Descalificar a un candidato por ser maestro, emprendedor o vendedor no solo revela pobreza de argumentos; también demuestra cuánto nos falta por aprender como sociedad.
Por: Alcíbar Lupercio
Periodista
Es preocupante observar cómo, en medio de un proceso electoral, aparecen cuentas anónimas, páginas de trolls y campañas de desprestigio que, en cuestión de segundos, intentan destruir la reputación de una persona para favorecer a determinado candidato. La política puede ser apasionada, incluso confrontativa, pero jamás debería convertirse en un escenario donde el odio, la discriminación y la descalificación personal pretendan reemplazar el debate de ideas.
Hay comentarios que no deberían pasar inadvertidos para una sociedad que aspira a madurar. Uno de ellos, dirigido contra el candidato a la Alcaldía de Yantzaza, Manuel Valdivieso, decía: «Este simple profesor vendedor de leche jamás será alcalde».
¿En qué momento ser maestro o emprendedor se convirtió en motivo de vergüenza? ¿Desde cuándo ganarse la vida honestamente, comercializar un producto o generar ingresos con esfuerzo propio representa una descalificación?
La expresión no solamente pretende menospreciar a un candidato. También ofende a los maestros, hombres y mujeres que han dedicado su vida a formar generaciones, a quienes hoy son profesionales, autoridades y ciudadanos que contribuyen al desarrollo de nuestra provincia. Asimismo, golpea injustamente a los emprendedores y comerciantes, un sector digno que dinamiza la economía, genera oportunidades y sostiene a miles de familias.
En lo personal, conozco de cerca a Manuel Valdivieso. Sé de su trayectoria como educador y de su preparación académica. Es un profesional de las matemáticas, evaluador internacional para el Bachillerato Internacional y participante de procesos de formación y capacitación especializada. Su recorrido en el ámbito educativo merece respeto. Se puede cuestionar su candidatura, sus propuestas o su visión política, pero reducir su trayectoria a una frase despectiva es desconocer el valor de la educación y del trabajo honesto.
Por eso, no debería sorprendernos que un emprendedor, un comerciante, un maestro o cualquier ciudadano de origen humilde aspire a representar a su pueblo. La dignidad no depende del apellido, del dinero, de la actividad económica ni de la posición social. Depende de los valores, la preparación, la honestidad y la capacidad de servir.
También corresponde exigir responsabilidad a las plataformas digitales. Facebook debe actuar frente a las páginas y cuentas que promueven campañas de odio, discriminación y xenofobia, aplicando sus normas y retirando los contenidos que las infrinjan. La libertad de expresión no puede utilizarse como excusa para normalizar el hostigamiento.
Yantzaza y Zamora Chinchipe necesitan una campaña de altura. Una campaña donde se discutan proyectos, soluciones, experiencia, educación, producción, empleo y desarrollo. Donde los candidatos demuestren por qué merecen la confianza ciudadana, sin necesidad de destruir al adversario.
El 29 de noviembre pasará la jornada electoral. Las diferencias políticas quedarán atrás y todos tendremos que seguir compartiendo nuestras comunidades, trabajando y construyendo el futuro de nuestra provincia. Ninguna elección debería dejarnos una sociedad enfrentada por el odio.
Mi reconocimiento y felicitación a todos los candidatos que han asumido el desafío de recorrer comunidades, escuchar a la ciudadanía y exponer sus propuestas. La política es una actividad difícil y exige responsabilidad, carácter y compromiso.
A los jóvenes, especialmente, les corresponde una tarea fundamental: no reproducir los viejos vicios de la política ni convertir las redes sociales en trincheras de agresión. Hagamos la diferencia.
Que las urnas decidan entre propuestas, no entre insultos. Que prevalezcan las ideas sobre los ataques y el respeto sobre la discriminación. Porque una sociedad que desprecia a sus maestros y avergüenza a sus emprendedores difícilmente podrá construir un futuro mejor.
La bandera debe ser la del trabajo, la dignidad y el respeto. Solo así podremos construir una mejor sociedad.





