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Opinión

Alausí con el corazón roto

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Frente al dantesco escenario que ha provocado la mayor desgracia por movimiento de masas y deslizamiento de tierra en centros poblados que se recuerde en la historia de nuestro país, Alausí llora sus muertos, lucha por sobrellevar la situación y sufre en medio de una crisis generalizada.

Tristemente esta tragedia sorprende a Alausí, sin un hospital en condiciones humanamente aceptables, una economía devastada por la pandemia y la nula operación ferroviaria en el tramo a la Nariz del Diablo que era parte importante de su subsistencia. El secular abandono que el centralismo ha generado es desesperante, proyectos de toda índole, gestiones sinfín, ofertas de campaña y promesas que nunca se han cumplido, trabas burocráticas, negligencia manifiesta de autoridades de todos los niveles, desde siempre, han configurado una situación de verdadero atraso de este singular cantón ecuatoriano.

Alausí, aquel pueblo en el que sus habitantes habían empezado a cultivar una sensibilidad especial, una actitud que se traducía en amables palabras y gestos, buenas maneras, buen trato y respeto, hoy es un pueblo sombrío, triste, lleno de amargura e incertidumbre que intenta asimilar la desventura y empezar de nuevo.

El Ecuador entero se ha volcado con ayuda, porque es la hora de acudir en forma transparente, directa y efectiva en favor de los damnificados, porque ha llegado el momento de afrontar esta dura prueba, con valor, templanza y coraje, que el mundo entero sepa de que madera estamos hechos los alauseños de nacimiento, por herencia y de corazón que, amamos nuestra tierra más allá de la razón, más allá del dolor que implica pisar la tierra de nuestros muertos, la amamos con una pasión que no nos cabe en el pecho, con verdadera furia, pero al mismo tiempo con devoción y ternura.

Hoy la tristeza y la pena existen y deambulan por sus calles empedradas, callejuelas, plazoletas, recovecos, zaguanes y graderíos, los recuerdos surgen y permanecen a flor de piel, los amigos y familia ya no están, su geografía ha cambiado, pero se mantiene incólume la alauseñidad que se compara con la figura que Chesterton construye sobre la tradición, la alauseñidad se transmite como el fuego y no por la adoración de sus cenizas.

Los alauseños en Alausí deben saber que no están solos, deben saber que después de la tormenta tenemos que luchar juntos por la calma, que la unidad, la tolerancia y el trabajo tesonero son el único camino. El corazón del pueblo está roto, pero resurgirá sobre la base de la casta de sus hijos, porque sabemos que la inobjetable visión de futuro tiene corazón antiguo, porque fueron somos, porque somos serán… Fuente: El Telégrafo

Noticias Zamora

Un voto con conciencia, un futuro con esperanza

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El 29 de noviembre de 2026 no solo iremos a las urnas. Ese día decidiremos qué tipo de futuro tendrán nuestras ciudades, parroquias, comunidades y familias durante los próximos 4 años. No será una simple elección política; será una decisión que influirá en la calidad de vida de nuestros hijos, en las oportunidades de nuestros jóvenes, en la seguridad de nuestros barrios y en el progreso de nuestros territorios.

Cada voto es una herramienta de transformación o una oportunidad perdida. Por eso, elegir no es un favor que se le hace a un candidato. Elegir es un acto de responsabilidad con uno mismo, con la familia y con toda la comunidad.

Lamentablemente, en cada proceso electoral aparecen quienes creen que la dignidad de un pueblo tiene precio. Reparten regalos, organizan fiestas, ofrecen favores, prometen lo imposible y alimentan expectativas que saben que jamás podrán cumplir. Algunos incluso recurren a la mentira, al insulto y a la destrucción de la honra de sus adversarios porque carecen de propuestas, capacidad y visión.

Pero debemos preguntarnos con sinceridad: ¿alguna funda de alimentos ha solucionado el desempleo? ¿Algún espectáculo ha construido carreteras? ¿Alguna farra ha llevado agua potable a los hogares? ¿Algún regalo ha mejorado los hospitales, fortalecido la seguridad o creado oportunidades para nuestros jóvenes?

