Opinión
Debate…
Por: Mauricio Riofrío Cuadrado
El debate presidencial nos pondrá en vitrina a los candidatos finalistas. Ha llegado el momento de dejar la tarima y los bailes de campaña, la telegenia, el tik-tok y los memes, a pesar de que mucho me temo que, al día siguiente, precisamente serán los memes el mensaje que quede en la retina del votante.
Es la hora de ordenar las ideas y centrarnos en las propuestas puras y duras, en los “cómos” y los “cuándos” que tanto reclamamos los ecuatorianos a los gobernantes de turno.
El debate electoral, de acuerdo con el retorcido y manoseado Código de la Democracia, existe y se organiza para contrastar los programas de gobierno y propuestas programáticas, sometiéndose al cuestionamiento de sus contendientes y moderadores con el fin de incentivar un voto informado y razonado en la ciudadanía. Por ello se transforma en un elemento crucial para decidir e inclinar la balanza a favor de tal o cual candidato, el ganador será quien sintonice y cuadre con las aspiraciones del caudaloso y expectante voto joven.
En este momento, el electorado está lleno de dudas, son tan variados como álgidos los temas que tienen que ver directamente con la economía familiar, el sistema monetario, la inseguridad, la delincuencia organizada, la crisis institucional o las políticas de estado básicas como la salud, educación, vivienda y empleo, el medio ambiente y la vialidad.
Desde esta columna reiteramos que es indispensable que la gente sepa con quién gobernará el señor Noboa, quiénes serán los asesores de la señora González, cuáles son los antecedentes de sus respectivos equipos de trabajo, porque para confiar lo natural es saber quiénes conforman sus círculos de confianza, no estamos para girar cheques en blanco.
La inconciencia política, amante de la retórica populista y de las caducas estrategias de confrontación personal, seguramente buscará en el debate la bronca y la camorra, otros estarán pendientes de las indirectas y la capacidad de respuesta e insulto, muchos buscarán justificaciones a las posiciones recalcitrantes sin mayor reflexión.
El Ecuador lo que realmente necesita es constatar la capacidad ejecutiva de análisis y toma de decisiones, es fundamental que veamos una reacción sensata e inteligente frente al fanatismo desbordado. La nueva política exige posiciones tolerantes al punto de vista contrario que, como es sabido, solamente es la vista desde un punto.
Esperamos que se discutan ideas, como hacen las grandes mentes o por lo menos que se hable de eventos y propuestas, como lo hacen las mentes promedio, que se proscriba el discurso de barricada y las frases hechas que se repiten mecánicamente, como acostumbran las mentes pequeñas.
Nunca el imaginario popular ha sido capaz de captar en su totalidad, ni todas las virtudes, ni todos los defectos de los presidentes, por ello los membretes que persiguen como la oscuridad al día, para bien o para mal, han sido el sello inconfundible de muchos mandatarios. Hay unos que han pasado a la historia como tiranos, corruptos, prepotentes y de ese andarivel no podrán salir hasta el fin de los tiempos, hay otros que han querido verse como símbolos de la democracia y la libertad, pero al final del día, no han pasado de ser intrascendentes huéspedes de Carondelet.
El debate, sin duda, despejará las incógnitas y confirmará las certezas, hasta que la voluntad popular ponga a cada quien en su sitio.
La noche del domingo esperamos dormir con la mirada al cielo y soñando en un país mejor, ojalá que al despertar el lunes no lo hagamos cayendo al vacío… en cualquier caso, lo peor que puede pasar es que nos hagamos los desentendidos, porque la desmovilización ciudadana exaspera, la cómoda y desquiciada lucha digital de sofá que protesta, insulta, sentencia y condena, pero no es capaz de dar un paso a favor o en contra, definitivamente confabula y abona la inacción política. Fuente: El Telégrafo
Noticias Zamora
Ruido, desorden e indiferencia: una realidad que ya no podemos aceptar los Zamoranos
Se ha vuelto común escuchar música a todo volumen desde vehículos a cualquier hora del día o de la noche. Se ha normalizado consumir alcohol en la vía pública, dejando basura, botellas, orina en espacios que pertenecen a todos. Se ha vuelto habitual soportar el ruido ensordecedor de ciertas motocicletas y las explosiones de fuegos artificiales lanzados sin considerar a quienes sufren sus consecuencias.
