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Marcha en rechazo al Gobierno de Daniel Noboa y en defensa de la Corte Constitucional se llevó a cabo en Quito

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Cientos de personas, convocadas por la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (Ecuarunari) y gremios sindicales, como el Frente Unitario de Trabajadores (FUT), marcharon este jueves en Quito para manifestarse en contra del Gobierno de Daniel Noboa y mostrar su postura a favor de recientes decisiones tomadas por la Corte Constitucional.

La movilización tuvo lugar pocas horas después de que el presidente Daniel Noboa encabezara en Guayaquil la denominada «Marcha por la Paz y la Justicia», en la que participó junto a miles de simpatizantes. La convocatoria, impulsada por el propio mandatario, se enmarca en la tensión que mantiene con el alto tribunal, luego de que este suspendiera parcialmente tres controvertidas leyes promovidas este año por el Ejecutivo, orientadas a desarticular economías criminales.

$!El presidente de Ecuador, Daniel Noboa (c), habla durante una manifestación por la paz este jueves, en Guayaquil.

La pugna entre el Gobierno y la Corte Constitucional se intensificó esta semana, luego de que los jueces determinaran que tres de las siete propuestas de reforma constitucional presentadas por el presidente Noboa para la consulta popular y referéndum previstos para noviembre no cumplían con los requisitos legales para su aprobación. Entre las iniciativas rechazadas se encontraba la propuesta de permitir el juicio político a los magistrados de ese ente.

«La gente votó por el cambio, no una vez, votó dos veces por el cambio. Y aún así quieren mantener todo igual. Quieren estar del lado de los violadores, quieren estar del lado de los narcotraficantes, quieren estar del lado de los criminales, estar del lado de toda la gente que nos ha hecho daño. Nosotros no podemos permitir eso», declaró Noboa durante el evento en Guayaquil.

Reclamos por parte de las organizaciones sindicales e indígenas

La principal movilización en contra de la gestión del Ejecutivo, conformada por casi 800 personas, recorrió importantes avenidas de la capital, como la 10 de Agosto y la calle Guayaquil, hasta llegar a la plaza de Santo Domingo, en el centro histórico de la capital. Marchas similares, de menor tamaño, también se llevaron a cabo en ciudades como Cuenca, Portoviejo y Santo Domingo.

En Quito, la multitud encabezada por dirigentes sindicales y líderes indígenas gritó consignas que referían la crisis de salud que atraviesa el país por el desabastecimiento de medicinas en centros de salud, principalmente de las provincias de Guayas y Manabí, así el despido de casi cinco mil funcionarios públicos efectuado por el Ejecutivo el mes pasado, con miras a reducir el gasto público.

$!Enfrentamientos que por el momento no han dejado víctimas se reportaron en la Plaza de Calderón, en Quito, entre manifestantes y la Policía.

«Hemos convocado esta movilización para rechazar las leyes que el Gobierno a estilo de metralleta ha ingresado a la Corte Constitucional, a muchas de estas las hemos demandado», declaró Edwin Bedoya, presidente del FUT. También cuestionó la marcha convocada por el presidente Noboa, señalando que no quedaba claro «si se estaba exigiendo seguridad al Gobierno o a Estados Unidos», en alusión a los acercamientos del Ejecutivo con ese país para el posible restablecimiento de bases militares extranjeras.

Por otro lado, los dirigentes indígenas expresaron su rechazo tanto a las políticas mineras impulsadas por el Ejecutivo como a las leyes económicas aprobadas con carácter de urgencia. La vicepresidenta de la organización, Ercilia Castañeda, se pronunció en contra del proyecto minero Loma Larga, que se pretende ejecutar en la zona de Quimsacocha.

«Siempre la lucha del movimiento indígena ha sido efectivamente por las mujeres, por los trabajadores, por las grandes minorías, por los menos protegidos. En ese sentido estamos retomando el accionar del movimiento indígena», declaró Castañeda. Fuente: Vistazo

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Fuerzas Armadas destruyen ‘guaridas del terror’ en Durán durante la primera noche del toque de queda

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El ministro de Defensa de Ecuador, Gian Carlo Loffredo, supervisó durante la madrugada de este lunes operaciones ejecutadas por las Fuerzas Armadas en el cantón Durán, provincia del Guayas, en el marco de la primera noche del toque de queda decretado por el Gobierno.

