Noticias Zamora
El verdadero sentido de la política: servir, transformar y dignificar
Por.: Lic. Mario Paz.
Introducción
La política no debería ser motivo de desconfianza, sino de esperanza. Sin embargo, en nuestra realidad, se ha convertido en sinónimo de decepción, promesas incumplidas y oportunidades perdidas. Cada elección despierta ilusiones, pero también arrastra el peso de errores pasados que han debilitado la fe de la ciudadanía en quienes tienen la responsabilidad de gobernar.
Y, sin embargo, la política (en su esencia más noble) no nació para dividir, ni para enriquecer a unos pocos, ni para sostener privilegios. Nació para servir. Para ordenar la vida en sociedad, proteger a los más vulnerables y abrir caminos de progreso para todos. Nació para dignificar la vida humana.
Hoy, más que nunca, urge recuperar ese propósito. Porque cuando la política se desvía de su camino, no solo fallan los gobiernos: fallan las oportunidades, se apagan los sueños y se posterga el futuro de generaciones enteras. No se trata únicamente de una crisis institucional, sino de una crisis de valores, de liderazgo y de responsabilidad colectiva.
El Ecuador atraviesa un momento crítico. La falta de preparación de muchos candidatos, los graves casos de corrupción y la desconfianza en los organismos electorales han llevado a un punto de quiebre. La ciudadanía ya no solo observa: cuestiona, exige y reclama una transformación profunda. No basta con nuevos rostros; se necesitan nuevas formas de hacer política, basadas en la ética, la capacidad y el compromiso real con la gente.
Este no es solo un llamado a quienes aspiran a gobernar. Es también una invitación a cada ciudadano a reflexionar, a asumir su rol y a entender que el futuro no se construye solo desde el poder, sino también desde las decisiones que tomamos como sociedad.
Porque rehabilitar la política no es una opción… es una necesidad. Y hacerlo implica volver a su esencia: servir, transformar y dignificar la vida de todos.
El verdadero propósito de la política: servir y transformar vidas
Desde sus raíces más antiguas hasta la actualidad, la política tiene un propósito esencial: mejorar la vida de las personas. Ya lo planteaba Aristóteles al afirmar que el fin último de la política es alcanzar el bien común. Bajo esta idea se justifica la existencia del Estado: los ciudadanos cedemos parte de nuestra libertad individual, aceptamos normas, leyes y formas de gobierno, y contribuimos con nuestro trabajo y recursos, con la expectativa legítima de recibir algo a cambio: una vida mejor.
No tendría sentido limitar nuestra libertad si esa cesión de poder no se traduce en bienestar. Lo que buscamos, en esencia, es una vida más digna, segura y próspera. Por ello, la evaluación de cualquier autoridad no debería centrarse en ideologías o etiquetas, sino en una pregunta fundamental: ¿sus decisiones mejoran o empeoran la vida de las personas?
Cuando un gobierno descuida la seguridad, manipula la justicia en beneficio propio o prioriza gastos superficiales por encima de inversiones en educación, salud o infraestructura, el resultado es evidente: la calidad de vida se deteriora. La política, entonces, deja de cumplir su función y se convierte en un obstáculo para el desarrollo.
Un Estado verdaderamente comprometido con su gente debe actuar con justicia e imparcialidad, sin perseguir a quienes piensan diferente. Su tarea es construir condiciones equitativas para todos, donde el progreso dependa del esfuerzo y no de privilegios, influencias o afinidades políticas.
Para lograrlo, existen tres pilares fundamentales que todo gobierno debe garantizar:
- Seguridad, porque sin ella no hay desarrollo posible. Solo en un entorno seguro las personas pueden estudiar, trabajar, emprender y proyectar su futuro.
- Justicia, porque una ley que no se cumple pierde su sentido, debilita al ciudadano honesto y fortalece al que actúa al margen de la ley.
- Obra pública al servicio de la gente, que asegure acceso equitativo a servicios básicos como salud, educación, agua potable, vialidad y conectividad, sin distinción de condición social.
En definitiva, la política consiste en generar las condiciones necesarias para que las personas puedan salir adelante. Cada decisión pública debería responder a una sola interrogante: ¿esto contribuye a que la gente viva mejor?
La verdadera política no se limita a administrar recursos ni a ejercer poder; es, ante todo, un servicio permanente orientado al bienestar colectivo. Su finalidad es reducir desigualdades, garantizar derechos y ampliar oportunidades, construyendo una sociedad más justa e inclusiva.
