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Opinión

Testamento 2022

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Por: Pablo Ruíz

Que quede atrás el dolor, lo impropio, la desaventura, que ello se lleve cualquier tipo de amargura. Que venga la esencia, lo natural, la locura, que ella consuma cada átomo de nuestra compostura para crear nuevos caminos, dar pasos nuevos y elaborar nuevos destinos.

Que queden atrás las certezas, las comodidades y las sapiencias. Que venga la incertidumbre como bandera para aprender nuevas ideas. Que venga la incomodidad a ser fiel compañera, para no estancarnos en un metro cuadrado de tierra. Que venga la duda permanente a ser un buen desayuno de la mañana para quitarnos los dogmas y beber la libertad diaria.

Que queden atrás los amores de alcoba, los besos de plástico, los abrazos de dos brazos. Que vengan los amantes de cuatro estaciones, de todos los colores, de todos los espacios, para hacer del amor un movimiento diario. Que vengan los besos estrafalarios, los pequeños, los grandes, los oscuros e iluminados, para hacer danzar las lenguas y los ojos como un vals acompasado. Que vengan los abrazos de cuerpo entero, los sentidos, los de unir un alma a partir de dos, tres, cuatro cuerpos, es más que los abrazos sean de varios elementos, para que nos entendamos con el otro y los otros en un solo argumento.

Que queden atrás los apuntadores del todo, los pasivos de la nada, los hacedores del odio. Que venga la responsabilidad de cada uno, la compartida, para construir juntos, para apuntar por primera vez la ciudad y país que en la diversidad debemos trabajar en conjunto. Que vengan los activos, los activos del amor, los activos de la vida, los activos del día a día, los que hacen el amor con la vida misma, los que se beben el aire cada mañana, los que no tienen más que el presente y la bienaventuranza.

Que hagamos de la interrupción, un camino nuevo; del tropiezo un paso de danza; del miedo, un amigo; del sueño, una realidad; de la búsqueda, un camino; de la vida, una aventura; de la muerte, nuestra sombra; de la verdad, un desafío; del beso, un alimento; del error, un reto aprendido. Que hagamos del cuerpo, una fiesta; de la naturaleza, un hogar; de la familia un refugio; del amigo, un hermano; del amor, una verdad. Que vayamos por la vida hasta el ocaso de nuestros tiempos, empolvados, amados, coloreados diciendo ¡bien vivido hasta el último de mis días!. Fuente: El Telégrafo

Nacionales

Cuando la Universidad regala títulos y la justicia paga el precio

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“Un vaso de agua y un título de derecho no se le niega a nadie” ya no suena a chiste: suena a diagnóstico. En Ecuador, esta frase resume una realidad incómoda sobre la educación superior, especialmente en Derecho. Hoy, el problema no es que más personas estudien, sino que muchas universidades han convertido la formación profesional en un trámite rápido, cómodo y superficial, donde el esfuerzo real del estudiante parece haber desaparecido.

El caso más alarmante es el de los posgrados. Maestrías que se ofrecen en ocho meses, con clases cada quince días, sin exámenes rigurosos, sin investigación seria, sin lectura profunda y sin verdadera exigencia académica. Se promete un “cuarto nivel” como si fuera un producto más del mercado. No se forma al profesional; se le vende un título. Y cuando el título se compra con tiempo y no con mérito, pierde todo su valor.

Las universidades, en muchos casos, han dejado de ser espacios de pensamiento crítico para convertirse en fábricas de certificados. Se prioriza la matrícula sobre la calidad, el número de graduados sobre el nivel de formación. El estudiante ya no suda el conocimiento, no se enfrenta al error, no es desafiado intelectualmente. Todo es cómodo, rápido y liviano. Así, se gradúan abogados que nunca escribieron un verdadero ensayo, que nunca investigaron un problema jurídico en serio y que jamás fueron evaluados con dureza.

