Opinión
Edad adulta: sabiduría que guía
Introducción
La edad adulta constituye una de las etapas más decisivas en la vida del ser humano y en el destino de la sociedad. A menudo se asocia con retos y limitaciones, pero en realidad encierra una riqueza invaluable: la experiencia, la estabilidad emocional y la sabiduría que solo los años permiten forjar. Lejos de ser un periodo de declive, la adultez madura representa un tiempo de plenitud, en el que la persona puede aportar con mayor sensatez, profundidad y compromiso a la construcción del bien común.
En un mundo donde predomina la velocidad de los cambios y la exaltación de la juventud, reconocer el papel de los adultos en la familia, la comunidad y las instituciones es fundamental para avanzar con rumbo cierto. Su rol como orientadores, consejeros y transmisores de valores constituye un soporte que sostiene la cohesión social y asegura la continuidad de la memoria colectiva.
Este artículo busca destacar las fortalezas, los desafíos y el impacto de la edad adulta, mostrando cómo su aporte resulta indispensable para el equilibrio, la productividad y la proyección de una sociedad más justa, sabia y sostenible.
Celebrar la edad adulta: dignidad y reconocimiento en el camino de la vida
Cada 1 de octubre, el mundo conmemora el Día Internacional de las Personas de Edad, instaurado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1990. Esta fecha no solo busca rendir homenaje a quienes han transitado la mayor parte de su recorrido vital, sino también visibilizar los retos y oportunidades que implica envejecer en sociedades cada vez más longevas.
La edad adulta trae consigo transformaciones físicas, psicológicas y emocionales inevitables: el cuerpo pierde algunas capacidades, los ritmos de vida cambian y el entorno social se reconfigura. Sin embargo, estos cambios no deben ser vistos como una pérdida, sino como una transición que merece ser afrontada con dignidad, apoyo y respeto. Reconocer la riqueza de la experiencia acumulada es clave para que las personas adultas se mantengan activas, participativas y con un sentido renovado de propósito.
Celebrar esta etapa significa también derribar prejuicios que reducen a la vejez a un tiempo de inactividad o dependencia. Por el contrario, es el momento de consolidar la sabiduría adquirida, fortalecer vínculos intergeneracionales y aportar una visión más serena y profunda a los desafíos sociales.
Así, la conmemoración internacional se convierte en un recordatorio colectivo: honrar a las personas adultas no solo es un acto de justicia y gratitud, sino una apuesta por una sociedad que se enriquece al integrar la diversidad de edades en su proyecto de futuro.
En la voz de la edad adulta resuena la brújula que orienta el rumbo de la humanidad.
¿Cuál es el rol fundamental de las personas adultas en la sociedad?
Las personas en edad adulta, especialmente en su etapa madura, representan un pilar esencial para la estabilidad y el progreso de la sociedad. Su aporte trasciende la simple acumulación de años: se trata de la integración entre conocimiento adquirido, experiencia de vida y capacidad de orientar con sabiduría los procesos colectivos.
Dentro del núcleo familiar, los adultos actúan como consejeros naturales. No solo transmiten conocimientos prácticos, sino que enseñan con el ejemplo valores como la paciencia, la responsabilidad y la solidaridad. Su presencia fortalece la identidad familiar, ya que sirven como puente entre generaciones y guardianes de la memoria histórica que da continuidad a la vida comunitaria.
En el ámbito comunitario y social, su rol se proyecta en la capacidad de mediar en conflictos, orientar a los jóvenes en la toma de decisiones y aportar una visión más amplia y prudente ante los desafíos colectivos. Las sociedades que saben integrar a los adultos en procesos de participación ciudadana suelen contar con mayor cohesión y estabilidad, porque la experiencia permite prever riesgos y diseñar soluciones con mayor sensatez.
A nivel institucional y laboral, los adultos, incluso tras la jubilación, conservan la capacidad de aportar como asesores, mentores o formadores. Los programas de acompañamiento intergeneracional, cada vez más valorados en diferentes países, muestran cómo la experiencia acumulada puede convertirse en un motor para la innovación, el emprendimiento y la transmisión de buenas prácticas en diversos campos.
En definitiva, el rol fundamental de las personas adultas radica en su función de orientadores sociales. Lejos de ser un grupo pasivo, son agentes activos de equilibrio y sabiduría. Reconocer y potenciar esta función no solo dignifica a quienes transitan esta etapa de la vida, sino que garantiza que la sociedad avance con bases sólidas, sustentada en la experiencia, la reflexión y la resiliencia que caracterizan a la edad adulta.