Cuando se aleja de este propósito, la política pierde su esencia y se transforma en un obstáculo para el progreso. Pero cuando se ejerce con ética, responsabilidad y compromiso, se convierte en una poderosa herramienta de transformación social.
Por ello, es plenamente posible superar el rezago que enfrenta nuestro cantón Zamora, nuestra provincia de Zamora Chinchipe y el Ecuador. El camino pasa por elegir líderes honestos, capaces y con propuestas viables, que no solo comprendan las necesidades de la gente, sino que tengan la voluntad y el liderazgo para impulsar cambios reales en beneficio de todos.
Autoridades con propósito: ética, compromiso y servicio al pueblo
Las autoridades elegidas mediante procesos democráticos no solo deben poseer capacidades técnicas, sino también una sólida formación ética y un profundo sentido de responsabilidad social. Gobernar no es simplemente administrar recursos: es orientar el destino de una sociedad con integridad, visión y sentido humano.
El perfil de un verdadero líder político se construye sobre principios firmes e irrenunciables: la honestidad y transparencia, como base de la confianza ciudadana; la vocación de servicio, priorizando siempre el bienestar colectivo; la capacidad de gestión, que convierte ideas en resultados; la empatía social, que permite comprender las necesidades reales de la población; la visión de futuro, orientada a un desarrollo sostenible; y la coherencia, que alinea las palabras con las acciones.
Un auténtico líder no busca el poder por ambición, sino por compromiso. No ve el cargo como privilegio, sino como responsabilidad. No se sirve del pueblo, sino que sirve al pueblo.
En este sentido, la política puede entenderse como una de las formas más elevadas de servicio a la sociedad, porque su propósito es el bien común. Sin embargo, este ideal no depende únicamente de quienes gobiernan, sino también de la ciudadanía. La corrupción no nace solo en el poder: también se alimenta cuando se normalizan prácticas como la compra de votos. Aceptar dinero o favores a cambio del voto no es un acto menor; es hipotecar el futuro. Quien compra conciencia difícilmente gobernará con honestidad, porque buscará recuperar lo invertido.
Por eso, elegir bien no es solo un derecho: es una responsabilidad moral con el presente y con las generaciones futuras.
A lo largo de la historia, han existido líderes que demostraron que sí es posible ejercer la política con integridad y compromiso social. Nelson Mandela transformó Sudáfrica apostando por la reconciliación y la justicia; José Mujica, en Uruguay, fue símbolo de austeridad y coherencia; y Angela Merkel lideró Alemania con estabilidad y visión estratégica en momentos clave.
También encontramos ejemplos de líderes que impulsaron transformaciones profundas en sus países. Hamad bin Khalifa Al Thani fue el principal artífice de la modernización de Qatar, llevándolo a convertirse en una nación próspera y con altos niveles de desarrollo. Nayib Bukele, en El Salvador, ha liderado una transformación significativa en materia de seguridad y desarrollo, generando una notable reducción de la violencia y renovadas expectativas de progreso. Asimismo, Suharto impulsó en Indonesia un proceso de crecimiento económico sostenido, fortaleciendo sectores clave como la agricultura y la inversión extranjera.
Estos casos, desde distintas realidades y contextos, demuestran que cuando el liderazgo se ejerce con decisión, visión y enfoque en resultados, es posible mejorar la calidad de vida de millones de personas.
La gran lección es clara: la política no es el problema; el problema es cómo se ejerce. Cuando se practica con ética, responsabilidad y compromiso genuino, se convierte en una herramienta poderosa de transformación social.
Hoy más que nunca, se necesita recuperar el valor de la política como servicio. Y eso empieza con líderes íntegros… pero también con ciudadanos conscientes.
Porque el futuro de una sociedad no depende solo de quién gobierna, sino también de quién elige.
La política no es un negocio: es un compromiso con la gente
El corrupto sigue ganando. No porque sea más capaz ni porque el sistema lo proteja siempre, sino porque, en muchos casos, la sociedad se ha acostumbrado a perder. Se ha normalizado elegir a quienes saquean lo público a cambio de beneficios inmediatos: una calle arreglada en época electoral, un subsidio oportuno, un contrato prometido. Así, el “roba, pero hace algo” termina siendo más aceptado que quien propone con honestidad.
Pero el problema no es solo el corrupto. Es también el votante que lo justifica, el empresario que financia campañas a cambio de favores y el ciudadano que se conforma con migajas. Cuando la corrupción deja de escandalizar, avanza; cuando se vuelve costumbre, se institucionaliza.
