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Opinión

Noboa, entre la deriva autoritaria y la Constituyente

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Gonzalo Ortiz | Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.

Con inusitada velocidad, el presidente Noboa recibió la noche del martes el dictamen de la Corte Constitucional (CC) y antes de que amaneciera el miércoles, pasadas las 4 de la madrugada, emitió el decreto ejecutivo 155 en que, agachando la cabeza, eliminó 13 considerandos del decreto anterior (el 153), que fueron observados por la CC por inducir al voto, y corrigió el pésimo cálculo para la elección de los asambleístas, a fin de que cuadraran con los 80 que quería.

Ese decreto 153 es vergonzoso, como mucho de lo que sale de palacio: mal redactado, mal calculado.

Noboa señalaba que el total de asambleístas sería de 80 y que procederían 24 de una lista nacional, 52 de las provincias y 6 del exterior, pero no precisaba, como lo han hecho todos los que han convocado a una Constituyente, cuántos se elegirían por cada provincia, dejando ese cálculo al CNE, al que disponía publicar el «cuadro provincial definitivo aplicando el método D’Hondt».

Se ve que en el Palacio de Gobierno les da pereza calcular y que, además, no entienden para qué sirve el método D’Hondt, que no es un método para decidir cuántos asambleístas se eligen por provincia sino para asignar escaños después de una votación.

La CC le pega al Gobierno una repasada de maestro de escuela a alumno vago: «Cabe precisar que el método D’Hondt no determina el tamaño de las circunscripciones, sino que se aplica únicamente a la adjudicación de escaños una vez obtenidos los resultados electorales».

Pero, además, había una confusión de padre y señor mío en el número de asambleístas a elegirse. Noboa proponía uno fijo por provincia más uno por cada 200 mil habitantes o fracción que supere los 150 mil habitantes. Pero eso arrojaba como resultado 104 asambleístas provinciales y no 52.

La CC ha tenido que insistir en su dictamen en este punto, que es de aritmética de primaria: si hay mínimo un asambleísta por provincia se tiene 24, por lo que para completar los 52 solo debe elegirse 28 de acuerdo con la población. Pero si se aplica el criterio de uno por cada 200.000 habitantes, ¡resulta que se eligen 80!

Así, el “pequeño” error de cálculo de palacio haría que se tenga 80 asambleístas por población más 24 por el mínimo, más los demás segmentos: una asamblea de 132 integrantes, mucho más de lo que supuestamente se fija como máximo.

Con la cara roja de vergüenza deben haber leído en el palacio, la noche del martes, lo que les dice la Corte Constitucional: “Al no contar con parámetros claros de elección, no sería posible realizar ni siquiera la convocatoria a elecciones de la Asamblea Constituyente”.

Así que ahora, en el decreto expedido en el rosicler de la aurora, Noboa agacha la cabeza, quita los 13 considerandos (de 33 que eran), cambia la base de cálculo y establece que se elegirá un asambleísta por cada 471.000 habitantes.

También aclara otra cosa que la CC le indica: el método para el reparto de escaños de las listas nacional y del exterior. En efecto, era tan descuidada la redacción del 153, que señalaba que solo el reparto de las listas provinciales se haría por el D’Hont.

Esto lleva a preguntarse una vez más: después de la vergüenza que el país pasó al ver a los asesores jurídicos de la Presidencia de la República y del Legislativo balbucear incoherencias en su triste defensa de las preguntas para consulta popular en las audiencias de la CC, ¿no se ha dado cuenta el presidente Noboa de que necesita asesores de mejor nivel?

Yo escogería a los mejores juristas del Ecuador, pero al menos el primer mandatario debería escoger a quienes puedan redactar como un mediano bachiller y hacer cálculos aritméticos de un buen alumno de primaria, y no estos analfabetos de los que está rodeado.

Y también lleva a pensar en el futuro: si llega a darse la asamblea constituyente, ¿quiénes serán los iluminados que redacten la nueva Constitución? ¿Personas del ínfimo nivel como sus asesores? ¿O del penoso nivel de los actuales asambleístas, que no en vano se ha calificado como los peores de la historia?

Anteayer, el presidente dijo que “los conchudos” a los que ha ganado dos veces le quieren dar lecciones de lo que debe hacer. Se refiere, claro, al correísmo. Pero los que no somos conchudos y jamás fuimos correístas, también podríamos afirmar que el personal del que dispone es de última y que está pésimamente asesorado en lo jurídico y en lo político.

No faltará quien salte a refutarme diciéndome que, al contrario, Noboa ha demostrado gran habilidad para controlar todos los poderes. Que ahora responden a él el Legislativo, el Judicial, el Electoral, el de Control Social, y que eso es una muestra de gran manejo político.