Cada año vivido no es un peso, sino un peldaño hacia la sabiduría que guía a la sociedad
Fortalezas y debilidades de la edad adulta
La edad adulta representa una etapa en la que confluyen grandes virtudes y también retos que deben ser reconocidos y atendidos con sensibilidad. No se trata de ver esta fase solo desde las carencias o los logros, sino de comprenderla como un periodo con un potencial invaluable para la sociedad.
Entre las fortalezas más significativas se encuentra la experiencia acumulada, fruto de los años vividos, que permite ofrecer consejos y tomar decisiones con mayor madurez. La edad adulta también suele otorgar una visión de largo plazo, evitando la inmediatez que caracteriza a otras etapas de la vida. A esto se suma una mayor estabilidad emocional, que favorece la resolución de conflictos, y un sentido de pertenencia hacia la familia, la comunidad y la sociedad en general, lo cual impulsa la transmisión de valores como la solidaridad, la responsabilidad y la resiliencia.
Sin embargo, también se deben considerar las debilidades propias de esta etapa. Entre ellas se encuentran la dificultad para adaptarse a los avances tecnológicos, lo que puede generar sensación de exclusión en un mundo digitalizado. Asimismo, pueden aparecer limitaciones físicas y de salud, que reducen la autonomía en algunos casos, y una cierta resistencia al cambio, producto de los hábitos consolidados a lo largo de la vida. Estas circunstancias, si no son abordadas de manera adecuada, pueden llevar a situaciones de aislamiento o subvaloración del rol de las personas adultas.
No obstante, estas debilidades no deben verse como obstáculos insuperables, sino como oportunidades para la sociedad. Con programas de inclusión tecnológica, educación continua, atención integral a la salud y la creación de espacios de participación activa, es posible potenciar las fortalezas y disminuir las limitaciones. De esta manera, se asegura que la edad adulta siga siendo un motor de progreso social y un pilar de orientación ética y cultural.
En síntesis, la edad adulta es una etapa de equilibrio entre la riqueza de la experiencia y los desafíos propios del envejecimiento. La clave está en reconocer sus aportes, atender sus necesidades y generar condiciones para que sus fortalezas prevalezcan sobre sus debilidades, en beneficio de toda la sociedad.
Experiencias internacionales en la inclusión de personas adultas
En diversas partes del mundo se ha reconocido que los adultos, especialmente los mayores, constituyen una reserva invaluable de conocimiento, memoria histórica y orientación ética. Su papel va más allá de lo familiar o lo comunitario: son actores estratégicos en la construcción de sociedades más equilibradas y sostenibles.
En Japón, por ejemplo, los consejos comunitarios y las asambleas barriales suelen integrar la voz de los ancianos, no solo como una muestra de respeto, sino como un recurso práctico para anticipar problemas y planificar proyectos con una visión de largo plazo. Allí se entiende que la experiencia vivida permite prever consecuencias que los jóvenes, en ocasiones, aún no pueden dimensionar.
En Europa, países como Alemania y Suecia han institucionalizado programas de mentoría donde profesionales retirados asesoran a jóvenes emprendedores, artesanos o investigadores. De esta manera, la sociedad no desperdicia el capital humano acumulado durante décadas de ejercicio profesional, y al mismo tiempo fortalece el tejido económico, generando vínculos intergeneracionales que favorecen la cohesión social.
En América Latina, aunque aún queda un camino largo por recorrer en materia de inclusión sistemática, existen experiencias valiosas. En comunidades indígenas de México, Perú o Bolivia, los adultos mayores mantienen un rol central como guardianes de la memoria colectiva, transmisores de valores y consejeros en la toma de decisiones comunitarias. Su palabra es considerada una fuente de legitimidad y un puente entre la tradición y el presente.
Incluso en espacios urbanos latinoamericanos empiezan a surgir iniciativas donde los adultos mayores participan en proyectos culturales, ambientales y educativos. Desde clubes de lectura intergeneracionales hasta huertos comunitarios liderados por mayores, se está visibilizando su capacidad de liderazgo y su aporte al bien común.
La valoración de la voz adulta no es una práctica novedosa. En la antigüedad, el “consejo de ancianos” era considerado el organismo más elevado de asesoría para los gobernantes. Este espacio garantizaba que la experiencia y la sabiduría acumuladas se tradujeran en decisiones políticas más prudentes y menos expuestas a errores innecesarios. Aunque los tiempos han cambiado, el principio permanece vigente: ninguna sociedad que aspire a avanzar con rumbo cierto puede prescindir de la orientación de quienes ya han recorrido gran parte del camino.
