Noticias Zamora
La violencia contra la mujer es una herida social que debemos sanarla entre todos
Por Mario Paz.
Introducción
La violencia contra la mujer es una herida profunda en el corazón de nuestras sociedades, una herida que no deja de sangrar y que solo podrá sanar si actuamos pronto y juntos. Cada 25 de noviembre, al conmemorarse el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el mundo entero levanta su voz para visibilizar y enfrentar uno de los atentados más graves contra la dignidad humana. Esta fecha no es solo un recordatorio simbólico: es un clamor urgente por justicia, por memoria y por un cambio real.
Aunque se han logrado avances importantes en legislación, prevención y sensibilización, la violencia de género continúa amenazando la vida, la libertad y la integridad de millones de mujeres. Cada agresión, cada silencio impuesto y cada vida arrebatada nos recuerdan que esta problemática sigue profundamente arraigada en estructuras sociales, culturales y familiares que normalizan el abuso y justifican el control.
La violencia contra la mujer no solo golpea cuerpos: rompe dignidades, silencia sueños, fractura familias y debilita a comunidades enteras. Y, aun así, cada día millones de mujeres continúan resistiendo, levantándose en medio del dolor, esperando ser escuchadas, acompañadas y protegidas.
En este artículo exploraremos el origen y el significado de esta conmemoración, la realidad de la violencia contra las mujeres en Ecuador, las enseñanzas que ofrecen los valores cristianos sobre la dignidad femenina, y las acciones urgentes que deben emprender el Estado, la sociedad, la familia y cada mujer para erradicar este flagelo. Porque la violencia nunca es normal, nunca es justificable y jamás debe ser tolerada. Y porque solo cuando caminemos unidos podremos construir un país donde todas las mujeres vivan libres, seguras y respetadas.
Origen y significado del 25 de noviembre: memoria, justicia y compromiso global
El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer fue oficialmente instituido el 25 de noviembre de 1999, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 54/134. Esta fecha no fue escogida al azar: rinde homenaje a las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa) tres activistas dominicanas brutalmente asesinadas en 1960 por su firme oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Su valentía y sacrificio se convirtieron en un poderoso símbolo de resistencia frente a la opresión y la violencia de género.
Al instaurar esta conmemoración, la ONU buscó visibilizar una realidad global que atraviesa culturas, clases sociales y generaciones, y que continúa cobrando vidas y vulnerando derechos fundamentales de mujeres y niñas en todo el mundo. El propósito central de esta fecha es generar conciencia, promover el debate público y exigir la implementación de políticas efectivas que prevengan, sancionen y erradiquen todas las formas de violencia de género.
Cada 25 de noviembre, gobiernos, organizaciones sociales, instituciones educativas y comunidades se unen para recordar que la violencia contra la mujer no es un problema aislado, sino una violación sistemática de derechos humanos que requiere acciones urgentes, coordinadas y sostenidas.
Radiografía de la violencia contra las mujeres en Ecuador: cifras que exigen acción inmediata
Las cifras más recientes revelan una realidad alarmante sobre la violencia contra las mujeres en Ecuador y la urgencia de enfrentarla con políticas públicas efectivas y sostenidas. Solo entre enero y agosto de 2025, el país registró 510 mujeres asesinadas, una cifra que convierte a este periodo en uno de los más letales de la historia reciente. De estos casos, el 87,65% corresponde a muertes violentas y, dentro del mapa nacional, Guayaquil concentra 155 víctimas, es decir, cerca del 30% del total.
El año 2024 también dejó un panorama desgarrador: la Fundación Aldea documentó 274 feminicidios, incluyendo cinco mujeres reportadas como desaparecidas el año anterior. Las víctimas tenían un promedio de 36 años, aunque las edades oscilaron entre 1 y 81 años, lo que demuestra que la violencia no distingue etapas de vida. Entre ellas se encontraban 27 niñas y adolescentes y 79 mujeres que eran madres, dejando a 131 hijos e hijas en orfandad. En más de un tercio de los casos, el agresor mantenía una relación sentimental, presente o pasada, con la víctima, lo que evidencia el carácter íntimo y estructural de esta violencia.
Pero la violencia de género en Ecuador no se limita a las muertes. Según el INEC, 6 de cada 10 mujeres mayores de 15 años han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. La violencia psicológica es la más común y afecta al 53,9% de las mujeres, seguida de la violencia sexual, que alcanza al 25%. A ello se suma la violencia gineco-obstétrica, una forma menos visibilizada pero extendida, ya que 48 de cada 100 mujeres reportan haberla experimentado durante su atención en el embarazo, parto o posparto.
