Noticias Zamora
Prevenir: la clave para proteger la vida, el futuro y el bienestar
Introducción
En la vida, muchas de las situaciones que más lamentamos no ocurren por falta de capacidad, sino por falta de previsión. Enfermedades que pudieron detectarse a tiempo, accidentes que pudieron evitarse, decisiones que, con un poco más de anticipación, habrían cambiado por completo el rumbo de nuestra historia. Vivimos, muchas veces, reaccionando cuando el problema ya está presente, cuando el daño ya está hecho.
Sin embargo, existe una forma distinta de vivir: una forma más consciente, más responsable y, sobre todo, más inteligente. Esa forma es la prevención.
Prevenir no es vivir con miedo, es vivir con visión. Es entender que cada decisión de hoy construye el mañana; que cada acción preventiva es una inversión en bienestar, seguridad y tranquilidad. Es asumir el control de nuestra vida antes de que las circunstancias lo hagan por nosotros.
Adoptar una cultura preventiva no solo evita pérdidas, sino que protege lo más valioso que tenemos: la vida, la salud, la estabilidad y el futuro. En un mundo lleno de incertidumbre, la prevención se convierte en una de las herramientas más poderosas para enfrentar los desafíos con preparación y confianza. Porque, al final, no se trata solo de evitar problemas… se trata de vivir mejor.
De la reacción a la prevención: un cambio que transforma vidas
La cultura preventiva puede entenderse como el conjunto de valores, creencias y comportamientos orientados a anticipar, evitar y controlar riesgos antes de que generen daños. No se trata únicamente de cumplir normas, sino de integrar hábitos responsables en la vida cotidiana.
Esto implica identificar riesgos potenciales, tomar medidas anticipadas, actuar con responsabilidad tanto individual como colectiva y, sobre todo, aprender de los errores para evitar que se repitan. En esencia, supone un cambio de mentalidad: pasar de reaccionar ante los problemas a prevenirlos.
La prevención es fundamental porque reduce significativamente los riesgos y mejora la calidad de vida. Diversos estudios coinciden en que una sólida cultura preventiva permite disminuir accidentes, enfermedades y pérdidas económicas. Su importancia radica en varios aspectos clave:
- Protege la salud, al fomentar hábitos saludables y controles médicos oportunos que evitan enfermedades o las detectan a tiempo.
- Reduce pérdidas materiales, al prevenir daños en bienes como viviendas, vehículos o negocios.
- Aumenta la seguridad, al disminuir accidentes tanto en el entorno laboral como en la vida diaria.
- Mejora la calidad de vida, generando bienestar físico, emocional y económico.
- Fomenta la responsabilidad social, promoviendo una convivencia más segura y organizada.
En pocas palabras, prevenir no solo evita problemas, sino que también genera estabilidad y desarrollo.
Adoptar una cultura preventiva trae beneficios concretos en distintos ámbitos. En la salud, permite la detección temprana de enfermedades, incrementa la esperanza de vida y reduce los gastos médicos. En cuanto a los bienes materiales, protege el patrimonio, disminuye el impacto económico de los imprevistos y favorece una mejor planificación financiera. En todos los casos, la prevención permite actuar antes de que los problemas se vuelvan graves o irreversibles.
Fomentar esta cultura requiere acciones coordinadas en distintos niveles. A nivel individual, implica adoptar hábitos saludables, ser consciente de los riesgos cotidianos y tomar decisiones informadas. En el ámbito familiar, supone educar desde la infancia en temas de seguridad y salud, así como promover normas de convivencia responsables.
Desde el ámbito educativo, es fundamental incorporar programas de prevención que desarrollen el pensamiento crítico y la responsabilidad. Por su parte, a nivel social y gubernamental, es necesario impulsar campañas de concienciación, implementar políticas públicas efectivas y fortalecer los sistemas de salud y seguridad.
En definitiva, la clave para consolidar una cultura preventiva está en la educación continua y el compromiso colectivo. Prevenir no es solo una opción, sino una herramienta esencial para construir una sociedad más segura, saludable y preparada para el futuro.
