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Oro entre la esperanza y la exclusión: el grito silenciado de Zamora Chinchipe

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Por: Alcíbar Lupercio – Periodista comunitario.

En este pedazo de la Amazonía ecuatoriana, donde el verde espeso de la selva se funde con el sudor del trabajo honrado, la tierra guarda un tesoro tan brillante como polémico: el oro. Desde su redescubrimiento en la década de los 80, cuando las minas de Nambija abrieron sus entrañas a la esperanza, la provincia de Zamora Chinchipe no volvió a ser la misma. Pero el oro, que debía traer desarrollo, ha terminado sembrando conflicto, división y desconfianza.

No fue la riqueza la que trajo primero a los habitantes, sino la necesidad. En los años 60, cuando la sequía azotaba a Loja, muchos migraron hacia esta provincia. Vinieron con la firme decisión de hacer patria, de habitar estas tierras que también eran codiciadas por intereses extranjeros. Aquí alzaron la bandera del Ecuador, hombro a hombro con los pueblos originarios, como el shuar, defendiendo con valor un territorio que otros intentaban arrebatar. Hoy, medio siglo después, la amenaza no viene del vecino país, sino de los tentáculos de poder económico –nacional e internacional– que han descubierto en Zamora no solo un suelo fértil, sino un botín dorado que se pretende arrancar sin importar el costo social o ambiental.

La minería, legal o no, ha sido durante décadas el motor económico de esta provincia. Miles de familias han vivido de ella, han puesto pan en sus mesas, han pagado estudios y han generado empleo donde el Estado ha estado ausente. Y sin embargo, son precisamente esos pequeños mineros los que hoy son estigmatizados, perseguidos y silenciados. El discurso de la defensa del medio ambiente se ha vuelto el nuevo dogma de los poderosos para legitimar el despojo y marginar a los verdaderos actores del territorio.

La criminalización de la pequeña minería, en contraste con la permisividad hacia las transnacionales, es una paradoja que hiere. Se persigue al campesino que extrae oro con sus propias manos, mientras se abren las puertas a quienes vienen con maquinaria pesada, contratos blindados y respaldo político. Se ignora que el problema no es la minería, sino la falta de regulación justa, de acompañamiento técnico, de créditos, de capacitación, de visión de Estado.

Hoy no hay dinero en las calles de Zamora. La paralización minera no solo afecta a los mineros, sino a los comerciantes, transportistas, productores, emprendedores. Se detuvo el flujo económico y con él, el aliento de una provincia que ha aprendido a sostenerse casi sola. La pobreza golpea con fuerza, mientras las autoridades locales miran de lejos, sin proponer soluciones ni liderar un verdadero diálogo.

No se puede andar sobre oro y vivir en la miseria. No se puede exigir cuidado ambiental sin ofrecer alternativas reales. Y no se puede llamar ilegal a quien ha trabajado la tierra por generaciones, mientras se legaliza, con leyes a la medida, a los grandes capitales.

La solución no está en la represión, ni en el silencio cómplice. Está en la regularización, en el acompañamiento, en la justicia social y en el respeto por quienes han sostenido esta provincia sin ayuda estatal. Está en mirar con seriedad a la pequeña minería y reconocer su aporte al tejido económico local. Está en sembrar paz, diálogo, desarrollo y dignidad.

Zamora Chinchipe no es solo un mapa minero. Es un territorio de historia, de lucha, de cultura y de gente que merece vivir con derechos, no con dádivas. El Estado tiene una deuda histórica con esta provincia, y es momento de saldarla con políticas públicas reales, no con persecuciones disfrazadas de legalidad.

Los mineros no son delincuentes. Son emprendedores, padres y madres de familia, ciudadanos que exigen ser reconocidos. Y su grito, aunque intenten callarlo, retumba en las montañas que alguna vez defendieron héroes anónimos. Porque esta tierra, rica en recursos, no puede seguir empobrecida por decisiones centralistas ni por intereses ocultos.

Legalizar la pequeña minería, apoyar al productor, invertir en infraestructura social, y erradicar la corrupción que se esconde en las instituciones del Estado no es una opción: es una urgencia ética. De lo contrario, nos estaremos auto eliminando como sociedad y como país.

Es tiempo de unidad. Es tiempo de verdad. Es tiempo de justicia.

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“Nuestra provincia merece respeto: Cléver Jiménez suma respaldos y defiende el trabajo en Zamora Chinchipe…”

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YANTZAZA.- La candidatura de Cléver Jiménez continúa sumando el apoyo de nuevas fuerzas políticas comprometidas con el desarrollo de la provincia.

En esta ocasión, la organización política Avanza oficializó su respaldo a la candidatura de Cléver Jiménez para la Prefectura de Zamora Chinchipe, sumándose así al respaldo de Pachakutik, establecido días atrás. El apoyo se determinó en una asamblea a la que asistieron simpatizantes de esta organización política, este sábado 23 de mayo en el Valle de las Luciérnagas.