A nivel estructural, se observan patrones que aumentan la vulnerabilidad: el 59% de las mujeres víctimas de femicidio tenía solo educación básica o primaria, frente a un 5% con educación superior. Asimismo, en 8 de cada 10 casos, el agresor fue la pareja o expareja, y más de un 35% de las muertes violentas ocurrieron en el hogar, lo que reafirma que la violencia más peligrosa es, con frecuencia, la que ocurre en espacios que deberían ser seguros.
El aumento de esta violencia ha sido descrito por la ONU como una crisis nacional. En apenas cuatro años, los asesinatos de mujeres han aumentado un 350%, y se estima que una mujer es asesinada cada 26 horas en Ecuador. Estas cifras no solo alertan, sino que reclaman una respuesta inmediata y sostenida desde el Estado, la sociedad y las comunidades.
En conjunto, estos datos muestran que la violencia contra las mujeres en Ecuador no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural, persistente y profundamente arraigado, que requiere acciones urgentes, integrales y coordinadas.
Acciones integrales para erradicar la violencia contra las mujeres
La eliminación de la violencia contra las mujeres exige un compromiso decidido desde todos los ámbitos de la sociedad. En Ecuador, el Estado ha dado pasos importantes al aprobar la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (2018), que establece mecanismos de prevención, atención, protección y reparación. A esto se suma el Plan Nacional de Erradicación de la Violencia de Género (2021), orientado a fortalecer la institucionalidad, garantizar una respuesta oportuna y promover políticas públicas con enfoque de derechos.
Asimismo, campañas como “Ecuador Actúa Ya. Violencia de Género, ni más” y la implementación de protocolos judiciales con enfoque de género buscan sensibilizar, prevenir y asegurar procesos judiciales más justos y accesibles para las víctimas.
La sociedad también desempeña un papel fundamental. Promover espacios de diálogo comunitario, impulsar campañas de sensibilización en medios y redes sociales y fortalecer el trabajo de organizaciones de mujeres, refugios y centros de atención contribuye a romper el silencio, desmontar mitos y brindar apoyo real a quienes enfrentan violencia.
El sistema educativo es clave para transformar patrones culturales. Incluir la educación en igualdad y derechos desde edades tempranas, capacitar al personal docente para identificar signos de violencia y desarrollar programas que involucren a familias y comunidades permite prevenir situaciones de riesgo y construir relaciones basadas en el respeto y la corresponsabilidad.
Finalmente, la familia constituye el primer espacio de aprendizaje y protección. Fomentar relaciones basadas en el diálogo, el respeto y el apoyo mutuo, enseñar a niñas y niños a reconocer su valor y a identificar conductas dañinas, así como mantener entornos seguros para que las víctimas puedan pedir ayuda, son acciones esenciales para erradicar la violencia desde la raíz.
El papel transformador de la mujer en la construcción de una vida libre de violencia
La lucha contra la violencia hacia la mujer requiere el compromiso de toda la sociedad, pero también implica reconocer el rol fundamental que cada mujer puede asumir en su propio proceso de empoderamiento y protección. Esto no significa trasladar la responsabilidad de la violencia a las víctimas (la violencia siempre es culpa del agresor), sino fortalecer las herramientas que permiten a las mujeres vivir con dignidad, seguridad y autonomía.
En primer lugar, el empoderamiento personal es esencial. Reconocer su valor, sus capacidades y sus derechos permite a cada mujer poner límites, pedir ayuda y denunciar cuando sea necesario.
La educación y formación continua, mediante talleres, espacios de reflexión o actividades comunitarias, contribuye a fortalecer la autoestima, la independencia emocional y su proyecto de vida.
Las redes de apoyo (familia, amigas, colectivos de mujeres, organizaciones sociales o comunidades de fe) son clave para compartir experiencias, obtener orientación y romper el aislamiento que muchas veces favorece la violencia.
Asimismo, la participación activa en movimientos sociales o espacios comunitarios brinda a las mujeres la oportunidad de promover cambios culturales y convertirse en líderes de transformación.
Conocer la legislación vigente, como la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en Ecuador, y los mecanismos institucionales disponibles (líneas de ayuda, casas de acogida, justicia especializada), fortalece la capacidad de protegerse y exigir el respeto a sus derechos.
Sin embargo, la erradicación de la violencia no depende únicamente de las mujeres. Los hombres deben asumir con responsabilidad la tarea de desaprender actitudes machistas, superar inseguridades, renunciar a la violencia y construir relaciones basadas en el respeto y la igualdad. Solo así se podrá caminar hacia una convivencia verdaderamente humana y justa.
