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Nuevo bloque de aulas en la Unidad Educativa Intercultural Bilingüe «General Miranda»

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El pasado viernes 13 de mayo se llevó a cabo la entrega del nuevo bloque de aulas para los estudiantes de la Unidad Educativa Intercultural Bilingüe «General Miranda» de la parroquia Tutupali. Al evento asistieron el alcalde del cantón Yacuambi, Víctor Gualán junto a su equipo de trabajo; Narciza Orellana, directora del Distrito de Educación Yacuambi–Zamora; Hernan Guayllas, Líder de la institución; docentes, estudiantes y padres de familia.

El objetivo de esta obra es brindar espacios seguros e innovadores para que los estudiantes puedan continuar con su aprendizaje académico. «Hoy vamos a entregar este bloque de aulas completamente terminadas para recibir videos conferencias, clases pedagógicas para que los alumnos y profesores se sientan contentos con la mayor facilidad», manifestó el alcalde Víctor Gualán. Tambien agregó que «la unidad de los maestros y padres de familia contribuyen al desarrollo de cada pueblo y cada cantón».

En su intervención, Narciza Orellana, directora del Distrito de Educación Yacuambi–Zamora, agradeció el trabajo y la colaboración del señor alcalde con la institución; así mismo, destacó la importancia de esta obra de calidad y tecnológica, «es un gusto para mí visitar estas aulas y ver que nuestros estudiantes se van a beneficiar de un espacio acogedor que les ayudará en su desarrollo y adelanto educativo», expresó.

Hernan Guayllas, rector de la institución, mencionó: “Esta tarde es histórica para nuestra unidad educativa cuando cumplimos 70 años de vida institucional, muchas gracias a todos quienes de una u otra forma aportaron para que este sueño se haga realidad».

La Unidad Educativa Intercultural Bilingüe «General Miranda», cumplió 70 años de institucionalidad y formación académica de los estudiantes, el rector invita a seguir juntos gestionando las múltiples necesidades que hay en el plantel educativo, porque solo así lograran mejores días en un futuro.

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Tragedia por creciente y deslizamiento en Guadalupe deja fallecidos, desaparecidos heridos y severos daños

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La parroquia Guadalupe, ubicada en el cantón Zamora, provincia de Zamora Chinchipe, atraviesa una de las emergencias socioambientales más graves registradas en su historia reciente, luego de los acontecimientos ocurridos entre el viernes 3 de julio y la madrugada del sábado 4 de julio de 2026, cuando una creciente de gran magnitud afectó severamente a varios sectores.

El periodista Alcíbar Lupercio realizó una visita en territorio para documentar la dimensión de los hechos y recoger testimonios de habitantes y actores presentes en la zona afectada. El recorrido permitió constatar la magnitud de la devastación provocada por el fenómeno natural, que afectó principalmente a los barrios Kantzama Bajo, El Guayabal y Santa Isabel, donde residían aproximadamente 200 personas.

De acuerdo con información preliminar recopilada en el sitio y testimonios ciudadanos, el aluvión dejó 10 personas fallecidas hasta el momento, 3 desaparecidos, 38 personas han sido trasladadas a casas de salud y 27 permanecen en el albergue temporal habilitado en la escuela de Guadalupe, ciudadanos rescatados. Los primeros reportes señalan que entre 12 y 13 personas permanecían desaparecidas mientras equipos de rescate continuaban las labores de búsqueda bajo condiciones geográficas y climáticas complejas.

Según las versiones recogidas hasta el momento, durante la jornada del viernes 3 de julio se registró una primera creciente provocada por intensas precipitaciones que afectaron la cuenca hidrográfica de la zona. Horas antes del evento principal, autoridades provinciales y cantonales, entre ellas la Gobernadora Ivonne Panchi y dos periodistas, un concejal, bomberos, se encontraban en el sector evaluando la situación y manteniendo reuniones con habitantes locales.

Durante el desarrollo de dichas actividades, un fuerte estruendo habría alertado sobre un fenómeno de mayor magnitud. Testimonios de moradores señalan que una enorme masa compuesta por agua, sedimentos, lodo y material rocoso descendió repentinamente desde la parte alta de la montaña con una fuerza considerable, arrasando viviendas, caminos, cultivos y otros elementos de infraestructura local.

Las primeras hipótesis técnicas indican que las intensas lluvias habrían ocasionado un deslizamiento de tierra en zonas elevadas, generando un represamiento temporal de una quebrada. Posteriormente, la ruptura súbita de este represamiento habría liberado una gran cantidad de agua y sedimentos, provocando una avalancha con características altamente destructivas.

