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Opinión

Chile en su laberinto

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Las elecciones son el pulmón de la democracia pero a la vez, su veneno. Lo saben muy bien los ciudadanos de casi todas partes del mundo que la cuidan y defienden . Los chilenos, ahora mismo viven chuchaqui seco tras los resultados de las elecciones del domingo 7 de los corrientes, por el vuelco hacia la derecha dado por los votantes —con el partido más radical a la cabeza— implica una recomposición del panorama político chileno. Lo evidente del resultado de hace diez días, marca el péndulo de la opinión ciudadana en estos tiempos.

La volatilidad en las preferencias de los electores del país del sur, es una constante y las sorpresas pueden continuar. Apenas en año y medio, los votantes giraron de la izquierda a la derecha pura y sin duda, la nueva constitución de Chile será diferente del proyecto de “refundación nacional”, basada en componentes izquierdistas y que además fracasó en el referendo celebrado en setiembre del pasado año. Por el contundente triunfo de la derecha, podría abrirse un nuevo capítulo político en ese país, aunque los chilenos están conscientes qué la solución de las necesidades ciudadanas no arregla la constitución, hace suponer que la inspiración ideológica, pesará en la elaboración del documento que trabajará el Consejo Constitucional. Poco o mucho, el tiempo lo dirá.

Ya se escuchan voces que si la derecha republicana, liderada por José Antonio Katz, se encapricha en elaborar el documento como ellos plantean, sin escuchar la multiplicidad de culturas de la nación, la nueva carta fundamental será rechazada una vez más.

Para los chilenos, transitar por el sinuoso camino, al parecer no les sorprende; eligieron a Gabriel Boric en diciembre de 2021 con más del 55 % de la votación, le dieron la espalda al votar con un contundente 62 % en rechazo al texto redactado por su aplanadora de izquierda. La juventud e inexperiencia del presidente, le habrían hecho suponer tener en sus manos un cheque en blanco para hacer cambios estructurales sin tener en cuenta ni a la sociedad civil ni a la oposición política, a pesar de que ésta ya advertía su descontento.

Lo que ocurre en el país hermano, es un espejo para los países latinoamericanos particularmente Ecuador con una Constitución hecha a la medida para un ex presidente, quien aseguró que la carta fundamental tendría una vida útil de 300 años. Urge al menos, introducir reformas a la Carta Magna. Perú y Colombia, no deben perder de vista y con lupa analizar lo acontecido en Chile, cuando el partido Republicano, de derecha, fundado por el excandidato presidencial José Antonio Katz , obtuvo 23 de los 51 consejeros constitucionales. Al superar los 21, logró poder de veto. Es muy temprano para conocer las implicaciones a largo plazo de los resultados obtenidos y que podrían generar algún tipo de impacto, como el de determinar el contenido del nuevo texto constitucional, razón de ser de la elección.

A la vista, hay consecuencias visibles: el proyecto y la capacidad de acción del gobierno izquierdista de Boric, así como el fracaso de las agrupaciones políticas de centro e izquierda moderada —como los Partidos Demócrata Cristiano y Radical—, que fueron actores fundamentales en la reconstrucción democrática de Chile. Su alianza no logró elegir ni un delegado al Consejo, lo que hace suponer que su futuro estaría en entredicho.
Según lo establecido en la Ley 21.533, los miembros tendrán que estar presentes en la primera sesión de instalación del Consejo Constitucional, que se desarrollará en la sede del Congreso Nacional de Santiago, el 7 de junio de 2023. Dispondrán de cinco meses para trabajar sobre el anteproyecto de la propuesta de nueva Constitución, elaborada por una Comisión de Expertos y luego entregar una nueva versión. Por consiguiente, las labores finalizan el 7 de noviembre de 2023. El Consejo debe redactar y presentar el documento al Presidente de la República y sometido a un plebiscito el próximo 17 de diciembre.

De ser aprobado, la nueva constitución entraría en vigor; caso contrario, se mantendría la actual, emitida durante la dictadura de Augusto Pinochet y reformada en múltiples ocasiones durante el período democrático.
Chile vive su laberinto y paradojas en medio del recuerdo de los 50 años del golpe militar, cuando un 11 de septiembre de 1973, la primera proclama militar dispuso al presidente de la República, Salvador Allende, entregar de forma inmediata su cargo a la junta de gobierno, integrada por los jefes supremos de las fuerzas Armadas: Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza —los dos últimos acababan de tomar las jefaturas supremas de sus ramas, Armada y Carabineros respectivamente—. En este medio siglo, con altos y bajos, terminada la dictadura, Chile miró- con matices- hacia una izquierda.

