Noticias Zamora
La comunicación asertiva: el arte de expresarse con respeto y empatía
Introducción
En la mayoría de los conflictos humanos, la raíz no está tanto en la diferencia de ideas como en la forma en que nos comunicamos. Con frecuencia, no escuchamos para comprender, sino para responder. La prisa, el ego y la falta de empatía han distorsionado la esencia del diálogo, dando paso a la confrontación, la indiferencia o la violencia verbal y emocional. Esta realidad se refleja en diversos ámbitos de la vida (familiar, laboral, educativo e incluso deportivo), donde el respeto cede terreno ante la impulsividad y el desencuentro.
¿Cómo revertir esta tendencia? El camino comienza con la comunicación asertiva, una práctica que nos invita a expresarnos con claridad, respeto y empatía, sin agredir ni someternos. Ser asertivo implica abandonar los juicios de valor, centrarnos en los hechos y aceptar que nuestras peticiones pueden ser aceptadas o rechazadas, porque cada persona piensa y siente de manera distinta, y esa diversidad merece ser respetada.
En un mundo cada vez más interconectado, pero paradójicamente más incomunicado, la asertividad se convierte en una competencia esencial. No basta con hablar ni con escuchar; es necesario hacerlo con conciencia emocional y responsabilidad. La comunicación asertiva nos enseña a expresar nuestras ideas y emociones sin dañar y a defender nuestros derechos sin vulnerar los ajenos.
Más que una técnica, la asertividad es una actitud de vida que promueve el entendimiento, fortalece la autoestima y construye vínculos más humanos. En las siguientes páginas se explorarán sus fundamentos, los elementos que intervienen en un diálogo asertivo y las estrategias para mantenerla incluso en contextos difíciles.
A diferencia de los animales, que resuelven sus disputas mediante la fuerza, el ser humano ha sido dotado con la razón y la palabra. Por ello, recurrir a la agresión para resolver nuestras diferencias es renunciar a lo que nos hace verdaderamente humanos: la capacidad de dialogar con respeto, pensar con empatía y construir paz con las palabras.
Fundamentos y relevancia de la comunicación asertiva
La comunicación asertiva es una de las habilidades sociales más valiosas para el bienestar personal y la convivencia humana. Se define como la capacidad de expresar pensamientos, sentimientos, deseos o necesidades de forma clara, directa y respetuosa, sin recurrir a la agresión ni caer en la pasividad. En otras palabras, ser asertivo significa defender los propios derechos sin vulnerar los de los demás, encontrando el equilibrio entre la honestidad personal y el respeto hacia el otro.
Desde una perspectiva práctica, la asertividad se sitúa en un punto medio entre dos extremos de comportamiento comunicativo:
- Pasividad: se manifiesta cuando una persona evita expresar sus ideas o emociones por temor al conflicto o al rechazo. Este estilo suele generar frustración, baja autoestima y resentimiento, ya que las propias necesidades quedan relegadas.
- Agresividad: ocurre cuando se imponen opiniones o emociones sin tener en cuenta los sentimientos ajenos. Este tipo de comunicación puede generar miedo, tensión y deterioro en las relaciones interpersonales.
- Asertividad: representa el equilibrio entre ambos polos. Implica expresarse con firmeza, empatía y consideración, buscando el entendimiento y la cooperación más que la confrontación.
En el ámbito psicológico, la comunicación asertiva está estrechamente vinculada con la inteligencia emocional, ya que requiere un adecuado reconocimiento y gestión de las emociones propias (como la ira, el miedo o la frustración) y la capacidad de interpretar las emociones de los demás. De este modo, la asertividad no solo implica saber qué decir, sino también cómo, cuándo y con qué actitud decirlo.
La asertividad no es una cualidad innata, sino una habilidad aprendida y desarrollable a través del autoconocimiento, la práctica consciente y el control emocional. Aprender a comunicarse asertivamente implica reflexionar sobre la manera en que se expresan las ideas, ajustar el tono de voz, cuidar el lenguaje corporal y fortalecer la empatía. Este proceso conduce a una comunicación más auténtica, donde las personas pueden ser escuchadas y comprendidas sin generar tensiones innecesarias.
