{"id":33334,"date":"2026-08-02T22:09:48","date_gmt":"2026-08-03T03:09:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/?p=33334"},"modified":"2026-08-02T22:30:29","modified_gmt":"2026-08-03T03:30:29","slug":"cronica-de-dos-dias-de-busqueda-esperanza-y-dolor-en-las-aguas-del-rio-zamora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/cronica-de-dos-dias-de-busqueda-esperanza-y-dolor-en-las-aguas-del-rio-zamora\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica de dos d\u00edas de b\u00fasqueda, esperanza y dolor en las aguas del r\u00edo Zamora"},"content":{"rendered":"<p>EL R\u00cdO QUE GUARDA EL SILENCIO<\/p>\n<p><em><strong>Por Diario El Amaz\u00f3nico | Reportaje Especial<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Hay tragedias que irrumpen con estruendos capaces de estremecer ciudades enteras. Otras, en cambio, llegan envueltas en un silencio tan profundo que nadie alcanza a comprender que la vida acaba de cambiar para siempre.<\/p>\n<p>La madrugada del s\u00e1bado fue una de esas.<\/p>\n<p>Mientras el reloj avanzaba sobre las primeras horas del d\u00eda, la Troncal Amaz\u00f3nica permanec\u00eda casi vac\u00eda. La neblina descend\u00eda lentamente sobre las monta\u00f1as de Zamora Chinchipe y el viento apenas rozaba la vegetaci\u00f3n que bordea la carretera entre los sectores de Nam\u00edrez y Mejeche. Eran las 00:10 minutos.<\/p>\n<p>O al menos eso parec\u00eda.<\/p>\n<p>Una c\u00e1mara de seguridad de una vivienda registr\u00f3 lo que hoy constituye una peque\u00f1a pista del veh\u00edculo que se dirig\u00eda hacia Zamora.<\/p>\n<p>En la grabaci\u00f3n \u00fanicamente se observa el destello de sus luces atravesando la oscuridad. El automotor circula aparentemente con normalidad. No existen maniobras bruscas. No se aprecia un exceso de velocidad. Nada hace presagiar una tragedia.<\/p>\n<p>Entonces ocurre algo casi imperceptible.<\/p>\n<p>Un sonido que rompi\u00f3 el silencio.<\/p>\n<p>En el v\u00eddeo, se escucha un estruendo fuerte. Es un ruido que advierte una tragedia.<\/p>\n<p>Es ah\u00ed, un trabajador sale de la vivienda, se dirige al lugar y evidencia del accidente, el es Manuel Calle, en ese momento se qued\u00f3 fr\u00edo sin saber que hacer, justo pasa una persona en moto y pide auxilio, y es \u00e9l quien avisa sobre el accidente.<\/p>\n<p>Nadie imagina que, en ese preciso instante un veh\u00edculo acaba de abandonar la carretera para precipitarse por una pendiente de aproximadamente 150 metros hasta el r\u00edo Zamora.<\/p>\n<p>Un perro comienza a ladrar con insistencia.<\/p>\n<p>Como si hubiese visto lo que ning\u00fan ser humano alcanz\u00f3 a observar.<\/p>\n<blockquote><p>\u00abHay silencios que anuncian tragedias. Hay ladridos que terminan convirti\u00e9ndose en el \u00fanico testimonio de una noche que jam\u00e1s volver\u00e1 a repetirse.\u00bb<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La primera evidencia<\/strong><\/p>\n<p>Con los minutos de desesperaci\u00f3n apareci\u00f3 la primera certeza.<\/p>\n<p>En el borde de la v\u00eda fue localizada la placa del veh\u00edculo.<\/p>\n<p>Aquella peque\u00f1a l\u00e1mina met\u00e1lica se convirti\u00f3 en la primera prueba f\u00edsica de que algo grave hab\u00eda ocurrido durante la madrugada.<\/p>\n<p>Desde ese momento comenz\u00f3 una carrera contra el tiempo.<\/p>\n<p>Bomberos, rescatistas, polic\u00edas y ciudadanos descendieron hasta las orillas del r\u00edo Zamora convencidos de que cada minuto pod\u00eda marcar la diferencia.<\/p>\n<p>Pero la naturaleza ten\u00eda otros planes.<\/p>\n<p>El r\u00edo no solamente es profundo.<\/p>\n<p>Es un r\u00edo impredecible.<\/p>\n<p>Su corriente golpea con fuerza contra las enormes rocas, forma remolinos y arrastra sedimentos que reducen completamente la visibilidad bajo el agua. En el sitio donde se presum\u00eda estaba el veh\u00edculo, la profundidad alcanzaba entre siete y nueve metros.