La Parroquia La Paz se despierta con los primeros rayos de sol, y con ellos, el incansable ritmo de los jornaleros que día a día construyen el futuro de sus comunidades. Entre estos dedicados trabajadores, encontramos a Oswaldo Nanchi, un joven que sonríe mientras comparte su rutina diaria, sin ningún atisbo de vergüenza.
Oswaldo es un personaje vital en la construcción de la cubierta para la cancha del barrio Washikiat, en el Cantón Yacumbi. Su trabajo consiste en llevar material en tarabita, una labor tan arriesgada como esencial. «Nosotros así nos sacrificamos todos los días», nos dice con una sonrisa que refleja tanto orgullo como esfuerzo.
La tarabita, un sistema de transporte que parece desafiar las alturas y la gravedad, se convierte en el vehículo de la arena, el cemento y, al final del día, del propio Oswaldo. «El primer día que crucé en la tarabita sí me dio un poquito de miedo, pero es una linda experiencia para contarle a mi familia cómo me sacrifico para llevarles el sustento diario».
Oswaldo es un jornalero que, como muchos otros, enfrenta las críticas por su vestimenta de trabajo. «Nosotros somos los más criticados por nuestra ropa, pero así prestamos servicio diariamente, semanal y mensualmente. Este trabajo es sacrificado, pero estamos trabajando muy duro para ver cristalizada la obra».
Agradecido por la visita de Diario El Amazónico, Oswaldo nos habla con franqueza. «Nosotros así nos sacrificamos para llevar el pan de cada día a nuestros hogares. Este trabajo es muy duro, y con el esfuerzo que estamos haciendo, creo que en unos pocos meses ya estaremos inaugurando la cubierta».
La humildad y el esfuerzo de Oswaldo y sus compañeros contrastan con la indiferencia que a menudo enfrentan. «Es cierto que las autoridades gestionan estas importantes obras, pero somos los albañiles y la mano de obra local quienes ponemos la fuerza y las ganas. Nos regimos a los parámetros de las construcciones, utilizando casco y chaleco como manda la normativa».
Oswaldo reflexiona sobre la desigualdad en el reconocimiento y las recompensas. «Un buen obrero construye grandes edificios. Hay muchos arquitectos e ingenieros civiles que solo están mirando cómo trabajamos nosotros. Estamos encima trabajando, quienes sacamos las obras somos nosotros, los que trabajamos más y ganamos menos. Pero lo importante es que tenemos trabajo, aunque no ganemos más de un salario básico».
Con una mezcla de orgullo y resignación, Oswaldo nos muestra la realidad de su día a día. «Desde que iniciamos la obra, llevo los materiales en la tarabita, y cuando se termina el día, yo también me cruzo en la misma tarabita. Es una linda experiencia para mí».
Finalmente, Oswaldo nos despide con un mensaje de esperanza y gratitud. «Gracias a Dios no ha pasado nada hasta el momento. Envío un saludo a mis grandes amigos de la construcción. Nunca pensé que saldría en un medio de comunicación tan importante como Diario El Amazónico».
Así, desde las alturas de la tarabita hasta el suelo de la cancha en construcción, Oswaldo Nanchi nos recuerda que detrás de cada obra hay historias de sacrificio, valentía y dedicación. Historias que merecen ser contadas y celebradas, porque son el verdadero cimiento de nuestras comunidades.





