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Nacionales

Jefe de sicarios de Los Tiguerones fue detenido en operativo del toque de queda en Guayas

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Guayas es una de las cuatro provincias incluidas en el toque de queda, que inició el 15 de marzo y dejó más de 250 detenidos, la mayoría por violar esta norma. Pero entre los aprehendidos está Bryan Macías, alias ‘La Perris’, quien sería parte de la banda criminal Los Tiguerones.

Según información del Ejército de Ecuador, que apoya a la Policía Nacional en las intervenciones del toque de queda, alias ‘La Perris’ fue detenido en Santa Lucía, Guayas.

«La operación se desarrolló mientras el individuo se movilizaba en un vehículo por el ingreso al sector Fátima. Al percatarse de la presencia militar intentó darse a la fuga acelerando el automotor», dijo el Ejército sobre el hombre detenido.

Desde El Oro, donde también rige el toque de queda, el ministro del Interior, John Reimberg, aseguró que este sujeto detenido es jefe de sicarios de Los Tiguerones y «tiene varias muertos en su historial delictivo».

Reimberg no dio más declaraciones sobre esta y otras detenciones ni resultados del toque de queda, que estará vigente hasta el 30 de marzo.

Pese a tratar de huir, alias ‘La Perris’ fue interceptado y aprehendido por personal militar, y se le decomisó un arma de fuego.

Además de esta detención, el Ministerio de Defensa informó de la destrucción de dos ‘guaridas’ del terror’, o lugares que usan las bandas en Durán para sus operaciones delictivas.

En estas operaciones contra el narcotráfico, decretada por el gobierno de Daniel Noboa, Ecuador cuenta con apoyo de Estados Unidos a través del Comando Sur, y amparado en la reciente estrategia militar ‘Escudo de las Américas’.

El toque de queda, que afecta a las provincias del Guayas, El Oro, Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas, y se mantendrá hasta fin de mes, se decretó en el marco de la «guerra» desplegada por el Gobierno contra el crimen organizado y la inseguridad. Fuente: Primicias

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Cisma en el movimiento RETO: dirigentes acudirán al TCE para desconocer a Raúl Chávez

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La convención nacional del movimiento RETO, realizada el 14 de marzo en Guayaquil, está lejos de poner fin a las discrepancias internas que mantiene una facción de la agrupación con su presidente, el asambleísta Raúl Chávez.

El encuentro tuvo como objetivo elegir a 18 directivas provinciales y la directiva nacional, y Chávez obtuvo el respaldo de los presentes para continuar al frente de la organización política, cercana a la Revolución Ciudadana (RC).

«Aquiles» y «libertad», fueron algunas de las proclamas que se escucharon en el cónclave en respaldo al alcalde de Guayaquil, Aquiles Alvarez -investigado por delincuencia organizada con fines de lavado de activos- y quien es parte de RETO.

En un comunicado, la organización política anunció que el evento se desarrolló con «transparencia, paz y respeto», bajo la observación del Consejo Nacional Electoral (CNE), que tiene la última palabra para reconocer y calificar las directivas.

«En RETO no hay facciones. Somos una organización unida. Voces aisladas, financiadas por terceros, no representan a la mayoría que aprobó cada punto del orden del día con un respaldo contundente», aseguró el movimiento.

A raíz de esta convención, según los dirigentes de RETO, podrán empezar a construir los cuadros de candidatos que propondrán para las elecciones seccionales de febrero de 2027 en Ecuador.

En la cita de Guayaquil, se pudo ver a actores políticos identificados con el correísmo como Mauro Andino -que fue candidato a asambleísta por Pachakutik en 2025- y Leonardo Berrezueta, que en el periodo legislativo anterior fue parte del correísmo.

Y es que RETO es un movimiento clave para el correísmo, mucho más luego de que la RC5 fue suspendida temporalmente por el TCE, poniendo en riesgo sus candidaturas en las seccionales.

Además, Chávez es muy cercano a Aquiles Alvarez desde la época colegial e impulsó su candidatura a la alcaldía de Guayaquil, consiguiendo el apoyo del correísmo.

De hecho, la actual alcaldesa subrogante de Guayaquil, Tatiana Coronel, es una cuota política de RETO en el concejo municipal de la ciudad. Fuente: Primicias 

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Nacionales

Fuerzas Armadas destruyen ‘guaridas del terror’ en Durán durante la primera noche del toque de queda

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El ministro de Defensa de Ecuador, Gian Carlo Loffredo, supervisó durante la madrugada de este lunes operaciones ejecutadas por las Fuerzas Armadas en el cantón Durán, provincia del Guayas, en el marco de la primera noche del toque de queda decretado por el Gobierno.

Según informó la cartera de Estado a través de un boletín oficial, las intervenciones permitieron desarticular infraestructuras utilizadas por estructuras criminales para controlar territorios y cometer delitos como secuestro y extorsión.

