{"id":34508,"date":"2026-09-21T05:13:50","date_gmt":"2026-09-21T10:13:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/?p=34508"},"modified":"2026-09-20T09:19:00","modified_gmt":"2026-09-20T14:19:00","slug":"79-dias-despues-del-aluvion-luzmila-sanimba-sigue-esperando-volver-a-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/79-dias-despues-del-aluvion-luzmila-sanimba-sigue-esperando-volver-a-casa\/","title":{"rendered":"79 d\u00edas despu\u00e9s del aluvi\u00f3n, Luzmila Sanimba sigue esperando volver a casa"},"content":{"rendered":"<p>La tragedia que golpe\u00f3 a Santa Isabel y Cantzama no termin\u00f3 cuando bajaron las aguas. Para algunas familias, la emergencia contin\u00faa entre escombros, enfermedades, p\u00e9rdidas materiales y la incertidumbre de no tener un hogar propio.<\/p>\n<p><strong>Guadalupe, Zamora Chinchipe. \u2014<\/strong> Hay desastres que pueden medirse en cifras: personas fallecidas, desaparecidas, viviendas destruidas, hect\u00e1reas afectadas y p\u00e9rdidas econ\u00f3micas. Pero existen otras consecuencias que no caben en una estad\u00edstica: la ausencia de quienes ya no est\u00e1n, el miedo que permanece despu\u00e9s de una noche de tragedia y la dificultad de reconstruir una vida cuando el lugar que alguna vez fue hogar ha quedado convertido en lodo, piedras y escombros.<\/p>\n<p>El 4 de julio de 2026, la parroquia Guadalupe, en el cant\u00f3n Zamora, vivi\u00f3 uno de los episodios m\u00e1s dolorosos de su historia reciente. Las intensas lluvias provocaron crecidas y desbordamientos que afectaron sectores como Cantzama y Santa Isabel. Los reportes period\u00edsticos y de organismos de respuesta documentaron decenas de v\u00edctimas, personas desaparecidas, heridos y una importante destrucci\u00f3n de viviendas e infraestructura.<\/p>\n<p>Una semana despu\u00e9s, los reportes daban cuenta de 13 personas fallecidas y seis desaparecidas, mientras continuaban las labores de b\u00fasqueda en la zona afectada.<\/p>\n<p>Santa Isabel qued\u00f3 particularmente marcada por la fuerza del fen\u00f3meno. El lugar, descrito antes como un espacio de actividad tur\u00edstica y familiar, termin\u00f3 cubierto por toneladas de arena, troncos y sedimentos.<\/p>\n<p>Sin embargo, cuando las m\u00e1quinas se retiraron, disminuy\u00f3 la presencia de equipos de emergencia y las c\u00e1maras dejaron de apuntar hacia la zona cero, comenz\u00f3 otra etapa de la tragedia: la reconstrucci\u00f3n de la vida cotidiana.<\/p>\n<p><strong>Luzmila: reconstruir desde las ruinas<\/strong><\/p>\n<p>El 16 de septiembre, Diario El Amaz\u00f3nico regres\u00f3 a Cantzama para conocer c\u00f3mo enfrenta la emergencia una de las sobrevivientes: Luzmila Sanimba.<\/p>\n<p>Su historia es la de una mujer que no solamente perdi\u00f3 su vivienda. Perdi\u00f3 tambi\u00e9n familiares, pertenencias y una parte importante de la seguridad con la que hab\u00eda construido su vida.<\/p>\n<p>El aluvi\u00f3n destruy\u00f3 su casa y dej\u00f3 el terreno cubierto de piedras, arena y material p\u00e9treo. Hoy, el sitio donde alguna vez estuvo su hogar permanece como evidencia f\u00edsica de aquella madrugada.<\/p>\n<p>Luzmila tiene 50 a\u00f1os y vive con una enfermedad que, seg\u00fan su propio testimonio, limita considerablemente su capacidad para trabajar. Relata que lleva aproximadamente 22 a\u00f1os enfrentando problemas de salud y que recibe tratamiento peri\u00f3dico para controlar los dolores. Tambi\u00e9n explica que algunos ex\u00e1menes m\u00e9dicos que debe realizarse fuera del sistema p\u00fablico representan gastos de entre 70 y 200 d\u00f3lares, recursos que no siempre tiene disponibles.