Hemos sido testigos de grandes avances tecnológicos y científicos, pero también de un preocupante deterioro de los valores éticos. La corrupción en distintos niveles de gobierno no solo frena el desarrollo, sino que deja un mensaje devastador a las nuevas generaciones: que todo tiene precio. Lo más grave es el conformismo social, al punto de considerar “normal” que se exijan porcentajes ilegales en contratos públicos y “extraño” que alguien actúe con honestidad.
No podemos esperar que quienes han convertido la política en un negocio sean quienes la dignifiquen. La responsabilidad recae en una ciudadanía consciente, capaz de unirse para cerrar el paso a los mercaderes de la política y abrir espacio a líderes honestos y comprometidos.
Uno de los mayores desafíos actuales es erradicar la idea de que la política es un medio para enriquecerse. La corrupción debilita las instituciones, destruye la confianza y profundiza la desigualdad. Frente a ello, es necesario recuperar el verdadero sentido de la política: la rentabilidad social.
Esto significa que toda decisión pública debe medirse por su impacto en la vida de las personas. No basta con evaluar cuánto cuesta una obra, sino cuánto mejora la educación, la salud, la seguridad y las oportunidades. Cuando los recursos públicos se administran con responsabilidad y transparencia, se convierten en motores de desarrollo; cuando se desvían para intereses personales, generan pobreza, inequidad y frustración colectiva.
Como advertía Voltaire, quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo cualquier cosa por dinero. Por ello, quien tenga un apego desmedido por lo material no debería participar en política, porque corre el riesgo de convertir el poder en un medio de beneficio personal.
La calidad de la política también depende de la calidad de nuestras decisiones como ciudadanos. Hay quienes votan con conciencia y visión de futuro, pero también quienes lo hacen por conveniencia, por resentimiento o por interés inmediato. Sin exigencia ciudadana no hay desarrollo; sin principios, las decisiones colectivas pierden rumbo.
No faltan quienes entienden la política como un espacio para la confrontación destructiva, la descalificación o el espectáculo. Sin embargo, gobernar no es improvisar ni experimentar: requiere preparación, liderazgo y, sobre todo, integridad. Los pueblos que continúan eligiendo populismo, dádivas y mediocridad, difícilmente superarán problemas como la inseguridad, el desempleo o la falta de servicios básicos.
La corrupción no solo se expresa en grandes escándalos; también vive en pequeñas acciones cotidianas: aprovecharse de un error para beneficio propio, irrespetar normas básicas, aceptar u ofrecer sobornos, difamar para obtener ventaja. Estas prácticas, por pequeñas que parezcan, erosionan los cimientos de la convivencia social.
Por eso, la lucha contra la corrupción debe ser integral. No basta con exigir cambios en los gobernantes; es necesario también transformar nuestras propias conductas como sociedad. Debemos dejar de admirar la riqueza obtenida de manera ilícita y empezar a valorar la honestidad, el esfuerzo y la coherencia.
Es tiempo de unirnos para rehabilitar la política, entendida como un servicio al pueblo y no como un negocio. Solo así podremos construir una sociedad donde la dignidad no tenga precio y donde el poder esté verdaderamente al servicio del bien común.
Realidades que duelen: los desafíos que el Ecuador y Zamora ya no pueden esperar
El Ecuador atraviesa una crisis compleja que no solo es económica, sino también social y moral. A diario, la ciudadanía enfrenta una realidad marcada por la inseguridad, el desempleo, la desigualdad y la pérdida progresiva de valores que sostienen la convivencia social.
La delincuencia ocupa titulares constantes, mientras fenómenos como la violencia contra la mujer, el tráfico de sustancias sujetas a fiscalización y el subempleo reflejan profundas fallas estructurales. A esta situación se suma un problema adicional: la confrontación política estéril. En lugar de construir soluciones, ciertos actores políticos han optado por la descalificación y la violencia contra quienes piensan diferente, debilitando aún más la institucionalidad democrática.
Uno de los problemas más alarmantes del país es la desnutrición infantil. En el Ecuador, aproximadamente 1 de cada 4 niños menores de cinco años padece desnutrición crónica, lo que lo ubica entre los países con mayores índices en Sudamérica. Esta realidad no solo afecta el presente de miles de niños, sino que compromete el futuro del país.
La desnutrición tiene consecuencias profundas: limita el desarrollo cognitivo, reduce el rendimiento escolar y disminuye la productividad en la vida adulta. Además, genera importantes pérdidas económicas debido al aumento del gasto en salud, la repitencia escolar y la menor capacidad productiva de la población.
