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Opinión

¿Opera una mafia en Ecuador?

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Santiago Basabe

A partir de las investigaciones propiciadas por la Fiscalía, la respuesta a dicha pregunta parece una obviedad: sí, desde luego que sí. Sin embargo, esas certezas absolutas no son parte del conocimiento científico que, por el contrario, ante cualquier hecho aparentemente evidente plantea la duda. Veamos.

Uno de los conceptos más clásicos sobre lo que es la mafia proviene de Diego Gambetta a través de su estudio en Sicilia. Allí señala Gambetta que la mafia es una empresa económica que ofrece protección privada. Ante la ausencia relativa del aparato estatal como proveeedor natural de seguridad, aparece un grupo organizado, con estructura de mando interna, códigos de lealtad y eficacia en las actividades a las que se compromete. Dicha forma de operar de la mafia le dota de confianza, aquélla que las instancias públicas han perdido de a poco.

De lo que se sabe, acá hay delincuencia de distinto calibre, pero no bajo los rasgos definitorios de lo que constituiría un grupo mafioso.

Por un lado, no parece existir una estructura organizacional claramente definida, con funciones o roles específicos, permanencia de sus miembros y reglas informales para premiar o castigar los diferentes comportamientos de sus integrantes. Las declaraciones de los aparentes desertores dan cuenta, por ejemplo, que no existen mecanismos sancionatorios claros dentro del grupo. Si así fuera, hallar a los que “cantan” las verdades sería una empresa más costosa.

Por otro lado, no se ha podido observar con claridad la estructura de mando mafiosa. Más bien, de lo que se conoce, hay muchos operadores que actúan de forma relativamente independiente aunque con relaciones entre sí a partir de las actividades que ofrecen. Estos operadores son esencialmente abogados pero con una característica importante: no se mantienen mucho tiempo dentro del círculo de influencia delincuencial. Por el contrario, su participación es limitada. Llegan, cometen sus fechorías por el espacio temporal que la coyuntura les ofrece y luego se van. No desaparece la organización pues hay muchos abogados a la espera de ocupar ese espacio. La mano de obra siempre está disponible. Por eso es que ahora quien está en la picota de las denuncias es el abogado A pero ayer fue B y mañana será C. Los nombres varían pero la actividad se mantiene inalterada.

Adicionalmente, de lo que el país conoce por diferentes medios, acá no hay oferta de protección privada, como decía Gambetta en su trabajo ya citado.

Lo que los abogados y su entorno de asistentes y recaderos ofrecen a la delincuencia organizada (de la que no necesariamente son parte) es orientar las decisiones judiciales a cambio de recursos económicos o de infundir miedo. Sobre esto último, no hay que dejar de lado la posibilidad de que muchos jueces estén fallando a favor de delincuentes contumaces por temor y no porque hayan recibido prebendas de cualquier tipo.

Nuevamente, el objetivo de la mafia, al menos a la luz del concepto de Gambetta, parece no estar presente en el caso ecuatoriano. En ese aspecto, quizás lo que acá ocurre podría acercarse más bien a otras definiciones de mafia, como las ofrecidas por Santyino y La Fiura o Arlachi, que proponen que estas organizaciones se caracterizan por la búsqueda de acumulación de capital. Sin embargo, aún en ese caso, dichos autores también señalan que la mafia se configura con actores que son parte permanente de la organización.

Con lo dicho, en Ecuador lo que aparentemente opera es una oferta ilegal de servicios judiciales, tanto para delincuentes contumaces como para “ciudadanos de bien” que están dispuestos a pagar a los abogados del momento. No importan los nombres de los “juristas” que actúan como intermediarios. Eso es secundario. Lo que sí se mantiene estable es la maquinaria en la que se procesan los hechos delictivos y allí están, indudablemente, jueces y fiscales.

Por tanto, si bien no hay redes permanentes de abogados que ofrecen el servicio citado, existe un conjunto de corruptos que son parte del sector justicia que llegan a acuerdos específicos con los profesionales del Derecho que están mejor posicionados en un momento dado, esencialmente en función de la correlación de fuerzas políticas. De allí que, mientras no se genere una reforma integral al Poder Judicial, los males que ahora están en boca de todos permanenecerán en el tiempo aunque con nombres distintos. El problema de fondo, por tanto, no está en los abogados que ahora están envueltos en los escándalos de corrupción sino en la estructura bajo la que opera el sistema de justicia.

