Nacionales
Desarrollo urbano sostenible aún depende de cumplimiento de planes municipales que no están actualizados y que poco se aplican en la práctica
La expansión de las ciudades ecuatorianas está marcada por los asentamientos irregulares en los que las personas viven en condiciones deplorables hasta que el Municipio correspondiente consolida estas áreas como parte de la zona urbana.
Tras décadas después llega la regularización de los predios, los servicios formales de luz eléctrica, agua potable por red, los sistemas alcantarillado sanitario y pluvial, para finalmente planificar las veredas, bordillos y la pavimentación de las calles.
Hay un desarrollo inverso alimentado por la migración del campo a la ciudad, el abuso de los invasores de tierras que cobran una especie de alquiler a los recién llegados y la especulación en el precio del suelo al alza, sobre todo de los predios más cercanos a las vías principales o la obra pública que se diseña y construye.
Es una situación sujeta a planes de ordenamiento territorial que poco se aplican en la práctica. En la conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre desarrollo urbano sostenible Hábitat III, realizada en Quito en el 2016, se creó una agenda que Ecuador y el resto de países deben cumplir para frenar esa realidad.
Xavier Cobeña, coordinador de proyectos en el país del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU Hábitat), afirma que uno de los propósitos del organismo es la promoción de esta nueva Agenda Urbana, que incluye objetivos como la densificación de las ciudades para frenar un crecimiento horizontal.
“Después de Hábitat III ayudamos al Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) en la elaboración de las guías para la planificación física de las ciudades y colaboramos en el proceso de construcción de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, Uso y Gestión del Suelo (LOOTUS aprobada en junio del 2016) y posteriormente su reglamento (publicado en abril del 2019). Esto está en proceso de implementación”, dice.
El plazo que dio este marco jurídico para que los Gobiernos autónomos descentralizados municipales y metropolitanos creen sus planes de uso y gestión del suelo feneció el 13 de septiembre de 2021.
La Superintendencia de Ordenamiento Territorial, Uso y Gestión del Suelo (SOT) creada por la LOOTUS, con sede en Cuenca, es la entidad que hace seguimiento al cumplimiento de este plazo.
“El objetivo es que este sea un instrumento que permita a las ciudades pequeñas e intermedias que tienen un cierto margen de maniobra lograr un desarrollo sostenible porque el crecimiento espontáneo de las ciudades se da por el descuido de las administraciones, pero también por una gran presión económica de las familias que migran del campo a la ciudad, entonces no hay vivienda social y el único mecanismo que encuentran es a través del tráfico de tierras”, sostiene Cobeña.
Una de las opciones amparada en la LOOTUS es que la administración municipal tenga la potestad de hacer declaraciones de reservas de suelo en las zonas hacia donde crece la ciudad, que permitan que el precio de la tierra permanezca estable.
“En las ciudades más grandes como Quito y Guayaquil, donde hay un mercado inmobiliario más dinámico, da la posibilidad de que la administración municipal pueda hacer lo que en otros países se conoce como venta de altura, en nuestra legislación sería la concesión onerosa de derechos que es permitir edificaciones más altas siempre y cuando ese proyecto inmobiliario pueda pagar a la ciudad para poder reinvertir en el equipamiento, la infraestructura”, añade el especialista.
La SOT tiene capacidad sancionadora y su misión es vigilar y controlar los procesos de ordenamiento territorial, uso y gestión de suelo, hábitat, asentamientos humanos y desarrollo urbano, competencia que recae en los Gobiernos autónomos descentralizados (GAD).
“No sé los datos exactos porque aún no han sido publicados, pero sé que muchos de los 221 municipios del país no han cumplido con este plazo. Los más grandes e intermedios sí han cumplido como Quito, Manta y Portoviejo”, dice Cobeña.
Hay casos positivos de aplicación de la LOOTUS en Portoviejo y Cuenca
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Instalar infraestructura con viviendas sociales y que luego lleguen las personas es uno de los objetivos del desarrollo urbano sostenible, es decir, invertir lo que ha ocurrido históricamente con la invasión y el tráfico de tierras.