La respuesta es evidente. Las dádivas duran horas o días. Las malas decisiones electorales duran años. Un voto mal entregado puede significar cuatro años de abandono, corrupción, obras inconclusas, servicios deficientes y oportunidades perdidas. Y cuando una comunidad se equivoca al elegir, las consecuencias las pagan todos, incluso quienes votaron con responsabilidad.

Por eso, antes de votar, debemos mirar más allá de las emociones del momento. No votemos con rabia. No votemos por resentimiento. No votemos por conveniencia personal. Tampoco votemos por quien nos promete todo lo que queremos escuchar. Votemos con inteligencia, con memoria y con conciencia.

Investiguemos. Comparemos. Escuchemos. Analicemos.

Preguntémonos: ¿Ha demostrado capacidad para resolver problemas reales? ¿Tiene experiencia para administrar recursos públicos con eficiencia y transparencia? ¿Posee liderazgo para unir a la gente en lugar de dividirla? ¿Su trayectoria refleja honestidad, coherencia y vocación de servicio? ¿Ha trabajado por su comunidad antes de pedir el voto? ¿Tiene una visión clara para el desarrollo de nuestro territorio?

Los pueblos que prosperan no son aquellos que tienen más recursos, sino aquellos que eligen mejor a quienes los administran. La historia demuestra que el desarrollo de una comunidad depende, en gran medida, de la calidad de sus líderes y de la responsabilidad de sus ciudadanos al momento de elegirlos.

No olvidemos una verdad fundamental: quien compra votos no hace una inversión para servir; hace una inversión para recuperar lo gastado. Y cuando alguien llega al poder pensando en recuperar dinero o favores políticos, los intereses de la gente pasan a segundo plano. Nuestro voto vale más que cualquier regalo. Vale más que cualquier promesa vacía. Vale más que cualquier discurso bonito.

El voto es la voz de la dignidad ciudadana. Es el instrumento más poderoso que posee una democracia. Cuando se ejerce con conciencia, construye progreso. Cuando se entrega sin reflexión, abre las puertas al atraso.

Este 29 de noviembre de 2026, pensemos en nuestros hijos, en nuestros padres, en nuestros vecinos y en las futuras generaciones. Pensemos en el territorio que queremos dejarles. No elijamos al más popular, al más ruidoso o al más generoso con las dádivas. Elijamos a las mejores mujeres y a los mejores hombres; aquellos que tengan capacidad, integridad, experiencia, visión y un compromiso genuino con el bienestar colectivo.

Porque gobernar no es un privilegio. No es un premio. No es una oportunidad para enriquecerse. Gobernar es una responsabilidad enorme que exige preparación, honestidad y servicio.

El futuro de nuestros territorios no comienza cuando una autoridad asume el cargo. Comienza el día en que cada ciudadano decide con responsabilidad y sabiduría su voto.

Que el 29 de noviembre no gane la demagogia. Que no gane el populismo. Que no gane el interés particular de los que compran los votos.

Que gane la conciencia. Que gane la responsabilidad. Que gane el futuro.

 

 

 

 

 

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Noticias Zamora

Lo que ves como indisciplina puede ser un grito desesperado de auxilio

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Cuando un estudiante desafía constantemente las normas, interrumpe la clase y parece empeñado en romper el ritmo de aprendizaje, es fácil verlo únicamente como un problema de disciplina. Sin embargo, detrás de muchas conductas disruptivas suele existir una historia que no se ve a simple vista.

Ese alumno que hoy pone a prueba tu paciencia puede estar intentando comunicar algo que todavía no sabe expresar con palabras.

A veces es el portavoz silencioso del caos que vive fuera de la escuela. Tal vez en su hogar hay conflictos, violencia, abandono o sufrimientos que no puede nombrar. Entonces los actúa. El aula se convierte en el único espacio donde su dolor encuentra una forma de salir. Su mala conducta no siempre es rebeldía; muchas veces es un grito de ayuda disfrazado.

