el amor que da y en los vínculos que construye.
Amor y amistad auténticos: lo que permanece cuando todo cambia
El amor y la amistad son dos de las fuerzas más poderosas que existen en la vida humana, pero también son dos de las más confundidas. Muchas veces se les reduce a emociones pasajeras, a la atracción física o a la diversión momentánea, cuando en realidad son vínculos mucho más profundos y transformadores.
El amor verdadero no es solo sentir mariposas en el estómago ni desear a alguien por su apariencia. El amor es una decisión consciente que se construye cada día con respeto, cuidado, compromiso y responsabilidad. Amar es querer el bien del otro incluso cuando implica esfuerzo, sacrificio o paciencia. Es admirar a la persona por lo que es en esencia: sus valores, su inteligencia, su carácter, su capacidad de luchar por un futuro mejor.
El amor no se basa en la necesidad ni en el miedo a la soledad, sino en la libertad de elegir compartir la vida con alguien que suma, que construye y que camina a tu lado en las dificultades.
Por eso, formar una familia no depende de la belleza física ni de la pasión momentánea, sino de encontrar a una persona con principios, metas, fortaleza emocional y amor genuino por su hogar. La apariencia atrae, pero los valores sostienen. El deseo puede iniciar una relación, pero el carácter es lo que la mantiene.
La amistad verdadera, por su parte, es una forma de amor sin romance. Es una relación basada en la confianza, la lealtad y el apoyo sincero. Un amigo real no es quien te impulsa a destruir tu futuro con vicios, irresponsabilidad o decisiones que te alejan de tus sueños. Quien te invita constantemente a perder el rumbo no es tu amigo: es solo un compañero de momento.
Los verdaderos amigos son aquellos que celebran tus logros sin envidia, que te corrigen cuando te equivocas, que permanecen cuando atraviesas problemas, enfermedad o escasez. Son quienes llegan sin ser llamados cuando más los necesitas, porque les importas de verdad, no por interés sino por cariño.
El amor y la amistad son como un árbol fuerte. Las raíces representan los valores: respeto, confianza, lealtad y compromiso. Sin raíces profundas, el árbol se cae ante cualquier tormenta.
El tronco simboliza las decisiones diarias: cuidar, apoyar, perdonar, construir juntos. Los frutos son la felicidad, la paz y el crecimiento compartido.
En cambio, lo que no es amor ni amistad es como fuego artificial: brillante al inicio, emocionante por unos segundos, pero se apaga rápido y deja humo. La atracción superficial, las relaciones por interés, las amistades de fiesta o conveniencia pueden parecer intensas, pero no tienen profundidad ni permanencia.
Amor propio: el punto de partida: Cuando una persona no se ama a sí misma, puede confundir necesidad con amor y aceptación con dependencia. El amor propio es el suelo donde crecen relaciones sanas; sin él, se buscan vínculos que llenen vacíos en lugar de compartir plenitud.
El amor verdadero construye. La amistad verdadera sostiene. Ambos te acercan a tu mejor versión, nunca te alejan de ella.
Quien te ama y quien es tu amigo de verdad no te destruye, no te utiliza y no desaparece cuando llegan las dificultades. Permanece, apoya y camina contigo.
Porque al final, el amor y la amistad auténticos no son los que brillan más fuerte al principio… sino los que permanecen cuando todo lo demás se ha apagado.
El amor: el corazón del mensaje de Dios para la humanidad
Si hubiera que resumir todo el mensaje de Dios para la humanidad en una sola palabra, esa palabra sería AMOR. No un amor superficial, condicionado o pasajero, sino un amor profundo, transformador y eterno. La Biblia revela que el amor no es simplemente una emoción humana: es la esencia misma de Dios. Por eso, quien aprende a amar, aprende a conocer a Dios.
Cuando Dios nos pide amar al prójimo como a nosotros mismos, no está imponiendo una carga imposible, sino revelando una verdad espiritual fundamental: nadie puede dar lo que no tiene. Amar a otros comienza por reconocer nuestro propio valor. Solo cuando una persona entiende que su vida tiene dignidad, propósito y significado ante Dios, puede extender ese mismo amor hacia los demás de manera auténtica.
El amor que Dios enseña no depende de las circunstancias ni del comportamiento de otros. Es un amor que perdona cuando duele, que tiene paciencia cuando cuesta, que permanece cuando sería más fácil abandonar. Es un amor que soporta, que espera y que se sacrifica. No nace del mérito humano, sino de una decisión espiritual: elegir amar incluso cuando no hay garantías de recibir lo mismo a cambio.