Además, la comunicación asertiva tiene un impacto directo en la calidad de las relaciones interpersonales. El diálogo asertivo promueve vínculos basados en la confianza, la sinceridad y el respeto mutuo. Para lograrlo, es fundamental descartar de raíz los mensajes irrespetuosos, los juicios de valor y las palabras hirientes. También se debe fomentar una escucha activa, es decir, prestar atención genuina al mensaje del otro, sin anticipar respuestas ni reaccionar desde la emoción. Escuchar con empatía (no con el “hígado”, sino con el corazón y la razón) permite comprender verdaderamente al interlocutor y responder con equilibrio.
Como bien lo demuestran diversos estudios en comunicación, el mensaje humano no depende solo de las palabras. “Según la regla del 7-38-55”, solo el 7% de lo que comunicamos se transmite mediante el lenguaje verbal, el 38% a través del tono de voz y el 55% mediante el lenguaje no verbal (gestos, posturas, miradas). Por ello, ser asertivo implica coherencia entre lo que se dice, cómo se dice y lo que se expresa con el cuerpo.
En síntesis, la comunicación asertiva es un arte que combina autenticidad, respeto y empatía. Practicarla no solo mejora la manera en que nos relacionamos con los demás, sino que también fortalece la autoestima, reduce los conflictos y favorece un clima de entendimiento y colaboración tanto en el ámbito personal como profesional.
El proceso del diálogo asertivo: de la comprensión emocional a la acción constructiva
El diálogo asertivo no es un acto espontáneo ni un simple intercambio de palabras; es un proceso consciente de comunicación en el que intervienen la razón, la emoción y la empatía. Ser asertivo implica saber qué decir, cómo decirlo y cuándo hacerlo, buscando siempre construir entendimiento en lugar de generar conflicto. ¿Por qué es asertivo y emotivo?: no juzga, escucha y acompaña; muestra amor y confianza; propone una solución conjunta, no una amenaza y transforma el error en una oportunidad de crecimiento y cercanía familiar.
Para lograrlo, es útil seguir un proceso estructurado que permite ordenar las ideas y expresar los sentimientos de manera equilibrada. Este proceso consta de cuatro pasos esenciales:
- a) Describir los hechos concretos
El primer paso consiste en mencionar objetivamente lo que ha ocurrido, sin juicios ni interpretaciones. Describir hechos concretos permite que el interlocutor comprenda con claridad la situación y evita que el diálogo se centre en reproches o valoraciones subjetivas.
- b) Expresar los sentimientos
Luego, se comunican los sentimientos personales asociados a esos hechos, utilizando un lenguaje emocional honesto, pero sereno. La clave está en hablar desde el “yo” y no desde la acusación: “Me siento preocupado…” en lugar de “Tú me decepcionas.”
- c) Formular una petición concreta
El tercer paso consiste en expresar qué se desea que cambie o se haga. La petición debe ser específica, realista y en tono colaborativo, no impositivo. De esta forma, se orienta el diálogo hacia la solución y no hacia la culpa.
- d) Especificar las consecuencias
Finalmente, se explican las consecuencias positivas o constructivas que puede tener la acción propuesta. Este cierre refuerza la motivación y la confianza, mostrando que la intención es acompañar y mejorar la relación, no castigar.
EJEMPLO PRÁCTICO DEL DIÁLOGO ASERTIVO: “HIJO (A) CON BAJO RENDIMIENTO ACADÉMICO”
Una madre recibe el reporte escolar de su hijo y nota que ha bajado notablemente sus calificaciones. Ella está preocupada y triste, pero decide abordar este problema desde el diálogo asertivo.
Conducta pasiva:
La madre evita hablar del tema, guarda silencio y piensa: “No quiero hacerlo sentir mal… tal vez mejore solo.” Mientras tanto, la preocupación crece y el problema continúa.
Conducta agresiva:
La madre, se molesta, le dice con tono alto: “¡Eres un irresponsable! ¡Todo el día con el celular y amigotes! ¡Si sigues así, te quedarás de año y te pondré a trabajar!” El hijo se siente humillado y se cierra al diálogo.
Conducta asertiva:
La madre busca un momento tranquilo, se sienta con él y dice con calma: “Hijo, he visto tus calificaciones y han bajado bastante en las últimas semanas (hechos).
Me siento preocupada y triste, porque sé que eres capaz de hacerlo mejor y quiero verte avanzar (sentimientos).
Me gustaría que organicemos juntos un horario de estudio y que me cuentes si hay algo que te está costando entender o concentrarte (petición concreta).