Este problema no depende únicamente de la alimentación. Está estrechamente vinculado al acceso a agua potable, servicios de salud, educación familiar y condiciones adecuadas de cuidado en los primeros años de vida. Es en esta etapa (especialmente hasta los dos años) donde se desarrolla la mayor parte del cerebro humano, lo que hace indispensable una intervención oportuna y sostenida.
Por ello, es urgente consolidar una verdadera política de Estado que enfrente la desnutrición infantil de manera integral, articulando esfuerzos entre el Gobierno Central, los Gobiernos Autónomos Descentralizados y el sector privado.
A nivel nacional, los principales problemas pueden resumirse en: deterioro de la vialidad urbana y rural, altos niveles de desempleo y subempleo, creciente inseguridad, elevados índices de pobreza y extrema pobreza, insuficiente inversión en obra pública y endeudamiento interno y externo desmesurado.
En el ámbito local, el cantón Zamora refleja muchas de estas problemáticas, pero también presenta desafíos específicos que requieren atención urgente. Entre los principales se encuentran: sistemas de alcantarillado sanitario y pluvial obsoletos y en mal estado, vialidad urbana y rural deteriorada, aceras y bordillos destruidos, espacios públicos abandonados, falta de oportunidades de empleo, inseguridad creciente, deficiencia en el alumbrado público y altos niveles de pobreza y extrema pobreza.
Estos problemas no son únicamente cifras o diagnósticos técnicos; representan la realidad diaria de miles de ciudadanos que ven limitadas sus oportunidades de desarrollo y bienestar.
Frente a este escenario, la política no puede seguir siendo indiferente ni superficial. Debe convertirse en una herramienta efectiva para identificar, priorizar y resolver estos desafíos con responsabilidad, planificación y compromiso social. Solo así será posible transformar estas realidades y construir un futuro más digno para todos.
Elegir con conciencia: el primer paso para cambiar la historia
En la naturaleza, los grupos siguen a los más fuertes, a los más preparados, a quienes tienen la capacidad de proteger y guiar. Ninguna manada confía su destino a líderes débiles o incapaces. Sin embargo, los seres humanos, muchas veces, hacemos lo contrario.
Con frecuencia confundimos el ruido con liderazgo, el espectáculo con capacidad y las promesas con resultados. Se aplaude al más carismático, al más “generoso” en campaña, al que enciende emociones, aunque carezca de preparación para administrar lo público. El resultado es predecible: comunidades con gran potencial, pero mal dirigidas, sin rumbo claro ni visión de futuro.
El problema no es únicamente de quienes aspiran al poder, sino también de cómo elegimos. Muchas decisiones electorales se toman desde la emoción, la necesidad inmediata o el enojo, y pocas desde la reflexión. Mientras esto no cambie, seguiremos entregando nuestro futuro a líderes que buscan el poder por interés personal y no por compromiso con su pueblo.
Equivocarse es parte de la condición humana; persistir en el error es lo que realmente nos perjudica. Permitir que gobiernen los menos capaces, los corruptos o los improvisados es renunciar, como sociedad, a nuestro propio desarrollo.
Elegir bien no es solo un acto político, es un acto de responsabilidad y de amor por nuestra gente: por nuestros hijos, por nuestros mayores y por el futuro de nuestra tierra. Cada voto es una decisión trascendental que define el rumbo de una comunidad.
Por eso, antes de elegir, debemos hacernos preguntas fundamentales:
¿Tiene este candidato la capacidad para administrar?
¿Ha demostrado integridad en su vida pública o privada?
¿Actuará en función del bien común o de intereses personales?
La calidad de los gobernantes está directamente relacionada con la calidad de las decisiones de los ciudadanos. En este sentido, la participación consciente e informada es clave para construir una verdadera política al servicio del pueblo.
De cara a los procesos electorales, es fundamental adoptar una actitud crítica y responsable. Algunas pautas esenciales incluyen:
- Investigar la trayectoria de los candidatos, más allá de su imagen de campaña.
- Evaluar propuestas concretas, realistas y viables.
- Analizar su coherencia entre discurso y acciones pasadas.
- Evitar el voto emocional basado en populismo o desinformación.
- Priorizar el bien común por encima de beneficios inmediatos.
Como bien señala José Mujica, quien ofrece regalos para obtener apoyo no actúa como líder, sino como un comerciante de la política. Aceptar dádivas a cambio del voto no solo compromete la decisión individual, sino también el futuro colectivo.
