Noticias Zamora
El asfalto avanza en el proyecto Muchime-28 de mayo, ya tiene un alcance del 50%.
La Prefectura de Zamora Chinchipe a través de la Empresa de Vialidad VIALZACHIN E.P., asfaltó otro tramo en el sector Napurak – Jembuentza, del proyecto Muchime – 28 de mayo, del cantón Yacuambi. Actualmente, esta obra se encuentra ya en la Y de los Ángeles, y tiene 3.5 km asfaltados, de los 21 km que le corresponden atender, esto en seis meses de administración provincial.
Nelson Bravo, gerente de VIALZACHIN E.P., sostuvo que, si las condiciones climáticas son favorables hasta diciembre, se llegaría con el asfalto hasta Jembuentza, y se avanzaría con los trabajos previos de reposición de material desde Jembuentza hasta La Ladrillera de la parroquia La Paz. “Los moradores se sienten contentos y los transportistas, de igual manera, aprovecho este espacio para pedir la comprensión respectiva con lo que respecta al paso vehicular”, señaló Bravo.
“Vemos con alegría cómo el asfalto se está agilitando, el afán de las comunidades beneficiadas es que no se paralicen los trabajos, somos veedores y eso nos hace sentir complacidos”, sustenta Bolívar Tsukanká, morador de Kurintza. Asimismo, Rodrigo Tsukangá, extendió su gratitud a la prefecta Karla Reátegui por seguir impulsando el proyecto.
Cabe resaltar que, maquinaria y personal del Distrito de Trabajos “A”, son el equipo complementario de VIALZACHIN E.P., ejecutan trabajos previos de ensanchamiento de la vía, colocación y construcción de alcantarillas, entre otros trabajos previos a la colocación de la carpeta asfáltica.
A decir de la Prefecta de la provincia, este trabajo avanza gracias a un trabajo planificado con el personal, por lo que agradece el compromiso de los trabajadores, quienes diariamente cumplen con sus responsabilidades en territorio. Además, señaló que comunidades como Los Ángeles ya empiezan a ver el cambio de sus vías, transportando de mejor forma sus productos hacia los distintos mercados.
DATO:
En los primeros seis meses de administración se han asfaltado 3.5 kilómetros de este proyecto.
Noticias Zamora
Ruido, desorden e indiferencia: una realidad que ya no podemos aceptar los Zamoranos
Se ha vuelto común escuchar música a todo volumen desde vehículos a cualquier hora del día o de la noche. Se ha normalizado consumir alcohol en la vía pública, dejando basura, botellas, orina en espacios que pertenecen a todos. Se ha vuelto habitual soportar el ruido ensordecedor de ciertas motocicletas y las explosiones de fuegos artificiales lanzados sin considerar a quienes sufren sus consecuencias.
Pero que algo sea frecuente no significa que sea correcto. Detrás de cada estruendo provocado por un cohete o por sistemas de sonido excesivos, hay niños que despiertan asustados, personas con autismo que sufren crisis sensoriales, adultos mayores que experimentan angustia, enfermos que no pueden descansar, estudiantes que no logran concentrarse y animales que viven momentos de verdadero terror.
Los fuegos artificiales no solo producen ruido. También provocan lesiones, contaminación del aire, incendios y graves afectaciones emocionales y físicas. Miles de mascotas huyen desesperadas, se extravían o sufren accidentes por el miedo. Las aves abandonan sus nidos y la fauna silvestre ve alterada en su comportamiento natural. Lo que para algunos dura unos segundos de diversión, para otros representa horas o días de sufrimiento.
La verdadera alegría no necesita causar dolor a nadie. Las celebraciones religiosas, culturales, deportivas, políticas o sociales deben desarrollarse dentro de un marco de respeto, empatía y convivencia. La libertad de celebrar termina donde comienza el derecho de los demás a la tranquilidad, la salud y la seguridad.
Por ello, hacemos un llamado respetuoso pero firme a las autoridades competentes y a la Municipalidad de Zamora para que impulsen e implementen ordenanzas que regulen de manera efectiva la contaminación acústica, el uso de fuegos artificiales y todas aquellas actividades que afectan la calidad de vida de la población y el bienestar animal.
Zamora, como capital de la provincia de Zamora Chinchipe, debe convertirse en un ejemplo de orden, cultura ciudadana y convivencia pacífica. Y hacemos también un llamado a cada ciudadano, institución, organización y dirigentes: antes de encender un parlante, acelerar una motocicleta innecesariamente o lanzar un cohete al cielo, piensen en quienes los rodean.