El resultado es evidente: profesionales con títulos, pero sin base sólida. Abogados con maestrías, pero sin criterio. Jueces, fiscales y litigantes que manejan conceptos sin profundidad, que repiten fórmulas sin comprenderlas y que confunden la profesión con un negocio. Por ende, la corrupción no sorprende; florece donde no hay ética, ni rigor, ni vocación.

La justicia ecuatoriana hoy está en crisis, y no solo por la infiltración del crimen organizado, sino por la debilidad estructural de quienes la integran. Si la universidad no forma con exigencia, el sistema judicial recibe operadores frágiles. Y cuando un sistema se construye con personas mal formadas, lo que se obtiene no es justicia, sino simulación de justicia.

No se trata de negar el derecho a superarse. Todo lo contrario. Se trata de recuperar el sentido del esfuerzo, del estudio serio, del mérito real. Una maestría no debería regalarse por asistir cada quince días. Un título no debería entregarse sin haber pasado por un examen riguroso, investigativo y crítico. Mientras las universidades sigan ofreciendo comodidad en lugar de excelencia, la frase seguirá vigente. Y la justicia seguirá pagando el precio.

 

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Noticias Zamora

Votos para vivir del Estado: la otra cara del poder

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La proximidad de los procesos electorales suele revelar una dinámica recurrente y profundamente preocupante en la cultura política local y nacional: la aparición súbita de actores políticos que, fuera del calendario electoral, permanecen ausentes de la vida social, especialmente del mundo rural y comunitario. En campaña, muchos reaparecen recorriendo comunidades, participando en mingas, vistiendo sombrero, botas, lenguaje popular, incluso, no importa si huele a trabajo— como parte de una estrategia cuidadosamente calculada.

Este fenómeno, ampliamente estudiado desde la ciencia política y la sociología electoral, puede definirse como instrumentalización del territorio y de la identidad popular, donde el “ser pueblo” deja de ser una convicción ética y se convierte en un recurso narrativo para captar votos. Resulta evidente la contradicción entre estas conductas coyunturales y las prácticas cotidianas de muchos de estos actores, que ya se ven haciendo lo que nuca hicieron, solo se acuerdan en campaña y contextos urbanos suelen reproducir lógicas de exclusión, elitismo y desprecio hacia los sectores populares, a los que solo reconocen cuando necesitan legitimidad electoral.

Más grave aún es lo que ocurre tras la victoria. Una vez alcanzado el cargo público, estos mismos personajes rompen el vínculo social construido artificialmente, se distancian de la ciudadanía, desconocen a quienes trabajaron en sus campañas y adoptan actitudes de prepotencia, silencio cómplice o comodidad burocrática, convirtiéndose en meros consumidores del Estado, antes que en servidores públicos comprometidos con la defensa de los intereses colectivos.

En territorios como Zamora Chinchipe, esta práctica no es nueva ni aislada. Ya se ven figuras que han vivido durante años de los recursos públicos, sin generar transformaciones estructurales, tampoco un buen servicio, ni asumir una defensa real de la población frente a las problemáticas actuales, y que hoy buscan perpetuarse en el poder apelando al voto ciudadano. Esta realidad interpela directamente a la conciencia democrática de la sociedad.

En consecuencia, el desafío no recae únicamente en quienes aspiran al poder, sino también en una ciudadanía llamada a ejercer un voto crítico, informado y con memoria histórica, capaz de diferenciar entre la cercanía auténtica y la actuación oportunista. La democracia se debilita cuando se normaliza la simulación política; se fortalece, en cambio, cuando el pueblo exige coherencia, ética pública y presencia permanente, no solo en tiempos de campaña.

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Noticias Zamora

Cuando el temperamento se convierte en virtud

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Introducción

Cada persona camina por la vida con una manera particular de sentir, reaccionar y relacionarse con los demás. Algunos enfrentan las dificultades con calma, otros con intensidad; unos son pacientes y reservados, mientras que otros son expresivos y sensibles. Estas diferencias no son casuales. Nacen de una fuerza interior silenciosa que acompaña al ser humano desde su primer aliento: el temperamento.

