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Noticias Zamora

GAD El Pangui realizó conversatorio por el día de la erradicación de la violencia contra la mujer

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Con un conversatorio abierto y un programa radial especial, el Gobierno Municipal de El Pangui conmemoró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En estos eventos se analizó la problemática desde diferentes aristas: judicial, psicológico, de derechos, social y familiar.

El evento se desarrolló en el salón auditorio del Gobierno Municipal y contó con la participación presencial de las funcionarias y trabajadoras del ayuntamiento, así como también de ciudadanía panguense, quienes acompañaron de manera virtual a través de los medios digitales de la municipalidad y la radio institucional Orquídea 98.5 FM.

En el marco de esta actividad, Ana Delgado, vicealcaldesa de El Pangui enfatizó la importancia de erradicar la violencia en todos los niveles, “es importante que levantemos nuestra voz para poner fin a la violencia dirigida hacia las mujeres, atropellos que se perciben y se dejan notar a simple vista” indicó.

Las temáticas buscan sensibilizarnos como mujeres y compartir información para saber cómo actuar en caso de violencia, explicó la autoridad además hizo hincapié que lograr un empoderamiento e igualdad es fundamental; y, para ello se debe aportar con un buen ejemplo de vida para eliminar la cultura de violencia.

Entre las ponencias abordadas fueron: la Normativa legal que protege los derechos de las mujeres (Romel Jumbo), Datos y porcentajes de incidencia contra la violencia intrafamiliar (Rodrigo Cabrera Ramón), Empoderamiento de la mujer en la sociedad (Marisol Sarango), el Rol de la mujer en la Política (Marlene León), Huellas psicológica que deja la violencia en la mujer y en el hogar (Sergio Ávila).

La iniciativa tuvo una duración de cerca de dos horas. (i)

Nacionales

Ejército incauta 11.300 litros de combustible utilizado para minería ilegal en Zamora Chinchipe

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El Ejército de Ecuador incautó 3.000 galones de combustible (más de 11.300 litros) utilizados para actividades de minería ilegal en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe, una de las más afectadas por esta práctica, según detalló el Ministerio de Defensa este miércoles.

Los militares además desmantelaron dos campamentos clandestinos e inhabilitaron maquinaria pesada que presuntamente se empleaban para las mismas actividades ilícitas.

«Las mafias de la minería son atacadas en todo el territorio nacional (…) seguimos actuando con firmeza», continuó el Ministerio en un comunicado.

Durante la intervención, ejecutada en el municipio de El Pangui, fueron destruidas excavadoras, motores de succión y clasificadoras tipo Z.

El Ministerio señaló que el operativo afectó directamente a las economías ilícitas que operan en la frontera sur del país.

Combate contra el crimen organizado

Esta operación se realizó en un momento donde el Gobierno del presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, intensificó su combate al crimen organizado, dentro de la «guerra» que libra contra estas estructuras desde hace más de dos años, a las que ha catalogado de «terroristas» y que están dedicadas principalmente al narcotráfico y a la minería ilegal.

Estos grupos también han ingresado a zonas protegidas, especialmente en la Amazonía, como al Parque Nacional Podocarpus, una zona de extraordinaria biodiversidad y endemismo que alberga más de 3.000 especies de plantas vasculares y unas 624 especies de aves, donde en los últimos días se destruyeron 67 campamentos.

Las organizaciones delictivas buscan extraer oro aprovechando los precios récord que registra este metal en los mercados internacionales.

El proceso es altamente contaminante: arrasa con la cobertura forestal y contamina los lechos fluviales con metales pesados como el mercurio. Fuente: Vistazo

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Noticias Zamora

Lo que sembramos en los niños, florece en la humanidad

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Por Lic. Mario Paz.

Introducción: 

La humanidad no se construye únicamente en los gobiernos, en las leyes o en los grandes acontecimientos históricos. Se construye, sobre todo, en la forma en que una madre abraza a su hijo, en la paciencia de un maestro, en el respeto con que un padre corrige, en la seguridad emocional que rodea a un niño mientras descubre el mundo. Allí, en esos pequeños actos cotidianos que muchas veces parecen insignificantes, comienza realmente el futuro de una sociedad.

