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«La tragedia en Panguintza no fue por lluvias, fue por minería irresponsable»: Mónica Álvarez.

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La presidenta del Gobierno Autónomo Descentralizado Parroquial de Panguintza, Mónica Álvarez, expuso con firmeza la crítica situación que atraviesa su jurisdicción como resultado de las intensas lluvias y, de manera más alarmante, por las actividades mineras desarrolladas sin control técnico ni legal en el territorio.

Durante su exposición, Álvarez expresó su profunda preocupación ante los múltiples impactos ambientales y sociales que se han agudizado en las últimas semanas, subrayando que, si bien las precipitaciones han sido intensas, los daños ocasionados se deben, en mayor medida, a la actividad minera irresponsable que se desarrolla en zonas no permitidas. “Lo que pasó en nuestra parroquia no fue un desastre natural producto exclusivo del invierno. Si fuera solo por lluvias, sectores como Playa Rica en Yantzaza, ya se hubieran inundado. Pero eso no ocurrió. En Panguintza el problema tiene nombre: minería sin control”, afirmó.

Minería en zonas urbanas: una violación a la normativa vigente

La presidenta denunció públicamente que en su parroquia se ha permitido la ejecución de actividades mineras en zonas urbanas, lo cual constituye una infracción directa a la legislación ecuatoriana. “La normativa es clara: no se puede hacer minería en zonas urbanas. Sin embargo, las autoridades competentes han hecho caso omiso”, enfatizó. Añadió que no existen los permisos adecuados para estas actividades y que tampoco se ha sancionado a los propietarios de los terrenos involucrados. “Con una sola multa ejemplar, esta situación se hubiera detenido a tiempo”, lamentó.

Emergencia atendida sin competencias directas

A pesar de no contar con las competencias para gestionar riesgos ni emergencias, el GAD Parroquial ha estado presente desde el primer momento en las zonas afectadas. “Estuvimos desde temprano asistiendo a las familias en el CRAI Belén, donde el río ingresó a las viviendas. Más tarde llegó el alcalde, pero solo para tomarse la foto”, señaló con indignación.

También criticó la pasividad de ciertos actores vinculados con la actividad minera. “Mientras nosotros evacuábamos a personas y rescatábamos animales, los mineros se dedicaban a proteger sus zonas de explotación, sin mostrar la más mínima empatía por la comunidad”.

Pérdidas humanas y materiales: un daño irreparable

Álvarez relató con pesar cómo muchas familias han perdido sus bienes y ahora se encuentran en condiciones de vulnerabilidad. Mencionó específicamente el caso de Rubén Ordóñez, un emprendedor local que perdió toda su maquinaria, adquirida mediante un crédito. “Todo se perdió, y eso no se recupera con promesas”, expresó con contundencia.

La presidenta también cuestionó la ineficacia de las entidades estatales encargadas de regular y controlar estas actividades. Indicó que, a pesar de haber acudido en varias ocasiones a San Miguel de la Hueca junto con ARCOM, el Ministerio del Ambiente y la Gobernación, las promesas de remediación nunca se concretaron. “Dijeron que retirarían un codo que desvie el cauce del río, pero no hicieron nada. Todo se queda en palabras”, sostuvo.

Reacciones institucionales desiguales y ausencia del COE Cantonal

Álvarez manifestó su indignación ante el trato desigual recibido por parte del Gobierno cantonal. A diferencia de lo ocurrido en Yantzaza, donde la alcaldesa encabezó acciones inmediatas, en Panguintza no hubo ni siquiera una invitación a la sesión del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) cantonal. “Nosotros, los directamente afectados, quedamos fuera. Eso es terrible. El alcalde actúa como si Panguintza no existiera”, denunció.

Además, rechazó la versión oficial que atribuye la caída de la planta de tratamiento de aguas residuales únicamente a las lluvias, cuando existen evidencias claras de intervención minera en la zona. “Llevo 51 años viviendo aquí y sé cuándo es un fenómeno natural y cuándo no”, afirmó.

Intromisión política y amenazas a la cooperación

Álvarez también reveló presiones políticas sobre organizaciones no gubernamentales que han trabajado en la zona. Mencionó que, tras agradecer públicamente a la Fundación Humana Pueblo a Pueblo y a Vida y Salud por su colaboración, una funcionaria de una ONG fue obligada a pedirnos que se retiremos una publicación que se realizó desde el GADP de Panguintza, aduciendo que si no lo hace, llamaría a la ONG y pediría el despido y que no le den trabajo, ante ello, y “por solidaridad con ella, accedimos a retirarla. Pero esto demuestra cómo se obstaculiza la cooperación cuando no se alinea con ciertos intereses políticos”, explicó.