Si trabajamos juntos, estoy segura de que podrás mejorar tus notas y te sentirás más tranquilo contigo mismo y también nosotros como familia (consecuencias).”
Pilares esenciales del diálogo asertivo: autoconocimiento, respeto y empatía
El diálogo asertivo no se limita a hablar con educación o expresar ideas de manera diplomática; se trata de una forma consciente y equilibrada de comunicación, donde las personas se expresan desde la autenticidad, pero sin perder el respeto hacia el otro.
Para que un intercambio comunicativo pueda considerarse verdaderamente asertivo, deben cumplirse tres requisitos fundamentales: autoconocimiento, respeto mutuo y empatía.
- Autoconocimiento: El primer requisito para un diálogo asertivo es el autoconocimiento emocional. Antes de hablar, es necesario comprender lo que sentimos, pensamos y necesitamos. Solo quien se conoce a sí mismo puede comunicarse con claridad y equilibrio. Reconocer las propias emociones (como la ira, la tristeza, la frustración o el miedo) permite expresarlas sin dejar que dominen la conversación. Por ejemplo, en lugar de reaccionar impulsivamente ante una crítica, una persona asertiva puede decir: “Me siento incómodo con tu comentario, me gustaría explicarte por qué.”
El autoconocimiento también implica establecer límites personales saludables, es decir, saber hasta dónde se está dispuesto a ceder y cuándo es necesario defender un derecho con firmeza, pero sin agresión. En síntesis, el diálogo asertivo comienza dentro de uno mismo, en la capacidad de gestionar emociones y transformar la reactividad en comunicación consciente.
- Respeto mutuo: El segundo requisito es el respeto mutuo, entendido como el reconocimiento del valor del otro, incluso cuando existen diferencias de pensamiento o de emoción.
La asertividad no busca “ganar una discusión”, sino construir entendimiento. El respeto se manifiesta en el tono de voz, la elección de palabras y la disposición para escuchar sin interrumpir.
Respetar al otro implica aceptar que su punto de vista es válido desde su experiencia, aunque no coincidamos con él. Esta actitud evita que el diálogo se convierta en una confrontación y lo transforma en una oportunidad de aprendizaje mutuo. En contextos laborales, familiares o educativos, el respeto mutuo es lo que sostiene el equilibrio relacional: permite hablar con firmeza sin herir, y escuchar sin sentirse atacado.
- Empatía: La tercera condición esencial del diálogo asertivo es la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender sus razones, emociones y necesidades.
Ser empático no significa estar de acuerdo con todo, sino escuchar activamente para entender el mensaje más allá de las palabras. La empatía requiere atención plena: mirar a los ojos, evitar interrupciones, validar lo que el otro siente y responder con sensibilidad.
Una comunicación empática convierte el diálogo en un espacio de conexión emocional y confianza, donde ambos interlocutores se sienten escuchados y valorados.
En todo proceso de comunicación intervienen al menos dos actores que asumen roles complementarios: el emisor y el receptor.
Ambas partes comparten la responsabilidad de crear un clima emocional seguro, en el que las ideas y sentimientos puedan expresarse sin miedo a ser ridiculizados, ignorados o atacados.
Cuando el emisor comunica con claridad y el receptor escucha con empatía, el diálogo se convierte en un puente de entendimiento, donde la comunicación fluye sin agresión y las diferencias se abordan desde el respeto.
Estrategias asertivas ante la negativa al diálogo
Así como un nudo no se deshace jalando con fuerza, sino con paciencia y cuidado, las diferencias entre las personas tampoco se resuelven con gritos ni reproches. Cuanto más tiramos del conflicto con ira, más apretamos los lazos de la incomprensión.
La asertividad no siempre garantiza una respuesta positiva o una conversación abierta. En muchos casos, las personas con las que intentamos comunicarnos pueden mostrarse cerradas, evasivas, indiferentes o incluso agresivas. Ante estas situaciones, es fundamental recordar que la asertividad comienza en uno mismo: no podemos controlar la actitud del otro, pero sí la forma en que elegimos responder.
El verdadero ejercicio de la comunicación asertiva se pone a prueba precisamente cuando el diálogo parece imposible. Mantener la serenidad, conservar la dignidad y actuar desde la empatía son señales de madurez emocional.
A continuación, se presentan algunas estrategias que ayudan a mantener el asertividad incluso cuando la otra parte no colabora:
- Mantener la calma y no responder con agresión. No caer en provocaciones evita que el conflicto escale.