Además, en la política es dónde falta hurgar con mayor detenimiento, pues allí parecen estar los que controlan la provisión ilícita de servicios judiciales. Si bien sus alfiles de momento pueden llegar a pagar ciertos costos cuando la coyuntura les resulta adversa (jueces, fiscales, abogados y recaderos), ellos se mantienen invisibles ante el escrutinio ciudadano.

No quiero decir que ahora mismo no existan delitos execrables que perseguir y delincuentes de diferente traje a los que sancionar. Simplemente señalo que Ecuador no parece asumir la forma de una mafia organizada bajo los parámetros ofrecidos por los estudios realizados. Este punto no es menor ni debería generar interes puramente académico ya que puede ser un insumo clave para eventuales reformas en materia penal o de seguridad.

Si no conocemos cómo funciona la maquinaria que provee servicios judiciales ilícitos, difícilmente podremos identificar los factores que explicarían su presencia. Fuente: Primicias

Noticias Zamora

Cuando el temperamento se convierte en virtud

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Introducción

Cada persona camina por la vida con una manera particular de sentir, reaccionar y relacionarse con los demás. Algunos enfrentan las dificultades con calma, otros con intensidad; unos son pacientes y reservados, mientras que otros son expresivos y sensibles. Estas diferencias no son casuales. Nacen de una fuerza interior silenciosa que acompaña al ser humano desde su primer aliento: el temperamento.

El temperamento influye en nuestras palabras, decisiones, reacciones y relaciones. Puede abrir puertas… o cerrarlas. Puede edificar vínculos… o destruirlos. De ahí la verdad profunda que nos recuerda: cuando a una persona le gana su temperamento, a menudo lo pierde todo.

Comprender qué es el temperamento, cómo se forma y cómo actúa en nuestra vida diaria no es solo un ejercicio de conocimiento, sino un paso esencial hacia el crecimiento personal, la armonía interior y la convivencia sana. Este artículo te invita a descubrir la raíz invisible de tu manera de ser y a aprender cómo transformar tu temperamento en una fuente de virtud, equilibrio y fortaleza interior.

El temperamento: La raíz invisible de nuestra manera de ser 

El temperamento es el conjunto de características emocionales innatas que determinan la manera en que una persona reacciona ante las situaciones de la vida. Incluye aspectos como la intensidad de las emociones, el nivel de actividad, la paciencia, la impulsividad y la capacidad de adaptación a los cambios. Estas características están presentes desde el nacimiento y se manifiestan en el comportamiento habitual de cada individuo.

El temperamento es, en gran medida, una herencia genética recibida de los padres. Es el que influye en que una persona sea más abierta y extrovertida, o bien más reservada e introvertida. Aunque no es el único factor que influye en la conducta humana, sí es el más estable y permanente a lo largo de la vida. A su vez, los primeros años en el hogar, la educación, las experiencias y las motivaciones personales también ejercen una influencia significativa sobre la manera de actuar.

Desde una perspectiva humana, no existe otro elemento que influya tan profundamente en el comportamiento como el temperamento heredado. La combinación de genes y cromosomas recibidos en el momento de la concepción establece el temperamento básico, el cual interviene de manera decisiva en nuestras acciones, reacciones y emociones.

El temperamento puede considerarse como la base biológica de la personalidad. Es el componente más estable y menos modificable del carácter, ya que está determinado por factores genéticos y neurológicos. A partir de él se desarrollan otros aspectos de la personalidad, como el carácter, las actitudes y los hábitos, que sí pueden ser moldeados por la educación, la cultura y las experiencias de vida.

La principal ventaja de conocer los cuatro temperamentos básicos es que permite identificar con mayor claridad las fortalezas y debilidades personales. Este conocimiento facilita el crecimiento integral, ya que brinda la oportunidad de trabajar en las debilidades, fortalecer las virtudes y desarrollar una vida más equilibrada y consciente.

La esencia que moldea tu historia 

Aunque el temperamento tiene una base genética y no puede cambiarse en su esencia, sí puede ser educado, pulido y transformado. Embellecer el temperamento no significa negarlo, sino aprender a dirigirlo con madurez, autocontrol e inteligencia emocional. Cuando una persona armoniza su temperamento, mejora su bienestar interior, fortalece sus relaciones y eleva su calidad de vida.

Claves para transformar el temperamento en virtud

  1. Conócete profundamente

Reconocer el propio temperamento permite identificar fortalezas, debilidades y reacciones habituales. El autoconocimiento es el inicio de la responsabilidad personal y del cambio consciente.