Según informó la cartera de Estado a través de un boletín oficial, las intervenciones permitieron desarticular infraestructuras utilizadas por estructuras criminales para controlar territorios y cometer delitos como secuestro y extorsión.

“Guaridas del terror fueron destruidas en Durán, en la primera noche del toque de queda”, señaló el Ministerio de Defensa en un mensaje difundido en redes sociales.

Las intervenciones forman parte de los operativos desplegados durante el estado de excepción y el toque de queda que rige entre las 23:00 y las 05:00 desde el 15 hasta el 30 de marzo en las provincias de Guayas, Los Ríos, El Oro y Santo Domingo de los Tsáchilas.

Antes de la entrada en vigor de la medida, el ministro del Interior, John Reimberg, anunció el despliegue de 35.000 efectivos de la Policía Nacional del Ecuador para ejecutar operativos en estas jurisdicciones.

A su vez, el Ministerio de Defensa informó que más de 30.000 militares se encuentran desplegados en estas provincias para ejecutar acciones contra la minería ilegal, el narcotráfico y los grupos de delincuencia organizada.

Una de las operaciones se ejecutó en una vivienda ubicada en el sector El Arbolito, que era utilizada como punto estratégico de vigilancia por integrantes del Grupo de Delincuencia Organizada CK.

El inmueble pertenece a un sujeto conocido con el alias “Bob Marley”, señalado como cabecilla de la facción CK BM y quien actualmente se encuentra recluido en la Cárcel del Encuentro, el centro carcelario de máxima seguridad del Estado, ubicado en la provincia de Santa Elena.

En el lugar, las fuerzas militares encontraron infraestructura tecnológica destinada a monitorear accesos y movimientos en el sector, considerado un área hiperfocalizada de violencia dentro del cantón.

Entre los elementos incautados se identificaron cámaras de videovigilancia tipo bala y domo, equipos de comunicación, módems de internet, un repetidor de señal, router, DVR, cableado coaxial y reflectores.

También se encontraron armas blancas, municiones de distintos calibres, una gramera, una pipa artesanal y varias dosis de sustancias sujetas a fiscalización.

Según las autoridades, este sistema era utilizado por la organización criminal para vigilar los accesos estratégicos del sector y mantener control territorial.

Sitio clandestino para secuestros

En un operativo paralelo, en el sector Fincas Delia, también en Durán, militares localizaron un área utilizada por el mismo grupo delictivo para retener a víctimas de secuestro y extorsión.

En el lugar se identificó una estructura improvisada construida con caña y madera que funcionaba como sitio clandestino de cautiverio.

Posteriormente, personal especializado en demoliciones de las Fuerzas Armadas procedió a destruir e inhabilitar completamente la infraestructura, con el objetivo de impedir que vuelva a ser utilizada por la organización criminal.

Crisis de seguridad

El toque de queda se aplica en medio de la crisis de seguridad que atraviesa Ecuador. Desde enero de 2024 rige en el país la declaratoria de conflicto armado interno en Ecuador, con la que el Gobierno busca combatir a organizaciones criminales vinculadas principalmente al narcotráfico y la minería ilegal.

Pese a estas medidas, 2025 cerró como el año más violento registrado en el país, con 9.235 homicidios, según cifras del Ministerio del Interior de Ecuador. Fuente: Vistazo

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‘Yo no quería irme, tenía mi vida en Ecuador’: las extorsiones generan que ecuatorianos huyan a los Estados Unidos

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NUEVA YORK. En Machala, Ana había empezado a construir algo que para ella significaba mucho más que un trabajo. Tenía poco más de veinte años, dos hijos pequeños y un puesto en una tienda de electrodomésticos donde había aprendido a detalle sobre televisores, refrigeradoras, o cualquier otro aparato. Primero fue secretaria, luego pasó a atender clientes en el almacén y finalmente pidió una oportunidad en ventas. Nadie esperaba demasiado de una vendedora sin experiencia, pero las cifras comenzaron a hablar por ella. Vendía más que muchos de sus compañeros y, al cabo de dos años, ya supervisaba a un pequeño equipo. En su vida empezaban a aparecer señales de estabilidad que antes no había conocido.