Perdonen que les decepcione: eso no es manejo político sino uso de los mecanismos más crasos del poder ejecutivo: reparto de cargos y beneficios.

Me preocupa cómo se consigue esas mayorías y qué hacen esas mayorías. Uno de los resultados recientes no es para tirar cohetes y, al contrario, quedará grabado en las antologías del disparate y la vergüenza: el juicio político al Dr. Gonzalo Albán que, como bien él dijo, es el juicio político “más absurdo de la historia”.

¿Por qué se destituyó a Albán? Por incumplir sus funciones, dice la sentencia de la asamblea. Pero ese supuesto incumplimiento de funciones es por algo que él no hizo y que, además, no ocurrió en el desempeño de sus funciones.

¿Cómo es ese intríngulis? Pues sí, la acusación a Albán es que fue consejero del CPCCS habiendo estado afiliado poco antes al movimiento político Mover. Ya se sabe que el requisito para ser consejero es no pertenecer ni haber pertenecido en años anteriores a un partido o movimiento político (requisito que, obviamente, los de la Liga Azul se saltaron a la bartola).

No conozco al Dr. Albán, pero su explicación es convincente y documentada.

Resulta que cuando fue a inscribir su candidatura al CPCCS esta fue rechazada porque apareció afiliado a Mover. Como nunca se había afiliado a ese ni a ningún otro movimiento, pronto estableció que habían fraguado su firma. Igual sucedía con miles de ecuatorianos que aparecían afiliados a movimientos de manera fraudulenta, por empresas que dicen “recolectar” firmas, cuando en realidad se las inventan.

Albán siguió juicio y probó ante el Tribunal Contencioso Electoral que aquella no era su firma. Este determinó por sentencia que se trataba de un fraude y que el CNE debía inscribir su candidatura. Así llegó al CPCCS.

La argumentación del interpelante, un asambleísta de ADN, fue que no importa la sentencia del único tribunal que puede juzgar esta materia: el Contencioso Electoral, y que el señor Albán actuó habiendo estado afiliado poco antes a Mover. ¡Y sus colegas aceptaron esa falacia y destituyeron a Albán!

Un gobierno autoritario y una legislatura servil decidieron usar el más inverosímil e insostenible argumento para apartar de su cargo a una persona porque no es sumisa al Gobierno. Incluso, y así lo reveló Martín Pallares en el podcast “Politizados” del martes, le habrían ofrecido salvar: si Albán votaba el viernes por el Dr. Mario Godoy para que presida el Consejo de la Judicatura, le libraban del juicio político.

Albán no se vendió y afrontó el juicio político el lunes, cuyo resultado es una vergüenza para interpelante, asambleístas de gobierno y Noboa, pues han usado el argumento más espurio que inventarse puedan para deshacerse de alguien que consideran no manipulable.

Y eso es un honor para Albán, aunque le haya caído el injusto castigo de dos años de suspensión de sus derechos políticos, porque ha mantenido una línea independiente.

Y toda esta retorcida maniobra, ¿para qué? ¡Para nombrar a Godoy!, un abogado que defendió a narcotraficantes, que no es precisamente muy brillante y que tiene varias otras observaciones en su carrera. ¿Su mérito? Ser sumiso al Gobierno, aunque en el año y medio que ha estado en el cargo haya administrado muy mal la judicatura.

¿Puede así hacerse patria? No. Así solo se repite el viejo principio correísta: control total de los poderes del Estado, supresión de cualquier voz disonante, sin que importen los caminos para lograrlo.

Por cierto, si ya controla todo, ¿para qué ir a una Constituyente? ¿No es jugarse un albur y tratar de adivinar dónde está la bolita a un gitano mañoso, como a veces se porta el electorado?

¡Y que Dios nos coja confesados! ¿Será la nueva Constitución un galimatías como aquella frase sin sujeto, verbo y predicado con que el presidente nos anunció su intención de convocar a Constituyente? Fuente: Primicias

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El legado de un formador de generaciones

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Introducción

Hay vidas que no se miden por los años que se viven, sino por las huellas que dejan en el corazón de las personas. Existen seres humanos cuya historia no se escribe solo con fechas y cargos, sino con sacrificios, silencios, caídas, perseverancia y un inquebrantable deseo de servir. El legado de un formador de generaciones es el testimonio de una vida construida desde la adversidad, sostenida por la fe, fortalecida por el esfuerzo y consagrada al servicio de la educación, del deporte y del desarrollo humano.

Este artículo no pretende ser únicamente una reseña biográfica. Es, sobre todo, una memoria viva de lucha, vocación y compromiso social. Es la historia de un niño que conoció tempranamente la ausencia y el dolor, pero que decidió transformar la orfandad en fortaleza, el sacrificio en disciplina y los sueños en metas alcanzables. Es la historia de un joven que encontró en el deporte una escuela de vida, en la educación un propósito y en el servicio público una misión.