<\/p>\n<p>Su situaci\u00f3n econ\u00f3mica se volvi\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s compleja despu\u00e9s del desastre.<\/p>\n<p>Antes del aluvi\u00f3n, encontraba en actividades dom\u00e9sticas y productivas una forma de subsistencia. Criaba animales, ten\u00eda un peque\u00f1o espacio productivo y pod\u00eda desenvolverse en su propio entorno. Hoy, reconstruir significa conseguir materiales que para ella representan un costo pr\u00e1cticamente inalcanzable.<\/p>\n<p>\u201cNo tengo ni para comprar una pastilla a veces\u201d, relata durante la entrevista, mientras muestra las condiciones en las que qued\u00f3 la estructura.<\/p>\n<p>Las paredes de lo que permanece en pie presentan grietas y da\u00f1os. Parte de la construcci\u00f3n qued\u00f3 afectada por el movimiento del terreno y el relleno posterior. Para volver a vivir all\u00ed tendr\u00eda que reconstruir pr\u00e1cticamente desde cero.<\/p>\n<p><strong>Una noche que comenz\u00f3 con lluvia y termin\u00f3 en tragedia<\/strong><\/p>\n<p>El testimonio de Luzmila permite reconstruir, la desesperaci\u00f3n de una sobreviviente, las horas previas al desastre.<\/p>\n<p>Aquella noche llov\u00eda intensamente. Al principio, nada parec\u00eda anunciar la magnitud de lo que estaba por suceder. Hubo advertencias de vecinos sobre el crecimiento del r\u00edo, pero el comportamiento del cauce todav\u00eda parec\u00eda, para algunos habitantes, una situaci\u00f3n asociada a una fuerte jornada de invierno.<\/p>\n<p>Luzmila recuerda llamadas y advertencias para que buscara un lugar seguro. Tambi\u00e9n recuerda el ruido de la lluvia, el viento, los truenos y, posteriormente, el momento en que se fue la electricidad.<\/p>\n<p><strong>Entonces lleg\u00f3 la oscuridad.<\/strong><\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, el agua y el material arrastrado comenzaron a aproximarse a las viviendas.<\/p>\n<p>La sobreviviente relata que, junto a su nieto y otros familiares, busc\u00f3 refugio en una parte alta de una vivienda. El agua alcanz\u00f3 las ventanas y la estructura comenz\u00f3 a moverse. En medio de la oscuridad, el miedo se convirti\u00f3 en la certeza de que la situaci\u00f3n hab\u00eda superado cualquier experiencia anterior.<\/p>\n<p>\u201cDios m\u00edo, s\u00e1lvanos\u201d, fue, seg\u00fan su relato, una de las pocas frases que alcanz\u00f3 a pronunciar antes de lanzarse al piso para protegerse junto a su nieto.<\/p>\n<p>La corriente pas\u00f3 r\u00e1pidamente, pero dej\u00f3 detr\u00e1s una transformaci\u00f3n irreversible.<\/p>\n<p><strong>Dos familiares que no regresaron<\/strong><\/p>\n<p>Para Luzmila, el desastre tiene adem\u00e1s dos nombres propios: Dominga y Santiago, familiares que perdi\u00f3 durante el aluvi\u00f3n.<\/p>\n<p>Su hermano Santiago dej\u00f3 tres hijos. Uno de ellos tiene 21 a\u00f1os, otro 14 y el menor apenas dos a\u00f1os, de acuerdo con el testimonio entregado a este medio. Los ni\u00f1os quedaron bajo el cuidado de su abuela en Guadalupe.<\/p>\n<p>Por eso, cuando Luzmila habla de reconstruir su vivienda, no habla solamente de paredes, techo y cemento. Habla de recuperar una m\u00ednima sensaci\u00f3n de normalidad despu\u00e9s de haber visto desaparecer parte de su familia y de su patrimonio.