Honrar la edad adulta es asegurar un futuro con raíces firmes y horizontes claros
La edad adulta como etapa cumbre de productividad y trascendencia
Lejos de ser una fase de declive, la edad adulta madura (particularmente entre los 50 y 70 años) se ha consolidado como una de las etapas más productivas y trascendentes de la vida humana. Un estudio de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos evidenció que, en este rango de edad, las personas alcanzan su punto más alto de aporte social gracias a la conjunción de tres factores: experiencia acumulada, conocimiento especializado y sabiduría práctica.
Los ejemplos lo confirman: la edad promedio de los ganadores del Premio Nobel es de 62 años, lo cual refleja que los descubrimientos y aportes científicos más significativos suelen concretarse tras décadas de esfuerzo y dedicación. De igual manera, la edad promedio de los presidentes de las compañías más influyentes del mundo ronda los 63 años, lo que demuestra que la madurez brinda la capacidad de liderar con visión estratégica y prudencia en entornos complejos. Incluso en el ámbito espiritual y comunitario, la edad promedio de los líderes de las 100 iglesias más grandes del mundo es de 70 años, destacando la confianza que la sociedad deposita en la experiencia para guiar lo colectivo.
Más allá de las cifras, este hallazgo resalta una verdad profunda: la edad adulta no solo es productiva en términos materiales, sino también en lo humano. En este periodo, las personas suelen desplegar su mayor capacidad de mentoría, orientación y transmisión de valores hacia las nuevas generaciones. Es una etapa en la que la productividad se mide no solo por logros individuales, sino por la capacidad de dejar huella, inspirar y generar continuidad en los proyectos sociales, científicos y espirituales.
Así, entre los 50 y 70 años, el ser humano se encuentra en un momento de plenitud: con la energía suficiente para seguir creando y la sabiduría necesaria para guiar. Entenderlo de esta manera rompe con los prejuicios hacia la edad adulta y reafirma que es precisamente allí donde la sociedad encuentra algunos de sus más valiosos cimientos para avanzar con rumbo cierto.
El futuro se construye sobre la experiencia de quienes ya han recorrido gran parte del viaje.
Conclusión
La edad adulta, lejos de ser un tiempo de limitaciones, es una etapa de plenitud en la que la experiencia, la sabiduría y la capacidad de orientar cobran mayor relevancia. A lo largo de este recorrido hemos visto cómo las personas adultas aportan equilibrio a la familia, cohesión a la comunidad, respaldo a las instituciones y, sobre todo, una visión clara y serena para la construcción de sociedades más justas y sostenibles.
Reconocer su valor significa derribar estigmas y prejuicios, otorgándoles el lugar que merecen como consejeros, mediadores y referentes de principios que no deben perderse en un mundo en constante transformación. Si la juventud aporta energía y creatividad, la adultez madura aporta dirección y sensatez; ambas etapas, unidas, garantizan el avance con rumbo cierto.
Por ello, la sociedad tiene la responsabilidad de crear espacios de inclusión, participación y reconocimiento para quienes, con el peso de los años, cargan también con la fuerza de la experiencia. Al honrar y aprovechar el potencial de la edad adulta, no solo se dignifica a las personas, sino que se asegura un futuro más sólido para todos.
En definitiva, la experiencia de quienes han caminado antes que nosotros no es un recuerdo del pasado, sino el cimiento vivo del porvenir.
Noticias Zamora
La victoria de la dignidad docente: Lecciones de lucha y conciencia de clase
Por: Alonzo Cueva Rojas.
Lic. en Ciencias de la Educación.
Profesor. de Segunda Enseñanza y Profesor.
de Educación Infantil (UTPL)
La reciente Sentencia 120-26-IN/26, emitida por el Pleno de la Corte Constitucional, constituye un hito histórico para los trabajadores de la educación en el Ecuador. Al declarar la inconstitucionalidad de los artículos 1, 2 y 5 del Acuerdo Ministerial MINEDEC-2026-00045-A, el máximo organismo de control ratificó de forma definitiva que los sábados no son días laborables para el magisterio. Más allá de ser un logro técnico, este fallo representa el triunfo de la dignidad frente a la arbitrariedad, y una demostración contundente de la vigencia de la lucha y la conciencia clasista de la Unión Nacional de Educadores (UNE).
