Desde la creación de Pachakutik en 1995, el movimiento nació como una fuerza política impulsada por las luchas indígenas y sociales. En Zamora Chinchipe, uno de sus principales líderes fue Salvador Quishpe, quien pasó de dirigente social a diputado, prefecto provincial durante una década y luego asambleísta nacional.
En los primeros años de crecimiento político también apareció Polibio Orellana, considerado un aliado dentro de los procesos y acuerdos que fortalecieron las estructuras políticas provinciales en distintos momentos de Pachakutik, él ocupa también el cargo de diputado elegido y aliado de Salvador para luego separarse del movimiento.
Más adelante surgió Cléver Jiménez, quien fue asambleísta y posteriormente prefecto. Durante años mantuvo cercanía política con Salvador y ambos caminaron bajo una misma bandera partidaria.
Luego apareció Karla Reátegui, quien fue vice prefecta y más tarde alcanzó la Prefectura, abriendo una nueva etapa dentro del escenario provincial.
Con el paso del tiempo comenzaron las diferencias internas. Salvador y Cléver se distanciaron por desacuerdos sobre candidaturas, liderazgo y dirección política, provocando una visible separación entre antiguos compañeros.
Posteriormente también surgieron diferencias entre Salvador y Karla. Lo que inició como una relación política cercana fue perdiendo fuerza y cada sector tomó rutas distintas.
Hoy el tablero vuelve a moverse: Salvador y Cléver reaparecen juntos, dejando atrás antiguas disputas y proyectando un nuevo escenario político que muchos interpretan como una estrategia para reorganizar fuerzas y volver a disputar espacios de poder.
Y al final queda una reflexión que circula entre voces ciudadanas: un Salvador un hombre que convirtió la política en una extensa trayectoria, mientras algunos consideran que, en ese recorrido, fue perdiendo la conexión con una parte de su pueblo zamorano y ahora acoge loa y los resentidos políticos supuestamente recobrar su popularidad; pero ya nada ni nadie les cree.