La empatía es la capacidad de entender que no vivimos solos. Una sociedad verdaderamente desarrollada no es la que hace más ruido, sino la que demuestra más respeto.
Construyamos una Zamora donde la alegría de unos no signifique sufrimiento para otros; una Zamora donde el respeto, la consideración y la convivencia sean más fuertes que el ruido.
Porque el bienestar colectivo comienza cuando entendemos que nuestros derechos nunca pueden estar por encima de la tranquilidad, la salud y la dignidad de los demás.
Noticias Zamora
Alcaldía de Zamora entregó ayuda humanitaria a familias afectadas por el aluvión en Kantzama Bajo
La tarde del jueves 6 de agosto, el alcalde del cantón Zamora, Manuel González, encabezó la entrega de ayuda humanitaria a las familias afectadas por el aluvión registrado en los barrios Kantzama Bajo y Santa Isabel, en la parroquia Guadalupe. Durante la jornada, la autoridad anunció nuevas acciones para la recuperación de la zona, entre ellas la priorización de recursos municipales destinados a la limpieza y encauzamiento de la quebrada.
En su intervención, el alcalde informó que el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Cantonal resolvió solicitar al Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal de Zamora que se priorice la suspensión de las festividades previstas para octubre, con el fin de destinar esos recursos a la compra de combustible para la maquinaria que continúa ejecutando labores de limpieza, remoción de material y adecuación del cauce de la quebrada.
«Nuestro compromiso es seguir trabajando para que la quebrada recupere su cauce y evitar que vuelva a desbordarse y afecte a las familias del sector», manifestó González.
La autoridad destacó además el respaldo recibido por parte de la Asociación de Municipalidades Ecuatorianas (AME), el Consorcio de Municipios Amazónicos y Galápagos (COMAGA), una fundación de Guayaquil, organizaciones solidarias, ciudadanos de Israel y la población zamorana, que contribuyó mediante una maratón solidaria organizada en el cantón.
Más de diez vehículos trasladaron asistencia humanitaria
Como parte de la jornada solidaria, el Municipio de Zamora movilizó más de diez vehículos, entre volquetas y camionetas, para transportar la ayuda destinada a las familias damnificadas.
Cada núcleo familiar recibió un kit conformado por:
• Un colchón.
• Un cilindro de gas.
• Una cocina.
• Un juego de sábanas.
• Una almohada.
• Un purificador de agua.
• Alimentos.
• Medicamentos.
El alcalde también anunció que el Municipio entregará medicinas al Seguro Social Campesino de la provincia y recordó que la administración municipal puso a disposición un terreno para facilitar la construcción de viviendas destinadas a las familias que perdieron sus hogares durante la emergencia.
Habitantes agradecen el respaldo institucional
Durante el acto intervino Darwin León, representante del presidente del barrio Kantzama Bajo, quien destacó el acompañamiento permanente de las autoridades desde los primeros días posteriores al desastre.
Señaló que, gracias al trabajo conjunto entre las instituciones y la comunidad, 15 familias ya han retornado a habitar el barrio, mientras continúan los trabajos de recuperación.
Asimismo, expresó su reconocimiento al alcalde, a los concejales, a la AME, a la Junta Parroquial de Guadalupe y a las numerosas personas e instituciones que brindaron ayuda solidaria.
No obstante, solicitó que continúen las obras para garantizar la seguridad de la población, especialmente mediante el encauzamiento del río, el mejoramiento del alcantarillado —que recientemente presentó un colapso— y la ejecución de obras de protección que permitan a las familias permanecer en el lugar donde han construido su proyecto de vida.
Santa Isabel busca reconstruirse
En representación del barrio Santa Isabel, Fernanda Tejedor agradeció la solidaridad de las instituciones públicas, fundaciones y ciudadanos que han contribuido con la recuperación de las familias afectadas.
Manifestó que el apoyo recibido representa una oportunidad para volver a empezar después de las pérdidas humanas y materiales ocasionadas por el aluvión.
Además, solicitó al Gobierno Municipal continuar con las obras de encauzamiento del río y el embaulado correspondiente, con el objetivo de recuperar las condiciones de seguridad y reactivar el desarrollo del barrio, reconocido anteriormente como uno de los sectores turísticos del cantón Zamora.
