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Forjada en la lucha y la esperanza: 58 años de historia educativa de la UE ‘12 de Febrero

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Introducción

Hay instituciones que nacen por decreto y otras que nacen de la necesidad, del coraje y de la esperanza colectiva de un pueblo. La Unidad Educativa “12 de Febrero” pertenece a estas últimas. Su historia no es solo la cronología de una institución educativa, sino el testimonio vivo de una lucha social por la educación laica, inclusiva y liberadora, en un tiempo en el que educar significaba resistir, y enseñar implicaba arriesgarlo todo por el derecho a pensar y a soñar.

Forjada en un contexto de profundas tensiones ideológicas, desigualdad social y limitado acceso a la educación, la Unidad Educativa “12 de Febrero” emergió como una respuesta valiente a la exclusión y al abandono histórico de amplios sectores de la población Zamorana. Desde sus primeras aulas nocturnas, levantadas con esfuerzo comunitario y vocación docente, la institución se convirtió en un faro de oportunidades para hombres y mujeres trabajadores que, después de extensas jornadas laborales, encontraron en el estudio una vía de dignificación, superación y esperanza.

A lo largo de 58 años de vida institucional, este plantel ha transitado un camino marcado por la perseverancia, la transformación y el compromiso social. Su evolución  refleja no solo el crecimiento académico y administrativo, sino la permanencia de una esencia profundamente humana: la convicción de que la educación es un acto de justicia social y una herramienta para cambiar destinos individuales y colectivos.

Esta reseña histórica tiene como propósito rendir homenaje a la lucha que dio origen a la Unidad Educativa “12 de Febrero”, al legado de quienes la soñaron y la defendieron con valentía, y al impacto que, a lo largo de casi seis décadas, ha tenido en la formación de generaciones de ciudadanos críticos, solidarios y comprometidos con el desarrollo de Zamora y del país. Recordar su historia es, al mismo tiempo, reconocer que el futuro se construye cuando la educación nace del compromiso, la memoria y la esperanza.

Carlos Hernán Gómez Vásquez: un educador para la historia

Carlos Hernán Gómez Vásquez nació el 10 de julio de 1932, siendo el segundo hijo del hogar conformado por los señores Luis Gómez Montoya y Carmen Lucila Vásquez Suárez. Desde temprana edad mostró una profunda vocación por el estudio y el servicio educativo. Realizó los dos primeros años de su educación primaria en el Colegio de Madres Franciscanas “Modesto A. Peñaherrera”, donde culminó su formación primaria, sentando las bases de una vida dedicada al conocimiento.

Sus estudios secundarios los cursó en el Colegio Normal “Juan Montalvo” de la ciudad de Quito, institución en la que se destacó por su excelencia académica, obteniendo una de las mejores notas de grado. Esta etapa marcó el inicio de una trayectoria caracterizada por el compromiso intelectual, pedagógico y social.

Inició su labor profesional como docente en la Escuela Modelo “Velasco Ibarra” de la ciudad de Ibarra. Posteriormente, motivado por el deseo de ampliar su formación, se ausentó del país para estudiar periodismo y radiodifusión en la Universidad Javeriana de Bogotá, donde permaneció durante seis años. En ese período, además de sus estudios universitarios, trabajó como profesor en el Colegio “Jiménez de Quesada” de la misma ciudad. Durante su estancia en Colombia tuvo la oportunidad de entrevistar al doctor José María Velasco Ibarra, encuentro en el que ambas personalidades coincidieron en la firme defensa de la soberanía nacional ecuatoriana.

A su regreso al Ecuador, en la década de los años sesenta, se estableció en la ciudad de Quito, donde trabajó de manera particular en varios colegios. Paralelamente, brindó apoyo constante a estudiantes cotacacheños que cursaban sus estudios en el Colegio Normal “Juan Montalvo”, ya sea como apoderado, guía pedagógico, apoyo moral o económico. Este gesto solidario y paternal hizo que muchos lo recuerden con cariño como “Papá Hernán”.

Hacia finales de la década de los sesenta, el Ministerio de Educación lo designó Secretario de la Dirección Provincial de Educación de Zamora. Fue en esta etapa donde, al evidenciar la marginación y el obscurantismo que afectaban al acceso a la educación en la región, asumió el desafío de transformar esa realidad. Junto a un grupo de docentes y padres de familia impulsó la creación del Colegio Nacional “12 de Febrero”, hoy Unidad Educativa, iniciativa que le costó ser víctima de múltiples atentados, entre ellos un ataque con dinamita que marcó dolorosamente a la población y le ocasionó la pérdida del tímpano de su oído derecho.

