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La violencia contra la mujer es una herida social que debemos sanarla entre todos

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Por Mario Paz.

Introducción 

La violencia contra la mujer es una herida profunda en el corazón de nuestras sociedades, una herida que no deja de sangrar y que solo podrá sanar si actuamos pronto y juntos. Cada 25 de noviembre, al conmemorarse el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el mundo entero levanta su voz para visibilizar y enfrentar uno de los atentados más graves contra la dignidad humana. Esta fecha no es solo un recordatorio simbólico: es un clamor urgente por justicia, por memoria y por un cambio real.

Aunque se han logrado avances importantes en legislación, prevención y sensibilización, la violencia de género continúa amenazando la vida, la libertad y la integridad de millones de mujeres. Cada agresión, cada silencio impuesto y cada vida arrebatada nos recuerdan que esta problemática sigue profundamente arraigada en estructuras sociales, culturales y familiares que normalizan el abuso y justifican el control.

La violencia contra la mujer no solo golpea cuerpos: rompe dignidades, silencia sueños, fractura familias y debilita a comunidades enteras. Y, aun así, cada día millones de mujeres continúan resistiendo, levantándose en medio del dolor, esperando ser escuchadas, acompañadas y protegidas.

En este artículo exploraremos el origen y el significado de esta conmemoración, la realidad de la violencia contra las mujeres en Ecuador, las enseñanzas que ofrecen los valores cristianos sobre la dignidad femenina, y las acciones urgentes que deben emprender el Estado, la sociedad, la familia y cada mujer para erradicar este flagelo. Porque la violencia nunca es normal, nunca es justificable y jamás debe ser tolerada. Y porque solo cuando caminemos unidos podremos construir un país donde todas las mujeres vivan libres, seguras y respetadas.

Origen y significado del 25 de noviembre: memoria, justicia y compromiso global 

El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer fue oficialmente instituido el 25 de noviembre de 1999, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 54/134. Esta fecha no fue escogida al azar: rinde homenaje a las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa) tres activistas dominicanas brutalmente asesinadas en 1960 por su firme oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Su valentía y sacrificio se convirtieron en un poderoso símbolo de resistencia frente a la opresión y la violencia de género.

Al instaurar esta conmemoración, la ONU buscó visibilizar una realidad global que atraviesa culturas, clases sociales y generaciones, y que continúa cobrando vidas y vulnerando derechos fundamentales de mujeres y niñas en todo el mundo. El propósito central de esta fecha es generar conciencia, promover el debate público y exigir la implementación de políticas efectivas que prevengan, sancionen y erradiquen todas las formas de violencia de género.

Cada 25 de noviembre, gobiernos, organizaciones sociales, instituciones educativas y comunidades se unen para recordar que la violencia contra la mujer no es un problema aislado, sino una violación sistemática de derechos humanos que requiere acciones urgentes, coordinadas y sostenidas.

Radiografía de la violencia contra las mujeres en Ecuador: cifras que exigen acción inmediata

Las cifras más recientes revelan una realidad alarmante sobre la violencia contra las mujeres en Ecuador y la urgencia de enfrentarla con políticas públicas efectivas y sostenidas. Solo entre enero y agosto de 2025, el país registró 510 mujeres asesinadas, una cifra que convierte a este periodo en uno de los más letales de la historia reciente. De estos casos, el 87,65% corresponde a muertes violentas y, dentro del mapa nacional, Guayaquil concentra 155 víctimas, es decir, cerca del 30% del total.

El año 2024 también dejó un panorama desgarrador: la Fundación Aldea documentó 274 feminicidios, incluyendo cinco mujeres reportadas como desaparecidas el año anterior. Las víctimas tenían un promedio de 36 años, aunque las edades oscilaron entre 1 y 81 años, lo que demuestra que la violencia no distingue etapas de vida. Entre ellas se encontraban 27 niñas y adolescentes y 79 mujeres que eran madres, dejando a 131 hijos e hijas en orfandad. En más de un tercio de los casos, el agresor mantenía una relación sentimental, presente o pasada, con la víctima, lo que evidencia el carácter íntimo y estructural de esta violencia.

