Por: Redacción Deportiva
La Liga Básquet Pro atraviesa una temporada que, desde la percepción de varios aficionados y actores vinculados al baloncesto ecuatoriano, deja más interrogantes que certezas. Un proyecto que en sus primeras ediciones logró captar la atención del público, generar expectativa y convertirse en una importante vitrina para el baloncesto nacional, hoy parece enfrentar algunos desafíos que deberían ser analizados con seriedad por quienes están al frente de su organización.
Uno de los principales aspectos que llama la atención es la disminución del número de equipos participantes. La reducción de clubes no solamente representa una menor presencia territorial dentro de la competencia, sino que también tiene consecuencias directas sobre el desarrollo de la temporada y el interés de los aficionados. Por ejemplo, Liga de Quito, Orange de Quito, Spartans de Quito, Barcelona, Caballito de Guayaquil, Zamora Jaguars de Zamora, Mira de Carchi, CYC Manabi, Leones de Riobamba. Además, Club de Vinces y Basquet Pasaje ya no están tampoco. En total 11 equipos que ya no participan en la LBP.
A esto se suma un factor particularmente importante: la poca emoción que genera actualmente la etapa regular. Cuando prácticamente todos los equipos tienen asegurada su presencia en los playoffs, la lucha por la clasificación pierde buena parte de su atractivo. En temporadas anteriores, la pelea por los últimos cupos mantenía a los aficionados pendientes de cada jornada, porque quedarse fuera de la siguiente fase era una posibilidad real para varios clubes.
La competencia necesita incertidumbre, necesita partidos que tengan consecuencias y necesita que cada jornada tenga algo importante en juego. De lo contrario, existe el riesgo de que el aficionado perciba la etapa regular simplemente como un camino obligatorio hacia los playoffs.
¿Dónde están los grandes patrocinadores?
Otro punto que merece una reflexión profunda es el patrocinio nacional.
En temporadas anteriores, la Liga Básquet Pro contó con empresas que tuvieron una presencia importante dentro del proyecto, entre ellas i4bet, EquaBet, Seguros Constitución y otras marcas que apostaron por el desarrollo del baloncesto profesional ecuatoriano.
Actualmente, la ausencia o menor presencia de grandes patrocinadores genera una pregunta inevitable:
¿Qué está haciendo la Liga Básquet Pro para atraer nuevamente a las grandes empresas nacionales?
Es evidente que la reducción de equipos y de mercados puede disminuir el atractivo comercial de una competición. Sin embargo, precisamente ahí debería aparecer el trabajo de la dirigencia: generar nuevas estrategias comerciales, fortalecer la propuesta de valor para las empresas y demostrar que invertir en la Liga Básquet Pro significa llegar a miles de aficionados y, especialmente, a una población joven que encuentra en el baloncesto una alternativa de formación, entretenimiento e inspiración.
La dirigencia también debe hacerse preguntas
No se trata únicamente de cuestionar a los clubes o a los patrocinadores. La propia Liga Básquet Pro debe realizar una autocrítica.
¿Qué se está haciendo para que regresen los equipos que dejaron de participar?
¿Qué incentivos existen para que nuevos clubes ingresen al campeonato?
¿Existe un verdadero acompañamiento financiero, comercial y administrativo para las instituciones que quieren formar parte de la competición?
¿Se está trabajando durante todo el año —y no solamente durante la temporada— para conseguir nuevos aliados comerciales?
Estas son preguntas legítimas que deberían formar parte de una evaluación profunda del proyecto.
Porque si un club desaparece de una competición profesional, las consecuencias no solamente las asume esa institución. También pierde el campeonato, pierde una ciudad, pierde una afición y, sobre todo, pierde el baloncesto ecuatoriano.
La comunicación también juega un papel fundamental
Otro aspecto que merece atención es la comunicación y la imagen institucional de la competición.
En una liga profesional, la comunicación no puede ser considerada un elemento secundario. Las fotografías, los videos, las estadísticas, las redes sociales, las transmisiones y todo el contenido generado alrededor de los partidos forman parte del producto que se ofrece al aficionado y al patrocinador.
Cuando se utilizan imágenes que no representan adecuadamente a los jugadores o contenidos que proyectan poca profesionalidad, la percepción externa también se ve afectada.
Hoy las ligas deportivas compiten no solamente dentro de la cancha. También compiten por la atención del público en redes sociales, por la confianza de las marcas y por la capacidad de generar una identidad propia.
Una liga profesional necesita verse y sentirse profesional.
Todavía hay tiempo para corregir el rumbo
A pesar de estas críticas, sería injusto desconocer lo que representa la Liga Básquet Pro para el deporte ecuatoriano.
El proyecto ha permitido que diferentes ciudades y provincias tengan la posibilidad de disfrutar de baloncesto profesional, ha brindado oportunidades a jugadores nacionales y extranjeros y ha contribuido a que niños y jóvenes tengan referentes deportivos más cercanos.
Precisamente por la importancia que tiene este proyecto, las observaciones deben servir para construir y no para destruir.
La Liga Básquet Pro necesita recuperar competitividad, aumentar el número de participantes, fortalecer su estructura comercial, mejorar su comunicación y volver a generar esa sensación de que cada partido importa.
El próximo año debería ser una oportunidad para dar un golpe de timón.
Sería positivo volver a ver a equipos que en algún momento fueron protagonistas, pero también sería importante que nuevas ciudades y organizaciones tengan las condiciones necesarias para ingresar al campeonato.
La pregunta de fondo es sencilla, pero trascendental:
¿Qué Liga Básquet Pro queremos para los próximos cinco o diez años?
Una competición con menos equipos, poca incertidumbre en su fase regular y dificultades para atraer grandes patrocinadores; o una liga sólida, competitiva, comercialmente atractiva y capaz de convertirse en uno de los grandes productos deportivos del Ecuador.
La respuesta no solamente corresponde a los clubes. Corresponde también a la dirigencia de la Liga Básquet Pro.
El baloncesto ecuatoriano tiene talento, tiene aficionados y, sobre todo, tiene una enorme cantidad de niños y jóvenes que sueñan con llegar algún día al profesionalismo.
Cuidar y fortalecer ese sueño debería ser responsabilidad de todos.