  1. Desarrolla el autocontrol

No se trata de reprimir emociones, sino de aprender a expresarlas de manera sana. Pensar antes de actuar, controlar impulsos y manejar el enojo protege las relaciones y evita conflictos innecesarios.

  1. Fortalece la inteligencia emocional

Comprender lo que sientes, escuchar con empatía y expresar emociones sin herir transforma el temperamento en una fortaleza y no en un obstáculo.

  1. Practica la paciencia y la tolerancia

Aceptar las diferencias, respetar los procesos de los demás y evitar juicios apresurados suaviza el carácter y genera paz interior.

  1. Cultiva hábitos que armonicen tu vida

El descanso, la buena alimentación, la actividad física y los espacios de calma ayudan a regular el estado emocional y favorecen reacciones más equilibradas.

  1. Aprende de tus errores

Reconocer fallas sin justificarlas fortalece el carácter y convierte cada experiencia en una oportunidad de crecimiento.

  1. Rodéate de influencias positivas

Las personas equilibradas y empáticas inspiran conductas sanas y ayudan a modelar un temperamento más armonioso.

  1. Vive valores que embellecen el alma

La humildad, el respeto, la honestidad, la gratitud y la responsabilidad actúan como verdaderos “pulidores” del temperamento, permitiendo que se exprese de manera constructiva.

La línea invisible entre temperamento y carácter

Aunque muchas personas utilizan estos términos como sinónimos, temperamento y carácter no son lo mismo, aunque están profundamente relacionados. Confundirlos puede llevar a justificar conductas dañinas o a renunciar al proceso de crecimiento personal bajo la idea errónea de que “así somos y no podemos cambiar”.

El temperamento es lo que recibimos. Es la base emocional con la que nacemos: biológica, hereditaria y automática. Determina la manera natural en que tendemos a reaccionar ante la vida: con rapidez o lentitud, con intensidad o calma, con apertura o reserva, con sensibilidad o firmeza. Es nuestro punto de partida. No se elige, no se aprende ni se construye; simplemente se recibe.

El carácter es lo que construimos. Es la forma consciente en que decidimos vivir, actuar y responder a las circunstancias. Se forma con el tiempo mediante hábitos, valores, disciplina, experiencias, decisiones y convicciones. A diferencia del temperamento, el carácter no es automático: es intencional.

Mientras el temperamento representa una tendencia natural, el carácter es una elección sostenida en el tiempo. El temperamento describe cómo reaccionas; el carácter revela quién eres.

Ambos se relacionan de manera profunda: el temperamento es el material; el carácter es la obra. El temperamento es la arcilla; el carácter es la escultura. Aunque el temperamento influye en la formación del carácter, no lo determina.

Un temperamento fuerte puede formar un carácter firme… o uno autoritario. Un temperamento sensible puede formar un carácter compasivo… o uno inseguro. El mismo temperamento, educado o no, puede producir resultados completamente opuestos.

Las cuatro raíces de nuestra manera de ser

Desde la antigüedad, el estudio del temperamento ha buscado comprender por qué las personas reaccionan de manera diferente ante la vida. Hipócrates, hace más de 2400 años, propuso la teoría de los cuatro temperamentos básicos, la cual sigue siendo una referencia fundamental en el conocimiento de la personalidad humana. Según esta clasificación, existen cuatro tipos principales de temperamento: sanguíneo, colérico, melancólico y flemático.

Cada uno posee fortalezas y debilidades que forman parte de su naturaleza y que se manifiestan de manera constante a lo largo de la vida.

Temperamento Sanguíneo

El sanguíneo es una persona sociable, entusiasta y expresiva. Suelen ser comunicativos, optimistas y afectuosos. Disfrutan estar rodeados de personas, contagian alegría y tienen facilidad para hacer amigos. Sin embargo, pueden ser impulsivos, desorganizados, poco constantes y guiados más por las emociones que por la reflexión.

Temperamento Colérico

El colérico es decidido, activo y con una fuerte capacidad de liderazgo. Es práctico, productivo y orientado a metas. No teme a los retos y suele sobresalir en posiciones de autoridad. No obstante, su carácter puede tornarse dominante, impaciente, orgulloso o poco sensible hacia los demás.