Es momento de actuar con conciencia. El voto no es un simple papel: es el timón que orienta nuestro destino. Elegir con responsabilidad implica rechazar la corrupción, la improvisación y el oportunismo, y apostar por la capacidad, la honestidad y el compromiso.
Solo cuando aprendamos a elegir con criterio, con dignidad y con visión de futuro, podremos construir una sociedad más justa, donde la política recupere su verdadero sentido: servir al pueblo y mejorar la vida de todos.
Conclusión
La política no está condenada a ser sinónimo de corrupción, engaño o fracaso. Está llamada a ser, por el contrario, una de las expresiones más nobles del compromiso humano con el bienestar colectivo. Cuando se ejerce con integridad, tiene la capacidad de cambiar destinos, cerrar brechas y abrir oportunidades donde antes solo había abandono.
Pero ese cambio no ocurrirá por inercia. No vendrá de discursos vacíos ni de promesas repetidas. Nacerá únicamente cuando exista una decisión firme (tanto de quienes gobiernan como de quienes eligen) de hacer las cosas de manera diferente.
Hoy tenemos dos caminos: seguir normalizando la mediocridad, la corrupción y el conformismo, o asumir con valentía la responsabilidad de transformar nuestra realidad. No hay punto intermedio. Cada voto, cada decisión y cada actitud suma o resta en la construcción del país que queremos.
Recuperar la política es, en el fondo, recuperar la dignidad. Es entender que el poder no es un privilegio, sino una responsabilidad sagrada con la gente. Es dejar atrás el interés personal para poner en el centro el bien común. Es construir, desde la ética y la conciencia, una sociedad donde el progreso no sea un privilegio de pocos, sino un derecho de todos.
El futuro no está escrito. Se decide. Y se decide hoy. Que nuestras acciones estén a la altura de ese desafío. Que no volvamos a elegir desde la resignación, sino desde la convicción. Que no aceptemos menos de lo que merecemos como sociedad.
Porque cuando la política se pone verdaderamente al servicio del pueblo, no solo transforma gobiernos… transforma vidas.
Noticias Zamora
Curso de Lengua de Señas busca fortalecer la inclusión y romper barreras comunicacionales en Zamora Chinchipe
Zamora Chinchipe. Con el propósito de fortalecer la inclusión social, promover una comunicación accesible y contribuir a la eliminación de barreras que enfrentan las personas con discapacidad auditiva y autismo no verbal, se desarrollará en la provincia un Curso de Lengua de Señas, acompañado de contenidos relacionados con sensibilización y políticas públicas en materia de discapacidad.
La iniciativa surge como una propuesta orientada a generar mayores capacidades en profesionales, servidores públicos, docentes y ciudadanía en general, bajo la premisa de que el acceso a la comunicación constituye un elemento fundamental para el ejercicio de derechos y la participación plena en la sociedad.
Una herramienta para garantizar derechos
El aprendizaje de la lengua de señas constituye una herramienta fundamental para facilitar la interacción de las personas sordas con su entorno familiar, educativo, laboral e institucional. También permite mejorar su acceso a información, servicios públicos, programas estatales y otros espacios de participación ciudadana.
Durante la presentación de la iniciativa se destacó que las barreras comunicacionales pueden limitar considerablemente la autonomía de las personas con discapacidad auditiva. Situaciones aparentemente cotidianas, como acudir a una institución pública, realizar un trámite bancario, recibir atención médica o acceder a información educativa, pueden convertirse en obstáculos cuando no existe personal capacitado para establecer una comunicación adecuada.
En este contexto, se plantea la necesidad de que las instituciones públicas fortalezcan progresivamente sus mecanismos de accesibilidad y cuenten con profesionales capacitados en lengua de señas.
Más allá de los subtítulos
Uno de los aspectos señalados durante la socialización de la propuesta es que la inclusión comunicacional no debe limitarse únicamente a la incorporación de subtítulos.
La lengua de señas posee una estructura, configuración y gramática propias, por lo que requiere procesos adecuados de aprendizaje e interpretación para garantizar que la información llegue de manera clara a las personas sordas.
La capacitación busca que quienes participen no solamente aprendan signos básicos, sino que también comprendan el contexto social de la discapacidad y la importancia de generar entornos accesibles.
Formación y sensibilización
La propuesta contempla contenidos relacionados con lengua de señas, discapacidad, sensibilización y políticas públicas, con el objetivo de promover una visión integral de la inclusión.
