Noticias Zamora
Autonomía intelectual: el desafío de pensar por uno mismo
Introducción
En una época donde la información abunda pero el pensamiento escasea, la verdadera libertad ya no se mide por fronteras políticas, sino por la capacidad de pensar por cuenta propia. Vivimos rodeados de opiniones, ideologías y verdades prefabricadas que buscan guiarnos o distraernos, y pocas veces nos detenemos a preguntarnos si lo que creemos realmente nos pertenece. La autonomía intelectual surge, entonces, como uno de los mayores desafíos del ser humano contemporáneo: atreverse a pensar sin depender del pensamiento ajeno.
Desde los tiempos de Kant y Nietzsche, la filosofía ha advertido sobre esta tensión entre obedecer y pensar, entre seguir el rebaño o abrir un camino propio. Kant llamó a esa valentía sapere aude (“atrévete a saber”), mientras que Nietzsche celebró a los “espíritus libres” que crean sus propios valores y rompen con las verdades impuestas. Ambos coincidieron en una misma idea: la libertad comienza en la mente.
Desarrollar una mente autónoma no es un acto instantáneo, sino un proceso de maduración que exige duda, reflexión y coraje. Implica aprender a razonar, cuestionar y decidir con fundamento, sin caer en la dependencia de autoridades, costumbres o modas intelectuales. En otras palabras, la autonomía intelectual no consiste en pensar diferente por rebeldía, sino en pensar con criterio y conciencia.
Este artículo explora el significado, los fundamentos y los caminos hacia la autonomía intelectual. A través de la filosofía, la historia y la psicología del desarrollo, busca mostrar que la independencia más profunda no se conquista con armas, sino con ideas. Pensar por uno mismo, en un mundo que invita a repetir, es quizá el acto más revolucionario de nuestro tiempo.
Autonomía y Heteronomía: ¿qué decides?
Según Friedrich Nietzsche, el mundo puede dividirse en dos tipos fundamentales de personas: aquellas que siguen sus propios deseos y valores, y aquellas que viven siguiendo los deseos, las normas o las ideas impuestas por los demás.
Las primeras representan al individuo autónomo, fuerte y creador, capaz de afirmar su propia voluntad y construir su propio camino sin dejarse dominar por las presiones externas. Son los que Nietzsche llamaría los “espíritus libres”, que trascienden la moral convencional y se atreven a pensar y actuar por sí mismos.
Las segundas, en cambio, son los individuos heterónomos, débiles y conformistas, que se limitan a aceptar lo que la sociedad dicta, sin cuestionar. Estas personas viven bajo lo que Nietzsche denomina la “moral del rebaño”, una moral que exalta la obediencia, la mediocridad y el miedo al cambio.
Nietzsche critica precisamente esa tendencia humana a someterse a la presión social y a aceptar las ideas de la mayoría sin reflexionar. Ejemplos históricos (como el fanatismo colectivo que permitió el ascenso del nazismo en Alemania, muestran cómo las masas pueden ser fácilmente manipuladas cuando renuncian a su pensamiento crítico).
Como decía Immanuel Kant, con cierta amargura, “el ser humano es el único animal que necesita un amo” para vivir, lo que evidencia la dificultad de alcanzar una verdadera libertad interior. Nietzsche toma esta observación y la lleva más lejos: considera que la debilidad del ser humano se manifiesta precisamente cuando cede ante la comodidad del conformismo y renuncia a su propia voluntad de poder.
En resumen, para Nietzsche la lucha más importante no es contra los demás, sino contra nuestra propia tendencia a obedecer. Solo cuando el individuo se atreve a crear sus propios valores y a vivir según su auténtico deseo, puede decirse que es verdaderamente libre y fuerte.
Autónomo (a): es quien actúa por decisión propia, guiada por sus principios, su razón o sus valores, y no por la influencia o mandato de otros. Es capaz de pensar críticamente y asumir la responsabilidad de sus actos. Una persona autónoma decide, piensa y actúa por sí misma, sin dejarse dominar por modas, grupos o autoridades externas.