La prevención en el mundo y el desafío ecuatoriano
Existen países que destacan por haber consolidado una sólida cultura preventiva, especialmente en ámbitos como la salud, la seguridad y la gestión de riesgos. Entre los más representativos se encuentran:
- Japón, reconocido por su alto nivel de preparación frente a desastres naturales y por incorporar la educación preventiva desde edades tempranas.
- Alemania, que sobresale por sus estrictas normas de seguridad laboral y su elevado nivel de cumplimiento ciudadano.
- Suecia, que impulsa políticas de bienestar social con un fuerte enfoque en la prevención en salud pública.
- Canadá, que promueve de manera constante campañas de prevención en salud y seguridad.
En estos países, la prevención no es solo una norma, sino un valor cultural profundamente arraigado. Esto se refleja en menores índices de accidentes, una mejor gestión de los riesgos y, en consecuencia, una mayor calidad de vida para sus ciudadanos.
En Ecuador, la cultura preventiva aún se encuentra en proceso de desarrollo. Aunque existen normativas y campañas orientadas a fomentar la prevención, en la práctica predomina una actitud reactiva: muchas veces se actúa solo después de que el problema ya ha ocurrido.
En la vida cotidiana, esto se evidencia con claridad. Con frecuencia, las personas no realizan el mantenimiento adecuado de sus bienes, ya sean vehículos, viviendas u otros recursos, y esperan a que se presenten fallas para buscar soluciones. Ejemplos comunes son los vehículos que se dañan en plena vía por falta de revisión o la ausencia de controles médicos periódicos en las personas, que podrían detectar a tiempo posibles enfermedades.
Esta conducta reactiva también se manifiesta en aspectos más profundos, como la seguridad social. Muchas personas que no trabajan en relación de dependencia no realizan aportes, lo que compromete su estabilidad en la edad adulta, dificultando el acceso a una jubilación que cubra necesidades básicas como vivienda, alimentación y salud.
En el ámbito de la salud, la falta de prevención es aún más preocupante. Es común que las personas acudan a centros médicos solo cuando la enfermedad ya está avanzada, reduciendo las posibilidades de tratamiento efectivo y generando consecuencias dolorosas tanto para el paciente como para su familia. La ausencia de chequeos médicos periódicos sigue siendo una de las principales debilidades en la cultura preventiva del país.
Por ello, resulta fundamental fortalecer la educación preventiva. Muchas veces, los riesgos se subestiman o simplemente no se consideran, lo que impide tomar medidas anticipadas. El gran desafío es transformar hábitos y construir una conciencia colectiva más sólida, orientada a la prevención.
Como bien lo expresó Thomas Alva Edison: “El médico del futuro no recetará medicamentos, sino que interesará a sus pacientes en el cuidado del cuerpo, en la alimentación, el ejercicio y en la prevención de la enfermedad.” Esta visión sigue siendo vigente y necesaria.
En definitiva, el tratamiento sin prevención es insostenible. Asumir una cultura preventiva implica un compromiso personal y social que abarca la salud, la gestión de desastres, el cuidado de los bienes materiales e incluso el bienestar emocional. Prevenir no solo permite evitar problemas, sino que también facilita su solución cuando estos se presentan.
Adoptar este enfoque es, sin duda, uno de los mayores retos y, al mismo tiempo, una de las mejores decisiones para construir un futuro más seguro, saludable y sostenible.
Liderar es prevenir: el verdadero poder de la anticipación
Una de las funciones esenciales del liderazgo es la capacidad de prever y planificar. Prever significa anticiparse a los acontecimientos futuros, identificar posibles riesgos y, a partir de ello, diseñar estrategias que permitan actuar de manera oportuna. En este sentido, planificar no es simplemente organizar acciones, sino prepararse con anticipación para evitar consecuencias negativas.
Una verdadera prueba del liderazgo radica en la habilidad de reconocer un problema antes de que se convierta en una emergencia. Los líderes efectivos no esperan a que las situaciones se agraven; por el contrario, analizan su entorno, detectan señales de alerta y toman decisiones preventivas. Esta capacidad no solo demuestra visión, sino también responsabilidad y compromiso con el bienestar de quienes están bajo su guía.