A lo largo de más de tres décadas, Mario Rigoberto Paz Ocampos ha caminado entre pistas y aulas, entre responsabilidades y esperanzas, formando no solo estudiantes y atletas, sino ciudadanos con valores, fe y conciencia social. Cada cargo asumido, cada clase impartida y cada proyecto liderado ha tenido un mismo horizonte: sembrar futuro en las nuevas generaciones de la provincia de Zamora Chinchipe.

Este legado no se mide por títulos ni reconocimientos, sino por las vidas que han sido tocadas, por los caminos que se han abierto y por los sueños que hoy caminan gracias a una mano que supo guiar, un corazón que supo creer y una voz que nunca dejó de enseñar. Aquí se presenta la historia de un formador que convirtió su vida en misión y su misión en herencia.

De la orfandad al liderazgo: la historia de un formador de generaciones

Mario Rigoberto Paz Ocampos nació el 3 de enero de 1968 en la ciudad de Zumba, cantón Chinchipe, provincia de Zamora Chinchipe. Es el menor de siete hermanos, cuatro varones y tres mujeres, creció dentro de una familia trabajadora que le inculcó desde temprana edad valores de responsabilidad, honestidad y superación.

Sus padres fueron don José Galo Paz Rodríguez, quien falleció el 21 de agosto de 1981 a causa de una enfermedad, y doña Anita Ocampos Aldaz, quien perdió la vida el 24 de noviembre de 1984 en un lamentable accidente aéreo. Estas pérdidas marcaron profundamente su niñez y forjaron su carácter de lucha y perseverancia.

Cursó su educación primaria en la Escuela Brasil de la ciudad de Zumba. Inició su educación secundaria en el Colegio Nacional Zumba. Tras el fallecimiento de su padre, a los 12 años de edad, se trasladó junto a su familia a la ciudad de Zamora, donde continuó sus estudios en el colegio “12 de Febrero”, trabajando durante el día y estudiando en la noche. A los 17 años obtuvo el título de Bachiller en Químico-Biológicas.

Desde los 15 años se vinculó al deporte, destacándose en la disciplina de atletismo en las pruebas de medio fondo y fondo, alcanzando importantes triunfos a nivel colegial, cantonal, provincial y nacional.

Impulsado por su vocación y espíritu de superación, se trasladó a la ciudad de Loja para cursar estudios superiores en la Universidad Nacional de Loja, donde obtuvo el título de Licenciado en Ciencias de la Educación. Al culminar su formación universitaria, inició su vida profesional como entrenador de atletismo en la Federación Deportiva de Zamora Chinchipe y como docente contratado en el Colegio “12 de Febrero”.

En el año 1990 contrajo matrimonio con Janeth Charo Jaramillo Valarezo, su compañera de vida, con quien ha formado una hermosa familia y procreado dos hijos: Mario Andrés Paz Jaramillo y Geanella Karolina Paz Jaramillo.

En 1993 ganó el concurso de méritos y oposición para ejercer como docente en el Colegio Alonso de Mercadillo, y en junio de 1995 obtuvo el cambio al Colegio “12 de Febrero” de Zamora, institución a la cual ha dedicado la mayor parte de su trayectoria profesional.

Continuó fortaleciendo su formación académica al obtener un Diplomado en Pedagogía en la UTPL y una Maestría en Psicología Familiar en la Universidad Nuestro Pacto Internacional de los Estados Unidos.

En el año 2008 ganó el concurso de méritos y oposición para ejercer como Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Técnico Superior “12 de Febrero”, cargo que desempeñó desde el 11 de diciembre de 2008 hasta el 30 de agosto de 2013.

En agosto de 2013 resultó ganador del concurso de méritos y oposición para Director Distrital de Educación y, entre el 1 de septiembre de 2013 y el 30 de marzo de 2014, estuvo encargado de la Dirección Provincial de Educación de Zamora Chinchipe, liderando el proceso de implementación del nuevo modelo de gestión del Ministerio de Educación.

Desde el 1 de abril de 2014 hasta el 6 de marzo de 2019, ejerció funciones como Director Distrital de Educación 19D01 Yacuambi–Zamora. A partir del 7 de marzo de 2019 y hasta la actualidad, labora en la Unidad Educativa “12 de Febrero”, en la modalidad intensiva en jornada nocturna.

La vida de Mario Paz Ocampos es un testimonio de esfuerzo, disciplina y vocación de servicio, reflejada en más de tres décadas dedicadas a la educación, al deporte y al desarrollo humano de la provincia de Zamora Chinchipe.

