Connect with us

Noticias Zamora

No hay distancia que el amor no recorra para traer de vuelta a un hijo

Publicado

on

Por Lic. Mario Paz

Introducción

Ver cómo un hijo se aleja del buen camino es una de las experiencias más dolorosas que puede vivir un padre o una madre. Es una mezcla de impotencia, tristeza y frustración. Lo que antes era una relación cercana, llena de cariño y confianza, ahora parece estar rota por la rebeldía, las malas decisiones o la influencia de personas equivocadas. Y aunque el corazón de madre o padre grita por recuperarlo, muchas veces no sabemos por dónde empezar. ¿Qué hacer cuando las palabras ya no funcionan? ¿Cuando sentimos que lo perdemos un poco más cada día?

Este artículo no es una fórmula mágica, pero sí una guía sincera para padres que, pese al dolor, no están dispuestos a rendirse. Porque cuando el amor es verdadero, siempre busca un camino de regreso. Y aunque su hijo esté descarriado hoy, aún hay esperanza para restaurar lo que parece perdido.

Nunca es tarde para rescatar un hijo (a)

Aunque la situación sea dolorosa, la batalla no está perdida. Muchos jóvenes regresan al buen camino con amor, límites claros y apoyo constante. Este proceso es importante abordarlo con empatía, firmeza y perspectiva a largo plazo. Recuperar a un hijo descarriado, no es sencillo, deberá probar con los hechos que está dispuesto a recuperarlo. Debe ser perseverante en el proceso.

Imagínese que un médico llega tarde con un paciente, lo encuentra grave, se desanima y dice “debí venir antes, la situación es compleja y ya no puedo salvarle la vida” ¡sería ilógico! Si llegaste tarde actúa con más decisión y energía. No te muestres autoritario, sino transparente, logre que su hijo le entienda, para obtener su respeto. Sea claro en sus sentimientos, reconozca sus errores, pero si su hijo (a) le insultan muéstrese ofendido, no lo tolere. Ensénele a que aprenda a decir las cosas que la fastidian o le ofenden, sin mostrarse agresivo (a).

El hijo (a) descarriado (a), es como un potrillo herido que corre desesperado, no sabe que sus lesiones solo sanarán bajo la cobertura  de alguien que le ame. Usted debe ser ese alguien que le atrape y le cure. Cobertura es el principio básico.

Cuando una criatura recibe amor, modifica su comportamiento negativo, se deja guiar, confía en su padre/madre y  los hace responsable del rumbo elegido, por otro lado, al dar cobertura, el adulto diseña un código de conducta, dirige al joven y evita riesgos, mientras lo conduce suavemente al camino correcto.

Busque entender, no solo corregir

Detrás de cada hijo que se ha descarriado hay una historia. No siempre se trata de simple rebeldía. A veces es dolor no expresado, heridas emocionales no resueltas, traumas o abusos, falta de atención o afecto, baja autoestima, falta de límites claros o influencia de amistades negativas.

Antes de imponer reglas o soltar sermones, pregúntese: ¿Qué lo llevó a este punto?. Y más importante aún: ¿Su hijo siente que puede confiar en usted para hablar de eso? Escuchar sin juzgar es fundamental para identificar las raíces del problema.

Trabaje en la comunicación sin confrontación, cambie la dinámica: menos sermones, más escucha, use frases como “me duele verte así” en vez de “te lo dije”, practique la escucha activa: mirar a los ojos, no interrumpir, validar sentimientos, el objetivo es reabrir puentes de diálogo.

Su hijo probablemente ya sabe que está decepcionado. Pero si cada intento de diálogo termina en reclamos, no volverá a hablarle. Necesita saber que puede contar con usted sin ser juzgado.

Cambie los reproches por preguntas sinceras:  ¿Cómo te has sentido últimamente?  ¿Qué necesitas de mí?  ¿Cómo puedo ayudarte sin presionarte? No se trata de justificar lo que hace, sino de abrir una puerta al diálogo.

