Nacionales
De los Andes a Navarra: el hematólogo cuencano que usa anticuerpos de llamas para combatir el cáncer de sangre
PAMPLONA, ESPAÑA. La investigación del hematólogo Esteban Tamariz empieza, de algún modo, en los Andes, un territorio que le resulta familiar porque nació en Cuenca. De allí proceden también las llamas cuyos anticuerpos se han convertido en una pieza clave de su búsqueda contra el mieloma múltiple, un cáncer de la sangre. Tamariz recibió el año pasado una beca de la Asociación Española Contra el Cáncer para avanzar en el desarrollo de células CAR-T más eficaces.
Tamariz explica, de forma sencilla, que las CAR-T son linfocitos T, un tipo de glóbulo blanco del sistema inmunitario, que se extraen de la sangre del paciente, se modifican genéticamente en un laboratorio y se devuelven al organismo para que actúen como una especie de “súper soldado” contra el tumor. La ayuda económica le permitirá impulsar durante cinco años una línea de investigación que busca mejorar esa terapia por una vía muy concreta. Se trata de aprovechar los anticuerpos obtenidos de las llamas andinas para afinar la capacidad de ataque de esas células modificadas.
La idea es que las CAR-T reconozcan mejor el tumor y puedan ofrecer una alternativa a pacientes para los que los tratamientos actuales no funcionan o no son suficientes. “Buscamos usar anticuerpos de llamas para desarrollar células CAR-T que reconozcan mejor al tumor y lo ataquen con precisión”, resume Tamariz.
El doctor Esteban Tamariz recibió una beca de la Asociación Española Contra el Cáncer. En la Clínica de la Universidad de Navarra, en Pamplona, investiga en el desarrollo de células CAR-T más eficaces.Soraya Constante

La decisión de formarse en España
Hace casi una década, Esteban Tamariz llegó a Pamplona con una plaza de residente en Hematología. Había rendido el MIR, el examen que en España permite a los médicos acceder a la formación como especialistas, y había conseguido entrar en la Clínica Universidad de Navarra, uno de los centros privados de referencia del país, conocido por sus tratamientos avanzados contra el cáncer y por recibir pacientes de dentro y fuera de España.
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No llegó solo. Con él se mudaron su esposa, también médica, y su primer hijo, que era todavía un bebé. Durante las primeras semanas los acompañó su suegra para ayudarles a aterrizar en una ciudad nueva, con una residencia médica por delante y una vida familiar que estaba empezando casi desde cero. Después, recuerda Tamariz, quedaron “los tres solos ante el peligro”. La frase resume esa logística silenciosa de migrar, cuando todo ocurre a la vez. Las guardias, los trámites, el cansancio, la crianza…
El empeño de convertirse en médico nació, en parte, de una historia familiar que quedó inconclusa. Su padre había querido estudiar Medicina, pero tuvo que abandonar la carrera por el cierre de universidades durante el gobierno de Velasco Ibarra. Tamariz cree que esa vocación interrumpida dejó una huella en él. “Yo creo que por ahí puede venir un poco de esa historia de mi papá”, cuenta.
Tamariz nació en Cuenca y se formó en la Universidad Católica de Guayaquil. Después del año rural, él y su esposa empezaron a preparar desde Ecuador el salto a España. Se apuntaron a una academia para rendir el MIR y comenzaron el trámite de homologación del título, esa primera aduana burocrática que tantos médicos extranjeros conocen bien. España era atractiva porque ofrecía una formación sólida, remunerada y con un título reconocido en la Unión Europea. También les permitía algo fundamental para dos médicos jóvenes que empezaban una vida juntos: intentar construir una carrera sin separarse.
El calendario, eso sí, no se lo puso fácil. Su título salió con fecha del 30 de septiembre, justo el último día que le permitía inscribirse al MIR de ese año, pero el de su esposa no llegó a tiempo. La decepción fue inmediata, pero dos días después todo cambió cuando se enteraron de que esperaban a su primer hijo. Entonces decidieron que él se presentaría primero al examen y ella lo haría al año siguiente. “Seguimos igual adelante con el plan. Ya doy el examen yo y tú lo das al año siguiente, pero obviamente viniendo todos”, recuerda que dijeron.