Entre pistas y sueños: el origen de mi fortaleza

El deporte ha sido una de las columnas más firmes de mi formación personal, humana y profesional. A través de él aprendí disciplina, perseverancia, respeto, trabajo en equipo y responsabilidad; valores que no solo me formaron como atleta, sino que también moldearon mi carácter y mi manera de servir a la sociedad. Mi trayectoria deportiva se ha desarrollado en tres etapas fundamentales: como deportista, como entrenador y como dirigente, cada una de ellas marcada por experiencias, aprendizajes y logros que han dejado una huella profunda en mi vida.

Como deportista

Desde muy joven encontré en el atletismo una pasión que se transformó en compromiso, esfuerzo constante y superación personal. Representar a mi provincia fue un honor que asumí con orgullo y responsabilidad. Entre los principales logros alcanzados durante esta etapa se destacan:

  • Campeón de la Maratón de la Longevidad, categoría Juvenil, realizada en la ciudad de Loja, en diciembre de 1989.
  • Medalla de bronce en la prueba de 3.000 metros con obstáculos, en el Séptimo Campeonato Nacional de Atletismo Interuniversidades y Politécnicas del país “Genaro Fierro” realizado en Quito el 4 de mayo de 1990, en representación de la Universidad Nacional de Loja (UNL),
  • Campeón Amazónico en la prueba de 5.000 metros planos, en los I Juegos Deportivos Amazónicos, realizados el 2 de marzo de 1991 en la provincia de Napo (Tena).
  • Seleccionado provincial de atletismo por la provincia de Zamora Chinchipe desde el año 1984 hasta 1991.
  • Ganador de múltiples competencias de calle a nivel intercolegial, cantonal, provincial, regional y nacional.

Como entrenador

Luego de culminar mi etapa como deportista activo, asumí con vocación y responsabilidad el rol de formador de nuevas generaciones. Me desempeñé como entrenador de medio fondo y fondo en la Federación Deportiva Provincial de Zamora Chinchipe durante un período de cinco años, etapa en la cual logré formar campeones amazónicos y atletas medallistas a nivel nacional, contribuyendo al fortalecimiento del atletismo provincial.

Como dirigente deportivo

Con el paso del tiempo, asumí también responsabilidades dirigenciales, entendiendo que el desarrollo del deporte requiere no solo de atletas y entrenadores, sino también de liderazgo y gestión comprometida. En esta etapa he tenido el honor de servir como:

  • Presidente y Vicepresidente del Club Social, Cultural y deportivo “Liga Deportiva Febrerina” durante seis años.
  • Presidente de la Asociación Provincial de Atletismo de la Federación Deportiva Provincial de Zamora Chinchipe (FDPZCH) durante un año.

Entre aulas y liderazgo: una vida al servicio de la educación

La docencia ha sido una de las misiones más nobles y trascendentes de mi vida. A través de ella he tenido el privilegio de formar generaciones, orientar caminos, sembrar valores y servir a la sociedad desde las aulas y desde la gestión educativa. Mi trayectoria en el sistema educativo no ha sido fruto del azar, sino del esfuerzo, la preparación constante y la vocación de servicio, lo que me ha permitido acceder a cada cargo a distintos espacios y responsabilidades dentro del Ministerio de Educación, desempeñando funciones que me han exigido liderazgo, compromiso, honestidad y profunda responsabilidad social. Cada etapa ha sido una escuela de aprendizaje que ha fortalecido mi visión de una educación basada en la calidad, la calidez, la innovación y el respeto a la dignidad humana.

A continuación, presento un recuento de mi vida profesional, que no solo refleja cargos y fechas, sino una historia de servicio, crecimiento y entrega al fortalecimiento de la educación en mi provincia y en el país.

En el año de 1991 ingresé al sistema educativo como docente contratado en la UE “12 de Febrero” por un período de dos años. El 4 de marzo de 1993 fui nombrado Profesor-Inspector titular del Colegio Alonso de Mercadillo del cantón Yacuambi, cargo que desempeñé hasta el 6 de diciembre de 1994. Posteriormente, del 7 de diciembre de 1994 al 21 de mayo de 1995, ejercí la función de Inspector General en la misma institución.

Desde el 22 de mayo de 1995 hasta el 11 de diciembre de 2008 laboré como Profesor-Inspector en el colegio “12 de Febrero”. Más adelante, del 12 de diciembre de 2008 al 30 de agosto de 2013, me desempeñé como Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Tecnológico Superior “12 de Febrero”.

A partir del 1 de septiembre de 2013 hasta el 6 de marzo de 2019, desempeño la función de Director Distrital 19D01 Yacuambi-Zamora Educación. Durante este período, entre el 1 de septiembre de 2013 y el 28 de febrero de 2014, estuve encargado de la Dirección Provincial de Educación Hispana de la provincia de Zamora Chinchipe. Además, desde el 7 de marzo de 2019, laboro en la Unidad Educativa “12 de Febrero”, en la modalidad intensiva de la sección nocturna hasta la presente fecha.