Otras veces busca pertenecer. Cuando siente que no puede destacar por sus logros académicos, descubre que puede obtener reconocimiento a través de la oposición. Prefiere ser el alumno que todos conocen por desafiar las reglas antes que convertirse en el estudiante invisible que nadie mira. Para él, incluso una llamada de atención puede sentirse mejor que la indiferencia.

Y en ocasiones existe una herida más profunda: una relación dañada con la autoridad. Si creció rodeado de figuras autoritarias violentas o, por el contrario, sin límites ni referentes, es posible que proyecte esa experiencia en sus docentes. No está peleando contigo. Está peleando con la idea de autoridad que aprendió a temer, rechazar o desconfiar.

Comprender esto no significa justificar la indisciplina. Los límites son necesarios. Los demás estudiantes también tienen derecho a aprender en un ambiente seguro y ordenado. Pero entender el origen de la conducta nos permite intervenir con mayor inteligencia y humanidad.

Por eso, cuando aparezca la disrupción, evita convertirla en un espectáculo. Muchos estudiantes problemáticos encuentran poder cuando tienen público. Corregirlos delante de todos puede reforzar el papel que han construido para sobrevivir. Siempre que sea posible, busca un espacio privado para hablar. Cambia el juicio por la curiosidad. En lugar de preguntarte “¿por qué me desafía?”, pregúntate “¿qué está intentando decirme que no sabe expresar de otra manera?”.

Protege también a quienes sí están comprometidos con el aprendizaje. No permitas que la conducta negativa monopolice toda tu atención. Reconoce, destaca y fortalece constantemente a los estudiantes que participan, colaboran y se esfuerzan. Los grupos se transforman cuando el reconocimiento deja de alimentar el conflicto y empieza a reforzar las conductas positivas.

Otra estrategia poderosa es transformar la energía en responsabilidad. Muchos alumnos que desafían las normas poseen liderazgo, iniciativa y necesidad de protagonismo. Cuando les ofrecemos roles significativos (coordinar una actividad, colaborar con materiales, apoyar a un compañero o liderar una tarea específica) les mostramos que existen formas constructivas de ser vistos y valorados.

Recuerda siempre validar la emoción sin validar la conducta. Un estudiante puede estar enojado, frustrado o herido, y esas emociones merecen ser reconocidas. Lo que no puede permitirse es que dañe a otros o rompa las normas de convivencia. El mensaje es claro: “Entiendo cómo te sientes, pero necesito que encontremos una forma diferente de expresarlo”.

Y cuando sea necesario involucrar a las familias, construye puentes en lugar de levantar muros. Los padres suelen ponerse a la defensiva cuando sienten que están siendo juzgados. En vez de señalar culpables, habla de colaboración. En lugar de decir “su hijo está causando problemas”, intenta decir: “Estamos observando que está atravesando dificultades y queremos trabajar juntos para comprender qué necesita y cómo podemos ayudarlo”.

Con frecuencia, cuando una familia siente que no está siendo atacada, se convierte en la mejor aliada para encontrar soluciones.

La educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos. Trabajamos con seres humanos, con historias, con heridas, con sueños y con luchas invisibles. Detrás de cada conducta hay una necesidad, detrás de cada desafío hay una historia, y detrás de cada estudiante difícil hay una oportunidad de transformar una vida.

Como docentes, nuestro reto no es solo enseñar contenidos. También es sostener, orientar y abrir caminos. Porque cuando dejamos de tomar la indisciplina como un ataque personal y empezamos a verla como una forma de comunicación, dejamos de reaccionar únicamente al comportamiento y comenzamos a impactar la realidad de quien lo necesita.

Y ese, quizás, sea uno de los actos educativos más poderosos que existen.

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Nacionales

Jurista Pablo Cordero destaca el uso ético y crítico de la inteligencia artificial en la docencia y el análisis jurídico

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En una nueva edición de La Tertulia Jurídica, el jurista, mediador, docente universitario y conferencista Pablo Cordero desarrolló una amplia exposición sobre las herramientas de inteligencia artificial (IA) aplicadas al aprendizaje, la docencia y el análisis jurídico, enfatizando que estas tecnologías deben utilizarse con responsabilidad, criterio ético y verificación permanente de la información.