La mayor demostración de este amor es el sacrificio de Jesucristo. No hay un amor más grande, más puro e incondicional que el que Dios ofreció a la humanidad al entregar a su Hijo para morir en la cruz, abriendo así el camino a la reconciliación y a la vida eterna. Ese acto revela una verdad poderosa: somos amados antes de ser perfectos, antes de merecerlo, incluso antes de entenderlo.
Dios también nos muestra que el amor es la evidencia más clara de una vida espiritual auténtica. No son las palabras, ni los rituales, ni las creencias declaradas lo que demuestra que alguien conoce a Dios, sino su capacidad de amar. Donde hay amor genuino, hay compasión, perdón, humildad y servicio; y donde esas virtudes están presentes, Dios también lo está.
Además, el amor es la fuerza más poderosa para transformar el mundo. Puede sanar heridas emocionales profundas, restaurar relaciones rotas, romper cadenas de odio y encender esperanza donde parecía no existir. Amar incluso a quienes nos lastiman no es debilidad; es la expresión más alta de fortaleza espiritual, porque refleja el carácter mismo de Dios.
En esencia, el mensaje divino es profundamente simple y a la vez revolucionario: fuimos creados por amor, para amar y para vivir en amor. Cuando el ser humano ama, se acerca a su propósito original; cuando deja de amar, se aleja de su verdadera naturaleza.
Por eso, el amor no es solo un sentimiento bonito; es una decisión diaria, una forma de vida y el camino más seguro hacia la plenitud espiritual. Porque al final, como enseña la Escritura, pueden existir muchas virtudes, muchos dones y muchos logros, pero la mayor de todas es el amor.
Tres formas de amar: el camino hacia el amor verdadero
En las relaciones humanas existen distintos niveles de afecto, pero no todos tienen la misma profundidad ni el mismo poder para transformar la vida. La única energía capaz de fortalecer verdaderamente a un hogar y a cada uno de sus miembros es el amor sin condiciones. Por eso, dentro de la familia (y especialmente en la pareja) debe cultivarse un amor que no dependa de circunstancias, logros o comportamientos, sino que nazca de la decisión consciente de amar.
Los dos primeros niveles corresponden al amor condicionado, el más común en la sociedad.
El primer nivel es el más elemental y frecuente: el “amor si…”. Es el amor que dice: te amo si eres bueno conmigo, si cumples mis expectativas, si haces lo que me agrada. En este nivel, el cariño depende del comportamiento de la otra persona. Es un afecto frágil, porque puede desaparecer en el momento en que las condiciones dejan de cumplirse.
El segundo nivel es el “amor porque…”, que parece más noble, pero sigue siendo condicionado.
Aquí se ama porque la otra persona tiene cualidades positivas: porque eres responsable, porque te esfuerzas, porque lograste tus metas, porque me haces sentir bien. Aunque suena positivo, el mensaje oculto sigue siendo el mismo: debes ganarte mi amor. En el fondo, continúa siendo un intercambio en el que esperamos recibir satisfacción personal. No es amor pleno; es una relación basada en expectativas. Ambos niveles transmiten inconscientemente una idea peligrosa: te querré más cuanto más te parezcas a lo que yo deseo. Esto no es amor verdadero, sino un acuerdo egoísta donde cada parte busca beneficiarse.
El tercer nivel es el más alto y transformador: el amor incondicional. Es el amor que dice: te amo a pesar de tus errores, de tus debilidades y de tus carencias. No significa aprobar todo lo que la otra persona hace, sino separar claramente a la persona de sus acciones. Se puede rechazar un comportamiento incorrecto sin dejar de amar profundamente a quien lo cometió.
El amor incondicional es también un amor inteligente. No es permisividad ni indiferencia; implica corregir cuando es necesario, pero sin destruir la dignidad del otro. Cuando alguien se equivoca, el enojo debe dirigirse al hecho, no a la persona. Porque quien ama de verdad nunca deja de ver el valor del ser humano que está detrás del error.
Los fallos de nuestros seres queridos nos duelen precisamente porque los amamos. Si no existiera amor, no habría herida emocional. El dolor es, muchas veces, la evidencia de que el vínculo es profundo.
En el ámbito familiar, este tipo de amor es fundamental. Los hijos necesitan sentirse aceptados por lo que son, no solo por lo que logran. Cuando el cariño depende exclusivamente del rendimiento o del comportamiento, la persona puede crecer con inseguridad, resentimiento o rebeldía. En cambio, cuando alguien sabe que es amado incluso en sus peores momentos, desarrolla confianza, identidad y fortaleza emocional.
El amor incondicional no ignora el mal, pero tampoco abandona al que se equivoca. Odia el error, pero ama al ser humano. Ese es el tipo de amor que construye hogares sólidos, relaciones sanas y personas emocionalmente seguras. Este amor es el que refleja el ejemplo de Jesucristo: un amor que permanece, que perdona y que se entrega aun cuando no es correspondido. Los corazones perfumados con ese amor irradian armonía y felicidad, porque el amor verdadero no se reconoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.