Tras tres años de trabajo desinteresado y perseverante, el Ministerio de Educación decretó oficialmente la creación del primer colegio fiscal del suroriente ecuatoriano. En reconocimiento a su incansable labor, los docentes y la comunidad resolvieron nombrarlo patrono del establecimiento, honor que simboliza su legado imborrable en la historia educativa de la región.

Por súplicas de su madre, regresó posteriormente a la provincia de Imbabura, donde se desempeñó como director de la Escuela “Juan Montalvo” de la parroquia San Antonio de Ibarra. En ese contexto impulsó la creación del Colegio Nocturno San Antonio de Ibarra, en el cual también ejerció como docente. Debido a la falta de partidas presupuestarias, los trámites administrativos y el alumnado pasaron posteriormente al Colegio “Daniel Reyes” de la misma localidad.

En la década de los noventa asumió el cargo de director administrativo de la Escuela “Galo Plaza Lasso”, en la comunidad de Zuleta, donde se encuentra asentada la hacienda del patrono de la institución. Fiel a su espíritu visionario, promovió la creación del Colegio Zuleta, hoy Colegio Técnico Experimental “Zuleta”, ampliando una vez más el acceso a la educación para la población rural.

En el ámbito literario, en 1993 publicó la novela “El Forastero”, quedando inédita la obra “Oro maldito”, reflejo de su sensibilidad social y su inquietud intelectual.

Se acogió a los beneficios de la jubilación en 1996. En 1998 contrajo matrimonio con la señorita Germania Chavarrea Vallejo, de la ciudad de Atuntaqui, unión de la cual no hubo descendencia.

En su vida personal, Hernán Gómez Vásquez fue un hombre sensible y amante de la música nacional y los tangos. Sentía un profundo cariño por los animales, las flores y las plantas, aficiones que reflejaban su espíritu noble, contemplativo y profundamente humano.

 

La educación como justicia social: el compromiso histórico de la UE “12 de Febrero” con su comunidad

 

La Unidad Educativa “12 de Febrero” nació como una respuesta solidaria y profundamente humana a las necesidades educativas del pueblo Zamorano. Fue creada originalmente en jornada nocturna, pensada para la gente trabajadora, para aquellos hombres y mujeres que, luego de extensas jornadas laborales, encontraban en el estudio la única vía para transformar su realidad y construir un futuro más digno y promisorio para sus familias. En sus aulas nocturnas se forjaron sueños, se vencieron cansancios y se sembró la esperanza de que la educación es, ante todo, un acto de justicia social y de emancipación personal.

Durante sus primeros años de funcionamiento, la sección nocturna concentró la mayor población estudiantil, llegando a albergar aproximadamente 900 estudiantes, frente a cerca de 150 en la jornada diurna. Aquella realidad evidenciaba el compromiso del plantel con los sectores populares y con quienes veían en la educación una herramienta para mejorar sus condiciones económicas, sociales y culturales. Con el paso del tiempo, y como reflejo de los cambios demográficos y educativos de la ciudad, esta proporción se invirtió: en la actualidad, la jornada diurna atiende a más de 1.400 estudiantes, lo que representa alrededor del 95 % de la población estudiantil, mientras que la sección nocturna acoge aproximadamente a 100 estudiantes, equivalente al 5 %. Sin embargo, más allá de las cifras y de las modalidades de estudio, la esencia de la institución permanece intacta.

Esa esencia se sustenta en un sólido conjunto de principios y valores que orientan su quehacer educativo y definen su identidad institucional. La Unidad Educativa “12 de Febrero” se fundamenta en principios como la libertad, la educación en valores, la educación para la democracia, la participación ciudadana y la corresponsabilidad social, promoviendo una auténtica comunidad de aprendizaje. Asimismo, asume la equidad, la inclusión, la flexibilidad, la calidad y la calidez como ejes transversales de su práctica pedagógica, garantizando el derecho a una educación laica, intercultural y plurinacional.

De igual manera, la institución se rige por principios de transparencia, exigibilidad y rendición de cuentas, igualdad, ética, veracidad, justicia y legalidad, orientados a una gestión educativa eficaz y eficiente. El respeto y la protección del medio ambiente, junto con la universalidad del acceso a la educación, constituyen compromisos permanentes en la formación de ciudadanos responsables y conscientes de su entorno.