Pero la violencia de género en Ecuador no se limita a las muertes. Según el INEC, 6 de cada 10 mujeres mayores de 15 años han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. La violencia psicológica es la más común y afecta al 53,9% de las mujeres, seguida de la violencia sexual, que alcanza al 25%. A ello se suma la violencia gineco-obstétrica, una forma menos visibilizada pero extendida, ya que 48 de cada 100 mujeres reportan haberla experimentado durante su atención en el embarazo, parto o posparto.

A nivel estructural, se observan patrones que aumentan la vulnerabilidad: el 59% de las mujeres víctimas de femicidio tenía solo educación básica o primaria, frente a un 5% con educación superior. Asimismo, en 8 de cada 10 casos, el agresor fue la pareja o expareja, y más de un 35% de las muertes violentas ocurrieron en el hogar, lo que reafirma que la violencia más peligrosa es, con frecuencia, la que ocurre en espacios que deberían ser seguros.

El aumento de esta violencia ha sido descrito por la ONU como una crisis nacional. En apenas cuatro años, los asesinatos de mujeres han aumentado un 350%, y se estima que una mujer es asesinada cada 26 horas en Ecuador. Estas cifras no solo alertan, sino que reclaman una respuesta inmediata y sostenida desde el Estado, la sociedad y las comunidades.

En conjunto, estos datos muestran que la violencia contra las mujeres en Ecuador no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural, persistente y profundamente arraigado, que requiere acciones urgentes, integrales y coordinadas.

Acciones integrales para erradicar la violencia contra las mujeres 

La eliminación de la violencia contra las mujeres exige un compromiso decidido desde todos los ámbitos de la sociedad. En Ecuador, el Estado ha dado pasos importantes al aprobar la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (2018), que establece mecanismos de prevención, atención, protección y reparación. A esto se suma el Plan Nacional de Erradicación de la Violencia de Género (2021), orientado a fortalecer la institucionalidad, garantizar una respuesta oportuna y promover políticas públicas con enfoque de derechos.

Asimismo, campañas como “Ecuador Actúa Ya. Violencia de Género, ni más” y la implementación de protocolos judiciales con enfoque de género buscan sensibilizar, prevenir y asegurar procesos judiciales más justos y accesibles para las víctimas.

La sociedad también desempeña un papel fundamental. Promover espacios de diálogo comunitario, impulsar campañas de sensibilización en medios y redes sociales y fortalecer el trabajo de organizaciones de mujeres, refugios y centros de atención contribuye a romper el silencio, desmontar mitos y brindar apoyo real a quienes enfrentan violencia.

El sistema educativo es clave para transformar patrones culturales. Incluir la educación en igualdad y derechos desde edades tempranas, capacitar al personal docente para identificar signos de violencia y desarrollar programas que involucren a familias y comunidades permite prevenir situaciones de riesgo y construir relaciones basadas en el respeto y la corresponsabilidad.

Finalmente, la familia constituye el primer espacio de aprendizaje y protección. Fomentar relaciones basadas en el diálogo, el respeto y el apoyo mutuo, enseñar a niñas y niños a reconocer su valor y a identificar conductas dañinas, así como mantener entornos seguros para que las víctimas puedan pedir ayuda, son acciones esenciales para erradicar la violencia desde la raíz.

El papel transformador de la mujer en la construcción de una vida libre de violencia

La lucha contra la violencia hacia la mujer requiere el compromiso de toda la sociedad, pero también implica reconocer el rol fundamental que cada mujer puede asumir en su propio proceso de empoderamiento y protección. Esto no significa trasladar la responsabilidad de la violencia a las víctimas (la violencia siempre es culpa del agresor), sino fortalecer las herramientas que permiten a las mujeres vivir con dignidad, seguridad y autonomía.

