Opinión
Familia y escuela juntas hacia el éxito escolar
Por Mario Paz. Lic. Mg.
Introducción
El inicio de un nuevo año escolar es más que el regreso a las aulas; es el punto de partida de un camino que recorreremos juntos, familias, docentes y estudiantes. Cada comienzo trae consigo sueños, expectativas y desafíos, y solo con compromiso y trabajo en equipo podremos transformarlos en logros y aprendizajes significativos.
La escuela no es una isla: necesita del acompañamiento constante de los padres y del esfuerzo responsable de los estudiantes. La familia, por su parte, encuentra en la institución educativa un aliado para la formación académica y humana de sus hijos. Y los docentes, con su guía y vocación, se convierten en el puente que une conocimiento, valores y crecimiento personal.
Este artículo busca reflexionar sobre las claves que garantizan un año escolar exitoso: la importancia de la planificación, el seguimiento académico, la rendición de cuentas, el acompañamiento familiar y la construcción de un clima escolar y hogareño lleno de respeto, confianza y motivación. Cuando cada actor asume su papel, se crea la sinergia perfecta para alcanzar el verdadero objetivo de la educación: formar seres humanos íntegros, responsables y felices.
Inicio de este nuevo ciclo escolar
Las actividades escolares en 6.700 instituciones educativas fiscales del régimen Sierra-Amazonía, año lectivo 2025-2026, iniciarán el lunes 1 de septiembre de 2025, de manera escalonada y de acuerdo al siguiente cronograma: Bachillerato (1ro., 2do. y 3ro. cursos) e Inicial (Grupo de 3 y 4 años) ingresarán el 1 de septiembre. EGB Superior (8vo., 9no. y 10mo. grados) y Preparatoria (1er. grado) el 2 de septiembre y EGB Media (5to., 6to. y 7mo. grados) y EGB Elemental (2do., 3ro. y 4to. grados) lo harán el 3 de septiembre.
Alrededor de 1,7 millones de estudiantes inician este nuevo año lectivo y culmina el 26 de junio de 2026. En total, los estudiantes tendrán 200 días de clases divididos en tres trimestres.
Trabajo en equipo entre Padres de Familia, Docentes y Estudiantes
El éxito del inicio del año escolar no depende únicamente del esfuerzo individual de los estudiantes, sino también de la colaboración activa entre padres de familia y docentes. Este trabajo en equipo constituye una base sólida para crear un entorno de confianza y apoyo que favorezca el aprendizaje y el desarrollo personal.
Los padres, como primeros formadores, tienen la responsabilidad de acompañar el proceso educativo desde casa, mostrando interés por las actividades escolares, supervisando el cumplimiento de tareas y fomentando hábitos de estudio. Por su parte, los docentes orientan y guían el aprendizaje, adaptando estrategias pedagógicas que respondan a las necesidades de cada alumno. Los estudiantes, en este esquema, asumen el papel central: comprometerse con su formación, desarrollar autonomía y participar activamente en su propio proceso.
Cuando los actores de esta trilogía educativa se comunican en forma fluida y trabajan de manera conjunta, se previenen problemas académicos, de comportamiento, de asistencia a clases y se fortalecen valores como la responsabilidad, el respeto y la cooperación. En definitiva, la alianza entre familia, escuela y estudiantes es un pilar esencial para garantizar un inicio de año escolar exitoso y con proyección hacia un aprendizaje integral.
Planificación y organización del tiempo
La organización del tiempo es un aspecto clave para lograr un inicio de año escolar exitoso. Establecer rutinas diarias bien estructuradas permite que los estudiantes desarrollen hábitos de disciplina, responsabilidad y puntualidad, elementos fundamentales en su formación académica y personal.
En las mañanas, contar con una planificación que contemple la hora de levantarse, el aseo personal, la colaboración en las tareas del hogar, un desayuno nutritivo, la preparación del material escolar y el tiempo necesario para trasladarse a la institución educativa, asegura que los estudiantes lleguen puntuales y con una actitud positiva.
