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Noticias Zamora

¡Las madres  son  la fuente inagotable de sabiduría, de amor y fe absoluta!

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Por Mario Paz. Mgs.

Introducción:

Cada segundo domingo de mayo, el calendario nos invita a detenernos y mirar con gratitud a la figura más importante de nuestra vida: la madre, la flor más hermosa y fragante del jardín de la humanidad. Pero más allá de una fecha, el día de la Madre es un homenaje al amor más puro y desinteresado que existe. Es reconocer a quien ha sido abrigo en las tormentas, faro en los momentos de oscuridad y alegría en los días comunes.

En cada cultura, en cada rincón del mundo, el rol materno es fundamental en la formación de seres humanos, familias y sociedades. Este día es para celebrarlas, agradecerles y la oportunidad para honrar a quien ha sido sinónimo de entrega, ternura, fortaleza y amor incondicional.

La valentía y determinación de una madre

Siempre me pregunté porque en el día las madres los restaurant están llenos de comensales y en el día del padre están a la mitad de su capacidad. La respuesta es simple; las madres no solo llevan a sus hijos 9 meses en el vientre, hasta los 5 años en los brazos y toda la vida en el corazón; sino que son capaces dar su vida a cambio de la de sus hijos, de quedarse sin comer, con tal que sus hijos se alimenten. Esta historieta refleja la intrepidez de una madre, cuando de luchar por sus hijos se trata:

Había dos tribus guerreras, una vivía en el valle y la otra en la cima. La tribu de la cima raptó un bebé de  una familia del valle. Estos enviaron a sus mejores guerreros a traer al bebé de regreso, pero después de varios días de esfuerzos solo habían avanzado unos pocos metros sin lograr el objetivo, cuando vieron a la madre que bajaba de la montaña con su bebé en la espalda.  Ellos preguntaron ¿Cómo pudiste escalar esta montaña si nosotros, los hombres más fuertes y capaces de la aldea no lo conseguimos? Se encogió de hombros y respondió: ¡ES QUE EL BEBÉ NO ERA TUYO!

La madre: cimiento emocional de la familia y guía de vida 

Una madre no solo cuida, también guía, consuela, enseña y fortalece. Su influencia va más allá de la infancia: es fuente de valores, de carácter, de resiliencia. En tiempos difíciles, muchas madres han sido el sostén del hogar, la voz que anima, el abrazo que calma. Su capacidad de amar, incluso en medio del cansancio o la incertidumbre, la convierte en un símbolo de esperanza.

Cuando caminamos por un bosque de enormes árboles, ha escuchado decir a alguien ¿qué hermosas  y fuertes son las raíces de estos árboles?  O cuando visita una metrópolis, alguien ha dicho ¿qué grandes cimientos se han construido aquí? No, verdad, todos elogian al árbol, los edificios, no lo que los sostiene y les da fuerza. ¿Injusto, verdad? pero es así. La MADRE constituye los cimientos de la familia. La madre es la energía que mantiene en pie su hogar, es la sabia que nutre a cada uno de sus miembros y es aquella que prodiga amor incondicional a los suyos.

La maternidad en distintas formas

Hoy en día reconocemos que el amor materno no siempre viene de una madre biológica. Existen madres adoptivas, tías, abuelas, hermanas, madrinas o incluso padres que han asumido ese rol con amor. Todas esas formas de maternidad merecen ser celebradas porque nacen del mismo principio: cuidar y amar a los hijos (as) sin condiciones.

Desafíos del rol de madre en el mundo actual

Ser madre implica grandes desafíos: equilibrar el trabajo, el hogar, la educación emocional, y muchas veces la crianza en soledad. Por eso, más que flores, necesitan reconocimiento, apoyo y políticas que valoren y faciliten su labor.

El día de la Madre debe también ser un llamado a reflexionar sobre la importancia de su rol en la sociedad y que mejor forma de entenderlo que con este relato:

Una empresa muy reconocida  creó un puesto de trabajo falso  “para directora de operaciones”, se les advirtió que no era una tarea común y corriente, pues era el trabajo más importante que podía existir y  lo publicitaron por todos los medios posibles (medios impresos, radiales, televisivos y a través del internet). Entre los requisitos, se consideraba tener conocimientos en medicina, finanzas y artes culinarias. Además debían tener excelentes habilidades de negociación y resolución de conflictos.