Hay experiencias positivas en Portoviejo y Cuenca. La Municipalidad de la capital manabita no redefinió sus límites urbanos para frenar un crecimiento de la ciudad sobre las zonas agrícolas.
Al igual que se invierte en proyectos en las áreas de la subcentralidad (en las parroquias) para evitar la expansión de la periferia de Portoviejo sobre zonas agrícolas y de bosques.
“La idea es que la gente del campo llegue a estas parroquias, como Calderón, Riochico o Picoazá, que están a 10, 20 minutos o hasta media hora de Portoviejo, para que puedan trabajar allí sin necesidad de asentarse en la periferia”, dice Cobeña.
Con esto se busca frenar un crecimiento horizontal y desordenado. “Si la tendencia de crecimiento de la mancha urbana se mantiene, en diez años se duplicaría el espacio que ocupa Portoviejo. Esa realidad es mundial y en unos sitios es más intenso que en otros. El fin es que en la misma área vivan más personas, esto ayuda a que las finanzas de los municipios mejoren ya que no construyen muchísimos metros lineales a la redonda de redes de agua y alcantarillado”.
Félix Jaime, subdirector cantonal de planificación urbanística de Portoviejo, afirma que la planificación en la capital manabita empezó en 2014 cuando la administración municipal se enfocó en la investigación y generación de estudios. En ese entonces se culminó el Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PDOT).
“Ninguna decisión en el Municipio se tomaba sin sustento. El PDOT fue el primero que incluyó normativa referente a la gestión de riesgos. Luego vino el terremoto (el 15 de abril del 2016), en ese momento se hacía el plan maestro urbano por lo que se cambió todo el enfoque. Hay que planificar de otra forma y se acogió el concepto de ciudad a escala humana, que es diseñar en función del ciudadano, como el que realiza las actividades cotidianas a pie. Priorizar al peatón, al ciclista, al transporte público, los de carga y finalmente a los autos privados. Invertir la pirámide de movilidad”, dice Jaime.
De ahí vino la aprobación de la LOOTUS a nivel nacional. “Entonces vimos una oportunidad de establecer políticas a largo plazo con una vigencia de 12 años. En base a esa ley, todos los PDOT de los Municipios tienen que modificarse e incluir el plan de uso y gestión del suelo (PUGS). Pudimos cumplir y lo terminamos porque ya lo habíamos empezado, nos ayudó la Universidad de Nueva York y la Cátedra Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) de ciudades intermedias sostenibles”, agrega el funcionario.
El PUGS incorpora un nuevo modelo de ciudad que prioriza la sostenibilidad y la resiliencia. “Proteger el ecosistema, garantizar la seguridad alimentaria y la dotación de servicios de infraestructura pública con un crecimiento planificado y ordenado, se priorizan las áreas verdes”, asegura Jaime.
La investigación científica ha sido una de las claves. El estudio de la Universidad de Nueva York sobre la huella urbana revela en base a proyecciones y modelaciones que para el 2050 se perderá casi todo el suelo. “Menos personas consumirán mucho más suelo y la ciudad va a crecer cinco veces del tamaño actual. Con la planificación queremos romper esa tendencia en Portoviejo”, dice Jaime.
Desde ONU Hábitat se habla de ciudades de quince minutos, tiempo máximo que llevaría el traslado desde la vivienda hasta los servicios más importantes, como salud, educación, empleo. Al igual que el crecimiento en altura y el uso de suelos mixtos residencial y comercial, lo que ayuda en la densificación de las ciudades y que las zonas permanezcan activas durante todo el día.
Cuenca ya implementa su plan de uso y gestión del suelo desde antes del plazo fijado en septiembre último por el reglamento de la LOOTUS. Con ello se han ordenado ciertas áreas a través de planes especiales que iban a ser impactadas por proyectos de movilidad, como el tranvía.
“Lo que pasa normalmente es que cuando se anuncia un plan de inversión pública, todas las personas que están alrededor empiezan a especular y no construyen para engordar el precio de los terrenos. Como saben que se ejecutará el proyecto de aquí a seis años entonces especulan. Con los planes especiales se congelan esos valores y se permite que en los lugares por donde pasará el tranvía se entre en un ordenamiento para evitar que haya uso incompatible con lo que se está planteando”, asegura Cobeña.
