Noticias Zamora
Lo que sembramos en los niños, florece en la humanidad
Por Lic. Mario Paz.
Introducción:
La humanidad no se construye únicamente en los gobiernos, en las leyes o en los grandes acontecimientos históricos. Se construye, sobre todo, en la forma en que una madre abraza a su hijo, en la paciencia de un maestro, en el respeto con que un padre corrige, en la seguridad emocional que rodea a un niño mientras descubre el mundo. Allí, en esos pequeños actos cotidianos que muchas veces parecen insignificantes, comienza realmente el futuro de una sociedad.
Vivimos tiempos donde se habla constantemente de progreso, tecnología y desarrollo, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre aquello que sostiene verdaderamente el destino humano: la manera en que estamos formando a nuestras nuevas generaciones. Ninguna sociedad podrá alcanzar paz, justicia o bienestar mientras existan niños creciendo entre el abandono emocional, la violencia, el miedo o la indiferencia. Porque los niños no solo necesitan alimento y educación; necesitan amor, presencia, escucha, límites con ternura y adultos capaces de enseñar con el ejemplo.
La infancia no es una etapa pasajera ni un simple recuerdo lejano. Es el terreno donde se siembran la autoestima, la empatía, la dignidad, los valores y la capacidad de amar o destruir. Todo lo que un niño vive termina acompañándolo en la manera de relacionarse consigo mismo, con los demás y con el mundo. Por eso, cuidar a un niño no es únicamente proteger una vida pequeña; es cuidar el futuro emocional y moral de toda la humanidad.
Al final, cada gesto deja una semilla. Y tarde o temprano, todo lo que sembramos en los niños florece inevitablemente en la sociedad que construimos.
La infancia no se celebra: se protege
Cada 1 de junio celebramos el Día del Niño, una fecha que va mucho más allá de los juegos, los regalos o los dulces. Es una jornada que nos invita a reflexionar profundamente sobre la responsabilidad que tenemos como adultos frente a la infancia. Padres, madres, docentes y sociedad compartimos la misión de formar seres humanos con valores sólidos, autoestima firme y corazones compasivos. Porque ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente desarrollada mientras existan niños infelices, vulnerados o privados de amor y oportunidades.
Los niños no aprenden únicamente de las palabras; aprenden, sobre todo, de lo que observan y experimentan cada día. El cariño que reciben, el respeto con el que son tratados, los límites puestos con amor y el ejemplo de quienes los rodean se convierten en semillas que más adelante darán fruto en su carácter y en su manera de relacionarse con el mundo. En sus pequeñas manos descansa gran parte del futuro de nuestra humanidad, pero antes de ser futuro, son presente: un presente que necesita protección, guía y dignidad.
Por ello, el Día del Niño no debería limitarse a una celebración simbólica, sino convertirse en una oportunidad para preguntarnos qué estamos sembrando hoy en las nuevas generaciones. Educar no consiste únicamente en enseñar a leer y escribir; también implica enseñar a sentir, respetar, pensar críticamente, convivir y amar.
El origen de esta conmemoración surge como una respuesta al sufrimiento infantil provocado por las guerras y las crisis humanitarias del siglo XX. Tras los devastadores efectos de la Primera Guerra Mundial, en 1924 se proclamó la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, el primer documento internacional que reconoció que la infancia requería cuidados y protección especial. Décadas más tarde, en 1959, la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, estableciendo principios fundamentales como el derecho a la educación, la salud, la igualdad, la protección y el desarrollo integral.
Desde entonces, el Día del Niño tiene como propósito recordar que los menores de edad constituyen el grupo más vulnerable frente a la violencia, la pobreza, la exclusión y la deserción escolar. También busca sensibilizar a los Estados y a la sociedad sobre la obligación de garantizarles un entorno seguro, afectivo y digno, donde puedan crecer plenamente sin distinción de raza, condición social o nacionalidad.
Aunque la ONU promovió el Día Universal del Niño cada 20 de noviembre, muchos países adoptaron fechas propias para su celebración. En Ecuador, esta conmemoración se realiza cada 1 de junio, reafirmando el compromiso de reconocer a la niñez como prioridad social y humana.
Hoy más que nunca debemos comprender que los niños no son únicamente “el futuro de la sociedad”. Son seres humanos completos en el presente, con emociones, derechos, sueños y necesidades que merecen ser escuchadas y protegidas ahora. Cuidar de la infancia no es un acto de caridad; es un deber moral y una inversión en la humanidad misma.