“Guaridas del terror fueron destruidas en Durán, en la primera noche del toque de queda”, señaló el Ministerio de Defensa en un mensaje difundido en redes sociales.

Las intervenciones forman parte de los operativos desplegados durante el estado de excepción y el toque de queda que rige entre las 23:00 y las 05:00 desde el 15 hasta el 30 de marzo en las provincias de Guayas, Los Ríos, El Oro y Santo Domingo de los Tsáchilas.

Antes de la entrada en vigor de la medida, el ministro del Interior, John Reimberg, anunció el despliegue de 35.000 efectivos de la Policía Nacional del Ecuador para ejecutar operativos en estas jurisdicciones.

A su vez, el Ministerio de Defensa informó que más de 30.000 militares se encuentran desplegados en estas provincias para ejecutar acciones contra la minería ilegal, el narcotráfico y los grupos de delincuencia organizada.

Una de las operaciones se ejecutó en una vivienda ubicada en el sector El Arbolito, que era utilizada como punto estratégico de vigilancia por integrantes del Grupo de Delincuencia Organizada CK.

El inmueble pertenece a un sujeto conocido con el alias “Bob Marley”, señalado como cabecilla de la facción CK BM y quien actualmente se encuentra recluido en la Cárcel del Encuentro, el centro carcelario de máxima seguridad del Estado, ubicado en la provincia de Santa Elena.

En el lugar, las fuerzas militares encontraron infraestructura tecnológica destinada a monitorear accesos y movimientos en el sector, considerado un área hiperfocalizada de violencia dentro del cantón.

Entre los elementos incautados se identificaron cámaras de videovigilancia tipo bala y domo, equipos de comunicación, módems de internet, un repetidor de señal, router, DVR, cableado coaxial y reflectores.

También se encontraron armas blancas, municiones de distintos calibres, una gramera, una pipa artesanal y varias dosis de sustancias sujetas a fiscalización.

Según las autoridades, este sistema era utilizado por la organización criminal para vigilar los accesos estratégicos del sector y mantener control territorial.

Sitio clandestino para secuestros

En un operativo paralelo, en el sector Fincas Delia, también en Durán, militares localizaron un área utilizada por el mismo grupo delictivo para retener a víctimas de secuestro y extorsión.

En el lugar se identificó una estructura improvisada construida con caña y madera que funcionaba como sitio clandestino de cautiverio.

Posteriormente, personal especializado en demoliciones de las Fuerzas Armadas procedió a destruir e inhabilitar completamente la infraestructura, con el objetivo de impedir que vuelva a ser utilizada por la organización criminal.

Crisis de seguridad

El toque de queda se aplica en medio de la crisis de seguridad que atraviesa Ecuador. Desde enero de 2024 rige en el país la declaratoria de conflicto armado interno en Ecuador, con la que el Gobierno busca combatir a organizaciones criminales vinculadas principalmente al narcotráfico y la minería ilegal.

Pese a estas medidas, 2025 cerró como el año más violento registrado en el país, con 9.235 homicidios, según cifras del Ministerio del Interior de Ecuador. Fuente: Vistazo

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‘Yo no quería irme, tenía mi vida en Ecuador’: las extorsiones generan que ecuatorianos huyan a los Estados Unidos

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NUEVA YORK. En Machala, Ana había empezado a construir algo que para ella significaba mucho más que un trabajo. Tenía poco más de veinte años, dos hijos pequeños y un puesto en una tienda de electrodomésticos donde había aprendido a detalle sobre televisores, refrigeradoras, o cualquier otro aparato. Primero fue secretaria, luego pasó a atender clientes en el almacén y finalmente pidió una oportunidad en ventas. Nadie esperaba demasiado de una vendedora sin experiencia, pero las cifras comenzaron a hablar por ella. Vendía más que muchos de sus compañeros y, al cabo de dos años, ya supervisaba a un pequeño equipo. En su vida empezaban a aparecer señales de estabilidad que antes no había conocido.

Sus ojos se llenan de emoción cuando habla de esa época. “Yo no vendía electrodomésticos”, dice. “Vendía la ilusión de lo que la gente podía hacer con ellos. Persona que entraba por esa puerta, persona que salía con deuda”, admite sonriendo. A los clientes les hablaba del partido del Mundial que podrían ver en una pantalla nueva o de la novela que seguirían cada noche. Después desarmaba el precio en cuotas pequeñas hasta que la compra parecía alcanzable. El sueldo base era modesto, pero las comisiones cambiaban el ritmo de la vida. Los viernes a veces pedían pizza con sus hijos. De vez en cuando podían ir al cine. En el supermercado ya no tenía que mirar cada centavo. Incluso pensaba comprar un carro. También ayudaba a sus padres cuando podía.