La hematología, el camino

En febrero de 2016, Tamariz rindió el MIR en España. Consiguió plaza en Hematología en la Clínica Universidad de Navarra y se instaló en Pamplona con su esposa y su hijo recién nacido. Mientras él empezaba su primer año de residencia, ella estudiaba y cuidaba al niño. Al año siguiente, también rindió el MIR y obtuvo plaza en Anatomía Patológica en el Hospital de Navarra, el centro público que quedaba prácticamente al otro lado de la calle. La familia fue creciendo al mismo ritmo que avanzaban las especialidades médicas. En esos años nació su segunda hija y la vida quedó organizada entre hospitales, estudio y guardias.
Aunque al principio pensó en la endocrinología, la hematología fue ganando terreno. Hubo señales tempranas, como aquella primera guardia en el Hospital Vernaza de Guayaquil, donde diagnosticó una enfermedad hematológica. Con el tiempo, esa intuición se convirtió en especialidad y después en una línea de trabajo centrada en el mieloma múltiple y los ensayos clínicos.
En junio de 2020 terminó sus cuatro años de residencia en Hematología. Después inició un periodo de año y medio con un contrato de investigación para avanzar en su tesis doctoral. En enero de 2022 se incorporó formalmente a la Unidad de Ensayos Clínicos de la Clínica Universidad de Navarra, y dos años más tarde defendió su tesis, centrada en la respuesta inmunitaria y las vacunas contra el Covid-19 en pacientes con cánceres hematológicos.
Hoy Tamariz, de 37 años, trabaja en la Unidad de Ensayos Clínicos y en la Unidad de Citometría. Es, como él mismo podría decir sin grandilocuencia, uno más dentro de un equipo médico amplio. Pero su historia tiene una singularidad evidente. Es un hematólogo ecuatoriano en una institución de referencia, con una trayectoria que conecta la investigación de vanguardia con pacientes que muchas veces llegan desde su propio país buscando una oportunidad terapéutica que no han encontrado allí.
La conexión migrante con Ecuador
Esa conexión con Ecuador se expresa también en el programa de derivaciones internacionales de la clínica, que permite a pacientes ecuatorianos acceder a tratamientos complejos que no siempre están disponibles en su país, entre otras razones por el coste de ciertos medicamentos. Tamariz ha atendido a varios de esos pacientes desde sus años de residencia. Recuerda, entre otros casos, el de un joven de Guayaquil que en 2017 logró entrar en remisión después de un trasplante complejo. Para un médico migrante, esos encuentros tienen otra carga. No son solo pacientes. Son también una forma de volver.
“Es duro estar lejos de casa porque toda mi familia y toda la familia de mi esposa viven Hay que hacerlo valer la pena, ayudando a muchos de los ecuatorianos que vienen y contribuyendo con proyectos como este”. Esteban Tamariz, hematólogo ecuatoriano de la Unidad de Ensayos Clínicos de la Clínica Universidad de Navarra
La frase resume una ética personal y profesional. Tamariz no habla de la migración como una hazaña ni como una pérdida absoluta. La mira más bien como un esfuerzo que debe tener sentido. En su caso, ese sentido aparece en la consulta, en los ensayos clínicos, en la investigación y en la posibilidad de que un paciente ecuatoriano acceda a una terapia que quizá no habría tenido cerca.
Su especialidad lo enfrenta a enfermedades duras, tratamientos largos y conversaciones difíciles. Por eso insiste en algo que parece obvio, aunque no siempre lo sea dentro de los sistemas sanitarios. El paciente necesita ciencia, pero también cercanía. “Ya es lo suficientemente malo estar enfermo como para que tu médico no te dé un trato cercano”, afirma. “Si tú a la gente la tratas como una persona, te vas a acercar a ellos”.