El escenario actual presenta extensas áreas cubiertas por lodo, piedras, troncos y restos materiales, transformando de manera drástica el paisaje natural de la zona. Habitantes del sector afirman no haber presenciado anteriormente un evento de semejantes dimensiones.

Uno de los testimonios recogidos hace referencia a Miguel Ordóñez, quien, según moradores, horas antes de los acontecimientos había compartido la idea de impulsar iniciativas destinadas a fortalecer el potencial turístico del sector, considerando las características naturales y paisajísticas de Santa Elena de Guadalupe como una oportunidad de desarrollo económico y social para la comunidad.

Entre los episodios reportados durante la emergencia destaca el rescate de una mujer embarazada que, según testimonios ciudadanos, habría sido arrastrada aproximadamente cinco kilómetros por la corriente del río Yacuambi. El caso ha sido considerado por habitantes y rescatistas como un símbolo de esperanza en medio de la tragedia.

Asimismo, información preliminar y aún pendiente de confirmación oficial señala la desaparición de una comunicadora como es Marjorie Ortiz, y la desaparición de la gobernadora de Zamora Chinchipe, Ivonne Panchi. Estas dos informaciones permanecen sujetas a verificación por parte de organismos competentes.

Durante toda la noche y las primeras horas del día siguiente, integrantes del Cuerpo de Bomberos, Policía Nacional, organismos de socorro, instituciones públicas y ciudadanos voluntarios desarrollaron labores continuas de búsqueda, rescate y asistencia humanitaria. Asimismo, maquinaria pesada habría sido movilizada por distintas entidades para apoyar las operaciones de emergencia.

La situación también ha generado una amplia respuesta solidaria desde distintos sectores del país, evidenciando la sensibilidad social frente a la magnitud de la tragedia y la necesidad urgente de apoyo a las familias afectadas.

Más allá de los daños materiales y de infraestructura, este desastre representa una profunda afectación humana y social. La emergencia no solo alteró el territorio físico, sino que impactó proyectos familiares, actividades económicas y la dinámica cotidiana de una comunidad amazónica que enfrenta ahora un complejo proceso de recuperación.

Expresa su solidaridad y respeto hacia los familiares de las personas fallecidas, desaparecidas y afectadas, y reconoce el trabajo desarrollado por organismos de respuesta y ciudadanos que continúan brindando apoyo en medio de una de las emergencias más dolorosas registradas recientemente en la parroquia Guadalupe.

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La tragedia apagó su cámara, pero jamás borrará su legado

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Por encima de la cámara existía un ser humano. Por encima del fotógrafo, del periodista, del diseñador y del servidor público, vivía un hombre que entendió que comunicar significaba acompañar, ayudar y construir memoria. Hoy, Zamora Chinchipe despide a uno de los suyos.

La mañana de este lunes estuvo marcada por el silencio. Un silencio distinto al habitual. Era el silencio de quienes aún no encuentran palabras para explicar la ausencia de un amigo, de un compañero y de un referente de la comunicación.

Antes de la misa de cuerpo presente, periodistas, fotógrafos, camarógrafos y comunicadores de toda la provincia se reunieron para rendir un homenaje póstumo a Víctor Hugo Arias Herrera. No hubo necesidad de grandes discursos. Bastaron los abrazos, las miradas y las lágrimas para comprender la dimensión de la pérdida.

Posteriormente, su féretro recorrió por última vez las calles que tantas veces transitó con una cámara sobre el hombro. Finalmente, sus restos mortales fueron trasladados hasta el Cementerio General, donde descansará quien durante décadas dedicó su vida a registrar la historia de los demás.

Paradójicamente, el hombre que inmortalizó miles de momentos terminó convirtiéndose en parte de la memoria colectiva que tantas veces ayudó a construir.

Durante su vida profesional, Víctor Hugo Arias desempeñó múltiples funciones: fotógrafo, camarógrafo, periodista, diseñador gráfico y asesor en comunicación institucional. Esa diversidad de capacidades lo convirtió en uno de los profesionales más destacado y querido.

Su trayectoria trascendió instituciones, administraciones y cargos públicos. Nunca entendió la comunicación únicamente como una herramienta de difusión; la concibió como un servicio público capaz de fortalecer la relación entre las instituciones y la ciudadanía.

Desde abril de 2011 integró el equipo de la Gobernación de Zamora Chinchipe, donde permaneció por más de quince años. Durante ese tiempo acompañó la gestión de distintos gobernadores, desempeñándose no solamente como responsable de la comunicación institucional, sino también como asesor cercano y coordinador logístico de innumerables actividades oficiales.