Reconstruya el vínculo afectivo

Antes de corregirlo, debe reconectarse emocionalmente con su hijo (a). Invítelo (a) a comer, mirar una película, salir a caminar, recuérdele anécdotas felices de su infancia y muestre interés por sus gustos y pensamientos, aunque no los comparta. A veces, lo que más necesita no es una lección de moral, sino saber que todavía lo ama incondicionalmente, aunque esté roto,

Un hijo (a) puede estar lejos emocionalmente, pero un gesto sincero de cariño puede empezar a derribar las murallas.

Debe empezar por hacerle sentir que le ama y que es importante para usted, es la única manera de provocar un cambio en alguien que ha sufrido mucho por el abandono de tantos años. Después háblele de sus experiencias más crudas. Dígale cosas que no confiaría a un niño, así se dará cuenta que le considera una persona madura. Los adolescentes luchan con desesperación por sentirse mayores; si se sienten manejados como niños lo rechazan o huyen.

Ponga límites con amor, no con miedo

Recuperarlo no significa permitirle todo por miedo a perderlo más. El amor verdadero también pone límites, establezca las reglas del hogar, pero con razones, no con amenazas y hágalas cumplir, sea firme y coherente, pero evite castigos humillantes o amenazas que lo alejen aún más.

Dígale con claridad: “No apruebo lo que haces, pero nunca dejaré de amarte. Estoy aquí para ayudarte a salir de esto, pero hay cosas que no puedo permitir bajo este techo.”

No tenga miedo de pedir ayuda profesional

Usted no tiene que hacerlo todo solo. Hay psicólogos, terapeutas familiares, consejeros espirituales y centros de apoyo que pueden ser una bendición y apoyo en momentos críticos. En casos graves, como adicciones o conductas destructivas, acudir a un especialista no es debilidad, es sabiduría y participe usted también en la terapia: no se trata solo de “arreglar al hijo”, sino de sanar la relación familiar. La restauración es de ambos lados.

Ore y mantenga viva la esperanza en Dios

Si es creyente y tiene fe espiritual, este es el momento de ponerla en acción. La parábola del hijo pródigo es más real de lo que crees. Muchos jóvenes regresan, incluso después de haber tocado fondo, confíe en que Dios puede restaurar lo que hoy parece roto. Ore por su hijo, clame por su vida. Dios no ha terminado con él y tampoco con usted como padre, tenga la certerza que su familia sera restaurada. Donde hay oración, hay camino de regreso.

Sea paciente, la restauración es un proceso amargo pero de frutos dulces.

Recuperar a un hijo no es cuestión de días, no espere cambios inmediatos, a veces el hijo necesita tocar fondo para valorar lo que tenía, cada pequeño avance es una victoria. Puede haber retrocesos, puede que parezca que no escucha, pero su constancia es un mensaje poderoso: dígale, aquí estaré cuando decidas regresar.

Cada pequeño avance cuenta. Cada conversación que no termina en gritos, cada límite que respetas con amor, cada gesto de cariño que das sin esperar nada a cambio… todo suma.

Conclusión: nunca es tarde para volver al hogar

Un hijo descarriado no es un hijo perdido. Aunque parezca que no escucha, el amor verdadero siempre deja huella. Tú eres su raíz, su origen, su refugio más profundo. Aunque hoy esté lejos, puede volver. Pero necesita saber que, cuando lo haga, tú estarás ahí con los brazos abiertos y el corazón dispuesto (lea la parábola del hijo prodigo del hijo pródigo, narrada en Lucas 15:11-32).

No será fácil, ni rápido; pero sí es posible, que este personaje con alma entristecida que hoy parece ajeno… aún es su hijo y aún puede recuperarlo. Para ello será clave la perseverancia, la oración, el acompañamiento emocional y el amor firme de un padre/madre que luchan incansablemente por recuperar a su hijo.

El hijo pródigo no es historia antigua, es un llamado al amor persistente.

