Noticias Zamora
Kaoba: la madera sonora de la Amazonía que cumple tres décadas de historia musical
En Zamora Chinchipe, donde la selva guarda memoria en cada árbol y los ríos arrastran historias antiguas, también nació una melodía que con el tiempo se convertiría en identidad. Así surgió Kaoba, un proyecto musical que, más que un trío, se ha convertido en un símbolo cultural que entrelaza amistad y vocación artística. Treinta años después de sus primeros acordes, su historia continúa resonando con la misma sensibilidad con la que empezó: en una oficina, entre guitarras prestadas, sueños compartidos y la persistencia de la música.
La historia se remonta a 1996, cuando Armando Romero, entonces promotor cultural en la Dirección de Educación de Zamora Chinchipe —hoy Distrito 19D01—, impulsó la iniciativa de conformar un trío masculino. En aquel tiempo compartía labores con José “Pepe” Tandazo, Armando, quien rondaba los 25 años y con quien pronto encontraría una afinidad artística que trascendería las tareas institucionales.
Romero siempre se ha distinguido por su espíritu solidario y su disposición para abrir puertas. Aquella cualidad sería decisiva en el origen del grupo. En abril de ese año, un grupo de jóvenes provenientes de la Costa llegó a su oficina solicitando una guitarra para realizar una presentación artística. Entre ellos se encontraba un imitador del recordado Julio Jaramillo y dos jóvenes más. La guitarra fue prestada con naturalidad; sin embargo, aquel gesto aparentemente sencillo marcaría el inicio de una historia mayor.
Durante la presentación, Romero y Tandazo conocieron a Ángel Íñiguez, zamorano que había migrado a la Costa y que, motivado por aquel encuentro, decidió permanecer en su tierra natal. Desde entonces, la música empezó a tejer la primera estructura de lo que más tarde sería Kaoba.
Los ensayos surgieron de con el sueño de mejorar cada día sus habilidades . En la oficina donde trabajaban, aprovechaban los momentos libres para practicar, pues su jefe de entonces, Guillermo Márquez, no veía con buenos ojos las constantes salidas vanas ni las perdidas de tiempo. Durante la jornada laboral se dedicaban a la escritura de libros y a la organización de eventos culturales con niños de las escuelas; pero en los espacios disponibles, entre papeles y responsabilidades institucionales, nacían acordes, armonías y proyectos musicales.
Ángel Íñiguez, quien atravesaba una etapa sin empleo, comenzó a asistir con frecuencia a la oficina y pronto se integró al proceso creativo. El trío tomó forma con naturalidad, impulsado por la pasión por la música y la complicidad artística de sus integrantes.
Cuando el proyecto empezó a consolidarse, surgió la necesidad de nombrarlo. El nombre Kaoba apareció como una evocación simbólica de la caoba, una madera fina y representativa de la Amazonía, hoy cada vez más escasa. El término no solo representaba nobleza y resistencia, sino también la profunda conexión del grupo con el territorio amazónico.
Durante los primeros cinco años, el trío mantuvo una intensa actividad musical. Sin embargo, en el año 2000, José “Pepe” Tandazo se trasladó a la ciudad de Loja, lo que provocó una primera transformación en la agrupación. Durante un breve período, Armando Romero continuó la actividad musical junto al destacado músico lojano Raúl Tapia.
Posteriormente, una nueva etapa llevó a Romero a la ciudad de Cuenca, tras recibir la invitación de Cosme Ordóñez, músico lojano radicado en esa ciudad. Allí se conformó el Dúo Renacer, proyecto con el cual se grabó un disco compacto, formato que en ese momento representaba una innovación tecnológica dentro de la industria musical. En esa etapa, Kaoba entró en una pausa natural, pues Romero mantenía la convicción de pertenecer únicamente a un proyecto musical a la vez.
Cabe recordar que antes de esta experiencia, el trío ya había registrado su trabajo discográfico mediante dos producciones en formato casete, lo que evidencia la evolución tecnológica que ha acompañado su trayectoria artística.
La carrera de Armando Romero refleja, de hecho, una transición histórica en los formatos de grabación musical. Desde el acetato —soporte en el que registró su primer disco tras ganar un concurso— hasta las actuales plataformas digitales, su recorrido resume varias décadas de transformación en la industria musical.
En 2002, Romero regresó a Zamora para integrarse laboralmente al Municipio de la ciudad. Con su retorno, también renació el trío Kaoba, esta vez junto a Raúl Tapia y nuevamente José Tandazo, retomando la esencia del proyecto inicial.
Paralelamente, una nueva generación comenzaba a integrarse al universo musical de la agrupación. Bryan Armando Romero, hijo de Armando, había desarrollado desde muy temprana edad una notable habilidad con el requinto. A los 11 años ya acompañaba a su padre en presentaciones musicales, y a los 13 grabó su primer disco en formato CD en los estudios M1 de Cuenca. Posteriormente realizaría un segundo trabajo discográfico junto al reconocido músico Byron Macías.