Sus ojos se llenan de emoción cuando habla de esa época. “Yo no vendía electrodomésticos”, dice. “Vendía la ilusión de lo que la gente podía hacer con ellos. Persona que entraba por esa puerta, persona que salía con deuda”, admite sonriendo. A los clientes les hablaba del partido del Mundial que podrían ver en una pantalla nueva o de la novela que seguirían cada noche. Después desarmaba el precio en cuotas pequeñas hasta que la compra parecía alcanzable. El sueldo base era modesto, pero las comisiones cambiaban el ritmo de la vida. Los viernes a veces pedían pizza con sus hijos. De vez en cuando podían ir al cine. En el supermercado ya no tenía que mirar cada centavo. Incluso pensaba comprar un carro. También ayudaba a sus padres cuando podía.

‘Podemos pasar por tus hijos’
Un día, las primeras señales de peligro llegaron como comentarios sueltos dentro del almacén. Un compañero dejó de ir a trabajar. Luego otro. Algunos decían que habían recibido llamadas de extorsión. Otros simplemente desaparecían del turno y nadie volvía a saber de ellos. Un integrante de su equipo le sugirió que tuviera cuidado. Ana siguió trabajando. En ese momento todavía creía que esas historias les ocurrían a otros.

Hasta que empezaron las llamadas. Al principio eran números desconocidos. Luego llegaron mensajes de texto con insultos y amenazas. Uno de ellos mencionaba el lugar donde trabajaba. Otro describía la ropa que llevaba ese día. Los mensajes parecían escritos por alguien que la estaba mirando. Durante un tiempo decidió ignorarlos. No respondió, no cambió su rutina. Intentó convencerse de que todo pasaría si no les prestaba atención.

El día en que el miedo se volvió real, fue cuando recibió una imagen en su teléfono. Era una foto tomada a la salida de la escuela. Sus hijos aparecían en la puerta. El mensaje decía que no tenía que preocuparse por recogerlos. “Nosotros podemos pasar por ellos”. Ana dejó el almacén sin avisar y corrió hasta la escuela. Los encontró allí, sanos y salvos. Pero la advertencia había cruzado una línea imposible de ignorar. “Ese día entendí que esto no era un juego”, recuerda. “Sentí que tenía que escoger entre mi sueño allá o nuestras vidas”.

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Huir y dejar su proyecto en Ecuador
Hasta ese momento no había imaginado salir del país. Su plan estaba en Machala. Quería seguir creciendo en la empresa, ahorrar, estudiar administración en la universidad. La decisión de irse significaba abandonar todo eso de un día para otro. También significaba dejar a sus padres sin saber cuándo volvería a verlos. “Yo no quería irme”, dice. “Yo tenía mi vida allá”.

Tenía algo de dinero guardado gracias a las comisiones. Empezó a buscar contactos que pudieran ayudarla a salir. Tomó un vuelo hacia Centroamérica y desde allí comenzó el trayecto hacia el norte. El viaje duró casi 30 días. A veces dormían en hoteles improvisados, otras noches en habitaciones más decentes. En los tramos más duros caminaron por zonas desérticas durante horas. Nunca se separó de sus hijos. En buena parte del recorrido los acompañó un hombre ecuatoriano de la sierra, de unos cuarenta o cincuenta años, que también huía de amenazas. Él la ayudaba a vigilar a los niños cuando el cansancio la superaba.

“¿Qué si me arrepiento de haber migrado?” Hace una pausa larga antes de responder. “Es una pregunta difícil de contestar, porque no tenía otra opción. No podía ayudarme la Policía, ni nadie”.

Cuando finalmente cruzó la frontera decidió entregarse a las autoridades. Les explicó por qué había salido de Ecuador. Después de escuchar su historia le dijeron que podría continuar su proceso dentro del país y que más adelante tendría que presentarse ante un juez de inmigración.

Un tío que vive en Nueva Jersey fue a recogerla. Durante los primeros meses vivió en un apartamento donde convivían cerca de ocho personas entre familiares y conocidos. No pagaba renta. A cambio ayudaba en la cocina, cuidaba a los hijos de los demás o hacía pequeños trabajos dentro del departamento.