En la entrevista se les anunció que la jornada laboral seria de  24 horas al día, los 7 días de la semana y los 365 días del año, sin derecho a vacaciones y por su labor no recibirá ninguna remuneración. Las entrevistadas y aspirantes al cargo respondieron que era un trabajo inhumano, cruel, que violentaba derechos y  leyes laborales y que por supuesto nadie aceptaría esas condiciones de trabajo. El entrevistador sonrió y les dijo que al contrario hay millones de personas desempañando la función de “directoras de operaciones” y que justamente ese trabajo lo realizan las “madres de familia”.

Un llamado al agradecimiento y al amor activo

Amar a una madre es más que recordarla un día al año. Es honrarla con gestos cotidianos: con respeto, con tiempo, con gratitud. Si tu madre vive, abrázala, escúchala, agradécele. Si ya partió, honra su memoria viviendo con los valores que sembró en ti.

Apreciados hijos (as) honren y amen a sus madres y denle gracias a Dios  por el privilegio de contar con su irremplazable presencia.

Y si eres madre, permítete también descansar, cuidar de ti misma y reconocer todo lo que haces.

Saludo a las madres

Hoy celebramos a quienes, con manos cansadas y corazón valiente, han sido el primer hogar, el primer amor y la primera maestra. Las madres son multifacéticas, son las mejores doctoras, cuando  nos  enfermamos, son  sus mimos  la perfecta medicina; son las  mejores arquitectas, ya desde pequeños  construyen  nuestro futuro; son las mejores cantantes, nos arrullan con su voz celestial; son las mejores   economistas, con lo poco que tienen hacen que nunca falte  un pan  en  la mesa; son el manantial inagotable de amor,  que nos permite disfrutar de su cariño  desmedido; son las mejores psicólogas, nunca faltan sus sabios consejos y cuando  lloramos son el pañuelo que mitiga  nuestras lágrimas.  Miles de besos y abrazos para las madres que nos llevaron nueve meses en su vientre, hasta los 5 años en los brazos y toda la vida en el corazón. Feliz día a todas las madres de mi Zamora y del mundo entero. Gracias, por su amor sin condiciones, por sus silencios sabios, sus consejos y sus sacrificios invisibles.

Su existencia es una bendición que transforma vidas. ¡Feliz Día de las Madres!

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Lo que sembramos en los niños, florece en la humanidad

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Por Lic. Mario Paz.

Introducción: 

La humanidad no se construye únicamente en los gobiernos, en las leyes o en los grandes acontecimientos históricos. Se construye, sobre todo, en la forma en que una madre abraza a su hijo, en la paciencia de un maestro, en el respeto con que un padre corrige, en la seguridad emocional que rodea a un niño mientras descubre el mundo. Allí, en esos pequeños actos cotidianos que muchas veces parecen insignificantes, comienza realmente el futuro de una sociedad.

Vivimos tiempos donde se habla constantemente de progreso, tecnología y desarrollo, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre aquello que sostiene verdaderamente el destino humano: la manera en que estamos formando a nuestras nuevas generaciones. Ninguna sociedad podrá alcanzar paz, justicia o bienestar mientras existan niños creciendo entre el abandono emocional, la violencia, el miedo o la indiferencia. Porque los niños no solo necesitan alimento y educación; necesitan amor, presencia, escucha, límites con ternura y adultos capaces de enseñar con el ejemplo.

La infancia no es una etapa pasajera ni un simple recuerdo lejano. Es el terreno donde se siembran la autoestima, la empatía, la dignidad, los valores y la capacidad de amar o destruir. Todo lo que un niño vive termina acompañándolo en la manera de relacionarse consigo mismo, con los demás y con el mundo. Por eso, cuidar a un niño no es únicamente proteger una vida pequeña; es cuidar el futuro emocional y moral de toda la humanidad.

Al final, cada gesto deja una semilla. Y tarde o temprano, todo lo que sembramos en los niños florece inevitablemente en la sociedad que construimos.

La infancia no se celebra: se protege 

Cada 1 de junio celebramos el Día del Niño, una fecha que va mucho más allá de los juegos, los regalos o los dulces. Es una jornada que nos invita a reflexionar profundamente sobre la responsabilidad que tenemos como adultos frente a la infancia. Padres, madres, docentes y sociedad compartimos la misión de formar seres humanos con valores sólidos, autoestima firme y corazones compasivos. Porque ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente desarrollada mientras existan niños infelices, vulnerados o privados de amor y oportunidades.