La espiritualidad y la reflexión también ofrecen hermosos mensajes sobre la dignidad de la mujer. Desde una mirada simbólica, se recuerda que la mujer no fue creada para ser pisoteada ni dominada, sino para caminar al lado del hombre, ser amada, respetada y protegida. Esta visión resalta la igualdad esencial y el valor irrenunciable de cada mujer como ser humano.
Como sociedad, no podemos seguir tolerando la violencia en ninguna de sus formas. La violencia es siempre una expresión de miedo, de cobardía y de incapacidad para reconocer las virtudes y talentos de la mujer. Cuando fortalecemos su autoestima, cuando respetamos su voz y cuando reconocemos su humanidad plena, contribuimos a la paz, la armonía y el bienestar colectivo.
Una mujer es un reflejo del trato que recibe; una sociedad justa es aquella que la valora, la respeta y la protege. Por ello, comprometámonos a desterrar para siempre la violencia contra la mujer. Una humanidad en paz solo es posible cuando cada mujer vive libre, segura y digna.
#NuncaMásViolenciaContraLaMujer.
Las consecuencias del maltrato contra la mujer y su impacto en la sociedad
La violencia contra la mujer no se limita al daño directo hacia la víctima: sus repercusiones se extienden hacia la familia, el entorno laboral, la comunidad y, en última instancia, toda la sociedad. Cada acto de violencia deja cicatrices visibles e invisibles que afectan el tejido social y la posibilidad de construir un futuro más justo.
En la crianza de los hijos, las consecuencias son especialmente graves. Los niños que crecen en entornos violentos pueden llegar a normalizar la agresión como una forma válida de relacionarse, perpetuando así ciclos de violencia intergeneracional. Este tipo de experiencias afecta su estabilidad emocional, generando inseguridad, ansiedad, estrés postraumático y baja autoestima.
Además, su desarrollo académico y social puede verse seriamente perjudicado: presentan dificultades para concentrarse, confiar en otros, expresar sus emociones o establecer relaciones saludables.
En el ámbito laboral, las mujeres que sufren violencia enfrentan barreras que afectan su desempeño y su autonomía económica. El ausentismo, el bajo rendimiento y el miedo constante limitan sus oportunidades de crecimiento profesional. Muchas veces pierden empleos o no pueden aspirar a mejores puestos debido al estrés, el control del agresor o la falta de apoyo institucional. Esta situación también repercute en las empresas y organizaciones, que asumen costos asociados a la salud física y emocional de sus colaboradoras, así como a la rotación y disminución de la productividad.
En su vida emocional y personal, la violencia deja huellas profundas. La depresión, la ansiedad, la culpa, la vergüenza y el aislamiento se convierten en cargas que la víctima lleva en silencio. El trauma psicológico puede requerir años de acompañamiento profesional y redes de apoyo para ser superado. Cuando el maltrato se prolonga, la mujer puede llegar a normalizarlo, perdiendo progresivamente la confianza en sí misma, en los demás y en la posibilidad de una vida sin miedo. Esto deteriora su calidad de vida, su salud integral y su capacidad de soñar y proyectarse hacia el futuro.
Las consecuencias del maltrato contra la mujer no solo hieren a quien lo vive, sino que debilitan a la familia, frenan el desarrollo de las comunidades y comprometen el bienestar social. Reconocer este impacto es indispensable para comprender la urgencia de erradicar la violencia en todas sus formas y para construir un mundo donde cada mujer pueda vivir con dignidad, seguridad y libertad.
Conclusión
El 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, nos recuerda que la violencia de género no es un problema individual, sino una realidad global que nos interpela a todos. Las cifras de femicidios y agresiones en Ecuador son un llamado urgente a la acción, y aunque existen leyes, planes y campañas, aún queda un largo camino por recorrer para garantizar la vida, la libertad y la dignidad de cada mujer.
Los valores espirituales, incluidos los transmitidos en la Biblia, nos recuerdan que toda persona posee una dignidad sagrada e irrenunciable. La violencia contradice por completo ese principio. Sin embargo, la espiritualidad por sí sola no basta: la erradicación de la violencia requiere decisiones valientes, políticas públicas firmes, instituciones que respondan con justicia, comunidades solidarias, familias que eduquen en igualdad y mujeres fortalecidas en su autoestima y autonomía.
Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad ineludible. Construir una cultura de cero tolerancias a la violencia implica educar desde la infancia, deconstruir prejuicios y comportamientos machistas, acompañar sin juzgar, creer en la palabra de las víctimas y ofrecerles caminos seguros para salir del ciclo de violencia. Significa también promover relaciones basadas en el respeto, el diálogo y la corresponsabilidad emocional, así como cultivar en cada mujer la certeza de que merece vivir libre de miedo y llena de dignidad.
Porque una sociedad que normaliza la violencia se destruye a sí misma; pero una sociedad que protege, escucha y actúa, florece. Sanar esta herida social es una tarea colectiva y urgente. Solo cuando toda mujer pueda vivir segura, valorada y respetada, podremos decir que avanzamos hacia una humanidad más justa, más pacífica y más humana.
Hoy y siempre reafirmamos:
No más silencio. No más indiferencia. No más violencia.
Sí a la dignidad, al respeto y a la justicia para todas las mujeres.
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Se pone en marcha la primera etapa del asfaltado Los Encuentros – El Zarza en el cantón Yantzaza
Con la participación de autoridades, dirigentes barriales y ciudadanía, se dio inicio oficial a la primera etapa del proyecto de asfaltado vial Los Encuentros – El Zarza, una intervención estratégica de 8,8 kilómetros que contribuirá de manera significativa al fortalecimiento del desarrollo productivo, social y turístico del cantón Yantzaza.
El acto se desarrolló en el barrio Santa Lucía, parroquia Los Encuentros, donde se destacó la importancia de esta obra largamente esperada por la población. El proyecto beneficiará de forma directa a los barrios El Zarza, El Blanco, San Antonio del Cóndor, El Playón, Jardín del Cóndor, Santa Lucía, Los Claveles, La Delicia, La Cucaracha y La Libertad, además de impactar positivamente a toda la parroquia Los Encuentros y al conjunto del cantón.
La ejecución de esta obra vial representa una inversión de USD 6.334.115,99, financiada mediante el fondo común de la Secretaría Técnica Amazónica (CTEA). Durante el evento, el presidente del barrio Santa Lucía, en calidad de anfitrión, expresó su reconocimiento a las autoridades por concretar un proyecto histórico para el sector, resaltando el liderazgo femenino en la gestión pública y la incidencia territorial de las obras que se ejecutan en la provincia.
Como antecedente, habitantes del sector recordaron que El Zarza constituye una zona de alta producción agrícola, ganadera y actividad minera, que por más de 13 años demandó soluciones estructurales a su problemática vial. Tras un proceso de diálogo comunitario y la realización de tres asambleas, el convenio para la ejecución del proyecto fue suscrito el 22 de agosto de 2025, marcando un punto de inflexión en la planificación territorial del área.
La prefecta de Zamora Chinchipe, Karla Reátegui, subrayó que la articulación interinstitucional es un eje fundamental para el desarrollo provincial. Señaló que la organización comunitaria y el liderazgo barrial permitieron materializar este objetivo y destacó que, en los últimos dos años y medio, la Prefectura ha gestionado importantes proyectos de asfaltado ante la CTEA. Asimismo, informó que solo en 2025 se superaron los USD 40 millones en gestión extrapresupuestaria, reafirmando el cumplimiento de los compromisos asumidos.
En representación de los barrios beneficiarios, Patricia Vivanco manifestó que el inicio de esta obra pone fin a años de dificultades generadas por el polvo en época seca y el lodo durante el invierno, mejorando sustancialmente la calidad de vida de la población. De igual manera, el presidente del GAD Parroquial de Los Encuentros, Robinson Agreda, señaló que el asfaltado constituye una solución definitiva a la problemática vial del sector y reconoció el respaldo de las autoridades provinciales y cantonales.
Por su parte, la alcaldesa de Yantzaza, María Lalangui, expresó su agradecimiento a la Prefectura por cumplir el compromiso asumido al inicio de su administración, destacando especialmente la actualización de los estudios técnicos que permitieron viabilizar la ejecución de este proyecto de alto impacto territorial.
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San Carlos de las Minas celebró 32 años con anuncios de obras y nuevos proyectos
En el marco de la Sesión Solemne por los 32 años de parroquialización de San Carlos de las Minas, el presidente del Gobierno Autónomo Descentralizado Parroquial, Juan Saca, expresó su agradecimiento a las autoridades parroquiales, cantonales y provinciales por su presencia y respaldo permanente al desarrollo de la parroquia.
