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En Guaguayme Alto se elabora cloro y jabón a base de sábila

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Tituanas es el nombre del jabón y cloro elaborados a base de sábila, mismos que se fabrican en el barrio Guaguayme Alto de la parroquia Guadalupe, cantón Zamora. De por sí el Alovera es un excelente regenerador celular que combate el envejecimiento, la elasticidad y mejora el aspecto de la piel.

Aprovechando estos beneficios, Francisco Tituana, un zamorano y su familia emprendieron en una forma de elaborar productos de aseo personal y para el hogar. Es una iniciativa como una nueva forma de empleo y de generar ingresos para esta familia que nació hace cuatro meses.

El cloro es un producto utilizado para la desinfección en todas las áreas del hogar y en este emprendimiento tienen a disposición para todas las personas. Es un trabajo en equipo porque entre todos se encuentran colaborando para elaborar los productos. Se distribuyen cada uno de los procesos para finalmente obtener el producto final predispuesto para el uso y consumo de los clientes.

Son productos que generalmente se utilizan para el aseo de la casa, lugar de trabajo, oficinas y de más espacios. Es un emprendimiento que lleva poco tiempo, pero aspiran llegar muy lejos. Tienen el servicio de entrega a domicilio, a nivel provincial y nacional. Su experiencia al inicio fue complicada en vista de que o conocían ningún tipo de procedimientos. Poseen la etiqueta, mientras que el permiso esta gestionándose.

Aprovechando la materia prima de los productores; los emprendedores crean productos y subproductos. Buscando ideas innovadoras de productos, generando que el circulante se quede en la provincia, pero en otros casos, por la climatología, varios productos deben ser adquiridos desde otras regiones como la sierra y la costa, buscando dar un valor agregado a cada uno.

Fue una gran felicidad cuando su producto se vendió y que ha ido creciendo de a poco. Francisco migró hace algunos años al exterior y cuenta que no todo es color de rosa y que existen épocas y momentos difíciles para quienes han dejado el país. Porque al momento de aprender a hacer cosas incluso cuesta lágrimas haciéndolo, eso con la finalidad de poder seguir manteniendo un trabajo para de esa forma ganar un sueldo para ahorrar o enviar al país.

Estuvo en Italia durante 15 años, uno de sus mayores conflictos es aprender y adaptarse un nuevo idioma muy diferente al español. Decidió regresar porque necesitaba estar más cerca de sus hijas y de su familia. En cuanto a su producto, comercializan al por mayor y menor, con excelentes precios para quienes deseen adquirir una gran cantidad de estos productos realizados a base de sábila.

Contactos: 0989577062

Redes sociales: Tituanas.

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Moradores de La Península exigen orden y respeto a los espacios públicos.

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Moradores del barrio La Península expresaron su preocupación por el uso inadecuado de una cancha deportiva del sector, la cual, según denuncian, estaría siendo utilizada como estacionamiento para vehículos y motocicletas vinculados a negocios privados.

Los habitantes sostienen que esta situación impide que niños, niñas y jóvenes, entre ellos integrantes de una escuela de voly, puedan desarrollar con normalidad sus actividades deportivas.

Señalan que estos espacios fueron construidos para fomentar la recreación, el deporte y la convivencia comunitaria, por lo que consideran inaceptable que sean ocupados con fines ajenos a su propósito.

«Hoy todos hacen lo que les da la gana en el cantón. No tenemos autoridades, ni concejales, peor alcalde», manifestaron varios moradores, quienes cuestionan la falta de controles y de acciones para proteger los bienes públicos.

Los vecinos hacen un llamado urgente al Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal de Zamora y a las entidades competentes para que intervengan, hagan respetar los espacios públicos y garanticen que las áreas deportivas permanezcan disponibles para el beneficio de la comunidad.

Finalmente, los ciudadanos insisten en que el respeto por los bienes públicos es una responsabilidad compartida y que la autoridad debe actuar con firmeza para evitar que estas prácticas continúen afectando el derecho de la niñez y la juventud a desarrollar actividades deportivas en condiciones adecuadas.

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Con una inversión de aproximadamente 800 mil dólares, alcalde Francisco Cordero entrega nuevo equipo caminero para Nangaritza

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Con el objetivo de transformar la realidad vial del cantón, el alcalde Francisco Cordero, en compañía de los señores concejales, autoridades locales, líderes comunitarios y ciudadanía en general, llevó a cabo el acto oficial de Entrega – Recepción del nuevo equipo caminero para Nangaritza.

Esta importante adquisición, que representa una inversión de $771.618,57, se consolidó gracias a la voluntad política del presidente Daniel Noboa, mediante el trabajo y compromiso del Ing. Diego Cevallos, gerente general de la Zonal Sur del Banco de Desarrollo del Ecuador y la eficiente gestión y visión del alcalde Francisco Cordero.

La nueva maquinaria está integrada por una motoniveladora marca Hyundai, una excavadora marca Hyundai y una volqueta marca Hino, herramientas destinadas a ejecutar trabajos permanentes de mejoramiento, mantenimiento y rehabilitación de la vialidad en el cantón Nangaritza, logrando optimizar los tiempos de conectividad y garantizando una movilidad segura para los ciudadanos.