Durante las tardes, es recomendable organizar espacios para el almuerzo, el descanso y la participación en actividades extracurriculares que complementen su desarrollo integral, como deportes, cultura o idiomas. Posteriormente, dedicar un tiempo fijo para la realización de las tareas escolares y preparar la mochila, los útiles y el uniforme para el día siguiente evita contratiempos y fomenta la responsabilidad.
Finalmente, las noches deben reservarse para compartir en familia (conocer los problemas del día y buscar la solución), cenar y descansar con suficiente anticipación. De esta manera, los estudiantes podrán levantarse con energía y motivación para afrontar una nueva jornada de aprendizaje.
Cabe resaltar que es responsabilidad directa de los padres de familia garantizar que sus hijos cumplan con estas rutinas, acompañándolos en la creación de hábitos saludables y velando por su asistencia responsable y puntual a la institución educativa.
Libreta de calificaciones: rendición de cuentas
La libreta de calificaciones que se entrega en cada trimestre es mucho más que un simple documento con notas; constituye un verdadero tablero de control donde se refleja el compromiso de todos los actores educativos: docentes, estudiantes, padres de familia y autoridades. A través de ella podemos saber si avanzamos en la dirección correcta o si es necesario realizar ajustes que permitan alcanzar el éxito académico.
Cuando un estudiante obtiene buenas calificaciones, demuestra un buen comportamiento y mantiene altos niveles de asistencia, significa que existe un trabajo conjunto y responsable entre la familia y la escuela. Cada logro refleja disciplina, acompañamiento y amor.
Por el contrario, si la libreta revela dificultades, no debe interpretarse como un motivo de culpa o señalamiento únicamente hacia el estudiante. Más bien, debe verse como una oportunidad para reflexionar, reconocer responsabilidades y asumir compromisos. Los padres de familia, en especial, debemos fortalecer la autoestima de nuestros hijos, brindarles confianza y, sobre todo, ofrecerles un amor incondicional que les dé la seguridad necesaria para mejorar.
La libreta de calificaciones, en definitiva, es una herramienta de rendición de cuentas que nos invita a revisar nuestro rol dentro del proceso educativo. Lejos de ser un fin en sí misma, se convierte en un medio para crecer, corregir y construir juntos el camino hacia el éxito escolar y personal de nuestros hijos.
Seguimiento y acompañamiento, garantía de éxito académico
La educación es un proceso continuo que exige presencia y compromiso de los padres de familia. No basta con matricular a los hijos en la institución educativa: es fundamental acompañarlos de manera constante a lo largo del año lectivo. Esto implica asistir a reuniones, participar en la entrega de libretas, dialogar con los maestros, dar seguimiento al rendimiento académico, al comportamiento y a la asistencia, así como involucrarse en las actividades académicas, culturales, sociales y deportivas en las que participan los estudiantes.
El impacto del acompañamiento familiar en la vida escolar es profundo y evidente. Los niños y jóvenes que sienten el respaldo de sus padres desarrollan mayor seguridad en sí mismos, adquieren disciplina, muestran una actitud positiva hacia el estudio y fortalecen su autoestima. Un padre o madre que se interesa por las tareas, que mantiene comunicación con los docentes y que reconoce los logros, se convierte en un motor de motivación y en un factor decisivo en el éxito académico de sus hijos.
Por el contrario, la ausencia de seguimiento familiar suele traducirse en falta de interés por el aprendizaje, problemas de conducta, bajo rendimiento e incluso en riesgo de abandono escolar. Los estudiantes que no cuentan con este apoyo sienten que su esfuerzo pasa desapercibido y pierden el sentido de responsabilidad y pertenencia hacia la escuela.
En definitiva, el acompañamiento cercano y comprometido de los padres de familia no solo facilita la detección temprana de dificultades, sino que también garantiza el éxito académico y personal de los estudiantes. La educación, entendida como un proceso que se vive día a día desde septiembre hasta junio, requiere que estemos presentes del primer al último día, construyendo juntos el camino hacia el futuro de nuestros hijos.
Importancia de un buen clima escolar y familiar
El inicio de un nuevo año lectivo representa una oportunidad para fortalecer los lazos entre la familia y la institución educativa. Uno de los factores más determinantes para el éxito académico y personal de los estudiantes es la construcción de un buen clima tanto escolar como familiar.