Todos los cargos que he desempeñado han sido obtenidos mediante concursos de merecimientos y oposición.

Este recorrido por mi vida profesional me invita a reflexionar sobre el servicio brindado al sistema educativo; sin duda, he tenido aciertos y errores que hoy forman parte de mi historia y de los aprendizajes que me impulsan a seguir reorientando mi labor hacia la innovación, la eficiencia, la calidad y la calidez educativa.

Agradezco al Ministerio de Educación por la oportunidad de servir a la comunidad educativa durante estos 35 años de trayectoria profesional.

La educación como herencia de vida

La formación académica del autor evidencia una trayectoria sostenida de preparación en el ámbito educativo y humanístico, orientada al fortalecimiento de sus competencias profesionales y al servicio de la comunidad. A continuación, se detallan los estudios realizados en los distintos niveles de formación:

Educación Primaria

  • Educación primaria concluida en la Escuela Brasil de la ciudad de Zumba, con la respectiva certificación de culminación de estudios.

Educación Secundaria

  • Bachiller en la especialidad de Químico–Biológicas, título otorgado por el Instituto Superior Tecnológico “12 de Febrero” de la ciudad de Zamora, el 24 de septiembre de 1986.

Educación Superior

Tercer Nivel

  • Licenciado en Ciencias de la Educación, título otorgado por la Universidad Nacional de Loja, el 24 de noviembre de 1994.

Cuarto Nivel

  • Diploma Superior en Pedagogías Innovadoras, otorgado por la Universidad Técnica Particular de Loja, el 20 de octubre de 2005.
  • Magíster en Psicología Familiar, otorgado por la Universidad Nuestro Pacto Internacional (Estados Unidos), el 22 de julio de 2011, título que no cuenta con registro en la SENESCYT.

Cuando el liderazgo se convierte en misión

A lo largo de su trayectoria profesional, el autor ha ejercido diversos cargos de responsabilidad en el ámbito educativo, deportivo y administrativo, demostrando liderazgo, compromiso institucional y vocación de servicio. Los cargos desempeñados se detallan a continuación:

  • Presidente de la Asociación de Profesores y Empleados del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo”, durante un período de un año.
  • Presidente de la Asociación de Profesores y Empleados del Instituto Técnico “12 de Febrero”, durante seis años.
  • Presidente del Club Social, Cultural y Deportivo “Liga Deportiva Febrerina”, durante cuatro años.
  • Presidente de la Cooperativa de Educadores de Zamora Chinchipe, durante dos años.
  • Presidente de la Asociación Provincial de Atletismo de Zamora Chinchipe, durante un año.
  • Profesor–Inspector del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo” y de la Unidad Educativa “12 de Febrero”, durante un período de veintitrés años.
  • Inspector General del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo”, desde el 7 de diciembre de 1994 hasta el 21 de mayo de 1995.
  • Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Técnico Superior “12 de Febrero”, desde el 11 de diciembre de 2008 hasta el 30 de agosto de 2013.
  • Entrenador Profesional de la disciplina de Atletismo, acreditado con el número 07971 por la IAAF (Federación Internacional de Atletismo Amateur), durante cinco años.
  • Director Provincial de Educación de la provincia de Zamora Chinchipe, desde el 1 de septiembre de 2013 hasta el 30 de marzo de 2014.
  • Director Distrital de Educación 19D01 Yacuambi–Zamora, desde el 1 de septiembre de 2013 hasta el 6 de marzo de 2019.

Conclusión

El legado de un formador de generaciones no se construye únicamente con cargos, títulos o reconocimientos, sino con cada vida tocada, cada palabra sembrada y cada sueño que aprendió a caminar gracias a una guía oportuna. La historia de Mario Rigoberto Paz Ocampos es la prueba viva de que la educación, cuando nace del corazón, se convierte en una fuerza capaz de transformar destinos y abrir caminos aun en medio de la adversidad.

Desde una infancia marcada por la pérdida hasta una vida consagrada al servicio, su caminar ha sido una lección silenciosa de fe, disciplina, perseverancia y amor por el prójimo. Entre pistas y aulas, entre responsabilidades y vocación, su misión ha sido siempre la misma: formar seres humanos íntegros, conscientes de su dignidad, capaces de creer en sí mismos y de servir a su comunidad.

Hoy, su huella permanece en generaciones de estudiantes, atletas, docentes y ciudadanos que encontraron en su ejemplo una palabra de aliento, una oportunidad y una esperanza. Su legado no termina en las páginas de este artículo, sino que continúa vivo en cada persona que aprendió a levantarse, a soñar y a construir un futuro mejor gracias a su orientación.

