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Más allá de las luces: la navidad como encuentro, fe y esperanza

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Introducción

La Navidad es una de las celebraciones más extendidas y esperadas en el mundo. Cada año, millones de personas se preparan para vivirla entre luces, encuentros familiares y tradiciones que despiertan alegría y nostalgia. Para algunos, es un tiempo de descanso, regalos y celebración; para otros, una oportunidad de reflexión espiritual, reconciliación y esperanza renovada.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el significado original de la Navidad ha ido diluyéndose, dando lugar a una celebración donde lo comercial suele ocupar un lugar central, relegando a un segundo plano su esencia más profunda. En medio del ruido, las prisas y el consumo, corremos el riesgo de olvidar el verdadero acontecimiento que da sentido a esta fiesta: el nacimiento de Jesucristo, expresión máxima del amor de Dios por la humanidad.

Volver al origen de la Navidad no significa rechazar sus tradiciones, sino redescubrir su propósito más auténtico. Comprender su historia, su significado espiritual y su vigencia en el mundo actual nos permite rescatar una celebración que invita al encuentro, fortalece la fe y renueva la esperanza. Más allá de las luces y los adornos, la Navidad nos llama a detenernos, a mirar al otro con amor y a permitir que Dios vuelva a nacer en el corazón humano. 

Nochebuena: la espera que transforma el corazón

Los días previos a los acontecimientos importantes suelen estar cargados de una profunda trascendencia emocional. Son momentos de expectativa, reflexión y preparación interior. Basta con recordar la víspera de una boda, de un cumpleaños significativo, de una graduación, del inicio de una etapa laboral estable o del nacimiento de un hijo o un nieto. En esos instantes, el corazón se llena de esperanza, ilusión y compromiso, porque sabemos que algo trascendente está a punto de ocurrir.

De la misma manera, la Nochebuena, celebrada cada 24 de diciembre, representa la antesala de uno de los acontecimientos más significativos para la humanidad: el nacimiento de Jesucristo. Esta noche simboliza la espera consciente y amorosa del Mesías, quien vino al mundo hace más de dos mil años para traer un mensaje de esperanza, salvación, reconciliación y amor incondicional.

Más allá de luces, regalos y celebraciones externas, la Nochebuena nos invita a hacer una pausa, a silenciar el ruido cotidiano y a mirar hacia nuestro interior. Es una oportunidad para renovar, con profunda humildad, la decisión de “nacer de nuevo”, abriendo nuestro corazón a Jesús y permitiendo que su mensaje transforme nuestras actitudes, pensamientos y acciones.

En este espíritu de recogimiento, la Nochebuena también nos llama a reafirmar el compromiso de cuidarnos mutuamente, de permanecer unidos como familia y comunidad, tanto en los momentos de alegría como en las dificultades y las pruebas más duras. Nos recuerda que el verdadero sentido de la Navidad se vive en el amor compartido, en el perdón sincero, en la solidaridad, en la empatía y en la paz que se construye día a día.

Que esta noche sagrada sea un tiempo para fortalecer los lazos familiares, sanar heridas, renovar la fe y permitir que nuestras acciones reflejen el mensaje generoso de Jesucristo: amor, paz, esperanza y unidad, valores que siguen siendo esenciales en el mundo actual.

Navidad sin Cristo: una celebración vacía de sentido 

La Navidad conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad (antes de Cristo y después de Cristo). Este hecho simboliza la llegada de la luz, el amor y la salvación al mundo, en medio de una realidad marcada por la oscuridad, el sufrimiento y la esperanza de redención.

Aunque la Biblia no establece una fecha exacta para el nacimiento de Jesús, la Iglesia fijó el 25 de diciembre a partir del siglo IV, otorgándoles un profundo sentido espiritual centrado en Cristo, la verdadera Luz que vence toda oscuridad.

La Navidad es, sin duda, el acontecimiento más resplandeciente para el pueblo cristiano, porque celebra el nacimiento de Jesucristo hace más de dos mil años, quien vino al mundo para tender un puente entre Dios y la humanidad. Su llegada representa una salvación infinitamente valiosa y costosa en amor, pero absolutamente gratuita para todo aquel que decide acogerla con fe y humildad.

Celebrar la Navidad sin Cristo es como festejar un cumpleaños sin el cumpleañero, una boda sin los novios o una gala de premiación sin los triunfadores. Es una celebración vacía, desprovista de su esencia. La Navidad no se reduce a adornos, regalos o grandes banquetes; su verdadero significado se encuentra en el corazón transformado.