<\/p>\n<p><strong>\u00bfReubicaci\u00f3n o reconstrucci\u00f3n?<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la emergencia se plantearon alternativas de reubicaci\u00f3n para las familias afectadas. En el caso de Luzmila, sin embargo, la idea de abandonar definitivamente Cantzama no resulta sencilla.<\/p>\n<p>Ella explica que est\u00e1 acostumbrada a vivir all\u00ed, que conoce el territorio, que tiene v\u00ednculos comunitarios y que su forma de subsistencia estaba relacionada con ese espacio.<\/p>\n<p><strong>La diferencia no es menor.<\/strong><\/p>\n<p>Una vivienda no representa \u00fanicamente cuatro paredes. Para una familia rural puede significar tambi\u00e9n espacio para sembrar, criar animales, desarrollar una actividad productiva y mantener redes comunitarias.<\/p>\n<p>Luzmila sostiene que un departamento no resolver\u00eda necesariamente esas necesidades. Su aspiraci\u00f3n es volver a levantar una casa en su terreno y recuperar, en la medida de lo posible, su autonom\u00eda.<\/p>\n<p>Este planteamiento abre una discusi\u00f3n m\u00e1s amplia sobre la reconstrucci\u00f3n despu\u00e9s de un desastre: reubicar no significa \u00fanicamente entregar un techo; tambi\u00e9n implica considerar medios de vida, v\u00ednculos sociales, condiciones econ\u00f3micas y caracter\u00edsticas culturales de las familias afectadas.<\/p>\n<p>La emergencia despu\u00e9s de la emergencia<\/p>\n<p>La experiencia de Luzmila refleja un fen\u00f3meno ampliamente observado en la gesti\u00f3n de desastres: la atenci\u00f3n no puede terminar con la fase de rescate.<\/p>\n<p>Los primeros d\u00edas concentran equipos de b\u00fasqueda, asistencia humanitaria, autoridades, voluntarios y cobertura medi\u00e1tica. Despu\u00e9s comienza una etapa menos visible, pero igualmente compleja: reconstruir viviendas, recuperar fuentes de ingresos, atender da\u00f1os psicol\u00f3gicos y sociales, garantizar servicios b\u00e1sicos y restablecer condiciones dignas de vida.<\/p>\n<p>En Cantzama, an\u00e1lisis posteriores se\u00f1alaron que la emergencia produjo afectaciones no solo en viviendas, sino tambi\u00e9n en v\u00edas, servicios b\u00e1sicos, infraestructura y superficies agr\u00edcolas. Un an\u00e1lisis ambiental de la Fundaci\u00f3n Pachamama estim\u00f3 un \u00e1rea afectada de 108 hect\u00e1reas y se\u00f1al\u00f3 que una parte importante correspond\u00eda a agricultura y pastos, es decir, espacios vinculados directamente con los medios de vida de las comunidades rurales.<\/p>\n<p>La propia documentaci\u00f3n elaborada durante la emergencia caracteriz\u00f3 a Cantzama como una zona con pendientes pronunciadas y susceptibilidad a movimientos en masa, condiciones que incrementan el riesgo durante periodos de precipitaciones intensas.<\/p>\n<p>Estos antecedentes permiten entender que la reconstrucci\u00f3n requiere m\u00e1s que recuperar una infraestructura destruida: necesita incorporar criterios de seguridad, ordenamiento territorial, prevenci\u00f3n y reducci\u00f3n del riesgo.<\/p>\n<p>La solidaridad que ahora necesita convertirse en reconstrucci\u00f3n<\/p>\n<p>Durante los primeros d\u00edas de la tragedia, la solidaridad ciudadana fue visible. Familias, instituciones, organizaciones y particulares colaboraron con alimentos, ropa, electrodom\u00e9sticos y otros art\u00edculos.