En la escuela, un ambiente positivo se traduce en respeto, confianza y colaboración entre directivos, maestros y estudiantes. Cuando las reglas son claras y se aplican con justicia, se fomenta la convivencia armónica, se reducen los conflictos, el acoso escolar y se promueve la inclusión de todos los miembros de la comunidad educativa. Además, la práctica de estrategias como los círculos restaurativos favorece el diálogo, la escucha activa y la resolución pacífica de las diferencias.
De igual manera, en el hogar es esencial que los padres generen un entorno donde predominen el respeto, la motivación y el apoyo. Una familia que escucha, aprueba y valora a cada uno de sus integrantes brinda seguridad emocional, lo que se refleja en un mejor desempeño escolar y en el desarrollo integral de los hijos.
En conclusión, el buen clima escolar y familiar no es un aspecto secundario, sino la base sobre la cual se construyen aprendizajes significativos, valores sólidos y relaciones humanas sanas. Cuando escuela y familia se unen en esta tarea, se garantiza una formación más completa y una experiencia educativa enriquecedora para todos.
Conclusión
El inicio de un nuevo año escolar nos recuerda que la educación es un camino compartido, donde cada paso cuenta y cada actor cumple un papel fundamental. Padres, docentes y estudiantes estamos llamados a trabajar en unidad, con responsabilidad y compromiso, para que este proceso no solo se traduzca en buenas calificaciones, sino también en la formación de seres humanos solidarios, innovadores y justos.
La planificación del tiempo, la rendición de cuentas, el acompañamiento constante y la construcción de un buen clima escolar y familiar son pilares que aseguran un desarrollo académico sólido y una convivencia armónica. Si cada uno asume con seriedad su tarea, podremos prevenir dificultades, superar obstáculos y celebrar juntos los logros alcanzados.
Hoy más que nunca necesitamos fortalecer la alianza entre escuela y familia. El futuro de nuestros hijos depende del presente que construyamos con ellos: un presente lleno de apoyo, respeto, amor y confianza. Hagamos de este nuevo año escolar una oportunidad para crecer, aprender y caminar juntos hacia el éxito.
Nacionales
Fuego militar, extorsión institucional y minería sin consenso en Zamora Chinchipe
Por: Alonzo Cueva Rojas
Zamora Chinchipe se desangra en una guerra sin cuartel contra la minería, pero el enemigo no solo viste de camuflaje en la selva; también opera desde las oficinas del Estado. La ola de operativos del gobierno de Daniel Noboa, que destruye de forma sistemática la maquinaria pesada en cantones como Palanda, Yacuambi, El Pangui, Centinela del Cóndor y Nangaritza, no frena la ilegalidad. Al contrario, al aplicarse la misma estrategia destructiva de manera generalizada, la falta de alternativas y de consensos mínimos empuja a toda la provincia hacia una peligrosa escala de violencia con un pronóstico social totalmente impredecible.
La muestra más fehaciente y alarmante de este peligro generalizado ocurrió ayer en Nangaritza. Un violento operativo en Guayzimi desató el caos absoluto: pobladores y mineros, cansados de ver quemadas las herramientas que sustentan la economía de la zona, se enfrentaron directamente al Ejército. Hubo retención de uniformados, ataques a blindados y gases lacrimógenos en medio del pueblo. Esta respuesta netamente punitiva y desprovista de diálogo rompió la paz social, arrastrando a los ciudadanos a una rebelión desesperada que amenaza con replicarse en los cantones vecinos donde la situación es idéntica.
Este escenario caótico golpea la tranquilidad de las comunidades ribereñas, vulnerables ante recurrentes inundaciones. Si existiera una regularización real para transicionar de la informalidad a la formalidad, la realidad sería otra. Al legalizarse, los operadores locales pagarían tributos reinvertibles en sus zonas y serían sujetos de control para una adecuada remediación ambiental. Además, se protegería el rostro más vulnerable de la actividad: la clase trabajadora. Hoy, miles de obreros laboran sin seguridad social ni medidas de protección; muchos, de hecho, han muerto en el olvido absoluto por el simple hecho de ser catalogados como «ilegales». Al preferir la vía del desorden y el fuego, el Estado arriesga a la provincia a una preocupante anarquía total.