La Navidad eres tú cuando, con sencillez y humildad, decides nacer de nuevo, aceptar a Jesús en tu corazón y vivir su mensaje sin vanidades ni ostentaciones. La Navidad eres tú cuando resistes con fortaleza los vientos adversos y las dificultades de la vida, y cuando anuncias el mensaje de paz, justicia y amor a la humanidad no solo con palabras, sino con acciones concretas.

Una Navidad sin Cristo es como un billete falso: puede parecer auténtica a simple vista, pero carece de valor real. Solo cuando Cristo ocupa el centro de la celebración, la Navidad recupera su sentido pleno y se convierte en una experiencia viva de fe, esperanza y amor compartido.

Navidad: cuando el amor vence al egoísmo 

La Navidad nos invita a revisar nuestras actitudes y a desterrar el egoísmo que muchas veces se instala silenciosamente en el corazón humano. Para comprender mejor esta verdad, existe una antigua y significativa parábola conocida como “el país de las cucharas largas”.

Cuenta la historia que un viajero, en su recorrido por el mundo, descubrió por casualidad un país extraño. Al llegar al final del camino, encontró una enorme casa dividida en dos habitaciones: a la derecha, la habitación negra, y a la izquierda, la habitación blanca.

Movido por la curiosidad, el viajero ingresó primero a la habitación negra. Desde la puerta escuchó gritos lastimeros y lamentos de dolor. Al entrar, observó una mesa larguísima rodeada por cientos de personas. En el centro se encontraban los manjares más suculentos y apetecibles. Cada persona tenía una cuchara atada a la mano, pero el mango era el doble de largo de su brazo. Todos alcanzaban la comida, pero ninguno podía llevarla a su propia boca. Aunque la abundancia estaba frente a ellos, morían de hambre. La escena era desesperante, y los gritos de angustia lo obligaron a salir de allí con pasos apresurados.

Luego decidió visitar la habitación blanca. Lo primero que le llamó la atención fue el silencio y la serenidad del lugar. En el centro también había una mesa enorme, aún más abundante en manjares. Las personas tenían exactamente las mismas cucharas largas atadas a sus manos. Sin embargo, nadie pasaba hambre. Cada uno tomaba el alimento y lo ofrecía a la persona que tenía enfrente. Así, todos se alimentaban y vivían en armonía.

Esta parábola nos confronta con una elección profunda: vivir en un mundo dominado por el egoísmo, los intereses personales y la indiferencia, representado por la sala negra, o construir un mundo donde reinen la generosidad, la empatía, la solidaridad y el trabajo en equipo, simbolizado por la sala blanca.

La Navidad es, precisamente, tiempo de perdón, de solidaridad y de amor auténtico. Es el momento propicio para extender la mano al prójimo sin alardes, sin buscar reconocimiento, recordando las palabras del Evangelio: “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. Solo así, cuando compartimos con sencillez y corazón sincero, honramos verdaderamente el nacimiento de Jesús y permitimos que Dios se sienta orgulloso de nuestras acciones. 

El rostro comercial de la Navidad y la pérdida de su esencia 

Hoy en día, la Navidad se celebra en casi todos los rincones del mundo, aunque de formas diversas según las culturas y tradiciones locales. Sin embargo, resulta evidente que el aspecto comercial ha adquirido un protagonismo creciente: promociones, regalos, decoraciones y campañas publicitarias dominan el ambiente, desplazando en muchos casos el sentido espiritual y humano de esta festividad.

A pesar de ello, la Navidad continúa siendo una oportunidad para el reencuentro, la solidaridad y la reflexión interior. En medio del ruido del consumismo, muchas personas y comunidades buscan rescatar su verdadera esencia a través de actos de servicio, reuniones familiares, oración y gestos sencillos de amor y perdón. El gran desafío de nuestro tiempo consiste en equilibrar la celebración externa con una vivencia interna auténtica.

En este contexto surge la figura de Papá Noel, también conocido como Santa Claus, cuyo origen se remonta a San Nicolás de Bari, obispo del siglo IV reconocido por su generosidad y su ayuda desinteresada a los más necesitados, especialmente a los niños. Con el paso de los siglos, su historia fue transformándose a través de diversas tradiciones europeas, particularmente en países como Holanda y Alemania.

