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Postminería y futuro amazónico: Cléver Jiménez llama urgente a cambiar el modelo de desarrollo

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En una entrevista concedida al medio digital INFO Zamora, Cléver Jiménez, ex prefecto de Zamora Chinchipe y ex asambleísta del Ecuador, realizó un profundo análisis sobre la realidad actual de la Amazonía ecuatoriana, en el marco de la conmemoración del Día del Oriente Ecuatoriano, destacando la urgente necesidad de replantear el modelo de desarrollo económico del país y de la región amazónica.

Durante el diálogo, Jiménez enfatizó que la Amazonía no puede ser reducida únicamente a su valor extractivo en minerales e hidrocarburos. Señaló que esta región alberga una de las mayores biodiversidades del planeta, con especies únicas de flora y fauna, y, sobre todo, comunidades humanas que históricamente han convivido con la naturaleza y que hoy enfrentan profundas desigualdades estructurales.

Riqueza minera y contradicciones del desarrollo
El ex legislador recordó que la provincia de Zamora Chinchipe es una de las principales aportantes de recursos estratégicos al país, como el oro, el cobre y otros minerales, además de la experiencia histórica de la Amazonía con la explotación petrolera. No obstante, cuestionó que dicha riqueza no se haya traducido en un desarrollo sostenible ni en mejoras tangibles para sus habitantes.

En ese contexto, hizo referencia a más de una década de operación de la empresa Lundin Gold en la provincia, advirtiendo que la minería, al tratarse de una actividad finita, tiene una fecha de caducidad. “Los minerales se van a acabar, y si no planificamos desde ahora, lo que quedará serán pasivos ambientales y una economía debilitada”, afirmó.

Lecciones del pasado: el caso petrolero
Jiménez recordó la experiencia de la provincia de Sucumbíos, donde la explotación petrolera dejó ríos contaminados, suelos degradados y comunidades sin acceso a agua segura, como una advertencia clara de lo que podría repetirse en otras zonas amazónicas si no se toman decisiones responsables. Subrayó que la historia petrolera del Ecuador demuestra que los recursos no renovables deben ser utilizados para transformar la matriz productiva y no para el gasto coyuntural.

Contratos mineros y cuestionamientos constitucionales
El ex asambleísta fue crítico con los contratos firmados entre el Estado ecuatoriano y las empresas mineras transnacionales, como EcuaCorriente S.A., señalando que estos acuerdos no respetan lo establecido en el artículo 408 de la Constitución, que dispone que al menos el 50 % de las utilidades de la explotación de recursos no renovables debe beneficiar al Estado ecuatoriano.

Aclaró que la responsabilidad no recae directamente en las empresas, sino en las autoridades nacionales que negociaron y suscribieron contratos “nefastos” para el país y para la Amazonía, sin garantizar una redistribución justa de la riqueza ni una adecuada remediación ambiental.

Minería a gran escala y pequeña minería
Jiménez diferenció claramente entre la gran minería transnacional y la pequeña minería tradicional desarrollada históricamente por habitantes de sectores como Nambija, Chinapintza y San Luis. En este sentido, planteó la necesidad de regularizar a los pequeños mineros, capacitarlos técnicamente, exigir el cumplimiento de obligaciones tributarias y ambientales, y evitar la persecución sin alternativas de formalización.

Asimismo, recordó que en zonas como San Luis la actividad minera antecede a la declaratoria del Parque Nacional Podocarpus, lo que evidencia la falta histórica de planificación estatal y de control territorial.

Educación superior como eje estratégico
Uno de los ejes centrales del análisis fue la educación como herramienta clave para el desarrollo postminero. Jiménez insistió en el cumplimiento efectivo de la Ley Amazónica, que contempla la creación de una universidad pública en Zamora Chinchipe. Indicó que la sede ya fue definida en el cantón El Pangui, gracias a la gestión del entonces exalcalde Carlos Punín, quien proporcionó un terreno con servicios básicos.

El ex prefecto sostuvo que esta universidad debe contar con todas las carreras y especialidades, incluyendo medicina, ingeniería, arquitectura y otras áreas estratégicas, y no limitarse a ofertas académicas reducidas. “La Amazonía merece las mismas oportunidades que el resto del país; una universidad incompleta sería una forma de discriminación”, puntualizó.

