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El Niño no es el único culpable del sofocante calor en Guayaquil, estas son las otras razones

Publicado elamazonico elamazonico 6 min de lectura

En Guayaquil hay un ‘meme’ o ilustración digital muy famoso que ejemplifica bien el calor que soporta la ciudad durante el actual episodio de El Niño: un hombre se acerca a un vehículo en llamas, mientras el post dice ‘cuando entras a un carro en las cálidas tardes’ de la ciudad.

No es solo una apreciación, Guayaquil ha soportado temperaturas tan altas como los 35 grados centígrados, y que gracias a la sensación térmica, el termómetro marca dos o tres grados más.

Con el arribo de El Niño, un fenómeno que calienta los mares y ha provocado fuertes lluvias en el país, la primera explicación sería entonces que el temido evento climatológico es el culpable de los días, tardes y noches sofocantes en Guayaquil.

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Pero, el investigador de la Escuela Politécnica del Litoral (ESPOL), Romel Caiza, explica que la culpa no la tiene solo El Niño.

«No es solo culpa de El Niño, justamente es una combinación de varios factores, como los atmosféricos, el oceánico y sobre todo el antropogénico (acción del hombre)», dice el profesor universitario.

Caiza es investigador del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción de Desastres de la ESPOL, y cuenta que la universidad tiene al menos tres estaciones para medir la temperatura en Guayaquil en lugares como Samanes y Chongón, y otra situada en Durán.

Con base a estos análisis, el investigador señala que la temperatura promedio en la ciudad ha aumentado entre 0,2 a 0,4 grados en estos últimos 30 años.

Estos valores que pueden parecer mínimos, resultan perjudiciales para los grupos más vulnerables, dice Caiza, como los adultos mayores, niños o personas con alguna enfermedad crónica como las cardiacas.

«El que tengamos un incremento anual puede generar afectaciones, porque hay picos de temperaturas extremas o lo que conocemos como olas de calor, y persistencias de días cálidos», en Guayaquil, aclara Caiza.

«Debemos considerar que estos eventos extremos de calor van a ser cada vez más frecuentes». Romel Caiza, investigador de la ESPOL

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Un hombre se hidrata ante durante la ola de calor que azota Guayaquil en abril de 2026.API

Los otros culpables del calor 
El episodio actual de El Niño «podría alcanzar una intensidad sin precedentes, superando literalmente las escalas de monitoreo» utilizadas «desde hace cuatro décadas», alertó la secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de la ONU, Celeste Saulo, durante una conferencia de prensa.

Saulo se refería no solo a los riesgos de las fuertes lluvias e inundaciones, como las soportadas por Guayaquil en días pasados, también al aumento global de la temperatura.

En condiciones normales, los vientos alisios soplan de este a oeste a lo largo de la línea ecuatorial, empujan las aguas cálidas desde Sudamérica hacia Asia y permiten que aguas frías asciendan desde las profundidades para reemplazarlas.

Pero con el arribo de El Niño, que se presenta cada dos a siete años en promedio y duran entre nueve y 12 meses, el patrón se altera por completo.

Es entonces cuando se produce un desplazamiento del calor oceánico hacia la atmósfera, que repercute en el clima mundial, con regiones más frías y húmedas y otras más cálidas como el caso de Guayaquil.

Las altas temperaturas atmosférica sumadas a otros factores como la radiación UV, la posición geográfica y el llamado efecto de las islas de calor crean un ‘cóctel’ climático riesgoso para la población.

«No debemos preocuparnos tanto de estos picos extremos (de calor) que son habituales durante el episodio de El Niño, sino de la persistencia de los días en que tengamos mayores temperaturas», dice Caiza.

En el caso de Guayaquil, Caiza detalla las razones del calor incesante en la ciudad:

El efecto de la isla de calor urbana: este concepto se refiere a un fenómeno climático en el que una ciudad registra temperaturas mucho más altas que las zonas rurales o naturales. La ESPOL, dice Caiza, ha notado que la diferencia entre una zona altamente poblada de Guayaquil, como Samanes, es hasta dos grados más caliente que una urbanización rodeada de árboles y cerros en la vía a la Costa.
Este fenómeno de la isla de calor se observa con frecuencia en las noches, donde por lo general, el ‘verano’ guayaquileño era más amigable, pero ahora las temperaturas siguen altas.

«El tema de islas de calor urbano está más ligado al tema de la densidad de construcción y cómo la temperatura se puede mantener en zonas más cálidas durante la noche». Romel Caiza, investigador de la ESPOL

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Vista general de Puerto Santa Ana, una de las zonas de alta plusvalía en Guayaquil y con varias construcciones en marcha, el 12 de mayo de 2026.Primicias

Guayaquil ha crecido en obras de cemento, es decir, se privilegian las construcciones poco amigables con el ambiente, y se eliminan grandes extensiones de árboles o paisaje natural para dar paso a estas obras inmobiliarias, indica el investigador.

​»Tenemos zonas en las que hablamos que son áreas verdes, pero en realidad, los parques tienen más infraestructura gris que verde».  Romel Caiza, investigador de la ESPOL

Finalmente, otro factor que suma la ciudad y el país, en general, es la alta radiación ultravioleta (UV), que en los últimos meses en Guayaquil se mantiene en niveles 4 o 5, considerados como «muy alto».

¿Hay algo por hacer?
El episodio actual del fenómeno climático El Niño es «sin precedentes» para la agencia meteorológica de Reino Unido, y «el más potente observado hasta ahora» para su homóloga japonesa.

Las advertencias sobre El Niño son inminentes y para el profesor Caiza, los pronósticos muestran que el calentamiento de la atmósfera seguirá, por lo que es «necesario mitigar el impacto».

Además de no exponerse al sol en horas pico de radiación UV o hacer deporte durante muy temprano en la mañana o noche, el investigador da otras ideas para sobrevivir al calor guayaquileño.

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Un meme o ilustración digital muy conocido en Guayaquil utilizado para ejemplificar el calor en la ciudad.Tomado de Internet

Dice que ahora hay evidencia científica de que ciertos materiales de construcción y técnicas ayudan a disipar el calor, como pintar los techos de blanco, implementar terrazas verticales o techos verdes, y hasta recurrir a jardines con árboles nativos de la Costa para disminuir la temperatura.

Aunque reconoce que también es un trabajo de las autoridades quienes deberían implementar reglas para construir con «materiales permeables, justamente en zonas densamente pobladas y aumentar la cobertura de áreas verdes».

Otra herramienta para los gobiernos locales es que establezcan un sistema de alerta temprana, para identificar los picos de altas temperaturas en el día, y así avisar a la población en riesgo, como los adultos mayores o los comerciantes ambulantes que trabajan al aire libre.

«Con o sin Niño, el calor seguirá aumentando y si nos seguimos llenando de construcciones, vamos a tener un mayor incremento del efecto de las islas de calor urbano», concluye Caiza. Fuente: Primicias

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