También tiene avanzado el proceso para conseguir financiamiento externo del proyecto que busca que el centro histórico de Cuenca sea libre de emisiones de gases de efecto invernadero al ambiente, lo que provoca el calentamiento global y deriva en el cambio climático.
Acceso a financiamiento es una limitante
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El desarrollo urbano cuesta, más aún cuando se piensa desde un ámbito sostenible. “No es solo hacer nueva ciudad que es lo que se suele creer, como hacer ciudadelas, sino también es reformar, arreglar o redesarrollar lo ya construido y eso necesita recursos”, afirma José Morales, coordinador del Componente Agenda Urbana Nacional del Programa Ciudades Intermedias Sostenibles de la Sociedad Alemana de Cooperación Internacional (GIZ, según sus siglas en alemán).
Una de las falencias de la mayoría de los GAD es su poca capacidad de generar recursos propios y las limitaciones de las asignaciones del Gobierno central. Esto deja sin financiamiento los proyectos que garanticen un desarrollo urbano ordenado y una expansión de la malla de la ciudad con un menor impacto social y ambiental.
“Ninguna ciudad tiene esos recursos. Babahoyo o Nueva York, a ambas les falta plata, se necesita movilizar recursos. Las fuentes normalmente son la recaudación de sus propios impuestos, sin embargo, no es fácil ya que esto depende mucho de la economía, del número de habitantes. Pueden ser urbes con pocos pobladores, pero se necesitan muchos recursos para temas de agua potable, saneamiento, manejo de basura o mitigación de riesgos climáticos”, afirma Morales.
Una de las alternativas es el financiamiento externo al que acceden principalmente a través de créditos los municipios más grandes como Guayaquil, Quito o Cuenca. “La realidad de la gran mayoría de los 221 cantones del país es que no tienen esas posibilidades ni las capacidades de hacerlo”, agrega.
Lo que les queda es buscar financiamiento en el Banco del Estado. Pero una opción es el uso de los fondos climáticos.
El Acuerdo de París por el Clima del 2015 prevé la movilización de recursos de financiamiento climático desde los países desarrollados que más emiten carbono al ambiente hacia las naciones en desarrollo, para que hagan adaptación y mitigación al cambio climático.
“Se han creado varios fondos globales, el más conocido es el Verde del Clima. El problema es que hay dificultades para que los municipios medianos y pequeños del Ecuador accedan”, asevera Morales.
Uno de los factores es la capacidad instalada para aterrizar estos recursos, lo que depende de la estructura institucional local y nacional. “Estos fondos establecen algunas condiciones técnicas específicas. La más básica de todas y una de las más difíciles de comprender es que tienen que ser acciones que tengan un impacto climático”.
Por ejemplo, se tiene que calcular la cantidad de emisiones que se dejará de emitir a la atmósfera con la ejecución del proyecto que se quiere financiar. “Esta capacidad de medir emisiones es algo que muchas veces los municipios no tienen instalada”.
Y los planes tienen que estar vinculados y alineados a la Contribución Nacional Determinada del país, que es el compromiso del Ecuador ante el mundo para reducir sus emisiones y ejecutar acciones de mitigación y adaptación ante el cambio climático.
Colombia, México y Costa Rica están entre los países de la región que más acceden a estos fondos climáticos.
Ecuador ha conseguido financiamiento para conservación de bosques o reforestación, con lo que se compensa determinada cantidad de emisiones de carbono, pero no logra acceder a los fondos que financian el desarrollo urbano sostenible que requiere planes más complejos.
“Los proyectos de infraestructura pueden ser más resilientes al cambio climático, por ejemplo, con el cálculo del tamaño de las tuberías que se necesitan para el alcantarillado pluvial adaptado a los futuros escenarios de mayor cantidad de lluvias, o como son resilientes a sequías”, dice Morales.
El Ministerio del Ambiente es el encargado de aprobar los planes nacionales, como paso previo a conseguir el financiamiento de los fondos globales.
Parte de los estudios realizados en Portoviejo tienen financiamiento externo tradicional, es decir, no de los fondos climáticos.
