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La minería industrial ha determinado el crecimiento de Zamora Chinchipe

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  • Al 2026, la minería industrial en Zamora Chinchipe significará el 82% de la actividad económica de la provincia.
  • Además, impulsará la generación de empleo con alrededor de 24 mil plazas en dos años.

En Zamora Chinchipe se asientan las dos minas a gran escala del Ecuador: Fruta del Norte y Mirador, que se han convertido en una fuente importante de divisas para la zona y para todo Ecuador.  Es así que, según datos del Banco Central del Ecuador, durante el primer semestre de 2022 se exportaron USD 1.457 millones de productos mineros, que en porcentajes representa un 58,61% más de lo exportado en el mismo periodo del año 2021.

Aparte de los beneficios económicos que aporta, la minería industrial es legal y responsable, con el ambiente, con las comunidades, con sus equipos de trabajo, con la seguridad y con el cumplimiento de las leyes ecuatorianas. Es la principal conclusión expuesta en el conversatorio en el que también se presentó el estudio:  Importancia actual y futura de la industria minera en Ecuador y en Zamora Chinchipe.

La minería formal en Zamora Chinchipe se convertirá en una fuente importante de divisas por inversión extranjera directa y exportaciones y de ingresos fiscales vía regalías e impuestos. Las dos minas industriales que están en operación se encuentran entre las 10 empresas que más impuestos aportaron al país.

“Los productos mineros son ahora el cuarto producto de exportación y tercer producto respecto a exportaciones no petroleras. Esto apoya positivamente la balanza comercial y transforma los recursos en bienestar y desarrollo para los ecuatorianos. La minería no solamente contribuye en diversos aspectos de la vida cotidiana mundial sino sirve para crear mejores sociedades, para reducir la pobreza, para que más personas puedan acceder a oportunidades de educación, de empleo justo y crecimiento económico”, mencionó María Eulalia Silva, presidenta ejecutiva de la Cámara de Minería de Ecuador.

Alberto Acosta Burneo, director del Grupo Spurrier, quienes realizaron el estudio, explicó que en la provincia de Zamora Chinchipe se reportan dos minas en explotación, 11 proyectos en exploración avanzada y más de 12 en exploración inicial. A la medida que avancen estos proyectos se generará empleo, inversión y beneficios para el Ecuador.

“La minería industrial es una actividad totalmente nueva, recién en Ecuador empezaron a operar las dos primeras minas industriales, antes no existían y por eso es poco conocida, pero cumple con altos estándares ambientales y tecnológicos y de primer mundo.  Ecuador tiene una oportunidad única para impulsar el despegue de la minería generando un entorno amigable con la inversión y con reglas claras a través de la construcción de una institucionalidad fuerte”, agregó Alberto Acosta Burneo.  

María Eulalia Silva también señaló que: “La actividad minera es una fuente importante de recursos para el Estado y una inmensa oportunidad pare reducir la pobreza, como el caso de Zamora Chinchipe que es la provincia que más logró reducir el porcentaje de pobreza entre 2019 y 2021, de acuerdo con el INEC. Es decir, antes, 43 de cada 100 habitantes eran pobres y al cierre del año pasado esa cifra pasó a 30 de cada 100”, también.

En tanto, Nathan Monash, vicepresidente de Sostenibilidad de Negocios de Lundin Gold mencionó que: “En el 2020 Fruta del Norte aportó con 0,32% al Producto Interno Bruto de Ecuador y para el 2021 este aporte incrementó a 0,5%. Esto visibiliza cómo la industria minera promueve el desarrollo económico y genera encadenamientos productivos”, también señaló que el empleo formal generado por la empresa hasta octubre de este año fue de 1.909 empleados directos, más del 50% de ellos de la provincia de Zamora Chinchipe.  

 Para Kelly Montaño, presidenta del GAD Parroquial Los Encuentros, dijo que como dirigente comunitaria y como parte de la comunidad, además la minería a gran escala ha transformado la calidad de vida de muchas personas en la provincia y sobre todo en su parroquia, ahora son más las empresas locales que han proliferado gracias a la minería y a los proyectos que se han desarrollado en conjunto con la empresa minera en su zona.

En el encuentro estuvieron presentes gremios, medios de comunicación, autoridades locales y académicos.  Luego de las exposiciones, se dio paso a un diálogo constructivo.

Impacto en la economía de Loja y Zamora Chinchipe  

El estudio del Grupo Spurrier identifica al 2027, que con 181.397 plazas, se alcanzaría el nivel más alto de empleo total (directo e indirecto) relacionado con los proyectos actuales de minería industrial.