Temperamento Melancólico

El melancólico es analítico, profundo y perfeccionista. Se caracteriza por su sensibilidad, lealtad y alto sentido de responsabilidad. Tiende a ser reservado, reflexivo y muy disciplinado. Entre sus debilidades pueden aparecer el pesimismo, la rigidez, la tendencia a la crítica y la dificultad para relacionarse socialmente.

Temperamento Flemático

El flemático es tranquilo, paciente y equilibrado. Busca la armonía, evita los conflictos y es confiable. Tiene buen humor y una actitud estable ante la vida. Sin embargo, puede mostrarse indeciso, pasivo, poco expresivo y con dificultad para tomar iniciativa.

Estos cuatro temperamentos influyen en la forma de pensar, sentir, actuar y relacionarse, así como en la manera de enfrentar responsabilidades, tomar decisiones y resolver conflictos. Ninguno es mejor que otro; cada uno posee cualidades valiosas que, cuando son bien dirigidas, pueden convertirse en grandes fortalezas personales.

Ninguna persona posee un solo temperamento en estado puro. En cada individuo se combinan dos o más temperamentos, generalmente con uno que predomina y otro que lo complementa. Estas combinaciones crean perfiles únicos que influyen en la personalidad, el comportamiento, la forma de relacionarse y la manera de enfrentar la vida. Por ello, aunque existan cuatro temperamentos básicos, la diversidad humana es amplia y cada persona manifiesta una mezcla particular que la hace irrepetible.

La fuerza invisible que dirige nuestras decisiones

El temperamento influye de manera profunda en la forma en que cada persona se comunica, toma decisiones, enfrenta los problemas y se relaciona con los demás. Afecta el rendimiento académico y laboral, la manera de manejar el estrés, así como la calidad de las relaciones familiares, sociales y afectivas. Comprender el propio temperamento permite reconocer fortalezas, identificar debilidades y trabajar conscientemente para lograr un mayor equilibrio emocional.

Importancia de conocer los temperamentos: Conocer los temperamentos básicos favorece la comunicación, reduce los conflictos y fortalece las relaciones, ya que permite comprender por qué las personas actúan de determinada manera. Este conocimiento ayuda a desarrollar empatía, adaptar el trato hacia los demás y aprovechar las fortalezas individuales, creando ambientes más armónicos y productivos.

  • En la familia, ayuda a los padres a comprender las reacciones de sus hijos y a guiarlos de manera respetuosa, considerando sus tendencias innatas.
  • En el trabajo, facilita la asignación de funciones según las capacidades de cada temperamento y mejora el manejo de conflictos, promoviendo la eficiencia del equipo.
  • Con las amistades, permite valorar las diferencias, aceptar las formas de ser de cada persona y fortalecer los vínculos.

Recomendaciones para mejorar el temperamento y mantener relaciones respetuosas:

  • Practicar la empatía, procurando comprender los sentimientos y puntos de vista de los demás.
  • Controlar los impulsos antes de hablar o actuar, especialmente en situaciones de tensión.
  • Desarrollar la paciencia y la tolerancia mediante la reflexión y el autocontrol.
  • Expresar las emociones de forma respetuosa y asertiva.
  • Realizar actividades que ayuden a liberar el estrés, como el ejercicio, la lectura o la meditación.
  • Buscar apoyo en familiares, amigos o profesionales cuando sea necesario.

Resumiendo, diríamos que comprender los temperamentos ofrece un marco para anticipar conductas y responder de manera más adecuada ante las diferentes personalidades. Esto promueve la tolerancia, la comprensión mutua y el crecimiento personal y colectivo en todas las áreas de la vida.

Conclusión

El temperamento no es un obstáculo, es un punto de partida. Es la huella emocional con la que llegamos al mundo y la fuerza interior que impulsa nuestras reacciones, decisiones y relaciones. Aunque nace con nosotros, no está destinado a gobernarnos sin dirección. Cuando se le educa, se le comprende y se le guía con conciencia, el temperamento deja de ser un límite y se convierte en una fuente de virtud, equilibrio y fortaleza interior.

Conocer el propio temperamento permite mirarse con honestidad, aceptar las propias tendencias y asumir la responsabilidad de transformarlas en herramientas de crecimiento. No se trata de cambiar quiénes somos, sino de aprender a dirigir lo que somos hacia su mejor versión. Allí donde antes hubo impulsividad, puede nacer la prudencia; donde hubo rigidez, puede florecer la comprensión; donde hubo temor, puede crecer la firmeza.