Estos principios se concretan en valores que se viven cotidianamente en la comunidad educativa. Entre ellos destacan el amor y respeto a la naturaleza, la libertad ejercida con responsabilidad, la honestidad, la puntualidad, la disciplina y la justicia. Se fomenta además la criticidad, la solidaridad, el amor, la amistad, el civismo, la cooperación, la tolerancia y la creatividad, fortaleciendo la autoestima, la identidad y el sentido de pertenencia de los estudiantes, pilares fundamentales para su desarrollo integral.

En coherencia con esta base ética y humanista, la visión institucional proyecta a la Unidad Educativa “12 de Febrero” como una institución líder en procesos de formación integral, capaz de responder a los requerimientos de los estándares educativos nacionales, con calidad y calidez, en los niveles de educación inicial, básica y bachillerato, incluyendo el bachillerato en ciencias y el bachillerato técnico. Esta visión refleja el anhelo de consolidarse como un referente educativo que articule excelencia académica, innovación pedagógica y compromiso social.

Por su parte, la misión de la institución reafirma su vocación formadora al proponerse educar a estudiantes en los niveles inicial, básico y bachillerato, dotándolos de las competencias necesarias para continuar estudios superiores y/o integrarse de manera exitosa y competitiva al campo laboral. La formación se sustenta en valores, en un espíritu innovador e investigativo, con pensamiento crítico y democrático, orientado a contribuir activamente al desarrollo del buen vivir, tanto en el ámbito personal como en el colectivo.

Así, los principios, valores, misión y visión de la Unidad Educativa “12 de Febrero” no constituyen simples enunciados formales, sino que representan la herencia viva de su origen histórico y la brújula que guía su aporte permanente a la educación y al desarrollo de la sociedad zamorana.

En estos 58 años de vida institucional, la Unidad Educativa “12 de Febrero” ha graduado aproximadamente 10.000 bachilleres, formados bajo un perfil de personas justas, innovadoras y solidarias. Sus egresados se han destacado en concursos y certámenes locales, distritales, provinciales, nacionales e incluso internacionales, en los ámbitos académico, deportivo, artístico y cultural, así como en proyectos de ciencia y tecnología. Estos logros no solo han prestigiado a la institución, sino que también han revalorizado la labor comprometida de sus docentes, demostrando que el conocimiento, cuando se construye con sentido ético y social, se transforma en un desempeño auténtico, capaz de resolver problemas, generar oportunidades y contribuir a hacer más digna y llevadera la vida de las personas y de la comunidad.

Cuando educar fue un acto de valentía: génesis de la Unidad Educativa “12 de Febrero”

Hablar de la creación de la Unidad Educativa “12 de Febrero” es evocar una de las páginas más valientes y trascendentales de la historia educativa de la ciudad de Zamora. Su origen está profundamente ligado a la lucha social por una educación laica, libre de imposiciones ideológicas, en un contexto marcado por la confrontación entre el pensamiento liberal heredado de la Revolución Alfarista y un sistema educativo confesional dominante. Recordar este proceso supone revivir una época de resistencia, sacrificio y profundo compromiso con el porvenir de la juventud Zamorana.

A finales de 1967, la inconformidad ciudadana se hizo evidente ante la preferencia otorgada a criterios religiosos por encima de la calidad profesional del cuerpo docente del entonces Normal San Francisco. Estudiantes, padres de familia y amplios sectores de la población protagonizaron una huelga que se prolongó por cerca de tres meses, exigiendo una educación de calidad y verdaderamente laica. La expulsión del prestigioso educador Lcdo. Ángel Rosero, acusado injustamente de comunista por no someterse a las normas conservadoras imperantes, constituyó el detonante que encendió la indignación colectiva. En este ambiente de persecución ideológica, la aspiración de contar con un colegio laico dejó de ser un simple anhelo para convertirse en una exigencia histórica del pueblo de Zamora.

