Nacionales
Desarrollo urbano sostenible aún depende de cumplimiento de planes municipales que no están actualizados y que poco se aplican en la práctica
La expansión de las ciudades ecuatorianas está marcada por los asentamientos irregulares en los que las personas viven en condiciones deplorables hasta que el Municipio correspondiente consolida estas áreas como parte de la zona urbana.
Tras décadas después llega la regularización de los predios, los servicios formales de luz eléctrica, agua potable por red, los sistemas alcantarillado sanitario y pluvial, para finalmente planificar las veredas, bordillos y la pavimentación de las calles.
Hay un desarrollo inverso alimentado por la migración del campo a la ciudad, el abuso de los invasores de tierras que cobran una especie de alquiler a los recién llegados y la especulación en el precio del suelo al alza, sobre todo de los predios más cercanos a las vías principales o la obra pública que se diseña y construye.
Es una situación sujeta a planes de ordenamiento territorial que poco se aplican en la práctica. En la conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre desarrollo urbano sostenible Hábitat III, realizada en Quito en el 2016, se creó una agenda que Ecuador y el resto de países deben cumplir para frenar esa realidad.
Xavier Cobeña, coordinador de proyectos en el país del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU Hábitat), afirma que uno de los propósitos del organismo es la promoción de esta nueva Agenda Urbana, que incluye objetivos como la densificación de las ciudades para frenar un crecimiento horizontal.
“Después de Hábitat III ayudamos al Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) en la elaboración de las guías para la planificación física de las ciudades y colaboramos en el proceso de construcción de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, Uso y Gestión del Suelo (LOOTUS aprobada en junio del 2016) y posteriormente su reglamento (publicado en abril del 2019). Esto está en proceso de implementación”, dice.
El plazo que dio este marco jurídico para que los Gobiernos autónomos descentralizados municipales y metropolitanos creen sus planes de uso y gestión del suelo feneció el 13 de septiembre de 2021.
La Superintendencia de Ordenamiento Territorial, Uso y Gestión del Suelo (SOT) creada por la LOOTUS, con sede en Cuenca, es la entidad que hace seguimiento al cumplimiento de este plazo.
“El objetivo es que este sea un instrumento que permita a las ciudades pequeñas e intermedias que tienen un cierto margen de maniobra lograr un desarrollo sostenible porque el crecimiento espontáneo de las ciudades se da por el descuido de las administraciones, pero también por una gran presión económica de las familias que migran del campo a la ciudad, entonces no hay vivienda social y el único mecanismo que encuentran es a través del tráfico de tierras”, sostiene Cobeña.
Una de las opciones amparada en la LOOTUS es que la administración municipal tenga la potestad de hacer declaraciones de reservas de suelo en las zonas hacia donde crece la ciudad, que permitan que el precio de la tierra permanezca estable.
“En las ciudades más grandes como Quito y Guayaquil, donde hay un mercado inmobiliario más dinámico, da la posibilidad de que la administración municipal pueda hacer lo que en otros países se conoce como venta de altura, en nuestra legislación sería la concesión onerosa de derechos que es permitir edificaciones más altas siempre y cuando ese proyecto inmobiliario pueda pagar a la ciudad para poder reinvertir en el equipamiento, la infraestructura”, añade el especialista.
La SOT tiene capacidad sancionadora y su misión es vigilar y controlar los procesos de ordenamiento territorial, uso y gestión de suelo, hábitat, asentamientos humanos y desarrollo urbano, competencia que recae en los Gobiernos autónomos descentralizados (GAD).
“No sé los datos exactos porque aún no han sido publicados, pero sé que muchos de los 221 municipios del país no han cumplido con este plazo. Los más grandes e intermedios sí han cumplido como Quito, Manta y Portoviejo”, dice Cobeña.