En primer lugar, el empoderamiento personal es esencial. Reconocer su valor, sus capacidades y sus derechos permite a cada mujer poner límites, pedir ayuda y denunciar cuando sea necesario.

La educación y formación continua, mediante talleres, espacios de reflexión o actividades comunitarias, contribuye a fortalecer la autoestima, la independencia emocional y su proyecto de vida.

Las redes de apoyo (familia, amigas, colectivos de mujeres, organizaciones sociales o comunidades de fe) son clave para compartir experiencias, obtener orientación y romper el aislamiento que muchas veces favorece la violencia.

Asimismo, la participación activa en movimientos sociales o espacios comunitarios brinda a las mujeres la oportunidad de promover cambios culturales y convertirse en líderes de transformación.

Conocer la legislación vigente, como la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en Ecuador, y los mecanismos institucionales disponibles (líneas de ayuda, casas de acogida, justicia especializada), fortalece la capacidad de protegerse y exigir el respeto a sus derechos.

Sin embargo, la erradicación de la violencia no depende únicamente de las mujeres. Los hombres deben asumir con responsabilidad la tarea de desaprender actitudes machistas, superar inseguridades, renunciar a la violencia y construir relaciones basadas en el respeto y la igualdad. Solo así se podrá caminar hacia una convivencia verdaderamente humana y justa.

La espiritualidad y la reflexión también ofrecen hermosos mensajes sobre la dignidad de la mujer. Desde una mirada simbólica, se recuerda que la mujer no fue creada para ser pisoteada ni dominada, sino para caminar al lado del hombre, ser amada, respetada y protegida. Esta visión resalta la igualdad esencial y el valor irrenunciable de cada mujer como ser humano.

Como sociedad, no podemos seguir tolerando la violencia en ninguna de sus formas. La violencia es siempre una expresión de miedo, de cobardía y de incapacidad para reconocer las virtudes y talentos de la mujer. Cuando fortalecemos su autoestima, cuando respetamos su voz y cuando reconocemos su humanidad plena, contribuimos a la paz, la armonía y el bienestar colectivo.

Una mujer es un reflejo del trato que recibe; una sociedad justa es aquella que la valora, la respeta y la protege. Por ello, comprometámonos a desterrar para siempre la violencia contra la mujer. Una humanidad en paz solo es posible cuando cada mujer vive libre, segura y digna.

#NuncaMásViolenciaContraLaMujer.

Las consecuencias del maltrato contra la mujer y su impacto en la sociedad

La violencia contra la mujer no se limita al daño directo hacia la víctima: sus repercusiones se extienden hacia la familia, el entorno laboral, la comunidad y, en última instancia, toda la sociedad. Cada acto de violencia deja cicatrices visibles e invisibles que afectan el tejido social y la posibilidad de construir un futuro más justo.

En la crianza de los hijos, las consecuencias son especialmente graves. Los niños que crecen en entornos violentos pueden llegar a normalizar la agresión como una forma válida de relacionarse, perpetuando así ciclos de violencia intergeneracional. Este tipo de experiencias afecta su estabilidad emocional, generando inseguridad, ansiedad, estrés postraumático y baja autoestima.

Además, su desarrollo académico y social puede verse seriamente perjudicado: presentan dificultades para concentrarse, confiar en otros, expresar sus emociones o establecer relaciones saludables.

En el ámbito laboral, las mujeres que sufren violencia enfrentan barreras que afectan su desempeño y su autonomía económica. El ausentismo, el bajo rendimiento y el miedo constante limitan sus oportunidades de crecimiento profesional. Muchas veces pierden empleos o no pueden aspirar a mejores puestos debido al estrés, el control del agresor o la falta de apoyo institucional. Esta situación también repercute en las empresas y organizaciones, que asumen costos asociados a la salud física y emocional de sus colaboradoras, así como a la rotación y disminución de la productividad.