En este escenario emerge la figura del Lcdo. Hernán Gómez Vázquez, educador visionario, patriota íntegro y firme defensor de la educación pública. Con valentía y convicción, asumió el desafío de fundar un colegio fiscal laico. Tras consultar con reconocidos ciudadanos de la localidad —entre ellos Luis Ojeda, Ernesto Fárez, Rubén González, Jacinto Reinoso y Hugo Arias Benavides— se resolvió crear un nuevo plantel educativo. Inicialmente se pensó denominarlo “Pío Jaramillo Alvarado”; sin embargo, al coincidir con la creación de un colegio del mismo nombre en la ciudad de Loja, se optó por llamarlo “12 de Febrero”, en homenaje al Día del Oriente Ecuatoriano, símbolo de identidad y reivindicación regional.

El 17 de diciembre de 1968 se iniciaron las actividades académicas con 75 estudiantes, en jornadas nocturnas, gracias al apoyo solidario de distinguidos profesionales que ofrecieron su labor de manera gratuita. La ciudadanía respondió con notable generosidad, colaborando tanto moral como económicamente para cubrir el arriendo del local y la adquisición del mobiliario indispensable. Paralelamente, se realizaron las gestiones ante el Ministerio de Educación, las cuales culminaron con el reconocimiento oficial del plantel el 18 de junio de 1969, mediante el Acuerdo Ministerial N.º 2745, que dio vida legal al Colegio Nacional Nocturno “12 de Febrero”.

No obstante, el nacimiento del colegio estuvo marcado por una férrea oposición. Las amenazas anónimas contra su fundador, los intentos de desarticulación institucional y, finalmente, el atentado con dinamita contra su vida evidenció la intolerancia de los enemigos de la educación laica. A pesar de ello, el Lcdo. Gómez Vázquez se mantuvo firme en su propósito, recorriendo diariamente largas distancias para cumplir con su labor docente y trabajando incansablemente por el sostenimiento del colegio, demostrando una vocación que trascendía cualquier sacrificio personal.

Ante la presión y el clamor de su familia, especialmente por el ruego de su madre, el fundador decidió entregar la rectoría del plantel al Comité de Padres de Familia, garantizando así la continuidad de la obra iniciada. Bajo nuevas autoridades, el colegio fue nacionalizado y se consolidó progresivamente como uno de los centros educativos más importantes de la provincia.

A lo largo de su historia institucional, el plantel ha experimentado importantes transformaciones. En 1997 cambió su categoría a Instituto Superior Técnico; en 2003 pasó a denominarse Instituto Superior Tecnológico y, desde el 15 de octubre de 2013, adquirió oficialmente la categoría de Unidad Educativa. Mediante la Resolución N.º 275-13, se fusionaron al plantel las escuelas Simón Bolívar y Flora Peña, fortaleciendo su oferta educativa y su impacto en la comunidad.

Hoy, la emblemática Unidad Educativa “12 de Febrero” se yergue majestuosa, cual cóndor que, desafiando las bravas tormentas de los huracanes andinos, se eleva intrépido para posarse en la cumbre de la inmortalidad. El esfuerzo sembrado no fue en vano: generaciones de bachilleres formados en sus aulas han contribuido al desarrollo profesional, social y cultural de Zamora, honrando el legado de quienes, con valentía y convicción, hicieron posible el nacimiento de esta histórica institución.

Fuente de consulta el libro de Hugo Arias Benavides titulado “Zamora de ayer y de hoy”

De la precariedad al referente educativo: la evolución de la Unidad Educativa “12 de Febrero” creciendo con la comunidad: 58 años de evolución y compromiso educativo

La Unidad Educativa “12 de Febrero”, a lo largo de sus 58 años de vida institucional, ha experimentado un crecimiento sostenido y significativo en los ámbitos académico, administrativo y de infraestructura, consolidándose como un referente educativo para la comunidad.

En sus inicios, la institución desarrolló sus actividades académicas en una casa alquilada ubicada en el centro de la ciudad, lo que evidenciaba las limitaciones propias de una entidad en proceso de formación. Con el paso del tiempo y gracias al esfuerzo conjunto de autoridades, docentes, estudiantes y comunidad educativa, la institución logró establecerse en un predio propio, el cual actualmente cuenta con un amplio espacio físico que favorece tanto el desarrollo académico como la recreación estudiantil.

En la actualidad, la mayoría de las aulas son funcionales y adecuadas para el proceso de enseñanza–aprendizaje; sin embargo, aún se requiere la renovación de aproximadamente 18 aulas de construcción antigua, las cuales, debido al paso del tiempo y a las condiciones climáticas, ya no reúnen las condiciones pedagógicas óptimas.