Durante meses, el MINEDEC y el Gobierno Central pretendieron normalizar la precarización bajo el pretexto de la recuperación del tiempo o la optimización institucional. La imposición de trabajar los fines de semana no solo vulneró el derecho constitucional al descanso, al desarrollo familiar y a la desconexión digital, sino que desnudó la conducta patronal, autoritaria y deshumanizante de las autoridades de turno. Con este fallido acuerdo, el Estado pretendió modificar la jornada laboral por una vía administrativa ilegal, demostrando que para el poder político el docente es visto como un recurso sobre explotable y no como el pilar fundamental del sistema social.
Sin embargo, la respuesta del magisterio organizado no se hizo esperar. La UNE, manteniéndose fiel a su tradición combativa, demostró que los derechos no se mendigan, sino que se conquistan y se defienden en las calles y en los tribunales. Esta victoria es el resultado directo de una profunda conciencia de clase: los profesores del sector público se reconocieron a sí mismos como trabajadores explotados por un Estado empleador negligente y, mediante la unidad, decidieron frenar el abuso patronal de raíz.
El trasfondo de este atropello devela una realidad alarmante: el Gobierno carece de toda autoridad política y moral para endosar al magisterio las falencias del sistema educativo. Mientras la Constitución ordena taxativamente destinar al menos el 6% del PIB a la educación, el Estado apenas programa presupuestos marginales, generando una brecha ilegal que asfixia a las aulas. Un régimen que incumple su propia Carta Magna no puede exigir «sacrificios» a quienes sostienen la educación pública con sus propios recursos.
La crisis actual de la educación fiscal es el retrato vivo del abandono: un agresivo congelamiento de salarios que pisotea los procesos de escalafón, precarización laboral institucionalizada y una infraestructura en soletas, con escuelas abandonadas y desmanteladas. Esta debacle no es accidental; responde a un colapso planificado por un Gobierno que prefiere priorizar de forma sumisa el recetario de austeridad fiscal del Fondo Monetario Internacional (FMI) en lugar de invertir en el desarrollo y la vida de los hijos del pueblo.
La lección que deja este episodio es clara para todo el movimiento obrero ecuatoriano: la organización colectiva sigue siendo la única herramienta eficaz contra la arremetida neoliberal y flexibilizadora. El magisterio nacional ha vuelto a dar una cátedra de dignidad y firmeza, recordando al país entero que cuando la base se moviliza con conciencia y dirección clara, hasta los decretos más dictatoriales del poder terminan doblegándose ante la fuerza de la justicia laboral.
Noticias Amazonía
Moverse hoy para no pagar mañana las consecuencias de la inactividad: el desafío de un Ecuador saludable
El sobrepeso y la obesidad ya no son solamente un problema de salud individual. Se han convertido en un desafío para toda la sociedad ecuatoriana. Detrás de cada cifra hay una persona, una familia, una historia y, muchas veces, años de sufrimiento que pudieron haberse evitado.
Dos de cada tres ecuatorianos viven con sobrepeso u obesidad (64% de la población). Este problema es mayor entre las mujeres llegando a un 67%, pero también alcanzan a la niñez, 35 de cada 100 personas tienen sobrepeso. Mientras las cifras continúan creciendo, también crece el impacto sobre nuestras finanzas, ya que al país le cuesta más de 2250 millones de dólares al año atender estas enfermedades y se proyecta que para el 2030 el costo para el estado subiría al 3% del PIB, que equivale aproximadamente a 4.146 millones de dólares.
Pero hay algo que debemos comprender con absoluta claridad: prevenir siempre será mejor que lamentar; y promover la actividad física siempre será mejor que pagar las consecuencias de la inactividad.
Millones de dólares que hoy deben destinarse a atender enfermedades relacionadas con el sobrepeso y la obesidad podrían utilizarse para construir escuelas, mejorar hospitales, crear espacios deportivos, fortalecer la educación, atender otras necesidades sociales y ofrecer mejores oportunidades para nuestras familias.
Por eso, hablar de actividad física no es hablar simplemente de hacer ejercicio. Es hablar de vida.
Caminar, correr, bailar, nadar, montar bicicleta, practicar un deporte, jugar con nuestros hijos, salir al parque, participar en actividades recreativas o simplemente dedicar unos minutos cada día a mover nuestro cuerpo son decisiones que pueden cambiar nuestro futuro. Porque cuando una madre sale a caminar, no solamente está cuidando su salud: está enseñando a sus hijos que cuidarse también es una forma de amarse.