En su vida emocional y personal, la violencia deja huellas profundas. La depresión, la ansiedad, la culpa, la vergüenza y el aislamiento se convierten en cargas que la víctima lleva en silencio. El trauma psicológico puede requerir años de acompañamiento profesional y redes de apoyo para ser superado. Cuando el maltrato se prolonga, la mujer puede llegar a normalizarlo, perdiendo progresivamente la confianza en sí misma, en los demás y en la posibilidad de una vida sin miedo. Esto deteriora su calidad de vida, su salud integral y su capacidad de soñar y proyectarse hacia el futuro.

Las consecuencias del maltrato contra la mujer no solo hieren a quien lo vive, sino que debilitan a la familia, frenan el desarrollo de las comunidades y comprometen el bienestar social. Reconocer este impacto es indispensable para comprender la urgencia de erradicar la violencia en todas sus formas y para construir un mundo donde cada mujer pueda vivir con dignidad, seguridad y libertad.

Conclusión 

El 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, nos recuerda que la violencia de género no es un problema individual, sino una realidad global que nos interpela a todos. Las cifras de femicidios y agresiones en Ecuador son un llamado urgente a la acción, y aunque existen leyes, planes y campañas, aún queda un largo camino por recorrer para garantizar la vida, la libertad y la dignidad de cada mujer.

Los valores espirituales, incluidos los transmitidos en la Biblia, nos recuerdan que toda persona posee una dignidad sagrada e irrenunciable. La violencia contradice por completo ese principio. Sin embargo, la espiritualidad por sí sola no basta: la erradicación de la violencia requiere decisiones valientes, políticas públicas firmes, instituciones que respondan con justicia, comunidades solidarias, familias que eduquen en igualdad y mujeres fortalecidas en su autoestima y autonomía.

Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad ineludible. Construir una cultura de cero tolerancias a la violencia implica educar desde la infancia, deconstruir prejuicios y comportamientos machistas, acompañar sin juzgar, creer en la palabra de las víctimas y ofrecerles caminos seguros para salir del ciclo de violencia. Significa también promover relaciones basadas en el respeto, el diálogo y la corresponsabilidad emocional, así como cultivar en cada mujer la certeza de que merece vivir libre de miedo y llena de dignidad.

Porque una sociedad que normaliza la violencia se destruye a sí misma; pero una sociedad que protege, escucha y actúa, florece. Sanar esta herida social es una tarea colectiva y urgente. Solo cuando toda mujer pueda vivir segura, valorada y respetada, podremos decir que avanzamos hacia una humanidad más justa, más pacífica y más humana.

Hoy y siempre reafirmamos:

No más silencio. No más indiferencia. No más violencia.

Sí a la dignidad, al respeto y a la justicia para todas las mujeres.

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PISA 2025: una llamada urgente a transformar la educación ecuatoriana

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Las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes) es una evaluación internacional de la OCDE (organización para la cooperación y desarrollo económico), que mide conocimientos, habilidades y actitudes de los estudiantes de 15 años en ciencias, lectura y matemática, buscando determinar no solamente cuánto recuerdan, sino su capacidad para utilizar conocimientos, razonar, resolver problemas y desenvolverse ante situaciones de la vida real.  Esta evaluación se aplicó a 91 países y en Ecuador fueron evaluados 9128 estudiantes de 266 colegios.

Los resultados de las pruebas PISA 2025, publicados por la OCDE este 8 de septiembre de 2026, no puede ser utilizado como una herramienta para buscar culpables, deben ser asumidos por el estado como una señal de alarma y, sobre todo, como una oportunidad para emprender una transformación profunda de su sistema educativo.

Un diagnóstico que no admite indiferencia

 Los resultados de PISA evidencian los importantes desafíos que enfrenta el sistema educativo ecuatoriano. En matemáticas, aproximadamente 8 de cada 10 estudiantes no alcanzan el nivel básico de competencia. En lectura y ciencias, la situación también es preocupante: 6 de cada 10 estudiantes no llegan al nivel mínimo esperado.