Las acciones preventivas, entendidas como aquellas medidas que se adoptan para evitar que ocurra una situación indeseable, son una herramienta fundamental dentro del liderazgo. Estas acciones permiten minimizar riesgos, proteger recursos y garantizar la continuidad de las actividades, ya sea en el ámbito familiar, laboral o social.
En este contexto, todas las personas que ocupan roles de liderazgo tienen la responsabilidad de influir positivamente en los demás, promoviendo una cultura de prevención. No se trata únicamente de dar instrucciones, sino de persuadir, educar y motivar a sus dirigidos para que adopten hábitos preventivos en su vida diaria.
El liderazgo también se ejerce en el hogar. Los padres y madres de familia cumplen un papel fundamental como primeros formadores, ya que tienen la responsabilidad de inculcar en sus hijos la importancia de la prevención en todos los aspectos de la vida. Desde pequeños, los niños deben aprender a actuar con responsabilidad, a anticiparse a los riesgos y a comprender las consecuencias de sus acciones.
Fomentar prácticas preventivas en la familia contribuye a reducir los efectos negativos del descuido y evita el desarrollo de conductas reactivas, que suelen surgir cuando los problemas ya están presentes. Por el contrario, una educación basada en la prevención forma individuos más conscientes, organizados y capaces de tomar decisiones acertadas.
En definitiva, el liderazgo orientado a la prevención no solo fortalece la capacidad de anticipación, sino que también construye entornos más seguros y responsables. Prever, planificar y actuar a tiempo son pilares fundamentales para evitar errores costosos y garantizar un desarrollo sostenible tanto a nivel personal como colectivo.
El poder de prevenir antes que lamentar
Adoptar una cultura preventiva es fundamental porque permite a las personas asumir un rol activo en el cuidado de su vida y de su entorno. No se trata únicamente de evitar consecuencias negativas, sino de construir una forma de vivir más consciente, organizada y segura.
Cuando la prevención se convierte en un hábito, las decisiones dejan de ser impulsivas o reactivas y pasan a estar basadas en el análisis, la anticipación y la responsabilidad. Esto no solo reduce los riesgos, sino que también fortalece la capacidad de enfrentar los desafíos de manera más efectiva. Además, incorporar la prevención en la vida cotidiana aporta beneficios clave:
- Reduce la incertidumbre frente a eventos inesperados, al contar con planes, previsión y preparación.
- Fortalece la toma de decisiones responsables, ya que se consideran las posibles consecuencias antes de actuar.
- Promueve el autocuidado, tanto en la salud física como emocional.
- Fomenta la disciplina y la planificación, elementos esenciales para el crecimiento personal y la estabilidad.
- Genera sociedades más resilientes, capaces de adaptarse, resistir y recuperarse ante situaciones adversas.
Es importante comprender que la prevención no elimina completamente los riesgos, pero sí reduce significativamente su impacto y mejora nuestra capacidad de respuesta. Una persona o una sociedad preparada no evita todos los problemas, pero sí los enfrenta con mayores herramientas, menor daño y mejores resultados.
En un mundo cada vez más cambiante e incierto, adoptar una cultura preventiva deja de ser una opción y se convierte en una necesidad. Prevenir implica pensar en el futuro, actuar con responsabilidad en el presente y proteger lo que más valoramos: la vida, la salud, la estabilidad y el bienestar colectivo.
En definitiva, prevenir es una inversión inteligente. Es elegir hoy acciones que evitarán dificultades mañana y que permitirán construir un entorno más seguro, equilibrado y sostenible para todos.
Conclusión
Prevenir no es simplemente una acción; es una forma de pensar, de actuar y de vivir. Es la diferencia entre improvisar y estar preparado, entre lamentar y avanzar con seguridad. A lo largo de la vida, cada decisión preventiva que tomamos se convierte en un escudo invisible que protege nuestra salud, nuestro bienestar y nuestro futuro.
No podemos evitar todos los riesgos, pero sí podemos reducirlos, enfrentarlos con inteligencia y minimizar sus consecuencias. Esa es la verdadera fortaleza de la prevención: no promete un mundo sin problemas, pero sí una vida con mayor control, conciencia y capacidad de respuesta.