Los derechos de los niños: más que leyes, un compromiso humano
La protección de la infancia no solo constituye un deber moral y humano; también representa un compromiso jurídico reconocido por la Constitución de la República del Ecuador y por el Código de la Niñez y Adolescencia. Estas normas no surgieron únicamente como disposiciones legales, sino como respuesta histórica a la necesidad de garantizar que niñas, niños y adolescentes crezcan en condiciones de dignidad, seguridad y pleno desarrollo humano.
En Ecuador, el Código de la Niñez y Adolescencia establece que se considera niña o niño a toda persona desde su concepción hasta los doce años de edad. Esta definición trasciende el ámbito estrictamente jurídico y nos recuerda que el cuidado, la protección y la educación deben comenzar desde los primeros instantes de vida, una etapa decisiva en la formación física, emocional y social del ser humano.
La ciencia y la experiencia humana han demostrado que la infancia es el periodo donde se construyen las bases de la personalidad, la autoestima, los valores y la capacidad de convivir en sociedad. Cada palabra de afecto, cada enseñanza, cada ejemplo y cada acto de respeto recibido en el hogar, en la escuela y en la comunidad deja huellas profundas que influirán en la manera en que ese niño mirará el mundo y actuará en él durante su vida adulta.
Por ello, la Constitución de la República del Ecuador, en su Artículo 44, establece que el Estado, la sociedad y la familia tienen la obligación de promover de manera prioritaria el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, garantizando el ejercicio pleno de sus derechos bajo el principio del interés superior del niño. Además, reconoce que sus derechos prevalecen sobre los de las demás personas, reafirmando que la infancia debe ocupar un lugar prioritario dentro de toda política pública y de toda acción social.
De igual manera, el Artículo 45 reconoce que niñas, niños y adolescentes son titulares de todos los derechos humanos, además de aquellos específicos de su edad, entre ellos el derecho a la vida, la salud, la educación, la identidad, la integridad física y psicológica, la recreación, la convivencia familiar y la participación social. Estos derechos no representan privilegios, sino garantías fundamentales para que cada niño pueda desarrollarse plenamente y construir un proyecto de vida digno.
Complementando esta protección, el Artículo 46 dispone que el Estado adopte medidas especiales para proteger a la niñez contra toda forma de violencia, explotación, maltrato, abuso o abandono, así como para asegurar atención prioritaria a los menores más vulnerables. Estas disposiciones reflejan el compromiso de construir una sociedad más humana y consciente de que el bienestar infantil no puede depender del azar ni de las condiciones económicas de una familia.
En armonía con estos principios constitucionales, el Código de la Niñez y Adolescencia, en su Artículo 1, establece que su finalidad es garantizar la protección integral de niñas, niños y adolescentes para asegurar su desarrollo pleno en un entorno de libertad, dignidad y equidad. Bajo esta visión, la protección de la infancia no es responsabilidad exclusiva del Estado, sino una tarea compartida entre la familia, las instituciones educativas, las comunidades y la sociedad en general.
Este principio de corresponsabilidad nos recuerda que todos tenemos un papel fundamental en la vida de los niños. Padres, madres, docentes, autoridades, medios de comunicación y ciudadanía compartimos el deber de crear espacios seguros, afectivos y respetuosos donde puedan crecer libres de violencia, discriminación y abandono. Proteger la infancia no significa únicamente cubrir necesidades materiales, sino también brindar amor, escucha, orientación y oportunidades.
La historia demuestra que las sociedades que colocan a la niñez como prioridad alcanzan mayores niveles de desarrollo humano, cohesión social y bienestar colectivo. Cuando un niño recibe educación, afecto, estabilidad emocional y protección, crece con mayores posibilidades de convertirse en un adulto consciente, empático y comprometido con el bien común. Por el contrario, cuando la infancia es ignorada o vulnerada, las consecuencias terminan reflejándose en toda la sociedad.
Por eso, más que ver a los niños únicamente como “el futuro”, debemos comprender que son el presente vivo de nuestra humanidad. Su bienestar no puede esperar. Cuidarlos, educarlos y protegerlos hoy constituye una responsabilidad impostergable y una de las mayores expresiones de justicia social, civilización y amor por la vida.
El poder de una mente alimentada por la interdisciplinariedad
La infancia es la etapa más fértil para el aprendizaje y el descubrimiento. Durante esos primeros años, el cerebro humano posee una extraordinaria capacidad para crear conexiones neuronales, desarrollar habilidades y adaptarse a nuevos conocimientos. Por ello, hoy más que nunca resulta necesario promover una formación multidisciplinaria en los niños, una educación que no limite su desarrollo a una sola área del pensamiento, sino que les permita explorar diversos campos del conocimiento y desarrollar plenamente su potencial humano.