PISA no evalúa simplemente cuánto pueden memorizar los estudiantes, sino su capacidad para aplicar los conocimientos adquiridos, resolver problemas y utilizar lo aprendido en situaciones de la vida real. Por ello, sus resultados permiten observar no solo qué saben los estudiantes, sino también qué tan preparados están para utilizar ese conocimiento.

En comparación con los resultados de 2017, Ecuador presenta un deterioro en matemáticas y lectura, mientras que el desempeño en ciencias se mantiene aproximadamente estable. Esto demuestra que las dificultades del sistema educativo no responden únicamente a un problema reciente, sino que tienen también un componente estructural.

En la evaluación, Ecuador obtuvo 393 puntos en ciencias, 385 en lectura y 366 en matemáticas, frente a los promedios de la OCDE de 482, 461 y 463 puntos, respectivamente. Esto representa brechas de 89 puntos en ciencias, 76 en lectura y 97 en matemáticas. En el ordenamiento nominal de los 91 participantes, Ecuador se ubicó alrededor del puesto 70 en ciencias, 65 en lectura y 76 en matemáticas.

Sin embargo, más allá de los promedios y las posiciones, uno de los datos más relevantes es la proporción de estudiantes que no alcanza las competencias básicas. Solo el 40% llegó al nivel mínimo de competencia en ciencias, el 38% en lectura y apenas el 20% en matemáticas. En otras palabras, aproximadamente 8 de cada 10 estudiantes ecuatorianos no alcanzan el nivel básico en matemáticas.

Los resultados también muestran dificultades relacionadas con las condiciones en las que se desarrolla el proceso educativo. El 51% de los estudiantes asistía a colegios cuyos directores reportaron carencias de materiales educativos, mientras que el 47% estudiaba en establecimientos donde la infraestructura física representaba una dificultad para la enseñanza. A esto se suma que el 25% de los estudiantes se encontraba en instituciones cuyos directores reportaron falta de personal docente.

Estos resultados deben ser analizados con seriedad, pero también con responsabilidad. PISA no debería convertirse en una herramienta para buscar culpables individuales. Los datos reflejan un desafío que involucra al Estado, las autoridades educativas, las instituciones, los docentes, los estudiantes, las familias y a la sociedad en su conjunto.

El reto, por tanto, no consiste únicamente en mejorar una posición en un ranking internacional. Se trata de lograr que más estudiantes desarrollen las competencias fundamentales que necesitan para comprender lo que leen, resolver problemas matemáticos, interpretar información científica y aplicar sus conocimientos a situaciones concretas.

Los resultados de PISA deben servir como una señal de alerta, pero, sobre todo, como una oportunidad para identificar las causas de estas dificultades y construir políticas educativas sostenibles que permitan mejorar los aprendizajes de los estudiantes ecuatorianos.

Datos importantes de esta evaluación:

Los resultados de PISA muestran que el 86% de los estudiantes ecuatorianos considera que sus profesores se interesan por su aprendizaje, el 80% afirma continúan explicando hasta que comprenden y el 85% señala recibir ayuda adicional cuando la necesita. Además, el 80% de los estudiantes demuestra curiosidad por aprender, por encima del promedio internacional del 73%.

Al mismo tiempo, existen condiciones que dificultan el aprendizaje: el 51% reporta falta de materiales educativos, el 47% problemas de infraestructura y el 27% interrupciones por ruido y desorden. A esto se suma la influencia del nivel socioeconómico, pues los estudiantes con mayores recursos obtuvieron mejores resultados.

Otro aspecto relevante es el uso de la inteligencia artificial. El 52% de los estudiantes la utiliza para sus tareas. Los datos muestran una diferencia según su uso: quienes la emplean para comprender y aprender alcanzaron mejores resultados que quienes la utilizan para que realice las tareas por ellos.

Estos resultados evidencian que mejorar la educación requiere mirar el conjunto de factores que intervienen en el aprendizaje: condiciones económicas, infraestructura, recursos, acompañamiento docente y nuevas tecnologías. También es necesario considerar la situación profesional del magisterio, donde muchos docentes llevan años sin poder ascender de categoría y existen autoridades educativas que desempeñan funciones directivas sin una remuneración adicional.

