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Testimonio: «Tuve cuatro tarjetas de crédito y llegué a deber USD 21.100»

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Lorena (nombre protegido) llegó a tener cuatro tarjetas de crédito que se convirtieron en una verdadera «bola de nieve» de la que aún no logra salir.

Llegó a endeudarse tanto al punto de que aceptaba la emisión de un plástico para poder sacar avances y pagar las deudas de las otras tarjetas. No quiere que nadie viva lo que ella pasó y, por eso, accede a contar su historia.

Lorena accedió a su primera tarjeta de crédito cuanto tuvo 20 años, pero nunca la usó, pero la tenía «por si acaso en algún momento la llegara a necesitar».

Pero muchos años después, en 2018, ella entró a trabajar y como parte de los beneficios de su empresa le entregaron dos tarjetas de crédito.

Empezó a usar esas dos tarjetas de crédito regularmente. En ese entonces, Lorena trabajaba en un área donde podía hacer horas extras y nocturnas, por lo que dice que sus ingresos le alcanzaban para cubrir el pago de las cuotas de las tarjetas.

La pandemia golpeó sus finanzas familiares
Pero, con la pandemia, su entonces esposo se quedó sin trabajo y de repente Lorena tuvo que hacerse cargo de todos los gastos de la casa y de su hija.

Como su esposo tenía deudas, Lorena terminó asumiendo esos pagos, incluso usó sus utilidades para cubrir la deuda. En 2022, Lorena finalmente se separó de su esposo.

Lorena dice que desde entonces tuvo que afrontar casi todos los gastos del hogar. «A veces, el papá de mi hija me daba dinero, a veces no». Pese a eso, hasta ese momento, todavía podía asumir, aunque con las justas, los pagos.

Gastos no previstos complican su situación financiera
Pero su situación financiera se complicó por algunos gastos que no tenía previstos. Por ejemplo, tuvo que hospitalizar varias veces a su hija por problemas de salud y «yo mismo me comencé a enfermar mucho, me imagino por el estrés».

Y, en esos mismos meses, decidió estudiar una maestría, pues cada día sentía más presión en el trabajo para que actualice sus conocimientos. «Pensé que era importante hacer la maestría para mantener mi empleo».

Un segundo golpe a sus finanzas llegó en 2023. «Me movieron a otra área en mi trabajo, donde no podía hacer horas extras. Ya no tenía los mismos ingresos de antes».

Entonces le llamaron de otro banco para ofrecerle una tarjeta, que ella aceptó para hacer frente a alguna emergencia.

Avances tras avances
«Pero terminé haciendo avances para pagar las otras tarjetas. Yo pienso que ahí se descontroló todo. Hice avances con la nueva tarjeta e incluso con la primera tarjeta que no había usado hasta ese momento».

En enero de 2024, ya no tenía cupo en ninguna tarjeta ni ingresos suficientes para pagar. «Todo se había convertido en una bola de nieve. Ya no podía más».

«Todo se convirtió en una bola de nieve. Hacía avance, tras avance para cubrir las otras tarjetas hasta que ya no tenía cupo».

Una de las instituciones financieras que le emitió esa tarjeta ya le advirtió con iniciar procesos legales para el cobro de la deuda. Entonces, Lorena pidió prestado dinero a su papá para pagar y cerrar una tarjeta a la que debía USD 7.100.

Otro banco unificó las deudas de dos tarjetas, dando un salto de USD 8.000. Una parte pagó con las utilidades para poder refinanciar la deuda, que finalmente quedó en USD 6.000 a un plazo de 60 meses (cinco años).

Y en la cuarta tarjeta tiene una deuda acumulada de unos USD 6.000 en cada una.

Para pagar esas obligaciones, Lorena puso a la venta su auto. «Mi carro lo compré en USD 21.000, pero solo me dan USD 14.000», dice con pesar.

Una experiencia que no repetirá
Tras esta experiencia, Lorena dice que cerrará sus tarjetas y solo se quedará con una, que usará solo si su hija se enferma y debe llevarla al hospital.

Cree que el problema de fondo es que las personas no reciben educación financiera, y, por eso, ahora trata de inculcarle esto a su hija desde pequeña. «Ahora siempre le explico nuestra situación financiera, le digo en qué podemos gastar y en qué no, qué es lo que le puedo dar y qué no», dice Lorena.

«Una persona con tantas deudas se acaba emocionalmente». Lorena, una cliente sobre endeudada. «Como madre soltera me guardo todo lo que siento, porque tengo una hija y no puedo mostrarme débil, pero uno se enferma física y emocionalmente», añade.