Noticias Zamora

Crónica de dos días de búsqueda, esperanza y dolor en las aguas del río Zamora

Publicado

on

EL RÍO QUE GUARDA EL SILENCIO

Por Diario El Amazónico | Reportaje Especial

Hay tragedias que irrumpen con estruendos capaces de estremecer ciudades enteras. Otras, en cambio, llegan envueltas en un silencio tan profundo que nadie alcanza a comprender que la vida acaba de cambiar para siempre.

La madrugada del sábado fue una de esas.

Mientras el reloj avanzaba sobre las primeras horas del día, la Troncal Amazónica permanecía casi vacía. La neblina descendía lentamente sobre las montañas de Zamora Chinchipe y el viento apenas rozaba la vegetación que bordea la carretera entre los sectores de Namírez y Mejeche. Eran las 00:10 minutos.

O al menos eso parecía.

Una cámara de seguridad de una vivienda registró lo que hoy constituye una pequeña pista del vehículo que se dirigía hacia Zamora.

En la grabación únicamente se observa el destello de sus luces atravesando la oscuridad. El automotor circula aparentemente con normalidad. No existen maniobras bruscas. No se aprecia un exceso de velocidad. Nada hace presagiar una tragedia.

Entonces ocurre algo casi imperceptible.

Un sonido que rompió el silencio.

En el vídeo, se escucha un estruendo fuerte. Es un ruido que advierte una tragedia.

Es ahí, un trabajador sale de la vivienda, se dirige al lugar y evidencia del accidente, el es Manuel Calle, en ese momento se quedó frío sin saber que hacer, justo pasa una persona en moto y pide auxilio, y es él quien avisa sobre el accidente.

Nadie imagina que, en ese preciso instante un vehículo acaba de abandonar la carretera para precipitarse por una pendiente de aproximadamente 150 metros hasta el río Zamora.

Un perro comienza a ladrar con insistencia.

Como si hubiese visto lo que ningún ser humano alcanzó a observar.

«Hay silencios que anuncian tragedias. Hay ladridos que terminan convirtiéndose en el único testimonio de una noche que jamás volverá a repetirse.»

 

La primera evidencia

Con los minutos de desesperación apareció la primera certeza.

En el borde de la vía fue localizada la placa del vehículo.

Aquella pequeña lámina metálica se convirtió en la primera prueba física de que algo grave había ocurrido durante la madrugada.

Desde ese momento comenzó una carrera contra el tiempo.

Bomberos, rescatistas, policías y ciudadanos descendieron hasta las orillas del río Zamora convencidos de que cada minuto podía marcar la diferencia.

Pero la naturaleza tenía otros planes.

El río no solamente es profundo.

Es un río impredecible.

Su corriente golpea con fuerza contra las enormes rocas, forma remolinos y arrastra sedimentos que reducen completamente la visibilidad bajo el agua. En el sitio donde se presumía estaba el vehículo, la profundidad alcanzaba entre siete y nueve metros.

El escenario reunía prácticamente todas las condiciones de una operación de rescate de alta complejidad.

Cada descenso implicaba un riesgo.

Cada decisión debía tomarse con precisión.

Porque en un río como el Zamora, un error puede convertir a un rescatista en otra víctima.

 

La otra batalla

Mientras los equipos de emergencia analizaban estrategias, en la superficie comenzaba otra lucha mucho más silenciosa.

La de dos familias.

Esperar también agota.

No saber consume lentamente la esperanza.

Cada mirada hacia el río parecía una pregunta sin respuesta.

Cada minuto prolongaba la angustia.

Cada llamada telefónica alimentaba la ilusión de recibir finalmente una buena noticia.

«El agua seguía su camino.

Las horas también.

Pero para dos familias el tiempo había dejado de avanzar aquella madrugada.»

Durante toda la jornada del sábado decenas de ciudadanos llegaron hasta el lugar.

Muchos ofrecieron ayuda.

Otros llevaron alimentos y agua para los rescatistas.

Algunos simplemente permanecieron observando el río en silencio, comprendiendo que existen momentos en los que la solidaridad también consiste en acompañar.