Ahora mismo desde Arica hasta Punta Arenas, los chilenos creen que llegó la hora de que al fin pueda producirse una definición clara sobre su ley fundamental, y que ésta sea un factor de unidad, solidaridad y las mejores prácticas democráticas posibles. En esto todos los actores políticos tienen responsabilidades que cumplir, especialmente los ganadores. No deben desperdiciar la oportunidad. Fuente: El Telégrafo 

Opinión

El Tricolor que nos une, el juramento que nos compromete

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El 26 de septiembre conmemoramos con profundo orgullo y fervor cívico el Día de la Bandera Nacional del Ecuador, una fecha que trasciende el calendario y nos invita a mirar nuestra historia, reconocer nuestras raíces y reflexionar sobre el país que queremos construir para las presentes y futuras generaciones.

Nuestro glorioso tricolor: amarillo, azul y rojo. Tres colores que representan mucho más que un símbolo patrio; son parte de nuestra memoria, nuestra identidad y nuestra unidad como nación. El amarillo evoca la riqueza y generosidad de nuestra tierra; el azul, la inmensidad de nuestro cielo y las aguas del océano Pacífico que bañan nuestras costas; y el rojo nos recuerda la sangre, el valor y el sacrificio de quienes lucharon por nuestra libertad y por la construcción de una nación soberana.

Los verdaderos protagonistas de esta conmemoración son ustedes, queridos estudiantes de tercero de bachillerato, porque al jurar la bandera, asumen mucho más que una tradición cívica: dan un paso significativo hacia una ciudadanía consciente, responsable y comprometida con el destino del Ecuador.

Este juramento representa la decisión de honrar a la Patria no solo con palabras, sino con acciones; de comprender que ser ecuatoriano implica respetar nuestra historia, valorar nuestra diversidad, defender la libertad y la democracia, cumplir nuestros deberes y contribuir, desde cada espacio de la sociedad, a la construcción de un Ecuador más justo, solidario e innovador.

El Ecuador que soñamos mañana comienza con las decisiones, los valores y las acciones que ustedes elijan vivir desde hoy.

¿Qué significa jurar la bandera?

Jurar la bandera no consiste solamente en pronunciar unas palabras, levantar la mano o participar en una ceremonia solemne. Jurar la bandera significa asumir un compromiso con el Ecuador. Significa comprender que la patria no es solamente un territorio, sino las personas que la habitan, su historia, su cultura, sus sueños y también sus necesidades.

Cuando ustedes juran la bandera, se comprometen a respetar la Constitución y las leyes, defender la libertad y la democracia, cuidar la naturaleza y los recursos del país, valorar nuestra diversidad cultural y trabajar por la paz y el bienestar colectivo.

Pero ese compromiso también es personal. Significa comprometerse consigo mismos a vivir con honestidad, disciplina, responsabilidad, esfuerzo y perseverancia; a estudiar con dedicación, prepararse para el futuro y utilizar sus conocimientos no únicamente para alcanzar éxitos personales, sino también para servir a los demás.

Y existe un tercer compromiso: con la sociedad. El Ecuador necesita ciudadanos que no sean indiferentes frente a sus problemas; jóvenes capaces de pensar, cuestionar, proponer soluciones y actuar. Ciudadanos que respeten las diferencias, que sepan trabajar en equipo, que practiquen la solidaridad y que comprendan que el progreso de una nación depende también de las acciones cotidianas de cada uno de sus habitantes.

Por eso, queridos estudiantes, cuando hoy digan “¡Sí, juro!”, que esas palabras no sean pronunciadas solamente con la voz, sino también con la conciencia y el corazón. Que ese “sí” signifique:

Sí, me comprometo a estudiar y prepararme para servir mejor a mi país.

Sí, me comprometo a actuar con honestidad y responsabilidad.

Sí, me comprometo a respetar a los demás y valorar nuestra diversidad.

Sí, me comprometo a defender la democracia, la libertad y la dignidad humana.

Sí, me comprometo a cuidar nuestra naturaleza y nuestro patrimonio.

Sí, me comprometo a ser parte de las soluciones y no permanecer indiferente ante los problemas.

Sí, me comprometo a construir, desde mis posibilidades, un Ecuador más justo, innovador y solidario. Ese es el verdadero significado de honrar la bandera.

