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Finquero de Imbana descarta que el deslave de Kantzama haya sido provocado por la minería

Publicado elamazonico elamazonico 3 min de lectura
Actualizado: 10/07/2026

El testimonio de quienes conocen la montaña desde hace décadas se ha convertido en una pieza clave para comprender la magnitud del aluvión ocurrido entre el 3 y el 4 de julio en el sector de Kantzama, parroquia Guadalupe. Manuel Gómez, agricultor del barrio El Cristal, parroquia Imbana, recorrió la zona donde se originó el deslizamiento y describió los severos daños ocasionados tanto en la parte alta como en las comunidades ubicadas aguas abajo.

Gómez explicó que posee una finca ubicada en la parte posterior de la montaña donde se produjo el deslizamiento y que el domingo, una vez disminuyeron las lluvias, decidió caminar hasta el lugar para verificar el estado de sus animales y de la propiedad.

«Cuando llegué vi el enorme derrumbe. El camino había desaparecido y tuve que buscar otra ruta para avanzar. El daño es terrible», relató.

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Durante el recorrido constató que la fuerza del deslizamiento también afectó predios ganaderos de la zona. Según indicó, aproximadamente nueve reses pertenecientes a un familiar fueron arrastradas por la avalancha, además de extensas áreas productivas que quedaron completamente cubiertas por lodo, rocas y material vegetal.

El agricultor confirmó que el terreno donde se originó el deslizamiento corresponde a una finca de la familia Lozano, la cual sufrió pérdidas considerables debido a la magnitud del evento.

Uno de los aspectos más relevantes de su testimonio es que, aproximadamente un mes antes de la tragedia, observó señales de inestabilidad en la montaña.

«Hace un mes ya se había derrumbado una parte y la tierra estaba partida. Como siempre iba a mi finca, veía ese sector, pero jamás imaginé que terminaría reventándose casi todo el cerro», explicó.

Estas observaciones podrían aportar elementos importantes para los estudios técnicos que desarrollan las autoridades competentes con el fin de determinar las causas del desastre y fortalecer los sistemas de monitoreo y prevención en zonas de alta susceptibilidad geológica.

Gómez descartó que en el lugar existieran actividades mineras o procesos recientes de tala que hubieran alterado directamente la estabilidad del terreno.

«No había minería. Todo ese cerro era monte. Lo que provocó esto fueron las intensas lluvias», afirmó.

El agricultor también advirtió que, tras el gran deslizamiento, parte del material permanece acumulado en la quebrada, formando represamientos temporales que continúan generando desprendimientos durante las precipitaciones.

«Hoy martes (Martes 7 de julio) a las cinco de la mañana volvió a bajar material. El agua está represada y sigue desbordándose porque la tierra quedó muy suelta», señaló.

Aunque considera que el deslizamiento principal ya liberó la mayor parte del material inestable, manifestó que existen otros sectores cercanos donde se observan nuevas fracturas que podrían representar riesgos si continúan las lluvias.

Actualmente, únicamente tres finqueros mantienen propiedades en la zona alta donde nació el deslizamiento, un territorio de difícil acceso que requiere entre tres y cuatro horas de caminata desde el barrio El Cristal.

El desastre también ha afectado la actividad agropecuaria de las familias que dependen de estos terrenos para su sustento, obligándolas a movilizar el ganado y reconstruir caminos improvisados para acceder nuevamente a sus predios.

Para el periodista Alcibar Lupercio, el testimonio de Manuel Gómez evidencia la importancia del conocimiento local en la comprensión de los procesos naturales que anteceden a eventos extremos. Asimismo, plantea la necesidad de fortalecer los sistemas comunitarios de alerta temprana, realizar evaluaciones geotécnicas permanentes y desarrollar políticas de gestión del riesgo que permitan proteger a las poblaciones asentadas en zonas vulnerables de la provincia de Zamora Chinchipe.

Las investigaciones técnicas y el seguimiento de las condiciones geológicas serán determinantes para prevenir nuevas emergencias y garantizar la seguridad de las comunidades que aún permanecen expuestas a posibles movimientos de tierra.

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