Los niños no aprenden únicamente de las palabras; aprenden, sobre todo, de lo que observan y experimentan cada día. El cariño que reciben, el respeto con el que son tratados, los límites puestos con amor y el ejemplo de quienes los rodean se convierten en semillas que más adelante darán fruto en su carácter y en su manera de relacionarse con el mundo. En sus pequeñas manos descansa gran parte del futuro de nuestra humanidad, pero antes de ser futuro, son presente: un presente que necesita protección, guía y dignidad.

Por ello, el Día del Niño no debería limitarse a una celebración simbólica, sino convertirse en una oportunidad para preguntarnos qué estamos sembrando hoy en las nuevas generaciones. Educar no consiste únicamente en enseñar a leer y escribir; también implica enseñar a sentir, respetar, pensar críticamente, convivir y amar.

El origen de esta conmemoración surge como una respuesta al sufrimiento infantil provocado por las guerras y las crisis humanitarias del siglo XX. Tras los devastadores efectos de la Primera Guerra Mundial, en 1924 se proclamó la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, el primer documento internacional que reconoció que la infancia requería cuidados y protección especial. Décadas más tarde, en 1959, la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, estableciendo principios fundamentales como el derecho a la educación, la salud, la igualdad, la protección y el desarrollo integral.

Desde entonces, el Día del Niño tiene como propósito recordar que los menores de edad constituyen el grupo más vulnerable frente a la violencia, la pobreza, la exclusión y la deserción escolar. También busca sensibilizar a los Estados y a la sociedad sobre la obligación de garantizarles un entorno seguro, afectivo y digno, donde puedan crecer plenamente sin distinción de raza, condición social o nacionalidad.

Aunque la ONU promovió el Día Universal del Niño cada 20 de noviembre, muchos países adoptaron fechas propias para su celebración. En Ecuador, esta conmemoración se realiza cada 1 de junio, reafirmando el compromiso de reconocer a la niñez como prioridad social y humana.

Hoy más que nunca debemos comprender que los niños no son únicamente “el futuro de la sociedad”. Son seres humanos completos en el presente, con emociones, derechos, sueños y necesidades que merecen ser escuchadas y protegidas ahora. Cuidar de la infancia no es un acto de caridad; es un deber moral y una inversión en la humanidad misma.

Los derechos de los niños: más que leyes, un compromiso humano

La protección de la infancia no solo constituye un deber moral y humano; también representa un compromiso jurídico reconocido por la Constitución de la República del Ecuador y por el Código de la Niñez y Adolescencia. Estas normas no surgieron únicamente como disposiciones legales, sino como respuesta histórica a la necesidad de garantizar que niñas, niños y adolescentes crezcan en condiciones de dignidad, seguridad y pleno desarrollo humano.

En Ecuador, el Código de la Niñez y Adolescencia establece que se considera niña o niño a toda persona desde su concepción hasta los doce años de edad. Esta definición trasciende el ámbito estrictamente jurídico y nos recuerda que el cuidado, la protección y la educación deben comenzar desde los primeros instantes de vida, una etapa decisiva en la formación física, emocional y social del ser humano.

La ciencia y la experiencia humana han demostrado que la infancia es el periodo donde se construyen las bases de la personalidad, la autoestima, los valores y la capacidad de convivir en sociedad. Cada palabra de afecto, cada enseñanza, cada ejemplo y cada acto de respeto recibido en el hogar, en la escuela y en la comunidad deja huellas profundas que influirán en la manera en que ese niño mirará el mundo y actuará en él durante su vida adulta.

Por ello, la Constitución de la República del Ecuador, en su Artículo 44, establece que el Estado, la sociedad y la familia tienen la obligación de promover de manera prioritaria el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, garantizando el ejercicio pleno de sus derechos bajo el principio del interés superior del niño. Además, reconoce que sus derechos prevalecen sobre los de las demás personas, reafirmando que la infancia debe ocupar un lugar prioritario dentro de toda política pública y de toda acción social.