Durante los siglos XIX y XX, esta figura fue adaptada y popularizada, principalmente en Estados Unidos, hasta adquirir la imagen actual: un personaje alegre, vestido de rojo y portador de regalos. Si bien su propósito inicial fue fortalecer la ilusión, la fantasía infantil y el espíritu de generosidad, con el tiempo también se convirtió en un símbolo comercial que impulsó el consumo masivo durante la temporada navideña.

En estas fiestas, el comercio y el mercadeo se intensifican, como si el amor debiera demostrarse únicamente a través de un regalo. Dar obsequios es un gesto valioso, pero no debe desvirtuar el verdadero significado de la Navidad. Basta con levantar la mirada al cielo, observar el verdor de las montañas, percibir la fragancia de las flores o el aroma de la tierra mojada, para redescubrir que la Navidad existe por el nacimiento de Jesucristo y que su esencia es el amor, la reconciliación, la paz y la unidad familiar.

Pareciera que, como humanidad, hemos descuidado a la familia y a la naturaleza, bienes que Dios nos encomendó cuidar y proteger, provocando así el deterioro de la calidad de vida de todos los seres vivos. Que esta Navidad sea un tiempo propicio para tender la mano al caído, perdonar al que nos ofendió y ofrecer esperanza a quien se ha rendido. 

Mensaje de Navidad: Cristo, el puente entre el cielo y la tierra

Que esta Navidad no sea solo de luces y regalos, sino de corazones abiertos. Que el mayor obsequio sea el tiempo compartido, el perdón ofrecido y el amor sincero. Que en cada hogar nazcan la paz, la esperanza y la solidaridad que el mundo tanto necesita, porque el verdadero sentido de la Navidad vive en cada gesto de bondad.

La Navidad no es solo una fecha: es un encuentro. Es el recordatorio vivo de que Dios decidió habitar entre nosotros, abrazar nuestra humanidad y llenarla de esperanza. Celebrar la Navidad sin Cristo sería como encender luces sin luz verdadera, como entonar villancicos sin alegría eterna. Jesucristo es la razón, el centro y la esencia de la Navidad.

Él es el amor hecho carne, la paz que sana corazones heridos, la reconciliación que restaura lo que parecía perdido y la unidad que vuelve a reunir a la familia alrededor del perdón. En la Navidad, Dios tendió el puente más grande de amor que la historia haya conocido: entregó a su Hijo unigénito para que la humanidad tuviera acceso a la vida eterna. Ese puente entre el cielo y la tierra tiene un nombre, y ese nombre es Jesucristo.

Él es el regalo más perfecto, el acto supremo de amor incondicional. Que esta Navidad no sea solo una tradición, sino una decisión: la decisión de amar más, de perdonar de verdad, de reconciliarnos con Dios y con quienes nos rodean. Que abramos el corazón para que Jesús nazca nuevamente en nosotros, iluminando nuestras vidas con su gracia, su paz y su amor eterno.

Porque cuando Cristo nace en el corazón, la Navidad deja de ser un día y se convierte en vida.

Feliz Navidad, y que el amor de Jesús sea la llama que nunca se apague.

Conclusión

La Navidad no es solo una fecha en el calendario ni una temporada marcada por el consumo y las apariencias. Es una invitación a detenernos, a silenciar el ruido exterior y a mirar al otro con compasión y misericordia. Es el recordatorio permanente de que la verdadera riqueza no se mide por lo que poseemos, sino por los valores que cultivamos y compartimos.

Comprender el origen de la Navidad, el significado de sus símbolos y su evolución a lo largo del tiempo nos permite celebrarla con mayor conciencia y profundidad. Más allá de las luces y los regalos, la Navidad nos llama al encuentro sincero, al fortalecimiento de la fe y a la renovación de la esperanza en un mundo que tanto la necesita.

Recuperar el espíritu navideño es, en definitiva, una decisión personal y colectiva: elegir el amor por encima del egoísmo, el perdón en lugar del rencor y la solidaridad frente a la indiferencia. Cuando Cristo ocupa el centro de nuestra vida, la Navidad deja de ser un momento pasajero y se convierte en un estilo de vida capaz de transformar corazones, familias y comunidades.

Que más allá de las luces que se apagan, permanezca encendida la luz de Cristo en nuestro interior, guiando siempre nuestros pasos con fe, esperanza y amor.

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Anita Peñarreta: la voz que abrazó la paz y se despidió en silencio

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La mañana se volvió más fría de lo habitual. No por el clima, sino por el silencio. Ese silencio que deja una voz cuando se apaga sin previo aviso. Este jueves 12 de febrero, la Policía Nacional del Ecuador despidió con profundo dolor a Anita Peñarreta, locutora de Radio Vigía, periodista, compañera y, como la institución la reconoce, una auténtica “dama de la paz”.

