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Fabricación de vasos con material reciclado en Paquisha

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Don José Jima del barrio Santa Rosa del cantón Paquisha, es un emprendedor de vasos elaborados a través de la recolección de botellas desechadas. Con la reutilización de este material, se contribuye al cuidado y preservación del medio ambiente y aparte la obtención de un beneficio económico que le permite sustentar su hogar.

Todo empezó en tiempo durante la pandemia, con la necesidad de ocupar su tiempo y con la idea de un amigo que le facilito como fabricar la máquina, misma que fue construida con el compresor de una refrigeradora y con una niquelina que funciona con energía para cortar el vidrio, que se compone íntegramente de material reciclado. Sus sobrinos le colaboran con la recolección de botellas y también conocidos y amigos que tienen sus negocios. La facilidad de encontrar gran cantidad de botellas es porque en el cantón no se recicla el vidrío.

La elaboración de los productos es de manera artesanal a través una máquina construida por Don José; el proceso que conlleva es el cortado, división de la botella, el lijado, pulido y el filo. El tiempo estimado de fabricación es de aproximadamente es de 30 minutos, con un total de 12 vasos hechos a mano. Poco a poco ha ido dando a conocer su producto al mercado, no solo del sector, sino del cantón y la provincia. E incluso con las partes restantes de las botellas realiza artesanías con la finalidad de aprovechar toda la materia prima y así evitar que se desperdicie.

En una demostración para Diario El Amazónico, Don José mostro el procedimiento desde el corte de una botella, a través de su creativa creación, como lo es la máquina, hasta dividirla para pulirla y darle una forma. A pesar de que ha sido baja la comercialización de este producto, su propietario mantiene la fe en que va a obtener grandes frutos y va obtener una gran rentabilidad. Pues considera que al inicio cualquier emprendimiento es duro de posicionar. E invita a empresas y comerciales que deseen posicionar su logotipo o personalizarlo, se encuentra con toda la predisposición de trabajar.

El objetivo de Don José es tener la colaboración de un sinnúmero de personas que adquieran el producto, para así adquirir máquinas que agiliten el proceso de elaboración de los vasos. Siendo necesario el apoyo de entidades bancarias que auspicien su proyecto, a través de créditos.

Su número de contacto es el: 0980265147

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La tragedia apagó su cámara, pero jamás borrará su legado

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Por encima de la cámara existía un ser humano. Por encima del fotógrafo, del periodista, del diseñador y del servidor público, vivía un hombre que entendió que comunicar significaba acompañar, ayudar y construir memoria. Hoy, Zamora Chinchipe despide a uno de los suyos.

La mañana de este lunes estuvo marcada por el silencio. Un silencio distinto al habitual. Era el silencio de quienes aún no encuentran palabras para explicar la ausencia de un amigo, de un compañero y de un referente de la comunicación.

Antes de la misa de cuerpo presente, periodistas, fotógrafos, camarógrafos y comunicadores de toda la provincia se reunieron para rendir un homenaje póstumo a Víctor Hugo Arias Herrera. No hubo necesidad de grandes discursos. Bastaron los abrazos, las miradas y las lágrimas para comprender la dimensión de la pérdida.

Posteriormente, su féretro recorrió por última vez las calles que tantas veces transitó con una cámara sobre el hombro. Finalmente, sus restos mortales fueron trasladados hasta el Cementerio General, donde descansará quien durante décadas dedicó su vida a registrar la historia de los demás.

Paradójicamente, el hombre que inmortalizó miles de momentos terminó convirtiéndose en parte de la memoria colectiva que tantas veces ayudó a construir.

Durante su vida profesional, Víctor Hugo Arias desempeñó múltiples funciones: fotógrafo, camarógrafo, periodista, diseñador gráfico y asesor en comunicación institucional. Esa diversidad de capacidades lo convirtió en uno de los profesionales más destacado y querido.

Su trayectoria trascendió instituciones, administraciones y cargos públicos. Nunca entendió la comunicación únicamente como una herramienta de difusión; la concibió como un servicio público capaz de fortalecer la relación entre las instituciones y la ciudadanía.