También detalla que, si los proyectos avanzaran según lo previsto, se podrían generar más de 23.900 mil plazas de empleo para el 2026 tanto en la provincia como áreas aledañas.

En tanto, el valor presente de las exportaciones desde Zamora Chinchipe alcanzaría $41.793 millones.

Mientras que el valor presente de los impuestos pagados por la minería industrial en Zamora Chinchipe alcanzaría $10.322 millones.

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La huella de un Padre: un Legado que trasciende generaciones

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Introducción

La huella de un padre va mucho más allá de su presencia física o del sustento material que pueda brindar. Se refleja en los valores, principios y enseñanzas que transmite a sus hijos, influyendo en su carácter, decisiones y forma de enfrentar la vida. En una sociedad marcada por constantes cambios, la figura paterna sigue siendo fundamental como guía, ejemplo y apoyo emocional.

El verdadero legado de un padre no se mide por las riquezas que deja, sino por la formación que siembra en el corazón de sus hijos. Su amor, sabiduría y ejemplo trascienden generaciones, dejando una marca perdurable que continúa dando fruto a lo largo del tiempo. Este artículo rinde homenaje a aquellos padres que comprenden que la paternidad es una misión de formación, servicio y amor, cuyo impacto permanece mucho más allá de su propia vida. 

Un homenaje al amor que nunca se rinde

Cada tercer domingo de junio, millones de familias alrededor del mundo se reúnen para celebrar el Día del Padre, una fecha dedicada a honrar a quienes, con amor, sacrificio y responsabilidad, han asumido la noble tarea de guiar y proteger a sus hijos.

El verdadero sentido de esta fecha radica en reconocer la importancia del padre como formador de vidas, constructor de valores y referente de carácter. Su labor cotidiana, muchas veces silenciosa y poco visible, deja huellas profundas en el corazón de sus hijos y contribuye significativamente a su desarrollo emocional, moral y espiritual.

Los padres aman de una manera particular. Su afecto no siempre se expresa con palabras abundantes ni gestos grandilocuentes, sino a través de la presencia constante, el trabajo incansable, la disciplina oportuna y la protección silenciosa. Es un amor firme, sereno y perseverante; un amor que mira hacia el futuro mientras cuida el presente, tan seguro y protector como el león que vela por su manada.

Quienes crecimos bajo la guía de generaciones anteriores recordamos a padres forjados en la cultura del esfuerzo, la responsabilidad y el compromiso. Hombres que muchas veces sacrificaron sueños personales para ofrecer mejores oportunidades a sus hijos, enseñando con el ejemplo que la verdadera grandeza no se encuentra en lo que se posee, sino en lo que se entrega.

La finalidad de esta celebración es precisamente reconocer ese esfuerzo diario, ese amor que se manifiesta en la provisión, la enseñanza y el acompañamiento constante. Es valorar la influencia positiva que los padres ejercen en la formación de sus hijos y destacar su papel fundamental en la construcción de familias sólidas y sociedades más humanas.

Hoy celebramos a esos héroes cotidianos que caminan a nuestro lado en cada etapa de la vida. A aquellos que nos enseñaron a levantarnos después de cada caída, que compartieron nuestras alegrías y enfrentaron con valentía nuestras dificultades. Este homenaje está dedicado a su amor silencioso, a su fortaleza inquebrantable y a la huella imborrable que dejan en cada generación. 

La Huella que define una vida

Uno de los errores más frecuentes de nuestra sociedad es afirmar que los niños son el futuro. En realidad, los niños son el presente. El futuro será simplemente el resultado de la atención, el amor, los valores y las oportunidades que reciban hoy. Por eso, la responsabilidad de los padres no puede postergarse ni delegarse; se construye día a día, en cada conversación, en cada enseñanza y en cada momento compartido.

La Biblia destaca la importancia de esta misión cuando declara en Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” Este pasaje nos recuerda que la formación de los hijos comienza desde temprana edad y que las semillas sembradas en la infancia suelen dar fruto durante toda la vida. De igual manera, Efesios 6:4 exhorta a los padres:

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” Esta enseñanza bíblica presenta una autoridad basada en el amor, la paciencia y la sabiduría; una autoridad que corrige sin humillar, orienta sin imponer y acompaña sin abandonar.