Comunidades organizadas y medidas inminentes

Ante la falta de respuestas, la comunidad ha empezado a organizarse para exigir soluciones reales. La noche anterior a la entrevista, (ayer martes 13 de mayo) se firmó una carta compromiso con el intendente de Policía de Zamora y el comandante del distrito Centinela del Cóndor, en la que se acordó realizar una reunión técnica de alto nivel en la cancha cubierta de la parroquia con la participación de la Gobernación, el MIES, ARCOM y el Ministerio del Ambiente. La dirigencia parroquial advirtió que, de no cumplirse este acuerdo, se tomarán otras medidas de presión ciudadana.

Un llamado a la conciencia colectiva y a la responsabilidad institucional

La presidenta Mónica Álvarez finalizó su intervención con un mensaje enfático y reflexivo: “La minería genera trabajo, sí, pero ¿a cambio de qué? Hoy hay comida, pero mañana puede que haya hambre. ¿Y si el puente que costó millones se cae, quién ayuda a recuperar? ¿Quién devuelve las casas, los animales, los emprendimientos arruinados?”. Enfatizó que el GAD Parroquial de Panguintza está comprometido con el bienestar de su gente, aun cuando esto implique recibir críticas de quienes se benefician de la minería ilegal.

“Nos debemos a la comunidad, no a intereses particulares. Hay que velar por el interés de la mayoría, por la vida, por el futuro de nuestras familias”, concluyó.

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Crónica de dos días de búsqueda, esperanza y dolor en las aguas del río Zamora

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EL RÍO QUE GUARDA EL SILENCIO

Por Diario El Amazónico | Reportaje Especial

Hay tragedias que irrumpen con estruendos capaces de estremecer ciudades enteras. Otras, en cambio, llegan envueltas en un silencio tan profundo que nadie alcanza a comprender que la vida acaba de cambiar para siempre.

La madrugada del sábado fue una de esas.

Mientras el reloj avanzaba sobre las primeras horas del día, la Troncal Amazónica permanecía casi vacía. La neblina descendía lentamente sobre las montañas de Zamora Chinchipe y el viento apenas rozaba la vegetación que bordea la carretera entre los sectores de Namírez y Mejeche. Eran las 00:10 minutos.

O al menos eso parecía.

Una cámara de seguridad de una vivienda registró lo que hoy constituye una pequeña pista del vehículo que se dirigía hacia Zamora.

En la grabación únicamente se observa el destello de sus luces atravesando la oscuridad. El automotor circula aparentemente con normalidad. No existen maniobras bruscas. No se aprecia un exceso de velocidad. Nada hace presagiar una tragedia.

Entonces ocurre algo casi imperceptible.

Un sonido que rompió el silencio.

En el vídeo, se escucha un estruendo fuerte. Es un ruido que advierte una tragedia.

Es ahí, un trabajador sale de la vivienda, se dirige al lugar y evidencia del accidente, el es Manuel Calle, en ese momento se quedó frío sin saber que hacer, justo pasa una persona en moto y pide auxilio, y es él quien avisa sobre el accidente.

Nadie imagina que, en ese preciso instante un vehículo acaba de abandonar la carretera para precipitarse por una pendiente de aproximadamente 150 metros hasta el río Zamora.

Un perro comienza a ladrar con insistencia.

Como si hubiese visto lo que ningún ser humano alcanzó a observar.

«Hay silencios que anuncian tragedias. Hay ladridos que terminan convirtiéndose en el único testimonio de una noche que jamás volverá a repetirse.»

 

La primera evidencia

Con los minutos de desesperación apareció la primera certeza.

En el borde de la vía fue localizada la placa del vehículo.

Aquella pequeña lámina metálica se convirtió en la primera prueba física de que algo grave había ocurrido durante la madrugada.

Desde ese momento comenzó una carrera contra el tiempo.

Bomberos, rescatistas, policías y ciudadanos descendieron hasta las orillas del río Zamora convencidos de que cada minuto podía marcar la diferencia.

Pero la naturaleza tenía otros planes.

El río no solamente es profundo.

Es un río impredecible.

Su corriente golpea con fuerza contra las enormes rocas, forma remolinos y arrastra sedimentos que reducen completamente la visibilidad bajo el agua. En el sitio donde se presumía estaba el vehículo, la profundidad alcanzaba entre siete y nueve metros.