Los primeros empleos fueron trabajos de limpieza o ayudando en pequeñas tiendas ecuatorianas. Con el tiempo consiguió trabajo en una gran bodega que distribuye paquetería. Sus jornadas pueden durar hasta doce horas. Sale temprano, regresa tarde y a veces siente que el día se le escapa entre cajas y turnos largos. Ya tiene permiso de trabajo y número de seguro social mientras espera la cita en la corte de inmigración. No pudo pagar un abogado y alguien que hace trámites migratorios más baratos la ayudó a presentar el caso de asilo.

Cuando piensa en Ecuador no recuerda solo el miedo. También recuerda la vida que estaba empezando a tomar forma. El almacén donde trabajaba llegó a cerrar temporalmente porque varios empleados dejaron de ir por temor. Muchos de sus antiguos compañeros también se marcharon. “Sueño con volver a Ecuador y abrazar a mi madre. Ver a mis amigos. No sé si lo haría para quedarme allá. Creo que no”.

Aun así, su historia tampoco termina en ese almacén de Nueva Jersey donde pasa buena parte del día. Ana sigue hablando de estudios cuando imagina el futuro. Quiere ahorrar lo suficiente para estudiar una carrera técnica relacionada con negocios o administración. Algo que le permita volver a acercarse a la persona que era antes de que el miedo cambiara el rumbo de su vida. Porque lo que dejó atrás no fue solamente un país. Fue también la versión de sí misma que estaba empezando a construir.

LEA MAÑANA: La historia de Ernesto, el ecuatoriano que dejó su carrera y su vida en Guayaquil después de una llamada de extorsión. Fuente: Primicias

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Los primeros resultados del toque de queda en Ecuador | 253 detenidos en cuatro provincias

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Ecuador empezó sus 15 días de operaciones contra el narcotráfico con un toque de queda focalizado en cuatro provincias, y en medio de la colaboración militar y de Inteligencia prometida por Estados Unidos.

 

El primer día de este toque de queda arrancó a las 23:00 del 15 de marzo, tal como se había anticipado por las autoridades ecuatorianas en días anteriores.

Del lado del Ministerio del Interior se ha indicado que las fuerzas militares ecuatorianas lanzarán una «ofensiva muy fuerte» con «asesoramiento» de Estados Unidos, y por ello, han pedido a los ciudadanos que se quedan en casa para evitar víctimas colaterales.

Lo cierto es que no todos obedecieron las normas y en el primer día de la medida ordenada por el gobierno de Daniel Noboa hubo cientos de detenidos, como cinco hombres que instalaron una piscina inflable en Durán durante la madrugada.

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Este es el informe preliminar de la Policía mientras duró la emergencia en la noche del domingo y la madrugada del 16 de marzo:

253 detenidos en el toque de queda a nivel de las cuatro provincias, es decir, Guayas, Santo Domingo, Los Ríos y Esmeraldas, según el ministerio del Interior.

  • En la Zona 8, que abarca a Guayaquil, Durán y Samborondón, se registraron 112 aprehensiones.
  • De este total en la Zona 8, 109 son por violar el toque de queda, dos por posesión de drogas, y uno por porte ilegal de armas, según informó la Policía de forma preliminar
  • Hasta ahora, ni el Ministerio del Interior ni la Policía han dado una declaración oficial sobre los resultados totales del toque de queda en estas cuatro provincias, puesto que se informó que el ministro del ramo, John Reimberg, continúa en territorio.

Por otra parte, lo que sí difundió la Cartera del Interior fue un corto video en redes sociales sobre los operativos realizado en la madrugada.

Son 75.000 militares y policías los que participan en las operaciones, acompañados de caravanas de camionetas blindadas, motocicletas y helicópteros.

El gobierno se ha mantenido hermético sobre el detalle de la misión y si desplegará efectivos estadounidenses en su territorio como ha ocurrido durante el mandato de Noboa.

A lo largo de dos semanas los ecuatorianos en las provincias donde se aplica la medida tienen prohibido salir entre las 23H:00 y las 05:00. Fuente: Primicias

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