Desafíos futuros y planificación regional
Finalmente, Cléver Jiménez hizo un llamado a las autoridades locales, regionales y al Gobierno Central a coordinar acciones para crear un fondo regional destinado a la vialidad amazónica, financiado con parte de los recursos generados por la minería. Destacó que la conectividad es clave para la producción agrícola, ganadera, turística e industrial.

Concluyó señalando que el verdadero desafío de la Amazonía ecuatoriana es transformar la riqueza temporal de los recursos no renovables en un desarrollo sostenible, basado en la educación, la industria, el turismo, la producción limpia y el respeto al medio ambiente, antes de que los minerales se agoten y el país enfrente consecuencias irreversibles.

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Concejala Ximena Montaño analiza gestión municipal, fiscalización y necesidades del cantón Zamora

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En el marco de una entrevista, la concejala del cantón Zamora, Ximena Montaño, abordó diversos temas de interés público relacionados con la gestión municipal, el estado de la vialidad, el uso de recursos públicos y la situación del sector rural y urbano del cantón.

En el inicio de su intervención, Montaño extendió un saludo conmemorativo por el Día del Maestro, reconociendo la labor de los docentes a nivel cantonal, provincial y nacional, destacando su rol fundamental en la formación de valores y el desarrollo de la sociedad.

Durante el diálogo, la concejala enfatizó su labor de fiscalización, señalando que ha mantenido un trabajo constante tanto en territorio urbano como rural, donde ha podido constatar directamente múltiples necesidades ciudadanas, especialmente en comunidades que carecen de servicios básicos. En este contexto, cuestionó la distribución de recursos y la priorización de obras, indicando que existen sectores rurales que continúan siendo atendidos de manera limitada.

Uno de los puntos centrales de su intervención fue el uso de maquinaria municipal en zonas rurales, particularmente en el sector de Sacanza. Montaño indicó que, si bien es importante apoyar a las comunidades, estos trabajos deben ejecutarse bajo el marco legal correspondiente, mediante convenios interinstitucionales y respetando las competencias establecidas en el Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD). Asimismo, manifestó que no se ha evidenciado documentación formal que respalde ciertas intervenciones.

En cuanto a la vialidad urbana, la concejala expresó su preocupación por el deterioro de calles y espacios públicos, señalando que esta situación afecta directamente la imagen del cantón, el turismo y la reactivación económica. También mencionó deficiencias en el mantenimiento de áreas recreativas y espacios emblemáticos, así como limitaciones en el personal destinado a estas tareas.

Montaño también hizo referencia a la planificación institucional, indicando que existe un incremento significativo en el gasto de personal sin que ello se refleje en una mejora visible en la gestión municipal. En este sentido, destacó la necesidad de una adecuada organización administrativa y el cumplimiento de la normativa vigente, particularmente en relación con la distribución presupuestaria establecida en el modelo 70/30 (obra pública y gasto corriente).

Otro tema abordado fue la recaudación por concepto de uso de la vía pública por transporte pesado, cuyos ingresos, según indicó, deberían destinarse prioritariamente al mantenimiento vial urbano. No obstante, señaló que estos recursos no estarían siendo invertidos conforme a lo estipulado en la normativa.

Finalmente, la concejala reiteró su compromiso con la fiscalización y la transparencia, manifestando que continuará ejerciendo su rol hasta el final de su periodo administrativo. Subrayó que su accionar responde a las demandas ciudadanas y a la necesidad de garantizar un manejo adecuado de los recursos públicos, promoviendo una gestión coordinada y en apego a la ley.

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Día del Maestro Ecuatoriano: Educar es un acto de vida y dignidad

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El Día del Maestro Ecuatoriano es una oportunidad para enaltecer la figura insigne de quien, día a día, madruga, se esfuerza, se desgasta y entrega corazón, vida y pasión por ver crecer —intelectual, emocional y espiritualmente— a otro ser humano. Es, quizá, la única profesión donde se da vida a otra vida; un verdadero trasvase de humanidad.