El informe PISA plantea, además, que los gobiernos y autoridades educativas construyan planes de mejora escuchando a toda la comunidad educativa. La discusión no debería centrarse en buscar culpables, sino en identificar las condiciones que deben cambiar para mejorar los aprendizajes.

¿Qué debemos hacer? 

  1. El Estado debe convertir la educación en una política nacional de largo plazo.

La educación necesita estabilidad, continuidad y una visión que trascienda los gobiernos de turno. Ecuador debe garantizar financiamiento suficiente y eficiente, priorizando infraestructura, bibliotecas, laboratorios, conectividad, equipamiento tecnológico y contratación de docentes donde exista déficit. La Constitución establece, en su disposición transitoria decimoctava, incrementos progresivos de recursos para educación hasta alcanzar al menos el 6% del PIB para educación inicial, básica y bachillerato.

Pero invertir más no basta: hay que invertir mejor. Se requiere un sistema nacional de evaluación que mida periódicamente aprendizajes en lectura, escritura, matemáticas y ciencias y permita corregir rápidamente las deficiencias. Los cargos directivos deben responder a criterios de mérito, formación, liderazgo y resultados, no a afinidades políticas. Asimismo, es necesario revisar las normas educativas para recuperar una cultura de esfuerzo, asistencia, responsabilidad, evaluación y exigencia académica, sin sacrificar la inclusión.

  1. El docente debe volver a concentrarse en enseñar.

Ningún sistema educativo puede ser de excelencia si no cuenta con maestros preparados, motivados, respetados y con un salario digno. Es indispensable reducir la carga administrativa innecesaria y fortalecer la formación inicial y la capacitación permanente, especialmente en didáctica de matemáticas, lectura, ciencias, evaluación y herramientas digitales.

La OCDE destaca que los docentes necesitan no solamente conocimiento de su asignatura, sino capacidades prácticas para explicar con claridad, gestionar el aula, mantener la motivación y ofrecer retroalimentación. La tecnología y la inteligencia artificial deben ser instrumentos al servicio del aprendizaje, no sustitutos del razonamiento del estudiante.

  1. La familia debe asumir que educar es una responsabilidad compartida.

Los padres no pueden delegar completamente la formación a la escuela. Es necesario establecer horarios de estudio, fomentar la lectura, controlar el uso de celulares y redes sociales, garantizar descanso adecuado, alimentación saludable y actividad física, y conversar regularmente con los hijos sobre su rendimiento y comportamiento. PISA muestra que solo el 60% de los estudiantes ecuatorianos reportó que sus padres o representantes les preguntan semanalmente qué hicieron en la escuela.

La familia debe recuperar su papel como primera escuela: enseñar responsabilidad, disciplina, honestidad, respeto, perseverancia y valoración del conocimiento. Mucho ayuda que los padres entiendan a la educación de sus hijos como un proceso y que garanticen un muy buen clima familiar.

  1. El estudiante debe asumir un papel activo.

Una educación de calidad también exige esfuerzo personal. Los jóvenes necesitan desarrollar hábitos de lectura, estudio, puntualidad, asistencia y organización del tiempo. PISA encontró que solamente alrededor del 44% de los estudiantes ecuatorianos afirma planificar frecuentemente su manera de estudiar y que solo el 49% presenta una mentalidad de crecimiento, frente al 69% de promedio OCDE.

No se trata de regresar a una educación basada exclusivamente en memorización, sino de combinar conocimientos sólidos con pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas, comunicación, trabajo en equipo y capacidad para aprender durante toda la vida.