Vivimos tiempos donde se habla constantemente de progreso, tecnología y desarrollo, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre aquello que sostiene verdaderamente el destino humano: la manera en que estamos formando a nuestras nuevas generaciones. Ninguna sociedad podrá alcanzar paz, justicia o bienestar mientras existan niños creciendo entre el abandono emocional, la violencia, el miedo o la indiferencia. Porque los niños no solo necesitan alimento y educación; necesitan amor, presencia, escucha, límites con ternura y adultos capaces de enseñar con el ejemplo.

La infancia no es una etapa pasajera ni un simple recuerdo lejano. Es el terreno donde se siembran la autoestima, la empatía, la dignidad, los valores y la capacidad de amar o destruir. Todo lo que un niño vive termina acompañándolo en la manera de relacionarse consigo mismo, con los demás y con el mundo. Por eso, cuidar a un niño no es únicamente proteger una vida pequeña; es cuidar el futuro emocional y moral de toda la humanidad.

Al final, cada gesto deja una semilla. Y tarde o temprano, todo lo que sembramos en los niños florece inevitablemente en la sociedad que construimos.

La infancia no se celebra: se protege 

Cada 1 de junio celebramos el Día del Niño, una fecha que va mucho más allá de los juegos, los regalos o los dulces. Es una jornada que nos invita a reflexionar profundamente sobre la responsabilidad que tenemos como adultos frente a la infancia. Padres, madres, docentes y sociedad compartimos la misión de formar seres humanos con valores sólidos, autoestima firme y corazones compasivos. Porque ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente desarrollada mientras existan niños infelices, vulnerados o privados de amor y oportunidades.

Los niños no aprenden únicamente de las palabras; aprenden, sobre todo, de lo que observan y experimentan cada día. El cariño que reciben, el respeto con el que son tratados, los límites puestos con amor y el ejemplo de quienes los rodean se convierten en semillas que más adelante darán fruto en su carácter y en su manera de relacionarse con el mundo. En sus pequeñas manos descansa gran parte del futuro de nuestra humanidad, pero antes de ser futuro, son presente: un presente que necesita protección, guía y dignidad.

Por ello, el Día del Niño no debería limitarse a una celebración simbólica, sino convertirse en una oportunidad para preguntarnos qué estamos sembrando hoy en las nuevas generaciones. Educar no consiste únicamente en enseñar a leer y escribir; también implica enseñar a sentir, respetar, pensar críticamente, convivir y amar.

El origen de esta conmemoración surge como una respuesta al sufrimiento infantil provocado por las guerras y las crisis humanitarias del siglo XX. Tras los devastadores efectos de la Primera Guerra Mundial, en 1924 se proclamó la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, el primer documento internacional que reconoció que la infancia requería cuidados y protección especial. Décadas más tarde, en 1959, la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, estableciendo principios fundamentales como el derecho a la educación, la salud, la igualdad, la protección y el desarrollo integral.

Desde entonces, el Día del Niño tiene como propósito recordar que los menores de edad constituyen el grupo más vulnerable frente a la violencia, la pobreza, la exclusión y la deserción escolar. También busca sensibilizar a los Estados y a la sociedad sobre la obligación de garantizarles un entorno seguro, afectivo y digno, donde puedan crecer plenamente sin distinción de raza, condición social o nacionalidad.

Aunque la ONU promovió el Día Universal del Niño cada 20 de noviembre, muchos países adoptaron fechas propias para su celebración. En Ecuador, esta conmemoración se realiza cada 1 de junio, reafirmando el compromiso de reconocer a la niñez como prioridad social y humana.

Hoy más que nunca debemos comprender que los niños no son únicamente “el futuro de la sociedad”. Son seres humanos completos en el presente, con emociones, derechos, sueños y necesidades que merecen ser escuchadas y protegidas ahora. Cuidar de la infancia no es un acto de caridad; es un deber moral y una inversión en la humanidad misma.

Los derechos de los niños: más que leyes, un compromiso humano

La protección de la infancia no solo constituye un deber moral y humano; también representa un compromiso jurídico reconocido por la Constitución de la República del Ecuador y por el Código de la Niñez y Adolescencia. Estas normas no surgieron únicamente como disposiciones legales, sino como respuesta histórica a la necesidad de garantizar que niñas, niños y adolescentes crezcan en condiciones de dignidad, seguridad y pleno desarrollo humano.