El amor incondicional todo lo vence, todo lo soporta, todo lo cree, todo lo puede y todo lo sufre. Es más que un sentimiento: es la decisión de poner las necesidades de la otra persona por encima de las propias. Es la mejor música en la partitura de la vida; sin él, seríamos eternos desafinados en el inmenso coro de la humanidad. El amor es luz, porque ilumina tanto a quien lo da como a quien lo recibe.
Por eso, entreguemos amor sin condiciones a nuestra familia. Es la única energía que fortalece verdaderamente al hogar y a cada uno de sus miembros. Amar así es un desafío, pero también es la forma más cercana al amor que transforma vidas. Porque, al final, todos los seres humanos necesitamos saber que, aun con nuestras imperfecciones, seguimos siendo dignos de amor.
El poder del perdón: cuando el amor es más grande que la herida
El amor incondicional siempre está dispuesto a perdonar. No porque ignore el dolor o minimice las heridas, sino porque entiende que las relaciones humanas están formadas por personas imperfectas que inevitablemente cometerán errores. Donde no existe perdón, el amor se debilita; pero donde el perdón está presente, el amor se fortalece y renace.
Si una persona no es capaz de perdonar los errores de su familia y seguir amando, difícilmente ha comprendido el amor de Dios. El amor divino no se basa en méritos, sino en gracia. Por eso, cuando el corazón se endurece en el resentimiento, se cierra también a la esencia misma del amor. El perdón libera resentimientos y permite sanar vínculos.
Con profunda tristeza, muchas familias viven historias de rupturas que pudieron evitarse. Como el caso de una madre que dejó de hablar con su hijo porque él eligió una pareja que no era de su agrado. Esa decisión generó un distanciamiento que nunca se reparó. Sin embargo, el verdadero amor no debería romperse por diferencias, sino fortalecerse en medio de ellas. Cuando el orgullo ocupa el lugar del amor, el tiempo pasa, las oportunidades se pierden y el vacío permanece.
Si alguien vive una situación similar, no debería dejar que el tiempo siga separando corazones. Dar el primer paso hacia el reencuentro puede abrir la puerta al poder maravilloso de la reconciliación. Muchas veces, una conversación sincera y un abrazo a tiempo pueden sanar años de distancia.
El amor de los padres hacia sus hijos está llamado a ser un amor sin condiciones y para siempre. Los adolescentes, en ocasiones, interpretan la disciplina y los consejos como rechazo, cuando en realidad son expresiones de cuidado y protección. La familia verdadera acompaña en los momentos buenos, en los no tan buenos y en los difíciles. Es un amor que persevera, que soporta, que busca el bienestar del otro antes que el propio interés.
Existe una verdad espiritual profunda: si no somos capaces de amar a las personas con quienes vivimos y compartimos la vida diariamente, ¿cómo podemos decir que amamos a Dios, a quien no vemos? Quien no ama a sus seres queridos, aun en medio de sus imperfecciones, no ha comprendido el amor verdadero, porque Dios es amor.
El perdón es el pegamento que repara las relaciones rotas. Es el amor en acción. No hay matrimonio sano ni familia fuerte sin la práctica constante del perdón, porque convivir implica inevitablemente fallar y ser fallado. Sin perdón, el hogar se convierte en un campo de conflictos y en un depósito de heridas emocionales; con perdón, se transforma en un espacio de crecimiento, paz y restauración.
Además, el perdón es esencial para la salud mental, emocional y espiritual. El resentimiento consume energía, roba la tranquilidad y endurece el corazón. Quien no perdona carga un peso invisible que le impide vivir en paz y experimentar plenamente el amor. En cambio, quien aprende a perdonar libera su alma, sana su interior y recupera la comunión con Dios.
Perdonar no significa justificar el daño ni olvidar lo ocurrido; significa decidir que el amor es más grande que la herida. Es elegir la reconciliación por encima del orgullo, la paz por encima del rencor y la esperanza por encima del dolor.
Al final, el amor verdadero siempre encuentra el camino de regreso. Porque donde hay amor auténtico, siempre existe una oportunidad para comenzar de nuevo.
Conclusión
Al final de la vida, cuando las metas alcanzadas, las posesiones y los logros pierden protagonismo, lo que realmente permanece en el corazón humano son los vínculos que construimos y el amor que fuimos capaces de dar. El amor y la amistad no solo acompañan la existencia: la sostienen, la iluminan y le dan verdadero significado. Son la evidencia de que no estamos hechos para la soledad, sino para la conexión, el cuidado mutuo y la entrega sincera.