- Reafirmar el deseo de diálogo, mostrando disposición para conversar cuando ambas partes estén tranquilas.
- Establecer límites claros, expresando que la comunicación no puede continuar bajo falta de respeto.
- Elegir el momento adecuado, ya que no todas las conversaciones se pueden tener en medio de la tensión.
- Retirarse con dignidad si es necesario. Ser asertivo también significa saber cuándo detener una interacción que no lleva a nada constructivo.
Conclusión
La comunicación asertiva es mucho más que una técnica de expresión: es una forma de vivir con conciencia, respeto y empatía. En una época marcada por la prisa, los juicios y la falta de escucha, la asertividad se convierte en un acto de madurez emocional y de humanidad.
Ser asertivo no significa imponer razones ni ceder ante las presiones ajenas, sino encontrar el equilibrio entre lo que decimos y cómo lo decimos; entre el valor de defender nuestras ideas y la humildad de reconocer las del otro. Implica hablar con sinceridad, pero sin herir; escuchar con apertura, pero sin perder identidad.
Cuando elegimos comunicarnos desde la calma y la empatía, transformamos los conflictos en oportunidades de encuentro. La palabra deja de ser un arma y se convierte en un puente: une, sana y construye. Así, la comunicación asertiva no solo mejora nuestras relaciones, sino que también nos ayuda a crecer como personas más conscientes, más libres y más capaces de convivir en armonía.
Porque, en última instancia, expresarse con respeto y escuchar con empatía es el arte más humano de todos: el arte de comprender y ser comprendido.
Noticias Zamora
Un nuevo año: donde la esperanza vuelve a respirar
Por Mario Paz
Introducción
Hay fechas que pasan… y hay fechas que nos transforman. El Año Nuevo pertenece a estas últimas. No llega solo para cambiar un número en el calendario, sino para tocar el corazón humano con una promesa silenciosa: volver a empezar siempre es posible.
Cada 1 de enero, la humanidad se detiene (aunque sea por un instante) para mirar atrás con gratitud y mirar adelante con ilusión. En todos los rincones del mundo, sin importar culturas, edades o creencias, las personas se abrazan, hacen promesas, elevan deseos y dejan que la esperanza vuelva a respirar en su interior.
Pero detrás de los fuegos artificiales, los brindis y las celebraciones, el Año Nuevo guarda un significado mucho más profundo. Es un umbral espiritual, un punto de renovación del alma, un llamado invisible que nos invita a soltar lo que pesa, sanar lo que duele y creer nuevamente en lo que parecía perdido.
Este no es solo un cambio de fecha. Es una ceremonia silenciosa de renacer. Y en este renacer, cada corazón recibe la misma invitación: escribir una nueva historia con más conciencia, más fe y más amor.
2025: El año que nos formó para renacer
El 2025 no fue un año cualquiera. Fue un maestro exigente, un espejo sincero y un taller silencioso donde se forjó una versión más fuerte de nosotros.
Hoy elevamos un gracias que nace desde el alma. Gracias a Dios por sostenernos cuando flaqueamos, por guiarnos cuando dudamos y por bendecirnos incluso cuando no supimos reconocerlo.
Gracias a la familia y a los amigos que fueron refugio, motor y abrigo en los días claros y en las noches oscuras. Gracias también a quienes nos criticaron, porque sin saberlo nos obligaron a crecer, a corregir y a creer más en nosotros.
Cada acierto nos enseñó confianza. Cada error nos regaló conciencia. Cada alegría nos dio esperanza. Cada tristeza nos dejó profundidad. Nada fue en vano. Todo se transformó en aprendizaje que llevaremos como brújula hacia el 2026.
El parabrisas es más grande que el retrovisor porque la vida nos invita a mirar adelante. Por eso hoy soltamos: rencores, miedos, culpas, frustraciones, hábitos que nos frenan y relaciones que nos apagaron. No los negamos… los sanamos. Porque lo que se sana, libera y lo que libera, fortalece.
Cerramos este año con el corazón liviano y la conciencia despierta. Sabemos que los triunfos pasados no garantizan los triunfos futuros, pero nos demuestran que sí podemos. Sabemos que los fracasos no nos definen, pero nos preparan.
Entramos al 2026 con un equipaje nuevo: fe, disciplina, gratitud, valentía, humildad y una actitud que no se rinde.