De igual manera, el Artículo 45 reconoce que niñas, niños y adolescentes son titulares de todos los derechos humanos, además de aquellos específicos de su edad, entre ellos el derecho a la vida, la salud, la educación, la identidad, la integridad física y psicológica, la recreación, la convivencia familiar y la participación social. Estos derechos no representan privilegios, sino garantías fundamentales para que cada niño pueda desarrollarse plenamente y construir un proyecto de vida digno.

Complementando esta protección, el Artículo 46 dispone que el Estado adopte medidas especiales para proteger a la niñez contra toda forma de violencia, explotación, maltrato, abuso o abandono, así como para asegurar atención prioritaria a los menores más vulnerables. Estas disposiciones reflejan el compromiso de construir una sociedad más humana y consciente de que el bienestar infantil no puede depender del azar ni de las condiciones económicas de una familia.

En armonía con estos principios constitucionales, el Código de la Niñez y Adolescencia, en su Artículo 1, establece que su finalidad es garantizar la protección integral de niñas, niños y adolescentes para asegurar su desarrollo pleno en un entorno de libertad, dignidad y equidad. Bajo esta visión, la protección de la infancia no es responsabilidad exclusiva del Estado, sino una tarea compartida entre la familia, las instituciones educativas, las comunidades y la sociedad en general.

Este principio de corresponsabilidad nos recuerda que todos tenemos un papel fundamental en la vida de los niños. Padres, madres, docentes, autoridades, medios de comunicación y ciudadanía compartimos el deber de crear espacios seguros, afectivos y respetuosos donde puedan crecer libres de violencia, discriminación y abandono. Proteger la infancia no significa únicamente cubrir necesidades materiales, sino también brindar amor, escucha, orientación y oportunidades.

La historia demuestra que las sociedades que colocan a la niñez como prioridad alcanzan mayores niveles de desarrollo humano, cohesión social y bienestar colectivo. Cuando un niño recibe educación, afecto, estabilidad emocional y protección, crece con mayores posibilidades de convertirse en un adulto consciente, empático y comprometido con el bien común. Por el contrario, cuando la infancia es ignorada o vulnerada, las consecuencias terminan reflejándose en toda la sociedad.

Por eso, más que ver a los niños únicamente como “el futuro”, debemos comprender que son el presente vivo de nuestra humanidad. Su bienestar no puede esperar. Cuidarlos, educarlos y protegerlos hoy constituye una responsabilidad impostergable y una de las mayores expresiones de justicia social, civilización y amor por la vida.

El poder de una mente alimentada por la interdisciplinariedad 

La infancia es la etapa más fértil para el aprendizaje y el descubrimiento. Durante esos primeros años, el cerebro humano posee una extraordinaria capacidad para crear conexiones neuronales, desarrollar habilidades y adaptarse a nuevos conocimientos. Por ello, hoy más que nunca resulta necesario promover una formación multidisciplinaria en los niños, una educación que no limite su desarrollo a una sola área del pensamiento, sino que les permita explorar diversos campos del conocimiento y desarrollar plenamente su potencial humano.

Cuando un niño aprende distintas disciplinas al mismo tiempo (música, deportes, idiomas, arte, lectura, ciencia o tecnología, además de la educación formal) su mente desarrolla mayores capacidades de creatividad, razonamiento, sensibilidad y resolución de problemas. Cada nueva experiencia fortalece conexiones cognitivas y emocionales que enriquecen su manera de comprender el mundo y de relacionarse con él. La multidisciplinariedad estimula la curiosidad, amplía la imaginación y favorece un pensamiento más flexible, crítico e innovador.

La historia de la humanidad demuestra que muchas de las mentes más brillantes no se formaron dentro de límites rígidos del conocimiento. Por el contrario, fueron personas capaces de integrar distintas áreas del saber y encontrar conexiones entre ellas. Uno de los ejemplos más emblemáticos es Leonardo da Vinci, considerado uno de los mayores genios de todos los tiempos. Su grandeza no surgió únicamente de un talento innato, sino también de una mente alimentada por múltiples disciplinas. Fue pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, anatomista, inventor, músico, filósofo y estudioso de la naturaleza. Su curiosidad infinita y su capacidad para combinar arte, ciencia y observación le permitieron desarrollar ideas adelantadas a su época.