Heterónomo (a): actúa bajo la influencia o control de otros. No toma decisiones propias, sino que se deja guiar por normas, costumbres o mandatos externos (ya sean sociales, religiosos, políticos o familiares). El heterónomo representa al individuo débil y sumiso, que vive siguiendo la “moral del rebaño”. No se atreve a crear su propio camino y acepta lo que dicta la mayoría. Una persona heterónoma se deja arrastrar por la opinión pública, las modas o las expectativas de los demás, sin cuestionarlas.
De la independencia política a la independencia del pensamiento
El 9 de octubre de 1820 se gestó la independencia de Guayaquil, un suceso que marcó el inicio del proceso libertario en lo que hoy es Ecuador. Aquellos hombres y mujeres decidieron romper los lazos coloniales que los ataban al Imperio español y asumieron el riesgo de construir su propio destino. No fue una tarea sencilla: la independencia exigió valentía, conciencia y, sobre todo, la voluntad de pensar más allá de los límites impuestos por la autoridad extranjera.
Hoy, más de dos siglos después, el espíritu de aquella gesta sigue teniendo vigencia, aunque bajo nuevas formas de dependencia. Ya no estamos bajo el yugo político de una corona, pero muchas veces seguimos cautivos de la heteronomía, de la ignorancia, de la manipulación informativa y de la falta de pensamiento crítico. La libertad que necesitamos conquistar en este siglo XXI no es territorial, sino intelectual.
Así como los patriotas del 9 de octubre empuñaron las armas para alcanzar la soberanía, nosotros debemos empuñar las armas del conocimiento, la educación y la investigación para liberarnos de la desinformación, la apatía y la dependencia mental. La verdadera independencia se logra cuando aprendemos a pensar por nosotros mismos, a cuestionar lo que se nos dice y a fundamentar nuestras decisiones en datos, razones y evidencias, no en rumores o ideologías impuestas.
Guayaquil buscó su autonomía política; hoy nosotros debemos buscar nuestra autonomía intelectual. Solo entonces podremos decir que hemos heredado verdaderamente el legado de aquellos libertadores: no repetir su lucha, sino continuarla en el terreno de las ideas, conquistando la libertad más profunda y duradera: la libertad del pensamiento.
Cultivar la mente: el camino seguro hacia la autonomía intelectual
Desarrollar la autonomía intelectual es un proceso gradual que exige reflexión, disciplina y curiosidad. No consiste en acumular información, sino en aprender a pensar con criterio propio, evaluar las ideas y construir conocimiento desde la duda y la razón. La independencia mental nace del ejercicio constante de la crítica y del diálogo con el mundo.
Estrategias para una mente autónoma: Algunas prácticas fundamentales para fortalecer el pensamiento libre son:
- Autoevaluarse: cuestionar nuestras propias creencias y reconocer sus fundamentos.
- Investigar de forma independiente: contrastar fuentes y buscar distintas perspectivas.
- Debatir con respeto: argumentar y aprender del desacuerdo.
- Leer con análisis: interpretar, comparar y reflexionar sobre lo leído.
- Pensar sobre el propio pensamiento (metacognición): entender cómo aprendemos y mejoramos.
- Rodearse de entornos que estimulen la curiosidad y la crítica.
Una educación verdaderamente formadora consiste en enseñar a los hombres no lo que deben pensar, sino a pensar
El rol de la educación y la lectura
Entre las materias que más contribuyen al desarrollo del pensamiento autónomo tenemos: Filosofía, Lengua y Literatura, Historia, Ciencias y Arte, son las que despiertan la reflexión, la creatividad y el razonamiento lógico. Sin embargo, su impacto depende del método de enseñanza, del entorno familiar y de la motivación del estudiante.