El escenario reunía prácticamente todas las condiciones de una operación de rescate de alta complejidad.

Cada descenso implicaba un riesgo.

Cada decisión debía tomarse con precisión.

Porque en un río como el Zamora, un error puede convertir a un rescatista en otra víctima.

 

La otra batalla

Mientras los equipos de emergencia analizaban estrategias, en la superficie comenzaba otra lucha mucho más silenciosa.

La de dos familias.

Esperar también agota.

No saber consume lentamente la esperanza.

Cada mirada hacia el río parecía una pregunta sin respuesta.

Cada minuto prolongaba la angustia.

Cada llamada telefónica alimentaba la ilusión de recibir finalmente una buena noticia.

«El agua seguía su camino.

Las horas también.

Pero para dos familias el tiempo había dejado de avanzar aquella madrugada.»

Durante toda la jornada del sábado decenas de ciudadanos llegaron hasta el lugar.

Muchos ofrecieron ayuda.

Otros llevaron alimentos y agua para los rescatistas.

Algunos simplemente permanecieron observando el río en silencio, comprendiendo que existen momentos en los que la solidaridad también consiste en acompañar.

 

Cuando un pueblo decide no rendirse

La complejidad del rescate hizo que familiares y amigos solicitaran el apoyo de buzos especializados provenientes de otras provincias.

Las condiciones del río exigían experiencia, equipos adecuados y procedimientos técnicos que minimizaran el riesgo para quienes descendían al agua.

La solidaridad volvió a aparecer.

Marcelo Tapia, representante de la empresa Boga, Marlon Cruz, conocido empresario, pusieron a disposición maquinaria de mayor capacidad para apoyar las labores.

Ese gesto fue recibido con gratitud por ciudadanos y familiares, conscientes de que toda ayuda representaba una nueva posibilidad de encontrar el vehículo.

El domingo amaneció distinto.

El cielo permanecía despejado.

El clima ofrecía una pequeña tregua.

Era una oportunidad que no podía desperdiciarse.

 

La tarde que parecía terminar sin respuestas

Con el paso de las horas la desesperación comenzó nuevamente a ganar terreno.

El domingo avanzaba y el río continuaba guardando su secreto.

La incertidumbre volvía a instalarse entre quienes permanecían observando desde la orilla.

Fue entonces cuando una familiar se acercó a uno de los responsables del operativo y preguntó si las labores concluirían por ese día.

La respuesta fue inmediata.

—No. Vamos a seguir trabajando. Tenemos que darle hasta las últimas horas de la tarde.

Aquellas palabras devolvieron la esperanza.

Poco después, una intensa lluvia volvió a caer sobre el lugar.

Pero nadie abandonó el operativo.

Mientras el agua descendía desde las montañas, los equipos continuaban realizando barridos sobre el río utilizando embarcaciones y un ancla especialmente adaptada para intentar localizar el vehículo.

Intento tras intento.

Una y otra vez.

Por momentos parecía que el ancla encontraba algún obstáculo.

Luego volvía a soltarse.

La expectativa crecía.

La incertidumbre regresaba.

Hasta que finalmente ocurrió.

El ancla quedó firmemente enganchada.

Nadie quiso celebrar demasiado pronto.

Era necesario confirmar que realmente se trataba del vehículo.

Entonces uno de los buzos, asegurado mediante técnicas de rescate y sujeto a una línea de seguridad, descendió lentamente siguiendo la cuerda.

El río intentó arrastrarlo.

La corriente golpeaba con fuerza.

La visibilidad era prácticamente nula.

Pero, después de algunos minutos bajo el agua, llegó la confirmación.

Era el vehículo.

El buzo aseguró una segunda cuerda para reforzar el amarre y permitir la extracción sin que el cable cediera por el peso o la fuerza de la corriente.

A las 18:45, aproximadamente, comenzó una de las maniobras más delicadas de todo el operativo.

Dos máquinas trabajaron de manera sincronizada.

Rescatistas coordinaban cada movimiento.

Cada metro que ascendía el vehículo parecía detener el tiempo.

Hasta que finalmente emergió del río.

El silencio volvió a imponerse.

Junto al automotor fue recuperado el cuerpo de una de las víctimas.

Se trataba de Jhon Collaguazo.

Durante algunos instantes muchos pensaron que las dos personas serían encontradas en el interior.

Pero la esperanza volvió a transformarse en incertidumbre.

Solo estaba uno.

La otra persona sigue desaparecida.