<\/p>\n<p><strong>Luzmila reconoce esa ayuda.<\/strong><\/p>\n<p>Pero ahora su necesidad es diferente.<\/p>\n<p>Necesita materiales de construcci\u00f3n y mano de obra para volver a tener un hogar.<\/p>\n<p>Entre los materiales que identifica est\u00e1n cemento, bloques, varillas, correas, duratecho y otros elementos necesarios para reconstruir la vivienda. Tambi\u00e9n plantea la posibilidad de organizar una minga comunitaria para levantar nuevamente su casa.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Gladys Guerrero, quien actualmente le brinda alojamiento, explica que Luzmila desea regresar a su propia vivienda y hace un llamado para que la ayuda no se detenga despu\u00e9s de la emergencia inicial.<\/p>\n<p>Su mensaje plantea una reflexi\u00f3n esencial: la solidaridad no deber\u00eda terminar cuando desaparece la noticia de primera plana.<\/p>\n<p><strong>Una casa no es solamente una construcci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Para Luzmila, volver a casa significa recuperar independencia.<\/p>\n<p>Significa dejar de subir y bajar constantemente hacia Guadalupe. Significa contar con un espacio donde pueda desenvolverse pese a sus limitaciones f\u00edsicas. Significa recuperar sus actividades productivas y volver a tener un lugar propio.<\/p>\n<p>Significa, en definitiva, reconstruir una parte de su vida.<\/p>\n<p>Setenta y nueve d\u00edas despu\u00e9s de aquella madrugada, Cantzama todav\u00eda conserva las huellas del desastre. Pero entre el lodo endurecido, las piedras y las estructuras deterioradas tambi\u00e9n existe una voluntad de comenzar nuevamente.<\/p>\n<p>La historia de Luzmila no pretende representar por s\u00ed sola a todas las familias damnificadas. Es, sin embargo, un testimonio concreto de que la etapa posterior al desastre contin\u00faa y de que existen necesidades que requieren atenci\u00f3n sostenida.<\/p>\n<p>La tragedia del 4 de julio dej\u00f3 p\u00e9rdidas que ninguna reconstrucci\u00f3n material podr\u00e1 compensar completamente. Pero s\u00ed existe una responsabilidad colectiva de contribuir a que quienes sobrevivieron puedan recuperar condiciones dignas de vida.<\/p>\n<p><strong>C\u00d3MO AYUDAR A LUZMILA SANIMBA<\/strong><\/p>\n<p>Quienes deseen contribuir directamente con la reconstrucci\u00f3n de la vivienda de Luzmila Sanimba pueden hacerlo mediante aportes econ\u00f3micos o materiales.<\/p>\n<p>BanEcuador<\/p>\n<p>N\u00famero de cuenta: 4003460362<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se solicita apoyo con materiales de construcci\u00f3n como cemento, bloques, varillas, correas, duratecho y otros insumos, adem\u00e1s de mano de obra para una eventual minga comunitaria.<\/p>\n<p>La historia contin\u00faa en el mismo lugar donde comenz\u00f3 la tragedia.<\/p>\n<p>Esta vez, sin embargo, el objetivo no es buscar sobrevivientes entre el lodo.<\/p>\n<p>Es ayudar a una sobreviviente a volver a tener un hogar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tragedia que golpe\u00f3 a Santa Isabel y Cantzama no termin\u00f3 cuando bajaron las aguas. Para algunas familias, la emergencia contin\u00faa entre escombros, enfermedades, p\u00e9rdidas materiales y la incertidumbre de no tener un hogar propio. Guadalupe, Zamora Chinchipe. \u2014 Hay desastres que pueden medirse en cifras: personas fallecidas, desaparecidas, viviendas destruidas, hect\u00e1reas afectadas y p\u00e9rdidas econ\u00f3micas. Pero