Entre todos los hábitos intelectuales, la lectura ocupa un lugar central. Leer es un acto de libertad: amplía horizontes, despierta la imaginación y debilita la ignorancia. En Ecuador se lee, en promedio, un libro al año, mientras que en países más lectores como Canadá o Francia se leen alrededor de diecisiete. Si aspiramos a una sociedad más crítica, debemos leer más, pensar más y repetir menos.
Aprender a volar con la cuerda
Como la cometa que se estrella al romper su hilo, muchos jóvenes confunden la libertad con la ausencia de límites. La verdadera libertad no consiste en desprenderse de toda guía, sino en aprender a volar con dirección y propósito. La educación es esa cuerda que sostiene, orienta y permite alcanzar alturas mayores.
Por eso, el papel de los padres y educadores no es imponer, sino acompañar el vuelo del pensamiento, guiando a los jóvenes desde la heteronomía hacia la autonomía, desde el seguir ciegamente hacia el comprender libremente.
Desarrollar la autonomía intelectual es, en definitiva, continuar la obra inconclusa de la libertad humana. No basta con ser libres políticamente si seguimos siendo esclavos mentalmente. Pensar por uno mismo es el acto más revolucionario de nuestro tiempo.
Cómo aporta el pensamiento crítico a la autonomía intelectual
En una conferencia sobre la importancia del pensamiento crítico, un estudiante le preguntó a su maestro Russell: “¿Por qué insiste tanto en cuestionarlo todo?” Russell tomó una taza vacía que estaba en la mesa, la levantó y le dijo: “¿Me creerías si te digo que esta taza está llena de agua?” El estudiante dudó un momento y respondió: “No, necesitaría pruebas de que realmente hay algo en esa taza.” Russell dijo: “Eso es exactamente la base del pensamiento crítico: no aceptar afirmaciones sin pruebas suficientes; de lo contrario, corremos el riesgo de llenar nuestra mente de tazas vacías.” Otro estudiante preguntó: “¿Y qué debemos hacer cuando algo no puede ser probado?” Russell respondió: “Si no hay pruebas, lo más sensato es suspender el juicio. Es mejor aceptar nuestra ignorancia que llenarla con falsas certezas. La duda, aunque incómoda, es mucho más valiosa que una creencia sin fundamento. No se deje llenar el corazón de odios infundados ni la cabeza de falsedades; active el pensamiento crítico.”
El pensamiento crítico es fundamental para la autonomía intelectual porque dota a las personas de las habilidades necesarias para examinar la validez de las ideas, evaluar fuentes de información y formular juicios propios basados en la razón y la evidencia. Sin esta capacidad, el pensamiento individual se vuelve dependiente de la opinión ajena, de la autoridad o de la costumbre. La autonomía intelectual, por tanto, no significa pensar diferente por rebeldía, sino pensar por cuenta propia con fundamento.
Además, el pensamiento crítico promueve la responsabilidad intelectual: obliga a reconocer los límites del propio conocimiento, a revisar las propias creencias y a corregir errores cuando la evidencia lo exige. Esta disposición a la autocrítica fortalece la independencia mental, pues impide que la persona se aferre dogmáticamente a ideas solo por conveniencia o tradición. Una mente crítica no es aquella que lo rechaza todo, sino la que sabe discernir entre lo verdadero, lo probable y lo falso.
Por otro lado, en una sociedad saturada de información y opiniones, el pensamiento crítico se convierte en una herramienta de liberación cognitiva. Permite filtrar los mensajes manipuladores, distinguir los hechos de las interpretaciones y reconocer los intereses ocultos detrás de ciertos discursos. Así, quien piensa críticamente no se deja llevar por la presión social ni por las emociones colectivas, sino que actúa desde su criterio propio, construyendo una voz auténtica dentro del diálogo social.
En síntesis, el pensamiento crítico es la base de la autonomía intelectual porque enseña a pensar con libertad, pero también con responsabilidad. Una mente autónoma no es la que sabe más, sino la que sabe pensar mejor: aquella que duda con inteligencia, razona con rigor y decide con conciencia.