Hoy más que nunca, en un entorno cambiante e incierto, prevenir se convierte en un acto de responsabilidad personal y social. Es una decisión que impacta no solo nuestra vida, sino también la de quienes nos rodean. Cada hábito preventivo, cada acción anticipada, cada decisión consciente construye un entorno más seguro, más estable y más humano.
El desafío no está en entender la importancia de prevenir, sino en convertirla en parte de nuestra vida diaria. Porque el verdadero cambio comienza cuando dejamos de actuar por reacción y empezamos a vivir con intención.
Al final, prevenir es mucho más que evitar pérdidas: es proteger lo que amamos, asegurar nuestro futuro y elegir, todos los días, vivir mejor.
Noticias Zamora
Curso de Lengua de Señas busca fortalecer la inclusión y romper barreras comunicacionales en Zamora Chinchipe
Zamora Chinchipe. Con el propósito de fortalecer la inclusión social, promover una comunicación accesible y contribuir a la eliminación de barreras que enfrentan las personas con discapacidad auditiva y autismo no verbal, se desarrollará en la provincia un Curso de Lengua de Señas, acompañado de contenidos relacionados con sensibilización y políticas públicas en materia de discapacidad.
La iniciativa surge como una propuesta orientada a generar mayores capacidades en profesionales, servidores públicos, docentes y ciudadanía en general, bajo la premisa de que el acceso a la comunicación constituye un elemento fundamental para el ejercicio de derechos y la participación plena en la sociedad.
Una herramienta para garantizar derechos
El aprendizaje de la lengua de señas constituye una herramienta fundamental para facilitar la interacción de las personas sordas con su entorno familiar, educativo, laboral e institucional. También permite mejorar su acceso a información, servicios públicos, programas estatales y otros espacios de participación ciudadana.
Durante la presentación de la iniciativa se destacó que las barreras comunicacionales pueden limitar considerablemente la autonomía de las personas con discapacidad auditiva. Situaciones aparentemente cotidianas, como acudir a una institución pública, realizar un trámite bancario, recibir atención médica o acceder a información educativa, pueden convertirse en obstáculos cuando no existe personal capacitado para establecer una comunicación adecuada.
En este contexto, se plantea la necesidad de que las instituciones públicas fortalezcan progresivamente sus mecanismos de accesibilidad y cuenten con profesionales capacitados en lengua de señas.
Más allá de los subtítulos
Uno de los aspectos señalados durante la socialización de la propuesta es que la inclusión comunicacional no debe limitarse únicamente a la incorporación de subtítulos.
La lengua de señas posee una estructura, configuración y gramática propias, por lo que requiere procesos adecuados de aprendizaje e interpretación para garantizar que la información llegue de manera clara a las personas sordas.
La capacitación busca que quienes participen no solamente aprendan signos básicos, sino que también comprendan el contexto social de la discapacidad y la importancia de generar entornos accesibles.
Formación y sensibilización
La propuesta contempla contenidos relacionados con lengua de señas, discapacidad, sensibilización y políticas públicas, con el objetivo de promover una visión integral de la inclusión.
La iniciativa está impulsada por Michelle Vázquez, profesional vinculada al trabajo en materia de discapacidad y perito de la Función Judicial, quien explicó que su experiencia personal y profesional la llevó a involucrarse en este ámbito.
Su motivación también está relacionada con su entorno familiar y con la experiencia de una hermana con discapacidad auditiva. Según explicó, esa realidad le permitió comprender desde temprana edad las dificultades que enfrentan las personas sordas cuando no existen mecanismos adecuados de comunicación y adaptación educativa.
A partir de esa experiencia, ha desarrollado procesos de formación y trabajo social relacionados con discapacidad, con el propósito de contribuir a la construcción de una sociedad más inclusiva.
Una provincia que necesita avanzar
Durante la socialización de la iniciativa en diario El Amazónico también se puso énfasis en la necesidad de fortalecer la preparación de quienes trabajan diariamente con la ciudadanía.
Docentes, médicos, servidores públicos, funcionarios y profesionales de distintas áreas pueden encontrarse en algún momento con una persona con discapacidad auditiva. Contar con conocimientos básicos de lengua de señas permitiría brindar una atención más adecuada y reducir situaciones de dependencia.