La iniciativa está impulsada por Michelle Vázquez, profesional vinculada al trabajo en materia de discapacidad y perito de la Función Judicial, quien explicó que su experiencia personal y profesional la llevó a involucrarse en este ámbito.
Su motivación también está relacionada con su entorno familiar y con la experiencia de una hermana con discapacidad auditiva. Según explicó, esa realidad le permitió comprender desde temprana edad las dificultades que enfrentan las personas sordas cuando no existen mecanismos adecuados de comunicación y adaptación educativa.
A partir de esa experiencia, ha desarrollado procesos de formación y trabajo social relacionados con discapacidad, con el propósito de contribuir a la construcción de una sociedad más inclusiva.
Una provincia que necesita avanzar
Durante la socialización de la iniciativa en diario El Amazónico también se puso énfasis en la necesidad de fortalecer la preparación de quienes trabajan diariamente con la ciudadanía.
Docentes, médicos, servidores públicos, funcionarios y profesionales de distintas áreas pueden encontrarse en algún momento con una persona con discapacidad auditiva. Contar con conocimientos básicos de lengua de señas permitiría brindar una atención más adecuada y reducir situaciones de dependencia.
La propuesta plantea que instituciones como los ministerios de Educación, Salud, Inclusión Económica y Social y Trabajo, entre otras entidades públicas, fortalezcan sus capacidades de atención inclusiva.
El objetivo no es únicamente mejorar la comunicación, sino contribuir a que las personas con discapacidad puedan ejercer con mayor autonomía sus derechos a la educación, salud, trabajo, participación social y acceso a servicios públicos.
Una experiencia que también involucra a las nuevas generaciones
El curso estará abierto al público y se considera importante la participación de jóvenes y familias. La sensibilización desde edades tempranas puede contribuir a prevenir situaciones de discriminación, acoso escolar y exclusión.
La experiencia compartida durante la presentación de la iniciativa demuestra que el aprendizaje de la lengua de señas también puede convertirse en una herramienta para fortalecer la empatía dentro de los hogares y las comunidades.
Detalles del curso
El Curso de Lengua de Señas iniciará el sábado 15 de agosto y se desarrollará durante los días sábados hasta el 5 de septiembre, en horario de 10:00 a 12:00.
La capacitación tendrá un valor de 30 dólares para personas sin discapacidad.
Para las personas con discapacidad auditiva y personas con autismo no verbal, el curso será gratuito, como parte de la intención de garantizar su acceso a la lengua, fortalecer su identidad y promover su participación.
La formación contará además con la participación de una instructora sorda, lo que permitirá a los asistentes tener contacto directo con la comunidad y desarrollar una experiencia práctica y dinámica.
Romper las barreras desde la comunicación
La iniciativa plantea un mensaje central: la discapacidad no debe convertirse en una barrera para acceder a los derechos y servicios que corresponden a todos los ciudadanos.
Aprender lengua de señas representa, en este sentido, mucho más que adquirir una nueva forma de comunicación. Significa comprender otras realidades, desarrollar empatía y contribuir a que las personas sordas puedan desenvolverse con mayor independencia.
“Comencemos a romper las barreras comunicacionales ahora”, es el llamado realizado durante la presentación del curso.
La propuesta invita a profesionales, docentes, servidores públicos, estudiantes, familias y ciudadanía en general a involucrarse en este proceso de formación y sensibilización.
El desafío, según sus impulsores, es avanzar como provincia hacia una sociedad donde las personas con discapacidad puedan acceder a la educación, obtener un empleo digno, utilizar los servicios públicos y participar plenamente en la vida social.
La inclusión comienza cuando dejamos de construir barreras y empezamos a crear puentes. En Zamora Chinchipe, el aprendizaje de la lengua de señas busca convertirse en uno de esos puentes.
Nacionales
Una madre de 19 años lucha por la vida y el bienestar de su pequeña hija
En el barrio Sucupa, de la parroquia Amaluza, cantón Espíndola, una joven madre enfrenta una lucha diaria por la salud de su hija de apenas 11 meses. Entre limitaciones económicas, tratamientos pendientes y una esperanza que se niega a apagarse, Jessica Leonela Córdoba Jiménez pide a la ciudadanía tenderle una mano.
Hay historias que no necesitan grandes escenarios para conmover. Basta con entrar a una casa humilde, mirar los ojos de una madre y observar cómo sostiene a su hija para comprender que, detrás de cada familia, puede existir una batalla silenciosa.