Durante su intervención, el presidente destacó el trabajo articulado y coordinado entre el GAD Parroquial de San Carlos de las Minas, el Gobierno Municipal y otras instancias de gobierno, resaltando que este esfuerzo conjunto ha permitido concretar importantes obras y gestiones en beneficio de la población. En ese contexto, reconoció de manera especial el apoyo del alcalde del cantón Zamora, los concejales y concejalas, señalando que San Carlos no ha sido desprotegido y que el respaldo institucional ha sido constante.
Juan Saca informó que, a partir del lunes 13 de enero, iniciarán los trabajos de construcción de aceras y bordillos en el centro parroquial de San Carlos de las Minas, obra que estará a cargo del ingeniero Jorge Ortega, contratista responsable, quien ya se encuentra realizando la búsqueda de personal para el inicio inmediato de los trabajos.
Asimismo, anunció la ejecución de la cubierta para la escuelita Víctor Manuel, obra prioritaria para la comunidad educativa, y explicó el estado del proyecto de adquisición de una buseta escolar, para el cual el GAD Parroquial ha gestionado un monto aproximado de 8.000 dólares. El presidente aclaró que el proceso ha enfrentado contratiempos administrativos debido a impedimentos legales con anteriores proveedores, sin embargo, reafirmó el compromiso de buscar nuevas compañías que cumplan con los requisitos del convenio, el cual establece de manera expresa que el servicio debe prestarse mediante una buseta escolar.
En su intervención, también destacó el respaldo brindado a la comunidad de Nambija, donde se prevé la construcción de cubiertas y baterías sanitarias, obras largamente esperadas por la población. De igual manera, resaltó el trabajo ejecutado mediante el programa MINGAS, a través del cual se concretó la construcción del Puente Diamante, gracias al aporte conjunto del Municipio, la Prefectura, los habitantes del sector y el GAD Parroquial.
Juan Saca hizo un llamado a continuar fortaleciendo el trabajo interinstitucional para reemplazar puentes de madera que representan un riesgo para la ciudadanía, subrayando la importancia de la corresponsabilidad entre autoridades y comunidad para prevenir accidentes y garantizar la seguridad vial.
En el ámbito educativo y social, el presidente reiteró su compromiso con las instituciones educativas de la parroquia, anunciando gestiones para la construcción de cubiertas en el colegio Monseñor Jorge Mosquera, la escuela de Buena Esperanza y otras unidades educativas rurales.
Además, informó sobre la planificación de proyectos productivos y ambientales, como la creación de un vivero parroquial, orientado a la reforestación de quebradas, cuencas hídricas y al apoyo a emprendedores locales.
También destacó las acciones de apoyo al sector productivo, entre ellas la entrega de pollos de postura, el fortalecimiento de huertos escolares y la próxima entrega de aproximadamente 30.000 tilapias, prevista para el mes de febrero de 2026, como parte de las políticas de fomento agrícola y alimentario.
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El legado de un formador de generaciones
Introducción
Hay vidas que no se miden por los años que se viven, sino por las huellas que dejan en el corazón de las personas. Existen seres humanos cuya historia no se escribe solo con fechas y cargos, sino con sacrificios, silencios, caídas, perseverancia y un inquebrantable deseo de servir. El legado de un formador de generaciones es el testimonio de una vida construida desde la adversidad, sostenida por la fe, fortalecida por el esfuerzo y consagrada al servicio de la educación, del deporte y del desarrollo humano.
Este artículo no pretende ser únicamente una reseña biográfica. Es, sobre todo, una memoria viva de lucha, vocación y compromiso social. Es la historia de un niño que conoció tempranamente la ausencia y el dolor, pero que decidió transformar la orfandad en fortaleza, el sacrificio en disciplina y los sueños en metas alcanzables. Es la historia de un joven que encontró en el deporte una escuela de vida, en la educación un propósito y en el servicio público una misión.
A lo largo de más de tres décadas, Mario Rigoberto Paz Ocampos ha caminado entre pistas y aulas, entre responsabilidades y esperanzas, formando no solo estudiantes y atletas, sino ciudadanos con valores, fe y conciencia social. Cada cargo asumido, cada clase impartida y cada proyecto liderado ha tenido un mismo horizonte: sembrar futuro en las nuevas generaciones de la provincia de Zamora Chinchipe.
Este legado no se mide por títulos ni reconocimientos, sino por las vidas que han sido tocadas, por los caminos que se han abierto y por los sueños que hoy caminan gracias a una mano que supo guiar, un corazón que supo creer y una voz que nunca dejó de enseñar. Aquí se presenta la historia de un formador que convirtió su vida en misión y su misión en herencia.