La paternidad se parece mucho al trabajo de un agricultor. Sembrar una semilla en la tierra no convierte a una persona en un buen cultivador. Para obtener una buena cosecha es necesario preparar el terreno, eliminar la maleza, abonar la tierra y proteger la siembra de todo aquello que pueda dañarla. Del mismo modo, engendrar un hijo no convierte automáticamente a un hombre en padre. La verdadera paternidad exige presencia, dedicación y compromiso constante.

Ser padre significa cuidar, proteger y acompañar a los hijos en cada etapa de su crecimiento. Significa alentarlos a perseguir sus sueños, levantarlos cuando tropiezan y brindarles la seguridad emocional que necesitan para enfrentar la vida. También implica crear un ambiente familiar donde prevalezcan el respeto, la comunicación y la armonía.

Los momentos felices compartidos entre padres e hijos son mucho más que recuerdos agradables. Son experiencias que fortalecen la confianza, afianzan los vínculos afectivos y preparan el corazón para recibir la disciplina y la corrección cuando sean necesarias. El amor y la firmeza no son fuerzas opuestas; cuando se equilibran adecuadamente, se convierten en el fertilizante que permite el crecimiento integral de los hijos.

Por ello, un buen padre no deja cicatrices provocadas por la indiferencia, el abandono o la dureza excesiva. Deja huellas imborrables de amor, ejemplo y dedicación. Huellas que orientan, inspiran y permanecen aun cuando los años pasan. Porque al final, la mejor herencia que un padre puede entregar no se mide en bienes materiales, sino en la calidad humana, moral y espiritual de los hijos que ayudó a formar. 

La disciplina que deja huellas, no heridas 

A lo largo de la historia, educadores, filósofos y padres han coincidido en una verdad fundamental: el carácter no se forma en la ausencia de límites, sino dentro de un ambiente donde el amor y la disciplina caminan de la mano. Los niños necesitan afecto para sentirse valorados, pero también necesitan reglas claras para aprender responsabilidad, respeto y autocontrol.

Una antigua historia cuenta que a un famoso circo llegaron dos leones para ser amaestrados. El primero fue confiado a un entrenador que, desde el inicio, estableció disciplina y reglas justas. Con paciencia, constancia y firmeza, logró ganarse la confianza del animal. Con el tiempo, aquel león aprendió rápidamente, se convirtió en una de las principales atracciones del circo y desarrolló una relación de respeto con su entrenador.

El segundo león fue entregado a un hombre impulsivo e inestable, que actuaba según sus emociones y carecía de criterios consistentes para corregir o enseñar. El resultado fue un animal desconfiado, agresivo e incapaz de controlar sus impulsos. Finalmente, terminó atacando a quienes se acercaban así que tuvo que ser sacrificado.

Más allá de la veracidad de la historia, su enseñanza resulta evidente: cuando no existen límites claros, orientación adecuada ni una autoridad equilibrada, el desarrollo saludable se ve seriamente afectado.

Algo similar ocurre en la crianza de los hijos. Existen padres que, desde los primeros años, establecen una disciplina inteligente basada en normas claras, consecuencias justas y una comunicación respetuosa. En esos hogares, la responsabilidad y el orden no son motivo de discusión permanente, sino valores que se aprenden y se practican. El afecto, el reconocimiento y la motivación impulsan a los hijos a desarrollar sus capacidades, alcanzar sus metas académicas y construir con confianza sus proyectos de vida.

Sin embargo, también existen padres que subestiman el enorme valor de la disciplina y el acompañamiento emocional. En lugar de cultivar un ambiente de respeto y orientación, permiten que el desorden, la indiferencia o el maltrato ocupen su lugar. Cuando esto sucede, muchos niños crecen con inseguridades, frustraciones y dificultades para desarrollar plenamente su potencial.

La verdadera disciplina no consiste en imponer miedo, sino en enseñar autocontrol. No busca quebrantar la voluntad de los hijos, sino fortalecer su carácter. Por ello, los padres sabios comprenden que la formación integral de sus hijos descansa sobre una trilogía indispensable: afecto, disciplina y motivación. Cuando estos tres elementos trabajan juntos, el talento florece, la inteligencia se desarrolla y los sueños encuentran un terreno fértil para crecer.

Pero para que la orientación de los padres produzca frutos, debe existir algo aún más importante: una relación basada en el respeto mutuo. Ningún consejo, por acertado que sea, logra penetrar en un corazón cerrado por el resentimiento. Si los padres no respetan a sus hijos, o si los hijos pierden el respeto hacia sus padres, la comunicación comienza a deteriorarse.