 

 

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CITACIÓN A LOS USUARIOS CONOCIDOS O NO QUE SE CREAN CON DERECHO A LAS AGUAS PROVENIENTES DE LA(S) FUENTE(S) CAP-VZ4-QUEBRADA,CAP-G17-QUEBRADA,CAP-G16-QUEBRADA,CAP-G15-QUEBRADA,CAP-G13- QUEBRADA,CAP-G3-QUEBRADA,CAP-VZ3-QUEBRADA,CAP-VZ2-QUEBRADA,CAP-VZ1-QUEBRADA,CAP-G12-QUEBRADA,CAP-G11-QUEBRADA,CAP-G4- QUEBRADA,CAP-G2-QUEBRADA,CAP-G1-QUEBRADA UBICADA EN CAP-VZ4, PARROQUIA NUEVO QUITO, CANTÓN PAQUISHA, PROVINCIA DE ZAMORA CHINCHIPE, EL AGUA SERÁ UTILIZADA PARA USO Y/O APROVECHAMIENTO MINERÍA.

ACTOR(ES): AURELIANMENOR S.A.

MINISTERIO DE AMBIENTE Y ENERGÍA, DIRECCIÓN ZONAL 10.

Proceso Administrativo Nro DZ10-DZ10-2026-00031-AA. Fecha 15-07-2026 A las 10:20.

VISTOS: Avoco conocimiento del presente trámite administrativo en mi calidad de Autoridad Única del Agua a nivel desconcentrado. Ministerio de Ambiente y Energía.

En lo principal: Agréguese al expediente los documentos referentes a la Solicitud de Autorización de aprovechamiento de agua, presentada por AURELIANMENOR S.A. de 2026-07-15 10:20:05.198, en el mismo que solicita la Autorización de aprovechamiento de agua de MINERÍA, provenientes de la fuente, CAP-VZ4-QUEBRADA,CAP-G17-QUEBRADA,CAP-G16-QUEBRADA,CAP-G15-QUEBRADA,CAP-G13- QUEBRADA,CAP-G3-QUEBRADA,CAP-VZ3-QUEBRADA,CAP-VZ2-QUEBRADA,CAP-VZ1-QUEBRADA,CAP-G12-QUEBRADA,CAP-G11-QUEBRADA,CAP-G4- QUEBRADA,CAP-G2-QUEBRADA,CAP-G1-QUEBRADA ubicada en CAP-VZ4,

parroquia NUEVO QUITO, cantón PAQUISHA, provincia de ZAMORA CHINCHIPE. Con estos antecedentes en mi calidad de Autoridad Única del Agua a nivel desconcentradose DISPONE:

1.- Aceptar a trámite la solicitud de Autorización de aprovechamiento de agua MINERÍA, por haberse emitido el Certificado de Disponibilidad de Agua – CDA, en cumplimiento con Art. 23 de la Ley Orgánica de Recursos Hídricos Usos y Aprovechamiento del Agua y en concordancia con el Art. 107 del Reglamento General Aplicación a la ley, por lo expuesto se dispone el cumplimiento de las siguientes diligencias.

2.-Notifíquese a los señores MARIA AGUSTINA KITIAR TSASAM,JOSE DOMINGO GUALAN ABRIGO,PEDRO FRANCISCO CANGO,ENRIQUE GUALAN

GUALAN,GUILMER MEDARDO ESPINOSA GONZALEZ, en su domicilio señalado en la petición inicial; y a los usuarios desconocidos y presuntos mediante la fijación de carteles que contendrán un extracto de la solicitud y ésta providencia, los que permanecerán expuestos por diez días consecutivos en los parajes más concurridos CAP-VZ4 – NUEVO QUITO – PAQUISHA– ZAMORA CHINCHIPE, mediante comisión que le imparte al señor Teniente Político de la parroquia NUEVO QUITO, anunciar por la prensa tres publicaciones consecutivas.

3.- Finalizado el plazo de publicidad, se contarán diez días para que se puedan presentar

 

adhesiones, oposiciones o proyectos alternativos en sobre cerrado, cumpliendo los mismos requisitos fijados en el numeral 1 del Art. 107 (procedimiento general).