En medio de esto, salta a la vista una paradoja indignante: el Estado otorga un trato privilegiado y «garantista» al gran capital transnacional con contratos blindados y resguardo militar. En contraste, para el minero nativo la única respuesta es la criminalización. Esta flagrante asimetría moral destruye el tejido social y demuestra que las leyes se usan para desplazar al productor local en favor de intereses extranjeros.
¿Con qué legitimidad se quema la herramienta local cuando las agencias de control actúan como extorsionadores? Al audio filtrado del exdirector de ARCOM exigiendo coimas semanales, se suman hechos vergonzosos en el territorio: policías con miles de dólares injustificados en Chinapintza, denuncias de uniformados que liquidan el oro antes de quemar los campamentos, y el insólito robo de 2.5 kilos de oro que, tras ser interceptado en la pista de Cumbaratza, desapareció misteriosamente de las bodegas de la Policía Judicial en Zamora. Cuando las instituciones del orden extorsionan y roban, el Estado pierde toda validez.
Una salida pacífica será imposible si el Gobierno insiste en mirar este conflicto solo a través de la mira de un fusil. La solución no es el fuego, sino la limpieza profunda de la corrupción en ARCOM, la Policía y el Ejército. Zamora Chinchipe exige una tregua, diálogo inmediato y una regularización honesta. De lo contrario, los hechos de Guayzimi serán apenas el inicio de una lamentable rebelión civil que nadie sabrá cómo detener.
Noticias Zamora
La obediencia inteligente: el verdadero camino para proteger a nuestros hijos
La obediencia que protege y la obediencia que pone en riesgo. Como padres y educadores, solemos sentir orgullo cuando alguien nos dice: “Qué niño tan obediente”. Durante generaciones hemos considerado la obediencia como una de las mayores virtudes que puede tener un hijo. Sin embargo, vale la pena detenernos a reflexionar: ¿qué tipo de obediencia estamos enseñando?
Porque existe una gran diferencia entre un niño que obedece porque comprende y un niño que obedece porque ha aprendido a someterse. Cuando educamos únicamente para la obediencia ciega, corremos el riesgo de formar personas que no cuestionan, que no expresan sus opiniones, que les cuesta decir “no” cuando algo les incomoda y que terminan creyendo que cualquier autoridad merece ser obedecida sin importar las circunstancias.
Ese niño obediente crecerá y obedecerá a sus profesores, a sus amigos, a sus jefes, a su pareja y a cualquier persona que ejerza presión sobre él. Y aunque esto pueda parecer una ventaja durante la infancia, puede convertirse en una enorme vulnerabilidad durante toda su vida.
Los abusadores, manipuladores y personas malintencionadas buscan precisamente eso: alguien que no cuestione, que no contradiga, que no se atreva a decir “esto no está bien”. Por eso, nuestros hijos no necesitan aprender únicamente a obedecer. Necesitan aprender a escuchar, a pensar, a analizar y a comprender.
Necesitan saber que una norma tiene un propósito. Que los límites existen para proteger, orientar y favorecer la convivencia. Que respetar una regla no significa renunciar a la propia voz ni a la propia dignidad. La verdadera educación no busca niños sumisos. Busca formar seres humanos capaces de tomar decisiones responsables.
Un niño debe saber que puede negarse cuando alguien le pide guardar un secreto que le hace sentir incómodo. Debe saber que puede rechazar una caricia que no desea. Debe entender que tiene derecho a expresar desacuerdo cuando algo amenaza su bienestar, su integridad o sus valores.
La obediencia no es un valor absoluto. Su valor depende de a quién se obedece, por qué se obedece y cuáles son las consecuencias de esa obediencia. La historia está llena de ejemplos que nos recuerdan que muchas injusticias ocurrieron porque personas buenas obedecieron órdenes sin cuestionarlas. Del mismo modo, muchas transformaciones positivas fueron posibles gracias a quienes tuvieron el valor de decir: “No, esto no es correcto”.
Educar no consiste en imponer nuestra autoridad. Consiste en ayudar a nuestros hijos a construir un criterio propio. Cuando sustituimos el “porque lo digo yo” por una explicación razonable, estamos enseñando pensamiento crítico.