Porque educar no es solo enseñar contenidos, sino sembrar valores, despertar conciencia y acompañar vidas, la historia de Mario Paz Ocampos trasciende el tiempo y se convierte en herencia, en testimonio y en promesa: que aún es posible cambiar el mundo, desde la educación y el deporte.

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¿Qué es realmente la soberanía de un país?

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La soberanía de un país, no es más que una palabra, es un principio vivo, tampoco es una consigna política ni un concepto vacío que se repite en discursos. Es, en esencia, el fundamento mismo del Estado y la expresión más clara de su independencia, dignidad y autodeterminación frente al mundo.

Desde una perspectiva jurídica, la soberanía implica la capacidad suprema del Estado para decidir sobre sus asuntos internos y externos sin subordinación a otro poder. Es el derecho de un pueblo a darse sus propias normas, elegir a sus autoridades y definir su modelo político, económico y social. En otras palabras, la soberanía es la manifestación del poder que emana del pueblo y se ejerce a través del Estado.

Sin embargo, en la actual, la soberanía enfrenta desafíos complejos. La globalización, los organismos internacionales, los tratados multilaterales y las presiones económicas externas han redefinido su ejercicio. Hoy, ser soberano no significa aislarse del mundo, sino participar en la comunidad internacional sin renunciar a la capacidad de decisión propia. La soberanía moderna no es absoluta, pero tampoco puede ser inexistente.

Un Estado pierde soberanía cuando sus instituciones se debilitan, cuando la corrupción sustituye al interés público o cuando las decisiones fundamentales se toman de espaldas a la ciudadanía. No hay verdadera soberanía sin Estado de Derecho, sin separación de poderes ni sin respeto a los derechos humanos. Defender la soberanía, entonces, no es solo una cuestión de política exterior, sino un compromiso interno con la democracia y la institucionalidad.

En América Latina, la soberanía ha sido históricamente vulnerada, ya sea por intervenciones extranjeras, dependencia económica o crisis institucionales prolongadas. Por ello, hablar de soberanía exige un análisis serio, lejos del populismo y de las narrativas simplistas que la reducen a un lema ideológico.

La soberanía no pertenece a los gobiernos de turno; pertenece al pueblo. Y se fortalece cuando la ciudadanía exige transparencia, legalidad y responsabilidad en el ejercicio del poder. Un país soberano no es aquel que grita su independencia, sino aquel que la ejerce con instituciones fuertes, leyes justas y una sociedad consciente de sus derechos y deberes.

En definitiva, la soberanía es un principio vivo; se construye, se defiende y, si se descuida, se pierde. Y su mayor garantía no está en el discurso, sino en la vigencia real del Estado constitucional y democrático de derecho.

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Un nuevo año: donde la esperanza vuelve a respirar

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Por Mario Paz

Introducción 

Hay fechas que pasan… y hay fechas que nos transforman. El Año Nuevo pertenece a estas últimas. No llega solo para cambiar un número en el calendario, sino para tocar el corazón humano con una promesa silenciosa: volver a empezar siempre es posible.

Cada 1 de enero, la humanidad se detiene (aunque sea por un instante) para mirar atrás con gratitud y mirar adelante con ilusión. En todos los rincones del mundo, sin importar culturas, edades o creencias, las personas se abrazan, hacen promesas, elevan deseos y dejan que la esperanza vuelva a respirar en su interior.

Pero detrás de los fuegos artificiales, los brindis y las celebraciones, el Año Nuevo guarda un significado mucho más profundo. Es un umbral espiritual, un punto de renovación del alma, un llamado invisible que nos invita a soltar lo que pesa, sanar lo que duele y creer nuevamente en lo que parecía perdido.

Este no es solo un cambio de fecha. Es una ceremonia silenciosa de renacer. Y en este renacer, cada corazón recibe la misma invitación: escribir una nueva historia con más conciencia, más fe y más amor.

2025: El año que nos formó para renacer 

El 2025 no fue un año cualquiera. Fue un maestro exigente, un espejo sincero y un taller silencioso donde se forjó una versión más fuerte de nosotros.

Hoy elevamos un gracias que nace desde el alma. Gracias a Dios por sostenernos cuando flaqueamos, por guiarnos cuando dudamos y por bendecirnos incluso cuando no supimos reconocerlo.

Gracias a la familia y a los amigos que fueron refugio, motor y abrigo en los días claros y en las noches oscuras. Gracias también a quienes nos criticaron, porque sin saberlo nos obligaron a crecer, a corregir y a creer más en nosotros.

Cada acierto nos enseñó confianza. Cada error nos regaló conciencia. Cada alegría nos dio esperanza. Cada tristeza nos dejó profundidad. Nada fue en vano. Todo se transformó en aprendizaje que llevaremos como brújula hacia el 2026.