Hay casos positivos de aplicación de la LOOTUS en Portoviejo y Cuenca
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Instalar infraestructura con viviendas sociales y que luego lleguen las personas es uno de los objetivos del desarrollo urbano sostenible, es decir, invertir lo que ha ocurrido históricamente con la invasión y el tráfico de tierras.
Hay experiencias positivas en Portoviejo y Cuenca. La Municipalidad de la capital manabita no redefinió sus límites urbanos para frenar un crecimiento de la ciudad sobre las zonas agrícolas.
Al igual que se invierte en proyectos en las áreas de la subcentralidad (en las parroquias) para evitar la expansión de la periferia de Portoviejo sobre zonas agrícolas y de bosques.
“La idea es que la gente del campo llegue a estas parroquias, como Calderón, Riochico o Picoazá, que están a 10, 20 minutos o hasta media hora de Portoviejo, para que puedan trabajar allí sin necesidad de asentarse en la periferia”, dice Cobeña.
Con esto se busca frenar un crecimiento horizontal y desordenado. “Si la tendencia de crecimiento de la mancha urbana se mantiene, en diez años se duplicaría el espacio que ocupa Portoviejo. Esa realidad es mundial y en unos sitios es más intenso que en otros. El fin es que en la misma área vivan más personas, esto ayuda a que las finanzas de los municipios mejoren ya que no construyen muchísimos metros lineales a la redonda de redes de agua y alcantarillado”.
Félix Jaime, subdirector cantonal de planificación urbanística de Portoviejo, afirma que la planificación en la capital manabita empezó en 2014 cuando la administración municipal se enfocó en la investigación y generación de estudios. En ese entonces se culminó el Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PDOT).
“Ninguna decisión en el Municipio se tomaba sin sustento. El PDOT fue el primero que incluyó normativa referente a la gestión de riesgos. Luego vino el terremoto (el 15 de abril del 2016), en ese momento se hacía el plan maestro urbano por lo que se cambió todo el enfoque. Hay que planificar de otra forma y se acogió el concepto de ciudad a escala humana, que es diseñar en función del ciudadano, como el que realiza las actividades cotidianas a pie. Priorizar al peatón, al ciclista, al transporte público, los de carga y finalmente a los autos privados. Invertir la pirámide de movilidad”, dice Jaime.
De ahí vino la aprobación de la LOOTUS a nivel nacional. “Entonces vimos una oportunidad de establecer políticas a largo plazo con una vigencia de 12 años. En base a esa ley, todos los PDOT de los Municipios tienen que modificarse e incluir el plan de uso y gestión del suelo (PUGS). Pudimos cumplir y lo terminamos porque ya lo habíamos empezado, nos ayudó la Universidad de Nueva York y la Cátedra Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) de ciudades intermedias sostenibles”, agrega el funcionario.
El PUGS incorpora un nuevo modelo de ciudad que prioriza la sostenibilidad y la resiliencia. “Proteger el ecosistema, garantizar la seguridad alimentaria y la dotación de servicios de infraestructura pública con un crecimiento planificado y ordenado, se priorizan las áreas verdes”, asegura Jaime.
La investigación científica ha sido una de las claves. El estudio de la Universidad de Nueva York sobre la huella urbana revela en base a proyecciones y modelaciones que para el 2050 se perderá casi todo el suelo. “Menos personas consumirán mucho más suelo y la ciudad va a crecer cinco veces del tamaño actual. Con la planificación queremos romper esa tendencia en Portoviejo”, dice Jaime.
Desde ONU Hábitat se habla de ciudades de quince minutos, tiempo máximo que llevaría el traslado desde la vivienda hasta los servicios más importantes, como salud, educación, empleo. Al igual que el crecimiento en altura y el uso de suelos mixtos residencial y comercial, lo que ayuda en la densificación de las ciudades y que las zonas permanezcan activas durante todo el día.