Anita nació el 23 de noviembre de 1993 en Zumba, cantón Chinchipe, provincia de Zamora Chinchipe. Allí creció junto a sus padres y hermanos, entre afectos sencillos y sueños grandes. Quienes la conocieron desde niña recuerdan su facilidad para la palabra, su voz clara y firme en los actos escolares, su inclinación natural a preguntar, a escuchar, a narrar.

En sus redes sociales solía compartir fragmentos de cabina: micrófonos encendidos al amanecer, libretas llenas de apuntes, fotografías con uniforme impecable y una sonrisa luminosa. “Comunicar también es servir”, escribió alguna vez. Esa frase, breve y contundente, terminó por definir su vida.

Vocación que se volvió servicio

Su pasión por el periodismo la llevó a formarse profesionalmente en esta carrera, donde destacó por su disciplina y compromiso. No era solo la voz; era el rigor. La precisión en los datos. El respeto por la fuente. La búsqueda de equilibrio entre información y sensibilidad.

En 2023 decidió dar un paso que sorprendió a muchos: ingresar a las filas policiales. No abandonaba el periodismo; lo transformaba. Quería convertirse en guardiana de la paz desde la comunicación institucional, aportar a la construcción de confianza ciudadana y fortalecer la imagen de una institución que también se narra todos los días.

Se integró inicialmente al equipo de prensa digital, donde participó en la elaboración de múltiples reportajes que documentaban la labor policial en territorio. Más adelante, pasó a formar parte del equipo de comunicación externa de la Dirección de Comunicación, destacándose por la redacción técnica y responsable de noticias policiales, siempre con un enfoque humano.

Compañeros de trabajo recuerdan su puntualidad, su ética profesional y su capacidad para trabajar bajo presión sin perder la serenidad. “Tenía carácter, pero también ternura”, comentan quienes compartieron con ella jornadas intensas de cobertura.

La voz de la mañana

En Radio Vigía inició conduciendo un noticiero matinal. Desde muy temprano, su voz atravesaba hogares y oficinas, entrevistando a expertos en seguridad, líderes comunitarios y autoridades. No improvisaba: investigaba. No confrontaba por confrontar: preguntaba para esclarecer.

Con el tiempo asumió la conducción de su propio espacio, “El Informativo”, un programa que llevó su sello personal. Era directa, pero empática. Firme, pero cercana. Su estilo combinaba precisión periodística con calidez humana.

En cada transmisión defendía un principio: la información como herramienta de prevención y convivencia. Creía en el poder de la palabra para construir puentes.

La memoria que queda

Hoy, a los 32 años, su voz se apagó inesperadamente. Y con ello, la institución, sus colegas, amigos y familiares enfrentan el desconcierto que deja lo abrupto. La fugacidad de la existencia se vuelve tangible cuando una vida joven se interrumpe.

Sus seres queridos la recuerdan por su alegría contagiosa, su compañerismo, su carisma y su inteligencia. En fotografías recientes se la ve riendo con micrófono en mano, abrazando a sus compañeros, celebrando metas alcanzadas. Imágenes que hoy adquieren un significado distinto: testimonio de una vida vivida con intensidad y propósito.

La Policía Nacional del Ecuador ha expresado sus condolencias a sus padres, familiares, amigos y seres queridos, elevando una oración para que el Todopoderoso les conceda fortaleza en estos momentos de profundo dolor.

Anita no solo fue una comunicadora. Fue una servidora pública convencida de que informar también es proteger. Su legado queda en cada reporte bien hecho, en cada entrevista responsable, en cada mañana en que su voz acompañó a la audiencia.

Hasta siempre, dama de la paz. Tu eco seguirá resonando donde haya un micrófono encendido y una historia que contar.

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Emprendedora del Centro Comercial Reina del Cisne presenta productos artesanales y naturales para el feriado de Carnaval

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En el marco de la preparación para el feriado de Carnaval, Luz Gualán, emprendedora del Centro Comercial Reina del Cisne del cantón Zamora, dio a conocer la amplia variedad de productos artesanales y naturales que elabora y comercializa, dirigidos tanto a la ciudadanía local como a turistas nacionales y extranjeros que visitan el cantón Zamora durante esta temporada festiva.