Tamariz no descarta volver a Ecuador algún día, pero por ahora, su presente, el de su esposa, y sus tres hijos, está en Navarra, donde la investigación, la consulta y la relación con pacientes ecuatorianos mantienen abierta esa conexión con el país del que salió.
Quizá por eso su historia no se agota en la del médico que migró ni en la del investigador que trabaja con terapias de última generación. También es la de alguien que intenta darle sentido a la distancia. Que estar lejos de casa sirva para acompañar mejor a quienes llegan enfermos. Que la ciencia no se quede encerrada en el laboratorio. Y que, entre los Andes y Navarra, pueda abrirse una vía concreta para que más pacientes tengan otra oportunidad. Fuente: Primicias
Deportes
Oficial: Marcelo Gallardo es el nuevo DT de Ecuador
La espera terminó. Marcelo Gallardo es el nuevo director técnico de la Selección de Ecuador. La Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) confirmó este domingo 13 de septiembre la contratación del entrenador argentino, quien asumirá el cargo que dejó Sebastián Beccacece después del Mundial de 2026. El acuerdo abre un nuevo ciclo para la Tricolor, con la mirada puesta en la Copa América 2028 y, sobre todo, en el Mundial de 2030.
A través de un video publicado en las redes sociales, Francisco Egas, presidente de esa institución, presentó al nuevo DT de la ‘Tri’ como un profesional exigente, obsesionado por competir, mejoras y no conformarse. «Creemos que esta Selección está preparada para dar el salto, (…) por eso fuimos a buscar a Marcelo Gallardo, por lo que ganó pero sobre todo por lo que representa. Bienvenido Marcelo al Ecuador«.

Gallardo, de 50 años, llega con una credencial que pocos entrenadores sudamericanos pueden exhibir: haber convertido a River Plate en uno de los equipos más exitosos del continente durante la última década. Ahora tendrá un desafío diferente. Por primera vez en su carrera dirigirá una selección nacional y deberá trasladar a un grupo de futbolistas, con poco tiempo de entrenamiento, una idea de juego que durante años desarrolló en River Plate.
Su primera prueba llegará prácticamente de inmediato. Ecuador tiene prevista una gira por Asia, con partidos ante Corea del Sur, Japón y un tercer rival por definir entre Panamá y Nueva Zelanda. Será la primera oportunidad de Gallardo para observar a sus jugadores, definir su primera convocatoria y comenzar a construir su equipo.
¿Quién es Marcelo Gallardo?
Marcelo Daniel Gallardo nació el 18 de enero de 1976 en Merlo, Buenos Aires. Antes de convertirse en uno de los entrenadores más reconocidos de Sudamérica, fue futbolista. Se formó en River Plate, debutó profesionalmente en 1993 y desarrolló una carrera que también lo llevó por Francia, Estados Unidos y Uruguay. Con la selección argentina disputó, entre otros torneos, el Mundial de Francia 1998.
Su transición de futbolista a entrenador fue casi inmediata. En 2011, poco después de retirarse en Nacional de Uruguay, asumió el mando del club. En su primera experiencia en un banquillo consiguió el Campeonato Uruguayo 2011-2012.

Pero fue en River donde construyó su reputación. Llegó en 2014, con 38 años, y permaneció ocho temporadas en su primera etapa. En ese periodo ganó 14 títulos, entre ellos la Copa Sudamericana 2014 y las Copas Libertadores de 2015 y 2018. La segunda de esas Libertadores tuvo un significado especial: River derrotó a Boca Juniors en la histórica final disputada en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid.
Después de River tuvo una experiencia breve en Al-Ittihad de Arabia Saudita y, en 2024, regresó al club argentino para un segundo ciclo que terminó en febrero de 2026. Esa etapa estuvo lejos de los resultados de la primera, pero no modificó la dimensión de su legado: en sus dos períodos al frente de River dirigió 500 partidos y consiguió 14 títulos. Fuente: Vistazo
Nacionales
El mar se calienta frente a Ecuador y Perú: ¿Por qué la temperatura del agua es la clave para entender las lluvias de el fenómeno de El Niño?