Cuenca ya implementa su plan de uso y gestión del suelo desde antes del plazo fijado en septiembre último por el reglamento de la LOOTUS. Con ello se han ordenado ciertas áreas a través de planes especiales que iban a ser impactadas por proyectos de movilidad, como el tranvía.
“Lo que pasa normalmente es que cuando se anuncia un plan de inversión pública, todas las personas que están alrededor empiezan a especular y no construyen para engordar el precio de los terrenos. Como saben que se ejecutará el proyecto de aquí a seis años entonces especulan. Con los planes especiales se congelan esos valores y se permite que en los lugares por donde pasará el tranvía se entre en un ordenamiento para evitar que haya uso incompatible con lo que se está planteando”, asegura Cobeña.
También tiene avanzado el proceso para conseguir financiamiento externo del proyecto que busca que el centro histórico de Cuenca sea libre de emisiones de gases de efecto invernadero al ambiente, lo que provoca el calentamiento global y deriva en el cambio climático.
Acceso a financiamiento es una limitante
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El desarrollo urbano cuesta, más aún cuando se piensa desde un ámbito sostenible. “No es solo hacer nueva ciudad que es lo que se suele creer, como hacer ciudadelas, sino también es reformar, arreglar o redesarrollar lo ya construido y eso necesita recursos”, afirma José Morales, coordinador del Componente Agenda Urbana Nacional del Programa Ciudades Intermedias Sostenibles de la Sociedad Alemana de Cooperación Internacional (GIZ, según sus siglas en alemán).
Una de las falencias de la mayoría de los GAD es su poca capacidad de generar recursos propios y las limitaciones de las asignaciones del Gobierno central. Esto deja sin financiamiento los proyectos que garanticen un desarrollo urbano ordenado y una expansión de la malla de la ciudad con un menor impacto social y ambiental.
“Ninguna ciudad tiene esos recursos. Babahoyo o Nueva York, a ambas les falta plata, se necesita movilizar recursos. Las fuentes normalmente son la recaudación de sus propios impuestos, sin embargo, no es fácil ya que esto depende mucho de la economía, del número de habitantes. Pueden ser urbes con pocos pobladores, pero se necesitan muchos recursos para temas de agua potable, saneamiento, manejo de basura o mitigación de riesgos climáticos”, afirma Morales.
Una de las alternativas es el financiamiento externo al que acceden principalmente a través de créditos los municipios más grandes como Guayaquil, Quito o Cuenca. “La realidad de la gran mayoría de los 221 cantones del país es que no tienen esas posibilidades ni las capacidades de hacerlo”, agrega.
Lo que les queda es buscar financiamiento en el Banco del Estado. Pero una opción es el uso de los fondos climáticos.
El Acuerdo de París por el Clima del 2015 prevé la movilización de recursos de financiamiento climático desde los países desarrollados que más emiten carbono al ambiente hacia las naciones en desarrollo, para que hagan adaptación y mitigación al cambio climático.
“Se han creado varios fondos globales, el más conocido es el Verde del Clima. El problema es que hay dificultades para que los municipios medianos y pequeños del Ecuador accedan”, asevera Morales.
Uno de los factores es la capacidad instalada para aterrizar estos recursos, lo que depende de la estructura institucional local y nacional. “Estos fondos establecen algunas condiciones técnicas específicas. La más básica de todas y una de las más difíciles de comprender es que tienen que ser acciones que tengan un impacto climático”.
Por ejemplo, se tiene que calcular la cantidad de emisiones que se dejará de emitir a la atmósfera con la ejecución del proyecto que se quiere financiar. “Esta capacidad de medir emisiones es algo que muchas veces los municipios no tienen instalada”.
Y los planes tienen que estar vinculados y alineados a la Contribución Nacional Determinada del país, que es el compromiso del Ecuador ante el mundo para reducir sus emisiones y ejecutar acciones de mitigación y adaptación ante el cambio climático.
Colombia, México y Costa Rica están entre los países de la región que más acceden a estos fondos climáticos.