De la orfandad al liderazgo: la historia de un formador de generaciones
Mario Rigoberto Paz Ocampos nació el 3 de enero de 1968 en la ciudad de Zumba, cantón Chinchipe, provincia de Zamora Chinchipe. Es el menor de siete hermanos, cuatro varones y tres mujeres, creció dentro de una familia trabajadora que le inculcó desde temprana edad valores de responsabilidad, honestidad y superación.
Sus padres fueron don José Galo Paz Rodríguez, quien falleció el 21 de agosto de 1981 a causa de una enfermedad, y doña Anita Ocampos Aldaz, quien perdió la vida el 24 de noviembre de 1984 en un lamentable accidente aéreo. Estas pérdidas marcaron profundamente su niñez y forjaron su carácter de lucha y perseverancia.
Cursó su educación primaria en la Escuela Brasil de la ciudad de Zumba. Inició su educación secundaria en el Colegio Nacional Zumba. Tras el fallecimiento de su padre, a los 12 años de edad, se trasladó junto a su familia a la ciudad de Zamora, donde continuó sus estudios en el colegio “12 de Febrero”, trabajando durante el día y estudiando en la noche. A los 17 años obtuvo el título de Bachiller en Químico-Biológicas.
Desde los 15 años se vinculó al deporte, destacándose en la disciplina de atletismo en las pruebas de medio fondo y fondo, alcanzando importantes triunfos a nivel colegial, cantonal, provincial y nacional.
Impulsado por su vocación y espíritu de superación, se trasladó a la ciudad de Loja para cursar estudios superiores en la Universidad Nacional de Loja, donde obtuvo el título de Licenciado en Ciencias de la Educación. Al culminar su formación universitaria, inició su vida profesional como entrenador de atletismo en la Federación Deportiva de Zamora Chinchipe y como docente contratado en el Colegio “12 de Febrero”.
En el año 1990 contrajo matrimonio con Janeth Charo Jaramillo Valarezo, su compañera de vida, con quien ha formado una hermosa familia y procreado dos hijos: Mario Andrés Paz Jaramillo y Geanella Karolina Paz Jaramillo.
En 1993 ganó el concurso de méritos y oposición para ejercer como docente en el Colegio Alonso de Mercadillo, y en junio de 1995 obtuvo el cambio al Colegio “12 de Febrero” de Zamora, institución a la cual ha dedicado la mayor parte de su trayectoria profesional.
Continuó fortaleciendo su formación académica al obtener un Diplomado en Pedagogía en la UTPL y una Maestría en Psicología Familiar en la Universidad Nuestro Pacto Internacional de los Estados Unidos.
En el año 2008 ganó el concurso de méritos y oposición para ejercer como Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Técnico Superior “12 de Febrero”, cargo que desempeñó desde el 11 de diciembre de 2008 hasta el 30 de agosto de 2013.
En agosto de 2013 resultó ganador del concurso de méritos y oposición para Director Distrital de Educación y, entre el 1 de septiembre de 2013 y el 30 de marzo de 2014, estuvo encargado de la Dirección Provincial de Educación de Zamora Chinchipe, liderando el proceso de implementación del nuevo modelo de gestión del Ministerio de Educación.
Desde el 1 de abril de 2014 hasta el 6 de marzo de 2019, ejerció funciones como Director Distrital de Educación 19D01 Yacuambi–Zamora. A partir del 7 de marzo de 2019 y hasta la actualidad, labora en la Unidad Educativa “12 de Febrero”, en la modalidad intensiva en jornada nocturna.
La vida de Mario Paz Ocampos es un testimonio de esfuerzo, disciplina y vocación de servicio, reflejada en más de tres décadas dedicadas a la educación, al deporte y al desarrollo humano de la provincia de Zamora Chinchipe.
Entre pistas y sueños: el origen de mi fortaleza
El deporte ha sido una de las columnas más firmes de mi formación personal, humana y profesional. A través de él aprendí disciplina, perseverancia, respeto, trabajo en equipo y responsabilidad; valores que no solo me formaron como atleta, sino que también moldearon mi carácter y mi manera de servir a la sociedad. Mi trayectoria deportiva se ha desarrollado en tres etapas fundamentales: como deportista, como entrenador y como dirigente, cada una de ellas marcada por experiencias, aprendizajes y logros que han dejado una huella profunda en mi vida.
Como deportista
Desde muy joven encontré en el atletismo una pasión que se transformó en compromiso, esfuerzo constante y superación personal. Representar a mi provincia fue un honor que asumí con orgullo y responsabilidad. Entre los principales logros alcanzados durante esta etapa se destacan:
- Campeón de la Maratón de la Longevidad, categoría Juvenil, realizada en la ciudad de Loja, en diciembre de 1989.