El bachiller ecuatoriano está llamado a ser justo, innovador y solidario. Justo, para reconocer los derechos de los demás y cumplir responsablemente sus deberes. Innovador, para no conformarse con repetir lo que ya existe, sino atreverse a crear, investigar, transformar y encontrar soluciones a los desafíos de su tiempo. Y solidario, para comprender que nadie construye una sociedad mejor en soledad y que el bienestar individual alcanza verdadero sentido cuando contribuye al bienestar colectivo.

Queridos jóvenes: a partir de hoy, lleven la bandera no solamente en sus manos, sino en sus acciones. Defiéndanla estudiando, trabajando con honestidad, respetando a los demás, cuidando el Ecuador y actuando siempre con dignidad.

No permitan que este juramento quede encerrado en una ceremonia. Que permanezca vivo cuando tengan que tomar decisiones difíciles, cuando enfrenten obstáculos, cuando deban elegir entre lo correcto y lo conveniente, y cuando tengan la oportunidad de ayudar a alguien que lo necesite.

Porque amar a la patria no significa solamente emocionarse al escuchar su himno o contemplar su bandera ondeando al viento. Amar a la patria significa trabajar cada día para hacerla mejor.

Al jurar la bandera ustedes reciben simbólicamente una responsabilidad que pertenece a todos los ciudadanos: ser constructores del Ecuador que queremos dejar a las próximas generaciones.

Que el amarillo les recuerde la riqueza de nuestra tierra; que el azul les inspire a mirar siempre hacia nuevos horizontes; y que el rojo les recuerde que la libertad y la dignidad tienen una historia de sacrificio que debemos honrar con nuestras propias acciones.

Queridos estudiantes de tercero de bachillerato: en el futuro serán profesionales, líderes, padres y madres de familia, emprendedores, servidores públicos, científicos, artistas y ciudadanos que tendrán en sus manos parte del destino de nuestra nación. Que cuando llegue ese día puedan mirar hacia atrás y decir con orgullo: cumplí mi juramento.

Que sus conocimientos sirvan para transformar. Que sus decisiones estén guiadas por la justicia.

Que sus acciones estén acompañadas de solidaridad. Y que cada logro personal contribuya también a construir un Ecuador más digno, libre, democrático, justo, innovador y solidario.

¡Viva nuestra bandera nacional!

¡Viva el Ecuador!

¡Vivan los estudiantes que hoy asumen este compromiso con la Patria!

 

 

 

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Noticias Zamora

OPINIÓN | El silencio del Olimpo militar: La caída del Bi-Tri a Segunda Categoría

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Por: Alonzo Cueva Rojas
“Yo no tengo la culpa

de tener la sangre roja

y el corazón a la izquierda”.

Desde Zamora Chinchipe,

con el orgullo intacto

del Bi-Tricampeón.

La consumación del descenso del Club Deportivo El Nacional a la Segunda Categoría no es un simple resultado estadístico; es una puñalada directa a nuestra historia. Ver al único e irrepetible Bi-Tricampeón del país desterrado del fútbol profesional genera un dolor profundo que sacude los cimientos del balompié nacional. Como hincha que, a la distancia, desde Zamora Chinchipe, ha celebrado en las buenas y ha llorado en las malas, siento el colapso de un símbolo de identidad patria.

Para dimensionar este luto, es obligatorio hacer memoria. Esta leyenda nació el 6 de febrero de 1963 como la Selección del Ejército, por iniciativa del Capitán Hugo Enderica Torres. Luego compitió en torneos provinciales bajo el nombre de Club Mariscal Sucre, vistiendo de azul y amarillo, hasta que el 1 de junio de 1964 se refundó oficialmente como Club Deportivo El Nacional. Desde su génesis, adoptó un principio inquebrantable: jugar única y exclusivamente con futbolistas ecuatorianos. Así nació la esencia de los «Puros Criollos», demostrando al continente que la verdadera grandeza no necesitaba mirar fuera de sus fronteras.

Lejos de ser una limitación, esa política fraguó una época dorada. «La Gloria del Fútbol» cosechó 13 Campeonatos Nacionales y 2 Copas Ecuador, siendo el único club del país en lograr dos tricampeonatos consecutivos (1976-1978 y 1982-1984). Además, su cantera alimentó a la Selección con leyendas como Fabián Paz y Miño (goleador histórico), José Villafuerte, Ermen Benítez, Carlos Ron, y astros modernos como Antonio Valencia, Christian «Chucho» Benítez y Segundo Castillo.