La Edad de la Independencia Mental
Diversos estudios en psicología cognitiva, educación y neurociencia del desarrollo coinciden en que la autonomía intelectual es una capacidad que no todas las personas alcanzan plenamente. Se estima que solo entre el 20% y el 30% de los adultos logran desarrollar un pensamiento verdaderamente autónomo, caracterizado por la habilidad de cuestionar las ideas recibidas, evaluar críticamente la información y formar juicios propios fundamentados. El resto de la población tiende a apoyarse en la autoridad de figuras externas (como expertos, instituciones, medios o tradiciones) al momento de decidir qué creer o cómo interpretar el mundo.
Esta diferencia no necesariamente refleja una falta de inteligencia, sino más bien el grado de madurez intelectual y emocional alcanzado. La autonomía intelectual requiere no solo habilidades cognitivas avanzadas, sino también seguridad personal, autoconfianza y apertura mental para tolerar la incertidumbre y revisar las propias creencias. Por ello, suele verse influida por factores como la educación recibida, el entorno cultural, las oportunidades de debate y reflexión, y el acceso a información diversa.
En cuanto a la edad, la autonomía intelectual comienza a manifestarse durante la adolescencia media (aproximadamente entre los 13 y 17 años), cuando el desarrollo del pensamiento abstracto permite reflexionar sobre valores, normas y puntos de vista distintos. Sin embargo, este proceso no se consolida de inmediato. Estudios en neurociencia han mostrado que la corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones complejas y del juicio crítico, sigue madurando hasta los 25 o incluso 30 años. Por ello, se considera que la edad de desarrollo pleno de la autonomía intelectual suele ubicarse entre los 25 y 30 años, momento en el que la persona alcanza un equilibrio entre pensamiento lógico, experiencia vital y estabilidad emocional.
Cabe destacar que este desarrollo no ocurre de manera automática. Las personas que no son estimuladas intelectualmente por ejemplo, a través del diálogo, la lectura crítica o la exposición a diferentes perspectivas, pueden quedar ancladas en etapas de pensamiento dependiente o conformista, sin llegar a cuestionar de manera profunda las ideas predominantes. En cambio, quienes viven en entornos que promueven la curiosidad, la reflexión y la responsabilidad intelectual tienden a alcanzar mayores niveles de independencia cognitiva.
En síntesis, la autonomía intelectual es una meta evolutiva y educativa que solo una parte de la población logra plenamente.
Conclusión
La autonomía intelectual representa uno de los logros más altos del espíritu humano. No basta con vivir en una sociedad libre si nuestra mente sigue siendo prisionera de la costumbre, la manipulación o el miedo a pensar distinto. La verdadera independencia no se conquista con espadas ni con leyes, sino con ideas propias, con la valentía de razonar y con la humildad de aprender.
Pensar por uno mismo es un acto de coraje. Implica asumir la responsabilidad de nuestras creencias, reconocer los límites de nuestro conocimiento y atrevernos a cuestionar incluso aquello que consideramos incuestionable. Significa abandonar la comodidad del pensamiento colectivo y aventurarse en el terreno, a veces incierto, de la reflexión personal. Pero solo allí, en ese ejercicio de duda y conciencia, nace la auténtica libertad.
Así como los pueblos lucharon por su independencia política, cada persona debe luchar por su independencia mental. La autonomía intelectual es una forma de emancipación interior que nos protege de la manipulación, del fanatismo y de la ignorancia. Es también el cimiento de una sociedad más justa y lúcida, capaz de dialogar sin dogmas y de construir conocimiento con sentido crítico y ético.
El desafío de pensar por uno mismo es, en el fondo, una invitación a vivir con plenitud: a no aceptar verdades impuestas, a leer más y repetir menos, a mirar el mundo con ojos propios. Ser autónomos intelectualmente no es un privilegio, sino una responsabilidad con nosotros mismos y con el futuro que ayudamos a construir.
Porque solo quien se atreve a pensar libremente puede considerarse verdaderamente libre.