En Ecuador, el Código de la Niñez y Adolescencia establece que se considera niña o niño a toda persona desde su concepción hasta los doce años de edad. Esta definición trasciende el ámbito estrictamente jurídico y nos recuerda que el cuidado, la protección y la educación deben comenzar desde los primeros instantes de vida, una etapa decisiva en la formación física, emocional y social del ser humano.

La ciencia y la experiencia humana han demostrado que la infancia es el periodo donde se construyen las bases de la personalidad, la autoestima, los valores y la capacidad de convivir en sociedad. Cada palabra de afecto, cada enseñanza, cada ejemplo y cada acto de respeto recibido en el hogar, en la escuela y en la comunidad deja huellas profundas que influirán en la manera en que ese niño mirará el mundo y actuará en él durante su vida adulta.

Por ello, la Constitución de la República del Ecuador, en su Artículo 44, establece que el Estado, la sociedad y la familia tienen la obligación de promover de manera prioritaria el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, garantizando el ejercicio pleno de sus derechos bajo el principio del interés superior del niño. Además, reconoce que sus derechos prevalecen sobre los de las demás personas, reafirmando que la infancia debe ocupar un lugar prioritario dentro de toda política pública y de toda acción social.

De igual manera, el Artículo 45 reconoce que niñas, niños y adolescentes son titulares de todos los derechos humanos, además de aquellos específicos de su edad, entre ellos el derecho a la vida, la salud, la educación, la identidad, la integridad física y psicológica, la recreación, la convivencia familiar y la participación social. Estos derechos no representan privilegios, sino garantías fundamentales para que cada niño pueda desarrollarse plenamente y construir un proyecto de vida digno.

Complementando esta protección, el Artículo 46 dispone que el Estado adopte medidas especiales para proteger a la niñez contra toda forma de violencia, explotación, maltrato, abuso o abandono, así como para asegurar atención prioritaria a los menores más vulnerables. Estas disposiciones reflejan el compromiso de construir una sociedad más humana y consciente de que el bienestar infantil no puede depender del azar ni de las condiciones económicas de una familia.

En armonía con estos principios constitucionales, el Código de la Niñez y Adolescencia, en su Artículo 1, establece que su finalidad es garantizar la protección integral de niñas, niños y adolescentes para asegurar su desarrollo pleno en un entorno de libertad, dignidad y equidad. Bajo esta visión, la protección de la infancia no es responsabilidad exclusiva del Estado, sino una tarea compartida entre la familia, las instituciones educativas, las comunidades y la sociedad en general.

Este principio de corresponsabilidad nos recuerda que todos tenemos un papel fundamental en la vida de los niños. Padres, madres, docentes, autoridades, medios de comunicación y ciudadanía compartimos el deber de crear espacios seguros, afectivos y respetuosos donde puedan crecer libres de violencia, discriminación y abandono. Proteger la infancia no significa únicamente cubrir necesidades materiales, sino también brindar amor, escucha, orientación y oportunidades.

La historia demuestra que las sociedades que colocan a la niñez como prioridad alcanzan mayores niveles de desarrollo humano, cohesión social y bienestar colectivo. Cuando un niño recibe educación, afecto, estabilidad emocional y protección, crece con mayores posibilidades de convertirse en un adulto consciente, empático y comprometido con el bien común. Por el contrario, cuando la infancia es ignorada o vulnerada, las consecuencias terminan reflejándose en toda la sociedad.

Por eso, más que ver a los niños únicamente como “el futuro”, debemos comprender que son el presente vivo de nuestra humanidad. Su bienestar no puede esperar. Cuidarlos, educarlos y protegerlos hoy constituye una responsabilidad impostergable y una de las mayores expresiones de justicia social, civilización y amor por la vida.