 

Cuando un pueblo decide no rendirse

La complejidad del rescate hizo que familiares y amigos solicitaran el apoyo de buzos especializados provenientes de otras provincias.

Las condiciones del río exigían experiencia, equipos adecuados y procedimientos técnicos que minimizaran el riesgo para quienes descendían al agua.

La solidaridad volvió a aparecer.

Marcelo Tapia, representante de la empresa Boga, Marlon Cruz, conocido empresario, pusieron a disposición maquinaria de mayor capacidad para apoyar las labores.

Ese gesto fue recibido con gratitud por ciudadanos y familiares, conscientes de que toda ayuda representaba una nueva posibilidad de encontrar el vehículo.

El domingo amaneció distinto.

El cielo permanecía despejado.

El clima ofrecía una pequeña tregua.

Era una oportunidad que no podía desperdiciarse.

 

La tarde que parecía terminar sin respuestas

Con el paso de las horas la desesperación comenzó nuevamente a ganar terreno.

El domingo avanzaba y el río continuaba guardando su secreto.

La incertidumbre volvía a instalarse entre quienes permanecían observando desde la orilla.

Fue entonces cuando una familiar se acercó a uno de los responsables del operativo y preguntó si las labores concluirían por ese día.

La respuesta fue inmediata.

—No. Vamos a seguir trabajando. Tenemos que darle hasta las últimas horas de la tarde.

Aquellas palabras devolvieron la esperanza.

Poco después, una intensa lluvia volvió a caer sobre el lugar.

Pero nadie abandonó el operativo.

Mientras el agua descendía desde las montañas, los equipos continuaban realizando barridos sobre el río utilizando embarcaciones y un ancla especialmente adaptada para intentar localizar el vehículo.

Intento tras intento.

Una y otra vez.

Por momentos parecía que el ancla encontraba algún obstáculo.

Luego volvía a soltarse.

La expectativa crecía.

La incertidumbre regresaba.

Hasta que finalmente ocurrió.

El ancla quedó firmemente enganchada.

Nadie quiso celebrar demasiado pronto.

Era necesario confirmar que realmente se trataba del vehículo.

Entonces uno de los buzos, asegurado mediante técnicas de rescate y sujeto a una línea de seguridad, descendió lentamente siguiendo la cuerda.

El río intentó arrastrarlo.

La corriente golpeaba con fuerza.

La visibilidad era prácticamente nula.

Pero, después de algunos minutos bajo el agua, llegó la confirmación.

Era el vehículo.

El buzo aseguró una segunda cuerda para reforzar el amarre y permitir la extracción sin que el cable cediera por el peso o la fuerza de la corriente.

A las 18:45, aproximadamente, comenzó una de las maniobras más delicadas de todo el operativo.

Dos máquinas trabajaron de manera sincronizada.

Rescatistas coordinaban cada movimiento.

Cada metro que ascendía el vehículo parecía detener el tiempo.

Hasta que finalmente emergió del río.

El silencio volvió a imponerse.

Junto al automotor fue recuperado el cuerpo de una de las víctimas.

Se trataba de Jhon Collaguazo.

Durante algunos instantes muchos pensaron que las dos personas serían encontradas en el interior.

Pero la esperanza volvió a transformarse en incertidumbre.

Solo estaba uno.

La otra persona sigue desaparecida.

Los abrazos dieron paso nuevamente al llanto.

Las lágrimas regresaron a las familias.

Los amigos guardaron silencio.

Nadie encontraba palabras suficientes para aliviar un dolor que aún permanecía incompleto.

 

La búsqueda continúa

La noche cayó sobre el río Zamora.

El operativo fue suspendido únicamente por razones de seguridad.

La decisión fue clara.

Al amanecer, la búsqueda continuará.

Horas más tarde, la esposa de la persona que aún permanece desaparecida utilizó sus redes sociales para hacer un llamado desesperado.

Pidió a la ciudadanía colaborar observando las orillas del río.

Solicitó ayuda.

Agradeció cada gesto de solidaridad recibido durante esos dos días.