Desde abril de 2011 integró el equipo de la Gobernación de Zamora Chinchipe, donde permaneció por más de quince años. Durante ese tiempo acompañó la gestión de distintos gobernadores, desempeñándose no solamente como responsable de la comunicación institucional, sino también como asesor cercano y coordinador logístico de innumerables actividades oficiales.

Su capacidad organizativa, creatividad y experiencia hicieron posible el desarrollo exitoso de cientos de eventos institucionales. Sin buscar protagonismo, resolvía problemas antes de que aparecieran. Quienes trabajaron junto a él recuerdan que encontraba soluciones donde otros solo veían dificultades.

La trayectoria de Víctor Hugo representa el perfil del comunicador integral. En una época donde la comunicación exige habilidades multidisciplinarias, él dominaba la fotografía documental, la producción audiovisual, el diseño gráfico, la cobertura periodística y la planificación estratégica de eventos públicos. Su trabajo evidenciaba que comunicar implica mucho más que transmitir información; significa interpretar la realidad, preservar la memoria social y fortalecer los vínculos entre el Estado y la comunidad.

Sin embargo, su verdadera grandeza no se encontraba únicamente en su currículum.

Quienes lo conocieron coinciden en que poseía una cualidad cada vez más escasa: la generosidad.

Nunca dudó en compartir conocimientos con colegas jóvenes, colaborar con instituciones nacionales, regionales, provinciales, organizaciones sociales y colectivos ciudadanos. Ayudaba sin esperar reconocimiento. Prestaba su tiempo, su experiencia y su talento con absoluta naturalidad.

Era frecuente verlo detrás de las grandes coberturas periodísticas o colaborando silenciosamente para que un evento saliera bien. Su nombre pocas veces aparecía en los titulares, pero su trabajo estaba presente en casi todos ellos.

Su sensibilidad artística también quedó reflejada en miles de fotografías. Cada imagen capturada llevaba implícita una convicción profunda: las fotografías no solo registran acontecimientos; preservan la memoria de los pueblos.

Gracias a su lente quedaron inmortalizados actos oficiales, celebraciones populares, procesos sociales y momentos históricos que hoy forman parte del patrimonio visual de Zamora Chinchipe.

Víctor Hugo Arias era, ante todo, un hombre de trato sencillo, de sonrisa sincera y de espíritu servicial. Disfrutaba cocinar para sus amigos, compartir una conversación alrededor de una mesa y cuidar hasta el más mínimo detalle para que quienes lo rodeaban se sintieran bien.

Construía confianza con facilidad. Su amistad nunca fue superficial. Era de esas personas capaces de tender una mano sin preguntar por qué.

Por encima de todas sus responsabilidades profesionales existía otra que ocupaba el centro de su vida: ser padre.

Carlita Victoria y Hugo Emilio fueron el motor de cada uno de sus esfuerzos. En ellos depositó sus sueños, su tiempo, sus enseñanzas y el inmenso amor que caracterizó toda su existencia.

Hoy ellos no solo heredan un apellido. Heredan el ejemplo de un hombre trabajador, honesto, solidario y profundamente comprometido con su familia y con la sociedad.

Su muerte ocurrió el 4 de julio de 2026, cuando un deslave de gran magnitud sorprendió a quienes se encontraban en el sector de Santa Isabel, parroquia Guadalupe, durante la tragedia ocasionada por el aluvión que golpeó a varias comunidades del cantón Zamora. Horas después, su cuerpo fue localizado entre los escombros, convirtiéndose en una de las víctimas de una de las mayores catástrofes naturales registradas recientemente en la provincia.

Su partida dejó un vacío inmenso en su familia, en sus hijos, en sus amigos, en el gremio periodístico y en toda Zamora Chinchipe.

Sin embargo, existen vidas cuya influencia no termina con la muerte.

Víctor Hugo Arias pertenece a esa categoría de personas cuya obra permanece viva en la memoria colectiva. Vivirá en cada fotografía que documentó la historia de un pueblo, en cada periodista al que ayudó sin pedir nada a cambio, en cada institución que se fortaleció gracias a su trabajo silencioso y, sobre todo, en el corazón de Carlita Victoria y Hugo Emilio, quienes encontrarán siempre en el legado de su padre la mejor lección de vida.

