En una pequeña choza provisional, cuatro mujeres trabajadoras llenan el ambiente de alegría y amor mientras se esfuerzan por llevar el sustento diario a sus hogares. Nos encontramos con la señora Alba Guambasho, una de las emprendedoras, quien nos comparte su inspiradora historia de trabajo y dedicación.
Alba nos cuenta que todo comenzó cuando se dio cuenta de que en su sector nadie vendía productos frescos. Con el apoyo de su pareja y su suegro, este último tenía frutas en su terreno, pues, entonces decidí iniciar un pequeño negocio. «Fue un día normal cuando vi que aquí nadie vendía y fui yo la que inicié con este emprendimiento. Empecé pelando unas cinco varas de caña y esa experiencia me fue muy bien. Gracias a Dios, se me terminó todo lo que traje a la venta», recuerda Alba con una sonrisa.
Este éxito inicial motivó a Alba a invitar a su cuñada a unirse al negocio. «Le dije a mi cuñada que intentara también, y así empezamos a vender juntas. Y, cuando estaba embarazada, llegó una vecina para que le permitiéramos hacer lo mismo y le incluimos también. Ellas se quedaron trabajando hasta que me recuperé del parto», relata Alba.
El grupo ofrece una variedad de productos frescos como cañitas picadas, mandarinas, guabas, cuando es temporada, papayas, plátanos y yuca. Aunque no están legalmente constituidas como una asociación, han decidido organizarse de manera eficiente. Cada una de las emprendedoras trabaja una semana alternándose los días: Alba trabaja los martes, miércoles y jueves, mientras que su cuñada y la vecina se encargan de los días viernes, sábado y domingo.
El día de trabajo de Alba comienza temprano, a las 8 de la mañana. Al mediodía, su hija se une para ayudarla, incluso haciendo sus tareas escolares en el lugar. «Cuando el tiempo está bonito, nos quedamos hasta las 5 de la tarde, y cuando está feo, cerramos pronto. En un día pelamos de 10 a 15 varas de caña», explica Alba.
El emprendimiento de Alba y sus compañeras no solo les ha permitido generar ingresos, sino que también ha fortalecido su vínculo comunitario. Estoy muy agradecida por la visita de ustedes periodistas, con ello nos ayudan a difundir lo que ofrecemos en nuestro emprendimiento, yo les veo siempre sus reportajes a otras emprendedoras y si decía, ya mismo llegan por aquí jajajaja, «, expresa Alba con gratitud.
Al finalizar nuestra conversación, Alba extiende una invitación a todos los lectores: «Gracias a nuestros clientes por apoyarnos en el emprendimiento y les invito a que nos visiten. Estamos ubicados en La Saquea».
Este pequeño grupo de mujeres emprendedoras es un claro ejemplo de cómo la determinación y el trabajo en equipo pueden salir adelante, demostrando que, con esfuerzo y colaboración, cualquier sueño puede convertirse en realidad.