- Medalla de bronce en la prueba de 3.000 metros con obstáculos, en el Séptimo Campeonato Nacional de Atletismo Interuniversidades y Politécnicas del país “Genaro Fierro” realizado en Quito el 4 de mayo de 1990, en representación de la Universidad Nacional de Loja (UNL),
- Campeón Amazónico en la prueba de 5.000 metros planos, en los I Juegos Deportivos Amazónicos, realizados el 2 de marzo de 1991 en la provincia de Napo (Tena).
- Seleccionado provincial de atletismo por la provincia de Zamora Chinchipe desde el año 1984 hasta 1991.
- Ganador de múltiples competencias de calle a nivel intercolegial, cantonal, provincial, regional y nacional.
Como entrenador
Luego de culminar mi etapa como deportista activo, asumí con vocación y responsabilidad el rol de formador de nuevas generaciones. Me desempeñé como entrenador de medio fondo y fondo en la Federación Deportiva Provincial de Zamora Chinchipe durante un período de cinco años, etapa en la cual logré formar campeones amazónicos y atletas medallistas a nivel nacional, contribuyendo al fortalecimiento del atletismo provincial.
Como dirigente deportivo
Con el paso del tiempo, asumí también responsabilidades dirigenciales, entendiendo que el desarrollo del deporte requiere no solo de atletas y entrenadores, sino también de liderazgo y gestión comprometida. En esta etapa he tenido el honor de servir como:
- Presidente y Vicepresidente del Club Social, Cultural y deportivo “Liga Deportiva Febrerina” durante seis años.
- Presidente de la Asociación Provincial de Atletismo de la Federación Deportiva Provincial de Zamora Chinchipe (FDPZCH) durante un año.
Entre aulas y liderazgo: una vida al servicio de la educación
La docencia ha sido una de las misiones más nobles y trascendentes de mi vida. A través de ella he tenido el privilegio de formar generaciones, orientar caminos, sembrar valores y servir a la sociedad desde las aulas y desde la gestión educativa. Mi trayectoria en el sistema educativo no ha sido fruto del azar, sino del esfuerzo, la preparación constante y la vocación de servicio, lo que me ha permitido acceder a cada cargo a distintos espacios y responsabilidades dentro del Ministerio de Educación, desempeñando funciones que me han exigido liderazgo, compromiso, honestidad y profunda responsabilidad social. Cada etapa ha sido una escuela de aprendizaje que ha fortalecido mi visión de una educación basada en la calidad, la calidez, la innovación y el respeto a la dignidad humana.
A continuación, presento un recuento de mi vida profesional, que no solo refleja cargos y fechas, sino una historia de servicio, crecimiento y entrega al fortalecimiento de la educación en mi provincia y en el país.
En el año de 1991 ingresé al sistema educativo como docente contratado en la UE “12 de Febrero” por un período de dos años. El 4 de marzo de 1993 fui nombrado Profesor-Inspector titular del Colegio Alonso de Mercadillo del cantón Yacuambi, cargo que desempeñé hasta el 6 de diciembre de 1994. Posteriormente, del 7 de diciembre de 1994 al 21 de mayo de 1995, ejercí la función de Inspector General en la misma institución.
Desde el 22 de mayo de 1995 hasta el 11 de diciembre de 2008 laboré como Profesor-Inspector en el colegio “12 de Febrero”. Más adelante, del 12 de diciembre de 2008 al 30 de agosto de 2013, me desempeñé como Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Tecnológico Superior “12 de Febrero”.
A partir del 1 de septiembre de 2013 hasta el 6 de marzo de 2019, desempeño la función de Director Distrital 19D01 Yacuambi-Zamora Educación. Durante este período, entre el 1 de septiembre de 2013 y el 28 de febrero de 2014, estuve encargado de la Dirección Provincial de Educación Hispana de la provincia de Zamora Chinchipe. Además, desde el 7 de marzo de 2019, laboro en la Unidad Educativa “12 de Febrero”, en la modalidad intensiva de la sección nocturna hasta la presente fecha.
Todos los cargos que he desempeñado han sido obtenidos mediante concursos de merecimientos y oposición.
Este recorrido por mi vida profesional me invita a reflexionar sobre el servicio brindado al sistema educativo; sin duda, he tenido aciertos y errores que hoy forman parte de mi historia y de los aprendizajes que me impulsan a seguir reorientando mi labor hacia la innovación, la eficiencia, la calidad y la calidez educativa.