Hoy su cámara ha dejado de capturar imágenes.

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“Santa Isabel desapareció”: sobreviviente relata el horror del aluvión en Guadalupe

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El morador Hernán Cango, habitante del barrio Santa Isabel de la parroquia Guadalupe, cantón Zamora, ofreció un extenso testimonio sobre los acontecimientos ocurridos durante el aluvión registrado entre el viernes 3 de julio y la madrugada del sábado 4 de julio de 2026, desastre natural que dejó víctimas humanas, personas desaparecidas, destrucción de infraestructura y severas afectaciones económicas en distintos sectores de la parroquia.

En declaraciones recogidas por Diario El Amazónico, Cango relató, de manera cronológica, cómo se desarrolló la emergencia que terminó por devastar por completo el barrio Santa Isabel.

Según el testimonio, los primeros indicios de peligro comenzaron alrededor de las 11h00 del viernes 3 de julio, cuando el caudal del río empezó a incrementarse de manera inusual. Habitantes del sector observaron cómo la creciente arrastraba peces muertos y otros materiales, aunque inicialmente el fenómeno fue interpretado como una crecida temporal.

Posteriormente, entre las 13h00 y 14h00, el nivel del agua descendió parcialmente, generando una sensación momentánea de tranquilidad entre los moradores. Durante esas horas, los vecinos mantuvieron conversaciones para solicitar apoyo institucional con el objetivo de contener el avance del río y evitar daños mayores.

Sin embargo, alrededor de las 16h00 se registró un nuevo aguacero de gran intensidad. Según Cango, el aumento del caudal comenzó entonces a afectar directamente la vía principal y las viviendas del sector. El entrevistado afirmó que una de sus propiedades quedó severamente afectada, señalando que únicamente permaneció visible parte del muro de la estructura.

Entre las 17h00 y 18h00, habitantes de Kantzama, Guadalupe y otros sectores acudieron a colaborar en la evacuación de pertenencias de varias familias, entre ellas las de Mariluxi Quezada, Holger Pacheco y otros moradores afectados por el rápido incremento del agua.

El testimonio señala que hacia las 18h30 y 19h00 arribaron autoridades provinciales, entre ellas la gobernadora, quienes mantuvieron reuniones con moradores en la vivienda de Holger Pacheco para coordinar posibles acciones de respuesta y prevención frente a la emergencia.

No obstante, alrededor de las 21h00 y 22h00 la situación se agravó drásticamente. El agua alcanzó la carpeta asfáltica y generó alarma generalizada entre los habitantes. Cango manifestó que en ese momento varias personas intentaron evacuar, mientras otras permanecieron tratando de salvar vehículos, motocicletas y pertenencias.

Minutos después, según el relato, se escuchó un fuerte estruendo proveniente de la montaña. El sobreviviente describió el sonido como un “bramido” acompañado de movimientos del terreno, lo que interpretaron como el desprendimiento del cerro.

Ante la inminencia del peligro, varios habitantes corrieron hacia zonas altas para salvar sus vidas. Sin embargo, otras personas habrían permanecido en sectores cercanos a la vía principal y fueron alcanzadas por la fuerza del aluvión. Cango sostuvo que muchas de las víctimas quedaron atrapadas mientras intentaban rescatar bienes materiales o movilizar vehículos.

El morador afirmó que el barrio Santa Isabel quedó prácticamente destruido y estimó pérdidas económicas aproximadas de un millón y medio de dólares en infraestructura, emprendimientos turísticos, terrenos y espacios recreativos.

De acuerdo con el testimonio, el sector constituía anteriormente un importante punto de encuentro turístico y recreativo frecuentado por visitantes provenientes de Loja, Zamora y otras localidades. Entre los atractivos mencionó cabañas, espacios de recreación, áreas para reuniones familiares y una pista de motociclismo recreativo.