existen otras consecuencias que no caben en una estad\u00edstica: la ausencia de quienes ya no est\u00e1n, el miedo que permanece despu\u00e9s de una noche de tragedia y la dificultad de reconstruir una vida cuando el lugar que alguna vez fue hogar ha quedado convertido en lodo, piedras y escombros. El 4 de julio de 2026, la parroquia Guadalupe, en el cant\u00f3n Zamora, vivi\u00f3 uno de los episodios m\u00e1s dolorosos de su historia reciente. Las intensas lluvias provocaron crecidas y desbordamientos que afectaron sectores como Cantzama y Santa Isabel. Los reportes period\u00edsticos y de organismos de respuesta documentaron decenas de v\u00edctimas, personas desaparecidas, heridos y una importante destrucci\u00f3n de viviendas e infraestructura. Una semana despu\u00e9s, los reportes daban cuenta de 13 personas fallecidas y seis desaparecidas, mientras continuaban las labores de b\u00fasqueda en la zona afectada. Santa Isabel qued\u00f3 particularmente marcada por la fuerza del fen\u00f3meno. El lugar, descrito antes como un espacio de actividad tur\u00edstica y familiar, termin\u00f3 cubierto por toneladas de arena, troncos y sedimentos. Sin embargo, cuando las m\u00e1quinas se retiraron, disminuy\u00f3 la presencia de equipos de emergencia y las c\u00e1maras dejaron de apuntar hacia la zona cero, comenz\u00f3 otra etapa de la tragedia: la reconstrucci\u00f3n de la vida cotidiana. Luzmila: reconstruir desde las ruinas El 16 de septiembre, Diario El Amaz\u00f3nico regres\u00f3 a Cantzama para conocer c\u00f3mo enfrenta la emergencia una de las sobrevivientes: Luzmila Sanimba. Su historia es la de una mujer que no solamente perdi\u00f3 su vivienda. Perdi\u00f3 tambi\u00e9n familiares, pertenencias y una parte importante de la seguridad con la que hab\u00eda construido su vida. El aluvi\u00f3n destruy\u00f3 su casa y dej\u00f3 el terreno cubierto de piedras, arena y material p\u00e9treo. Hoy, el sitio donde alguna vez estuvo su hogar permanece como evidencia f\u00edsica de aquella madrugada. Luzmila tiene 50 a\u00f1os y vive con una enfermedad que, seg\u00fan su propio testimonio, limita considerablemente su capacidad para trabajar. Relata que lleva aproximadamente 22 a\u00f1os enfrentando problemas de salud y que recibe tratamiento peri\u00f3dico para controlar los dolores. Tambi\u00e9n explica que algunos ex\u00e1menes m\u00e9dicos que debe realizarse fuera del sistema p\u00fablico representan gastos de entre 70 y 200 d\u00f3lares, recursos que no siempre tiene disponibles. Su situaci\u00f3n econ\u00f3mica se volvi\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s compleja despu\u00e9s del desastre. Antes del aluvi\u00f3n, encontraba en actividades dom\u00e9sticas y productivas una forma de subsistencia. Criaba animales, ten\u00eda un peque\u00f1o espacio productivo y pod\u00eda desenvolverse en su propio entorno. Hoy, reconstruir significa conseguir materiales que para ella representan un costo pr\u00e1cticamente inalcanzable. \u201cNo tengo ni para comprar una pastilla a veces\u201d, relata durante la entrevista, mientras muestra las condiciones en las que qued\u00f3 la estructura. Las paredes de lo que permanece en pie presentan grietas y da\u00f1os. Parte de la construcci\u00f3n qued\u00f3 afectada por el movimiento del terreno y el relleno posterior. Para volver a vivir all\u00ed tendr\u00eda que reconstruir pr\u00e1cticamente desde cero. Una