Noticias Zamora
Curso de Lengua de Señas busca fortalecer la inclusión y romper barreras comunicacionales en Zamora Chinchipe
Zamora Chinchipe. Con el propósito de fortalecer la inclusión social, promover una comunicación accesible y contribuir a la eliminación de barreras que enfrentan las personas con discapacidad auditiva y autismo no verbal, se desarrollará en la provincia un Curso de Lengua de Señas, acompañado de contenidos relacionados con sensibilización y políticas públicas en materia de discapacidad.
La iniciativa surge como una propuesta orientada a generar mayores capacidades en profesionales, servidores públicos, docentes y ciudadanía en general, bajo la premisa de que el acceso a la comunicación constituye un elemento fundamental para el ejercicio de derechos y la participación plena en la sociedad.
Una herramienta para garantizar derechos
El aprendizaje de la lengua de señas constituye una herramienta fundamental para facilitar la interacción de las personas sordas con su entorno familiar, educativo, laboral e institucional. También permite mejorar su acceso a información, servicios públicos, programas estatales y otros espacios de participación ciudadana.
Durante la presentación de la iniciativa se destacó que las barreras comunicacionales pueden limitar considerablemente la autonomía de las personas con discapacidad auditiva. Situaciones aparentemente cotidianas, como acudir a una institución pública, realizar un trámite bancario, recibir atención médica o acceder a información educativa, pueden convertirse en obstáculos cuando no existe personal capacitado para establecer una comunicación adecuada.
En este contexto, se plantea la necesidad de que las instituciones públicas fortalezcan progresivamente sus mecanismos de accesibilidad y cuenten con profesionales capacitados en lengua de señas.
Más allá de los subtítulos
Uno de los aspectos señalados durante la socialización de la propuesta es que la inclusión comunicacional no debe limitarse únicamente a la incorporación de subtítulos.
La lengua de señas posee una estructura, configuración y gramática propias, por lo que requiere procesos adecuados de aprendizaje e interpretación para garantizar que la información llegue de manera clara a las personas sordas.
La capacitación busca que quienes participen no solamente aprendan signos básicos, sino que también comprendan el contexto social de la discapacidad y la importancia de generar entornos accesibles.
Formación y sensibilización
La propuesta contempla contenidos relacionados con lengua de señas, discapacidad, sensibilización y políticas públicas, con el objetivo de promover una visión integral de la inclusión.
La iniciativa está impulsada por Michelle Vázquez, profesional vinculada al trabajo en materia de discapacidad y perito de la Función Judicial, quien explicó que su experiencia personal y profesional la llevó a involucrarse en este ámbito.
Su motivación también está relacionada con su entorno familiar y con la experiencia de una hermana con discapacidad auditiva. Según explicó, esa realidad le permitió comprender desde temprana edad las dificultades que enfrentan las personas sordas cuando no existen mecanismos adecuados de comunicación y adaptación educativa.
A partir de esa experiencia, ha desarrollado procesos de formación y trabajo social relacionados con discapacidad, con el propósito de contribuir a la construcción de una sociedad más inclusiva.
Una provincia que necesita avanzar
Durante la socialización de la iniciativa en diario El Amazónico también se puso énfasis en la necesidad de fortalecer la preparación de quienes trabajan diariamente con la ciudadanía.
Docentes, médicos, servidores públicos, funcionarios y profesionales de distintas áreas pueden encontrarse en algún momento con una persona con discapacidad auditiva. Contar con conocimientos básicos de lengua de señas permitiría brindar una atención más adecuada y reducir situaciones de dependencia.
La propuesta plantea que instituciones como los ministerios de Educación, Salud, Inclusión Económica y Social y Trabajo, entre otras entidades públicas, fortalezcan sus capacidades de atención inclusiva.
El objetivo no es únicamente mejorar la comunicación, sino contribuir a que las personas con discapacidad puedan ejercer con mayor autonomía sus derechos a la educación, salud, trabajo, participación social y acceso a servicios públicos.