La multidisciplinariedad no solo forma niños con mayores habilidades intelectuales; también contribuye a desarrollar seres humanos más seguros, sensibles y equilibrados emocionalmente. El deporte fortalece la disciplina y el trabajo en equipo; la música estimula la memoria y la sensibilidad; los idiomas amplían la comprensión cultural; el arte desarrolla la expresión emocional; y la lectura alimenta la imaginación y el pensamiento crítico. Cada disciplina aporta herramientas distintas que, integradas, enriquecen profundamente la formación humana.

Sin embargo, durante muchos años los sistemas educativos tradicionales han privilegiado modelos centrados únicamente en la memorización y el rendimiento académico convencional, dejando en segundo plano otras capacidades esenciales para el desarrollo integral. Hoy entendemos que educar no significa únicamente transmitir información, sino ayudar a cada niño a descubrir sus talentos, fortalecer su autoestima y desarrollar todas sus dimensiones humanas.

Por eso, brindar a los niños oportunidades para explorar diversas áreas del conocimiento no debe verse como un lujo, sino como una necesidad educativa y social. Un niño que tiene acceso al deporte, al arte, a la cultura, a la ciencia y a los idiomas posee mayores herramientas para construir una vida plena y afrontar los desafíos del futuro con creatividad y resiliencia.

Cuidar la infancia también implica ofrecer una educación capaz de expandir la mente y el espíritu. Porque los niños no son recipientes vacíos que deben llenarse únicamente de contenidos escolares; son seres humanos llenos de curiosidad, imaginación y posibilidades infinitas. Y mientras más amplia sea la experiencia que reciban en su niñez, más libre, consciente y humana será la sociedad que construiremos mañana.

La verdadera transformación del mundo empieza en la infancia

La infancia no es una etapa secundaria de la vida; es el periodo donde se construyen las bases emocionales, intelectuales y morales del ser humano. Diversos estudios sobre desarrollo infantil coinciden en que durante los primeros años de vida el cerebro alcanza una extraordinaria capacidad de aprendizaje y formación de conexiones neuronales. Se estima que, en los primeros cinco años, se desarrolla gran parte de la personalidad, la inteligencia emocional y las habilidades sociales que acompañarán a la persona durante toda su existencia. Por eso, cada experiencia vivida en la niñez deja una huella profunda y duradera.

Desde tiempos antiguos, la humanidad ha comprendido la importancia de formar correctamente a los niños desde temprana edad. El rey Salomón, reconocido históricamente por su sabiduría, expresó una verdad que continúa vigente hasta nuestros días: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Esta reflexión encierra una realidad esencial: la infancia es el terreno donde se siembran los principios, hábitos y valores que más tarde definirán la conducta del adulto.

Aunque muchas veces no lo percibamos, los niños observan constantemente el mundo que los rodea. Aprenden menos de los discursos y más del ejemplo cotidiano. Imitan nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras reacciones y la manera en que tratamos a los demás. Sus principales referentes suelen ser sus padres y sus maestros, razón por la cual el ejemplo que reciban en el hogar y en las aulas posee un impacto decisivo en su formación humana.

Cada niño que llega al mundo es como una hoja en blanco que la vida irá escribiendo poco a poco. Y los primeros trazos (los más profundos y permanentes) los dibujamos nosotros con nuestras acciones, nuestro afecto y nuestra manera de guiarlos. Los niños absorben lo que sienten en su entorno: si crecen rodeados de respeto, aprenderán a respetar; si reciben amor, aprenderán a amar; si viven violencia o abandono, esas heridas también dejarán marcas difíciles de borrar.

Las palabras del filósofo griego Pitágoras siguen resonando con fuerza a través de los siglos: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Más allá de la frase histórica, su mensaje conserva una profunda vigencia social. Muchas de las problemáticas que afectan hoy a nuestras comunidades (violencia, intolerancia, falta de empatía o descomposición social) tienen raíces en infancias descuidadas, carentes de afecto, orientación y oportunidades.

Educar en valores no significa únicamente enseñar conceptos sobre lo correcto o incorrecto. Significa vivir la empatía, practicar el respeto, cumplir la palabra dada, reconocer errores, pedir perdón y enseñar con el ejemplo. Son los pequeños actos cotidianos los que moldean la conciencia y el carácter de los niños. Allí, en la sencillez de la vida diaria, aprenden verdaderamente lo que significa ser humanos.