Su mensaje resumía el sentimiento de toda una familia que aún espera volver a encontrar a uno de los suyos.

 

Una lección para las instituciones

Más allá del dolor, esta tragedia deja una reflexión que trasciende el hecho noticioso.

Los rescates en ríos  requieren equipamiento especializado, tecnología, embarcaciones adecuadas, sistemas de anclaje, dispositivos de localización subacuática y capacitación permanente.

La valentía de los bomberos y rescatistas quedó demostrada una vez más.

Sin embargo, el compromiso humano no puede seguir reemplazando a la inversión institucional.

Garantizar mejores herramientas no solo incrementa las posibilidades de salvar vidas, sino que también protege a quienes diariamente enfrentan escenarios donde cada decisión puede significar la diferencia entre regresar a casa o convertirse en otra víctima.

Continuar Leyendo

Noticias Zamora

Dos personas permanecen desaparecidas tras accidente de tránsito en Cumbaratza

Publicado

on

La madrugada de este sábado 1 de agosto, aproximadamente a las 00:10, se ha registrado un aparatoso accidente de tránsito en el sector Mejeche, perteneciente a la parroquia Cumbaratza, en la Troncal Amazónica.

De acuerdo con la información preliminar, el vehículo se habría precipitado aproximadamente 120 metros por una pendiente hasta caer en las aguas del río Zamora. En el lugar únicamente se han encontrado restos del automotor, lo que evidencia la magnitud del siniestro.

Hasta el momento, dos personas permanecen desaparecidas. Equipos del Cuerpo de Bomberos de Zamora y Yantzaza mantienen intensas labores de búsqueda y rescate en la zona con la esperanza de localizar a los ocupantes.

Se espera que en las próximas horas se emita información oficial sobre el avance de las operaciones de búsqueda.

Diario El Amazónico continuará informando conforme se conozcan nuevos detalles de este lamentable hecho.

Continuar Leyendo

Noticias Zamora

El chantaje y la proscripción: el libreto para ahogar la democracia

Publicado

on

Por: Alonzo Cueva Rojas

Las declaraciones del ministro del Interior son una alerta grave. Exigir que alcaldes y prefectos se alineen con el pensamiento oficial es una postura antidemocrática y una muestra de totalitarismo. Una responsabilidad elemental es coordinar acciones por el progreso del país, pero otra actitud muy distinta es intentar anular la diversidad de opinión y la libertad política.

El gobierno central y las autoridades locales (GAD) tienen la obligación de unirse para dar respuestas reales a la población. Esta cooperación técnica e institucional debe enfocarse en áreas urgentes, sin importar banderas partidistas, como: Coordinar planes firmes para devolver la tranquilidad a los territorios, garantizar escuelas dignas, atención médica y medicinas, proteger a los sectores vulnerables y erradicar la pobreza, entre otros.

Ecuador es un país diverso, intercultural y plurinacional, marcado por diferencias geográficas, culturales y generacionales. Cualquier gobernante debe estar listo para ejercer su función dentro de esa diversidad. Querer imponer un pensamiento único es una aberración política que jamás dará resultados positivos. La alienación no es la solución; el camino seguirá siendo el ejercicio democrático del poder.

Detrás del discurso de la alineación opera un crudo condicionamiento. Es un secreto a voces que a los alcaldes y prefectos con altas opciones de reelección se les presiona con una consigna clara: o se postulan con el partido de gobierno, o les congelan los fondos y les arman problemas legales usando de forma selectiva a la justicia.

A esto se suma la proscripción de líderes sociales y la eliminación de organizaciones políticas de oposición. Al dejar a los líderes legítimos sin casillero electoral, el régimen les cierra el camino. Ante este atropello, muchas autoridades terminan claudicando, disimulando su sumisión por temor a perder su libertad o poner en riesgo a sus familias.

Gobernar mediante el miedo y anular a los rivales destruye la libertad de todo el pueblo ecuatoriano.

Continuar Leyendo

Trending

Derechos reservados El Amazonico