El fenómeno El Niño ha ingresado a una etapa extraordinaria debido a un marcado calentamiento en la superficie del océano, detalla el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi).
Esta clasificación se otorga cuando la temperatura del mar supera en más de 3,5 °C sus valores habituales. Aunque la noticia genera preocupación, los meteorólogos señalan que, más allá de la anomalía, el dato fundamental para saber cuándo comenzarán las lluvias intensas es la temperatura exacta que alcanza el agua frente a las playas.
El número clave que se debe tener en mente es 26 °C. Cuando el mar cercano a la playa alcanza o sobrepasa los 26 °C, el calor hace que el agua se evapore con rapidez, formando nubes gigantescas que desencadenan lluvias, ha detallado Nelson Quispe, especialista del Senamhi en entrevista con Agencia Andina.
Fenómeno de El Niño amenaza con provocar pérdidas millonarias al sector productivo de Ecuador: ¿Cuánto podrían perder las empresas y cómo prepararse?
Por ahora, estas aguas tan calientes se ubican principalmente en el Golfo de Guayaquil y una pequeña zona de Tumbes, por lo que aún no están totalmente pegadas a la línea de costa.
En solo un mes, los mapas del Senamhi ya evidencian el aumento de la temperatura superficial del océano Pacífico y su extensión por los países de la zona.
Los pronósticos muestran que esta masa de agua caliente se irá aproximando progresivamente al litoral de Perú entre noviembre y diciembre. Esto hará que las lluvias comiencen de forma leve en el norte y ganen mayor fuerza a partir de enero de 2027.
Además, este mar caliente ya impacta en la tierra, haciendo que los días y noches sean más calurosos de lo normal, con proyecciones de picos térmicos en el aire que podrían rozar los 40 °C durante episodios puntuales del verano en las costas de Ecuador y Perú. Fuente: Primicias
Nacionales
El fenómeno de El Niño olvidado por las guerras: Guayaquil vivió un «maratón hidrológico» mayor al devastador evento 1997-1998
La historia climática del Ecuador guarda un episodio colosal que quedó sumergido bajo las sombras de la Segunda Guerra Mundial y el conflicto bélico limítrofe de 1941 con Perú. Entre 1939 y 1942, el país registró un fenómeno de El Niño excepcionalmente prolongado que se extendió durante casi tres años.
Se trató de un evento que alcanzó hasta 29 meses de duración, provocando en Guayaquil un acumulado de lluvias sin precedentes que superó ampliamente las precipitaciones del devastador 1997-1998 (que según las autoridades tiene similitudes con el calentamiento del océano de El Niño actual, 2006-2027).
El maratón hidrológico de 9.000 milímetros
El oceanógrafo y docente investigador Franklin Ormaza expuso los datos disponibles de este evento histórico durante una ponencia en el encuentro “El Niño 360°: Anticiparse es la mejor estrategia”, organizado por la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).
Según las reconstrucciones climáticas y los datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) y el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF), en el evento de 1940-1942 cayeron en Guayaquil cerca de 9.000 milímetros de lluvia (o litros por metro cuadrado).
Ormaza dijo que el grueso de las mayores precipitaciones se produjeron en un lapso de tan solo cinco a seis meses. Esta masa de agua representa una lámina de agua equivalente a nueve metros de altura —si cayeran lluvias de golpe y no hubiese existido escurrimiento ni evaporación—.
En términos comparativos, durante el Niño extraordinario de 1997-1998 se acumularon 5.990 milímetros en la ciudad, mientras que en el evento de 1982-1983 se registraron algo más de 6.000 milímetros, dijo Ormaza. De este modo, el episodio de 1940-1942 generó 1,5 veces más lluvias acumuladas en Guayaquil que los cataclismos hidrológicos más recordados del finales del siglo XX.