Gobierno Parroquial destaca la solidaridad nacional
Por su parte, la vicepresidenta del Gobierno Parroquial de Guadalupe, Rita Japón, agradeció la gestión realizada por el alcalde para canalizar ayuda desde distintos municipios, instituciones públicas, empresas privadas y organizaciones solidarias del país.
Durante su intervención recordó que, pese al avance en las labores de recuperación, la emergencia aún no concluye, debido a que continúan las tareas de búsqueda de personas desaparecidas.
La representante parroquial subrayó que la pérdida de vidas humanas constituye la consecuencia más dolorosa de la tragedia y señaló que la reconstrucción de la comunidad requerirá del acompañamiento permanente de las instituciones y de la solidaridad ciudadana.
La jornada concluyó con la entrega de la asistencia humanitaria a las familias afectadas y con el compromiso de las autoridades de mantener las acciones de recuperación, reconstrucción y mitigación del riesgo en los sectores golpeados por el aluvión, priorizando la seguridad de la población y la rehabilitación de la infraestructura básica.
Noticias Zamora
Kantzama Bajo: el dolor que la montaña no sepultó
Un mes después del deslave que cambió para siempre a la parroquia Guadalupe, las campanas siguen sonando para quienes aún no regresan. La montaña dejó de caer hace semanas; el dolor, en cambio, continúa descendiendo cada día sobre las familias que aprendieron a vivir entre la memoria, la fe y la incertidumbre.
Hay tragedias que terminan cuando las cámaras se apagan.
Y hay otras que apenas comienzan.
En Kantzama Bajo, la madrugada del 4 de julio de 2026 no solo sepultó viviendas bajo toneladas de tierra y roca. También enterró proyectos de vida, destruyó árboles genealógicos completos y rompió una tranquilidad que durante décadas había definido a esta comunidad amazónica de la parroquia Guadalupe, en el cantón Zamora.
Treinta y un días después, el barro ya no ocupa las portadas nacionales. Las brigadas de emergencia disminuyeron. Los motores de la maquinaria pesada dejaron de escucharse con la misma intensidad.
Pero en el corazón de las familias, la tragedia sigue ocurriendo.
Porque todavía faltan seis personas por regresar.
El regreso al lugar donde el tiempo se detuvo
A las cinco de la tarde del martes 4 de agosto, los habitantes comenzaron a caminar lentamente hacia el lugar donde hace apenas un mes la montaña descendió con una fuerza capaz de borrar calles enteras.
Algunos abrazaban a sus hijos con una fuerza distinta, como quien ha descubierto que la vida puede cambiar en cuestión de segundos. El viento apenas movía las hojas de los arboles. Sobre las piedras todavía podían observarse las cicatrices del deslave.
Allí, en medio del silencio, el padre Telmo Vinicio Girón inició la eucaristía.
Las primeras palabras apenas lograron romper la quietud.
Después llegaron las lágrimas.
Porque cuando una comunidad pierde diecinueve vidas en una sola madrugada, las oraciones dejan de ser un ritual religioso para convertirse en un acto colectivo de supervivencia.
Hay nombres que ya descansan. Hay otros que siguen esperando
Uno por uno fueron pronunciándose los nombres de quienes lograron volver a casa, aunque fuera para recibir el último adiós.
Víctor Hugo Arias Herrera.
Segundo Miguel Ordoñez Patiño.
El pequeño Eitan Lozano Amay, de apenas un año de edad.
Santiago Sanimba Antun.
María Rosa Sucunuta Quituisaca.
Carmen Inés Pineda Carpio.
Gilberto Humberto Amay Villavicencio.
Mirely Jackeline Quezada Amay.
Walter Adrián Quezada Amay.
Dominga Soledad Valarezo Putzama.
Gladys Mariela Amay Pineda.
Patricia Elizabeth Jaramillo Ortega.
Juan Carlos Tejedor Quezada.
Cada nombre resonó como una campana.
Cada nombre provocó un nuevo llanto.
Porque detrás de cada víctima existe una mesa con un puesto vacío, una habitación que permanece intacta y una familia que todavía conversa con fotografías.
Pero hubo un instante particularmente doloroso.
Cuando terminaron de leer los trece nombres recuperados, el silencio volvió a ocupar el lugar de las palabras.
Era el espacio reservado para quienes aún permanecen desaparecidos.
Liliana Tiwi Kuji.
Franklin Quezada.
Mayla Vera Amay.
Marjury Ortiz Tacuri.