Ecuador ha conseguido financiamiento para conservación de bosques o reforestación, con lo que se compensa determinada cantidad de emisiones de carbono, pero no logra acceder a los fondos que financian el desarrollo urbano sostenible que requiere planes más complejos.
“Los proyectos de infraestructura pueden ser más resilientes al cambio climático, por ejemplo, con el cálculo del tamaño de las tuberías que se necesitan para el alcantarillado pluvial adaptado a los futuros escenarios de mayor cantidad de lluvias, o como son resilientes a sequías”, dice Morales.
El Ministerio del Ambiente es el encargado de aprobar los planes nacionales, como paso previo a conseguir el financiamiento de los fondos globales.
Parte de los estudios realizados en Portoviejo tienen financiamiento externo tradicional, es decir, no de los fondos climáticos.
ONU interviene con proyectos de planificación en Quito y Manta
ONU Hábitat ejecuta dos proyectos en Manabí. El primero es generar desde la Prefectura una planificación provincial junto a los municipios para la ejecución de proyectos que vayan más allá de los límites administrativos.
El otro plan, denominado ‘Ciudades Incluyentes’, se aplica en Manta y Quito con el fin de integrar a la población venezolana a estas urbes destino.
“Se mejora el perímetro urbano y se tiene prevista la construcción de centros de integración en la parroquia San Mateo de Manta y en la zona de Cotocollao en Quito, para que los migrantes conozcan a qué escuela pueden enviar a sus hijos o acceder a un trabajo formal. Es como un lugar que los acoja y les dé ciertas nociones para que se integren”, explica Cobeña.
La meta es terminar los dos centros de aquí al 2023. (I) Fuente: El Universo
Nacionales
El fenómeno de El Niño 2026-2027 se asemeja al evento más devastador para Ecuador y a uno de impacto limitado
El fantasma de lluvias extremas y devastación económica por el fenómeno de El Niño vuelve a asomarse a las costas de Ecuador, aunque los más recientes pronósticos vienen acompañados todavía de cautela.
El Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen) reveló que el evento en actual desarrollo presenta una «similitud relativa» con dos de los escenarios más contrastantes de la historia reciente de Ecuador: el catastrófico fenómeno de El Niño de 1997-1998 y un evento debilitado, el de 2023-2024.
La entidad aclaró en su informe más reciente -del 6 de agosto de 2026- que esta analogía se basa solo en la configuración térmica actual del océano y en el análisis comparativo de la evolución actual de El Niño con 14 eventos anteriores.
«Esta comparación constituye únicamente una referencia sobre la evolución de las condiciones oceánicas y no implica que la intensidad, duración o impactos del evento actual sean equivalentes», reza el informe oficial del Erfen.
Las lluvias del devastador Niño de 1997-1998 comenzaron desde octubre, por lo que si se comienzan a registrar lluvias entre octubre de 2026, sería un signo de posible similitud en intensidad con el evento histórico, alertan oceanógrafos.

Un factor clave será el acoplamiento del calentamiento oceánico -que propicia mayor evaporación y lluvias- con condiciones atmosféricas -vientos débiles y presión de aire-. Esto explica en parte por qué el evento 2023-2024 alcanzó también picos de temperatura oceánica, pero luego se debilitó.
Un océano alterado: aumento de nivel y ‘señales anticipadas’
- El monitoreo hasta inicios de agosto dibuja un panorama de calentamiento inusual. En la franja costera ecuatoriana, la temperatura superficial del mar se mantiene elevada entre los 26 y 28 °C, registrando anomalías históricas, por encima de lo normal, de hasta 4°C en distintos sectores, apunta el Erfen.
- A escala macro, el Pacífico tropical presenta anomalías semanales extremas de 2,3 °C en la región Niño 3,4 (a 8000 kilómetros de Ecuador y desde donde se propaga el calentamiento) y de 4,1 °C en la región Niño 1+2 (más próxima a la costa). Eso no solo evidencia la persistencia y sino también “el fortalecimiento de las condiciones asociadas con El Niño”.