<\/p>\n<p>El escenario reun\u00eda pr\u00e1cticamente todas las condiciones de una operaci\u00f3n de rescate de alta complejidad.<\/p>\n<p>Cada descenso implicaba un riesgo.<\/p>\n<p>Cada decisi\u00f3n deb\u00eda tomarse con precisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque en un r\u00edo como el Zamora, un error puede convertir a un rescatista en otra v\u00edctima.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La otra batalla<\/strong><\/p>\n<p>Mientras los equipos de emergencia analizaban estrategias, en la superficie comenzaba otra lucha mucho m\u00e1s silenciosa.<\/p>\n<p>La de dos familias.<\/p>\n<p>Esperar tambi\u00e9n agota.<\/p>\n<p>No saber consume lentamente la esperanza.<\/p>\n<p>Cada mirada hacia el r\u00edo parec\u00eda una pregunta sin respuesta.<\/p>\n<p>Cada minuto prolongaba la angustia.<\/p>\n<p>Cada llamada telef\u00f3nica alimentaba la ilusi\u00f3n de recibir finalmente una buena noticia.<\/p>\n<p>\u00abEl agua segu\u00eda su camino.<\/p>\n<p>Las horas tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Pero para dos familias el tiempo hab\u00eda dejado de avanzar aquella madrugada.\u00bb<\/p>\n<p>Durante toda la jornada del s\u00e1bado decenas de ciudadanos llegaron hasta el lugar.<\/p>\n<p>Muchos ofrecieron ayuda.<\/p>\n<p>Otros llevaron alimentos y agua para los rescatistas.<\/p>\n<p>Algunos simplemente permanecieron observando el r\u00edo en silencio, comprendiendo que existen momentos en los que la solidaridad tambi\u00e9n consiste en acompa\u00f1ar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Cuando un pueblo decide no rendirse<\/strong><\/p>\n<p>La complejidad del rescate hizo que familiares y amigos solicitaran el apoyo de buzos especializados provenientes de otras provincias.<\/p>\n<p>Las condiciones del r\u00edo exig\u00edan experiencia, equipos adecuados y procedimientos t\u00e9cnicos que minimizaran el riesgo para quienes descend\u00edan al agua.<\/p>\n<p>La solidaridad volvi\u00f3 a aparecer.<\/p>\n<p>Marcelo Tapia, representante de la empresa Boga, Marlon Cruz, conocido empresario, pusieron a disposici\u00f3n maquinaria de mayor capacidad para apoyar las labores.<\/p>\n<p>Ese gesto fue recibido con gratitud por ciudadanos y familiares, conscientes de que toda ayuda representaba una nueva posibilidad de encontrar el veh\u00edculo.<\/p>\n<p>El domingo amaneci\u00f3 distinto.<\/p>\n<p>El cielo permanec\u00eda despejado.<\/p>\n<p>El clima ofrec\u00eda una peque\u00f1a tregua.<\/p>\n<p>Era una oportunidad que no pod\u00eda desperdiciarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La tarde que parec\u00eda terminar sin respuestas<\/strong><\/p>\n<p>Con el paso de las horas la desesperaci\u00f3n comenz\u00f3 nuevamente a ganar terreno.<\/p>\n<p>El domingo avanzaba y el r\u00edo continuaba guardando su secreto.<\/p>\n<p>La incertidumbre volv\u00eda a instalarse entre quienes permanec\u00edan observando desde la orilla.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando una familiar se acerc\u00f3 a uno de los responsables del operativo y pregunt\u00f3 si las labores concluir\u00edan por ese d\u00eda.<\/p>\n<p>La respuesta fue inmediata.<\/p>\n<p>\u2014No. Vamos a seguir trabajando. Tenemos que darle hasta las \u00faltimas horas de la tarde.<\/p>\n<p>Aquellas palabras devolvieron la esperanza.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, una intensa lluvia volvi\u00f3 a caer sobre el lugar.<\/p>\n<p>Pero nadie abandon\u00f3 el operativo.<\/p>\n<p>Mientras el agua descend\u00eda desde las monta\u00f1as, los equipos continuaban realizando barridos sobre el r\u00edo utilizando embarcaciones y un ancla especialmente adaptada para intentar localizar el veh\u00edculo.<\/p>\n<p>Intento tras intento.<\/p>\n<p>Una y otra vez.