ONU interviene con proyectos de planificación en Quito y Manta
ONU Hábitat ejecuta dos proyectos en Manabí. El primero es generar desde la Prefectura una planificación provincial junto a los municipios para la ejecución de proyectos que vayan más allá de los límites administrativos.
El otro plan, denominado ‘Ciudades Incluyentes’, se aplica en Manta y Quito con el fin de integrar a la población venezolana a estas urbes destino.
“Se mejora el perímetro urbano y se tiene prevista la construcción de centros de integración en la parroquia San Mateo de Manta y en la zona de Cotocollao en Quito, para que los migrantes conozcan a qué escuela pueden enviar a sus hijos o acceder a un trabajo formal. Es como un lugar que los acoja y les dé ciertas nociones para que se integren”, explica Cobeña.
La meta es terminar los dos centros de aquí al 2023. (I) Fuente: El Universo
Nacionales
Partido histórico en el Mundial 2026: Inglaterra vence a Francia 6-4 y consigue el tercer puesto
Inglaterra derrotó 6-4 a Francia en el partido por el tercer lugar del Mundial 2026, en un encuentro que quedó marcado como el más goleador en la historia de la Copa del Mundo.
El equipo dirigido por Thomas Tuchel salió decidido y logró una amplia ventaja en la primera mitad. Declan Rice abrió el marcador con un espectacular remate de larga distancia tras recuperar un balón tras un error de Désiré Doué.
Minutos después, Ezri Konsa amplió la diferencia con un cabezazo tras un tiro de esquina ejecutado por Rice. El defensor inglés ganó el duelo aéreo ante Adrien Rabiot y puso el 2-0.
Antes del descanso apareció la gran figura ofensiva de Inglaterra. Bukayo Saka marcó dos goles: el primero tras un contragolpe donde también participó Marcus Rashford, y el segundo luego de una asistencia precisa de Eberechi Eze, en una conexión entre futbolistas del Arsenal.
Luego, Bradley Barcola puso el segundo de los franceses tras un pase de Mbappé, aumentando la presión sobre Inglaterra.
El atacante del Real Madrid volvió a aparecer con una combinación junto a Olise y marcó su doblete, dejando a Francia a un solo gol de enviar el encuentro a la prórroga.
Francia todavía respondió con un gol de Ousmane Dembélé, pero en los minutos finales apareció Jude Bellingham para marcar el sexto tanto inglés dentro del área chica y cerrar una noche inolvidable.
Un partido que quedó en la historia de los Mundiales
El duelo entre Francia e Inglaterra terminó con un marcador de 6-4, convirtiéndose en el partido por el tercer lugar con más goles en la historia de los Mundiales.
Inglaterra cerró su participación en el Mundial 2026 con el tercer puesto, mientras que Francia terminó en la cuarta posición después de quedarse fuera de la final ante España.
El encuentro quedará recordado por la exhibición ofensiva de Saka, la reacción liderada por Mbappé y una lluvia de goles que convirtió al Hard Rock Stadium en escenario de una jornada histórica de la Copa del Mundo.
Inglaterra derrotó 6-4 a Francia en un encuentro inolvidable y lleno de goles para cerrar la participación de ambas selecciones en la Copa del Mundo 2026.
Jude Bellingham aprovechó un balón dentro del área chica y definió prácticamente bajo el arco para poner el 6-4 en el marcador.
El encuentro se convierte en el partido con más goles en la historia del duelo por el tercer puesto de un Mundial, con una lluvia de anotaciones en el Hard Rock Stadium.
Ousmane Dembélé aparece en el tramo final para marcar el cuarto gol de Francia ante Inglaterra por el tercer lugar del Mundial 2026.
Los Bleus siguen con vida después de una espectacular reacción en el segundo tiempo. Tras ir perdiendo por cuatro goles, Francia recortó diferencias con Mbappé (x2), Barcola y ahora Dembélé.
Quedan apenas dos minutos de tiempo reglamentario y Francia está a un solo gol de forzar la prórroga en el Hard Rock Stadium.
Bukayo Saka tomó la responsabilidad desde el punto penal y convirtió con seguridad para devolverle tranquilidad a los Tres Leones.