Amar de manera auténtica implica valentía. Requiere paciencia para comprender, humildad para perdonar, generosidad para servir y fortaleza para permanecer incluso cuando las circunstancias son difíciles. La amistad verdadera, por su parte, nos recuerda que nunca caminamos solos, que siempre existe una mano que puede sostenernos y un corazón dispuesto a compartir nuestras alegrías y nuestras cargas.
Cuando el amor se vive con profundidad (en la familia, en la pareja, en la amistad y también hacia uno mismo) se convierte en una fuerza transformadora capaz de sanar heridas, restaurar esperanzas y construir relaciones que perduran más allá del tiempo. Es, en esencia, la energía que acerca al ser humano a su propósito más elevado y a su dimensión espiritual más plena.
Por eso, elegir amar cada día no es solo una decisión emocional: es una decisión de vida. Es sembrar paz donde hay conflicto, comprensión donde hay juicio y esperanza donde existe dolor. Quien ama de verdad deja huellas invisibles pero eternas en el corazón de los demás.
Porque, en última instancia, la verdadera plenitud no se mide por lo que acumulamos, sino por la capacidad de amar, perdonar y acompañar. Allí donde hay amor y amistad genuinos, la vida florece, el alma encuentra descanso y el ser humano descubre que ha vivido con sentido.
Noticias Zamora
Sin catastro abierto, sin diálogo, no hay justicia para la pequeña minería
Zamora Chinchipe es una provincia históricamente minera. La minería artesanal y la pequeña minería no son fenómenos recientes, sino actividades que han formado parte de la dinámica económica y social del territorio, generando empleo, dinamizando el comercio local y sosteniendo a cientos de familias. En ese sentido, los pequeños mineros y mineros artesanales tienen derechos constitucionales al trabajo, a la seguridad jurídica y a la regularización de sus actividades dentro del marco legal.
Sin embargo, también debemos recordar que el Ecuador es un Estado constitucional de derechos, y entre esos derechos se encuentran los derechos de la naturaleza, reconocidos expresamente en nuestra Constitución. La explotación de recursos no puede realizarse sin garantizar el respeto a los ecosistemas, al agua, a la biodiversidad y a las decisiones informadas de las comunidades.
El debate actual genera legítima preocupación cuando se plantea la posibilidad de flexibilizar el licenciamiento ambiental, sustituyéndolo por mecanismos menos rigurosos. El licenciamiento ambiental no es un trámite burocrático; es una herramienta técnica que garantiza evaluación, mitigación y control de impactos. Reducirlo podría debilitar la protección ambiental y los derechos colectivos de pueblos y comunidades.
Al mismo tiempo, es necesario señalar que mantener cerrado el catastro minero también afecta a la pequeña minería. La falta de apertura impide la formalización, empuja a muchos trabajadores a la informalidad y termina beneficiando indirectamente a actores de mayor escala que sí cuentan con capacidad de gestión y lobby. Abrir el catastro minero, bajo reglas claras y con estrictos controles ambientales, permitiría ordenar el territorio, formalizar a quienes trabajan históricamente en la actividad y fortalecer la seguridad jurídica.
El desafío no es elegir entre minería o naturaleza. El verdadero desafío es construir un modelo que armonice el derecho al trabajo, el desarrollo económico local y la protección ambiental. Ni el gran extractivismo sin controles, ni la informalidad sin regulación representan soluciones sostenibles.
Por ello, el llamado a la unidad y al debate público es legítimo. La participación ciudadana es un derecho y una responsabilidad. Levantar la voz no significa confrontar, sino exigir que cualquier reforma garantice equilibrio, transparencia y respeto a los derechos constitucionales: de las personas, de las comunidades y de la naturaleza.
Zamora Chinchipe merece decisiones técnicas, participativas y responsables. La historia minera de la provincia debe ser reconocida, pero también debe proyectarse hacia un futuro donde desarrollo y sostenibilidad caminen de la mano.
-
Entretenimiento5 años agoAdriana Bowen, sobre la cirugía bariátrica: Siento que recuperé mi vida
-
Politica5 años agoEl defensor del Pueblo, Freddy Carrión, fue llamado a juicio en la investigación por el delito de abuso sexual
-
Internacionales4 años agoMuere Cheslie Kryst, Miss Estados Unidos 2019 y presentadora de televisión
-
Internacionales4 años agoTiroteo en concierto en Paraguay deja dos muertos y cuatro heridos
-
Nacionales4 años ago¿Qué hay detrás del asesinato de Fredi Taish?
-
Fashion9 años ago
Amazon will let customers try on clothes before they buy
-
Politica1 año ago‘No soy contratista del Estado’, asegura Topic con certificado de Sercop en mano
-
Deportes4 años agoFEF solicita al COE Nacional 60% de aforo para partido Ecuador vs. Brasil