Cuando escuchamos sus preguntas, estamos enseñando respeto mutuo. Cuando permitimos que expresen desacuerdos de manera respetuosa, estamos fortaleciendo su autoestima. Cuando les enseñamos a diferenciar entre una autoridad que protege y una autoridad que daña, les estamos dando herramientas para defenderse durante toda la vida.
El objetivo final de la educación no es que nuestros hijos dependan siempre de nuestras órdenes. Es que desarrollen la capacidad de actuar correctamente incluso cuando nosotros no estemos presentes.
Queridos padres y maestros: no eduquemos para la obediencia ciega. Eduquemos para la conciencia, el criterio, la prudencia y la responsabilidad.
Que nuestros niños aprendan a respetar, pero también a pensar. Que aprendan a escuchar, pero también a cuestionar. Que aprendan a seguir normas justas, pero también a reconocer cuando algo atenta contra su dignidad.
Porque el mayor logro de la educación no es formar hijos que obedecen todo lo que se les dice.
El mayor logro es formar seres humanos capaces de protegerse, respetarse a sí mismos y tomar decisiones correctas aun cuando nadie les esté diciendo qué hacer.
Noticias Zamora
La ilusión de la mano dura: el peligro de los escuadrones de la muerte en Ecuador
Por: Alonzo Cueva Rojas
La desesperación colectiva frente a la crisis de inseguridad en Ecuador está empujando el debate público hacia terrenos sumamente peligrosos. Entre el miedo y la indignación, voces ruidosas en las redes sociales y las calles plantean una supuesta solución: la creación de “escuadrones de la muerte”. Quienes defienden esta idea argumentan que la justicia ordinaria ha fracasado y que el exterminio clandestino de los criminales devolverá la paz. Sin embargo, como educador y analista, considero indispensable advertir que esta propuesta no solo es ilegal, sino que ignora con ligereza las tragedias más oscuras de la historia latinoamericana. Quienes opinan sin bases olvidan que la violencia estatal o paraestatal fuera de la ley siempre degenera en barbarie generalizada.
El ejemplo de la guerra civil en Guatemala (1962-1996) es una advertencia dolorosa que todo ecuatoriano debería estudiar antes de pedir medidas extremas. En ese conflicto, la aparición de la policía paralela y los escuadrones de la muerte no trajo seguridad ni orden. Al contrario, las dictaduras utilizaron estas fuerzas clandestinas para cometer las más grandes atrocidades. Bajo la excusa de erradicar la delincuencia o la insurgencia, se arrasaron aldeas enteras y se asesinaron a decenas de miles de campesinos, indígenas, estudiantes, periodistas e intelectuales que nada tenían que ver con el conflicto armado.
La historia de la líder indígena Rigoberta Menchú, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1992, personifica el impacto real de otorgar licencias para matar en la sombra. Los miembros de su familia sufrieron la peor parte de esta violencia desbocada: su madre fue torturada y asesinada por militares, y su padre, Vicente Menchú, fue quemado vivo junto a otras 36 personas por la Policía Nacional en la trágica masacre de la embajada española en 1980. Esta dolorosa experiencia demuestra que, una vez que se rompe el marco legal, los límites desaparecen. Los escuadrones de la muerte no seleccionan con precisión quirúrgica; se convierten en herramientas de venganza, control social y exterminio de inocentes.
Ecuador no puede pretender apagar el fuego con gasolina. No nos hacen falta más reformas legales; leyes e instrumentos jurídicos tenemos de sobra en el país. El verdadero camino para combatir el crimen organizado radica en asignar el presupuesto suficiente para la preparación rigurosa y el equipamiento técnico de nuestras fuerzas del orden, así como una activa participación de la ciudadanía en los planes de seguridad. El combate eficaz a la delincuencia debe exigir inteligencia estratégica, control territorial, depuración judicial y un sistema penal eficiente, pero siempre dentro del marco de la ley. Reclamar el regreso de los escuadrones de la muerte no es un acto de valentía, sino una muestra de profunda ignorancia histórica que solo pavimentaría el camino hacia la destrucción de nuestra propia sociedad.
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