Cuando un niño aprende distintas disciplinas al mismo tiempo (música, deportes, idiomas, arte, lectura, ciencia o tecnología, además de la educación formal) su mente desarrolla mayores capacidades de creatividad, razonamiento, sensibilidad y resolución de problemas. Cada nueva experiencia fortalece conexiones cognitivas y emocionales que enriquecen su manera de comprender el mundo y de relacionarse con él. La multidisciplinariedad estimula la curiosidad, amplía la imaginación y favorece un pensamiento más flexible, crítico e innovador.
La historia de la humanidad demuestra que muchas de las mentes más brillantes no se formaron dentro de límites rígidos del conocimiento. Por el contrario, fueron personas capaces de integrar distintas áreas del saber y encontrar conexiones entre ellas. Uno de los ejemplos más emblemáticos es Leonardo da Vinci, considerado uno de los mayores genios de todos los tiempos. Su grandeza no surgió únicamente de un talento innato, sino también de una mente alimentada por múltiples disciplinas. Fue pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, anatomista, inventor, músico, filósofo y estudioso de la naturaleza. Su curiosidad infinita y su capacidad para combinar arte, ciencia y observación le permitieron desarrollar ideas adelantadas a su época.
La multidisciplinariedad no solo forma niños con mayores habilidades intelectuales; también contribuye a desarrollar seres humanos más seguros, sensibles y equilibrados emocionalmente. El deporte fortalece la disciplina y el trabajo en equipo; la música estimula la memoria y la sensibilidad; los idiomas amplían la comprensión cultural; el arte desarrolla la expresión emocional; y la lectura alimenta la imaginación y el pensamiento crítico. Cada disciplina aporta herramientas distintas que, integradas, enriquecen profundamente la formación humana.
Sin embargo, durante muchos años los sistemas educativos tradicionales han privilegiado modelos centrados únicamente en la memorización y el rendimiento académico convencional, dejando en segundo plano otras capacidades esenciales para el desarrollo integral. Hoy entendemos que educar no significa únicamente transmitir información, sino ayudar a cada niño a descubrir sus talentos, fortalecer su autoestima y desarrollar todas sus dimensiones humanas.
Por eso, brindar a los niños oportunidades para explorar diversas áreas del conocimiento no debe verse como un lujo, sino como una necesidad educativa y social. Un niño que tiene acceso al deporte, al arte, a la cultura, a la ciencia y a los idiomas posee mayores herramientas para construir una vida plena y afrontar los desafíos del futuro con creatividad y resiliencia.
Cuidar la infancia también implica ofrecer una educación capaz de expandir la mente y el espíritu. Porque los niños no son recipientes vacíos que deben llenarse únicamente de contenidos escolares; son seres humanos llenos de curiosidad, imaginación y posibilidades infinitas. Y mientras más amplia sea la experiencia que reciban en su niñez, más libre, consciente y humana será la sociedad que construiremos mañana.
La verdadera transformación del mundo empieza en la infancia
La infancia no es una etapa secundaria de la vida; es el periodo donde se construyen las bases emocionales, intelectuales y morales del ser humano. Diversos estudios sobre desarrollo infantil coinciden en que durante los primeros años de vida el cerebro alcanza una extraordinaria capacidad de aprendizaje y formación de conexiones neuronales. Se estima que, en los primeros cinco años, se desarrolla gran parte de la personalidad, la inteligencia emocional y las habilidades sociales que acompañarán a la persona durante toda su existencia. Por eso, cada experiencia vivida en la niñez deja una huella profunda y duradera.
Desde tiempos antiguos, la humanidad ha comprendido la importancia de formar correctamente a los niños desde temprana edad. El rey Salomón, reconocido históricamente por su sabiduría, expresó una verdad que continúa vigente hasta nuestros días: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Esta reflexión encierra una realidad esencial: la infancia es el terreno donde se siembran los principios, hábitos y valores que más tarde definirán la conducta del adulto.
Aunque muchas veces no lo percibamos, los niños observan constantemente el mundo que los rodea. Aprenden menos de los discursos y más del ejemplo cotidiano. Imitan nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras reacciones y la manera en que tratamos a los demás. Sus principales referentes suelen ser sus padres y sus maestros, razón por la cual el ejemplo que reciban en el hogar y en las aulas posee un impacto decisivo en su formación humana.
Cada niño que llega al mundo es como una hoja en blanco que la vida irá escribiendo poco a poco. Y los primeros trazos (los más profundos y permanentes) los dibujamos nosotros con nuestras acciones, nuestro afecto y nuestra manera de guiarlos. Los niños absorben lo que sienten en su entorno: si crecen rodeados de respeto, aprenderán a respetar; si reciben amor, aprenderán a amar; si viven violencia o abandono, esas heridas también dejarán marcas difíciles de borrar.