La experta en finanzas personales, Bertha Romero, dice que las tarjetas de crédito son una buena herramienta para hacer pagos de forma flexible y segura, y tener una línea de crédito.

Sin embargo, si se da un mal uso puede ser un arma de doble fijo que lleva al endeudamiento. Lo primero que debe hacer una persona es poner en blanco y negro sus ingresos y gastos del mes y ver si tiene espacio para usar su tarjeta o no, y si no lo tiene, no endeudarse.

¿Cómo saberlo? Una persona puede comprometer al pago de deudas hasta el 40% de sus ingresos. Es decir, si gana USD 1.000 no debería endeudarse o pagar una cuota superior a USD 400 al mes.

Otra señal de alerta es cuando una persona ya solo puede pagar el mínimo. Eso quiere decir que sus finanzas están deterioradas y pronto las deudas se convertirán en una bola de nieve, explica Romero.

Finalmente, antes de aceptar una tarjeta de crédito, es mirar el cupo de la tarjeta y preguntarse para qué se necesita una línea de crédito tan alto.

Tener tres o cuatro tarjetas puede hacer complicado el manejo, porque cada tarjeta tiene su corte de pago.

En Ecuador existían 1,9 millones de tarjetahabientes hasta junio de 2023, según el estudio ABC de las tarjetas de crédito publicado por la Asociación de Bancos Privados de Ecuador y el buró de crédito Aval. Fuente: Primicias

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‘Yo no quería irme, tenía mi vida en Ecuador’: las extorsiones generan que ecuatorianos huyan a los Estados Unidos

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NUEVA YORK. En Machala, Ana había empezado a construir algo que para ella significaba mucho más que un trabajo. Tenía poco más de veinte años, dos hijos pequeños y un puesto en una tienda de electrodomésticos donde había aprendido a detalle sobre televisores, refrigeradoras, o cualquier otro aparato. Primero fue secretaria, luego pasó a atender clientes en el almacén y finalmente pidió una oportunidad en ventas. Nadie esperaba demasiado de una vendedora sin experiencia, pero las cifras comenzaron a hablar por ella. Vendía más que muchos de sus compañeros y, al cabo de dos años, ya supervisaba a un pequeño equipo. En su vida empezaban a aparecer señales de estabilidad que antes no había conocido.

Sus ojos se llenan de emoción cuando habla de esa época. “Yo no vendía electrodomésticos”, dice. “Vendía la ilusión de lo que la gente podía hacer con ellos. Persona que entraba por esa puerta, persona que salía con deuda”, admite sonriendo. A los clientes les hablaba del partido del Mundial que podrían ver en una pantalla nueva o de la novela que seguirían cada noche. Después desarmaba el precio en cuotas pequeñas hasta que la compra parecía alcanzable. El sueldo base era modesto, pero las comisiones cambiaban el ritmo de la vida. Los viernes a veces pedían pizza con sus hijos. De vez en cuando podían ir al cine. En el supermercado ya no tenía que mirar cada centavo. Incluso pensaba comprar un carro. También ayudaba a sus padres cuando podía.

‘Podemos pasar por tus hijos’
Un día, las primeras señales de peligro llegaron como comentarios sueltos dentro del almacén. Un compañero dejó de ir a trabajar. Luego otro. Algunos decían que habían recibido llamadas de extorsión. Otros simplemente desaparecían del turno y nadie volvía a saber de ellos. Un integrante de su equipo le sugirió que tuviera cuidado. Ana siguió trabajando. En ese momento todavía creía que esas historias les ocurrían a otros.

Hasta que empezaron las llamadas. Al principio eran números desconocidos. Luego llegaron mensajes de texto con insultos y amenazas. Uno de ellos mencionaba el lugar donde trabajaba. Otro describía la ropa que llevaba ese día. Los mensajes parecían escritos por alguien que la estaba mirando. Durante un tiempo decidió ignorarlos. No respondió, no cambió su rutina. Intentó convencerse de que todo pasaría si no les prestaba atención.

El día en que el miedo se volvió real, fue cuando recibió una imagen en su teléfono. Era una foto tomada a la salida de la escuela. Sus hijos aparecían en la puerta. El mensaje decía que no tenía que preocuparse por recogerlos. “Nosotros podemos pasar por ellos”. Ana dejó el almacén sin avisar y corrió hasta la escuela. Los encontró allí, sanos y salvos. Pero la advertencia había cruzado una línea imposible de ignorar. “Ese día entendí que esto no era un juego”, recuerda. “Sentí que tenía que escoger entre mi sueño allá o nuestras vidas”.