La jugada nació tras un pase de Morgan Rogers para Djed Spence, quien ingresó al área y fue derribado por Malo Gusto. El árbitro sancionó la falta y señaló el punto penal a favor de Inglaterra.
Ingresa Reece James para reforzar la defensa, mientras que abandona el campo Jarell Quansah.
El técnico Thomas Tuchel mueve el equipo con el ingreso de Jude Bellingham y Elliot Anderson, quienes entran para darle mayor control y equilibrio al mediocampo. Los jugadores que abandonan el campo son Ivan Toney y Eberechi Eze.
Kylian Mbappé vuelve a aparecer para mantener con vida a Francia en el partido por el tercer lugar del Mundial 2026 ante Inglaterra.
El delantero francés protagonizó una gran combinación con Michael Olise. Tras una pared dentro del área, Mbappé recibió nuevamente el balón y definió para marcar el 4-3.
Con este tanto, el atacante de los Bleus completa su doblete y queda a un solo gol de forzar la prórroga en el Hard Rock Stadium. Fuente: Vistazo
Nacionales
La Balsa: el puente que une dos naciones, pero que hoy divide la esperanza de miles de familias
Por Diario El Amazónico
La mañana del sábado, el Puente Internacional de La Balsa dejó de ser únicamente una estructura de concreto y acero para convertirse, una vez más, en el escenario donde confluyen la historia, la integración y el clamor de dos pueblos que se resisten a permanecer separados. Desde tempranas horas, decenas de ciudadanos ecuatorianos del cantón Chinchipe y pobladores del norte del Perú llegaron hasta la frontera con un mismo propósito: exigir la reapertura total del paso binacional y devolverle a este corredor fronterizo el papel para el cual fue concebido, unir naciones y no dividirlas.
Mientras el lado peruano lograba avanzar hasta la mitad del puente, considerado el punto limítrofe entre ambos Estados, los ciudadanos ecuatorianos permanecían detenidos por un cerco militar instalado en el ingreso de la infraestructura. Dos vallas metálicas y alambre de púas impedían el avance de quienes únicamente buscaban encontrarse con sus vecinos, estrechar sus manos y expresar un mensaje conjunto de integración.
La imagen resultó simbólica. A escasos metros de distancia, dos pueblos hermanos compartían el mismo reclamo, pero permanecían físicamente separados por una decisión administrativa que, según los manifestantes, ha golpeado profundamente la dinámica económica y social de la frontera.
Durante la jornada se escuchó un mensaje reiterado: la movilización era pacífica. Los dirigentes insistieron en que no existía ninguna intención de confrontación con las Fuerzas Armadas, reconociendo que los uniformados cumplían disposiciones superiores. El llamado estuvo dirigido a las autoridades nacionales, responsables de definir la política de control fronterizo.
En medio del acto cívico, los asistentes entonaron con solemnidad los himnos nacionales del Ecuador y del Perú. Aquellas notas patrióticas, interpretadas a pocos metros de distancia, evidenciaron una realidad paradójica: dos países unidos por la historia y la cultura permanecían separados por restricciones que afectan la vida cotidiana de miles de habitantes de la región fronteriza.
Más allá del simbolismo, el cierre parcial del Puente Internacional de La Balsa representa un problema de carácter estructural. Para las poblaciones de Chinchipe, Zumba, San Ignacio y otros sectores fronterizos, el puente constituye un eje fundamental para el comercio, el transporte, el acceso a servicios de salud, la educación y el intercambio económico que históricamente ha sostenido a numerosas familias.
Representantes del sector transportista, emprendedores, agricultores y comerciantes coincidieron en señalar que la restricción del paso ha provocado una significativa disminución de la actividad comercial, afectando especialmente a quienes dependen del intercambio diario entre Ecuador y Perú para generar ingresos.
Los testimonios recogidos durante la manifestación reflejan una preocupación compartida. Mientras algunos ciudadanos explicaban que han perdido citas médicas y oportunidades de negocio, otros advertían que la medida también repercute en estudiantes, pequeños productores y familias que mantienen vínculos permanentes a ambos lados de la frontera.