Su capacidad organizativa, creatividad y experiencia hicieron posible el desarrollo exitoso de cientos de eventos institucionales. Sin buscar protagonismo, resolvía problemas antes de que aparecieran. Quienes trabajaron junto a él recuerdan que encontraba soluciones donde otros solo veían dificultades.

La trayectoria de Víctor Hugo representa el perfil del comunicador integral. En una época donde la comunicación exige habilidades multidisciplinarias, él dominaba la fotografía documental, la producción audiovisual, el diseño gráfico, la cobertura periodística y la planificación estratégica de eventos públicos. Su trabajo evidenciaba que comunicar implica mucho más que transmitir información; significa interpretar la realidad, preservar la memoria social y fortalecer los vínculos entre el Estado y la comunidad.

Sin embargo, su verdadera grandeza no se encontraba únicamente en su currículum.

Quienes lo conocieron coinciden en que poseía una cualidad cada vez más escasa: la generosidad.

Nunca dudó en compartir conocimientos con colegas jóvenes, colaborar con instituciones nacionales, regionales, provinciales, organizaciones sociales y colectivos ciudadanos. Ayudaba sin esperar reconocimiento. Prestaba su tiempo, su experiencia y su talento con absoluta naturalidad.

Era frecuente verlo detrás de las grandes coberturas periodísticas o colaborando silenciosamente para que un evento saliera bien. Su nombre pocas veces aparecía en los titulares, pero su trabajo estaba presente en casi todos ellos.

Su sensibilidad artística también quedó reflejada en miles de fotografías. Cada imagen capturada llevaba implícita una convicción profunda: las fotografías no solo registran acontecimientos; preservan la memoria de los pueblos.

Gracias a su lente quedaron inmortalizados actos oficiales, celebraciones populares, procesos sociales y momentos históricos que hoy forman parte del patrimonio visual de Zamora Chinchipe.

Víctor Hugo Arias era, ante todo, un hombre de trato sencillo, de sonrisa sincera y de espíritu servicial. Disfrutaba cocinar para sus amigos, compartir una conversación alrededor de una mesa y cuidar hasta el más mínimo detalle para que quienes lo rodeaban se sintieran bien.

Construía confianza con facilidad. Su amistad nunca fue superficial. Era de esas personas capaces de tender una mano sin preguntar por qué.

Por encima de todas sus responsabilidades profesionales existía otra que ocupaba el centro de su vida: ser padre.

Carlita Victoria y Hugo Emilio fueron el motor de cada uno de sus esfuerzos. En ellos depositó sus sueños, su tiempo, sus enseñanzas y el inmenso amor que caracterizó toda su existencia.

Hoy ellos no solo heredan un apellido. Heredan el ejemplo de un hombre trabajador, honesto, solidario y profundamente comprometido con su familia y con la sociedad.

Su muerte ocurrió el 4 de julio de 2026, cuando un deslave de gran magnitud sorprendió a quienes se encontraban en el sector de Santa Isabel, parroquia Guadalupe, durante la tragedia ocasionada por el aluvión que golpeó a varias comunidades del cantón Zamora. Horas después, su cuerpo fue localizado entre los escombros, convirtiéndose en una de las víctimas de una de las mayores catástrofes naturales registradas recientemente en la provincia.

Su partida dejó un vacío inmenso en su familia, en sus hijos, en sus amigos, en el gremio periodístico y en toda Zamora Chinchipe.

Sin embargo, existen vidas cuya influencia no termina con la muerte.

Víctor Hugo Arias pertenece a esa categoría de personas cuya obra permanece viva en la memoria colectiva. Vivirá en cada fotografía que documentó la historia de un pueblo, en cada periodista al que ayudó sin pedir nada a cambio, en cada institución que se fortaleció gracias a su trabajo silencioso y, sobre todo, en el corazón de Carlita Victoria y Hugo Emilio, quienes encontrarán siempre en el legado de su padre la mejor lección de vida.

Hoy su cámara ha dejado de capturar imágenes.

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“Santa Isabel desapareció”: sobreviviente relata el horror del aluvión en Guadalupe

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El morador Hernán Cango, habitante del barrio Santa Isabel de la parroquia Guadalupe, cantón Zamora, ofreció un extenso testimonio sobre los acontecimientos ocurridos durante el aluvión registrado entre el viernes 3 de julio y la madrugada del sábado 4 de julio de 2026, desastre natural que dejó víctimas humanas, personas desaparecidas, destrucción de infraestructura y severas afectaciones económicas en distintos sectores de la parroquia.

En declaraciones recogidas por Diario El Amazónico, Cango relató, de manera cronológica, cómo se desarrolló la emergencia que terminó por devastar por completo el barrio Santa Isabel.