Las palabras del filósofo griego Pitágoras siguen resonando con fuerza a través de los siglos: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Más allá de la frase histórica, su mensaje conserva una profunda vigencia social. Muchas de las problemáticas que afectan hoy a nuestras comunidades (violencia, intolerancia, falta de empatía o descomposición social) tienen raíces en infancias descuidadas, carentes de afecto, orientación y oportunidades.
Educar en valores no significa únicamente enseñar conceptos sobre lo correcto o incorrecto. Significa vivir la empatía, practicar el respeto, cumplir la palabra dada, reconocer errores, pedir perdón y enseñar con el ejemplo. Son los pequeños actos cotidianos los que moldean la conciencia y el carácter de los niños. Allí, en la sencillez de la vida diaria, aprenden verdaderamente lo que significa ser humanos.
Existe una metáfora profundamente valiosa para comprender la importancia de la infancia: la historia del bambú. Durante sus primeros años de vida, esta planta apenas muestra crecimiento visible sobre la superficie. Quien la observe podría pensar que nada está ocurriendo. Sin embargo, en silencio, el bambú desarrolla un sistema de raíces fuertes y profundas capaz de sostenerlo cuando más adelante crezca rápidamente hasta alcanzar grandes alturas.
Así ocurre también con los niños. Antes de que sus talentos brillen y sus sueños florezcan, necesitan raíces sólidas construidas con amor, estabilidad emocional, principios, confianza y respeto. Esas raíces no aparecen de manera espontánea; requieren tiempo, presencia, paciencia y una guía consciente por parte de los adultos.
No podemos esperar que los adultos del mañana sanen por sí solos las heridas de una infancia abandonada. La verdadera transformación social comienza mucho antes: empieza en la crianza, en la educación y en el trato diario que damos a nuestros niños. Lo que un niño vive hoy, inevitablemente lo devolverá al mundo mañana.
Por eso, cuidar la infancia no es solamente proteger una etapa de la vida; es sembrar las bases de una sociedad más justa, empática y humana. Porque los niños no son únicamente el futuro: son el presente que necesita ser amado, escuchado y cuidado desde ahora.
La obediencia ciega apaga la conciencia
La obediencia, por sí sola, no es una virtud. Todo depende de a quién se obedece, por qué se obedece y cuáles son las consecuencias de esa obediencia. La historia está llena de episodios en los que personas aparentemente “correctas” cometieron actos terribles simplemente porque aprendieron a no cuestionar órdenes. Desde los regímenes totalitarios del siglo XX hasta experimentos sociales como los de Stanley Milgram, quedó demostrado que muchos seres humanos son capaces de renunciar a su criterio moral cuando se les enseña que obedecer es más importante que pensar.
Por eso, educar a un niño únicamente para que sea obediente puede volverlo vulnerable. Un niño que nunca aprende a contradecir, preguntar o poner límites difícilmente sabrá defenderse frente al abuso, la manipulación o la presión social. Los “obedientes” también pueden terminar siguiendo conductas destructivas (como el consumo de estupefacientes o dinámicas violentas) no por maldad, sino por una profunda necesidad de aceptación y aprobación. La obediencia ciega no forma carácter: forma dependencia.
La verdadera tarea de la educación no es fabricar niños sumisos, sino seres humanos capaces de discernir. Un niño necesita aprender a respetar normas y comprender que toda convivencia exige límites, pero también debe desarrollar pensamiento crítico, criterio ético y autonomía emocional. Más importante que obedecer sin cuestionar es aprender a analizar las consecuencias de cada acción, evaluar los pros y los contras, asumir responsabilidades y tomar decisiones prudentes incluso cuando nadie lo vigila.
La meta esencial del carácter no debería ser criar hijos dóciles, sino personas conscientes. Niños capaces de decir “no” cuando algo amenaza su dignidad, de sostener sus valores frente a la presión del entorno y de actuar con responsabilidad no por miedo al castigo, sino por convicción. Porque educar no consiste en apagar la voluntad de un niño, sino en enseñarle a gobernarla con sabiduría.
Conclusión:
Al final, la verdadera grandeza de una sociedad no se mide por sus avances tecnológicos, sus edificios o su economía, sino por la manera en que trata a sus niños. Allí, en la infancia, comienza silenciosamente el destino de la humanidad. Cada palabra que un niño escucha, cada abrazo que recibe, cada herida que soporta y cada oportunidad que encuentra va moldeando al adulto que algún día caminará entre nosotros.