Las fronteras contemporáneas no constituyen únicamente límites territoriales; representan espacios de integración económica, social y cultural. La teoría del desarrollo fronterizo sostiene que los corredores binacionales fortalecen las economías locales mediante la movilidad de personas, bienes y servicios, favoreciendo la cooperación entre territorios vecinos y reduciendo las asimetrías regionales.
En ese contexto, diversos participantes recordaron que el Puente Internacional de La Balsa fue construido precisamente como una obra estratégica de integración binacional. Su finalidad trascendía la conectividad vial: buscaba consolidar un espacio permanente de cooperación entre Ecuador y Perú, fortaleciendo la convivencia pacífica alcanzada tras décadas de esfuerzos diplomáticos.
La jornada concluyó con un llamado a mantener el diálogo institucional y promover mecanismos que permitan revisar las restricciones vigentes sin comprometer la seguridad nacional. Los asistentes plantearon la elaboración de un documento conjunto entre autoridades locales, organizaciones sociales, transportistas y representantes de ambos países para elevar formalmente su petición al Gobierno Nacional.
Más que una protesta, la movilización evidenció el sentimiento de pertenencia de dos pueblos fronterizos que continúan viendo en La Balsa un símbolo de integración. Porque, como expresó uno de los participantes durante la concentración, «los puentes fueron construidos para unir pueblos, no para separarlos».
Nacionales
El fenómeno de El Niño revive la alerta de una grave escasez de alimentos en Ecuador como en 1997
La llegada de un fenómeno de El Niño especialmente fuerte en este 2026 ha prendido las alertas por los efectos que puede generar en Ecuador. Las previsiones internacionales anticipan un fuerte evento climático, generarían fuertes lluvias e inundaciones, que pueden llegar a afectar a las plantaciones, y por lo tanto a la capacidad de provisión y distribución de alimentos dentro del país.
La preocupación llega con una experiencia previa: el fenómeno de El Niño de 1997, que dejó pérdidas históricas en el agro ecuatoriano y generó una crisis de desabastecimiento que obligó a importar alimentos para evitar una hambruna.
De hecho, un análisis de la ONU advierte que con el fenómeno de El Niño, hasta julio de 2026, unas 2,6 millones de personas se encontrarán en situación de crisis o emergencia alimentaria en Ecuador, según la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF). De ese total, alrededor de 2,5 millones estarán en fase de crisis y unas 95.000 en fase de emergencia.
Y los efectos se acercan rápidamente, aunque la magnitud de afectación aún no está asegurada. Según el Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada de Ecuador, el Fenómeno de El Niño 2026-2027 en Ecuador ya está en su fase inicial. Y según el Ministerio de Agricultura, los meses más complicados serán entre octubre de 2026 y febrero de 2027.
La devastación de 1997
Estimaciones de la Corporación Andina de Fomento (CAF), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) apuntan que cerca de siete millones de personas, es decir el 60% de los habitantes que tenía Ecuador, vivió impactos directos o secundarios por el Fenómeno de El Niño de 1997, el último de gran magnitud que ha enfrentado el país.
Dos niños nadan en una zona inundad de Calceta, en la provincia de Manabí, en medio de jornadas de lluvias intensas en marzo de 1998, durante el Fenómeno de El Niño que empezó en 1997.Francesco Degasperi / AFP
«No me es grato recordar el fenómeno de 1997 y 1998», dice a PRIMICIAS el exministro de Agricultura Alfredo Saltos Guale (1990-1992 y 1997-1998). Cuenta que precisamente el sector agropecuario fue uno de los más impactados, y eso tuvo consecuencias sociales, demográficas y económicas.
El informe de la CAF publicado en el año 2000 sobre el impacto de El Niño de 1997-1998 en Ecuador estima que el daño de ese evento climático en el país causó pérdidas por USD 2.882 millones, unos USD 6.070 millones ajustados por inflación a mayo de 2026, según el Buró de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.
Ese informe tamién revela que más de 843.873 hectáreas de diferentes cultivos fueron afectadas, lo que dejó impactó en decenas de miles agricultores. Esto, cuenta Saltos Guale, puso en riesgo incluso la seguridad alimentaria de Ecuador, aunque entonces había una reserva nacional para almacenar alimentos.
