Noticias Zamora
Minería ilegal: riqueza fugaz, destrucción eterna
Por Mario Paz
Introducción
La provincia de Zamora Chinchipe, ubicada en el extremo suroriental del Ecuador, se ha consolidado como una de las regiones con mayor riqueza mineral del país, especialmente en oro. Sin embargo, esta abundancia de recursos ha atraído no solo la minería legal y regulada, sino también prácticas extractivas informales e ilegales que generan graves impactos sociales, ambientales y económicos. La minería ilegal en Zamora Chinchipe se ha convertido en un problema de creciente preocupación, debido a la destrucción de ecosistemas sensibles, la contaminación de fuentes hídricas, el deterioro del tejido social y la vulneración de derechos colectivos, especialmente de comunidades rurales e indígenas. En este contexto, es fundamental comprender las causas, consecuencias y acciones necesarias para enfrentar esta problemática desde un enfoque integral y sostenible, que involucre tanto a las autoridades competentes como a la ciudadanía y sectores productivos locales.
Problemática:
La expansión acelerada de la minería ilegal en Zamora Chinchipe ha superado las capacidades de control y respuesta de las instituciones estatales, generando un escenario de alta conflictividad social y degradación ambiental. Las zonas más vulnerables se han convertido en focos de explotación desordenada, donde operan redes de minería ilegal sin respetar normas ambientales, laborales y de seguridad, afectando directamente la biodiversidad, las fuentes de agua y la calidad de vida de las comunidades locales. Además, esta actividad fomenta la economía informal, la inseguridad y la presencia de actores vinculados a actividades ilícitas. A pesar de los esfuerzos de la sociedad civil, la falta de coordinación, recursos y mecanismos efectivos de control gubernamental han permitido que estas prácticas persistan y se expandan en el territorio, convirtiéndose en una amenaza directa al desarrollo sostenible de la provincia. La minería ilegal ha destruido en días lo que la naturaleza tardó siglos en crear.
La factura de la indiferencia:
El precio que la provincia de Zamora Chinchipe paga por la destrucción de la naturaleza, a través de la minería ilegal es muy alto. Las lluvias torrenciales han dejado tras de sí un panorama desolador: ríos desbordados, campos arrasados, viviendas destruidas y familias enteras sumidas en la angustia. Pero estos desastres naturales no son únicamente producto del invierno. Son también el reflejo amargo de décadas de destrucción silenciosa, de acciones irresponsables que, en nombre del lucro fácil, han destruido los delicados equilibrios de nuestros ecosistemas.
Las imágenes de inundaciones no son solo fenómenos naturales; son las cicatrices visibles de un problema más profundo. Las riveras de nuestros ríos han sido devastadas por actividades como la minería ilegal, que, sin control y sin respeto por la vida, ha talado árboles que servían como barrera natural contra las crecientes. Han destruido los suelos, contaminado las aguas y desplazado comunidades enteras, todo por el oro que se extrae a costa de nuestro futuro.
Este llamado no es solo a las autoridades, sino a toda la humanidad. Cada árbol que cae, cada río que se contamina, cada comunidad que pierde sus puentes, es una herida que nos afecta a todos. No podemos seguir actuando como si el daño a la naturaleza fuera un problema ajeno. Es hora de asumir responsabilidad colectiva, de exigir a los gobiernos acciones firmes y de frenar el avance de actividades ilegales que arrasan con la vida y la infraestructura.
La minería ilegal no solo roba los recursos del suelo; nos roba el agua, el aire limpio, la biodiversidad, la seguridad alimentaria, el futuro de las nuevas generaciones. No podemos permitir que por la ambición de unos pocos, toda la provincia pague este alto precio. Que lo acontecido este año nos sirvan como un grito de alerta. No esperemos más tragedias para entender que no hay desarrollo posible si destruimos la casa común que es la Tierra.
Instituciones responsables de evitar la expansión de la minería ilegal en Zamora Chinchipe
Es pertinente señalar la grave omisión de autoridades que, teniendo las competencias para frenar estos delitos ambientales, han optado por el silencio, la indiferencia o, peor aún, por la complicidad. Las autoridades locales y nacionales tienen el deber de proteger nuestros territorios, de hacer respetar las leyes, de velar por el bienestar de quienes habitan las zonas afectadas. El control de la minería ilegal involucra varias instituciones del Estado, que tienen competencias tanto preventivas como correctivas, estas son:
Agencia de Regulación y Control de Energía y Recursos Naturales No Renovables (ARCERNNR): Es el organismo técnico encargado de regular, controlar y vigilar la actividad minera, incluyendo la prevención y sanción de actividades mineras ilegales. Realiza operativos de control, fiscalización y clausura de actividades mineras no autorizadas.
Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE): Supervisa y controla el cumplimiento de la normativa ambiental en actividades mineras. Puede iniciar procedimientos sancionatorios por afectación ambiental provocada por la minería ilegal. Las Fuerzas Armadas del Ecuador y Policía Nacional, apoyan las acciones operativas para controlar y erradicar la minería ilegal, en coordinación con otras instituciones. Participan en operativos de decomiso, desalojo y destrucción de maquinaria utilizada en minería ilegal.
Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD): Deben participar en la vigilancia ambiental y en la coordinación territorial de acciones contra la minería ilegal. Tienen competencia en ordenamiento territorial y pueden identificar zonas de riesgo o impacto ambiental.
Las instituciones encargadas de regular, controlar y vigilar la actividad minera se han mostrado débiles, con poca capacidad operativa y voluntad política para frenar la minería ilegal. La presunta corrupción y complicidad de funcionarios públicos que permiten o incluso facilitan la actividad ilegal. Los Gobiernos locales con autoridades omisas, permisivas que incluso han facilitado el avance de la minería ilegal a cambio de beneficios económicos o políticos y la sociedad civil, han permitido o incluso participado en estas prácticas ilegales.
¿Qué hacer para controlar la minería ilegal en Zamora Chinchipe?
Para evitar la minería ilegal en la provincia de Zamora Chinchipe, es fundamental aplicar un enfoque integral y coordinado que involucre acciones preventivas, correctivas y de desarrollo alternativo.
- Operativos conjuntos: Realizar operativos interinstitucionales liderados por la ARCERNNR, MAATE, Fuerzas Armadas, Policía Nacional y Fiscalía.
- Uso de tecnología: Monitoreo satelital, drones, y sistemas de georreferenciación para detectar actividades mineras ilegales.
- Control de insumos: Regular y vigilar el transporte de maquinaria, combustibles, explosivos y sustancias químicas que se usan en minería ilegal.
- Fortalecimiento de las capacidades de respuesta rápida de las entidades estatales en la provincia.
- Organización comunitaria: Impulsar redes de vigilancia comunitaria que colaboren en la denuncia y control social.
- Fomentar actividades productivas alternativas: como la agroecología, turismo sostenible, piscicultura, entre otras.
- Apoyo financiero y técnico a asociaciones locales que impulsen emprendimientos sostenibles.
- Campañas educativas locales, involucrando a niños, jóvenes y líderes comunitarios de sensibilización sobre los impactos de la minería ilegal en la salud, el ambiente y el tejido social.
- Aplicar todo el rigor de la ley a autoridades corruptas que permiten la minería ilegal a cambio de beneficios económicos. Sancionar conforme a la Ley de Minería, COIP y normativa ambiental a quienes incursionen en la minería ilegal.
- Revisión de concesiones mineras para evitar superposiciones y conflictos, asegurando que toda actividad minera cumpla con la normativa vigente.
- Mesas provinciales de lucha contra la minería ilegal, con participación activa de autoridades, GADs, comunidades y organizaciones sociales.
- Protocolos claros de actuación frente a actividades ilegales, asegurando la protección de derechos humanos.
- Apertura del catastro minero: El catastro minero de Ecuador fue cerrado oficialmente el 24 de enero de 2018 mediante la Resolución Nº 001-DE-ARCOM-2018, emitida por la Agencia de Regulación y Control Minero (ARCOM). Esta medida suspendió temporalmente el otorgamiento de nuevas concesiones mineras en todos los regímenes: minería artesanal, pequeña, mediana y a gran escala. El objetivo era permitir una planificación adecuada del sector y depurar el sistema de concesiones.
Desde entonces, el catastro ha permanecido cerrado, impidiendo la adjudicación de nuevas zonas mineras, la formalización de la minería y la implementación de procesos de remediación ambiental en áreas concesionadas. Esta situación ha generado preocupación debido al aumento de la minería ilegal, que ha afectado áreas protegidas como el Parque Nacional Podocarpus, la cuenca del río Yacuambi y el Rio Zamora.