Aprender a armonizar el temperamento es, en esencia, un acto de madurez y amor propio. Es elegir conscientemente, responder en lugar de reaccionar, construir en lugar de herir, y crecer en lugar de repetir patrones. Cuando el temperamento se convierte en virtud, no solo mejora la vida interior, sino que se transforma también la manera de amar, de convivir y de dejar huella en el mundo.

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Opinión

Cómo se castigaba antes: justicia colonial vs. justicia moderna

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La forma en que una sociedad castiga dice mucho sobre cómo concibe la justicia. En la época colonial, el castigo no buscaba necesariamente justicia, sino obediencia. La ley era un instrumento del poder y su aplicación respondía más al control social que a la protección de derechos.

Durante la Colonia, la justicia estaba profundamente influenciada por la Corona y la Iglesia. Las penas eran públicas, severas y ejemplarizantes. Azotes, mutilaciones, trabajos forzados y la pena de muerte formaban parte del sistema punitivo. El objetivo no era rehabilitar al infractor, sino infundir miedo en la población. El castigo debía verse, sentirse y recordarse.

No existía una noción clara de debido proceso. La confesión, incluso obtenida bajo tormento, era considerada una prueba válida. La desigualdad era la regla; indígenas, esclavos y pobres recibían penas más duras, mientras que los sectores privilegiados solían beneficiarse de indulgencias o castigos simbólicos. La justicia no era ciega; distinguía con claridad a quién castigar y cómo hacerlo.

La justicia moderna, en contraste, se funda al menos en el plano normativo en principios como la legalidad, la proporcionalidad y la dignidad humana. El castigo dejó de ser un espectáculo público y se trasladó al ámbito institucional. La tortura fue prohibida, el debido proceso se convirtió en garantía y la pena empezó a justificarse desde la prevención y la rehabilitación.

Sin embargo, la transición no ha sido perfecta. Aunque el discurso moderno habla de derechos, persisten prácticas que recuerdan al pasado; selectividad penal, hacinamiento carcelario y penas que, lejos de rehabilitar, reproducen la exclusión.

Comparar la justicia colonial con la moderna no es un ejercicio académico inútil. Es una advertencia. El castigo cambia de forma, pero el riesgo de que la justicia se convierta nuevamente en un instrumento de poder siempre está presente. La diferencia entre civilización y barbarie no está en castigar, sino en cómo y a quién se castiga.

 

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Noticias Zamora

El legado de un formador de generaciones

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Introducción

Hay vidas que no se miden por los años que se viven, sino por las huellas que dejan en el corazón de las personas. Existen seres humanos cuya historia no se escribe solo con fechas y cargos, sino con sacrificios, silencios, caídas, perseverancia y un inquebrantable deseo de servir. El legado de un formador de generaciones es el testimonio de una vida construida desde la adversidad, sostenida por la fe, fortalecida por el esfuerzo y consagrada al servicio de la educación, del deporte y del desarrollo humano.

Este artículo no pretende ser únicamente una reseña biográfica. Es, sobre todo, una memoria viva de lucha, vocación y compromiso social. Es la historia de un niño que conoció tempranamente la ausencia y el dolor, pero que decidió transformar la orfandad en fortaleza, el sacrificio en disciplina y los sueños en metas alcanzables. Es la historia de un joven que encontró en el deporte una escuela de vida, en la educación un propósito y en el servicio público una misión.

A lo largo de más de tres décadas, Mario Rigoberto Paz Ocampos ha caminado entre pistas y aulas, entre responsabilidades y esperanzas, formando no solo estudiantes y atletas, sino ciudadanos con valores, fe y conciencia social. Cada cargo asumido, cada clase impartida y cada proyecto liderado ha tenido un mismo horizonte: sembrar futuro en las nuevas generaciones de la provincia de Zamora Chinchipe.

Este legado no se mide por títulos ni reconocimientos, sino por las vidas que han sido tocadas, por los caminos que se han abierto y por los sueños que hoy caminan gracias a una mano que supo guiar, un corazón que supo creer y una voz que nunca dejó de enseñar. Aquí se presenta la historia de un formador que convirtió su vida en misión y su misión en herencia.

De la orfandad al liderazgo: la historia de un formador de generaciones

Mario Rigoberto Paz Ocampos nació el 3 de enero de 1968 en la ciudad de Zumba, cantón Chinchipe, provincia de Zamora Chinchipe. Es el menor de siete hermanos, cuatro varones y tres mujeres, creció dentro de una familia trabajadora que le inculcó desde temprana edad valores de responsabilidad, honestidad y superación.