Con el paso de los años, Bryan no solo consolidó su talento, sino que se convirtió en una pieza fundamental dentro de Kaoba como requintista y segunda voz. Su trayectoria alcanzó un importante reconocimiento en 2015, cuando, con apenas 21 años, obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional del Requinto de Oro “Luthier Hugo Chiliquinga”, uno de los certámenes más relevantes para este instrumento en el país.
A lo largo de sus tres décadas de historia, Kaoba ha contado con la participación de diversos músicos, especialmente provenientes de la provincia de Loja. Entre ellos destacan Cristian Tandazo, Miguel Pitizaca, Claudio Samaniego Wilson Maza y Paul Caraguay, Raúl Campoverde, Ronier Salazar, Byron Guayllas quienes contribuyeron en distintas etapas al desarrollo musical del grupo; es importante también mencionar que hubo la colaboración con Arturo Jiménez, un reconocido requinto Zamorano, quien juntó a Ángel Iñiguez y Armando Romero, grabaron un que hacer en vivo en los estudios de el señor Alonso Márquez
No obstante, quienes han permanecido de manera constante durante más de dos décadas y actualmente integran la agrupación son Kuri Amauta Puchaicela, pianista; Juan Carlos Sinche, bajista; y Bryan Armando Romero, requintista y segunda voz. A ellos se sumó recientemente Óscar Castillo, destacado guitarrista y requintista que se integró al proyecto hace aproximadamente un año.
Hoy, Kaoba continúa adaptándose a los nuevos tiempos sin perder su esencia. La agrupación mantiene presencia activa en plataformas digitales como TikTok, YouTube y Facebook, donde comparte semanalmente contenido musical, acercando su propuesta a nuevas audiencias y reafirmando su vigencia en el escenario cultural.
La historia de Kaoba es, en esencia, la historia de la música que resiste, que se transforma y que permanece. Como la madera que inspira su nombre, su sonido conserva la nobleza de sus raíces amazónicas.
En este contexto, el grupo se prepara para celebrar sus 30 años de trayectoria artística con un concierto especial que se realizará el 19 de marzo a las 20:00 en el Teatro Bolívar de la ciudad de Loja, en el marco de la programación del Mes de la Música organizada junto a la Orquesta Sinfónica del Municipio de Loja.
Será una noche para recorrer tres décadas de memoria musical, pero también un gesto de gratitud hacia el público que ha acompañado a Kaoba dentro y fuera del país. Porque, al final, la música —como la caoba de la selva— perdura cuando sus raíces se mantienen firmes en la tierra que la vio nacer.
Noticias Zamora
Drenaje de fincas fortalecen la producción de Paquisha
La Subdirección de Riego y Drenaje de la Prefectura de Zamora Chinchipe recuperó 488 hectáreas de tierras pantanosas en la parroquia Bellavista del cantón Paquisha. Paralelamente a este proyecto fueron entregadas 500 plantas, entre forestales y frutales, a 24 productores del barrio San Francisco.
Los beneficiarios se hicieron acreedores a estas plantas debido a que sus terrenos fueron mejorados con la construcción de canales de drenaje. Entre las plantas entregadas, tanto frutales como forestales, constan: cacao, mandarina, toronja, naranja, limón agrio, níspero, guararo, laurel costeño y zamique. Además, se entregó abono orgánico, cal y abono foliar.
Fabricio Quezada, subdirector de esta área, mencionó: “La familia del Gobierno Provincial tenemos todo el ánimo de trabajar. Estas plantas tienen que ser sembradas y, más adelante, servirán para la protección de las riberas y los sembríos. Agradecer a cada uno de los beneficiarios por ese interés en favor de la producción. Siempre cuentan con el equipo de Riego y Drenaje; estamos para continuar con ese mismo compromiso y con el mismo ñeke”.
Para el beneficiario Juan Ochoa Delgado, estos drenajes fueron lo mejor que se ha realizado en sus terrenos. Tiene 30 vacas de leche y ahora ya pueden estar comiendo incluso el pasto, porque el suelo ya no es pantanoso. “Todos los días ordeño a las vacas y vendo el producto. En nombre del barrio San Francisco, muchas gracias a la Prefectura por ese apoyo a los productores y para que el terreno esté ya productivo en la zona”, indicó.
Para la presidenta de la parroquia Bellavista, Tatiana Calva, el haber llegado con estos insumos y plantas a los beneficiarios de los drenajes es bueno y digno de felicitar. “Reitero ese trabajo en unidad con la señora Prefecta. Los resultados están a la vista de todos…”, expresó.
Frente a ello, la prefecta Karla Reátegui, dice que es importante el trabajo que vienen realizando en favor de la producción, “en toda la provincia estamos trabajando con la ganadería, con las plantas, con los drenajes, con los emprendimientos (…), es bonito saber que, desde nuestra institución, a través de los diferentes equipos técnicos están aportando al desarrollo de la economía de las familias”.