«Algunas haciendas, al no tener producción, suspendieron a muchos trabajadores», cuenta Sergio Cedeño, agrónomo graduado en la Universidad Zamorano, quien fue presidente de la Asociación de Productores de Cacao (Aprocafa).

Gráfico de la Organización Meteorológica Mundial ante el aviso del arribo del fenómeno El Niño en el mundo, Suiza, 1 de junio de 2026.AFP
Cifras gubernamentales y de las Naciones Unidas citadas por la CAF revelan que 106.388 agricultores fueron afectados por los efectos de El Niño de esos años en Ecuador.
Cedeño, quien cuenta administró las plantaciones de cacao, mango y banano de varias empresas grandes de la costa ecuatoriana en esos años, recuerda que la totalidad de los cultivos bajo su supervisión en las provincias de Guayas y Los Ríos fueron afectadas.
Pero la llegada de las inundaciones, relata este agrónomo, también acarreó una serie de problemas más, como la aparición de enfermedades fúngicas, problemas para dragar o expulsar el exceso de agua de los cultivos, y la pérdida de producto, que se dañaba rápido en medio de dificultades logísticas para el traslado de los alimentos.
Fue en este escenario que, según cuenta Cedeño, los agricultores no podían pagar sus créditos a los bancos. «El país entero cayó en una depresión económica y luego ya vino el año 2000, la dolarización».
La Memoria de 1999 del Banco Central del Ecuador expone en su Capítulo II que, precisamente, el Fenómeno de El Niño de 1997 y 1998 afectó de tal manera a la actividad agropecuaria que «esto alteró el ciclo económico y agravó las tendencias negativas latentes en materias de evolución de la inflación, solvencia del sistema financiero y de la propia estabilidad macroeconómica».
No obstante, el economista Marco Naranjo considera que atribuir los efectos de el fenómeno de 1997 a la debacle del feriado bancario de 1999 deja de lado aspectos de más peso, como una mala administración pública de los recursos petroleros, y una adquisición sostenida de deuda entre las décadas de 1980 y 1990 acompañada de una pobre cultura financiera.
Una reserva estratégica y el riesgo de hambruna
El exministro Saltos cuenta que además hubo zonas dedicadas a la crianza y producción de aves, como Bahía de Caraquez, Tosagua y Portoviejo, que también fueron afectadas y tuvieron que dejar esas labores.
Además, el aumento de la temperatura del agua de las costas ecuatorianas ocasionó que algunas especies marinas como la sardina o el atún tengan problemas de reproducción y busquen lugares con un clima más agradable.
Este escenario crítico, dice Saltos, provocó una necesidad de importar alimentos en gran cantidad como azúcar (200.000 toneladas métricas), maíz (140.000 toneladas métricas) y soja (60.000 toneladas métricas adicionales en 1997).

Inundación en la vía Babahoyo-Jujan, en marzo de 2024, el último año que se desarrolló el fenómeno de El Niño.API
En 2023, el entonces presidente de la Corporación de Industriales Arroceros del Ecuador, señaló que cerca de 200.000 toneladas de arroz fueron importadas a Ecuador por el fenómeno de El Niño de 1997.
El exfuncionario, que ahora trabaja como consultor agrónomo, expone su preocupación sobre la existencia (o carencia) de reservas estratégicas de alimentos.
«En 1997 y 1998 funcionaba un organismo para el almacenamiento de alimentos, la Empresa Nacional de Almacenamiento y Comercialización, pero desapareció paulatinamente y ahora no existe. Por eso hay que acudir al sector privado para que apoye con infraestructura, porque lo peor que puede suceder es que haya una hambruna, como se dio en 1982 y 1983», considera.
No obstante, Cedeño apunta a que no toda la producción es almacenable, como ocurre con el banano, el cacao y el mango.
Además, ambos expertos señalan que un desafío a enfrentar es el secado de las cosechas, pues, al menos en el caso del arroz, el producto no puede ser guardado con una humedad superior al 13%. Fuente: Primicias
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