Sus padres fueron don José Galo Paz Rodríguez, quien falleció el 21 de agosto de 1981 a causa de una enfermedad, y doña Anita Ocampos Aldaz, quien perdió la vida el 24 de noviembre de 1984 en un lamentable accidente aéreo. Estas pérdidas marcaron profundamente su niñez y forjaron su carácter de lucha y perseverancia.

Cursó su educación primaria en la Escuela Brasil de la ciudad de Zumba. Inició su educación secundaria en el Colegio Nacional Zumba. Tras el fallecimiento de su padre, a los 12 años de edad, se trasladó junto a su familia a la ciudad de Zamora, donde continuó sus estudios en el colegio “12 de Febrero”, trabajando durante el día y estudiando en la noche. A los 17 años obtuvo el título de Bachiller en Químico-Biológicas.

Desde los 15 años se vinculó al deporte, destacándose en la disciplina de atletismo en las pruebas de medio fondo y fondo, alcanzando importantes triunfos a nivel colegial, cantonal, provincial y nacional.

Impulsado por su vocación y espíritu de superación, se trasladó a la ciudad de Loja para cursar estudios superiores en la Universidad Nacional de Loja, donde obtuvo el título de Licenciado en Ciencias de la Educación. Al culminar su formación universitaria, inició su vida profesional como entrenador de atletismo en la Federación Deportiva de Zamora Chinchipe y como docente contratado en el Colegio “12 de Febrero”.

En el año 1990 contrajo matrimonio con Janeth Charo Jaramillo Valarezo, su compañera de vida, con quien ha formado una hermosa familia y procreado dos hijos: Mario Andrés Paz Jaramillo y Geanella Karolina Paz Jaramillo.

En 1993 ganó el concurso de méritos y oposición para ejercer como docente en el Colegio Alonso de Mercadillo, y en junio de 1995 obtuvo el cambio al Colegio “12 de Febrero” de Zamora, institución a la cual ha dedicado la mayor parte de su trayectoria profesional.

Continuó fortaleciendo su formación académica al obtener un Diplomado en Pedagogía en la UTPL y una Maestría en Psicología Familiar en la Universidad Nuestro Pacto Internacional de los Estados Unidos.

En el año 2008 ganó el concurso de méritos y oposición para ejercer como Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Técnico Superior “12 de Febrero”, cargo que desempeñó desde el 11 de diciembre de 2008 hasta el 30 de agosto de 2013.

En agosto de 2013 resultó ganador del concurso de méritos y oposición para Director Distrital de Educación y, entre el 1 de septiembre de 2013 y el 30 de marzo de 2014, estuvo encargado de la Dirección Provincial de Educación de Zamora Chinchipe, liderando el proceso de implementación del nuevo modelo de gestión del Ministerio de Educación.

Desde el 1 de abril de 2014 hasta el 6 de marzo de 2019, ejerció funciones como Director Distrital de Educación 19D01 Yacuambi–Zamora. A partir del 7 de marzo de 2019 y hasta la actualidad, labora en la Unidad Educativa “12 de Febrero”, en la modalidad intensiva en jornada nocturna.

La vida de Mario Paz Ocampos es un testimonio de esfuerzo, disciplina y vocación de servicio, reflejada en más de tres décadas dedicadas a la educación, al deporte y al desarrollo humano de la provincia de Zamora Chinchipe.

Entre pistas y sueños: el origen de mi fortaleza

El deporte ha sido una de las columnas más firmes de mi formación personal, humana y profesional. A través de él aprendí disciplina, perseverancia, respeto, trabajo en equipo y responsabilidad; valores que no solo me formaron como atleta, sino que también moldearon mi carácter y mi manera de servir a la sociedad. Mi trayectoria deportiva se ha desarrollado en tres etapas fundamentales: como deportista, como entrenador y como dirigente, cada una de ellas marcada por experiencias, aprendizajes y logros que han dejado una huella profunda en mi vida.