Hoy, esos ecos de gloria se ahogan en la impotencia. El gigante tocó fondo, pero El Nacional no murió en la cancha por falta de garra; lo asfixió la desidia dirigencial. Esta catástrofe es el reflejo de años de directivas inoperantes y pésimas administraciones que arrastraron al club a una deuda cercana a los 12 millones de dólares. Las restas de puntos por escritorio y la quiebra económica desmantelaron el alma del equipo, sentenciando este desplome definitivo hacia el amateurismo.

La Segunda Categoría será un purgatorio inhóspito, pero también la oportunidad de una reestructuración total que expulse a quienes nos hicieron daño. El Nacional debe volver, porque un fútbol ecuatoriano sin los «Puros Criollos» en la élite es un fútbol incompleto. La historia no se borra con deudas, y la gloria acumulada en nuestro escudo exige un retorno digno de su estirpe. A pesar de la tormenta, la garganta no se apaga. Hoy más que nunca, sacamos el pecho y gritamos nuestra arenga eterna: ¡Y dale, y dale, y dale el Nacional! El ¡Nacho de mi vida! volverá a rugir con la fuerza de su historia.

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Noticias Zamora

La victoria de la dignidad docente: Lecciones de lucha y conciencia de clase

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Por: Alonzo Cueva Rojas.

Lic. en Ciencias de la Educación.

Profesor. de Segunda Enseñanza y Profesor.

de Educación Infantil (UTPL)

La reciente Sentencia 120-26-IN/26, emitida por el Pleno de la Corte Constitucional, constituye un hito histórico para los trabajadores de la educación en el Ecuador. Al declarar la inconstitucionalidad de los artículos 1, 2 y 5 del Acuerdo Ministerial MINEDEC-2026-00045-A, el máximo organismo de control ratificó de forma definitiva que los sábados no son días laborables para el magisterio. Más allá de ser un logro técnico, este fallo representa el triunfo de la dignidad frente a la arbitrariedad, y una demostración contundente de la vigencia de la lucha y la conciencia clasista de la Unión Nacional de Educadores (UNE).

Durante meses, el MINEDEC y el Gobierno Central pretendieron normalizar la precarización bajo el pretexto de la recuperación del tiempo o la optimización institucional. La imposición de trabajar los fines de semana no solo vulneró el derecho constitucional al descanso, al desarrollo familiar y a la desconexión digital, sino que desnudó la conducta patronal, autoritaria y deshumanizante de las autoridades de turno. Con este fallido acuerdo, el Estado pretendió modificar la jornada laboral por una vía administrativa ilegal, demostrando que para el poder político el docente es visto como un recurso sobre explotable y no como el pilar fundamental del sistema social.

Sin embargo, la respuesta del magisterio organizado no se hizo esperar. La UNE, manteniéndose fiel a su tradición combativa, demostró que los derechos no se mendigan, sino que se conquistan y se defienden en las calles y en los tribunales. Esta victoria es el resultado directo de una profunda conciencia de clase: los profesores del sector público se reconocieron a sí mismos como trabajadores explotados por un Estado empleador negligente y, mediante la unidad, decidieron frenar el abuso patronal de raíz.

El trasfondo de este atropello devela una realidad alarmante: el Gobierno carece de toda autoridad política y moral para endosar al magisterio las falencias del sistema educativo. Mientras la Constitución ordena taxativamente destinar al menos el 6% del PIB a la educación, el Estado apenas programa presupuestos marginales, generando una brecha ilegal que asfixia a las aulas. Un régimen que incumple su propia Carta Magna no puede exigir «sacrificios» a quienes sostienen la educación pública con sus propios recursos.

La crisis actual de la educación fiscal es el retrato vivo del abandono: un agresivo congelamiento de salarios que pisotea los procesos de escalafón, precarización laboral institucionalizada y una infraestructura en soletas, con escuelas abandonadas y desmanteladas. Esta debacle no es accidental; responde a un colapso planificado por un Gobierno que prefiere priorizar de forma sumisa el recetario de austeridad fiscal del Fondo Monetario Internacional (FMI) en lugar de invertir en el desarrollo y la vida de los hijos del pueblo.

La lección que deja este episodio es clara para todo el movimiento obrero ecuatoriano: la organización colectiva sigue siendo la única herramienta eficaz contra la arremetida neoliberal y flexibilizadora. El magisterio nacional ha vuelto a dar una cátedra de dignidad y firmeza, recordando al país entero que cuando la base se moviliza con conciencia y dirección clara, hasta los decretos más dictatoriales del poder terminan doblegándose ante la fuerza de la justicia laboral.

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