El encuentro inició con un diálogo, donde Jorge Navarrete, Director Provincial de Avanza señaló:

«Es importante escuchar y conocer el pensamiento de nuestras principales autoridades, tanto a nivel provincial como cantonal. Estimado Cléver, queremos escuchar su perspectiva a nivel provincial».

Esta alianza busca construir una propuesta de trabajo conjunta y participativa que responda directamente a las necesidades de la ciudadanía en Zamora Chinchipe.

Tras la invitación de la agrupación política Avanza, para sumarse y formar parte de la alianza provincial, Cléver Jiménez expresó: Esta es unión que no es en torno a una figura o candidato en particular, sino en torno a una propuesta para el desarrollo y transformación de Zamora Chinchipe. Estamos enfocados en un plan de trabajo que realmente responde a las necesidades urgentes de los zamoranos chinchipenses. Hoy por hoy aún tenemos minerales, pero la pregunta que debemos hacernos todos es: ¿qué vamos a hacer cuando se acaben esos minerales? ¿Qué estamos haciendo como autoridades y como provincia después de la minería? Tenemos que intervenir con un plan serio pensando en la posminería, pensando en dar un valor agregado a nuestra materia prima; es decir, industrializar nuestra producción básica para generar fuentes de trabajo y los mercados correspondientes. ¿Hay que seguir construyendo puentes? Claro, ya lo hemos demostrado. ¿Hay que seguir aperturando y asfaltando vías? Por supuesto, ya lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo, gestionando los recursos económicos necesarios”.

El proyecto prioriza la defensa de los derechos laborales y ciudadanos en el territorio. Sobre este punto, Jiménez puntualizó la responsabilidad de la gestión:

«La Constitución de la República y las leyes dan un mandato a las autoridades y hay que cumplirlo; pero hay algo que debemos hacer las autoridades que no se encuentra escrito en la ley: defender los derechos de los habitantes de la provincia de Zamora Chinchipe. Debemos evitar que se busque y persiga como delincuentes a aquellos que están buscando una fuente de trabajo, Hay que coordinar con el gobierno central en el sentido de que esta provincia se merece respeto».

Por su parte, Darwin Vinces, Coordinador cantonal de la agrupación política sustentó el respaldo a la candidatura en la experiencia previa de gestión en la provincia:

«Incluso con una pandemia, tuvieron gestión en territorio y es mucho lo que hicieron; es por eso que este pueblo se encuentra hoy aquí presente. Estoy seguro de que se vendrá una campaña de boca a boca donde hablaremos sobre este proyecto para la provincia y su capacidad de gestión. Estamos seguros de que el respaldo será multitudinario».

Finalmente, se informó que en los próximos días se integrarán nuevas organizaciones políticas y sectores sociales a este frente provincial.

“La unidad de las organizaciones y el respaldo ciudadano serán el motor que impulse el cambio que Zamora Chinchipe necesita.”

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Salvador: entre alianzas, rupturas y el retorno político

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Desde la creación de Pachakutik en 1995, el movimiento nació como una fuerza política impulsada por las luchas indígenas y sociales. En Zamora Chinchipe, uno de sus principales líderes fue Salvador Quishpe, quien pasó de dirigente social a diputado, prefecto provincial durante una década y luego asambleísta nacional.

En los primeros años de crecimiento político también apareció Polibio Orellana, considerado un aliado dentro de los procesos y acuerdos que fortalecieron las estructuras políticas provinciales en distintos momentos de Pachakutik, él ocupa también  el cargo de diputado elegido y aliado de Salvador para luego separarse del movimiento.

Más adelante surgió Cléver Jiménez, quien fue asambleísta y posteriormente prefecto. Durante años mantuvo cercanía política con Salvador y ambos caminaron bajo una misma bandera partidaria.

Luego apareció Karla Reátegui, quien fue vice prefecta y más tarde alcanzó la Prefectura, abriendo una nueva etapa dentro del escenario provincial.

Con el paso del tiempo comenzaron las diferencias internas. Salvador y Cléver se distanciaron por desacuerdos sobre candidaturas, liderazgo y dirección política, provocando una visible separación entre antiguos compañeros.

Posteriormente también surgieron diferencias entre Salvador y Karla. Lo que inició como una relación política cercana fue perdiendo fuerza y cada sector tomó rutas distintas.

Hoy el tablero vuelve a moverse: Salvador y Cléver reaparecen juntos, dejando atrás antiguas disputas y proyectando un nuevo escenario político que muchos interpretan como una estrategia para reorganizar fuerzas y volver a disputar espacios de poder.