La propuesta plantea que instituciones como los ministerios de Educación, Salud, Inclusión Económica y Social y Trabajo, entre otras entidades públicas, fortalezcan sus capacidades de atención inclusiva.
El objetivo no es únicamente mejorar la comunicación, sino contribuir a que las personas con discapacidad puedan ejercer con mayor autonomía sus derechos a la educación, salud, trabajo, participación social y acceso a servicios públicos.
Una experiencia que también involucra a las nuevas generaciones
El curso estará abierto al público y se considera importante la participación de jóvenes y familias. La sensibilización desde edades tempranas puede contribuir a prevenir situaciones de discriminación, acoso escolar y exclusión.
La experiencia compartida durante la presentación de la iniciativa demuestra que el aprendizaje de la lengua de señas también puede convertirse en una herramienta para fortalecer la empatía dentro de los hogares y las comunidades.
Detalles del curso
El Curso de Lengua de Señas iniciará el sábado 15 de agosto y se desarrollará durante los días sábados hasta el 5 de septiembre, en horario de 10:00 a 12:00.
La capacitación tendrá un valor de 30 dólares para personas sin discapacidad.
Para las personas con discapacidad auditiva y personas con autismo no verbal, el curso será gratuito, como parte de la intención de garantizar su acceso a la lengua, fortalecer su identidad y promover su participación.
La formación contará además con la participación de una instructora sorda, lo que permitirá a los asistentes tener contacto directo con la comunidad y desarrollar una experiencia práctica y dinámica.
Romper las barreras desde la comunicación
La iniciativa plantea un mensaje central: la discapacidad no debe convertirse en una barrera para acceder a los derechos y servicios que corresponden a todos los ciudadanos.
Aprender lengua de señas representa, en este sentido, mucho más que adquirir una nueva forma de comunicación. Significa comprender otras realidades, desarrollar empatía y contribuir a que las personas sordas puedan desenvolverse con mayor independencia.
“Comencemos a romper las barreras comunicacionales ahora”, es el llamado realizado durante la presentación del curso.
La propuesta invita a profesionales, docentes, servidores públicos, estudiantes, familias y ciudadanía en general a involucrarse en este proceso de formación y sensibilización.
El desafío, según sus impulsores, es avanzar como provincia hacia una sociedad donde las personas con discapacidad puedan acceder a la educación, obtener un empleo digno, utilizar los servicios públicos y participar plenamente en la vida social.
La inclusión comienza cuando dejamos de construir barreras y empezamos a crear puentes. En Zamora Chinchipe, el aprendizaje de la lengua de señas busca convertirse en uno de esos puentes.
Nacionales
Una madre de 19 años lucha por la vida y el bienestar de su pequeña hija
En el barrio Sucupa, de la parroquia Amaluza, cantón Espíndola, una joven madre enfrenta una lucha diaria por la salud de su hija de apenas 11 meses. Entre limitaciones económicas, tratamientos pendientes y una esperanza que se niega a apagarse, Jessica Leonela Córdoba Jiménez pide a la ciudadanía tenderle una mano.
Hay historias que no necesitan grandes escenarios para conmover. Basta con entrar a una casa humilde, mirar los ojos de una madre y observar cómo sostiene a su hija para comprender que, detrás de cada familia, puede existir una batalla silenciosa.
En el barrio Sucupa, perteneciente a la parroquia Amaluza, en el cantón Espíndola, conocimos la historia de Jessica Leonela Córdoba Jiménez, de 19 años, y de su pequeña hija Camila Alberca Córdoba, de apenas 11 meses.
Hasta su llegaron personas solidarias para entregar un pequeño aporte con productos no perecibles, ropa y otros artículos. También compartieron un momento de oración, pidiendo fortaleza, esperanza y salud para la pequeña Camila y su madre.
Pero más allá de la ayuda material, aquel encuentro permitió conocer una realidad que pocas veces se ve desde lejos.
Una vida que comenzó luchando
Camila nació prematuramente, antes de cumplir los ocho meses de gestación. Su llegada al mundo estuvo marcada desde el inicio por dificultades que obligaron a su madre a permanecer junto a ella en centros hospitalarios.