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Huir y dejar su proyecto en Ecuador
Hasta ese momento no había imaginado salir del país. Su plan estaba en Machala. Quería seguir creciendo en la empresa, ahorrar, estudiar administración en la universidad. La decisión de irse significaba abandonar todo eso de un día para otro. También significaba dejar a sus padres sin saber cuándo volvería a verlos. “Yo no quería irme”, dice. “Yo tenía mi vida allá”.

Tenía algo de dinero guardado gracias a las comisiones. Empezó a buscar contactos que pudieran ayudarla a salir. Tomó un vuelo hacia Centroamérica y desde allí comenzó el trayecto hacia el norte. El viaje duró casi 30 días. A veces dormían en hoteles improvisados, otras noches en habitaciones más decentes. En los tramos más duros caminaron por zonas desérticas durante horas. Nunca se separó de sus hijos. En buena parte del recorrido los acompañó un hombre ecuatoriano de la sierra, de unos cuarenta o cincuenta años, que también huía de amenazas. Él la ayudaba a vigilar a los niños cuando el cansancio la superaba.

“¿Qué si me arrepiento de haber migrado?” Hace una pausa larga antes de responder. “Es una pregunta difícil de contestar, porque no tenía otra opción. No podía ayudarme la Policía, ni nadie”.

Cuando finalmente cruzó la frontera decidió entregarse a las autoridades. Les explicó por qué había salido de Ecuador. Después de escuchar su historia le dijeron que podría continuar su proceso dentro del país y que más adelante tendría que presentarse ante un juez de inmigración.

Un tío que vive en Nueva Jersey fue a recogerla. Durante los primeros meses vivió en un apartamento donde convivían cerca de ocho personas entre familiares y conocidos. No pagaba renta. A cambio ayudaba en la cocina, cuidaba a los hijos de los demás o hacía pequeños trabajos dentro del departamento.

Los primeros empleos fueron trabajos de limpieza o ayudando en pequeñas tiendas ecuatorianas. Con el tiempo consiguió trabajo en una gran bodega que distribuye paquetería. Sus jornadas pueden durar hasta doce horas. Sale temprano, regresa tarde y a veces siente que el día se le escapa entre cajas y turnos largos. Ya tiene permiso de trabajo y número de seguro social mientras espera la cita en la corte de inmigración. No pudo pagar un abogado y alguien que hace trámites migratorios más baratos la ayudó a presentar el caso de asilo.

Cuando piensa en Ecuador no recuerda solo el miedo. También recuerda la vida que estaba empezando a tomar forma. El almacén donde trabajaba llegó a cerrar temporalmente porque varios empleados dejaron de ir por temor. Muchos de sus antiguos compañeros también se marcharon. “Sueño con volver a Ecuador y abrazar a mi madre. Ver a mis amigos. No sé si lo haría para quedarme allá. Creo que no”.

Aun así, su historia tampoco termina en ese almacén de Nueva Jersey donde pasa buena parte del día. Ana sigue hablando de estudios cuando imagina el futuro. Quiere ahorrar lo suficiente para estudiar una carrera técnica relacionada con negocios o administración. Algo que le permita volver a acercarse a la persona que era antes de que el miedo cambiara el rumbo de su vida. Porque lo que dejó atrás no fue solamente un país. Fue también la versión de sí misma que estaba empezando a construir.

LEA MAÑANA: La historia de Ernesto, el ecuatoriano que dejó su carrera y su vida en Guayaquil después de una llamada de extorsión. Fuente: Primicias

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Los primeros resultados del toque de queda en Ecuador | 253 detenidos en cuatro provincias

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Ecuador empezó sus 15 días de operaciones contra el narcotráfico con un toque de queda focalizado en cuatro provincias, y en medio de la colaboración militar y de Inteligencia prometida por Estados Unidos.

 

El primer día de este toque de queda arrancó a las 23:00 del 15 de marzo, tal como se había anticipado por las autoridades ecuatorianas en días anteriores.

Del lado del Ministerio del Interior se ha indicado que las fuerzas militares ecuatorianas lanzarán una «ofensiva muy fuerte» con «asesoramiento» de Estados Unidos, y por ello, han pedido a los ciudadanos que se quedan en casa para evitar víctimas colaterales.

Lo cierto es que no todos obedecieron las normas y en el primer día de la medida ordenada por el gobierno de Daniel Noboa hubo cientos de detenidos, como cinco hombres que instalaron una piscina inflable en Durán durante la madrugada.