El temperamento influye en nuestras palabras, decisiones, reacciones y relaciones. Puede abrir puertas… o cerrarlas. Puede edificar vínculos… o destruirlos. De ahí la verdad profunda que nos recuerda: cuando a una persona le gana su temperamento, a menudo lo pierde todo.

Comprender qué es el temperamento, cómo se forma y cómo actúa en nuestra vida diaria no es solo un ejercicio de conocimiento, sino un paso esencial hacia el crecimiento personal, la armonía interior y la convivencia sana. Este artículo te invita a descubrir la raíz invisible de tu manera de ser y a aprender cómo transformar tu temperamento en una fuente de virtud, equilibrio y fortaleza interior.

El temperamento: La raíz invisible de nuestra manera de ser 

El temperamento es el conjunto de características emocionales innatas que determinan la manera en que una persona reacciona ante las situaciones de la vida. Incluye aspectos como la intensidad de las emociones, el nivel de actividad, la paciencia, la impulsividad y la capacidad de adaptación a los cambios. Estas características están presentes desde el nacimiento y se manifiestan en el comportamiento habitual de cada individuo.

El temperamento es, en gran medida, una herencia genética recibida de los padres. Es el que influye en que una persona sea más abierta y extrovertida, o bien más reservada e introvertida. Aunque no es el único factor que influye en la conducta humana, sí es el más estable y permanente a lo largo de la vida. A su vez, los primeros años en el hogar, la educación, las experiencias y las motivaciones personales también ejercen una influencia significativa sobre la manera de actuar.

Desde una perspectiva humana, no existe otro elemento que influya tan profundamente en el comportamiento como el temperamento heredado. La combinación de genes y cromosomas recibidos en el momento de la concepción establece el temperamento básico, el cual interviene de manera decisiva en nuestras acciones, reacciones y emociones.

El temperamento puede considerarse como la base biológica de la personalidad. Es el componente más estable y menos modificable del carácter, ya que está determinado por factores genéticos y neurológicos. A partir de él se desarrollan otros aspectos de la personalidad, como el carácter, las actitudes y los hábitos, que sí pueden ser moldeados por la educación, la cultura y las experiencias de vida.

La principal ventaja de conocer los cuatro temperamentos básicos es que permite identificar con mayor claridad las fortalezas y debilidades personales. Este conocimiento facilita el crecimiento integral, ya que brinda la oportunidad de trabajar en las debilidades, fortalecer las virtudes y desarrollar una vida más equilibrada y consciente.

La esencia que moldea tu historia 

Aunque el temperamento tiene una base genética y no puede cambiarse en su esencia, sí puede ser educado, pulido y transformado. Embellecer el temperamento no significa negarlo, sino aprender a dirigirlo con madurez, autocontrol e inteligencia emocional. Cuando una persona armoniza su temperamento, mejora su bienestar interior, fortalece sus relaciones y eleva su calidad de vida.

Claves para transformar el temperamento en virtud

  1. Conócete profundamente

Reconocer el propio temperamento permite identificar fortalezas, debilidades y reacciones habituales. El autoconocimiento es el inicio de la responsabilidad personal y del cambio consciente.

  1. Desarrolla el autocontrol

No se trata de reprimir emociones, sino de aprender a expresarlas de manera sana. Pensar antes de actuar, controlar impulsos y manejar el enojo protege las relaciones y evita conflictos innecesarios.

  1. Fortalece la inteligencia emocional

Comprender lo que sientes, escuchar con empatía y expresar emociones sin herir transforma el temperamento en una fortaleza y no en un obstáculo.

  1. Practica la paciencia y la tolerancia

Aceptar las diferencias, respetar los procesos de los demás y evitar juicios apresurados suaviza el carácter y genera paz interior.

  1. Cultiva hábitos que armonicen tu vida

El descanso, la buena alimentación, la actividad física y los espacios de calma ayudan a regular el estado emocional y favorecen reacciones más equilibradas.

  1. Aprende de tus errores

Reconocer fallas sin justificarlas fortalece el carácter y convierte cada experiencia en una oportunidad de crecimiento.