Jessica recuerda que, tras ser trasladada a un hospital de Loja, su hija ingresó al área de neonatología y necesitó oxígeno. Allí comenzó un camino de diagnósticos, tratamientos y preocupaciones que, once meses después, todavía continúa.
Según el relato de su madre, Camila presenta problemas cardíacos, hemangiomas —tumores infantiles— y dificultades en su desarrollo, además de un cuadro de desnutrición que requiere atención y seguimiento médico.
Uno de los mayores temores de Jessica está relacionado con una lesión ubicada en la cabeza de su hija, para la cual le han indicado la necesidad de valoración por un especialista en neurología pediátrica.
La atención especializada, sin embargo, no está disponible de manera cercana. Jessica señala que ha recibido indicaciones para buscar especialistas en ciudades como Cuenca, Guayaquil o Quito, una realidad que representa un enorme desafío para una madre que no cuenta con los recursos económicos suficientes.
Once meses de vida, pero un desarrollo detenido
A sus 11 meses, Camila todavía no logra sentarse, gatear ni hablar.
Para cualquier madre, ver crecer a su hija debería significar descubrir nuevas sonrisas, primeros pasos y pequeñas conquistas. Para Jessica, cada etapa viene acompañada de preguntas, preocupación y la necesidad urgente de encontrar atención adecuada.
“Yo quiero que ella se recupere”, expresa su madre, con una sencillez que resume toda su lucha.
Jessica sabe que el tiempo es importante. También sabe que los tratamientos, los traslados, la alimentación, los medicamentos y las consultas médicas tienen un costo que difícilmente puede asumir sola.
Una joven madre frente a una enorme responsabilidad
Jessica es madre soltera y vive junto a su abuelita. Recibe el bono, pero asegura que esos recursos resultan insuficientes para cubrir las necesidades de Camila.
Cada día comienza con las mismas responsabilidades: alimentar a la niña, cuidarla, movilizarla, estar pendiente de sus medicamentos y buscar alternativas para conseguir atención médica.
A sus 19 años, Jessica enfrenta una responsabilidad que podría resultar abrumadora para cualquiera. Sin embargo, no habla desde la resignación. Habla desde la esperanza.
Por eso decidió hacer público su caso.
No pide lujos. No pide privilegios.
Pide una oportunidad para que su hija pueda recibir la atención que necesita.
Un llamado que busca convertirse en esperanza
Desde esta historia nace un llamado a la solidaridad dirigido a ciudadanos, instituciones, organizaciones y personas de buen corazón que puedan contribuir con Jessica y Camila.
La ayuda puede ser económica, pero también puede llegar de otras maneras: alimentación, ropa, medicamentos, transporte, acompañamiento o cualquier apoyo que permita aliviar las necesidades de esta familia.
Las personas interesadas en colaborar pueden comunicarse directamente con la familia a través del 099 095 9019, donde podrán conocer las necesidades actuales y las formas disponibles para brindar apoyo.
Cada aporte, por pequeño que parezca, puede representar una diferencia enorme para una madre que hoy enfrenta sola una batalla que no debería librar en soledad.
Porque la solidaridad también salva distancias
La historia de Camila y Jessica no es únicamente la historia de una enfermedad o de una carencia económica.
Es la historia de una madre que, con apenas 19 años, decidió no rendirse.
Es la historia de una niña que llegó al mundo antes de tiempo y que hoy continúa luchando por crecer.
Y es también una oportunidad para recordar que la solidaridad no siempre necesita grandes gestos. A veces comienza con una llamada, una contribución, una prenda, un alimento, un traslado o simplemente con la decisión de no permanecer indiferentes.
En Sucupa, una joven madre sigue esperando que las puertas se abran y que aparezcan manos dispuestas a ayudar.
Mientras tanto, Camila sigue creciendo junto a ella.
Camila y Jessica no están solas. Su historia hoy llega a la comunidad con una petición sencilla, pero profundamente humana: ayudar a una madre a seguir cuidando a su hija y darle a una pequeña de 11 meses la oportunidad de continuar luchando por su vida.