Noticias Zamora
Con $1,3 millones inicia obra de asfalto, aceras y bordillos en Tundayme
La parroquia Tundayme, del cantón El Pangui, avanza hacia un hito histórico al proyectarse como la primera en alcanzar el 100% de sus calles urbanas asfaltadas. Este importante logro es posible gracias a la gestión de la Alcaldía de El Pangui, liderada por el alcalde Jairo Herrera, ante el Gobierno Nacional, a través de la Secretaría Técnica de la Amazonía (STA), que permitió concretar el inicio de la obra “Construcción de asfalto, aceras y bordillos de varias calles de la cabecera parroquial”, un proyecto que impulsa el desarrollo y mejora la calidad de vida de sus habitantes.
La obra contempla una inversión de $1’365.694, financiada con recursos no reembolsables, y permitirá la intervención de 2,3 kilómetros de calles, consolidando la infraestructura vial urbana de la parroquia.
Odalia Bonilla, beneficiaria del sector, destacó la importancia de esta obra “hoy es un día histórico para nuestra parroquia, es un logro que nos llena de alegría. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a la gestión del ingeniero Jairo Herrera, alcalde de nuestro cantón. Tundayme es un territorio que aporta mucho al país y hoy empieza a recibir lo que merece. Este asfalto no es solo pavimento, es progreso, bienestar y seguridad para nuestras familias”.
Por su parte, Rita Andy, subsecretaria de la STA en delegación del presidente de la cartera de estado, Oswaldo Valverde, resaltó el trabajo articulado entre autoridades “es fundamental la unión de esfuerzos para concretar obras en beneficio de la Amazonía. Esta parroquia ha aportado durante muchos años al país y hoy el Gobierno retribuye con esta importante obra”.
Finalmente, el alcalde Jairo Herrera señaló que este proyecto ha sido una prioridad desde el inicio de su administración “esta es una obra anhelada por la ciudadanía. Empezamos con los estudios, luego postulamos el proyecto, fue aprobado el año pasado y hoy se hace realidad. Transformaremos completamente la zona urbana con recursos no reembolsables. Agradecemos al Gobierno Nacional y a la Secretaría de la Amazonía por su apoyo”.
Durante el acto oficial, el alcalde Jairo Herrera y la subsecretaria Rita Andy realizaron la colocación de la primera piedra y el encendido de maquinaria, marcando el inicio de la obra. Como parte del evento también se llevó a cabo la bendición de los trabajos, la entrega de placas de reconocimiento y presentaciones culturales que resaltaron la identidad de la parroquia.
Esta obra representa un paso firme hacia el fortalecimiento de la infraestructura urbana de Tundayme, reflejando el compromiso institucional de gestionar recursos y ejecutar proyectos que generen desarrollo, mejoren la movilidad y eleven la calidad de vida de sus habitantes.
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El deterioro del transporte público; un problema que empieza en lo simple
Hablar del transporte público en nuestro país se ha vuelto algo tan común. Todos coinciden en que está en crisis; unidades en mal estado, inseguridad, informalidad y falta de control. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar un elemento igual de importante, aunque más sutil, la calidad del servicio humano.
Hoy quiero partir de algo simple, pero que vale la pena analizarlo.
Subirse a un taxi o a un bus urbano debería ser una experiencia básica de convivencia social. Un saludo, por ejemplo, no cuesta nada. Es un acto mínimo de cortesía que demuestre respeto hacia el usuario. Sin embargo, lo que encontramos con frecuencia es todo lo contrario, conductores que no saludan, que no establecen ningún tipo de interacción, que parecen haber normalizado la indiferencia.
Pero el problema no termina ahí. Es cada vez más común observar conductores utilizando el teléfono celular mientras manejan. Una mano en el volante, la otra en el dispositivo. Esto no solo evidencia una falta de profesionalismo, sino que pone en riesgo directo la vida de los pasajeros y de terceros. Lo alarmante es que esta conducta ya no sorprende; se ha vuelto parte del paisaje cotidiano.
En los buses urbanos, la situación no es muy distinta. Conducción agresiva, desatención, falta de trato adecuado al usuario. Parecería que el transporte público ha dejado de entender que presta un servicio esencial, que trabaja con personas, no con objetos.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿dónde está la verdadera deficiencia?
Más allá de las políticas públicas, de la renovación de flotas o de las regulaciones, el problema también radica en la pérdida de estándares básicos de conducta. En la ausencia de una cultura de servicio. En la falta de conciencia de que conducir transporte público no es solo manejar un vehículo, sino asumir una responsabilidad social.
No se trata únicamente de grandes reformas estructurales. A veces, el cambio empieza por lo más sencillo; un saludo, el respeto a las normas de tránsito, la atención al usuario, la responsabilidad al volante.
Porque cuando lo básico falla, todo lo demás también se deteriora.
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