Y al final queda una reflexión que circula entre voces ciudadanas: un Salvador un hombre que convirtió la política en una extensa trayectoria, mientras algunos consideran que, en ese recorrido, fue perdiendo la conexión con una parte de su pueblo zamorano y ahora acoge loa y los resentidos políticos supuestamente  recobrar su popularidad; pero ya nada ni nadie les cree.

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OPINIÓN | La riqueza que empobrece: Ecuador en el engranaje global

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Por: Lic. Alonzo Cueva Rojas

Analista Político

Ecuador vive atrapado en una paradoja histórica: la riqueza de su suelo es la causa directa de la pobreza de su gente. Desde el saqueo colonial del oro en Zaruma hasta la actual explotación minera en Zamora Chinchipe, la lógica extractivista se mantiene intacta: extraer rápido, exportar en bruto y dejar el territorio vacío.

El país repite, siglo tras siglo, el mismo error estructural bajo el espejismo de una abundancia que solo beneficia a unos pocos.

El ciclo repetitivo de las materias primas

La historia económica ecuatoriana es un viaje con más náufragos que navegantes. La dependencia cíclica de un solo producto de exportación demuestra que la riqueza no se industrializa, se fuga:

Cacao (1880-1920): Enriqueció a la oligarquía costeña y financió el ferrocarril, pero la llegada de la moniliasis y la caída de precios hundieron al país en la crisis.

Banano (1950-1970): Nos convirtió en el primer exportador mundial e introdujo a grandes transnacionales, pero consolidó salarios bajos y desplazó al pequeño productor.

Petróleo (1972-actualidad): La Amazonía se transformó en el nuevo enclave. Financió la infraestructura y el Estado moderno, pero heredó deuda, contaminación en Sucumbíos y Orellana, y una alarmante vulnerabilidad externa.

 El control asimétrico: De España a Washington

Tras la independencia de 1822, la dependencia económica solo cambió de dueño. Gran Bretaña tomó el control del comercio y el crédito en el siglo XIX. En el siglo XX, Estados Unidos y los organismos multilaterales (FMI y Banco Mundial) asumieron el relevo. La deuda externa se consolidó como el mecanismo de control perfecto, resolviendo cada crisis con ajustes estructurales que recortaron el gasto social.

Hoy, bajo las promesas del libre comercio, las grandes transnacionales acaparan las ganancias. Ecuador apenas recibe impuestos mínimos y asume los pasivos ambientales. Producimos materia prima barata y compramos productos terminados caros. La riqueza se esfuma en remesas y pago de deuda, mientras las comunidades locales asumen el costo real.

Zamora Chinchipe y el nuevo Potosí

Hoy, la Cordillera del Cóndor vive una versión modernizada del despojo colonial, impulsada por maquinaria pesada y capitales chinos y canadienses. Proyectos como Fruta del Norte y Mirador repiten el patrón: exportamos roca molida y concentrado con nulo valor agregado. Las ganancias viajan a Toronto o Shanghái; en el sur ecuatoriano se quedan las regalías mínimas y el empleo temporal.

El corredor Sangay-Podocarpus, una de las zonas más biodiversas del planeta y la «fábrica de agua» de la Amazonía sur, ya sufre los impactos de la minería a gran escala en sus cabeceras de cuenca:

Contaminación: Presencia de metales pesados en el agua que afecta a comunidades Shuar, Saraguro y campesinas río abajo.

Destrucción: Fragmentación del bosque y ruptura del corredor biológico del oso de anteojos, el tapir y el jaguar.

División: El ingreso de dinero rápido rompe acuerdos locales y genera dependencia corporativa.

Ecuador compite fijando regalías más bajas que Perú o Chile, asume los costos de infraestructura y arriesga demandas millonarias en tribunales arbitrales internacionales ante cualquier conflicto.

Una salida verde frente a la encrucijada

A diferencia de la crisis petrolera de 1970, hoy existe una respuesta local estructurada en el territorio. Los Territorios de Producción Limpia (TPL) en Chinchipe y Palanda demuestran que hay otra vía. En lugar de perforar el suelo, estas comunidades conservan el bosque y producen café, cacao y ganadería sostenible de exportación. El valor se queda en la finca y los mercados europeos pagan un precio diferenciado por la conservación.

Zamora Chinchipe enfrenta una encrucijada estructural: perpetuar una economía de enclave que exporta metal en bruto y destrucción, o aprovechar su biodiversidad y su gente para exportar café, agua limpia y conocimiento agroforestal.

En resumen, el Ecuador mantiene un modelo extractivista colonial que perpetúa la pobreza al exportar materias primas en bruto, enriqueciendo a élites y transnacionales mientras genera deuda y pasivos ambientales. La minería a gran escala en Zamora Chinchipe ejemplifica este ciclo destructivo, el cual puede contrarrestarse mediante el modelo de Territorios de Producción Limpia (TPL) enfocado en la sostenibilidad local. El futuro del país depende entonces de romper, de una vez por todas, este engranaje global que nos empobrece.

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