Pero que algo sea frecuente no significa que sea correcto. Detrás de cada estruendo provocado por un cohete o por sistemas de sonido excesivos, hay niños que despiertan asustados, personas con autismo que sufren crisis sensoriales, adultos mayores que experimentan angustia, enfermos que no pueden descansar, estudiantes que no logran concentrarse y animales que viven momentos de verdadero terror.
Los fuegos artificiales no solo producen ruido. También provocan lesiones, contaminación del aire, incendios y graves afectaciones emocionales y físicas. Miles de mascotas huyen desesperadas, se extravían o sufren accidentes por el miedo. Las aves abandonan sus nidos y la fauna silvestre ve alterada en su comportamiento natural. Lo que para algunos dura unos segundos de diversión, para otros representa horas o días de sufrimiento.
La verdadera alegría no necesita causar dolor a nadie. Las celebraciones religiosas, culturales, deportivas, políticas o sociales deben desarrollarse dentro de un marco de respeto, empatía y convivencia. La libertad de celebrar termina donde comienza el derecho de los demás a la tranquilidad, la salud y la seguridad.
Por ello, hacemos un llamado respetuoso pero firme a las autoridades competentes y a la Municipalidad de Zamora para que impulsen e implementen ordenanzas que regulen de manera efectiva la contaminación acústica, el uso de fuegos artificiales y todas aquellas actividades que afectan la calidad de vida de la población y el bienestar animal.
Zamora, como capital de la provincia de Zamora Chinchipe, debe convertirse en un ejemplo de orden, cultura ciudadana y convivencia pacífica. Y hacemos también un llamado a cada ciudadano, institución, organización y dirigentes: antes de encender un parlante, acelerar una motocicleta innecesariamente o lanzar un cohete al cielo, piensen en quienes los rodean.
La empatía es la capacidad de entender que no vivimos solos. Una sociedad verdaderamente desarrollada no es la que hace más ruido, sino la que demuestra más respeto.
Construyamos una Zamora donde la alegría de unos no signifique sufrimiento para otros; una Zamora donde el respeto, la consideración y la convivencia sean más fuertes que el ruido.
Porque el bienestar colectivo comienza cuando entendemos que nuestros derechos nunca pueden estar por encima de la tranquilidad, la salud y la dignidad de los demás.
Noticias Zamora
El chantaje y la proscripción: el libreto para ahogar la democracia
Por: Alonzo Cueva Rojas
Las declaraciones del ministro del Interior son una alerta grave. Exigir que alcaldes y prefectos se alineen con el pensamiento oficial es una postura antidemocrática y una muestra de totalitarismo. Una responsabilidad elemental es coordinar acciones por el progreso del país, pero otra actitud muy distinta es intentar anular la diversidad de opinión y la libertad política.
El gobierno central y las autoridades locales (GAD) tienen la obligación de unirse para dar respuestas reales a la población. Esta cooperación técnica e institucional debe enfocarse en áreas urgentes, sin importar banderas partidistas, como: Coordinar planes firmes para devolver la tranquilidad a los territorios, garantizar escuelas dignas, atención médica y medicinas, proteger a los sectores vulnerables y erradicar la pobreza, entre otros.
Ecuador es un país diverso, intercultural y plurinacional, marcado por diferencias geográficas, culturales y generacionales. Cualquier gobernante debe estar listo para ejercer su función dentro de esa diversidad. Querer imponer un pensamiento único es una aberración política que jamás dará resultados positivos. La alienación no es la solución; el camino seguirá siendo el ejercicio democrático del poder.
Detrás del discurso de la alineación opera un crudo condicionamiento. Es un secreto a voces que a los alcaldes y prefectos con altas opciones de reelección se les presiona con una consigna clara: o se postulan con el partido de gobierno, o les congelan los fondos y les arman problemas legales usando de forma selectiva a la justicia.
A esto se suma la proscripción de líderes sociales y la eliminación de organizaciones políticas de oposición. Al dejar a los líderes legítimos sin casillero electoral, el régimen les cierra el camino. Ante este atropello, muchas autoridades terminan claudicando, disimulando su sumisión por temor a perder su libertad o poner en riesgo a sus familias.
Gobernar mediante el miedo y anular a los rivales destruye la libertad de todo el pueblo ecuatoriano.