No todos los días serán fáciles… pero daremos lo mejor. No todo amor será correspondido… pero seguiremos amando. No todos dirán la verdad… pero nosotros sí. No todos querrán vernos triunfar… pero decidimos triunfar. Hoy no solo cambiamos de año…Hoy renovamos nuestra manera de vivir.
Que el 2026 nos encuentre con el alma en paz, la mente clara y el corazón decidido a construir la vida que merecemos.
Lo mejor aún no llega… lo mejor nos está esperando.
El primer latido del tiempo: donde nació el Año Nuevo
Mucho antes de que existieran relojes, calendarios impresos o fuegos artificiales, la humanidad ya sentía la necesidad profunda de marcar el renacer del tiempo. Celebrar el Año Nuevo no nació como una simple fecha, sino como un acto sagrado, una manera de reconciliarse con la vida, el cielo y el destino.
Los primeros registros de esta celebración se remontan a más de 4,000 años atrás, en la antigua Mesopotamia. Allí, los babilonios celebraban una festividad llamada Akitu, un ritual que duraba once días y que coincidía con la primera luna nueva después del equinoccio de primavera. No era solo el inicio de un calendario: era el renacer del mundo.
Akitu simbolizaba el momento en que la naturaleza despertaba, los ríos crecían, los campos volvían a ser fértiles y el ser humano se preparaba para sembrar. Pero su significado iba mucho más allá de la agricultura. Durante esos días se realizaban ceremonias de purificación, se renovaban juramentos, se coronaban reyes y se pedía a los dioses que restablecieran el orden cósmico. El tiempo no solo avanzaba: se limpiaba, se sanaba y volvía a empezar.
Siglos después, el Imperio Romano heredó y transformó este impulso ancestral. En el año 46 a. C., Julio César reformó el calendario e instituyó oficialmente el 1 de enero como el inicio del año, dedicando ese día al dios Jano, la deidad de los comienzos, las puertas y los cambios. Jano era representado con dos rostros: uno que miraba al pasado y otro al futuro, recordándole al ser humano que todo inicio requiere memoria y esperanza al mismo tiempo.
Así, el Año Nuevo se convirtió en un ritual de transición, un puente entre lo que fue y lo que puede ser. Se ofrecían sacrificios, se intercambiaban regalos, se hacían promesas y se buscaba comenzar con el alma en orden.
Desde entonces, a través de culturas, religiones y continentes, el Año Nuevo ha conservado su esencia más profunda:
cerrar ciclos, agradecer, soltar cargas y abrir el corazón a una nueva oportunidad de vivir.
Cada celebración actual (las campanadas, los abrazos, los deseos) es, en realidad, un eco moderno de aquel primer latido del tiempo que la humanidad escuchó cuando decidió que siempre es posible volver a empezar.
Donde el tiempo nos concede un nuevo comienzo
Un nuevo año no es únicamente el paso de una página en el calendario; es un acto simbólico profundo, un renacer silencioso que ocurre tanto en el tiempo como en el espíritu. Es el instante en que la vida parece detenerse un segundo para ofrecernos la posibilidad de volver a empezar.
En su llegada se nos concede un espacio sagrado: un umbral invisible donde dejamos atrás los errores que pesaron, los dolores que nos marcaron, los fracasos que nos enseñaron y los miedos que nos limitaron. No los negamos, pero los transformamos en aprendizaje, y con ello aligeramos el alma para caminar más libres.
El nuevo año es la promesa de que aún hay caminos por recorrer, sueños por retomar y palabras pendientes por decir. Nos recuerda que siempre es posible reinventarnos, cambiar la dirección, volver a creer, y elegirnos otra vez. Nos invita a fortalecer nuestros vínculos, a perdonar con mayor suavidad y a agradecer con mayor conciencia.
Más que un cambio de fecha, es un susurro del tiempo que nos dice que no estamos terminados, que la historia aún se escribe, y que cada amanecer guarda la semilla de una versión más plena de nosotros mismos.
Un nuevo año, es, en esencia, el momento en que la esperanza vuelve a respirar.
El inventario sagrado del alma: cinco llaves del renacer interior
Al cruzar el umbral de un nuevo año, no basta con enumerar propósitos o trazar metas. Hay una tarea más profunda y necesaria: detenernos a mirarnos por dentro. El tiempo nuevo nos invita a realizar un inventario silencioso del alma, una revisión íntima de aquello que somos, sentimos y arrastramos.