Como deportista

Desde muy joven encontré en el atletismo una pasión que se transformó en compromiso, esfuerzo constante y superación personal. Representar a mi provincia fue un honor que asumí con orgullo y responsabilidad. Entre los principales logros alcanzados durante esta etapa se destacan:

  • Campeón de la Maratón de la Longevidad, categoría Juvenil, realizada en la ciudad de Loja, en diciembre de 1989.
  • Medalla de bronce en la prueba de 3.000 metros con obstáculos, en el Séptimo Campeonato Nacional de Atletismo Interuniversidades y Politécnicas del país “Genaro Fierro” realizado en Quito el 4 de mayo de 1990, en representación de la Universidad Nacional de Loja (UNL),
  • Campeón Amazónico en la prueba de 5.000 metros planos, en los I Juegos Deportivos Amazónicos, realizados el 2 de marzo de 1991 en la provincia de Napo (Tena).
  • Seleccionado provincial de atletismo por la provincia de Zamora Chinchipe desde el año 1984 hasta 1991.
  • Ganador de múltiples competencias de calle a nivel intercolegial, cantonal, provincial, regional y nacional.

Como entrenador

Luego de culminar mi etapa como deportista activo, asumí con vocación y responsabilidad el rol de formador de nuevas generaciones. Me desempeñé como entrenador de medio fondo y fondo en la Federación Deportiva Provincial de Zamora Chinchipe durante un período de cinco años, etapa en la cual logré formar campeones amazónicos y atletas medallistas a nivel nacional, contribuyendo al fortalecimiento del atletismo provincial.

Como dirigente deportivo

Con el paso del tiempo, asumí también responsabilidades dirigenciales, entendiendo que el desarrollo del deporte requiere no solo de atletas y entrenadores, sino también de liderazgo y gestión comprometida. En esta etapa he tenido el honor de servir como:

  • Presidente y Vicepresidente del Club Social, Cultural y deportivo “Liga Deportiva Febrerina” durante seis años.
  • Presidente de la Asociación Provincial de Atletismo de la Federación Deportiva Provincial de Zamora Chinchipe (FDPZCH) durante un año.

Entre aulas y liderazgo: una vida al servicio de la educación

La docencia ha sido una de las misiones más nobles y trascendentes de mi vida. A través de ella he tenido el privilegio de formar generaciones, orientar caminos, sembrar valores y servir a la sociedad desde las aulas y desde la gestión educativa. Mi trayectoria en el sistema educativo no ha sido fruto del azar, sino del esfuerzo, la preparación constante y la vocación de servicio, lo que me ha permitido acceder a cada cargo a distintos espacios y responsabilidades dentro del Ministerio de Educación, desempeñando funciones que me han exigido liderazgo, compromiso, honestidad y profunda responsabilidad social. Cada etapa ha sido una escuela de aprendizaje que ha fortalecido mi visión de una educación basada en la calidad, la calidez, la innovación y el respeto a la dignidad humana.

A continuación, presento un recuento de mi vida profesional, que no solo refleja cargos y fechas, sino una historia de servicio, crecimiento y entrega al fortalecimiento de la educación en mi provincia y en el país.

En el año de 1991 ingresé al sistema educativo como docente contratado en la UE “12 de Febrero” por un período de dos años. El 4 de marzo de 1993 fui nombrado Profesor-Inspector titular del Colegio Alonso de Mercadillo del cantón Yacuambi, cargo que desempeñé hasta el 6 de diciembre de 1994. Posteriormente, del 7 de diciembre de 1994 al 21 de mayo de 1995, ejercí la función de Inspector General en la misma institución.

Desde el 22 de mayo de 1995 hasta el 11 de diciembre de 2008 laboré como Profesor-Inspector en el colegio “12 de Febrero”. Más adelante, del 12 de diciembre de 2008 al 30 de agosto de 2013, me desempeñé como Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Tecnológico Superior “12 de Febrero”.

A partir del 1 de septiembre de 2013 hasta el 6 de marzo de 2019, desempeño la función de Director Distrital 19D01 Yacuambi-Zamora Educación. Durante este período, entre el 1 de septiembre de 2013 y el 28 de febrero de 2014, estuve encargado de la Dirección Provincial de Educación Hispana de la provincia de Zamora Chinchipe. Además, desde el 7 de marzo de 2019, laboro en la Unidad Educativa “12 de Febrero”, en la modalidad intensiva de la sección nocturna hasta la presente fecha.

Todos los cargos que he desempeñado han sido obtenidos mediante concursos de merecimientos y oposición.

Este recorrido por mi vida profesional me invita a reflexionar sobre el servicio brindado al sistema educativo; sin duda, he tenido aciertos y errores que hoy forman parte de mi historia y de los aprendizajes que me impulsan a seguir reorientando mi labor hacia la innovación, la eficiencia, la calidad y la calidez educativa.