Según el testimonio, los primeros indicios de peligro comenzaron alrededor de las 11h00 del viernes 3 de julio, cuando el caudal del río empezó a incrementarse de manera inusual. Habitantes del sector observaron cómo la creciente arrastraba peces muertos y otros materiales, aunque inicialmente el fenómeno fue interpretado como una crecida temporal.

Posteriormente, entre las 13h00 y 14h00, el nivel del agua descendió parcialmente, generando una sensación momentánea de tranquilidad entre los moradores. Durante esas horas, los vecinos mantuvieron conversaciones para solicitar apoyo institucional con el objetivo de contener el avance del río y evitar daños mayores.

Sin embargo, alrededor de las 16h00 se registró un nuevo aguacero de gran intensidad. Según Cango, el aumento del caudal comenzó entonces a afectar directamente la vía principal y las viviendas del sector. El entrevistado afirmó que una de sus propiedades quedó severamente afectada, señalando que únicamente permaneció visible parte del muro de la estructura.

Entre las 17h00 y 18h00, habitantes de Kantzama, Guadalupe y otros sectores acudieron a colaborar en la evacuación de pertenencias de varias familias, entre ellas las de Mariluxi Quezada, Holger Pacheco y otros moradores afectados por el rápido incremento del agua.

El testimonio señala que hacia las 18h30 y 19h00 arribaron autoridades provinciales, entre ellas la gobernadora, quienes mantuvieron reuniones con moradores en la vivienda de Holger Pacheco para coordinar posibles acciones de respuesta y prevención frente a la emergencia.

No obstante, alrededor de las 21h00 y 22h00 la situación se agravó drásticamente. El agua alcanzó la carpeta asfáltica y generó alarma generalizada entre los habitantes. Cango manifestó que en ese momento varias personas intentaron evacuar, mientras otras permanecieron tratando de salvar vehículos, motocicletas y pertenencias.

Minutos después, según el relato, se escuchó un fuerte estruendo proveniente de la montaña. El sobreviviente describió el sonido como un “bramido” acompañado de movimientos del terreno, lo que interpretaron como el desprendimiento del cerro.

Ante la inminencia del peligro, varios habitantes corrieron hacia zonas altas para salvar sus vidas. Sin embargo, otras personas habrían permanecido en sectores cercanos a la vía principal y fueron alcanzadas por la fuerza del aluvión. Cango sostuvo que muchas de las víctimas quedaron atrapadas mientras intentaban rescatar bienes materiales o movilizar vehículos.

El morador afirmó que el barrio Santa Isabel quedó prácticamente destruido y estimó pérdidas económicas aproximadas de un millón y medio de dólares en infraestructura, emprendimientos turísticos, terrenos y espacios recreativos.

De acuerdo con el testimonio, el sector constituía anteriormente un importante punto de encuentro turístico y recreativo frecuentado por visitantes provenientes de Loja, Zamora y otras localidades. Entre los atractivos mencionó cabañas, espacios de recreación, áreas para reuniones familiares y una pista de motociclismo recreativo.

Durante la emergencia, Hernán Cango indicó haber participado en labores de rescate, logrando auxiliar aproximadamente a cuatro o cinco personas, entre ellas un miembro del Cuerpo de Bomberos, una mujer y dos menores de edad. Según relató, uno de los niños fue rescatado en estado crítico y recibió atención improvisada por parte de vecinos en medio de la emergencia.

Asimismo, describió las difíciles condiciones posteriores al desastre, caracterizadas por la ausencia de energía eléctrica, interrupción de servicios de comunicación y dificultades para coordinar ayuda inmediata durante las primeras horas posteriores al evento.

En medio de su testimonio, Cango expresó especial preocupación por la desaparición de Juan Carlos Tejedor, familiar cercano y reconocido impulsor de iniciativas turísticas en el sector. Indicó que hasta la fecha no se ha logrado localizarlo, situación que mantiene en incertidumbre y dolor a sus allegados.

El sobreviviente también realizó un llamado público a las autoridades para ejecutar obras de canalización y control del cauce del río, señalando que actualmente el agua atraviesa propiedades privadas y terrenos legalmente adjudicados, incrementando el riesgo para las familias de la zona.

Finalmente, pese a las pérdidas materiales y emocionales, Hernán Cango manifestó mantener la esperanza de reconstruir parte de los emprendimientos destruidos y recuperar progresivamente la actividad turística y comunitaria del sector.

La tragedia ocurrida en Guadalupe continúa generando conmoción en la provincia de Zamora Chinchipe y en distintos sectores del país, mientras organismos de rescate y autoridades mantienen las labores de búsqueda, atención humanitaria y evaluación de daños.

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