Una experiencia que también involucra a las nuevas generaciones
El curso estará abierto al público y se considera importante la participación de jóvenes y familias. La sensibilización desde edades tempranas puede contribuir a prevenir situaciones de discriminación, acoso escolar y exclusión.
La experiencia compartida durante la presentación de la iniciativa demuestra que el aprendizaje de la lengua de señas también puede convertirse en una herramienta para fortalecer la empatía dentro de los hogares y las comunidades.
Detalles del curso
El Curso de Lengua de Señas iniciará el sábado 15 de agosto y se desarrollará durante los días sábados hasta el 5 de septiembre, en horario de 10:00 a 12:00.
La capacitación tendrá un valor de 30 dólares para personas sin discapacidad.
Para las personas con discapacidad auditiva y personas con autismo no verbal, el curso será gratuito, como parte de la intención de garantizar su acceso a la lengua, fortalecer su identidad y promover su participación.
La formación contará además con la participación de una instructora sorda, lo que permitirá a los asistentes tener contacto directo con la comunidad y desarrollar una experiencia práctica y dinámica.
Romper las barreras desde la comunicación
La iniciativa plantea un mensaje central: la discapacidad no debe convertirse en una barrera para acceder a los derechos y servicios que corresponden a todos los ciudadanos.
Aprender lengua de señas representa, en este sentido, mucho más que adquirir una nueva forma de comunicación. Significa comprender otras realidades, desarrollar empatía y contribuir a que las personas sordas puedan desenvolverse con mayor independencia.
“Comencemos a romper las barreras comunicacionales ahora”, es el llamado realizado durante la presentación del curso.
La propuesta invita a profesionales, docentes, servidores públicos, estudiantes, familias y ciudadanía en general a involucrarse en este proceso de formación y sensibilización.
El desafío, según sus impulsores, es avanzar como provincia hacia una sociedad donde las personas con discapacidad puedan acceder a la educación, obtener un empleo digno, utilizar los servicios públicos y participar plenamente en la vida social.
La inclusión comienza cuando dejamos de construir barreras y empezamos a crear puentes. En Zamora Chinchipe, el aprendizaje de la lengua de señas busca convertirse en uno de esos puentes.
Nacionales
Una madre de 19 años lucha por la vida y el bienestar de su pequeña hija
En el barrio Sucupa, de la parroquia Amaluza, cantón Espíndola, una joven madre enfrenta una lucha diaria por la salud de su hija de apenas 11 meses. Entre limitaciones económicas, tratamientos pendientes y una esperanza que se niega a apagarse, Jessica Leonela Córdoba Jiménez pide a la ciudadanía tenderle una mano.
Hay historias que no necesitan grandes escenarios para conmover. Basta con entrar a una casa humilde, mirar los ojos de una madre y observar cómo sostiene a su hija para comprender que, detrás de cada familia, puede existir una batalla silenciosa.
En el barrio Sucupa, perteneciente a la parroquia Amaluza, en el cantón Espíndola, conocimos la historia de Jessica Leonela Córdoba Jiménez, de 19 años, y de su pequeña hija Camila Alberca Córdoba, de apenas 11 meses.
Hasta su llegaron personas solidarias para entregar un pequeño aporte con productos no perecibles, ropa y otros artículos. También compartieron un momento de oración, pidiendo fortaleza, esperanza y salud para la pequeña Camila y su madre.
Pero más allá de la ayuda material, aquel encuentro permitió conocer una realidad que pocas veces se ve desde lejos.
Una vida que comenzó luchando
Camila nació prematuramente, antes de cumplir los ocho meses de gestación. Su llegada al mundo estuvo marcada desde el inicio por dificultades que obligaron a su madre a permanecer junto a ella en centros hospitalarios.
Jessica recuerda que, tras ser trasladada a un hospital de Loja, su hija ingresó al área de neonatología y necesitó oxígeno. Allí comenzó un camino de diagnósticos, tratamientos y preocupaciones que, once meses después, todavía continúa.