Conclusión:
La codicia de unos pocos condena el futuro de muchos. Y lo que es más repugnante ver a estos personajes codiciosos que destruyeron la naturaleza y la vida de muchas personas, ponerse botas amarillas y llevarles mendrugos de pan a los perjudicados de la minería ilegal, como pretendiendo curar sus conciencias del mal causado y habrán muchos perjudicados que los vean como redentores, algo así como como si Drácula les llevara una pinta de sangre a sus víctimas.
La minería ilegal ha ganado terreno en la Provincia de Zamora Chinchipe por la combinación de inacción estatal, corrupción, debilidad institucional, mafias organizadas, alta demanda de oro y pobreza local. La minería ilegal representa uno de los desafíos socioambientales más urgentes del sur del Ecuador. Su abordaje exige soluciones integrales que combine medidas de control y sanción efectiva, el fortalecimiento de la gobernanza territorial, la promoción de actividades productivas sostenibles y el involucramiento activo de las comunidades locales. Solo a través de la articulación de esfuerzos entre el estado, la sociedad civil, los gobiernos locales y las comunidades, será posible frenar el avance de esta actividad ilícita y garantizar la protección de los ecosistemas y derechos de las poblaciones afectadas. La minería ilegal es perjudicial desde todo punto de vista y no es sostenible ni ética.
Noticias Zamora
Crónica de dos días de búsqueda, esperanza y dolor en las aguas del río Zamora
EL RÍO QUE GUARDA EL SILENCIO
Por Diario El Amazónico | Reportaje Especial
Hay tragedias que irrumpen con estruendos capaces de estremecer ciudades enteras. Otras, en cambio, llegan envueltas en un silencio tan profundo que nadie alcanza a comprender que la vida acaba de cambiar para siempre.
La madrugada del sábado fue una de esas.
Mientras el reloj avanzaba sobre las primeras horas del día, la Troncal Amazónica permanecía casi vacía. La neblina descendía lentamente sobre las montañas de Zamora Chinchipe y el viento apenas rozaba la vegetación que bordea la carretera entre los sectores de Namírez y Mejeche. Eran las 00:10 minutos.
O al menos eso parecía.
Una cámara de seguridad de una vivienda registró lo que hoy constituye una pequeña pista del vehículo que se dirigía hacia Zamora.
En la grabación únicamente se observa el destello de sus luces atravesando la oscuridad. El automotor circula aparentemente con normalidad. No existen maniobras bruscas. No se aprecia un exceso de velocidad. Nada hace presagiar una tragedia.
Entonces ocurre algo casi imperceptible.
Un sonido que rompió el silencio.
En el vídeo, se escucha un estruendo fuerte. Es un ruido que advierte una tragedia.
Es ahí, un trabajador sale de la vivienda, se dirige al lugar y evidencia del accidente, el es Manuel Calle, en ese momento se quedó frío sin saber que hacer, justo pasa una persona en moto y pide auxilio, y es él quien avisa sobre el accidente.
Nadie imagina que, en ese preciso instante un vehículo acaba de abandonar la carretera para precipitarse por una pendiente de aproximadamente 150 metros hasta el río Zamora.
Un perro comienza a ladrar con insistencia.
Como si hubiese visto lo que ningún ser humano alcanzó a observar.
«Hay silencios que anuncian tragedias. Hay ladridos que terminan convirtiéndose en el único testimonio de una noche que jamás volverá a repetirse.»
La primera evidencia
Con los minutos de desesperación apareció la primera certeza.
En el borde de la vía fue localizada la placa del vehículo.
Aquella pequeña lámina metálica se convirtió en la primera prueba física de que algo grave había ocurrido durante la madrugada.
Desde ese momento comenzó una carrera contra el tiempo.
Bomberos, rescatistas, policías y ciudadanos descendieron hasta las orillas del río Zamora convencidos de que cada minuto podía marcar la diferencia.
Pero la naturaleza tenía otros planes.
El río no solamente es profundo.
Es un río impredecible.
Su corriente golpea con fuerza contra las enormes rocas, forma remolinos y arrastra sedimentos que reducen completamente la visibilidad bajo el agua. En el sitio donde se presumía estaba el vehículo, la profundidad alcanzaba entre siete y nueve metros.
El escenario reunía prácticamente todas las condiciones de una operación de rescate de alta complejidad.
Cada descenso implicaba un riesgo.
Cada decisión debía tomarse con precisión.