Los niños no necesitan un mundo perfecto; necesitan adultos conscientes. Adultos capaces de mirarlos con amor, guiarlos con paciencia, corregirlos con respeto y enseñarles con el ejemplo, que la dignidad humana siempre debe estar por encima de la violencia, el egoísmo o la indiferencia. Porque la infancia no solo forma recuerdos: forma conciencias.
Muchas veces creemos que cambiar el mundo exige grandes acciones, cuando en realidad las transformaciones más profundas empiezan en lo cotidiano: en una conversación escuchada con atención, en un límite puesto con amor, en un maestro que inspira, en unos padres que acompañan, en una sociedad que decide proteger en lugar de ignorar.
Cada niño cuidado es una posibilidad de esperanza para el futuro. Cada niño amado es una semilla de paz. Y cada infancia protegida representa una oportunidad para construir una humanidad más sensible, más justa y más humana.
Por eso, nunca debemos olvidar que todo lo que sembramos hoy en el corazón de un niño florecerá mañana en la sociedad entera. Si sembramos respeto, crecerá dignidad. Si sembramos empatía, crecerá solidaridad. Si sembramos amor, crecerá humanidad.
Porque, al final, el mundo que tendremos mañana dependerá profundamente de cómo decidamos cuidar a nuestros niños hoy.
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PISA 2025: una llamada urgente a transformar la educación ecuatoriana
Las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes) es una evaluación internacional de la OCDE (organización para la cooperación y desarrollo económico), que mide conocimientos, habilidades y actitudes de los estudiantes de 15 años en ciencias, lectura y matemática, buscando determinar no solamente cuánto recuerdan, sino su capacidad para utilizar conocimientos, razonar, resolver problemas y desenvolverse ante situaciones de la vida real. Esta evaluación se aplicó a 91 países y en Ecuador fueron evaluados 9128 estudiantes de 266 colegios.
Los resultados de las pruebas PISA 2025, publicados por la OCDE este 8 de septiembre de 2026, no puede ser utilizado como una herramienta para buscar culpables, deben ser asumidos por el estado como una señal de alarma y, sobre todo, como una oportunidad para emprender una transformación profunda de su sistema educativo.
Un diagnóstico que no admite indiferencia
Los resultados de PISA evidencian los importantes desafíos que enfrenta el sistema educativo ecuatoriano. En matemáticas, aproximadamente 8 de cada 10 estudiantes no alcanzan el nivel básico de competencia. En lectura y ciencias, la situación también es preocupante: 6 de cada 10 estudiantes no llegan al nivel mínimo esperado.
PISA no evalúa simplemente cuánto pueden memorizar los estudiantes, sino su capacidad para aplicar los conocimientos adquiridos, resolver problemas y utilizar lo aprendido en situaciones de la vida real. Por ello, sus resultados permiten observar no solo qué saben los estudiantes, sino también qué tan preparados están para utilizar ese conocimiento.
En comparación con los resultados de 2017, Ecuador presenta un deterioro en matemáticas y lectura, mientras que el desempeño en ciencias se mantiene aproximadamente estable. Esto demuestra que las dificultades del sistema educativo no responden únicamente a un problema reciente, sino que tienen también un componente estructural.
En la evaluación, Ecuador obtuvo 393 puntos en ciencias, 385 en lectura y 366 en matemáticas, frente a los promedios de la OCDE de 482, 461 y 463 puntos, respectivamente. Esto representa brechas de 89 puntos en ciencias, 76 en lectura y 97 en matemáticas. En el ordenamiento nominal de los 91 participantes, Ecuador se ubicó alrededor del puesto 70 en ciencias, 65 en lectura y 76 en matemáticas.
Sin embargo, más allá de los promedios y las posiciones, uno de los datos más relevantes es la proporción de estudiantes que no alcanza las competencias básicas. Solo el 40% llegó al nivel mínimo de competencia en ciencias, el 38% en lectura y apenas el 20% en matemáticas. En otras palabras, aproximadamente 8 de cada 10 estudiantes ecuatorianos no alcanzan el nivel básico en matemáticas.
Los resultados también muestran dificultades relacionadas con las condiciones en las que se desarrolla el proceso educativo. El 51% de los estudiantes asistía a colegios cuyos directores reportaron carencias de materiales educativos, mientras que el 47% estudiaba en establecimientos donde la infraestructura física representaba una dificultad para la enseñanza. A esto se suma que el 25% de los estudiantes se encontraba en instituciones cuyos directores reportaron falta de personal docente.