- El nivel medio del mar presentó anomalías cercanas a +30 centímetros en las estaciones costeras y +17 cm en el área oceánica. “El nivel del mar elevado, al coincidir con aguajes, oleajes o temporales, podría incrementar la probabilidad de desbordamientos, inundaciones y procesos de erosión en zonas costeras bajas y expuestas”, advierte el Comité.
- La mayor expresión del evento se prevé entre noviembre y diciembre, cuando podría alcanzar un mayor desarrollo y coincidir con la transición hacia la época lluviosa en el Litoral. “No obstante, si el acoplamiento entre el océano y la atmósfera se fortalece antes de ese período, podrían presentarse señales anticipadas, como un incremento progresivo de la humedad (…) y la frecuencia de las precipitaciones”, agrega el informe.
El fantasma del 97-98, el peor escenario posible
El primer punto de comparación del Erfen evoca uno de los desastres más destructivos de la historia moderna de Ecuador. Durante el fenómeno de 1997-1998, el calentamiento anormal de las aguas desató lluvias en la Costa que se prolongaron de forma ininterrumpida por nueve meses.

- El saldo trágico del fenómeno de 97-98 fue de 292 fallecidos y más de 29.000 personas evacuadas, según cifras de la Defensa Civil recogidas en un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
- Unas 15.264 viviendas resultaron afectadas, de las cuales 5.000 quedaron totalmente destruidas, según esos mismos datos. Solo los daños directos en viviendas sumaron USD 152,6 millones.
- El agua alcanzó niveles inverosímiles, llegando a las ventanas de segundos pisos de casas en Huaquillas (El Oro) en la zona límite con Perú y obligando a los habitantes de Milagro (Guayas) a movilizarse en balsas.
- Las pérdidas se calcularon en USD 2.882 millones, el 14,6% del Producto Interno Bruto de Ecuador en 1997, de acuerdo con un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
- Estimaciones de Cepal, OPS y de la Corporación Andina de Fomento (CAF) apuntan que cerca de siete millones de personas, el 60% de los habitantes que tenía Ecuador, vivió impactos directos o secundarios por El Niño
- Se afectaron más de 843.873 hectáreas de cultivos, según estimó la CAF, lo que dejó sin trabajo a decenas de miles de agricultores y desató una severa escasez de alimentos. Ecuador tuvo que importar de emergencia 200.000 toneladas de azúcar, 140.000 toneladas de maíz y 60.000 de soya.
- Además, el nivel sobreelevado del mar impidió el desfogue rápido de la lluvia por ríos y esteros. Guayaquil llegó a acumular en ocho horas la lluvia prevista para todo un mes. En el Puerto Principal se estima que cayeron 5.990 milímetros de lluvia, equivalentes a 2.400 piscinas olímpicas.
- Los daños del evento resultaron casi cuatro veces mayores a los del fenómeno anterior (1982- 1983), por la existencia de mayor población y capital concentrados en las zonas afectadas en todo el litoral, según la OPS.
Impacto económico de El Niño en los principales cultivos
Los impactos del fenómeno El Niño tienen el potencial de afectar a 120 productos agrícolas en Ecuador, un área de 945.504 hectáreas afectadas, equivalente al 44% de la superficie agrícola del país. Se estima que las pérdidas en este sector podrían alcanzar los USD 1.800 millones.
| Arroz | 785 357 | 684 045 786 |
|---|---|---|
| Banano | 1 365 000 | 599 632 618 |
| Azúcar | 413 715 | 257 871 680 |
| Maíz duro | 205 510 | 70 281 881 |
| Plátano | 91 174 | 34 482 645 |
| Palma (Fruta) | 74 184 | 12 635 815 |
| Aceite de Palma | 14 095 | 2 441 962 |
El Niño de 2023-2024, un fenómeno debilitado
En el extremo opuesto del análisis está el antecedente de 2023-2024, que se proyectó también entre moderado a fuerte -como el actual-, cuyos impactos terminaron siendo menores a falta de un acoplamiento atmosférico.