Los abrazos dieron paso nuevamente al llanto.

Las lágrimas regresaron a las familias.

Los amigos guardaron silencio.

Nadie encontraba palabras suficientes para aliviar un dolor que aún permanecía incompleto.

 

La búsqueda continúa

La noche cayó sobre el río Zamora.

El operativo fue suspendido únicamente por razones de seguridad.

La decisión fue clara.

Al amanecer, la búsqueda continuará.

Horas más tarde, la esposa de la persona que aún permanece desaparecida utilizó sus redes sociales para hacer un llamado desesperado.

Pidió a la ciudadanía colaborar observando las orillas del río.

Solicitó ayuda.

Agradeció cada gesto de solidaridad recibido durante esos dos días.

Su mensaje resumía el sentimiento de toda una familia que aún espera volver a encontrar a uno de los suyos.

 

Una lección para las instituciones

Más allá del dolor, esta tragedia deja una reflexión que trasciende el hecho noticioso.

Los rescates en ríos  requieren equipamiento especializado, tecnología, embarcaciones adecuadas, sistemas de anclaje, dispositivos de localización subacuática y capacitación permanente.

La valentía de los bomberos y rescatistas quedó demostrada una vez más.

Sin embargo, el compromiso humano no puede seguir reemplazando a la inversión institucional.

Garantizar mejores herramientas no solo incrementa las posibilidades de salvar vidas, sino que también protege a quienes diariamente enfrentan escenarios donde cada decisión puede significar la diferencia entre regresar a casa o convertirse en otra víctima.

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Dos personas permanecen desaparecidas tras accidente de tránsito en Cumbaratza

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La madrugada de este sábado 1 de agosto, aproximadamente a las 00:10, se ha registrado un aparatoso accidente de tránsito en el sector Mejeche, perteneciente a la parroquia Cumbaratza, en la Troncal Amazónica.

De acuerdo con la información preliminar, el vehículo se habría precipitado aproximadamente 120 metros por una pendiente hasta caer en las aguas del río Zamora. En el lugar únicamente se han encontrado restos del automotor, lo que evidencia la magnitud del siniestro.

Hasta el momento, dos personas permanecen desaparecidas. Equipos del Cuerpo de Bomberos de Zamora y Yantzaza mantienen intensas labores de búsqueda y rescate en la zona con la esperanza de localizar a los ocupantes.

Se espera que en las próximas horas se emita información oficial sobre el avance de las operaciones de búsqueda.

Diario El Amazónico continuará informando conforme se conozcan nuevos detalles de este lamentable hecho.

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El chantaje y la proscripción: el libreto para ahogar la democracia

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Por: Alonzo Cueva Rojas

Las declaraciones del ministro del Interior son una alerta grave. Exigir que alcaldes y prefectos se alineen con el pensamiento oficial es una postura antidemocrática y una muestra de totalitarismo. Una responsabilidad elemental es coordinar acciones por el progreso del país, pero otra actitud muy distinta es intentar anular la diversidad de opinión y la libertad política.

El gobierno central y las autoridades locales (GAD) tienen la obligación de unirse para dar respuestas reales a la población. Esta cooperación técnica e institucional debe enfocarse en áreas urgentes, sin importar banderas partidistas, como: Coordinar planes firmes para devolver la tranquilidad a los territorios, garantizar escuelas dignas, atención médica y medicinas, proteger a los sectores vulnerables y erradicar la pobreza, entre otros.

Ecuador es un país diverso, intercultural y plurinacional, marcado por diferencias geográficas, culturales y generacionales. Cualquier gobernante debe estar listo para ejercer su función dentro de esa diversidad. Querer imponer un pensamiento único es una aberración política que jamás dará resultados positivos. La alienación no es la solución; el camino seguirá siendo el ejercicio democrático del poder.

Detrás del discurso de la alineación opera un crudo condicionamiento. Es un secreto a voces que a los alcaldes y prefectos con altas opciones de reelección se les presiona con una consigna clara: o se postulan con el partido de gobierno, o les congelan los fondos y les arman problemas legales usando de forma selectiva a la justicia.

A esto se suma la proscripción de líderes sociales y la eliminación de organizaciones políticas de oposición. Al dejar a los líderes legítimos sin casillero electoral, el régimen les cierra el camino. Ante este atropello, muchas autoridades terminan claudicando, disimulando su sumisión por temor a perder su libertad o poner en riesgo a sus familias.

Gobernar mediante el miedo y anular a los rivales destruye la libertad de todo el pueblo ecuatoriano.

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