Durante su intervención, el alcalde Francisco Cordero manifestó con entusiasmo el impacto positivo de esta adquisición y recordó que esta nueva maquinaria es el resultado del esfuerzo y los recursos de los amazónicos. En este contexto, invitó al personal operativo encargado de las unidades a trabajar con un alto sentido de cuidado y responsabilidad, lo cual garantizará su durabilidad para continuar con el mantenimiento vial y apertura de calles.

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No se puede exigir un buen gobierno con un voto vendido

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Hay una realidad que cada día me preocupa más: la política está dejando de debatirse con ideas para convertirse en un campo de resentimientos. Las redes sociales, que podrían ser una herramienta para vigilar el poder y enriquecer el debate democrático, hoy parecen ser el lugar donde muchos descargan frustraciones personales disfrazadas de defensa del pueblo.

Hace pocos días observé las reacciones a una publicación en la que una asambleísta de nuestra provincia solicitaba seguridad personal. En lo personal, no comparto esa decisión, aunque está en todo su derecho de hacerlo. Pero ese no es el tema de fondo.

Lo verdaderamente preocupante fue leer a ciertos personajes —algunos exfuncionarios, otros profesionales y varios actores políticos— presentarse como defensores de la provincia. Muchos de ellos escribían con una dureza que pretendía aparentar indignación ciudadana. Sin embargo, detrás de varios de esos discursos no se percibe preocupación por la gente, sino el sabor amargo de intereses que nunca fueron satisfechos, es decir; es un interés personal.

Porque hay que decirlo con claridad: no toda crítica nace del compromiso con la sociedad. Hay críticas que nacen porque no hubo un nombramiento, porque no llegó un contrato, porque no existió un favor político o simplemente porque alguien no fue tomado en cuenta. Cuando eso ocurre, la defensa del pueblo deja de ser una convicción para convertirse en una excusa.

Y esa diferencia es enorme.

La democracia necesita una oposición firme, necesita periodistas críticos, ciudadanos vigilantes y voces que fiscalicen el poder. Lo que no necesita son ataques motivados por resentimientos personales. Quien cuestiona únicamente cuando sus intereses fueron afectados no está haciendo política; está cobrando una factura.

También resulta curioso que muchos de los más valientes en las redes sociales desaparezcan cuando tienen la oportunidad de expresar esas mismas opiniones en un debate público o frente a un micrófono. Es más sencillo escribir detrás de una pantalla que sostener una posición con argumentos y responsabilidad.

La política jamás debería medirse por la cantidad de favores recibidos. Un cargo público no existe para repartir puestos de trabajo entre amigos ni para devolver apoyos electorales. Su obligación es servir al conjunto de la sociedad. Cuando reducimos la política al beneficio personal, el desarrollo deja de ser el objetivo y pasa a ser una simple disputa por espacios de poder.

Pero sería injusto señalar únicamente a quienes gobiernan. Los ciudadanos también tenemos una enorme responsabilidad en la calidad de nuestra democracia.

Cada autoridad que hoy ocupa un cargo llegó porque alguien votó por ella. Y aquí aparece una verdad incómoda: quien aceptó dinero, una dádiva o cualquier beneficio para entregar su voto pierde buena parte de la autoridad moral para reclamar después honestidad. El voto no es una mercancía. Cuando se vende, también se vende una parte del futuro colectivo.

No podemos indignarnos por la corrupción si primero normalizamos comprar y vender conciencias durante una campaña electoral. Quien llega al poder repartiendo dinero difícilmente entenderá la política como un servicio. Lo más probable es que la vea como una inversión que deberá recuperar.

Por eso la transformación de una provincia no empieza cuando cambian las autoridades. Empieza cuando cambia la conducta de quienes las eligen.

Necesitamos recuperar algo que parece estar desapareciendo: la autoridad moral para exigir. Esa autoridad no nace del odio ni del resentimiento. Nace de actuar con coherencia. Nace de votar con libertad, de rechazar las dádivas, de denunciar con pruebas, de criticar con argumentos y de exigir pensando en el bien común.

Una provincia no progresa cuando cada grupo pelea por su propio interés. Progresa cuando la ciudadanía entiende que las verdaderas luchas son aquellas que benefician a todos.

El odio nunca ha construido un hospital o una universidad. El resentimiento nunca ha generado empleo. Los insultos jamás han mejorado una escuela ni han abierto una carretera.

Lo que sí cambia una sociedad es una ciudadanía capaz de mirar más allá de sus intereses personales y entender que la política no debe servir para cobrar favores, sino para construir futuro.

Porque, al final, la pregunta no debería ser qué nos dio un político. La verdadera pregunta es qué estamos haciendo nosotros para que la política vuelva a ser un servicio y no un negocio.

Solo cuando podamos responder esa pregunta con honestidad tendremos la autoridad moral para exigir el cambio que tanto reclamamos.

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