El plan para mitigar y responder a los impactos de El Niño 23-24 proyectó una inversión a USD 761,8 millones, entre el Ejecutivo, municipios y prefecturas.
¿Por qué fallaron las predicciones? El climatólogo chileno Diego Campos detalla que todos los eventos se comportan distinto -«siempre será mejor estar preparados»- y aunque las anomalías térmicas en el Pacífico superaron la barrera crítica de los dos grados por encima de lo normal, se sostuvieron poco tiempo.
“El calentamiento fue muy fuerte en dos meses, pero no se sostuvo en el tiempo porque faltaron mecanismos atmosféricos y otros factores que influyen en los efectos», dijo el meteorólogo especializado en eventos climáticos extremos.
Freddy Hernández, investigador del Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar), resalta una diferencia crucial entre la evolución de los dos eventos: «En 2023, el calentamiento no fue acelerado, sino lento, y finalmente el calentamiento se dispersó y perdió la energía necesaria».
Por el contrario, en el escenario actual, el calentamiento oceanográfico fue «muy acelerado» desde febrero-marzo y no se ha dispersado, lo que enciende alarmas ante un comportamiento mucho más persistente.
Hernández señala que será crucial monitorear el comportamiento climático entre finales de septiembre y octubre -si se producen unas primeras lluvias-, mientras un posible acoplamiento atmósfera-océano sigue bajo vigilancia. Fuente: Primicias
Nacionales
El arroz que El Niño podría poner en jaque en Ecuador
El arroz ecuatoriano entra en la etapa más sensible del año ante la advertencia de un fenómeno de El Niño muy fuerte, cuyos efectos más severos se esperan entre octubre de 2026 y febrero de 2027. El riesgo se concentra especialmente en la cuenca baja del río Guayas, donde está la mayor parte de la producción nacional y donde las lluvias intensas pueden provocar inundaciones, pérdidas de cultivos y dificultades para transportar y almacenar el grano.
Un estudio liderado por el ingeniero Guido Kuonqui, representante de AgroInteligente, una organización que utiliza tecnología y monitoreo satelital para levantar y analizar datos sobre la agricultura en Ecuador, proyecta que el país producirá este año 1 473 836 toneladas de arroz en cáscara. Esa producción corresponde a los ciclos 1 y 2 ya sembrados y a una proyección mínima de 42 000 hectáreas para el ciclo 3 (entre agosto y octubre).
Gran parte de esa producción se ha desarrollado en zonas expuestas a inundaciones. Guayas concentra el 74 % del área arrocera sembrada en 2026, mientras Los Ríos concentra otro 21%. El estudio califica como “muy alto” el riesgo de inundación en Guayas y como “alto” en Los Ríos.
En total, el país tendría unas 238 400 hectáreas sembradas de arroz en 2026. La geografía productiva está concentrada Daule (en su gran mayoría), Babahoyo, Samborondón, Santa Lucía, Salitre, Yaguachi, Colimes y Palestina, entre otros.
La misma condición de terrenos planos y fértiles que favorece el cultivo los hace vulnerables ante lluvias intensas.
Ya hubo una pérdida de 11 522 hectáreas
El impacto climático de este año no partiría desde cero.
En febrero pasado, los excesos de lluvia -por ejemplo, en Daule y Santa Lucía las precipitaciones estuvieron hasta un 77 % por encima de lo esperado- afectaron severamente o provocaron la pérdida total de 11 522 hectáreas de arroz, que equivalieron a unas 60 500 toneladas de arroz.