Educar no es un servicio. Nuestros estudiantes no son clientes ni usuarios, como en algún momento pretendieron reducirlos visiones ajenas al sentido profundo de la educación. Educar es un acto profundamente humano: es sembrar, acompañar y construir vida en el otro. Por ello, saludo con respeto y admiración a todas y todos mis compañeros docentes, a las maestras y maestros que trabajan en cada rincón del Ecuador, y de manera especial al magisterio de mi provincia.

Sin embargo, esta fecha también nos convoca a la reflexión y, por qué no decirlo, a una necesaria rebeldía consciente. Hoy, la educación atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. Esta realidad no es reciente: se gestó hace décadas, cuando gobiernos distantes de la esencia del acto educativo redujeron la docencia a un oficio cualquiera, debilitando el mérito profesional, desvalorizando la autoridad pedagógica y relegando el papel fundamental de la familia.

En ese proceso, se impuso una interpretación distorsionada de los derechos humanos, desligada de los deberes, que terminó por desdibujar valores esenciales como la ética, la responsabilidad, el respeto, la disciplina, el autocontrol y la cultura del esfuerzo. Así, el aula dejó de ser, en muchos casos, un espacio de formación integral para convertirse en un escenario de tensiones donde el docente pierde respaldo y la comunidad educativa se fragmenta.

El Ecuador enfrenta hoy un sistema educativo marcado por la improvisación, con modelos que cambian constantemente y que muchas veces no responden a la realidad social del país. Se priorizan decisiones administrativas cuestionables antes que la dignificación del docente; se descuida la inversión en infraestructura, innovación pedagógica y condiciones adecuadas para el aprendizaje. La carrera profesional docente, lejos de fortalecerse, permanece estancada, sin una gestión eficiente del escalafón que garantice justicia, motivación y reconocimiento al mérito.

Frente a este panorama, es urgente levantar la voz. Porque la educación no es un gasto: es la inversión más poderosa para transformar una nación. La inseguridad y la violencia que hoy golpean al país no se resolverán únicamente con medidas de fuerza; su solución profunda está en la educación: en la familia, en el barrio, en la escuela, en el magisterio.

Se requiere una política educativa seria, coherente y sostenida, acompañada de un marco legal que promueva no solo derechos, sino también responsabilidades; que nos permita, como sociedad, reeducarnos, sanar y reconstruir el tejido humano.

Ser docente en el Ecuador hoy es, más que nunca, un acto de valentía. Pero también es un acto de esperanza. Y desde esa esperanza —crítica, consciente y comprometida— nace nuestra rebeldía: la de no renunciar jamás a la misión de educar y transformar vidas.

Con profundo afecto. Claudio Torres.

 

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La independencia judicial en Ecuador

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Hoy, en esta columna, quiero hablarte de la independencia judicial, y partir con una pregunta, querido lector: ¿estamos ante un sistema que realmente protege la autonomía de los jueces o frente a uno que, en la práctica, la condiciona?

En Ecuador, la justicia atraviesa un momento crítico. Mientras la Constitución reconoce la independencia judicial como uno de los pilares fundamentales del Estado de derecho, en la realidad comienzan a aparecer señales preocupantes que ponen en duda su vigencia efectiva. Jueces cuestionados por el contenido de sus fallos, procesos disciplinarios que desbordan el ámbito estrictamente jurídico y una presión mediática que transforma los casos en verdaderos juicios paralelos configuran un escenario complejo, tenso y profundamente delicado.

Esta columna no pretende defender decisiones judiciales específicas ni justificar actuaciones concretas. Busca, más bien, poner en evidencia una problemática estructural que, de no ser enfrentada con seriedad, amenaza con debilitar uno de los cimientos esenciales de toda democracia: la existencia de una justicia libre, imparcial y verdaderamente independiente.

En un Estado constitucional de derechos y justicia como el Ecuador, la independencia judicial no es un privilegio de los jueces, sino una garantía esencial para la ciudadanía. Implica que quienes administran justicia puedan resolver los conflictos sometidos a su conocimiento con base exclusiva en la Constitución, la ley y su convicción jurídica, sin presiones externas, interferencias políticas, mediáticas o institucionales. En otras palabras, la independencia judicial asegura que las decisiones no respondan a intereses de poder, sino al derecho.