En el barrio Sucupa, perteneciente a la parroquia Amaluza, en el cantón Espíndola, conocimos la historia de Jessica Leonela Córdoba Jiménez, de 19 años, y de su pequeña hija Camila Alberca Córdoba, de apenas 11 meses.
Hasta su llegaron personas solidarias para entregar un pequeño aporte con productos no perecibles, ropa y otros artículos. También compartieron un momento de oración, pidiendo fortaleza, esperanza y salud para la pequeña Camila y su madre.
Pero más allá de la ayuda material, aquel encuentro permitió conocer una realidad que pocas veces se ve desde lejos.
Una vida que comenzó luchando
Camila nació prematuramente, antes de cumplir los ocho meses de gestación. Su llegada al mundo estuvo marcada desde el inicio por dificultades que obligaron a su madre a permanecer junto a ella en centros hospitalarios.
Jessica recuerda que, tras ser trasladada a un hospital de Loja, su hija ingresó al área de neonatología y necesitó oxígeno. Allí comenzó un camino de diagnósticos, tratamientos y preocupaciones que, once meses después, todavía continúa.
Según el relato de su madre, Camila presenta problemas cardíacos, hemangiomas —tumores infantiles— y dificultades en su desarrollo, además de un cuadro de desnutrición que requiere atención y seguimiento médico.
Uno de los mayores temores de Jessica está relacionado con una lesión ubicada en la cabeza de su hija, para la cual le han indicado la necesidad de valoración por un especialista en neurología pediátrica.
La atención especializada, sin embargo, no está disponible de manera cercana. Jessica señala que ha recibido indicaciones para buscar especialistas en ciudades como Cuenca, Guayaquil o Quito, una realidad que representa un enorme desafío para una madre que no cuenta con los recursos económicos suficientes.
Once meses de vida, pero un desarrollo detenido
A sus 11 meses, Camila todavía no logra sentarse, gatear ni hablar.
Para cualquier madre, ver crecer a su hija debería significar descubrir nuevas sonrisas, primeros pasos y pequeñas conquistas. Para Jessica, cada etapa viene acompañada de preguntas, preocupación y la necesidad urgente de encontrar atención adecuada.
“Yo quiero que ella se recupere”, expresa su madre, con una sencillez que resume toda su lucha.
Jessica sabe que el tiempo es importante. También sabe que los tratamientos, los traslados, la alimentación, los medicamentos y las consultas médicas tienen un costo que difícilmente puede asumir sola.
Una joven madre frente a una enorme responsabilidad
Jessica es madre soltera y vive junto a su abuelita. Recibe el bono, pero asegura que esos recursos resultan insuficientes para cubrir las necesidades de Camila.
Cada día comienza con las mismas responsabilidades: alimentar a la niña, cuidarla, movilizarla, estar pendiente de sus medicamentos y buscar alternativas para conseguir atención médica.
A sus 19 años, Jessica enfrenta una responsabilidad que podría resultar abrumadora para cualquiera. Sin embargo, no habla desde la resignación. Habla desde la esperanza.
Por eso decidió hacer público su caso.
No pide lujos. No pide privilegios.
Pide una oportunidad para que su hija pueda recibir la atención que necesita.
Un llamado que busca convertirse en esperanza
Desde esta historia nace un llamado a la solidaridad dirigido a ciudadanos, instituciones, organizaciones y personas de buen corazón que puedan contribuir con Jessica y Camila.
La ayuda puede ser económica, pero también puede llegar de otras maneras: alimentación, ropa, medicamentos, transporte, acompañamiento o cualquier apoyo que permita aliviar las necesidades de esta familia.
Las personas interesadas en colaborar pueden comunicarse directamente con la familia a través del 099 095 9019, donde podrán conocer las necesidades actuales y las formas disponibles para brindar apoyo.
Cada aporte, por pequeño que parezca, puede representar una diferencia enorme para una madre que hoy enfrenta sola una batalla que no debería librar en soledad.
Porque la solidaridad también salva distancias
La historia de Camila y Jessica no es únicamente la historia de una enfermedad o de una carencia económica.
Es la historia de una madre que, con apenas 19 años, decidió no rendirse.
Es la historia de una niña que llegó al mundo antes de tiempo y que hoy continúa luchando por crecer.
Y es también una oportunidad para recordar que la solidaridad no siempre necesita grandes gestos. A veces comienza con una llamada, una contribución, una prenda, un alimento, un traslado o simplemente con la decisión de no permanecer indiferentes.
En Sucupa, una joven madre sigue esperando que las puertas se abran y que aparezcan manos dispuestas a ayudar.