‘Podemos pasar por tus hijos’
Un día, las primeras señales de peligro llegaron como comentarios sueltos dentro del almacén. Un compañero dejó de ir a trabajar. Luego otro. Algunos decían que habían recibido llamadas de extorsión. Otros simplemente desaparecían del turno y nadie volvía a saber de ellos. Un integrante de su equipo le sugirió que tuviera cuidado. Ana siguió trabajando. En ese momento todavía creía que esas historias les ocurrían a otros.

Hasta que empezaron las llamadas. Al principio eran números desconocidos. Luego llegaron mensajes de texto con insultos y amenazas. Uno de ellos mencionaba el lugar donde trabajaba. Otro describía la ropa que llevaba ese día. Los mensajes parecían escritos por alguien que la estaba mirando. Durante un tiempo decidió ignorarlos. No respondió, no cambió su rutina. Intentó convencerse de que todo pasaría si no les prestaba atención.

El día en que el miedo se volvió real, fue cuando recibió una imagen en su teléfono. Era una foto tomada a la salida de la escuela. Sus hijos aparecían en la puerta. El mensaje decía que no tenía que preocuparse por recogerlos. “Nosotros podemos pasar por ellos”. Ana dejó el almacén sin avisar y corrió hasta la escuela. Los encontró allí, sanos y salvos. Pero la advertencia había cruzado una línea imposible de ignorar. “Ese día entendí que esto no era un juego”, recuerda. “Sentí que tenía que escoger entre mi sueño allá o nuestras vidas”.

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Huir y dejar su proyecto en Ecuador
Hasta ese momento no había imaginado salir del país. Su plan estaba en Machala. Quería seguir creciendo en la empresa, ahorrar, estudiar administración en la universidad. La decisión de irse significaba abandonar todo eso de un día para otro. También significaba dejar a sus padres sin saber cuándo volvería a verlos. “Yo no quería irme”, dice. “Yo tenía mi vida allá”.

Tenía algo de dinero guardado gracias a las comisiones. Empezó a buscar contactos que pudieran ayudarla a salir. Tomó un vuelo hacia Centroamérica y desde allí comenzó el trayecto hacia el norte. El viaje duró casi 30 días. A veces dormían en hoteles improvisados, otras noches en habitaciones más decentes. En los tramos más duros caminaron por zonas desérticas durante horas. Nunca se separó de sus hijos. En buena parte del recorrido los acompañó un hombre ecuatoriano de la sierra, de unos cuarenta o cincuenta años, que también huía de amenazas. Él la ayudaba a vigilar a los niños cuando el cansancio la superaba.

“¿Qué si me arrepiento de haber migrado?” Hace una pausa larga antes de responder. “Es una pregunta difícil de contestar, porque no tenía otra opción. No podía ayudarme la Policía, ni nadie”.

Cuando finalmente cruzó la frontera decidió entregarse a las autoridades. Les explicó por qué había salido de Ecuador. Después de escuchar su historia le dijeron que podría continuar su proceso dentro del país y que más adelante tendría que presentarse ante un juez de inmigración.

Un tío que vive en Nueva Jersey fue a recogerla. Durante los primeros meses vivió en un apartamento donde convivían cerca de ocho personas entre familiares y conocidos. No pagaba renta. A cambio ayudaba en la cocina, cuidaba a los hijos de los demás o hacía pequeños trabajos dentro del departamento.

Los primeros empleos fueron trabajos de limpieza o ayudando en pequeñas tiendas ecuatorianas. Con el tiempo consiguió trabajo en una gran bodega que distribuye paquetería. Sus jornadas pueden durar hasta doce horas. Sale temprano, regresa tarde y a veces siente que el día se le escapa entre cajas y turnos largos. Ya tiene permiso de trabajo y número de seguro social mientras espera la cita en la corte de inmigración. No pudo pagar un abogado y alguien que hace trámites migratorios más baratos la ayudó a presentar el caso de asilo.

Cuando piensa en Ecuador no recuerda solo el miedo. También recuerda la vida que estaba empezando a tomar forma. El almacén donde trabajaba llegó a cerrar temporalmente porque varios empleados dejaron de ir por temor. Muchos de sus antiguos compañeros también se marcharon. “Sueño con volver a Ecuador y abrazar a mi madre. Ver a mis amigos. No sé si lo haría para quedarme allá. Creo que no”.

Aun así, su historia tampoco termina en ese almacén de Nueva Jersey donde pasa buena parte del día. Ana sigue hablando de estudios cuando imagina el futuro. Quiere ahorrar lo suficiente para estudiar una carrera técnica relacionada con negocios o administración. Algo que le permita volver a acercarse a la persona que era antes de que el miedo cambiara el rumbo de su vida. Porque lo que dejó atrás no fue solamente un país. Fue también la versión de sí misma que estaba empezando a construir.

LEA MAÑANA: La historia de Ernesto, el ecuatoriano que dejó su carrera y su vida en Guayaquil después de una llamada de extorsión. Fuente: Primicias

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