La gratitud es el primer gesto de este ritual interior. Agradecer no solo lo que nos hizo felices, sino también lo que dolió, porque cada herida escondió una lección y cada caída nos devolvió una versión más consciente de nosotros mismos.
El perdón es el acto de liberación. Perdonar a otros, pedir perdón y, sobre todo, perdonarnos a nosotros mismos. Soltar rencores es permitir que el corazón vuelva a respirar sin cargas invisibles.
El propósito nos confronta con una pregunta esencial: ¿estamos viviendo de acuerdo con lo que creemos, soñamos y deseamos profundamente? El nuevo año nos ofrece la oportunidad de realinear nuestra vida con nuestros valores, de elegir caminos más honestos con nuestra esencia.
El autocuidado es una forma de respeto hacia la vida que habita en nosotros. Cuidar el cuerpo, la mente y el espíritu no es un lujo, sino un compromiso con nuestra propia dignidad.
Y la empatía nos recuerda que no caminamos solos. Ser más humanos, más solidarios y más comprensivos es también una manera de sanar el mundo, empezando por nuestro pequeño entorno.
Estas reflexiones no solo preparan el inicio de un nuevo año: preparan el nacimiento de una versión más consciente, más compasiva y más verdadera de nosotros mismos.
Mensaje emotivo de Año Nuevo
En este 2026, recordemos una verdad que no podemos seguir ignorando: si nuestros hábitos no cambian, no tendremos un Año Nuevo… solo tendremos otro año más. Porque los calendarios cambian solos, pero las personas solo cambian cuando deciden hacerlo.
Cada inicio de año nos deseamos bendiciones, salud, prosperidad y alegría. Pero esas palabras se vuelven realidad cuando las respaldamos con acciones conscientes y actitud positiva: cuando decidimos luchar por nuestros sueños, mover el cuerpo, cuidar lo que comemos, abandonar lo que nos intoxica el cuerpo y el alma, y empezar a elegir lo que nos da vida en lugar de lo que nos la quita.
Hoy estamos llamados a abrazar la esperanza: esa virtud poderosa de los corazones que no se quedan atrapados en la oscuridad del pasado, sino que se atreven a mirar el futuro con certeza, con ilusión y con valentía. Comencemos esta nueva vuelta al sol con la disposición real de cambiar, con el compromiso de vivir mejor y con la decisión de ser más empáticos y más presentes con quienes amamos.
Que este 2026 no solo nos vea cumplir metas, sino también sanar relaciones, fortalecer familias, cuidar amistades y construir una convivencia más amorosa y respetuosa. Todo lo que nos propongamos será posible si tenemos el coraje de actuar, la inteligencia de perseverar y la humildad de confiar nuestra vida en las manos de Dios. Porque cuando caminamos con fe, Él hace brillar nuestra vida como el sol del mediodía.
Que este nuevo año no solo te regale días, sino razones. Razones para sonreír, para creer, para volver a empezar. Que sane lo que dolió, que florezca lo que sembraste y que llegue aquello que mereces. Que cada amanecer te recuerde que sigues aquí, que sigues luchando y que tu historia aún tiene muchas páginas hermosas por escribir. No camines con miedo, camina con fe: el futuro te está esperando con los brazos abiertos.
Que este 2026 no solo pase por nosotros… que nos transforme, que nos sane y entonces, la dicha y la prosperidad saldrán a nuestro encuentro.
Conclusión
El Año Nuevo no es solo una fecha que se marca en el calendario: es una invitación sagrada a renacer. Es el instante en que el tiempo nos concede una pausa para mirar quiénes somos, soltar lo que pesa y elegir, con mayor conciencia, la vida que deseamos construir.
Cada amanecer es una oportunidad para sanar, crecer, perdonar y amar mejor. Cada día es una página en blanco que nos recuerda que nuestra historia no ha terminado, que aún podemos corregir el rumbo, retomar sueños olvidados y volver a creer en nosotros mismos.
Celebrar el Año Nuevo es celebrar la vida. Es honrar el camino recorrido, agradecer lo aprendido y atrevernos a escribir un nuevo capítulo con más fe, más humildad y más valentía.