Durante la emergencia, Hernán Cango indicó haber participado en labores de rescate, logrando auxiliar aproximadamente a cuatro o cinco personas, entre ellas un miembro del Cuerpo de Bomberos, una mujer y dos menores de edad. Según relató, uno de los niños fue rescatado en estado crítico y recibió atención improvisada por parte de vecinos en medio de la emergencia.

Asimismo, describió las difíciles condiciones posteriores al desastre, caracterizadas por la ausencia de energía eléctrica, interrupción de servicios de comunicación y dificultades para coordinar ayuda inmediata durante las primeras horas posteriores al evento.

En medio de su testimonio, Cango expresó especial preocupación por la desaparición de Juan Carlos Tejedor, familiar cercano y reconocido impulsor de iniciativas turísticas en el sector. Indicó que hasta la fecha no se ha logrado localizarlo, situación que mantiene en incertidumbre y dolor a sus allegados.

El sobreviviente también realizó un llamado público a las autoridades para ejecutar obras de canalización y control del cauce del río, señalando que actualmente el agua atraviesa propiedades privadas y terrenos legalmente adjudicados, incrementando el riesgo para las familias de la zona.

Finalmente, pese a las pérdidas materiales y emocionales, Hernán Cango manifestó mantener la esperanza de reconstruir parte de los emprendimientos destruidos y recuperar progresivamente la actividad turística y comunitaria del sector.

La tragedia ocurrida en Guadalupe continúa generando conmoción en la provincia de Zamora Chinchipe y en distintos sectores del país, mientras organismos de rescate y autoridades mantienen las labores de búsqueda, atención humanitaria y evaluación de daños.

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¡Madera de héroes!

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POEMA / Alonzo Cueva

 (A Janella Pinzón y Carlos Echeverría, bomberos de Zamora;
a las familias que buscan entre el fango, y a la memoria del noble río Cantzama).

Un apocalipsis de lodo y piedra
crujió en la madrugada.
¿Cómo pensar que el Cantzama mordería
con la furia del fin del mundo?
La montaña se rajó en el silencio
y soltó al monstruo sobre el barrio Cantzama,
triturando postes, camiones y vidas
en su embestida ciega por la oscuridad.

Carlos Echeverría vio la pared de agua,
pero el grito de una madre con su niño
le frenó los pasos.
Él, coloso curtido en salvar vidas,
antepuso su escudo ante el peligro
para cobijarlos en un pacto desesperado.
La ola brutal los barrió a todos,
sepultando sus nombres en el rugido.

Aferrado a un tronco con sus manos grandes,
«El Grande» resistía un calvario río abajo.
Metros más allá, en la penumbra,
las manos de Janella Pinzón
manoteaban la vida sobre la madera.
Dos casacas rojas arrastradas sin piedad
del Cantzama hacia el Yacuambi.

El río los arrojó al embravecido Zamora.
Carlos zafó del arrastre y ganó la orilla,
mientras Janella, silueta agónica,
desataba las alertas en la ribera.
Los bomberos volaron por el asfalto
y allá en Yantzaza, entre cuerdas y botes,
la arrancaron del abismo
justo cuando el aliento se le apagaba.

El milagro estalló en el hospital.
Carlos batallaba en su propia camilla
cuando vio entrar a una víctima rota por el frío.
Bastó un suspiro para que su alma diera un vuelco:
reconoció el eco que lo persiguió en el agua.
¡Era Janella! Su camarada de fuego y fango.
Allí, conmovido, lo supo el gigante:
Dios lo había hecho nacer de nuevo.

Pero el milagro no frena el llanto;
el fango desentierra verdades y desconsuelo
vistiendo de luto los hogares de Zamora Chinchipe.

La catástrofe golpeó sin mirar nombres,
alcanzando a la comitiva de Ivone Panchi,
La Gobernadora de Zamora Chinchipe,
dejando una estela de dolor e incertidumbre.
Aquí no importan banderas, solo el golpe del desastre
y una provincia entera que espera, tensa, un milagro.

Hoy el país aplaude de pie
el coraje de Janella y el sacrificio de Carlos.
Porque la verdadera madera de héroe
no solo resiste a la corriente,
sino que se quiebra en eterna solidaridad
con el profundo dolor de su pueblo.

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