Existe una forma de sordera más perjudicial que la física: la sordera voluntaria, aquella en la que no existe disposición para escuchar. Cuando el vínculo afectivo se debilita, las palabras pierden fuerza y las correcciones dejan de producir cambios. Por el contrario, cuando la relación está fortalecida por el amor, la confianza y el respeto, los consejos encuentran terreno fértil donde echar raíces.

Muchos padres han experimentado la frustración de intentar corregir una conducta y sentirse ignorados por sus hijos. En esos casos, antes de insistir en las normas, conviene revisar la calidad de la relación. A menudo, la restauración del afecto abre caminos que la autoridad por sí sola no puede abrir. Cuando los hijos se sienten amados, escuchados y valorados, suelen mostrarse mucho más receptivos a la orientación de sus padres.

Por ello, quienes desean influir positivamente en la vida de sus hijos deben desterrar para siempre el maltrato, la humillación y las palabras hirientes. La firmeza puede convivir con la ternura, y la corrección puede ejercerse sin perder la dignidad ni el respeto. Al final, los padres que logran dejar una huella profunda no son aquellos que imponen su autoridad por la fuerza, sino aquellos que la ejercen con sabiduría, coherencia y amor. 

Padres: puertos seguros para tiempos de tormenta 

La historia de la crianza familiar refleja, en buena medida, la evolución de la propia sociedad. Durante gran parte del siglo pasado, la autoridad de los padres era prácticamente incuestionable. En hogares marcados por estructuras jerárquicas y valores tradicionales, la obediencia se consideraba una virtud fundamental y la disciplina se imponía con firmeza. Los hijos aprendían desde temprana edad que las normas debían cumplirse y que la palabra de los padres no estaba sujeta a negociación. Quien no obedecía “por las buenas”, terminaba haciéndolo “por las malas”.

Sería injusto idealizar aquel modelo. Muchos padres ejercieron su autoridad con honestidad y sentido del deber, pero también es cierto que en numerosos hogares la comunicación era escasa y la educación descansaba excesivamente en la imposición, el temor y, en ocasiones, el castigo físico. La disciplina garantizaba el orden, pero no siempre favorecía el diálogo ni el desarrollo de vínculos emocionalmente saludables.

Con el paso de las décadas, y como respuesta a esos excesos, surgió una nueva visión de la crianza. Se comenzó a valorar más la escucha, la comprensión emocional y el respeto por la individualidad de los hijos. Sin embargo, en el legítimo intento de corregir los errores del pasado, muchas familias terminaron desplazándose hacia el extremo opuesto. Allí donde antes predominaba el autoritarismo, comenzó a instalarse el permisivismo; donde antes había exceso de control, apareció la ausencia de límites.

Así, paradójicamente, algunas generaciones de padres se convirtieron en las últimas que temieron a sus padres y las primeras que comenzaron a temer a sus hijos. Las últimas que crecieron bajo una autoridad firme y las primeras que, en ocasiones, terminan cediendo ante el chantaje emocional, la manipulación o el temor constante al conflicto. Son también las primeras que, con frecuencia, aceptan formas de irrespeto que generaciones anteriores jamás habrían considerado normales.

La sabiduría popular resume este desafío en una frase sencilla y profundamente vigente: “Ni tanto que queme el santo ni tanto que no lo alumbre”. La crianza saludable exige equilibrio. El autoritarismo aplasta la personalidad y sofoca la confianza; el permisivismo, por el contrario, desorienta, debilita el carácter y priva a los hijos de la seguridad que proporcionan los límites claros. Los niños necesitan amor, pero también dirección; comprensión, pero también corrección; libertad, pero acompañada de responsabilidad.

En una época marcada por la inmediatez, el individualismo y la creciente dificultad para tolerar la frustración, los hijos necesitan con urgencia padres capaces de ejercer una autoridad respetuosa y firme. No se trata de imponer por la fuerza ni de controlar cada aspecto de sus vidas, sino de ofrecer una guía segura que favorezca la convivencia familiar y la formación integral de la persona. Solo así evitaremos que las nuevas generaciones se pierdan en el descontrol, el vacío o la confusión de una sociedad que, con frecuencia, parece navegar sin referentes claros.