4.- En caso de que el administrado no cumpla con lo dispuesto, esta Administración actuará de acuerdo a lo estipulado en el Artículo 212 del Código Orgánico Administrativo. 5.- Luego de cumplidas estas diligencias se designará un analista técnico/perito, quien realizará la inspección de rigor y emitirá su informe en atención a lo solicitado.

6.- Téngase en cuenta Casillero Judicial 0 , correo electrónico daniela.alvear@lundingold.com señalados para posteriores notificaciones y la autorización conferida a su abogado defensor de ser el caso AURELIANMENOR S.A. NOTIFIQUESE.-

DIRECTOR/A ZONAL DIRECCIÓN ZONAL 10

 BYRON STALIN MEDINA PACHECO

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Cooperativa Unión Yantzaza fortalece la capacitación de su personal y anuncia renovación de unidades

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Mediante una rueda de prensa realizada el miércoles 16 de septiembre en el cantón Yantzaza, representantes de la Cooperativa Unión Yantzaza informaron sobre los procesos de capacitación dirigidos al personal administrativo y sobre los principales proyectos orientados a fortalecer la calidad, la seguridad y la tecnología de sus servicios de transporte.

La jornada estuvo encabezada por Yajaira Medina, presidenta de la Cooperativa Unión Yantzaza; José Luis Medina, gerente de la institución; y Carlos Cabrera, vicepresidente. Durante el encuentro se destacó la culminación de una capacitación planificada para el personal administrativo y de oficina, con énfasis en la atención al usuario, la calidad del servicio y el trato cordial.

Yajaira Medina señaló que el personal de atención constituye la carta de presentación de la cooperativa ante sus usuarios, por lo que consideró fundamental fortalecer sus conocimientos y capacidades. Asimismo, destacó su presencia como primera mujer en ocupar la presidencia de la Cooperativa Unión Yantzaza, expresando su expectativa de que más mujeres se incorporen a espacios de representación y liderazgo dentro de la organización.

Por su parte, el gerente José Luis Medina explicó que la capacitación responde a los requerimientos actuales de la cooperativa y forma parte de un proceso encaminado a brindar servicios con mayor eficiencia, calidad, calidez y cortesía.

Entre los principales anuncios consta la incorporación de aproximadamente 15 nuevas unidades modelo 2026, destinadas a fortalecer el segundo grupo de trabajo. Según lo informado, la nueva flota está prevista para incorporarse hasta noviembre de 2026, fecha en la que se realizaría su presentación ante la ciudadanía.

Medina también anunció la implementación de internet satelital en sus unidades, una solicitud presentada por los usuarios que permitirá mantener conexión durante los recorridos. Esta tecnología ya se encuentra incorporada en unidades del primer grupo, correspondiente a frecuencias de larga distancia hacia Quito, mientras se prevé su ampliación progresiva al segundo grupo.

Actualmente, la Cooperativa Unión Yantzaza cuenta con 57 socios y opera mediante tres grupos de trabajo, con servicios de transporte a nivel nacional y atención de rutas intracantonales. El tercer grupo comprende las denominadas “rancheras”, modalidad que también se encuentra en proceso de fortalecimiento.

José Luis Medina manifestó que la institución analiza nuevos proyectos y frecuencias para atender sectores que requieren mayor cobertura dentro del país. Además, destacó que las mejoras en la vialidad y la renovación de infraestructura vial constituyen factores que pueden contribuir al fortalecimiento de los servicios de transporte.

Los representantes de la cooperativa señalaron que las acciones emprendidas buscan responder a las necesidades planteadas por los usuarios, priorizando seguridad, confort, tecnología y calidad en la prestación del servicio, como parte de un proceso de modernización institucional.

Medina gerente de la Cooperativa Unión Yantzaza reiteró su compromiso de continuar trabajando en la renovación de sus unidades y en la implementación de nuevas herramientas tecnológicas, con el propósito de fortalecer su servicio y mantener su presencia en las rutas nacionales e intracantonales.

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