Agradezco al Ministerio de Educación por la oportunidad de servir a la comunidad educativa durante estos 35 años de trayectoria profesional.

La educación como herencia de vida

La formación académica del autor evidencia una trayectoria sostenida de preparación en el ámbito educativo y humanístico, orientada al fortalecimiento de sus competencias profesionales y al servicio de la comunidad. A continuación, se detallan los estudios realizados en los distintos niveles de formación:

Educación Primaria

  • Educación primaria concluida en la Escuela Brasil de la ciudad de Zumba, con la respectiva certificación de culminación de estudios.

Educación Secundaria

  • Bachiller en la especialidad de Químico–Biológicas, título otorgado por el Instituto Superior Tecnológico “12 de Febrero” de la ciudad de Zamora, el 24 de septiembre de 1986.

Educación Superior

Tercer Nivel

  • Licenciado en Ciencias de la Educación, título otorgado por la Universidad Nacional de Loja, el 24 de noviembre de 1994.

Cuarto Nivel

  • Diploma Superior en Pedagogías Innovadoras, otorgado por la Universidad Técnica Particular de Loja, el 20 de octubre de 2005.
  • Magíster en Psicología Familiar, otorgado por la Universidad Nuestro Pacto Internacional (Estados Unidos), el 22 de julio de 2011, título que no cuenta con registro en la SENESCYT.

Cuando el liderazgo se convierte en misión

A lo largo de su trayectoria profesional, el autor ha ejercido diversos cargos de responsabilidad en el ámbito educativo, deportivo y administrativo, demostrando liderazgo, compromiso institucional y vocación de servicio. Los cargos desempeñados se detallan a continuación:

  • Presidente de la Asociación de Profesores y Empleados del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo”, durante un período de un año.
  • Presidente de la Asociación de Profesores y Empleados del Instituto Técnico “12 de Febrero”, durante seis años.
  • Presidente del Club Social, Cultural y Deportivo “Liga Deportiva Febrerina”, durante cuatro años.
  • Presidente de la Cooperativa de Educadores de Zamora Chinchipe, durante dos años.
  • Presidente de la Asociación Provincial de Atletismo de Zamora Chinchipe, durante un año.
  • Profesor–Inspector del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo” y de la Unidad Educativa “12 de Febrero”, durante un período de veintitrés años.
  • Inspector General del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo”, desde el 7 de diciembre de 1994 hasta el 21 de mayo de 1995.
  • Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Técnico Superior “12 de Febrero”, desde el 11 de diciembre de 2008 hasta el 30 de agosto de 2013.
  • Entrenador Profesional de la disciplina de Atletismo, acreditado con el número 07971 por la IAAF (Federación Internacional de Atletismo Amateur), durante cinco años.
  • Director Provincial de Educación de la provincia de Zamora Chinchipe, desde el 1 de septiembre de 2013 hasta el 30 de marzo de 2014.
  • Director Distrital de Educación 19D01 Yacuambi–Zamora, desde el 1 de septiembre de 2013 hasta el 6 de marzo de 2019.

Conclusión

El legado de un formador de generaciones no se construye únicamente con cargos, títulos o reconocimientos, sino con cada vida tocada, cada palabra sembrada y cada sueño que aprendió a caminar gracias a una guía oportuna. La historia de Mario Rigoberto Paz Ocampos es la prueba viva de que la educación, cuando nace del corazón, se convierte en una fuerza capaz de transformar destinos y abrir caminos aun en medio de la adversidad.

Desde una infancia marcada por la pérdida hasta una vida consagrada al servicio, su caminar ha sido una lección silenciosa de fe, disciplina, perseverancia y amor por el prójimo. Entre pistas y aulas, entre responsabilidades y vocación, su misión ha sido siempre la misma: formar seres humanos íntegros, conscientes de su dignidad, capaces de creer en sí mismos y de servir a su comunidad.

Hoy, su huella permanece en generaciones de estudiantes, atletas, docentes y ciudadanos que encontraron en su ejemplo una palabra de aliento, una oportunidad y una esperanza. Su legado no termina en las páginas de este artículo, sino que continúa vivo en cada persona que aprendió a levantarse, a soñar y a construir un futuro mejor gracias a su orientación.

Porque educar no es solo enseñar contenidos, sino sembrar valores, despertar conciencia y acompañar vidas, la historia de Mario Paz Ocampos trasciende el tiempo y se convierte en herencia, en testimonio y en promesa: que aún es posible cambiar el mundo, desde la educación y el deporte.

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