Luis Miguel Granda Tuza.
Ivonne Margareth Panchi Rodríguez.
Ellos siguen sin regresar.
Y mientras no aparezcan, para sus familias la tragedia continuará ocurriendo cada amanecer.
La solidaridad llegó antes que el olvido
Cuando Rosa Pineda tomó el micrófono, no habló desde el resentimiento.
Habló desde la gratitud.
Recordó que durante los días más difíciles miles de personas llegaron desde diferentes provincias para ayudar a remover escombros, entregar alimentos, donar combustible, prestar maquinaria o simplemente abrazar a quienes habían perdido absolutamente todo.
Éder Tiwi continuó el homenaje recordando que la tragedia también mostró el rostro más humano del Ecuador.
Bomberos.
Policías.
Militares.
Paramédicos.
Médicos.
Voluntarios.
Funcionarios públicos.
Conductores de maquinaria pesada.
Empresas privadas.
Comunidades indígenas.
Vecinos que nunca habían pisado Guadalupe.
Todos terminaron compartiendo el mismo objetivo: encontrar a quienes la montaña había ocultado.
En las grandes catástrofes, la solidaridad suele convertirse en la única institución que nunca llega tarde.
El duelo que las estadísticas no pueden medir
Gestión del riesgo insiste en una verdad frecuentemente ignorada: los desastres no terminan cuando finalizan las operaciones de rescate.
Comienzan entonces otras emergencias menos visibles.
La ansiedad.
La depresión.
El estrés postraumático.
La pérdida de medios de vida.
La ruptura del tejido comunitario.
La incertidumbre permanente.
Kantzama Bajo vive hoy una segunda tragedia.
Más silenciosa.
Más lenta.
Pero igualmente devastadora.
Porque mientras existan personas desaparecidas, las familias permanecen suspendidas entre dos dolores: no pueden despedirse definitivamente ni pueden conservar intacta la esperanza.
Los psicólogos llaman a este fenómeno «duelo ambiguo»: una ausencia que nunca encuentra un cierre.
La reconstrucción no puede quedarse en el discurso
Durante la ceremonia nocturna, organizada por el Gobierno Parroquial y el Comité Pro-Mejoras de Guadalupe, Franklin Santos recordó que la comunidad agradece profundamente toda la ayuda recibida.
Sin embargo, también advirtió que la solidaridad debe transformarse en políticas públicas permanentes.
La reconstrucción exige mucho más que maquinaria.
Exige planificación territorial.
Evaluaciones geológicas rigurosas.
Viviendas seguras.
Sistemas de alerta temprana.
Educación comunitaria sobre gestión del riesgo.
Atención psicológica prolongada.
Y, sobre todo, el cumplimiento de los compromisos asumidos por las autoridades.
Porque levantar paredes resulta más sencillo que reconstruir la confianza de un pueblo que vio desaparecer a diecinueve de sus habitantes en una sola madrugada.
Cuando la noticia termina y comienza la historia
El periodismo suele medir el tiempo en primicias.
Las comunidades lo hacen en ausencias.
Mientras los titulares nacionales avanzan hacia nuevos acontecimientos, Guadalupe continúa viviendo el mismo día.
Cada lluvia vuelve a despertar el miedo.
Cada ruido proveniente de la montaña revive aquella madrugada.
Cada aniversario recuerda que existen seis familias que todavía esperan encontrar a sus seres queridos para poder cerrar un duelo que permanece inconcluso.
La montaña guarda silencio. El pueblo no puede hacerlo
La misa terminó.
Las velas comenzaron a apagarse lentamente.
Los asistentes regresaron a sus hogares.
Pero antes de marcharse, muchas personas miraron una vez más hacia la montaña.
No con rabia.
No con miedo.
Sino con esa mezcla de esperanza y resignación que solo conocen quienes siguen esperando un milagro.
Porque Kantzama Bajo comprendió una lección que ninguna comunidad quisiera aprender.
Que existen tragedias capaces de destruir una geografía en pocos minutos.
Pero también existen dolores que necesitan generaciones enteras para reconstruirse.
Y mientras los nombres de Liliana, Franklin, Mayla, Marjury, Luis Miguel e Ivonne continúen perdidos entre la tierra, los ríos y la memoria, la historia de esta comunidad seguirá escribiéndose en tiempo presente.
La montaña dejó de caer hace un mes.
El duelo, en cambio, todavía no encuentra dónde descansar.
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