Según el relato de su madre, Camila presenta problemas cardíacos, hemangiomas —tumores infantiles— y dificultades en su desarrollo, además de un cuadro de desnutrición que requiere atención y seguimiento médico.
Uno de los mayores temores de Jessica está relacionado con una lesión ubicada en la cabeza de su hija, para la cual le han indicado la necesidad de valoración por un especialista en neurología pediátrica.
La atención especializada, sin embargo, no está disponible de manera cercana. Jessica señala que ha recibido indicaciones para buscar especialistas en ciudades como Cuenca, Guayaquil o Quito, una realidad que representa un enorme desafío para una madre que no cuenta con los recursos económicos suficientes.
Once meses de vida, pero un desarrollo detenido
A sus 11 meses, Camila todavía no logra sentarse, gatear ni hablar.
Para cualquier madre, ver crecer a su hija debería significar descubrir nuevas sonrisas, primeros pasos y pequeñas conquistas. Para Jessica, cada etapa viene acompañada de preguntas, preocupación y la necesidad urgente de encontrar atención adecuada.
“Yo quiero que ella se recupere”, expresa su madre, con una sencillez que resume toda su lucha.
Jessica sabe que el tiempo es importante. También sabe que los tratamientos, los traslados, la alimentación, los medicamentos y las consultas médicas tienen un costo que difícilmente puede asumir sola.
Una joven madre frente a una enorme responsabilidad
Jessica es madre soltera y vive junto a su abuelita. Recibe el bono, pero asegura que esos recursos resultan insuficientes para cubrir las necesidades de Camila.
Cada día comienza con las mismas responsabilidades: alimentar a la niña, cuidarla, movilizarla, estar pendiente de sus medicamentos y buscar alternativas para conseguir atención médica.
A sus 19 años, Jessica enfrenta una responsabilidad que podría resultar abrumadora para cualquiera. Sin embargo, no habla desde la resignación. Habla desde la esperanza.
Por eso decidió hacer público su caso.
No pide lujos. No pide privilegios.
Pide una oportunidad para que su hija pueda recibir la atención que necesita.
Un llamado que busca convertirse en esperanza
Desde esta historia nace un llamado a la solidaridad dirigido a ciudadanos, instituciones, organizaciones y personas de buen corazón que puedan contribuir con Jessica y Camila.
La ayuda puede ser económica, pero también puede llegar de otras maneras: alimentación, ropa, medicamentos, transporte, acompañamiento o cualquier apoyo que permita aliviar las necesidades de esta familia.
Las personas interesadas en colaborar pueden comunicarse directamente con la familia a través del 099 095 9019, donde podrán conocer las necesidades actuales y las formas disponibles para brindar apoyo.
Cada aporte, por pequeño que parezca, puede representar una diferencia enorme para una madre que hoy enfrenta sola una batalla que no debería librar en soledad.
Porque la solidaridad también salva distancias
La historia de Camila y Jessica no es únicamente la historia de una enfermedad o de una carencia económica.
Es la historia de una madre que, con apenas 19 años, decidió no rendirse.
Es la historia de una niña que llegó al mundo antes de tiempo y que hoy continúa luchando por crecer.
Y es también una oportunidad para recordar que la solidaridad no siempre necesita grandes gestos. A veces comienza con una llamada, una contribución, una prenda, un alimento, un traslado o simplemente con la decisión de no permanecer indiferentes.
En Sucupa, una joven madre sigue esperando que las puertas se abran y que aparezcan manos dispuestas a ayudar.
Mientras tanto, Camila sigue creciendo junto a ella.
Camila y Jessica no están solas. Su historia hoy llega a la comunidad con una petición sencilla, pero profundamente humana: ayudar a una madre a seguir cuidando a su hija y darle a una pequeña de 11 meses la oportunidad de continuar luchando por su vida.
Porque detrás de cada ayuda hay una historia.
Y detrás de esta historia hay una madre que no se rinde y una niña que todavía tiene mucho por vivir.