El parabrisas es más grande que el retrovisor porque la vida nos invita a mirar adelante. Por eso hoy soltamos: rencores, miedos, culpas, frustraciones, hábitos que nos frenan y relaciones que nos apagaron. No los negamos… los sanamos. Porque lo que se sana, libera y lo que libera, fortalece.

Cerramos este año con el corazón liviano y la conciencia despierta. Sabemos que los triunfos pasados no garantizan los triunfos futuros, pero nos demuestran que sí podemos. Sabemos que los fracasos no nos definen, pero nos preparan.

Entramos al 2026 con un equipaje nuevo: fe, disciplina, gratitud, valentía, humildad y una actitud que no se rinde.

No todos los días serán fáciles… pero daremos lo mejor. No todo amor será correspondido… pero seguiremos amando. No todos dirán la verdad… pero nosotros sí. No todos querrán vernos triunfar… pero decidimos triunfar. Hoy no solo cambiamos de año…Hoy renovamos nuestra manera de vivir.

Que el 2026 nos encuentre con el alma en paz, la mente clara y el corazón decidido a construir la vida que merecemos.

Lo mejor aún no llega… lo mejor nos está esperando.

El primer latido del tiempo: donde nació el Año Nuevo

Mucho antes de que existieran relojes, calendarios impresos o fuegos artificiales, la humanidad ya sentía la necesidad profunda de marcar el renacer del tiempo. Celebrar el Año Nuevo no nació como una simple fecha, sino como un acto sagrado, una manera de reconciliarse con la vida, el cielo y el destino.

Los primeros registros de esta celebración se remontan a más de 4,000 años atrás, en la antigua Mesopotamia. Allí, los babilonios celebraban una festividad llamada Akitu, un ritual que duraba once días y que coincidía con la primera luna nueva después del equinoccio de primavera. No era solo el inicio de un calendario: era el renacer del mundo.

Akitu simbolizaba el momento en que la naturaleza despertaba, los ríos crecían, los campos volvían a ser fértiles y el ser humano se preparaba para sembrar. Pero su significado iba mucho más allá de la agricultura. Durante esos días se realizaban ceremonias de purificación, se renovaban juramentos, se coronaban reyes y se pedía a los dioses que restablecieran el orden cósmico. El tiempo no solo avanzaba: se limpiaba, se sanaba y volvía a empezar.

Siglos después, el Imperio Romano heredó y transformó este impulso ancestral. En el año 46 a. C., Julio César reformó el calendario e instituyó oficialmente el 1 de enero como el inicio del año, dedicando ese día al dios Jano, la deidad de los comienzos, las puertas y los cambios. Jano era representado con dos rostros: uno que miraba al pasado y otro al futuro, recordándole al ser humano que todo inicio requiere memoria y esperanza al mismo tiempo.

Así, el Año Nuevo se convirtió en un ritual de transición, un puente entre lo que fue y lo que puede ser. Se ofrecían sacrificios, se intercambiaban regalos, se hacían promesas y se buscaba comenzar con el alma en orden.

Desde entonces, a través de culturas, religiones y continentes, el Año Nuevo ha conservado su esencia más profunda:

cerrar ciclos, agradecer, soltar cargas y abrir el corazón a una nueva oportunidad de vivir.

Cada celebración actual (las campanadas, los abrazos, los deseos) es, en realidad, un eco moderno de aquel primer latido del tiempo que la humanidad escuchó cuando decidió que siempre es posible volver a empezar.

Donde el tiempo nos concede un nuevo comienzo 

Un nuevo año no es únicamente el paso de una página en el calendario; es un acto simbólico profundo, un renacer silencioso que ocurre tanto en el tiempo como en el espíritu. Es el instante en que la vida parece detenerse un segundo para ofrecernos la posibilidad de volver a empezar.

En su llegada se nos concede un espacio sagrado: un umbral invisible donde dejamos atrás los errores que pesaron, los dolores que nos marcaron, los fracasos que nos enseñaron y los miedos que nos limitaron. No los negamos, pero los transformamos en aprendizaje, y con ello aligeramos el alma para caminar más libres.

El nuevo año es la promesa de que aún hay caminos por recorrer, sueños por retomar y palabras pendientes por decir. Nos recuerda que siempre es posible reinventarnos, cambiar la dirección, volver a creer, y elegirnos otra vez. Nos invita a fortalecer nuestros vínculos, a perdonar con mayor suavidad y a agradecer con mayor conciencia.

Más que un cambio de fecha, es un susurro del tiempo que nos dice que no estamos terminados, que la historia aún se escribe, y que cada amanecer guarda la semilla de una versión más plena de nosotros mismos.

Un nuevo año, es, en esencia, el momento en que la esperanza vuelve a respirar.