Gráfico de fenómenos de El Niño históricos en Guayaquil, con su nivel de precipitaciones.Cortesía Franklin Ormaza/ Espol/ PRIMICIAS
Un desastre diluido por el contexto bélico internacional
A pesar de que las inundaciones causadas por más de 8.000 a 9.000 litros de agua por metro cuadrado en la ciudad, la memoria colectiva y la documentación oficial de este evento se diluyeron en el tiempo.
Ormaza lo atribuye entre otros factores a la coincidencia con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el conflicto armado entre Ecuador y Perú en 1941, que concentraron la atención geopolítica.
Sin embargo, como enfatizó el experto, este evento debe convertirse en el patrón «señero» o de referencia para la ciencia climática nacional.
Existe una paradoja clave expuesta por el investigador: mientras que el evento de 1997-1998 fue oceanográficamente el más fuerte en cuanto al calentamiento de las aguas en las costas ecuatorianas, el evento de 1940-1941 —que comenzó como un Niño entre moderado y fuerte— fue “hidrológicamente el más destructivo” por la acumulación prolongada de lluvia.
El evento se extendió por 28 meses lo que lo ubica en la secuencia 1939-1942 entre las de duración extraordinaria, según informe del Departamento Nacional de Planeación de Colombia Conpes. El Niño 97-98 registró unos nueve meses de lluvias ininterrumpidas.
Según la información expuesta por el investigador, el «maratón hidrológico de Ecuador» que derivó en «un trágico año de 1941» estuvo marcado por condiciones favorables de vientos y por una fase cálida fuerte, lo que provocó un invierno extendido.
La crisis sanitaria incluyó brotes de malaria y de dengue. Entre los impactos se encuentran inundaciones prolongadas y un coste aproximado de contracción del Producto Interno Bruto (PIB) regional, menor que el 15% del impacto al PIB del evento 97-98.

Dos niños nadan en una zona inundad de Calceta, en la provincia de Manabí, en medio de jornadas de lluvias intensas en marzo de 1998, durante el Fenómeno de El Niño que empezó en 1997.Francesco Degasperi / AFP
Lecciones para la gestión de riesgos en 2026
El análisis del evento histórico cobra vigencia en el escenario climático actual de 2026, donde las autoridades monitorean si las altas temperaturas del mar se acoplarán finalmente con la atmósfera para generar un régimen de lluvias severo y en evento de El Niño pronosticado como «muy fuerte».
Aunque el incremento térmico registrado frente a las costas de Ecuador y Perú le genera “preocupación”, el oceanógrafo aclara que El Niño no se sostiene únicamente por la temperatura del mar.

Una fotografía sin retocar sobre las inundaciones prolongadas que vivió Guayaquil en 1941, cerca de lo que hoy es la calle Escobedo en el centro de la ciudad.Cortesía La Memoria de Guayaquil
Para que una masa de agua cálida se traduzca en lluvias torrenciales sobre el territorio continental, es indispensable que exista un acoplamiento entre la atmósfera y el océano, explicó. Las primeras precipitaciones de intensidad serían los primeros indicios de ese acople y del inicio de eventos adversos por El Niño en el país, según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi).
Ormaza analizó la evolución reciente de los indicadores y consideró que el evento habría alcanzado ya el punto máximo de su curva de calentamiento. Con base en sus cálculos, se arriesgó a proyectar que Ecuador enfrentaría un evento de magnitud «moderada-alta o fuerte-baja”, descartando por ahora un escenario histórico extremo o de Súper El Niño.
En un «escenario optimista» basado en eventos históricos, el porcentaje estimado de pérdida para Ecuador sería del 9% al 12% del PIB, entre USD 9.600 millones a USD 14.000 millones y tiempo de recuperación sería de 2 a 3 años, según las propias estimaciones de académicos de la Espol. Fuente: Primicias
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