EDITORIAL
Por: Lic. Alonzo Cueva Rojas
Cada 6 de octubre, el espíritu cívico nos convoca a mirar hacia el pasado para comprender la verdadera magnitud de nuestro presente. Hoy, al conmemorarse un aniversario más de la fundación española de la ciudad de Zamora, resulta imperativo para la memoria colectiva trazar una precisión histórica fundamental, indispensable desde la cátedra y la pedagogía: celebrar el nacimiento de la urbe no es, bajo ningún concepto, sinónimo de conmemorar el aniversario de su cantón.
Mientras que la cantonización constituye un logro jurídico y político de la era republicana consolidado el 13 de noviembre de 1911 bajo el gobierno de Emilio Estrada, la fundación de la ciudad hunde sus raíces en el período colonial de 1549, cuando el capitán Hernando de Benavente erigió la indómita Zamora de los Alcaides. Son más de 360 años de distancia cronológica entre ambos hitos. La ciudad es el origen primigenio, el núcleo humano y geográfico que resistió al tiempo, a la selva y al olvido; el cantón es la estructura político-administrativa posterior. Confundirlos resta perspectiva al largo y sinuoso proceso histórico que forjó nuestra identidad.
Más allá de la necesaria exactitud cronológica, hablar de Zamora es evocar a la indiscutible capital de la provincia de Zamora Chinchipe y, ante el altar de la patria, a la «Capital de las Aves y Cascadas». En el contexto nacional, esta tierra no es una geografía más; es un pulmón de biodiversidad y un epicentro de riqueza intercultural donde la nacionalidad Shuar, el pueblo Saraguro y el sector mestizo convergen en armonía. Su riqueza mineral, la fertilidad de sus valles regados por los ríos Zamora y Bombuscaro, y su imponente entorno natural la consolidan hoy como un baluarte de desarrollo sustentable y ecoturismo estratégico para el Ecuador.
Sin embargo, el patrimonio más sagrado de Zamora radica en el temple de su gente, forjado en las páginas más complejas de la soberanía nacional. La historia patria no puede escribirse sin rescatar el papel protagónico y heroico que desempeñó esta ciudad de frontera durante los conflictos armados con el Perú en el siglo XX. Zamora fue escudo y bastión de resistencia; un territorio donde la sociedad civil y las fuerzas armadas se fundieron en un solo puño de dignidad. Sus calles, campos y comunidades cobijaron el valor inquebrantable de quienes defendieron la integridad territorial de la república en las cruciales gestas de 1981 y 1995. Esa herencia de sacrificio impregna nuestro aire y define el carácter altivo de nuestra población.
Como educador, formado bajo el rigor académico de la Universidad Técnica Particular de Loja en la docencia de segunda enseñanza y la educación infantil, sostengo firmemente que la historia debe enseñarse con absoluta precisión, pero, sobre todo, con profundo amor a la patria chica. Es en las aulas, desde la infancia, donde debemos sembrar el conocimiento exacto de nuestras raíces para cosechar ciudadanos comprometidos con el porvenir.
Al celebrar hoy la fundación de la ciudad de Zamora, rendimos homenaje al valor de sus defensores históricos y a la promesa de una urbe que camina firme hacia el progreso sin desvincularse jamás de su memoria. ¡Viva Zamora en su aniversario de fundación!