Existe una metáfora profundamente valiosa para comprender la importancia de la infancia: la historia del bambú. Durante sus primeros años de vida, esta planta apenas muestra crecimiento visible sobre la superficie. Quien la observe podría pensar que nada está ocurriendo. Sin embargo, en silencio, el bambú desarrolla un sistema de raíces fuertes y profundas capaz de sostenerlo cuando más adelante crezca rápidamente hasta alcanzar grandes alturas.

Así ocurre también con los niños. Antes de que sus talentos brillen y sus sueños florezcan, necesitan raíces sólidas construidas con amor, estabilidad emocional, principios, confianza y respeto. Esas raíces no aparecen de manera espontánea; requieren tiempo, presencia, paciencia y una guía consciente por parte de los adultos.

No podemos esperar que los adultos del mañana sanen por sí solos las heridas de una infancia abandonada. La verdadera transformación social comienza mucho antes: empieza en la crianza, en la educación y en el trato diario que damos a nuestros niños. Lo que un niño vive hoy, inevitablemente lo devolverá al mundo mañana.

Por eso, cuidar la infancia no es solamente proteger una etapa de la vida; es sembrar las bases de una sociedad más justa, empática y humana. Porque los niños no son únicamente el futuro: son el presente que necesita ser amado, escuchado y cuidado desde ahora.

La obediencia ciega apaga la conciencia 

La obediencia, por sí sola, no es una virtud. Todo depende de a quién se obedece, por qué se obedece y cuáles son las consecuencias de esa obediencia. La historia está llena de episodios en los que personas aparentemente “correctas” cometieron actos terribles simplemente porque aprendieron a no cuestionar órdenes. Desde los regímenes totalitarios del siglo XX hasta experimentos sociales como los de Stanley Milgram, quedó demostrado que muchos seres humanos son capaces de renunciar a su criterio moral cuando se les enseña que obedecer es más importante que pensar.

Por eso, educar a un niño únicamente para que sea obediente puede volverlo vulnerable. Un niño que nunca aprende a contradecir, preguntar o poner límites difícilmente sabrá defenderse frente al abuso, la manipulación o la presión social. Los “obedientes” también pueden terminar siguiendo conductas destructivas (como el consumo de estupefacientes o dinámicas violentas) no por maldad, sino por una profunda necesidad de aceptación y aprobación. La obediencia ciega no forma carácter: forma dependencia.

La verdadera tarea de la educación no es fabricar niños sumisos, sino seres humanos capaces de discernir. Un niño necesita aprender a respetar normas y comprender que toda convivencia exige límites, pero también debe desarrollar pensamiento crítico, criterio ético y autonomía emocional. Más importante que obedecer sin cuestionar es aprender a analizar las consecuencias de cada acción, evaluar los pros y los contras, asumir responsabilidades y tomar decisiones prudentes incluso cuando nadie lo vigila.

La meta esencial del carácter no debería ser criar hijos dóciles, sino personas conscientes. Niños capaces de decir “no” cuando algo amenaza su dignidad, de sostener sus valores frente a la presión del entorno y de actuar con responsabilidad no por miedo al castigo, sino por convicción. Porque educar no consiste en apagar la voluntad de un niño, sino en enseñarle a gobernarla con sabiduría.

Conclusión: 

Al final, la verdadera grandeza de una sociedad no se mide por sus avances tecnológicos, sus edificios o su economía, sino por la manera en que trata a sus niños. Allí, en la infancia, comienza silenciosamente el destino de la humanidad. Cada palabra que un niño escucha, cada abrazo que recibe, cada herida que soporta y cada oportunidad que encuentra va moldeando al adulto que algún día caminará entre nosotros.

Los niños no necesitan un mundo perfecto; necesitan adultos conscientes. Adultos capaces de mirarlos con amor, guiarlos con paciencia, corregirlos con respeto y enseñarles con el ejemplo, que la dignidad humana siempre debe estar por encima de la violencia, el egoísmo o la indiferencia. Porque la infancia no solo forma recuerdos: forma conciencias.

Muchas veces creemos que cambiar el mundo exige grandes acciones, cuando en realidad las transformaciones más profundas empiezan en lo cotidiano: en una conversación escuchada con atención, en un límite puesto con amor, en un maestro que inspira, en unos padres que acompañan, en una sociedad que decide proteger en lugar de ignorar.