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Este es el informe preliminar de la Policía mientras duró la emergencia en la noche del domingo y la madrugada del 16 de marzo:

253 detenidos en el toque de queda a nivel de las cuatro provincias, es decir, Guayas, Santo Domingo, Los Ríos y Esmeraldas, según el ministerio del Interior.

  • En la Zona 8, que abarca a Guayaquil, Durán y Samborondón, se registraron 112 aprehensiones.
  • De este total en la Zona 8, 109 son por violar el toque de queda, dos por posesión de drogas, y uno por porte ilegal de armas, según informó la Policía de forma preliminar
  • Hasta ahora, ni el Ministerio del Interior ni la Policía han dado una declaración oficial sobre los resultados totales del toque de queda en estas cuatro provincias, puesto que se informó que el ministro del ramo, John Reimberg, continúa en territorio.

Por otra parte, lo que sí difundió la Cartera del Interior fue un corto video en redes sociales sobre los operativos realizado en la madrugada.

Son 75.000 militares y policías los que participan en las operaciones, acompañados de caravanas de camionetas blindadas, motocicletas y helicópteros.

El gobierno se ha mantenido hermético sobre el detalle de la misión y si desplegará efectivos estadounidenses en su territorio como ha ocurrido durante el mandato de Noboa.

A lo largo de dos semanas los ecuatorianos en las provincias donde se aplica la medida tienen prohibido salir entre las 23H:00 y las 05:00. Fuente: Primicias

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El cacao ecuatoriano arrancó 2026 con sus peores cifras de exportaciones en 22 meses

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El cacao ecuatoriano cerró enero de 2026 con la cifra de exportaciones más baja en 22 meses, debido a la caída que ha tenido el precio de la fruta en el mercado internacional.

Según el Banco Central, el valor de las exportaciones de cacao y elaborados fue de USD 223,5 millones, lo que representa una caída de 57% frente a igual mes de 2025. En volumen, también hubo una caída de 32%.

Ese comportamiento está relacionado con el desplome que ha tenido el precio en el mercado internacional en el último año. Este 13 de marzo de 2026, el precio de la tonelada de cacao, para contratos futuros, cerró en USD 3.336 en el mercado bursátil, según el portal financiero Investing.com.

Si se compara con un año atrás, el precio ha caído en 59%. Y sigue con tendencia a la baja, tomando en cuenta que en los últimos siete días ha disminuido 9%.

Exportaciones no petroleras 
Pese a la caída del cacao, las exportaciones no petroleras de Ecuador siguen con crecimiento. En enero de 2026, cerraron con un monto de USD 2.491 millones, lo que representa un alza de 8,6%. En volumen, tuvieron un mayor impulso, con un incremento de 14,7%.

El camarón se mantiene como el producto líder de las exportaciones del país, con un valor de USD 728,9 millones, en enero de 2026, lo que representa un alza de 22%.

Sin embargo, la minería tuvo el mejor desempeño en enero, con un crecimiento en valor de 77,6%, para un monto de USD 483,6 millones, impulsado por los buenos precios del oro en el mercado internacional. En volumen, también crecieron en 55%.

En Ecuador, hay dos grandes minas a gran escala, en producción: Fruta del Norte, de oro, y Mirador, de cobre; ambas ubicadas en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe.

Con las cifras alcanzadas en enero, la minería sigue superando al banano y plátano, que en el primer mes del año, cerraron con un valor de exportaciones por USD 419,4 millones. No obstante, los envíos de estas frutas tropicales también tuvieron un crecimiento de 18,7% en valor y de 13,6% en volumen.

Exportaciones totales 
Las exportaciones totales del país cerraron enero con un valor de USD 3.100 millones, para una caída de 2,2%, arrastradas por el bajo desempeño de las exportaciones petroleras del país.

Los envíos de crudo y sus derivados llegaron a un monto de USD 609,8 millones, lo que refleja una disminución de 30%. También tuvieron un caída en volumen de 11%.

Ese comportamiento está atado a una caída de la producción petrolera, que en enero fue de 2% y para febrero, siguió a la baja. De igual manera, en ese mes, el precio del crudo ecuatoriano fue de USD 53,1 por barril, cuando un año antes estaba en USD 67,3.

Sin embargo, el precio del petróleo WTI, que sirve de referencia para Ecuador, ha estado subiendo en el mes de marzo por el impacto de la guerra en Medio Oriente en la oferta de crudo. Fuente: Primicias

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