En cuanto a recursos tecnológicos, la Unidad Educativa dispone de laboratorios de computación debidamente equipados, los cuales fortalecen el desarrollo de habilidades digitales y tecnológicas en los estudiantes, contribuyendo a una educación acorde a las demandas actuales.

La oferta educativa también ha evolucionado de manera notable. Actualmente, la institución brinda servicios educativos desde Educación Inicial hasta Bachillerato, en la sección diurna, garantizando una trayectoria educativa continua y de calidad. Esta sección comprende los niveles de Educación Inicial, Preparatoria y Educación General Básica en sus subniveles elemental, media y superior, así como Bachillerato Técnico y Bachillerato en Ciencias, desarrollados en jornada matutina.

Con un marcado compromiso social e inclusivo, la Unidad Educativa amplía su cobertura a través de la sección nocturna, donde se ofrece Educación General Básica Superior y Bachillerato en modalidad semipresencial intensiva, dirigida a personas mayores de 18 años que desean culminar sus estudios y mejorar sus oportunidades personales y profesionales.

El crecimiento institucional se refleja también en el incremento del número de docentes y estudiantes. Actualmente, la Unidad Educativa “12 de Febrero” atiende a 1.560 estudiantes, quienes son acompañados en su proceso formativo por un equipo humano conformado por 96 servidores, entre directivos, docentes, personal administrativo y trabajadores, todos comprometidos con la formación integral, el bienestar estudiantil y la mejora continua de la calidad educativa.

Finalmente, el plantel cuenta con espacios deportivos destinados a la recreación y formación integral, así como con el servicio de bar, lo que contribuye a un entorno educativo funcional, seguro y acogedor. Todo este proceso de crecimiento y evolución evidencia el compromiso permanente de la Unidad Educativa “12 de Febrero” con el desarrollo educativo de niños, adolescentes y jóvenes, respondiendo a las necesidades de la comunidad y proyectándose hacia un futuro de constante mejora.

Conclusión

La historia de la Unidad Educativa “12 de Febrero” es, en esencia, la historia de un pueblo que decidió no renunciar a su derecho a la educación, aun cuando educar implicaba resistir, enfrentar la intolerancia y asumir riesgos personales y colectivos. Forjada en la lucha y sostenida por la esperanza, esta institución se levantó como un acto de valentía histórica y como una afirmación profunda de que la educación es el camino más legítimo para la transformación social.

A lo largo de 58 años de vida institucional, la Unidad Educativa “12 de Febrero” ha demostrado que su fortaleza no radica únicamente en su infraestructura, en sus cifras de matrícula o en sus logros académicos, sino en la solidez de los valores que la sustentan y en el compromiso humano de quienes han formado parte de su comunidad educativa. Docentes, Estudiantes, familias y Autoridades han construido, generación tras generación, una institución que no solo forma bachilleres, sino ciudadanos justos, innovadores, solidarios y conscientes de su responsabilidad con la sociedad.

El legado del Lcdo. Carlos Hernán Gómez Vásquez, su fundador y patrono, permanece vivo en cada aula, en cada estudiante que persevera pese a las dificultades y en cada docente que concibe la enseñanza como un acto de servicio. Su ejemplo recuerda que la educación no se edifica desde la comodidad, sino desde la convicción, el sacrificio y el amor profundo por el ser humano.

Hoy, convertida en un referente educativo de la provincia, la Unidad Educativa “12 de Febrero” continúa proyectándose hacia el futuro sin renunciar a su memoria. Su historia interpela a las nuevas generaciones a valorar la educación pública, laica e inclusiva, y a defenderla como un bien común irrenunciable. Porque mientras existan instituciones que nazcan del compromiso y se sostengan en la esperanza, la educación seguirá siendo el acto más poderoso para dignificar la vida, transformar destinos y construir una sociedad más justa y humana.

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OPINIÓN | Cantzama: La infamia oficial para encubrir la negligencia estatal

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Por: Alonzo Cueva

La madrugada del pasado 4 de julio, la naturaleza descargó su fuerza sobre la parroquia Guadalupe. Un desprendimiento masivo en la cima de la cordillera provocó un aluvión devastador que golpeó con dureza a Santa Isabel y Cantzama. Más allá de la crudeza del temporal, lo que llama profundamente a la reflexión es la inmediata reacción gubernamental de encasillar esta catálofe estrictamente geológica como una consecuencia de la actividad minera. Más que un error de apreciación técnica, este empeño discursivo parece responder a una calculada estrategia política.