  1. Rodéate de influencias positivas

Las personas equilibradas y empáticas inspiran conductas sanas y ayudan a modelar un temperamento más armonioso.

  1. Vive valores que embellecen el alma

La humildad, el respeto, la honestidad, la gratitud y la responsabilidad actúan como verdaderos “pulidores” del temperamento, permitiendo que se exprese de manera constructiva.

La línea invisible entre temperamento y carácter

Aunque muchas personas utilizan estos términos como sinónimos, temperamento y carácter no son lo mismo, aunque están profundamente relacionados. Confundirlos puede llevar a justificar conductas dañinas o a renunciar al proceso de crecimiento personal bajo la idea errónea de que “así somos y no podemos cambiar”.

El temperamento es lo que recibimos. Es la base emocional con la que nacemos: biológica, hereditaria y automática. Determina la manera natural en que tendemos a reaccionar ante la vida: con rapidez o lentitud, con intensidad o calma, con apertura o reserva, con sensibilidad o firmeza. Es nuestro punto de partida. No se elige, no se aprende ni se construye; simplemente se recibe.

El carácter es lo que construimos. Es la forma consciente en que decidimos vivir, actuar y responder a las circunstancias. Se forma con el tiempo mediante hábitos, valores, disciplina, experiencias, decisiones y convicciones. A diferencia del temperamento, el carácter no es automático: es intencional.

Mientras el temperamento representa una tendencia natural, el carácter es una elección sostenida en el tiempo. El temperamento describe cómo reaccionas; el carácter revela quién eres.

Ambos se relacionan de manera profunda: el temperamento es el material; el carácter es la obra. El temperamento es la arcilla; el carácter es la escultura. Aunque el temperamento influye en la formación del carácter, no lo determina.

Un temperamento fuerte puede formar un carácter firme… o uno autoritario. Un temperamento sensible puede formar un carácter compasivo… o uno inseguro. El mismo temperamento, educado o no, puede producir resultados completamente opuestos.

Las cuatro raíces de nuestra manera de ser

Desde la antigüedad, el estudio del temperamento ha buscado comprender por qué las personas reaccionan de manera diferente ante la vida. Hipócrates, hace más de 2400 años, propuso la teoría de los cuatro temperamentos básicos, la cual sigue siendo una referencia fundamental en el conocimiento de la personalidad humana. Según esta clasificación, existen cuatro tipos principales de temperamento: sanguíneo, colérico, melancólico y flemático.

Cada uno posee fortalezas y debilidades que forman parte de su naturaleza y que se manifiestan de manera constante a lo largo de la vida.

Temperamento Sanguíneo

El sanguíneo es una persona sociable, entusiasta y expresiva. Suelen ser comunicativos, optimistas y afectuosos. Disfrutan estar rodeados de personas, contagian alegría y tienen facilidad para hacer amigos. Sin embargo, pueden ser impulsivos, desorganizados, poco constantes y guiados más por las emociones que por la reflexión.

Temperamento Colérico

El colérico es decidido, activo y con una fuerte capacidad de liderazgo. Es práctico, productivo y orientado a metas. No teme a los retos y suele sobresalir en posiciones de autoridad. No obstante, su carácter puede tornarse dominante, impaciente, orgulloso o poco sensible hacia los demás.

Temperamento Melancólico

El melancólico es analítico, profundo y perfeccionista. Se caracteriza por su sensibilidad, lealtad y alto sentido de responsabilidad. Tiende a ser reservado, reflexivo y muy disciplinado. Entre sus debilidades pueden aparecer el pesimismo, la rigidez, la tendencia a la crítica y la dificultad para relacionarse socialmente.

Temperamento Flemático

El flemático es tranquilo, paciente y equilibrado. Busca la armonía, evita los conflictos y es confiable. Tiene buen humor y una actitud estable ante la vida. Sin embargo, puede mostrarse indeciso, pasivo, poco expresivo y con dificultad para tomar iniciativa.