Que este tiempo nuevo no pase por nosotros sin dejarnos huella. Que nos transforme, nos sane y nos despierte. Que nos encuentre más conscientes, más humanos y más agradecidos.
Porque mientras el corazón siga latiendo, la esperanza seguirá respirando… y siempre, siempre, será posible comenzar de nuevo.
Noticias Zamora
Guaguayme Bajo presenta su Agenda Deportiva y Comunitaria de Fin de Año 2025
El barrio Guaguayme Bajo desarrolla del 27 al 31 de diciembre de 2025 una agenda de actividades deportivas, recreativas y comunitarias en la Cancha Central, como parte de la despedida del año 2025.
Esta programación incluye campeonatos de indor, ecuavóley y fútbol en distintas categorías, juegos tradicionales, actividades culturales y artísticas, así como acciones comunitarias como la minga general de limpieza. Participan equipos de varios barrios, con la intervención de infantes, niños, adolescentes, jóvenes y adultos, garantizando espacios deportivos para todas las edades.
Guaguayme Bajo se caracteriza por mantener una activa participación en los eventos de fin de año, promoviendo el uso positivo del tiempo libre y la integración social. A través del deporte, se busca fomentar la convivencia, la participación comunitaria y la adopción de estilos de vida saludables, evitando espacios de riesgo para la población.
Durante cada jornada, la cancha central se convierte en un punto de encuentro comunitario, con la presencia constante de hinchas y familias que acompañan y alientan a sus equipos, fortaleciendo la cohesión social.
La comunidad extiende la invitación a la ciudadanía y visitantes a participar de esta agenda, que reafirma el compromiso local con el deporte, la convivencia y el desarrollo comunitario.
Noticias Zamora
Barrio La Quebrada de Cumbaratza celebra sus fiestas patronales con amplia agenda cultural y religiosa
El presidente del barrio La Quebrada de Cumbaratza, Wilmer Minga, dio a conocer la amplia programación cultural, deportiva y religiosa que se realiza con motivo de las festividades de fin de año, en honor a la Santísima Virgen de la Nube, patrona de la comunidad.
Según informó el dirigente barrial, estas festividades se desarrollan de manera anual y constituyen un espacio de integración comunitaria, fortalecimiento de la identidad cultural y expresión de la fe religiosa. La programación inició el 6 de diciembre, con la realización de un campeonato interno masculino de fútbol, actividad deportiva que marcó el inicio oficial de las celebraciones.
Como parte de los eventos destacados, este 29 de diciembre se llevó a cabo la elección de la señora agropecuaria, dignidad que en esta edición recayó en Ceci Armijos, actividad que se realiza cada año con el respaldo del Gobierno Parroquial de Cumbaratza, promoviendo el reconocimiento al trabajo y aporte del sector agropecuario de la comunidad.
Asimismo, se desarrolló el festival de la canción de aficionados, evento artístico que fomenta la participación ciudadana y el talento local.
Para la noche del 29 de diciembre se programó la noche cultural, que incluye la presentación de danzas provenientes de la ciudad de Zamora, con la participación de la Casa de la Cultura, además de un concurso tradicional que se realiza anualmente, con premios económicos de 150 dólares para el primer lugar, 100 dólares para el segundo lugar y 50 dólares para el tercer lugar.
La agenda continúa el 30 de diciembre con la elección y coronación de la reina del barrio, seguida de la presentación artística del imitador “Yo me llamo Jean Carlo Centeno de Vallenatos”, y el desarrollo del gran baile popular, evento central que congrega a la comunidad y visitantes. En el ámbito deportivo, también se contempla un encuentro de ecuavóley femenino, Las Amazonas versus Chamico, programado para las 14h00, incentivando la participación y el apoyo al deporte local.
Las festividades se extienden hasta el 31 de diciembre y el 1 de enero, fechas en las que se celebrará la Santa Eucaristía a las 14h00, como acto central de carácter religioso. Posterior a la ceremonia litúrgica, se realizará el gran bazar comunitario, tradición que marca el cierre oficial de las fiestas del barrio La Quebrada de Cumbaratza.
Finalmente, el presidente Wilmer Minga extendió una cordial invitación a la ciudadanía de la provincia de Zamora Chinchipe y de sectores aledaños, para que participen activamente de las festividades que se desarrollan los días 29, 30, 31 de diciembre de 2025 y 1 de enero de 2026, destacando la diversidad de actividades y el esfuerzo organizativo de la comunidad.
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