Al iniciar su intervención, Cordero compartió aspectos de su trayectoria profesional, destacando su experiencia en el ámbito de la propiedad intelectual, la mediación, la función judicial y el servicio público. Recordó su paso por el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (SENADI), los centros de mediación de la Función Judicial y su actual desempeño como servidor público en la Agencia de Regulación y Control del Agua (ARCA).

Durante la conferencia explicó que la inteligencia artificial constituye una herramienta tecnológicamente neutra, cuyo impacto dependerá exclusivamente del propósito con el que sea utilizada. En este sentido, sostuvo que su aplicación debe orientarse a fortalecer la justicia, la educación, la investigación y la solución de problemas, evitando prácticas que puedan afectar derechos, difundir información falsa o generar perjuicios a la sociedad.

El expositor estructuró su análisis en siete conceptos fundamentales: ética, verificación, valor de verdad, análisis crítico, fichas mnemotécnicas, fuentes de información y aplicación práctica.

Respecto a la dimensión ética, señaló que la IA no posee valores propios, sino que estos dependen del uso que realiza el ser humano. Desde una perspectiva deontológica, afirmó que el empleo responsable de estas herramientas debe estar alineado con los principios de justicia, equidad y protección de los derechos fundamentales.

En cuanto a la verificación, Cordero insistió en que toda información generada por inteligencia artificial debe contrastarse con fuentes oficiales, repositorios académicos, publicaciones científicas, jurisprudencia y documentos institucionales, advirtiendo que estos sistemas pueden producir respuestas inexactas o «alucinaciones» cuando carecen de información suficiente o reciben instrucciones imprecisas.

Uno de los aspectos centrales de la conferencia fue el denominado valor de verdad, concepto desarrollado desde la filosofía clásica de Aristóteles y Platón. Explicó que una respuesta generada mediante inteligencia artificial no debe limitarse a presentar una estructura lógica correcta, sino que debe corresponder con la realidad y estar respaldada por evidencia verificable.

Asimismo, destacó la importancia del análisis crítico, señalando que la inteligencia artificial no reemplaza el razonamiento humano. Indicó que corresponde al investigador, docente o profesional del Derecho evaluar, cuestionar y validar los resultados obtenidos antes de incorporarlos en informes, investigaciones, artículos científicos o decisiones jurídicas.

En materia de investigación académica, el conferencista resaltó el valor de las fichas mnemotécnicas como instrumento tradicional para organizar información y referencias bibliográficas, indicando que actualmente estas metodologías pueden potenciarse mediante herramientas digitales e inteligencia artificial para optimizar la gestión del conocimiento.

Sobre las fuentes de información, explicó que la calidad de las respuestas depende directamente de la calidad de los documentos utilizados, recomendando trabajar con bibliografía especializada, legislación vigente, sentencias, doctrina, publicaciones universitarias y repositorios oficiales.

En la parte final de su intervención abordó la aplicación práctica de la inteligencia artificial en el ámbito jurídico y educativo. Explicó que herramientas como ChatGPT, Gemini, Claude, DeepSeek y NotebookLM permiten procesar grandes volúmenes de información en pocos segundos, facilitando la elaboración de investigaciones, análisis doctrinarios, informes jurídicos, presentaciones académicas y materiales de apoyo para la docencia.

No obstante, enfatizó que estas plataformas deben entenderse como instrumentos de apoyo y no como sustitutos del conocimiento profesional. «El ser humano continúa siendo quien dirige, interpreta y toma las decisiones; la inteligencia artificial simplemente ejecuta las instrucciones que recibe», manifestó.

Finalmente, Cordero sostuvo que el desafío para abogados, docentes, investigadores y estudiantes consiste en desarrollar competencias para utilizar estas tecnologías de manera ética, responsable y técnicamente adecuada, aprovechando sus ventajas sin renunciar al pensamiento crítico, la investigación científica y la verificación permanente de las fuentes.

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