Estos cuatro temperamentos influyen en la forma de pensar, sentir, actuar y relacionarse, así como en la manera de enfrentar responsabilidades, tomar decisiones y resolver conflictos. Ninguno es mejor que otro; cada uno posee cualidades valiosas que, cuando son bien dirigidas, pueden convertirse en grandes fortalezas personales.

Ninguna persona posee un solo temperamento en estado puro. En cada individuo se combinan dos o más temperamentos, generalmente con uno que predomina y otro que lo complementa. Estas combinaciones crean perfiles únicos que influyen en la personalidad, el comportamiento, la forma de relacionarse y la manera de enfrentar la vida. Por ello, aunque existan cuatro temperamentos básicos, la diversidad humana es amplia y cada persona manifiesta una mezcla particular que la hace irrepetible.

La fuerza invisible que dirige nuestras decisiones

El temperamento influye de manera profunda en la forma en que cada persona se comunica, toma decisiones, enfrenta los problemas y se relaciona con los demás. Afecta el rendimiento académico y laboral, la manera de manejar el estrés, así como la calidad de las relaciones familiares, sociales y afectivas. Comprender el propio temperamento permite reconocer fortalezas, identificar debilidades y trabajar conscientemente para lograr un mayor equilibrio emocional.

Importancia de conocer los temperamentos: Conocer los temperamentos básicos favorece la comunicación, reduce los conflictos y fortalece las relaciones, ya que permite comprender por qué las personas actúan de determinada manera. Este conocimiento ayuda a desarrollar empatía, adaptar el trato hacia los demás y aprovechar las fortalezas individuales, creando ambientes más armónicos y productivos.

  • En la familia, ayuda a los padres a comprender las reacciones de sus hijos y a guiarlos de manera respetuosa, considerando sus tendencias innatas.
  • En el trabajo, facilita la asignación de funciones según las capacidades de cada temperamento y mejora el manejo de conflictos, promoviendo la eficiencia del equipo.
  • Con las amistades, permite valorar las diferencias, aceptar las formas de ser de cada persona y fortalecer los vínculos.

Recomendaciones para mejorar el temperamento y mantener relaciones respetuosas:

  • Practicar la empatía, procurando comprender los sentimientos y puntos de vista de los demás.
  • Controlar los impulsos antes de hablar o actuar, especialmente en situaciones de tensión.
  • Desarrollar la paciencia y la tolerancia mediante la reflexión y el autocontrol.
  • Expresar las emociones de forma respetuosa y asertiva.
  • Realizar actividades que ayuden a liberar el estrés, como el ejercicio, la lectura o la meditación.
  • Buscar apoyo en familiares, amigos o profesionales cuando sea necesario.

Resumiendo, diríamos que comprender los temperamentos ofrece un marco para anticipar conductas y responder de manera más adecuada ante las diferentes personalidades. Esto promueve la tolerancia, la comprensión mutua y el crecimiento personal y colectivo en todas las áreas de la vida.

Conclusión

El temperamento no es un obstáculo, es un punto de partida. Es la huella emocional con la que llegamos al mundo y la fuerza interior que impulsa nuestras reacciones, decisiones y relaciones. Aunque nace con nosotros, no está destinado a gobernarnos sin dirección. Cuando se le educa, se le comprende y se le guía con conciencia, el temperamento deja de ser un límite y se convierte en una fuente de virtud, equilibrio y fortaleza interior.

Conocer el propio temperamento permite mirarse con honestidad, aceptar las propias tendencias y asumir la responsabilidad de transformarlas en herramientas de crecimiento. No se trata de cambiar quiénes somos, sino de aprender a dirigir lo que somos hacia su mejor versión. Allí donde antes hubo impulsividad, puede nacer la prudencia; donde hubo rigidez, puede florecer la comprensión; donde hubo temor, puede crecer la firmeza.

Aprender a armonizar el temperamento es, en esencia, un acto de madurez y amor propio. Es elegir conscientemente, responder en lugar de reaccionar, construir en lugar de herir, y crecer en lugar de repetir patrones. Cuando el temperamento se convierte en virtud, no solo mejora la vida interior, sino que se transforma también la manera de amar, de convivir y de dejar huella en el mundo.

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