Durante una presentación realizada en su espacio de comercialización, Gualán explicó que uno de sus principales productos es la pulpa de totumo, fruto conocido también como mate o pilche, cuya elaboración se realiza de manera artesanal. Según detalló, el proceso consiste en la cocción del fruto entero durante aproximadamente un día, posteriormente se corta, se cierne la pulpa y finalmente se embotella para su consumo.

La emprendedora señaló que, de acuerdo con su experiencia personal y conocimientos transmitidos de forma ancestral, el totumo es utilizado tradicionalmente como complemento natural para el bienestar general. Indicó que su consumo habitual consiste en tres cucharadas diarias: una en ayunas, otra antes del almuerzo y una más antes de la merienda. Gualán enfatizó que estas prácticas responden a saberes tradicionales y a su propia vivencia, la cual la motivó a iniciar este emprendimiento.

En su testimonio, relató que tras haber atravesado un accidente grave y complicaciones de salud, encontró en la medicina natural un apoyo fundamental para su recuperación, experiencia que, según afirmó, dio origen a su iniciativa productiva. Asimismo, recordó el aprendizaje transmitido por una adulta mayor de la parroquia Timbara, quien vivió más de 107 años y utilizaba el totumo tanto para la elaboración de utensilios como para el consumo de su pulpa, conocimiento que históricamente no se difundía de manera pública.

Además de la pulpa de totumo, Luz Gualán ofrece una diversificada gama de productos artesanales, entre los que destacan dulces tradicionales como cocadas, bolitas de ajonjolí, maní confitado, melcochas, bocadillos, caramelos de jengibre, café tostado en grano, cacao, panela y tostaditos dulces y salados. Estos productos están pensados como opciones gastronómicas y obsequios ideales para fechas especiales como San Valentín y el feriado de Carnaval.

El emprendimiento también incluye la elaboración de jabones artesanales, fabricados por la propia emprendedora y su familia, utilizando ingredientes naturales como totumo, sangre de drago, matico, jamaica y vitamina E. Según explicó, cada jabón responde a usos tradicionales asociados al cuidado de la piel, la higiene personal y el bienestar corporal. Complementan su oferta productos como miel de abeja de distintas regiones del país, huevos criollos, huevos de codorniz y vinos artesanales, entre ellos vino de mora.

Los productos se comercializan en presentaciones accesibles, con precios que oscilan entre USD 6 y USD 15, dependiendo del tamaño y tipo, considerando el proceso artesanal y el tiempo de elaboración que cada uno requiere.

Las personas interesadas en adquirir estos productos o recibir mayor información pueden comunicarse al 098 259 4655. La atención se realiza de manera permanente en el Centro Comercial Reina del Cisne de Zamora, de lunes a viernes, donde la emprendedora invita a la ciudadanía y a los visitantes a apoyar la producción local y valorar los saberes ancestrales de la Amazonía ecuatoriana.

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Prueba de carga superada: puente vehicular Namírez–Nambija Bajo entra oficialmente en servicio

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En un hecho que marca una fecha histórica para la conectividad y el desarrollo territorial de la provincia, el puente vehicular paso Namírez–Nambija Bajo superó satisfactoriamente la prueba técnica de carga y desde ayer se encuentra oficialmente al servicio de la ciudadanía.

El acto contó con la presencia de la prefecta Karla Reátegui, el viceprefecto Víctor Sarango, presidentes barriales y parroquiales, así como cientos de moradores beneficiarios de esta obra estratégica que fortalece la integración vial y dinamiza la economía local.

Como parte del protocolo técnico, la infraestructura soportó con éxito la carga simultánea de cuatro volquetes, cada uno con 40 toneladas de peso, alcanzando un total de 160 toneladas, lo que certifica la solidez estructural y el cumplimiento de los estándares de ingeniería establecidos para su funcionamiento seguro.

Datos técnicos de la obra:

  • ✅ Inversión total: 2’930.000 dólares

  • ✅ Longitud: 90,34 metros

  • ✅ Altura del arco: 15 metros

  • ✅ Estructura de acero con losa de hormigón de 25 centímetros de espesor

  • ✅ Conecta las parroquias San Carlos de Las Minas y Cumbaratza

La jornada estuvo acompañada por una caravana motorizada que partió desde San Carlos de Las Minas, en un ambiente de celebración colectiva que simboliza la esperanza y el progreso para las comunidades históricamente vinculadas por la producción agrícola, minera y comercial.

Esta infraestructura no solo representa una solución técnica a las necesidades de movilidad, sino que constituye un eje de integración social y productiva, facilitando el transporte de bienes, el acceso a servicios y la articulación territorial entre parroquias.

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