El poder de una mente alimentada por la interdisciplinariedad 

La infancia es la etapa más fértil para el aprendizaje y el descubrimiento. Durante esos primeros años, el cerebro humano posee una extraordinaria capacidad para crear conexiones neuronales, desarrollar habilidades y adaptarse a nuevos conocimientos. Por ello, hoy más que nunca resulta necesario promover una formación multidisciplinaria en los niños, una educación que no limite su desarrollo a una sola área del pensamiento, sino que les permita explorar diversos campos del conocimiento y desarrollar plenamente su potencial humano.

Cuando un niño aprende distintas disciplinas al mismo tiempo (música, deportes, idiomas, arte, lectura, ciencia o tecnología, además de la educación formal) su mente desarrolla mayores capacidades de creatividad, razonamiento, sensibilidad y resolución de problemas. Cada nueva experiencia fortalece conexiones cognitivas y emocionales que enriquecen su manera de comprender el mundo y de relacionarse con él. La multidisciplinariedad estimula la curiosidad, amplía la imaginación y favorece un pensamiento más flexible, crítico e innovador.

La historia de la humanidad demuestra que muchas de las mentes más brillantes no se formaron dentro de límites rígidos del conocimiento. Por el contrario, fueron personas capaces de integrar distintas áreas del saber y encontrar conexiones entre ellas. Uno de los ejemplos más emblemáticos es Leonardo da Vinci, considerado uno de los mayores genios de todos los tiempos. Su grandeza no surgió únicamente de un talento innato, sino también de una mente alimentada por múltiples disciplinas. Fue pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, anatomista, inventor, músico, filósofo y estudioso de la naturaleza. Su curiosidad infinita y su capacidad para combinar arte, ciencia y observación le permitieron desarrollar ideas adelantadas a su época.

La multidisciplinariedad no solo forma niños con mayores habilidades intelectuales; también contribuye a desarrollar seres humanos más seguros, sensibles y equilibrados emocionalmente. El deporte fortalece la disciplina y el trabajo en equipo; la música estimula la memoria y la sensibilidad; los idiomas amplían la comprensión cultural; el arte desarrolla la expresión emocional; y la lectura alimenta la imaginación y el pensamiento crítico. Cada disciplina aporta herramientas distintas que, integradas, enriquecen profundamente la formación humana.

Sin embargo, durante muchos años los sistemas educativos tradicionales han privilegiado modelos centrados únicamente en la memorización y el rendimiento académico convencional, dejando en segundo plano otras capacidades esenciales para el desarrollo integral. Hoy entendemos que educar no significa únicamente transmitir información, sino ayudar a cada niño a descubrir sus talentos, fortalecer su autoestima y desarrollar todas sus dimensiones humanas.

Por eso, brindar a los niños oportunidades para explorar diversas áreas del conocimiento no debe verse como un lujo, sino como una necesidad educativa y social. Un niño que tiene acceso al deporte, al arte, a la cultura, a la ciencia y a los idiomas posee mayores herramientas para construir una vida plena y afrontar los desafíos del futuro con creatividad y resiliencia.

Cuidar la infancia también implica ofrecer una educación capaz de expandir la mente y el espíritu. Porque los niños no son recipientes vacíos que deben llenarse únicamente de contenidos escolares; son seres humanos llenos de curiosidad, imaginación y posibilidades infinitas. Y mientras más amplia sea la experiencia que reciban en su niñez, más libre, consciente y humana será la sociedad que construiremos mañana.

La verdadera transformación del mundo empieza en la infancia

La infancia no es una etapa secundaria de la vida; es el periodo donde se construyen las bases emocionales, intelectuales y morales del ser humano. Diversos estudios sobre desarrollo infantil coinciden en que durante los primeros años de vida el cerebro alcanza una extraordinaria capacidad de aprendizaje y formación de conexiones neuronales. Se estima que, en los primeros cinco años, se desarrolla gran parte de la personalidad, la inteligencia emocional y las habilidades sociales que acompañarán a la persona durante toda su existencia. Por eso, cada experiencia vivida en la niñez deja una huella profunda y duradera.

Desde tiempos antiguos, la humanidad ha comprendido la importancia de formar correctamente a los niños desde temprana edad. El rey Salomón, reconocido históricamente por su sabiduría, expresó una verdad que continúa vigente hasta nuestros días: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Esta reflexión encierra una realidad esencial: la infancia es el terreno donde se siembran los principios, hábitos y valores que más tarde definirán la conducta del adulto.