Cada niño cuidado es una posibilidad de esperanza para el futuro. Cada niño amado es una semilla de paz. Y cada infancia protegida representa una oportunidad para construir una humanidad más sensible, más justa y más humana.

Por eso, nunca debemos olvidar que todo lo que sembramos hoy en el corazón de un niño florecerá mañana en la sociedad entera. Si sembramos respeto, crecerá dignidad. Si sembramos empatía, crecerá solidaridad. Si sembramos amor, crecerá humanidad.

Porque, al final, el mundo que tendremos mañana dependerá profundamente de cómo decidamos cuidar a nuestros niños hoy.

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Controles policiales refuerzan seguridad en ejes viales de la provincia

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La Policía Nacional del Ecuador continúa ejecutando permanentes operativos de control denominados “Check Point” en los principales ejes viales de la provincia de Zamora Chinchipe, con el objetivo de prevenir actividades ilícitas, fortalecer el orden público y garantizar la seguridad ciudadana en todo el territorio provincial.

Estos operativos estratégicos forman parte de las acciones preventivas y de control que desarrolla la institución policial para reforzar la presencia de uniformados en las carreteras y brindar mayor tranquilidad a la ciudadanía. Durante las jornadas de intervención, los servidores policiales realizan controles vehiculares, verificación de personas, revisión de documentación y patrullajes preventivos en distintos puntos considerados estratégicos.

La Policía Nacional señaló que estas acciones permiten fortalecer la capacidad de respuesta ante cualquier novedad que pueda afectar la seguridad pública, además de contribuir a la prevención de delitos y al mantenimiento del orden en las diferentes vías de la provincia.

Las autoridades policiales reiteraron que los operativos “Check Point” se mantendrán de manera constante, como parte del compromiso institucional de trabajar firmemente por la tranquilidad y bienestar de las familias zamoranas, así como de todas las personas que diariamente circulan por los diferentes corredores viales de Zamora Chinchipe.

Asimismo, hicieron un llamado a la ciudadanía para colaborar con los controles y mantener el respeto a las normas de tránsito y seguridad, destacando que la articulación entre comunidad y fuerza pública es fundamental para fortalecer la convivencia pacífica y la seguridad en la provincia.

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Asambleísta corrió tras ladrón que le arrebató su iPhone en pleno Centro Histórico

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#Quito | Pánico, gritos y persecución en pleno corazón de la capital

El miedo se tomó las calles del Centro Histórico de Quito la tarde del domingo 24 de mayo de 2026, cuando la asambleísta por Zamora Chinchipe y representante de ADN, Esperanza del Cisne Rogel, fue brutalmente sorprendida por la delincuencia mientras se dirigía hacia el Palacio de Carondelet.

El hecho ocurrió aproximadamente a las 14:00 en las calles García Moreno y Manabí. Según consta en la denuncia presentada ante Fiscalía de Flagrancia, la legisladora se movilizaba en un taxi cuando un sujeto aprovechó un descuido y, en cuestión de segundos, metió la mano por la ventana semiabierta del vehículo para arrancarle violentamente su iPhone 16 Pro Max, valorado en más de 1.450 dólares.

Lo que siguió parecía una escena sacada de una película de terror urbano.

El delincuente huyó desesperadamente por las estrechas calles del Centro Histórico mientras la asambleísta descendía del taxi y corría tras él entre gritos de auxilio. Comerciantes, turistas y ciudadanos quedaron paralizados al escuchar los desesperados alaridos de “¡Ladrón, ladrón!” que retumbaban en la zona.

La persecución sembró caos y tensión en las calles Esmeraldas y Venezuela, donde policías que realizaban patrullajes preventivos lograron finalmente cercar e interceptar al sospechoso antes de que desapareciera entre la multitud.

Durante el registro corporal, los uniformados encontraron el teléfono robado escondido entre las pertenencias del detenido, quien fue identificado como J.A.I.P., de apenas 18 años.

El sujeto recibió prisión preventiva mientras avanzan las investigaciones por el presunto delito flagrante de robo.

El impactante caso ha desatado indignación y temor ciudadano, pues evidencia que la inseguridad en Quito ha llegado a niveles alarmantes: ni siquiera una asambleísta de la República logró escapar de la delincuencia que azota las calles de la capital.

“Hoy fue una autoridad… mañana puede ser cualquier ciudadano”, comentaban alarmados varios testigos tras el dramático episodio.

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