Porque detrás de cada ayuda hay una historia.
Y detrás de esta historia hay una madre que no se rinde y una niña que todavía tiene mucho por vivir.
Noticias Zamora
Nueva oportunidad para culminar el bachillerato en Zamora Chinchipe
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe inició el nuevo año lectivo y mantiene habilitado su proceso de matrículas para jóvenes y adultos que buscan retomar y culminar sus estudios, mediante modalidades semipresencial y a distancia virtual en temporalidad intensiva.
Así lo informó Janina Pucha, rectora de la Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe, durante una entrevista concedida a Diario El Amazónico, en la que explicó las diferentes alternativas educativas disponibles y los requisitos establecidos para acceder a cada modalidad.
De acuerdo con la rectora, las matrículas excepcionales para la modalidad a distancia virtual se encuentran habilitadas desde el 11 hasta el 31 de agosto de 2026, mientras que para la modalidad semipresencial este proceso se mantiene abierto desde el 11 de agosto hasta el 6 de noviembre de 2026.
La institución está orientada principalmente a personas con escolaridad inconclusa, particularmente jóvenes y adultos que, debido a circunstancias laborales, familiares o económicas, no pudieron completar sus estudios dentro de la edad regular.
Dos modalidades para culminar los estudios
Pucha explicó que la modalidad semipresencial tiene una duración de 10 meses y establece requisitos de edad para el ingreso: 15 años para octavo año, 16 años para noveno, 17 años para décimo y 18 años para bachillerato.
Por otra parte, la modalidad a distancia virtual en temporalidad intensiva permite completar cada curso en aproximadamente cinco meses.
Para acceder a esta alternativa, el requisito principal es tener 18 años cumplidos al momento de iniciar los estudios, tanto para Educación General Básica Superior como para Bachillerato.
La rectora destacó que esta oferta educativa no se limita a la provincia. Según explicó, la modalidad virtual ha permitido atender a estudiantes de las cuatro regiones del Ecuador, además de contar con estudiantes extranjeros.
También oferta Bachillerato Técnico Productivo
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe también dispone del Bachillerato Técnico Productivo en Diseño de Modas, dirigido a personas que ya cuentan con título de bachiller.
Esta formación se desarrolla bajo una modalidad presencial intensiva, con una duración de 10 meses. Al finalizar, los estudiantes reciben una certificación correspondiente a 1.200 horas, avalada por el Ministerio de Educación y el Ministerio del Trabajo, y registrada, según lo señalado por la institución, en la entidad competente.
Pucha informó además que el pasado 24 de julio se realizó la incorporación de la primera promoción, con 125 bachilleres graduados entre las dos modalidades y 18 estudiantes que recibieron la certificación del Bachillerato Técnico Productivo.
Previamente, el periodo propedéutico se desarrolló del 3 al 7 de agosto, mientras que las clases correspondientes al nuevo año lectivo iniciaron el 11 de agosto de 2026.
Planta docente fortalecida
La rectora resaltó también el trabajo de la planta docente, a la que calificó como preparada y capacitada para atender las necesidades de jóvenes y adultos con escolaridad inconclusa.
Según Pucha, los docentes mantienen procesos de actualización y formación profesional, y varios de ellos se encuentran cursando estudios de cuarto nivel, con el objetivo de fortalecer la calidad del servicio educativo.
La institución, de carácter fiscomisional, sostiene como parte de su misión brindar oportunidades educativas a sectores vulnerables y personas de escasos recursos, bajo una visión de servicio a la comunidad.
“Nunca es tarde para estudiar”
Finalmente, Janina Pucha invitó a la ciudadanía de Zamora Chinchipe y del país a conocer la oferta académica de la institución y aprovechar las alternativas disponibles para retomar sus estudios.
“Nunca es tarde para comenzar”, señaló la rectora, al destacar que las nuevas modalidades permiten que quienes no pudieron estudiar en la edad regular tengan una nueva oportunidad para alcanzar el título de bachiller.
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe mantiene así su convocatoria dirigida a jóvenes y adultos que buscan continuar su formación académica y mejorar sus oportunidades personales y laborales mediante la culminación de sus estudios.
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