Aunque muchas veces no lo percibamos, los niños observan constantemente el mundo que los rodea. Aprenden menos de los discursos y más del ejemplo cotidiano. Imitan nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras reacciones y la manera en que tratamos a los demás. Sus principales referentes suelen ser sus padres y sus maestros, razón por la cual el ejemplo que reciban en el hogar y en las aulas posee un impacto decisivo en su formación humana.

Cada niño que llega al mundo es como una hoja en blanco que la vida irá escribiendo poco a poco. Y los primeros trazos (los más profundos y permanentes) los dibujamos nosotros con nuestras acciones, nuestro afecto y nuestra manera de guiarlos. Los niños absorben lo que sienten en su entorno: si crecen rodeados de respeto, aprenderán a respetar; si reciben amor, aprenderán a amar; si viven violencia o abandono, esas heridas también dejarán marcas difíciles de borrar.

Las palabras del filósofo griego Pitágoras siguen resonando con fuerza a través de los siglos: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Más allá de la frase histórica, su mensaje conserva una profunda vigencia social. Muchas de las problemáticas que afectan hoy a nuestras comunidades (violencia, intolerancia, falta de empatía o descomposición social) tienen raíces en infancias descuidadas, carentes de afecto, orientación y oportunidades.

Educar en valores no significa únicamente enseñar conceptos sobre lo correcto o incorrecto. Significa vivir la empatía, practicar el respeto, cumplir la palabra dada, reconocer errores, pedir perdón y enseñar con el ejemplo. Son los pequeños actos cotidianos los que moldean la conciencia y el carácter de los niños. Allí, en la sencillez de la vida diaria, aprenden verdaderamente lo que significa ser humanos.

Existe una metáfora profundamente valiosa para comprender la importancia de la infancia: la historia del bambú. Durante sus primeros años de vida, esta planta apenas muestra crecimiento visible sobre la superficie. Quien la observe podría pensar que nada está ocurriendo. Sin embargo, en silencio, el bambú desarrolla un sistema de raíces fuertes y profundas capaz de sostenerlo cuando más adelante crezca rápidamente hasta alcanzar grandes alturas.

Así ocurre también con los niños. Antes de que sus talentos brillen y sus sueños florezcan, necesitan raíces sólidas construidas con amor, estabilidad emocional, principios, confianza y respeto. Esas raíces no aparecen de manera espontánea; requieren tiempo, presencia, paciencia y una guía consciente por parte de los adultos.

No podemos esperar que los adultos del mañana sanen por sí solos las heridas de una infancia abandonada. La verdadera transformación social comienza mucho antes: empieza en la crianza, en la educación y en el trato diario que damos a nuestros niños. Lo que un niño vive hoy, inevitablemente lo devolverá al mundo mañana.

Por eso, cuidar la infancia no es solamente proteger una etapa de la vida; es sembrar las bases de una sociedad más justa, empática y humana. Porque los niños no son únicamente el futuro: son el presente que necesita ser amado, escuchado y cuidado desde ahora.

La obediencia ciega apaga la conciencia 

La obediencia, por sí sola, no es una virtud. Todo depende de a quién se obedece, por qué se obedece y cuáles son las consecuencias de esa obediencia. La historia está llena de episodios en los que personas aparentemente “correctas” cometieron actos terribles simplemente porque aprendieron a no cuestionar órdenes. Desde los regímenes totalitarios del siglo XX hasta experimentos sociales como los de Stanley Milgram, quedó demostrado que muchos seres humanos son capaces de renunciar a su criterio moral cuando se les enseña que obedecer es más importante que pensar.

Por eso, educar a un niño únicamente para que sea obediente puede volverlo vulnerable. Un niño que nunca aprende a contradecir, preguntar o poner límites difícilmente sabrá defenderse frente al abuso, la manipulación o la presión social. Los “obedientes” también pueden terminar siguiendo conductas destructivas (como el consumo de estupefacientes o dinámicas violentas) no por maldad, sino por una profunda necesidad de aceptación y aprobación. La obediencia ciega no forma carácter: forma dependencia.