Noticias Zamora
Un voto con conciencia, un futuro con esperanza
El 29 de noviembre de 2026 no solo iremos a las urnas. Ese día decidiremos qué tipo de futuro tendrán nuestras ciudades, parroquias, comunidades y familias durante los próximos 4 años. No será una simple elección política; será una decisión que influirá en la calidad de vida de nuestros hijos, en las oportunidades de nuestros jóvenes, en la seguridad de nuestros barrios y en el progreso de nuestros territorios.
Cada voto es una herramienta de transformación o una oportunidad perdida. Por eso, elegir no es un favor que se le hace a un candidato. Elegir es un acto de responsabilidad con uno mismo, con la familia y con toda la comunidad.
Lamentablemente, en cada proceso electoral aparecen quienes creen que la dignidad de un pueblo tiene precio. Reparten regalos, organizan fiestas, ofrecen favores, prometen lo imposible y alimentan expectativas que saben que jamás podrán cumplir. Algunos incluso recurren a la mentira, al insulto y a la destrucción de la honra de sus adversarios porque carecen de propuestas, capacidad y visión.
Pero debemos preguntarnos con sinceridad: ¿alguna funda de alimentos ha solucionado el desempleo? ¿Algún espectáculo ha construido carreteras? ¿Alguna farra ha llevado agua potable a los hogares? ¿Algún regalo ha mejorado los hospitales, fortalecido la seguridad o creado oportunidades para nuestros jóvenes?
La respuesta es evidente. Las dádivas duran horas o días. Las malas decisiones electorales duran años. Un voto mal entregado puede significar cuatro años de abandono, corrupción, obras inconclusas, servicios deficientes y oportunidades perdidas. Y cuando una comunidad se equivoca al elegir, las consecuencias las pagan todos, incluso quienes votaron con responsabilidad.
Por eso, antes de votar, debemos mirar más allá de las emociones del momento. No votemos con rabia. No votemos por resentimiento. No votemos por conveniencia personal. Tampoco votemos por quien nos promete todo lo que queremos escuchar. Votemos con inteligencia, con memoria y con conciencia.
Investiguemos. Comparemos. Escuchemos. Analicemos.
Preguntémonos: ¿Ha demostrado capacidad para resolver problemas reales? ¿Tiene experiencia para administrar recursos públicos con eficiencia y transparencia? ¿Posee liderazgo para unir a la gente en lugar de dividirla? ¿Su trayectoria refleja honestidad, coherencia y vocación de servicio? ¿Ha trabajado por su comunidad antes de pedir el voto? ¿Tiene una visión clara para el desarrollo de nuestro territorio?
Los pueblos que prosperan no son aquellos que tienen más recursos, sino aquellos que eligen mejor a quienes los administran. La historia demuestra que el desarrollo de una comunidad depende, en gran medida, de la calidad de sus líderes y de la responsabilidad de sus ciudadanos al momento de elegirlos.
No olvidemos una verdad fundamental: quien compra votos no hace una inversión para servir; hace una inversión para recuperar lo gastado. Y cuando alguien llega al poder pensando en recuperar dinero o favores políticos, los intereses de la gente pasan a segundo plano. Nuestro voto vale más que cualquier regalo. Vale más que cualquier promesa vacía. Vale más que cualquier discurso bonito.
El voto es la voz de la dignidad ciudadana. Es el instrumento más poderoso que posee una democracia. Cuando se ejerce con conciencia, construye progreso. Cuando se entrega sin reflexión, abre las puertas al atraso.
Este 29 de noviembre de 2026, pensemos en nuestros hijos, en nuestros padres, en nuestros vecinos y en las futuras generaciones. Pensemos en el territorio que queremos dejarles. No elijamos al más popular, al más ruidoso o al más generoso con las dádivas. Elijamos a las mejores mujeres y a los mejores hombres; aquellos que tengan capacidad, integridad, experiencia, visión y un compromiso genuino con el bienestar colectivo.
Porque gobernar no es un privilegio. No es un premio. No es una oportunidad para enriquecerse. Gobernar es una responsabilidad enorme que exige preparación, honestidad y servicio.
El futuro de nuestros territorios no comienza cuando una autoridad asume el cargo. Comienza el día en que cada ciudadano decide con responsabilidad y sabiduría su voto.
Que el 29 de noviembre no gane la demagogia. Que no gane el populismo. Que no gane el interés particular de los que compran los votos.
Que gane la conciencia. Que gane la responsabilidad. Que gane el futuro.
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