Cuando un padre practica deporte con sus hijos, no solamente está haciendo ejercicio: está construyendo recuerdos, fortaleciendo vínculos y sembrando hábitos que pueden acompañarlos durante toda la vida. Cuando nuestros niños juegan, corren y disfrutan de actividades recreativas, no solamente están gastando energía: están creciendo, aprendiendo, socializando y desarrollando una relación saludable con su propio cuerpo.
Y cuando una comunidad abre sus parques, canchas y espacios públicos para que personas de todas las edades puedan realizar actividad física, no solamente está promoviendo deporte: está construyendo una comunidad más saludable, más unida y más feliz. La actividad física también tiene un enorme valor emocional y mental. Nos ayuda a liberar tensiones, combatir el sedentarismo, mejorar nuestro estado de ánimo, fortalecer nuestra autoestima y recuperar algo que muchas veces perdemos en medio de las preocupaciones cotidianas: las ganas de vivir plenamente.
Por eso, este no puede ser un llamado dirigido únicamente a las personas que tienen sobrepeso u obesidad. Es un llamado para todos. Es un llamado a las familias. Es un llamado a las escuelas y universidades. Es un llamado a las empresas públicas y privadas. Es un llamado a los municipios, prefecturas y gobiernos parroquiales. Es un llamado a la Asamblea Nacional y a todas las autoridades responsables de diseñar políticas públicas. Y, sobre todo, es un llamado a cada ciudadano.
Necesitamos pasar de las palabras a la acción. La Asamblea Nacional debe impulsar políticas y leyes que permitan que la prevención y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad sean una responsabilidad efectiva de las instituciones del Estado.
Las empresas públicas y privadas deben promover programas que permitan a sus trabajadores incorporar la actividad física a su vida cotidiana.
Los Gobiernos Autónomos Descentralizados deben recuperar y multiplicar los espacios públicos, deportivos y recreativos, y desarrollar programas de masificación deportiva para niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.
Pero ninguna política pública tendrá todo su potencial si nosotros, los ciudadanos, no asumimos nuestra propia responsabilidad. No podemos esperar a enfermarnos para comenzar a cuidarnos. No podemos esperar una advertencia médica para empezar a caminar. No podemos esperar que nuestros hijos tengan problemas de salud para enseñarles a jugar y practicar deporte.
Cada día tenemos una oportunidad para decidir. Podemos quedarnos quietos o podemos movernos. Podemos esperar a que aparezca la enfermedad o podemos trabajar desde hoy para prevenirla.
Podemos seguir gastando cada vez más recursos públicos en atender las consecuencias o podemos invertir con inteligencia en prevención, educación, deporte, recreación y estilos de vida saludables. El verdadero ahorro para el Ecuador no está solamente en gastar menos en hospitales. Está en tener menos personas enfermas que necesiten llegar a ellos.
Cada dólar invertido en prevención, actividad física y hábitos saludables puede significar más salud, más bienestar y una mejor calidad de vida para nuestras familias. Pero no olvidemos lo más importante: una vida saludable no se mide en dólares. Se mide en años compartidos con nuestros hijos; en abrazos; en momentos; en sueños cumplidos; en la posibilidad de llegar a la vejez con autonomía y dignidad.
Por eso, hoy necesitamos construir una nueva cultura. Una cultura donde caminar sea parte de nuestra rutina. Donde jugar con nuestros hijos sea una prioridad. Donde el deporte no sea visto únicamente como competencia, sino como una herramienta de salud. Donde los parques estén llenos de personas y no de maleza. Donde nuestras ciudades estén diseñadas para que podamos caminar, correr, pedalear y recrearnos. Y donde el Estado comprenda que promover ciudadanos activos y saludables no es un gasto: es una inversión en el futuro del Ecuador.
El cambio comienza hoy. Con una caminata. Con un partido. Con un baile. Con un paseo en bicicleta. Con una familia que decide salir del sedentarismo. Con una comunidad que se une para hacer ejercicio. Con una empresa que promueve la actividad física. Con una autoridad que entiende que prevenir es gobernar con responsabilidad.
Cada ciudadano que asume esta responsabilidad está ayudando a construir un Ecuador más saludable. Tenemos un cuerpo que cuidar, una mente que fortalecer, una familia que disfrutar y un país que necesita ciudadanos saludables.
Hagamos del movimiento un hábito. Hagamos del deporte una cultura. Hagamos de la recreación un derecho. Hagamos de la prevención una prioridad. Y hagamos de la salud una responsabilidad de todos.