Los hijos, como los barcos, están destinados a navegar sus propios mares, enfrentar sus propias tormentas y descubrir sus propios horizontes. Forma parte natural de la vida que busquen su rumbo, que cometan errores, que exploren y aprendan de sus experiencias. Los padres, en cambio, somos como esos puertos seguros que permanecen abiertos aun cuando el viaje los lleve lejos. Somos refugio, orientación y esperanza; un lugar donde siempre encontrarán amor incondicional, escucha sincera y la guía necesaria para volver a empezar. Nuestra misión no es navegar por ellos, sino prepararlos para que puedan hacerlo por sí mismos, con la fortaleza, los valores y la confianza que les permitan construir un futuro mejor desde el presente que hoy estamos llamados a cuidar. 

Conclusión

La verdadera herencia de un padre no se encuentra en los bienes materiales, sino en los valores, principios y enseñanzas que deja en la vida de sus hijos. Su influencia se refleja en el carácter que ayuda a formar, en el amor que transmite y en el ejemplo que ofrece cada día.

Ser padre implica una responsabilidad profunda: guiar, disciplinar, acompañar y amar con sabiduría. Cada palabra y cada acción tienen el poder de impactar no solo a una generación, sino también a las que vendrán después.

En este Día del Padre, reconocemos a esos hombres que, con esfuerzo, dedicación y amor, han dejado una huella imborrable en sus familias. Porque al final, el legado más valioso no es lo que un padre posee, sino las personas que ayuda a formar. Esa huella perdura en el tiempo y se convierte en un legado que trasciende generaciones.

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El Pangui podría tener a su primera alcaldesa: Ximena Portilla asume el desafío de liderar el cantón

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En un momento en que la ciudadanía demanda liderazgo, preparación y nuevas ideas para impulsar el desarrollo del cantón, la Ing. Mg. Ximena Portilla Delgado surge como una figura con la experiencia, capacidad y visión necesarias para asumir este importante desafío.

Nacida en El Pangui, Ximena Portilla ha construido una sólida trayectoria académica y profesional. Es Ingeniera en Turismo por la Universidad de Cuenca, cuenta con una Maestría en Turismo por la Escuela Ostelea de Barcelona y actualmente continúa fortaleciendo su formación profesional en la Universidad Estatal de Milagro.

Su experiencia abarca la docencia universitaria, la gestión empresarial, el desarrollo turístico y el ámbito comercial internacional. Ha trabajado en la Universidad Estatal Amazónica, en el sector de ventas internacionales de Ecuagenera, ha participado como conferencista en ferias internacionales de orquídeas y plantas tropicales, y ha liderado procesos de coordinación turística a nivel nacional e internacional.

Actualmente se desempeña como gerente propietaria de la agencia MundiViajes, desde donde promueve el turismo, el emprendimiento y la generación de oportunidades para la ciudadanía.

Quienes conocen su trayectoria destacan en ella una mujer trabajadora, emprendedora, visionaria y comprometida con el desarrollo de El Pangui. Su historia refleja esfuerzo, preparación y un profundo amor por su tierra, cualidades que hoy la proyectan como una alternativa de liderazgo para conducir los destinos del cantón.

La participación de mujeres preparadas en los espacios de decisión fortalece la democracia y abre nuevas oportunidades para construir un futuro con más inclusión, desarrollo y progreso.

El Pangui vive tiempos de renovación, y Ximena Portilla representa una nueva generación de liderazgo con la capacidad de transformar los desafíos en oportunidades para todos.

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La policía retira más de 1,5 kilos de droga de circulación de Yantzaza

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En un trabajo de la Estrategia Operacional 3D y de las acciones permanentes para combatir el tráfico de sustancias catalogadas sujetas a fiscalización, la Policía Nacional del Ecuador logró retirar de circulación más de 1,5 kilogramos de droga durante un operativo de control ejecutado en el cantón Yantzaza, provincia de Zamora Chinchipe.

Durante el operativo, un ciudadano alertó a los uniformados sobre la presunta comercialización de sustancias sujetas a fiscalización por parte de varios individuos en el sector Primero de Diciembre, al llegar al sitio, los servidores policiales localizaron una funda de color negro abandonada sobre la vereda. Durante la inspección se encontró una sustancia vegetal verdosa y otra sustancia envuelta en fundas plásticas cubiertas con cinta transparente.

Con la presencia de personal especializado de Antinarcóticos se realizaron las pruebas de identificación preliminar homologadas (PIPH), obteniéndose los siguientes resultados:

Marihuana

Peso bruto: 856 gramos.
Peso neto: 825 gramos.

Cocaína

Peso bruto: 778 gramos.
Peso neto: 745 gramos.

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