Además, entre los ciclos 1 y 2 de 2026 se sembraron 49 296 hectáreas menos que en 2025. El estudio de Kuonqui estima que esa reducción representa entre 234 000 y 276 000 toneladas menos de producción nacional frente al año anterior.
Ecuador ya conoce el costo de un El Niño extremo
La experiencia histórica muestra por qué la advertencia es relevante. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado en 2016, calculó que el fenómeno de El Niño de 1997-1998 provocó daños regionales por USD 7 545 millones. Ecuador concentró el 38 % de esas pérdidas, es decir, una proporción mayor que la de cualquier otro país de la región analizada.
Los daños sufridos por Ecuador durante ese episodio equivalieron al 14,6% de su PIB. El golpe fue particularmente fuerte para el sector agropecuario: las pérdidas representaron el 41,3% del PIB agropecuario ecuatoriano y Ecuador concentró el 57,9% de los daños agropecuarios registrados en toda la región.
El arroz tendrá una ventana para prepararse
El estudio de AgroInteligente identifica una oportunidad antes de que llegue el periodo más intenso de lluvias. Entre agosto y octubre se concentra una parte importante de la cosecha del ciclo 2: unas 743 000 toneladas, de las cuales cerca del 70 % llegarían al mercado durante esos tres meses.
La producción mensual, según el escenario base del estudio, subiría de 109 000 toneladas en agosto a 320 000 en octubre.
Así, el riesgo económico de El Niño no se limita a las hectáreas que puedan inundarse. Una menor cosecha, daños en caminos, dificultades para sacar el arroz de las fincas, problemas de almacenamiento y un eventual desabastecimiento podrían trasladar el impacto desde los productores hasta los consumidores.
La ventana de agosto a octubre es, según AgroInteligente, el momento clave para acumular reservas y reducir la vulnerabilidad antes de que las lluvias más fuertes pongan a prueba nuevamente a la producción arrocera de la Costa. Fuente: Ecuavisa
Nacionales
Elecciones Seccionales: inscripción de candidaturas termina este 17 de agosto
La cuenta regresiva para definir quiénes competirán por alcaldías, prefecturas, concejalías, juntas parroquiales y el Consejo de Participación Ciudadana entra en su recta final.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) informó que el período para la inscripción de candidaturas concluirá este lunes 17 de agosto a las 18:00, de acuerdo con el calendario electoral aprobado para las Elecciones Seccionales 2027.
La inscripción solo se realiza por internet
El organismo electoral recordó que las organizaciones políticas deben registrar sus candidaturas exclusivamente mediante el sistema informático habilitado por el CNE.
No se recibirán postulaciones de forma presencial, por lo que los movimientos y partidos deberán completar el proceso antes del cierre del plazo establecido.
La inscripción no significa que la candidatura ya esté aprobada
El CNE aclaró que presentar la documentación no implica que una candidatura quede oficialmente habilitada para participar en los comicios.
Una vez concluida la etapa de inscripción, las 24 Juntas Provinciales Electorales (JPE) revisarán y verificarán la documentación presentada por cada organización política.
Aún pueden presentarse objeciones e impugnaciones
El proceso electoral contempla varias etapas posteriores a la inscripción.
De acuerdo con el CNE, durante la fase de revisión los sujetos políticos podrán presentar:
- Objeciones.
- Impugnaciones.
- Recursos previstos en la ley ante el Tribunal Contencioso Electoral (TCE).
Estos mecanismos deberán interponerse dentro de los plazos establecidos en la normativa electoral.
¿Cuándo una candidatura queda oficialmente inscrita?
El organismo electoral precisó que una candidatura solo se considerará oficialmente inscrita cuando la resolución de calificación esté en firme y no existan recursos administrativos o jurisdiccionales pendientes de resolución.
Esto significa que, incluso después de finalizar el plazo de inscripción, algunas postulaciones podrían modificarse o quedar fuera del proceso dependiendo del resultado de la etapa de calificación. Fuente: El Telégrafo
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