Es necesario analizar el escenario regional con total objetividad para no caer en sesgos comunes. Nadie desconoce que, en sectores como Chamico, Nambija Bajo, las comunidades adyacentes a las cuencas de los ríos Zamora, Nangaritza, y algunas ubicadas en las márgenes del mismo río Yacuambi donde las inundaciones recurrentes guardan una relación directa con la minería aluvial y la falta de una planificación y regularización integral en el territorio. Sin embargo, el caso de Cantzama es radicalmente distinto. En esta zona no se realiza actividad minera; y este blindaje ambiental no obedece a un control estatal, sino a la firme y pacífica postura del pueblo guadalupano, que históricamente ha protegido este espacio como un santuario turístico de aguas cristalinas.

¿Por qué entonces el discurso oficial insiste en agitar el fantasma de la minería en un territorio libre de ella? La respuesta de fondo devela una doble intención política que busca evadir realidades complejas. Por un lado, culpar de forma generalizada a la minería funciona como la coartada perfecta para legitimar operativos de persecución y criminalización en contra de un sector que, lejos de ser el enemigo, ha sido el motor histórico que dinamiza la economía formal y popular de Zamora Chinchipe. Por el otro, esta narrativa busca blindar al centralismo de la fiscalización pública, construyendo un pretexto ideal para desviar la atención sobre las tareas pendientes en gestión de riesgos en laderas altas y sistemas de alerta temprana.

Adoptar una postura de confrontación total o de oposición ciega frente al Estado no soluciona los problemas estructurales de la provincia. Las autoridades tienen la responsabilidad técnica de investigar integralmente el territorio, pero no pueden utilizar el lodo y el dolor de una tragedia natural como una herramienta de castigo político o estigmatización gremial. Inventar causas mineras donde no existen solo para justificar agendas de control trunca los caminos hacia la regularización formal que miles de familias mineras legítimamente reclaman para trabajar en orden.

Los hechos en Cantzama son claros y los testimonios locales coinciden en que el desastre se originó por el colapso climático de la parte alta. El pueblo de Guadalupe merece respeto a su memoria organizativa y una reconstrucción real de sus comunidades. Asimismo, el sector minero de la provincia merece un debate serio, técnico y alejado de manipulaciones mediáticas que pretendan culparlo de la furia de la naturaleza para justificar su persecución. La reactivación y la seguridad de nuestra provincia no se construyen fabricando pretextos, sino afrontando la realidad del territorio con verdad y madurez política.

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Vocal del GADP Cumbaratza solicita aclarar presunto impedimento legal del presidente de la junta

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En una entrevista concedida a Diario El Amazónico, el vocal del Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) Parroquial de Cumbaratza, Willian Vinueza, afirmó que, en cumplimiento de sus funciones de fiscalización y legislación, ha iniciado acciones para solicitar que se esclarezca un presunto impedimento legal que, según indicó, afectaría al presidente del GAD Parroquial, Toni Romel Morocho Granda.

Durante el diálogo, Vinueza manifestó que la preocupación surge a partir de documentación que, según señaló, evidenciaría la existencia de un impedimento legal vigente para ejercer un cargo público. Explicó que dicho impedimento estaría relacionado con obligaciones pendientes derivadas de registros de la Contraloría General del Estado y de una deuda previamente investigada en el ámbito municipal, la cual, según indicó, fue cancelada parcialmente, mientras que otro valor correspondiente a la Contraloría aún permanecería pendiente.

El vocal sostuvo que, pese a esta situación, Morocho continúa desempeñando el cargo de presidente del GAD Parroquial, por lo que remitió un oficio a la responsable de la Unidad de Administración de Talento Humano de la institución, Lizeth Daniela Molina, solicitando que se verifique el caso y se adopten las acciones administrativas correspondientes, conforme a la normativa vigente.

Asimismo, indicó que, de acuerdo con la legislación aplicable al servicio público, la autoridad nominadora tendría la obligación de iniciar el procedimiento respectivo cuando exista un impedimento legal para ejercer funciones públicas, advirtiendo que la inobservancia de este procedimiento podría generar responsabilidades para los funcionarios competentes.

Cuestionamientos sobre proyectos y obligaciones económicas
Durante la entrevista, Vinueza también expresó su preocupación por la situación financiera relacionada con la construcción del Subcentro de Salud Tipo A de Cumbaratza, asegurando que existen varios proveedores que, tras entregar materiales y ejecutar trabajos, aún no habrían recibido los pagos correspondientes.