Agradezco al Ministerio de Educación por la oportunidad de servir a la comunidad educativa durante estos 35 años de trayectoria profesional.
La educación como herencia de vida
La formación académica del autor evidencia una trayectoria sostenida de preparación en el ámbito educativo y humanístico, orientada al fortalecimiento de sus competencias profesionales y al servicio de la comunidad. A continuación, se detallan los estudios realizados en los distintos niveles de formación:
Educación Primaria
- Educación primaria concluida en la Escuela Brasil de la ciudad de Zumba, con la respectiva certificación de culminación de estudios.
Educación Secundaria
- Bachiller en la especialidad de Químico–Biológicas, título otorgado por el Instituto Superior Tecnológico “12 de Febrero” de la ciudad de Zamora, el 24 de septiembre de 1986.
Educación Superior
Tercer Nivel
- Licenciado en Ciencias de la Educación, título otorgado por la Universidad Nacional de Loja, el 24 de noviembre de 1994.
Cuarto Nivel
- Diploma Superior en Pedagogías Innovadoras, otorgado por la Universidad Técnica Particular de Loja, el 20 de octubre de 2005.
- Magíster en Psicología Familiar, otorgado por la Universidad Nuestro Pacto Internacional (Estados Unidos), el 22 de julio de 2011, título que no cuenta con registro en la SENESCYT.
Cuando el liderazgo se convierte en misión
A lo largo de su trayectoria profesional, el autor ha ejercido diversos cargos de responsabilidad en el ámbito educativo, deportivo y administrativo, demostrando liderazgo, compromiso institucional y vocación de servicio. Los cargos desempeñados se detallan a continuación:
- Presidente de la Asociación de Profesores y Empleados del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo”, durante un período de un año.
- Presidente de la Asociación de Profesores y Empleados del Instituto Técnico “12 de Febrero”, durante seis años.
- Presidente del Club Social, Cultural y Deportivo “Liga Deportiva Febrerina”, durante cuatro años.
- Presidente de la Cooperativa de Educadores de Zamora Chinchipe, durante dos años.
- Presidente de la Asociación Provincial de Atletismo de Zamora Chinchipe, durante un año.
- Profesor–Inspector del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo” y de la Unidad Educativa “12 de Febrero”, durante un período de veintitrés años.
- Inspector General del Colegio Técnico “Alonso de Mercadillo”, desde el 7 de diciembre de 1994 hasta el 21 de mayo de 1995.
- Inspector General y Jefe de Talento Humano del Instituto Técnico Superior “12 de Febrero”, desde el 11 de diciembre de 2008 hasta el 30 de agosto de 2013.
- Entrenador Profesional de la disciplina de Atletismo, acreditado con el número 07971 por la IAAF (Federación Internacional de Atletismo Amateur), durante cinco años.
- Director Provincial de Educación de la provincia de Zamora Chinchipe, desde el 1 de septiembre de 2013 hasta el 30 de marzo de 2014.
- Director Distrital de Educación 19D01 Yacuambi–Zamora, desde el 1 de septiembre de 2013 hasta el 6 de marzo de 2019.
Conclusión
El legado de un formador de generaciones no se construye únicamente con cargos, títulos o reconocimientos, sino con cada vida tocada, cada palabra sembrada y cada sueño que aprendió a caminar gracias a una guía oportuna. La historia de Mario Rigoberto Paz Ocampos es la prueba viva de que la educación, cuando nace del corazón, se convierte en una fuerza capaz de transformar destinos y abrir caminos aun en medio de la adversidad.
Desde una infancia marcada por la pérdida hasta una vida consagrada al servicio, su caminar ha sido una lección silenciosa de fe, disciplina, perseverancia y amor por el prójimo. Entre pistas y aulas, entre responsabilidades y vocación, su misión ha sido siempre la misma: formar seres humanos íntegros, conscientes de su dignidad, capaces de creer en sí mismos y de servir a su comunidad.
Hoy, su huella permanece en generaciones de estudiantes, atletas, docentes y ciudadanos que encontraron en su ejemplo una palabra de aliento, una oportunidad y una esperanza. Su legado no termina en las páginas de este artículo, sino que continúa vivo en cada persona que aprendió a levantarse, a soñar y a construir un futuro mejor gracias a su orientación.
Porque educar no es solo enseñar contenidos, sino sembrar valores, despertar conciencia y acompañar vidas, la historia de Mario Paz Ocampos trasciende el tiempo y se convierte en herencia, en testimonio y en promesa: que aún es posible cambiar el mundo, desde la educación y el deporte.
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