Mientras tanto, Camila sigue creciendo junto a ella.
Camila y Jessica no están solas. Su historia hoy llega a la comunidad con una petición sencilla, pero profundamente humana: ayudar a una madre a seguir cuidando a su hija y darle a una pequeña de 11 meses la oportunidad de continuar luchando por su vida.
Porque detrás de cada ayuda hay una historia.
Y detrás de esta historia hay una madre que no se rinde y una niña que todavía tiene mucho por vivir.
Noticias Zamora
Nueva oportunidad para culminar el bachillerato en Zamora Chinchipe
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe inició el nuevo año lectivo y mantiene habilitado su proceso de matrículas para jóvenes y adultos que buscan retomar y culminar sus estudios, mediante modalidades semipresencial y a distancia virtual en temporalidad intensiva.
Así lo informó Janina Pucha, rectora de la Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe, durante una entrevista concedida a Diario El Amazónico, en la que explicó las diferentes alternativas educativas disponibles y los requisitos establecidos para acceder a cada modalidad.
De acuerdo con la rectora, las matrículas excepcionales para la modalidad a distancia virtual se encuentran habilitadas desde el 11 hasta el 31 de agosto de 2026, mientras que para la modalidad semipresencial este proceso se mantiene abierto desde el 11 de agosto hasta el 6 de noviembre de 2026.
La institución está orientada principalmente a personas con escolaridad inconclusa, particularmente jóvenes y adultos que, debido a circunstancias laborales, familiares o económicas, no pudieron completar sus estudios dentro de la edad regular.
Dos modalidades para culminar los estudios
Pucha explicó que la modalidad semipresencial tiene una duración de 10 meses y establece requisitos de edad para el ingreso: 15 años para octavo año, 16 años para noveno, 17 años para décimo y 18 años para bachillerato.
Por otra parte, la modalidad a distancia virtual en temporalidad intensiva permite completar cada curso en aproximadamente cinco meses.
Para acceder a esta alternativa, el requisito principal es tener 18 años cumplidos al momento de iniciar los estudios, tanto para Educación General Básica Superior como para Bachillerato.
La rectora destacó que esta oferta educativa no se limita a la provincia. Según explicó, la modalidad virtual ha permitido atender a estudiantes de las cuatro regiones del Ecuador, además de contar con estudiantes extranjeros.
También oferta Bachillerato Técnico Productivo
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe también dispone del Bachillerato Técnico Productivo en Diseño de Modas, dirigido a personas que ya cuentan con título de bachiller.
Esta formación se desarrolla bajo una modalidad presencial intensiva, con una duración de 10 meses. Al finalizar, los estudiantes reciben una certificación correspondiente a 1.200 horas, avalada por el Ministerio de Educación y el Ministerio del Trabajo, y registrada, según lo señalado por la institución, en la entidad competente.
Pucha informó además que el pasado 24 de julio se realizó la incorporación de la primera promoción, con 125 bachilleres graduados entre las dos modalidades y 18 estudiantes que recibieron la certificación del Bachillerato Técnico Productivo.
Previamente, el periodo propedéutico se desarrolló del 3 al 7 de agosto, mientras que las clases correspondientes al nuevo año lectivo iniciaron el 11 de agosto de 2026.
Planta docente fortalecida
La rectora resaltó también el trabajo de la planta docente, a la que calificó como preparada y capacitada para atender las necesidades de jóvenes y adultos con escolaridad inconclusa.
Según Pucha, los docentes mantienen procesos de actualización y formación profesional, y varios de ellos se encuentran cursando estudios de cuarto nivel, con el objetivo de fortalecer la calidad del servicio educativo.
La institución, de carácter fiscomisional, sostiene como parte de su misión brindar oportunidades educativas a sectores vulnerables y personas de escasos recursos, bajo una visión de servicio a la comunidad.
“Nunca es tarde para estudiar”
Finalmente, Janina Pucha invitó a la ciudadanía de Zamora Chinchipe y del país a conocer la oferta académica de la institución y aprovechar las alternativas disponibles para retomar sus estudios.
“Nunca es tarde para comenzar”, señaló la rectora, al destacar que las nuevas modalidades permiten que quienes no pudieron estudiar en la edad regular tengan una nueva oportunidad para alcanzar el título de bachiller.
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe mantiene así su convocatoria dirigida a jóvenes y adultos que buscan continuar su formación académica y mejorar sus oportunidades personales y laborales mediante la culminación de sus estudios.
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