Según detalló, entre las obligaciones pendientes constarían aproximadamente 50.000 dólares adeudados a la empresa Megacentro Simancas, 53.000 dólares a un proveedor de aluminio y vidrio, además de otra deuda superior a 50.000 dólares correspondiente a trabajos eléctricos, lo que, según sus estimaciones, superaría los 150.000 dólares.

El vocal señaló además que algunos de estos casos ya formarían parte de procesos judiciales iniciados por los proveedores afectados.

Observaciones a obras y proyectos

En otro punto de la entrevista, Vinueza manifestó inquietudes sobre diversos proyectos parroquiales. Entre ellos mencionó el proyecto de alcantarillado para el sector Cuzuntza, indicando que, según su criterio, el presupuesto del GAD Parroquial sería insuficiente para ejecutar una obra de aproximadamente cinco millones de dólares.

También se refirió al proyecto de alcantarillado del sector Chamico, señalando que el proceso habría sido dado de baja del portal de contratación pública por incumplimiento de requisitos, situación que, afirmó, retrasaría nuevamente una obra esperada durante varios años por los habitantes del sector.

Respecto a este proyecto, señaló además que las condiciones topográficas del lugar han cambiado considerablemente debido a las recientes inundaciones, por lo que consideró necesaria una revisión técnica antes de retomar su ejecución.

Retrasos administrativos y funcionamiento institucional
El vocal informó igualmente que el GAD Parroquial llevaría aproximadamente dos meses sin contadora, situación que, según indicó, estaría afectando diversos procesos administrativos y provocando retrasos en pagos, incluidos los correspondientes a los vocales de la institución.

Añadió que también ha solicitado información sobre otros contratos y proyectos que, según manifestó, presentan demoras o paralizaciones, entre ellos obras deportivas y de infraestructura comunitaria.

Anuncia denuncias ante organismos de control
Al finalizar la entrevista, Willian Vinueza anunció que continuará recopilando documentación y que presentará denuncias formales ante la Contraloría General del Estado, el Consejo de la Judicatura y otras instituciones competentes, con el objetivo de que se investiguen los hechos expuestos y se determinen las responsabilidades que correspondan.

El vocal hizo además un llamado a los demás integrantes del GAD Parroquial para que se sumen a las labores de fiscalización, señalando que considera indispensable garantizar la transparencia en la administración de los recursos públicos y la correcta ejecución de las obras en beneficio de la parroquia.

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Bombero sobreviviente del aluvión en Kantzama pide fortalecer la prevención y los sistemas de alerta en Zamora Chinchipe

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Carlos Echeverría, integrante del Cuerpo de Bomberos de Zamora, relató cómo vivió la tragedia, cuestionó la falta de planificación preventiva y planteó la necesidad de implementar un plan integral de gestión de riesgos en la provincia.

A pocos días del devastador aluvión registrado en el sector de Kantzama, parroquia Guadalupe, el bombero del cantón Zamora Carlos Echeverría, con amplia trayectoria en atención de emergencias en Zamora Chinchipe, compartió un extenso testimonio sobre los momentos que marcaron la respuesta institucional durante la tragedia, las falencias en materia de prevención y las lecciones que, a su criterio, deben asumir las autoridades y la ciudadanía.

Durante una entrevista concedida, Echeverría explicó que la primera alerta fue recibida por el personal del Cuerpo de Bomberos a través del ECU 911, inicialmente por inundaciones registradas en el sector de Chamico. Sin embargo, conforme avanzó la noche, la emergencia escaló debido a la creciente del río en Kantzama, lo que motivó el acuartelamiento del personal para atender la situación.

El bombero relató que, antes de desplazarse al lugar de la tragedia, parte del contingente fue destinado a garantizar el abastecimiento de agua potable en la ciudad de Zamora mediante un vehículo tipo Bambi, debido a las afectaciones ocasionadas por las lluvias. Posteriormente, una vez que el ECU 911 reportó el agravamiento de la emergencia, los equipos fueron movilizados hacia Kantzama.

En la zona, los bomberos iniciaron labores de evacuación de familias y rescate de enseres. Según Echeverría, al disminuir momentáneamente el caudal del río, varios moradores manifestaban que este tipo de crecientes eran habituales, aunque reconocían que el nivel alcanzado por el agua había superado lo ocurrido en ocasiones anteriores.