El inventario sagrado del alma: cinco llaves del renacer interior 

Al cruzar el umbral de un nuevo año, no basta con enumerar propósitos o trazar metas. Hay una tarea más profunda y necesaria: detenernos a mirarnos por dentro. El tiempo nuevo nos invita a realizar un inventario silencioso del alma, una revisión íntima de aquello que somos, sentimos y arrastramos.

La gratitud es el primer gesto de este ritual interior. Agradecer no solo lo que nos hizo felices, sino también lo que dolió, porque cada herida escondió una lección y cada caída nos devolvió una versión más consciente de nosotros mismos.

El perdón es el acto de liberación. Perdonar a otros, pedir perdón y, sobre todo, perdonarnos a nosotros mismos. Soltar rencores es permitir que el corazón vuelva a respirar sin cargas invisibles.

El propósito nos confronta con una pregunta esencial: ¿estamos viviendo de acuerdo con lo que creemos, soñamos y deseamos profundamente? El nuevo año nos ofrece la oportunidad de realinear nuestra vida con nuestros valores, de elegir caminos más honestos con nuestra esencia.

El autocuidado es una forma de respeto hacia la vida que habita en nosotros. Cuidar el cuerpo, la mente y el espíritu no es un lujo, sino un compromiso con nuestra propia dignidad.

Y la empatía nos recuerda que no caminamos solos. Ser más humanos, más solidarios y más comprensivos es también una manera de sanar el mundo, empezando por nuestro pequeño entorno.

Estas reflexiones no solo preparan el inicio de un nuevo año: preparan el nacimiento de una versión más consciente, más compasiva y más verdadera de nosotros mismos.

Mensaje emotivo de Año Nuevo 

En este 2026, recordemos una verdad que no podemos seguir ignorando: si nuestros hábitos no cambian, no tendremos un Año Nuevo… solo tendremos otro año más. Porque los calendarios cambian solos, pero las personas solo cambian cuando deciden hacerlo.

Cada inicio de año nos deseamos bendiciones, salud, prosperidad y alegría. Pero esas palabras se vuelven realidad cuando las respaldamos con acciones conscientes y actitud positiva: cuando decidimos luchar por nuestros sueños, mover el cuerpo, cuidar lo que comemos, abandonar lo que nos intoxica el cuerpo y el alma, y empezar a elegir lo que nos da vida en lugar de lo que nos la quita.

Hoy estamos llamados a abrazar la esperanza: esa virtud poderosa de los corazones que no se quedan atrapados en la oscuridad del pasado, sino que se atreven a mirar el futuro con certeza, con ilusión y con valentía. Comencemos esta nueva vuelta al sol con la disposición real de cambiar, con el compromiso de vivir mejor y con la decisión de ser más empáticos y más presentes con quienes amamos.

Que este 2026 no solo nos vea cumplir metas, sino también sanar relaciones, fortalecer familias, cuidar amistades y construir una convivencia más amorosa y respetuosa. Todo lo que nos propongamos será posible si tenemos el coraje de actuar, la inteligencia de perseverar y la humildad de confiar nuestra vida en las manos de Dios. Porque cuando caminamos con fe, Él hace brillar nuestra vida como el sol del mediodía.

Que este nuevo año no solo te regale días, sino razones. Razones para sonreír, para creer, para volver a empezar. Que sane lo que dolió, que florezca lo que sembraste y que llegue aquello que mereces. Que cada amanecer te recuerde que sigues aquí, que sigues luchando y que tu historia aún tiene muchas páginas hermosas por escribir. No camines con miedo, camina con fe: el futuro te está esperando con los brazos abiertos.

Que este 2026 no solo pase por nosotros… que nos transforme, que nos sane y entonces, la dicha y la prosperidad saldrán a nuestro encuentro.

Conclusión

El Año Nuevo no es solo una fecha que se marca en el calendario: es una invitación sagrada a renacer. Es el instante en que el tiempo nos concede una pausa para mirar quiénes somos, soltar lo que pesa y elegir, con mayor conciencia, la vida que deseamos construir.

Cada amanecer es una oportunidad para sanar, crecer, perdonar y amar mejor. Cada día es una página en blanco que nos recuerda que nuestra historia no ha terminado, que aún podemos corregir el rumbo, retomar sueños olvidados y volver a creer en nosotros mismos.

Celebrar el Año Nuevo es celebrar la vida. Es honrar el camino recorrido, agradecer lo aprendido y atrevernos a escribir un nuevo capítulo con más fe, más humildad y más valentía.

Que este tiempo nuevo no pase por nosotros sin dejarnos huella. Que nos transforme, nos sane y nos despierte. Que nos encuentre más conscientes, más humanos y más agradecidos.

Porque mientras el corazón siga latiendo, la esperanza seguirá respirando… y siempre, siempre, será posible comenzar de nuevo.

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