¡Muévete por ti, muévete por tu familia y muévete por el Ecuador
Noticias Zamora
Editorial: El colapso planificado de la educación en Ecuador
Por: Alonzo Cueva Rojas
Licenciado en Ciencias de la Educación, Profesor de Segunda Enseñanza y Profesor de Educación Infantil (UTPL)
El último informe PISA desnuda una verdad incómoda: el sistema educativo ecuatoriano sufre un desmantelamiento estructural. Que apenas el 14,2% de nuestros estudiantes demuestre ser competente con sus conocimientos, entendiendo lo aprendido y sabiendo aplicarlo en la vida real, no es un accidente, sino el resultado directo del abandono fiscal crónico y la precarización sistemática de quienes sostienen las aulas.
Los profesionales de las Ciencias de la Educación formados para guiar desde la primera infancia hasta la enseñanza media, sabemos que esta crisis nace del desacato legal. Mientras la Constitución ordena destinar el 6% del PIB a la educación, el Estado programó en su proforma apenas USD 5.984 millones (4,3% de un PIB de USD 139.046 millones), abriendo una brecha ilegal de más de USD 2.350 millones que se agrava con una ejecución real que apenas roza el 3,8% del PIB.
Las consecuencias de este torniquete financiero destruyen el entorno escolar. PISA revela que el 51% de los estudiantes asiste a colegios con carencias de material educativo (textos, laboratorios e insumos) y el 47% sufre el deterioro de la infraestructura física (edificios, luz, sonido). Además, el 60,1% carece de recursos digitales adecuados; si el 52% de los jóvenes recurre a chatbots de IA, es por la resiliencia de una juventud que busca conectarse al mundo a pesar de la desconexión de sus escuelas. Esta asfixia económica profundiza la desigualdad: el 79,4% de los alumnos del estrato socioeconómico más bajo obtiene un rendimiento deficiente en ciencias (debajo del nivel 2), frente al 31,3% de los sectores más favorecidos, mientras que por género la brecha es del 61,5% en niñas y 59% en niños. El Ineval añade que apenas 2 de cada 10 alcanzan la competencia mínima en matemáticas.
El síntoma más grave se vive en la dignidad del magisterio. El Estado arrastra un déficit crónico superior a los 64.000 docentes, pero el sistema perdió 21.103 profesionales con nombramiento en el último quinquenio. Ese vacío fue parchado con contratos provisionales y de servicios ocasionales que estallaron de cifras marginales a más de 15.300 maestros (el 28,5% del magisterio fiscal). Estos profesionales de la enseñanza llevan muchísimos años bajo la zozobra de la renovación contractual, sin estabilidad, excluidos de los ascensos del escalafón de la LOEI y con salarios congelados.
Un maestro precarizado difícilmente puede contener el quiebre escolar. No es coincidencia que PISA reporte que el 53% de los alumnos llega tarde (frente al 20% en 2018), el 31% registre ausentismo (frente al 24% en 2018), el 21% declare que la indisciplina impide trabajar en el aula y el 27% que sus compañeros no escuchan, mientras 1 de cada 3 sufre privación social. Pese a esto, nuestros estudiantes superan el promedio de la OCDE en resiliencia, adaptabilidad y curiosidad (el 80% mantiene el deseo de aprender frente al 73% de la OCDE). Hay una juventud que quiere avanzar, pero un Estado que la empuja al rezago. Exigir el cumplimiento del 6% del PIB y la estabilidad docente es la última oportunidad antes de que las aulas se terminen de apagar.
-
Entretenimiento5 años agoAdriana Bowen, sobre la cirugía bariátrica: Siento que recuperé mi vida
-
Politica5 años agoEl defensor del Pueblo, Freddy Carrión, fue llamado a juicio en la investigación por el delito de abuso sexual
-
Internacionales5 años agoMuere Cheslie Kryst, Miss Estados Unidos 2019 y presentadora de televisión
-
Internacionales5 años agoTiroteo en concierto en Paraguay deja dos muertos y cuatro heridos
-
Nacionales5 años ago¿Qué hay detrás del asesinato de Fredi Taish?
-
Fashion9 años ago
Amazon will let customers try on clothes before they buy
-
Politica5 años agoComisión médica pide reforma para los nombramientos de personal de salud
-
Politica5 años agoGobierno de Guillermo Lasso enfrentará una primera movilización convocada por los sindicalistas