Estos resultados deben ser analizados con seriedad, pero también con responsabilidad. PISA no debería convertirse en una herramienta para buscar culpables individuales. Los datos reflejan un desafío que involucra al Estado, las autoridades educativas, las instituciones, los docentes, los estudiantes, las familias y a la sociedad en su conjunto.
El reto, por tanto, no consiste únicamente en mejorar una posición en un ranking internacional. Se trata de lograr que más estudiantes desarrollen las competencias fundamentales que necesitan para comprender lo que leen, resolver problemas matemáticos, interpretar información científica y aplicar sus conocimientos a situaciones concretas.
Los resultados de PISA deben servir como una señal de alerta, pero, sobre todo, como una oportunidad para identificar las causas de estas dificultades y construir políticas educativas sostenibles que permitan mejorar los aprendizajes de los estudiantes ecuatorianos.
Datos importantes de esta evaluación:
Los resultados de PISA muestran que el 86% de los estudiantes ecuatorianos considera que sus profesores se interesan por su aprendizaje, el 80% afirma continúan explicando hasta que comprenden y el 85% señala recibir ayuda adicional cuando la necesita. Además, el 80% de los estudiantes demuestra curiosidad por aprender, por encima del promedio internacional del 73%.
Al mismo tiempo, existen condiciones que dificultan el aprendizaje: el 51% reporta falta de materiales educativos, el 47% problemas de infraestructura y el 27% interrupciones por ruido y desorden. A esto se suma la influencia del nivel socioeconómico, pues los estudiantes con mayores recursos obtuvieron mejores resultados.
Otro aspecto relevante es el uso de la inteligencia artificial. El 52% de los estudiantes la utiliza para sus tareas. Los datos muestran una diferencia según su uso: quienes la emplean para comprender y aprender alcanzaron mejores resultados que quienes la utilizan para que realice las tareas por ellos.
Estos resultados evidencian que mejorar la educación requiere mirar el conjunto de factores que intervienen en el aprendizaje: condiciones económicas, infraestructura, recursos, acompañamiento docente y nuevas tecnologías. También es necesario considerar la situación profesional del magisterio, donde muchos docentes llevan años sin poder ascender de categoría y existen autoridades educativas que desempeñan funciones directivas sin una remuneración adicional.
El informe PISA plantea, además, que los gobiernos y autoridades educativas construyan planes de mejora escuchando a toda la comunidad educativa. La discusión no debería centrarse en buscar culpables, sino en identificar las condiciones que deben cambiar para mejorar los aprendizajes.
¿Qué debemos hacer?
- El Estado debe convertir la educación en una política nacional de largo plazo.
La educación necesita estabilidad, continuidad y una visión que trascienda los gobiernos de turno. Ecuador debe garantizar financiamiento suficiente y eficiente, priorizando infraestructura, bibliotecas, laboratorios, conectividad, equipamiento tecnológico y contratación de docentes donde exista déficit. La Constitución establece, en su disposición transitoria decimoctava, incrementos progresivos de recursos para educación hasta alcanzar al menos el 6% del PIB para educación inicial, básica y bachillerato.
Pero invertir más no basta: hay que invertir mejor. Se requiere un sistema nacional de evaluación que mida periódicamente aprendizajes en lectura, escritura, matemáticas y ciencias y permita corregir rápidamente las deficiencias. Los cargos directivos deben responder a criterios de mérito, formación, liderazgo y resultados, no a afinidades políticas. Asimismo, es necesario revisar las normas educativas para recuperar una cultura de esfuerzo, asistencia, responsabilidad, evaluación y exigencia académica, sin sacrificar la inclusión.
- El docente debe volver a concentrarse en enseñar.
Ningún sistema educativo puede ser de excelencia si no cuenta con maestros preparados, motivados, respetados y con un salario digno. Es indispensable reducir la carga administrativa innecesaria y fortalecer la formación inicial y la capacitación permanente, especialmente en didáctica de matemáticas, lectura, ciencias, evaluación y herramientas digitales.
La OCDE destaca que los docentes necesitan no solamente conocimiento de su asignatura, sino capacidades prácticas para explicar con claridad, gestionar el aula, mantener la motivación y ofrecer retroalimentación. La tecnología y la inteligencia artificial deben ser instrumentos al servicio del aprendizaje, no sustitutos del razonamiento del estudiante.
- La familia debe asumir que educar es una responsabilidad compartida.
Los padres no pueden delegar completamente la formación a la escuela. Es necesario establecer horarios de estudio, fomentar la lectura, controlar el uso de celulares y redes sociales, garantizar descanso adecuado, alimentación saludable y actividad física, y conversar regularmente con los hijos sobre su rendimiento y comportamiento. PISA muestra que solo el 60% de los estudiantes ecuatorianos reportó que sus padres o representantes les preguntan semanalmente qué hicieron en la escuela.