Sin embargo, esta premisa que debería ser incuestionable hoy enfrenta una crisis evidente. La realidad muestra un escenario donde los jueces, lejos de actuar con plena autonomía, se encuentran constantemente expuestos a mecanismos de presión que condicionan su actuación. Esto no solo debilita la función judicial, sino que erosiona la confianza ciudadana en el sistema de justicia.

Uno de los elementos más preocupantes es la utilización de herramientas institucionales para cuestionar decisiones jurisdiccionales. Cuando un juez resuelve un caso en ejercicio de sus competencias, su decisión puede ser impugnada mediante los recursos previstos en la ley. Ese es el camino legítimo dentro de un Estado de derecho. No obstante, lo que se observa en la práctica es algo distinto; decisiones judiciales que generan reacciones inmediatas no en el plano jurídico, sino en el disciplinario o incluso en el mediático.

Instituciones como el Consejo de la Judicatura, encargadas de la administración y disciplina de la Función Judicial, han sido señaladas en múltiples ocasiones por iniciar procesos administrativos contra jueces a raíz del contenido de sus fallos. Esto plantea una pregunta de fondo: ¿puede un juez ser sancionado por el criterio jurídico que adopta en una resolución? Si la respuesta es afirmativa, entonces la independencia judicial deja de existir y se convierte en una ficción.

El Caso denominado Goleada refleja con claridad esta problemática. Más allá de las particularidades del caso, lo que resulta alarmante es la reacción institucional frente a las decisiones adoptadas por los jueces. La intervención de la Fiscalía General del Estado, promoviendo acciones y cuestionamientos públicos, así como la apertura de procesos en el ámbito disciplinario, evidencia un entorno donde el juez no solo debe aplicar el derecho, sino también anticipar las consecuencias personales y profesionales de su decisión.

A esto se suma un factor igualmente determinante, la presión mediática. En la actualidad, los procesos judiciales de relevancia pública son sometidos a un juicio paralelo, donde la narrativa construida por los medios de comunicación influye de manera directa en la percepción social del caso. Este fenómeno genera un ambiente adverso para la labor judicial, pues cualquier decisión que no coincida con la expectativa mediática puede ser interpretada como irregular o incluso corrupta.

El problema no radica en la crítica que es legítima en una sociedad democrática, sino en la forma en que esta crítica se traduce en consecuencias reales para los jueces. Cuando la opinión pública, alimentada por información parcial o sesgada, se convierte en un factor de presión, la independencia judicial se ve seriamente comprometida.

Ergo, el juez que decide actuar conforme a su criterio jurídico enfrenta un dilema complejo; resolver de acuerdo con el derecho o ceder ante las presiones externas para evitar represalias. Y es aquí donde se pone a prueba la solidez del sistema. Un sistema que castiga la independencia y premia la complacencia no puede considerarse un verdadero Estado de justicia.

No se trata de defender decisiones judiciales específicas ni de afirmar que todos los jueces actúan correctamente. El sistema de justicia, como cualquier otro, no está exento de errores o incluso de actos indebidos. Sin embargo, el control de esas actuaciones debe darse a través de los mecanismos legales establecidos, no mediante presiones que desnaturalizan la función jurisdiccional.

La independencia judicial no puede ser entendida como un concepto abstracto o meramente declarativo. Debe materializarse en garantías reales que protejan a los jueces frente a cualquier tipo de injerencia. Esto implica, entre otras cosas, limitar el uso del régimen disciplinario a conductas verdaderamente reprochables y no a la discrepancia jurídica, así como promover una cultura institucional que respete la autonomía de la función judicial.

En definitiva, lo que está en juego no es la estabilidad de un juez en particular, sino la credibilidad de todo el sistema de justicia. Cuando la ciudadanía percibe que las decisiones judiciales responden a presiones y no al derecho, la confianza se desvanece y el Estado de derecho se debilita.

Ecuador enfrenta hoy un desafío importante, decidir si quiere consolidar un sistema de justicia independiente o continuar en una dinámica donde la presión, el miedo y la exposición mediática condicionan la labor judicial. La respuesta a esta cuestión definirá no solo el presente, sino el futuro de la justicia en el país.

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