noche que comenz\u00f3 con lluvia y termin\u00f3 en tragedia El testimonio de Luzmila permite reconstruir, la desesperaci\u00f3n de una sobreviviente, las horas previas al desastre. Aquella noche llov\u00eda intensamente. Al principio, nada parec\u00eda anunciar la magnitud de lo que estaba por suceder. Hubo advertencias de vecinos sobre el crecimiento del r\u00edo, pero el comportamiento del cauce todav\u00eda parec\u00eda, para algunos habitantes, una situaci\u00f3n asociada a una fuerte jornada de invierno. Luzmila recuerda llamadas y advertencias para que buscara un lugar seguro. Tambi\u00e9n recuerda el ruido de la lluvia, el viento, los truenos y, posteriormente, el momento en que se fue la electricidad. Entonces lleg\u00f3 la oscuridad. Poco despu\u00e9s, el agua y el material arrastrado comenzaron a aproximarse a las viviendas. La sobreviviente relata que, junto a su nieto y otros familiares, busc\u00f3 refugio en una parte alta de una vivienda. El agua alcanz\u00f3 las ventanas y la estructura comenz\u00f3 a moverse. En medio de la oscuridad, el miedo se convirti\u00f3 en la certeza de que la situaci\u00f3n hab\u00eda superado cualquier experiencia anterior. \u201cDios m\u00edo, s\u00e1lvanos\u201d, fue, seg\u00fan su relato, una de las pocas frases que alcanz\u00f3 a pronunciar antes de lanzarse al piso para protegerse junto a su nieto. La corriente pas\u00f3 r\u00e1pidamente, pero dej\u00f3 detr\u00e1s una transformaci\u00f3n irreversible. Dos familiares que no regresaron Para Luzmila, el desastre tiene adem\u00e1s dos nombres propios: Dominga y Santiago, familiares que perdi\u00f3 durante el aluvi\u00f3n. Su hermano Santiago dej\u00f3 tres hijos. Uno de ellos tiene 21 a\u00f1os, otro 14 y el menor apenas dos a\u00f1os, de acuerdo con el testimonio entregado a este medio. Los ni\u00f1os quedaron bajo el cuidado de su abuela en Guadalupe. Por eso, cuando Luzmila habla de reconstruir su vivienda, no habla solamente de paredes, techo y cemento. Habla de recuperar una m\u00ednima sensaci\u00f3n de normalidad despu\u00e9s de haber visto desaparecer parte de su familia y de su patrimonio. \u00bfReubicaci\u00f3n o reconstrucci\u00f3n? Despu\u00e9s de la emergencia se plantearon alternativas de reubicaci\u00f3n para las familias afectadas. En el caso de Luzmila, sin embargo, la idea de abandonar definitivamente Cantzama no resulta sencilla. Ella explica que est\u00e1 acostumbrada a vivir all\u00ed, que conoce el territorio, que tiene v\u00ednculos comunitarios y que su forma de subsistencia estaba relacionada con ese espacio. La diferencia no es menor. Una vivienda no representa \u00fanicamente cuatro paredes. Para una familia rural puede significar tambi\u00e9n espacio para sembrar, criar animales, desarrollar una actividad productiva y mantener redes comunitarias. Luzmila sostiene que un departamento no resolver\u00eda necesariamente esas necesidades. Su aspiraci\u00f3n es volver a levantar una casa en su terreno y recuperar, en la medida de lo posible, su autonom\u00eda. Este planteamiento abre una discusi\u00f3n m\u00e1s amplia sobre la reconstrucci\u00f3n despu\u00e9s de un desastre: reubicar no significa \u00fanicamente entregar un techo; tambi\u00e9n implica considerar medios de vida, v\u00ednculos sociales, condiciones econ\u00f3micas y caracter\u00edsticas culturales de las familias afectadas. 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