La familia debe recuperar su papel como primera escuela: enseñar responsabilidad, disciplina, honestidad, respeto, perseverancia y valoración del conocimiento. Mucho ayuda que los padres entiendan a la educación de sus hijos como un proceso y que garanticen un muy buen clima familiar.
- El estudiante debe asumir un papel activo.
Una educación de calidad también exige esfuerzo personal. Los jóvenes necesitan desarrollar hábitos de lectura, estudio, puntualidad, asistencia y organización del tiempo. PISA encontró que solamente alrededor del 44% de los estudiantes ecuatorianos afirma planificar frecuentemente su manera de estudiar y que solo el 49% presenta una mentalidad de crecimiento, frente al 69% de promedio OCDE.
No se trata de regresar a una educación basada exclusivamente en memorización, sino de combinar conocimientos sólidos con pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas, comunicación, trabajo en equipo y capacidad para aprender durante toda la vida.
Nacionales
EXTRACTO
CITACIÓN A LOS USUARIOS CONOCIDOS O NO QUE SE CREAN CON DERECHO A LAS AGUAS PROVENIENTES DE LA(S) FUENTE(S) CAP-VZ4-QUEBRADA,CAP-G17-QUEBRADA,CAP-G16-QUEBRADA,CAP-G15-QUEBRADA,CAP-G13- QUEBRADA,CAP-G3-QUEBRADA,CAP-VZ3-QUEBRADA,CAP-VZ2-QUEBRADA,CAP-VZ1-QUEBRADA,CAP-G12-QUEBRADA,CAP-G11-QUEBRADA,CAP-G4- QUEBRADA,CAP-G2-QUEBRADA,CAP-G1-QUEBRADA UBICADA EN CAP-VZ4, PARROQUIA NUEVO QUITO, CANTÓN PAQUISHA, PROVINCIA DE ZAMORA CHINCHIPE, EL AGUA SERÁ UTILIZADA PARA USO Y/O APROVECHAMIENTO MINERÍA.
ACTOR(ES): AURELIANMENOR S.A.
MINISTERIO DE AMBIENTE Y ENERGÍA, DIRECCIÓN ZONAL 10.
Proceso Administrativo Nro DZ10-DZ10-2026-00031-AA. Fecha 15-07-2026 A las 10:20.
VISTOS: Avoco conocimiento del presente trámite administrativo en mi calidad de Autoridad Única del Agua a nivel desconcentrado. Ministerio de Ambiente y Energía.
En lo principal: Agréguese al expediente los documentos referentes a la Solicitud de Autorización de aprovechamiento de agua, presentada por AURELIANMENOR S.A. de 2026-07-15 10:20:05.198, en el mismo que solicita la Autorización de aprovechamiento de agua de MINERÍA, provenientes de la fuente, CAP-VZ4-QUEBRADA,CAP-G17-QUEBRADA,CAP-G16-QUEBRADA,CAP-G15-QUEBRADA,CAP-G13- QUEBRADA,CAP-G3-QUEBRADA,CAP-VZ3-QUEBRADA,CAP-VZ2-QUEBRADA,CAP-VZ1-QUEBRADA,CAP-G12-QUEBRADA,CAP-G11-QUEBRADA,CAP-G4- QUEBRADA,CAP-G2-QUEBRADA,CAP-G1-QUEBRADA ubicada en CAP-VZ4,
parroquia NUEVO QUITO, cantón PAQUISHA, provincia de ZAMORA CHINCHIPE. Con estos antecedentes en mi calidad de Autoridad Única del Agua a nivel desconcentrado, se DISPONE:
1.- Aceptar a trámite la solicitud de Autorización de aprovechamiento de agua MINERÍA, por haberse emitido el Certificado de Disponibilidad de Agua – CDA, en cumplimiento con Art. 23 de la Ley Orgánica de Recursos Hídricos Usos y Aprovechamiento del Agua y en concordancia con el Art. 107 del Reglamento General Aplicación a la ley, por lo expuesto se dispone el cumplimiento de las siguientes diligencias.
2.-Notifíquese a los señores MARIA AGUSTINA KITIAR TSASAM,JOSE DOMINGO GUALAN ABRIGO,PEDRO FRANCISCO CANGO,ENRIQUE GUALAN
GUALAN,GUILMER MEDARDO ESPINOSA GONZALEZ, en su domicilio señalado en la petición inicial; y a los usuarios desconocidos y presuntos mediante la fijación de carteles que contendrán un extracto de la solicitud y ésta providencia, los que permanecerán expuestos por diez días consecutivos en los parajes más concurridos CAP-VZ4 – NUEVO QUITO – PAQUISHA– ZAMORA CHINCHIPE, mediante comisión que le imparte al señor Teniente Político de la parroquia NUEVO QUITO, anunciar por la prensa tres publicaciones consecutivas.