Porque en un río como el Zamora, un error puede convertir a un rescatista en otra víctima.
La otra batalla
Mientras los equipos de emergencia analizaban estrategias, en la superficie comenzaba otra lucha mucho más silenciosa.
La de dos familias.
Esperar también agota.
No saber consume lentamente la esperanza.
Cada mirada hacia el río parecía una pregunta sin respuesta.
Cada minuto prolongaba la angustia.
Cada llamada telefónica alimentaba la ilusión de recibir finalmente una buena noticia.
«El agua seguía su camino.
Las horas también.
Pero para dos familias el tiempo había dejado de avanzar aquella madrugada.»
Durante toda la jornada del sábado decenas de ciudadanos llegaron hasta el lugar.
Muchos ofrecieron ayuda.
Otros llevaron alimentos y agua para los rescatistas.
Algunos simplemente permanecieron observando el río en silencio, comprendiendo que existen momentos en los que la solidaridad también consiste en acompañar.
Cuando un pueblo decide no rendirse
La complejidad del rescate hizo que familiares y amigos solicitaran el apoyo de buzos especializados provenientes de otras provincias.
Las condiciones del río exigían experiencia, equipos adecuados y procedimientos técnicos que minimizaran el riesgo para quienes descendían al agua.
La solidaridad volvió a aparecer.
Marcelo Tapia, representante de la empresa Boga, Marlon Cruz, conocido empresario, pusieron a disposición maquinaria de mayor capacidad para apoyar las labores.
Ese gesto fue recibido con gratitud por ciudadanos y familiares, conscientes de que toda ayuda representaba una nueva posibilidad de encontrar el vehículo.
El domingo amaneció distinto.
El cielo permanecía despejado.
El clima ofrecía una pequeña tregua.
Era una oportunidad que no podía desperdiciarse.
La tarde que parecía terminar sin respuestas
Con el paso de las horas la desesperación comenzó nuevamente a ganar terreno.
El domingo avanzaba y el río continuaba guardando su secreto.
La incertidumbre volvía a instalarse entre quienes permanecían observando desde la orilla.
Fue entonces cuando una familiar se acercó a uno de los responsables del operativo y preguntó si las labores concluirían por ese día.
La respuesta fue inmediata.
—No. Vamos a seguir trabajando. Tenemos que darle hasta las últimas horas de la tarde.
Aquellas palabras devolvieron la esperanza.
Poco después, una intensa lluvia volvió a caer sobre el lugar.
Pero nadie abandonó el operativo.
Mientras el agua descendía desde las montañas, los equipos continuaban realizando barridos sobre el río utilizando embarcaciones y un ancla especialmente adaptada para intentar localizar el vehículo.
Intento tras intento.
Una y otra vez.
Por momentos parecía que el ancla encontraba algún obstáculo.
Luego volvía a soltarse.
La expectativa crecía.
La incertidumbre regresaba.
Hasta que finalmente ocurrió.
El ancla quedó firmemente enganchada.
Nadie quiso celebrar demasiado pronto.
Era necesario confirmar que realmente se trataba del vehículo.
Entonces uno de los buzos, asegurado mediante técnicas de rescate y sujeto a una línea de seguridad, descendió lentamente siguiendo la cuerda.
El río intentó arrastrarlo.
La corriente golpeaba con fuerza.
La visibilidad era prácticamente nula.
Pero, después de algunos minutos bajo el agua, llegó la confirmación.
Era el vehículo.
El buzo aseguró una segunda cuerda para reforzar el amarre y permitir la extracción sin que el cable cediera por el peso o la fuerza de la corriente.
A las 18:45, aproximadamente, comenzó una de las maniobras más delicadas de todo el operativo.
Dos máquinas trabajaron de manera sincronizada.
Rescatistas coordinaban cada movimiento.
Cada metro que ascendía el vehículo parecía detener el tiempo.
Hasta que finalmente emergió del río.
El silencio volvió a imponerse.
Junto al automotor fue recuperado el cuerpo de una de las víctimas.
Se trataba de Jhon Collaguazo.
Durante algunos instantes muchos pensaron que las dos personas serían encontradas en el interior.
Pero la esperanza volvió a transformarse en incertidumbre.
Solo estaba uno.
La otra persona sigue desaparecida.
Los abrazos dieron paso nuevamente al llanto.
Las lágrimas regresaron a las familias.
Los amigos guardaron silencio.