Posteriormente, una comisión integrada por la entonces gobernadora de Zamora Chinchipe, personal del Cuerpo de Bomberos y otros funcionarios se trasladó hacia la parte alta del sector para verificar los daños ocasionados en la vía por el desvío del cauce del río. Allí constataron que la corriente seguía erosionando la calzada, por lo que recomendaron evacuar el área.

Sin embargo, mientras varias personas permanecían reunidas con autoridades y habitantes del sector, se produjo el momento más crítico de la emergencia.

Echeverría recordó que un fuerte estruendo precedió al aluvión que descendió desde la montaña. Junto con otros compañeros comenzó a alertar a los presentes para que buscaran refugio en zonas altas, aunque señaló que algunas personas no atendieron inmediatamente las recomendaciones porque consideraban que el fenómeno era parte del comportamiento habitual del río.

El bombero narró que decidió correr hacia una zona elevada, pero regresó al escuchar el pedido de auxilio de una mujer que llevaba a una niña en brazos. Logró tomar a la menor e intentar evacuarla; sin embargo, ambos fueron alcanzados por la fuerza del aluvión.

En su testimonio describió cómo fue arrastrado entre lodo, árboles, piedras y enormes palizadas durante varios kilómetros, permaneciendo por momentos atrapado entre troncos hasta lograr liberarse y continuar luchando por sobrevivir. Producto del impacto sufrió diversas lesiones, entre ellas una perforación en el labio que posteriormente requirió intervención quirúrgica.

A pesar de su estado físico, Echeverría continuó colaborando en las labores de rescate, alertó a los bomberos del cantón Centinela del Cóndor (Zumbi) sobre la magnitud de la tragedia y participó en la búsqueda de personas arrastradas por la corriente.

El rescatista destacó que uno de los aspectos más conmovedores fue la solidaridad demostrada por la población durante las horas posteriores al desastre. Recordó el apoyo recibido por ciudadanos que colaboraron con agua, transporte y asistencia mientras él continuaba intentando rescatar víctimas.

Respecto a las lecciones que deja la tragedia, sostuvo que Ecuador mantiene importantes debilidades en materia de gestión del riesgo.

Consideró indispensable fortalecer la cultura de prevención mediante simulacros permanentes, educación ciudadana y una mayor coordinación entre las instituciones responsables de la gestión de emergencias.

Asimismo, señaló que el país carece de sistemas modernos de monitoreo hidrológico y de alertas tempranas que permitan advertir oportunamente sobre crecidas de ríos o posibles aluviones, especialmente en provincias como Zamora Chinchipe, caracterizadas por su compleja geografía y la presencia de múltiples afluentes.

Durante la entrevista también expresó preocupación por diversos puntos considerados vulnerables dentro del cantón Zamora, entre ellos el deslizamiento registrado meses atrás en el sector de Tres Cruces. A su criterio, estos sitios requieren seguimiento técnico permanente para reducir riesgos futuros.

Echeverría manifestó que la planificación territorial debe contemplar escenarios de amenazas naturales y propuso que las autoridades impulsen un plan estratégico provincial de gestión de riesgos que incluya monitoreo constante de zonas inestables, sistemas de alerta temprana, fortalecimiento institucional y procesos permanentes de capacitación comunitaria.

En el ámbito personal informó que continúa en proceso de recuperación debido a la presencia de agua contaminada en los pulmones producto del aluvión. Señaló además que uno de sus compañeros permanece hospitalizado con un cuadro de mayor complejidad por lesiones internas ocasionadas durante la emergencia.

Finalmente, reveló que dejará de desempeñar funciones operativas dentro del Cuerpo de Bomberos tras haber sido reasignado a labores administrativas, decisión que —según indicó— ya le fue comunicada institucionalmente. Agradeció las múltiples muestras de solidaridad y el apoyo económico brindado por la ciudadanía tras la tragedia, asegurando que ese respaldo fue fundamental para la recuperación física y emocional del personal que participó en las operaciones de rescate.

El testimonio de Carlos Echeverría constituye uno de los relatos más detallados sobre los acontecimientos ocurridos durante el aluvión de Kantzama y plantea la necesidad de fortalecer la prevención, la planificación y la gestión integral del riesgo para evitar que una tragedia de similares características vuelva a repetirse en la provincia.

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