3.- Finalizado el plazo de publicidad, se contarán diez días para que se puedan presentar
adhesiones, oposiciones o proyectos alternativos en sobre cerrado, cumpliendo los mismos requisitos fijados en el numeral 1 del Art. 107 (procedimiento general).
4.- En caso de que el administrado no cumpla con lo dispuesto, esta Administración actuará de acuerdo a lo estipulado en el Artículo 212 del Código Orgánico Administrativo. 5.- Luego de cumplidas estas diligencias se designará un analista técnico/perito, quien realizará la inspección de rigor y emitirá su informe en atención a lo solicitado.
6.- Téngase en cuenta Casillero Judicial 0 , correo electrónico daniela.alvear@lundingold.com señalados para posteriores notificaciones y la autorización conferida a su abogado defensor de ser el caso AURELIANMENOR S.A. NOTIFIQUESE.-
DIRECTOR/A ZONAL DIRECCIÓN ZONAL 10
BYRON STALIN MEDINA PACHECO
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Cooperativa Unión Yantzaza fortalece la capacitación de su personal y anuncia renovación de unidades
Mediante una rueda de prensa realizada el miércoles 16 de septiembre en el cantón Yantzaza, representantes de la Cooperativa Unión Yantzaza informaron sobre los procesos de capacitación dirigidos al personal administrativo y sobre los principales proyectos orientados a fortalecer la calidad, la seguridad y la tecnología de sus servicios de transporte.
La jornada estuvo encabezada por Yajaira Medina, presidenta de la Cooperativa Unión Yantzaza; José Luis Medina, gerente de la institución; y Carlos Cabrera, vicepresidente. Durante el encuentro se destacó la culminación de una capacitación planificada para el personal administrativo y de oficina, con énfasis en la atención al usuario, la calidad del servicio y el trato cordial.
Yajaira Medina señaló que el personal de atención constituye la carta de presentación de la cooperativa ante sus usuarios, por lo que consideró fundamental fortalecer sus conocimientos y capacidades. Asimismo, destacó su presencia como primera mujer en ocupar la presidencia de la Cooperativa Unión Yantzaza, expresando su expectativa de que más mujeres se incorporen a espacios de representación y liderazgo dentro de la organización.
Por su parte, el gerente José Luis Medina explicó que la capacitación responde a los requerimientos actuales de la cooperativa y forma parte de un proceso encaminado a brindar servicios con mayor eficiencia, calidad, calidez y cortesía.
Entre los principales anuncios consta la incorporación de aproximadamente 15 nuevas unidades modelo 2026, destinadas a fortalecer el segundo grupo de trabajo. Según lo informado, la nueva flota está prevista para incorporarse hasta noviembre de 2026, fecha en la que se realizaría su presentación ante la ciudadanía.
Medina también anunció la implementación de internet satelital en sus unidades, una solicitud presentada por los usuarios que permitirá mantener conexión durante los recorridos. Esta tecnología ya se encuentra incorporada en unidades del primer grupo, correspondiente a frecuencias de larga distancia hacia Quito, mientras se prevé su ampliación progresiva al segundo grupo.
Actualmente, la Cooperativa Unión Yantzaza cuenta con 57 socios y opera mediante tres grupos de trabajo, con servicios de transporte a nivel nacional y atención de rutas intracantonales. El tercer grupo comprende las denominadas “rancheras”, modalidad que también se encuentra en proceso de fortalecimiento.
José Luis Medina manifestó que la institución analiza nuevos proyectos y frecuencias para atender sectores que requieren mayor cobertura dentro del país. Además, destacó que las mejoras en la vialidad y la renovación de infraestructura vial constituyen factores que pueden contribuir al fortalecimiento de los servicios de transporte.
Los representantes de la cooperativa señalaron que las acciones emprendidas buscan responder a las necesidades planteadas por los usuarios, priorizando seguridad, confort, tecnología y calidad en la prestación del servicio, como parte de un proceso de modernización institucional.
Medina gerente de la Cooperativa Unión Yantzaza reiteró su compromiso de continuar trabajando en la renovación de sus unidades y en la implementación de nuevas herramientas tecnológicas, con el propósito de fortalecer su servicio y mantener su presencia en las rutas nacionales e intracantonales.
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