Noticias Zamora
Nueva oportunidad para culminar el bachillerato en Zamora Chinchipe
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe inició el nuevo año lectivo y mantiene habilitado su proceso de matrículas para jóvenes y adultos que buscan retomar y culminar sus estudios, mediante modalidades semipresencial y a distancia virtual en temporalidad intensiva.
Así lo informó Janina Pucha, rectora de la Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe, durante una entrevista concedida a Diario El Amazónico, en la que explicó las diferentes alternativas educativas disponibles y los requisitos establecidos para acceder a cada modalidad.
De acuerdo con la rectora, las matrículas excepcionales para la modalidad a distancia virtual se encuentran habilitadas desde el 11 hasta el 31 de agosto de 2026, mientras que para la modalidad semipresencial este proceso se mantiene abierto desde el 11 de agosto hasta el 6 de noviembre de 2026.
La institución está orientada principalmente a personas con escolaridad inconclusa, particularmente jóvenes y adultos que, debido a circunstancias laborales, familiares o económicas, no pudieron completar sus estudios dentro de la edad regular.
Dos modalidades para culminar los estudios
Pucha explicó que la modalidad semipresencial tiene una duración de 10 meses y establece requisitos de edad para el ingreso: 15 años para octavo año, 16 años para noveno, 17 años para décimo y 18 años para bachillerato.
Por otra parte, la modalidad a distancia virtual en temporalidad intensiva permite completar cada curso en aproximadamente cinco meses.
Para acceder a esta alternativa, el requisito principal es tener 18 años cumplidos al momento de iniciar los estudios, tanto para Educación General Básica Superior como para Bachillerato.
La rectora destacó que esta oferta educativa no se limita a la provincia. Según explicó, la modalidad virtual ha permitido atender a estudiantes de las cuatro regiones del Ecuador, además de contar con estudiantes extranjeros.
También oferta Bachillerato Técnico Productivo
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe también dispone del Bachillerato Técnico Productivo en Diseño de Modas, dirigido a personas que ya cuentan con título de bachiller.
Esta formación se desarrolla bajo una modalidad presencial intensiva, con una duración de 10 meses. Al finalizar, los estudiantes reciben una certificación correspondiente a 1.200 horas, avalada por el Ministerio de Educación y el Ministerio del Trabajo, y registrada, según lo señalado por la institución, en la entidad competente.
Pucha informó además que el pasado 24 de julio se realizó la incorporación de la primera promoción, con 125 bachilleres graduados entre las dos modalidades y 18 estudiantes que recibieron la certificación del Bachillerato Técnico Productivo.
Previamente, el periodo propedéutico se desarrolló del 3 al 7 de agosto, mientras que las clases correspondientes al nuevo año lectivo iniciaron el 11 de agosto de 2026.
Planta docente fortalecida
La rectora resaltó también el trabajo de la planta docente, a la que calificó como preparada y capacitada para atender las necesidades de jóvenes y adultos con escolaridad inconclusa.
Según Pucha, los docentes mantienen procesos de actualización y formación profesional, y varios de ellos se encuentran cursando estudios de cuarto nivel, con el objetivo de fortalecer la calidad del servicio educativo.
La institución, de carácter fiscomisional, sostiene como parte de su misión brindar oportunidades educativas a sectores vulnerables y personas de escasos recursos, bajo una visión de servicio a la comunidad.
“Nunca es tarde para estudiar”
Finalmente, Janina Pucha invitó a la ciudadanía de Zamora Chinchipe y del país a conocer la oferta académica de la institución y aprovechar las alternativas disponibles para retomar sus estudios.
“Nunca es tarde para comenzar”, señaló la rectora, al destacar que las nuevas modalidades permiten que quienes no pudieron estudiar en la edad regular tengan una nueva oportunidad para alcanzar el título de bachiller.
La Unidad Educativa PCEI Zamora Chinchipe mantiene así su convocatoria dirigida a jóvenes y adultos que buscan continuar su formación académica y mejorar sus oportunidades personales y laborales mediante la culminación de sus estudios.
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