La verdadera tarea de la educación no es fabricar niños sumisos, sino seres humanos capaces de discernir. Un niño necesita aprender a respetar normas y comprender que toda convivencia exige límites, pero también debe desarrollar pensamiento crítico, criterio ético y autonomía emocional. Más importante que obedecer sin cuestionar es aprender a analizar las consecuencias de cada acción, evaluar los pros y los contras, asumir responsabilidades y tomar decisiones prudentes incluso cuando nadie lo vigila.

La meta esencial del carácter no debería ser criar hijos dóciles, sino personas conscientes. Niños capaces de decir “no” cuando algo amenaza su dignidad, de sostener sus valores frente a la presión del entorno y de actuar con responsabilidad no por miedo al castigo, sino por convicción. Porque educar no consiste en apagar la voluntad de un niño, sino en enseñarle a gobernarla con sabiduría.

Conclusión: 

Al final, la verdadera grandeza de una sociedad no se mide por sus avances tecnológicos, sus edificios o su economía, sino por la manera en que trata a sus niños. Allí, en la infancia, comienza silenciosamente el destino de la humanidad. Cada palabra que un niño escucha, cada abrazo que recibe, cada herida que soporta y cada oportunidad que encuentra va moldeando al adulto que algún día caminará entre nosotros.

Los niños no necesitan un mundo perfecto; necesitan adultos conscientes. Adultos capaces de mirarlos con amor, guiarlos con paciencia, corregirlos con respeto y enseñarles con el ejemplo, que la dignidad humana siempre debe estar por encima de la violencia, el egoísmo o la indiferencia. Porque la infancia no solo forma recuerdos: forma conciencias.

Muchas veces creemos que cambiar el mundo exige grandes acciones, cuando en realidad las transformaciones más profundas empiezan en lo cotidiano: en una conversación escuchada con atención, en un límite puesto con amor, en un maestro que inspira, en unos padres que acompañan, en una sociedad que decide proteger en lugar de ignorar.

Cada niño cuidado es una posibilidad de esperanza para el futuro. Cada niño amado es una semilla de paz. Y cada infancia protegida representa una oportunidad para construir una humanidad más sensible, más justa y más humana.

Por eso, nunca debemos olvidar que todo lo que sembramos hoy en el corazón de un niño florecerá mañana en la sociedad entera. Si sembramos respeto, crecerá dignidad. Si sembramos empatía, crecerá solidaridad. Si sembramos amor, crecerá humanidad.

Porque, al final, el mundo que tendremos mañana dependerá profundamente de cómo decidamos cuidar a nuestros niños hoy.

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Noticias Zamora

Controles policiales refuerzan seguridad en ejes viales de la provincia

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La Policía Nacional del Ecuador continúa ejecutando permanentes operativos de control denominados “Check Point” en los principales ejes viales de la provincia de Zamora Chinchipe, con el objetivo de prevenir actividades ilícitas, fortalecer el orden público y garantizar la seguridad ciudadana en todo el territorio provincial.

Estos operativos estratégicos forman parte de las acciones preventivas y de control que desarrolla la institución policial para reforzar la presencia de uniformados en las carreteras y brindar mayor tranquilidad a la ciudadanía. Durante las jornadas de intervención, los servidores policiales realizan controles vehiculares, verificación de personas, revisión de documentación y patrullajes preventivos en distintos puntos considerados estratégicos.

La Policía Nacional señaló que estas acciones permiten fortalecer la capacidad de respuesta ante cualquier novedad que pueda afectar la seguridad pública, además de contribuir a la prevención de delitos y al mantenimiento del orden en las diferentes vías de la provincia.

Las autoridades policiales reiteraron que los operativos “Check Point” se mantendrán de manera constante, como parte del compromiso institucional de trabajar firmemente por la tranquilidad y bienestar de las familias zamoranas, así como de todas las personas que diariamente circulan por los diferentes corredores viales de Zamora Chinchipe.

Asimismo, hicieron un llamado a la ciudadanía para colaborar con los controles y mantener el respeto a las normas de tránsito y seguridad, destacando que la articulación entre comunidad y fuerza pública es fundamental para fortalecer la convivencia pacífica y la seguridad en la provincia.

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