Nadie encontraba palabras suficientes para aliviar un dolor que aún permanecía incompleto.
La búsqueda continúa
La noche cayó sobre el río Zamora.
El operativo fue suspendido únicamente por razones de seguridad.
La decisión fue clara.
Al amanecer, la búsqueda continuará.
Horas más tarde, la esposa de la persona que aún permanece desaparecida utilizó sus redes sociales para hacer un llamado desesperado.
Pidió a la ciudadanía colaborar observando las orillas del río.
Solicitó ayuda.
Agradeció cada gesto de solidaridad recibido durante esos dos días.
Su mensaje resumía el sentimiento de toda una familia que aún espera volver a encontrar a uno de los suyos.
Una lección para las instituciones
Más allá del dolor, esta tragedia deja una reflexión que trasciende el hecho noticioso.
Los rescates en ríos requieren equipamiento especializado, tecnología, embarcaciones adecuadas, sistemas de anclaje, dispositivos de localización subacuática y capacitación permanente.
La valentía de los bomberos y rescatistas quedó demostrada una vez más.
Sin embargo, el compromiso humano no puede seguir reemplazando a la inversión institucional.
Garantizar mejores herramientas no solo incrementa las posibilidades de salvar vidas, sino que también protege a quienes diariamente enfrentan escenarios donde cada decisión puede significar la diferencia entre regresar a casa o convertirse en otra víctima.
Noticias Zamora
Dos personas permanecen desaparecidas tras accidente de tránsito en Cumbaratza
La madrugada de este sábado 1 de agosto, aproximadamente a las 00:10, se ha registrado un aparatoso accidente de tránsito en el sector Mejeche, perteneciente a la parroquia Cumbaratza, en la Troncal Amazónica.
De acuerdo con la información preliminar, el vehículo se habría precipitado aproximadamente 120 metros por una pendiente hasta caer en las aguas del río Zamora. En el lugar únicamente se han encontrado restos del automotor, lo que evidencia la magnitud del siniestro.
Hasta el momento, dos personas permanecen desaparecidas. Equipos del Cuerpo de Bomberos de Zamora y Yantzaza mantienen intensas labores de búsqueda y rescate en la zona con la esperanza de localizar a los ocupantes.
Se espera que en las próximas horas se emita información oficial sobre el avance de las operaciones de búsqueda.
Diario El Amazónico continuará informando conforme se conozcan nuevos detalles de este lamentable hecho.
Noticias Zamora
El chantaje y la proscripción: el libreto para ahogar la democracia
Por: Alonzo Cueva Rojas
Las declaraciones del ministro del Interior son una alerta grave. Exigir que alcaldes y prefectos se alineen con el pensamiento oficial es una postura antidemocrática y una muestra de totalitarismo. Una responsabilidad elemental es coordinar acciones por el progreso del país, pero otra actitud muy distinta es intentar anular la diversidad de opinión y la libertad política.
El gobierno central y las autoridades locales (GAD) tienen la obligación de unirse para dar respuestas reales a la población. Esta cooperación técnica e institucional debe enfocarse en áreas urgentes, sin importar banderas partidistas, como: Coordinar planes firmes para devolver la tranquilidad a los territorios, garantizar escuelas dignas, atención médica y medicinas, proteger a los sectores vulnerables y erradicar la pobreza, entre otros.
Ecuador es un país diverso, intercultural y plurinacional, marcado por diferencias geográficas, culturales y generacionales. Cualquier gobernante debe estar listo para ejercer su función dentro de esa diversidad. Querer imponer un pensamiento único es una aberración política que jamás dará resultados positivos. La alienación no es la solución; el camino seguirá siendo el ejercicio democrático del poder.
Detrás del discurso de la alineación opera un crudo condicionamiento. Es un secreto a voces que a los alcaldes y prefectos con altas opciones de reelección se les presiona con una consigna clara: o se postulan con el partido de gobierno, o les congelan los fondos y les arman problemas legales usando de forma selectiva a la justicia.
A esto se suma la proscripción de líderes sociales y la eliminación de organizaciones políticas de oposición. Al dejar a los líderes legítimos sin casillero electoral, el régimen les cierra el camino. Ante este atropello, muchas autoridades terminan claudicando, disimulando su sumisión por temor a perder su libertad o poner en riesgo a sus familias.
Gobernar mediante el miedo y anular a los rivales destruye la libertad de todo el pueblo ecuatoriano.
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