<\/p>\n<p>Por momentos parec\u00eda que el ancla encontraba alg\u00fan obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Luego volv\u00eda a soltarse.<\/p>\n<p>La expectativa crec\u00eda.<\/p>\n<p>La incertidumbre regresaba.<\/p>\n<p>Hasta que finalmente ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>El ancla qued\u00f3 firmemente enganchada.<\/p>\n<p>Nadie quiso celebrar demasiado pronto.<\/p>\n<p>Era necesario confirmar que realmente se trataba del veh\u00edculo.<\/p>\n<p>Entonces uno de los buzos, asegurado mediante t\u00e9cnicas de rescate y sujeto a una l\u00ednea de seguridad, descendi\u00f3 lentamente siguiendo la cuerda.<\/p>\n<p>El r\u00edo intent\u00f3 arrastrarlo.<\/p>\n<p>La corriente golpeaba con fuerza.<\/p>\n<p>La visibilidad era pr\u00e1cticamente nula.<\/p>\n<p>Pero, despu\u00e9s de algunos minutos bajo el agua, lleg\u00f3 la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Era el veh\u00edculo.<\/p>\n<p>El buzo asegur\u00f3 una segunda cuerda para reforzar el amarre y permitir la extracci\u00f3n sin que el cable cediera por el peso o la fuerza de la corriente.<\/p>\n<p>A las 18:45, aproximadamente, comenz\u00f3 una de las maniobras m\u00e1s delicadas de todo el operativo.<\/p>\n<p>Dos m\u00e1quinas trabajaron de manera sincronizada.<\/p>\n<p>Rescatistas coordinaban cada movimiento.<\/p>\n<p>Cada metro que ascend\u00eda el veh\u00edculo parec\u00eda detener el tiempo.<\/p>\n<p>Hasta que finalmente emergi\u00f3 del r\u00edo.<\/p>\n<p>El silencio volvi\u00f3 a imponerse.<\/p>\n<p>Junto al automotor fue recuperado el cuerpo de una de las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Se trataba de Jhon Collaguazo.<\/p>\n<p>Durante algunos instantes muchos pensaron que las dos personas ser\u00edan encontradas en el interior.<\/p>\n<p>Pero la esperanza volvi\u00f3 a transformarse en incertidumbre.<\/p>\n<p>Solo estaba uno.<\/p>\n<p>La otra persona sigue desaparecida.<\/p>\n<p>Los abrazos dieron paso nuevamente al llanto.<\/p>\n<p>Las l\u00e1grimas regresaron a las familias.<\/p>\n<p>Los amigos guardaron silencio.<\/p>\n<p>Nadie encontraba palabras suficientes para aliviar un dolor que a\u00fan permanec\u00eda incompleto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La b\u00fasqueda contin\u00faa<\/strong><\/p>\n<p>La noche cay\u00f3 sobre el r\u00edo Zamora.<\/p>\n<p>El operativo fue suspendido \u00fanicamente por razones de seguridad.<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n fue clara.<\/p>\n<p>Al amanecer, la b\u00fasqueda continuar\u00e1.<\/p>\n<p>Horas m\u00e1s tarde, la esposa de la persona que a\u00fan permanece desaparecida utiliz\u00f3 sus redes sociales para hacer un llamado desesperado.<\/p>\n<p>Pidi\u00f3 a la ciudadan\u00eda colaborar observando las orillas del r\u00edo.<\/p>\n<p>Solicit\u00f3 ayuda.<\/p>\n<p>Agradeci\u00f3 cada gesto de solidaridad recibido durante esos dos d\u00edas.<\/p>\n<p>Su mensaje resum\u00eda el sentimiento de toda una familia que a\u00fan espera volver a encontrar a uno de los suyos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Una lecci\u00f3n para las instituciones<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del dolor, esta tragedia deja una reflexi\u00f3n que trasciende el hecho noticioso.<\/p>\n<p>Los rescates en r\u00edos\u00a0 requieren equipamiento especializado, tecnolog\u00eda, embarcaciones adecuadas, sistemas de anclaje, dispositivos de localizaci\u00f3n subacu\u00e1tica y capacitaci\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>La valent\u00eda de los bomberos y rescatistas qued\u00f3 demostrada una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>Sin embargo, el compromiso humano no puede seguir reemplazando a la inversi\u00f3n institucional.<\/p>\n<p>Garantizar mejores herramientas no solo incrementa las posibilidades de salvar vidas, sino que tambi\u00e9n protege a quienes diariamente enfrentan escenarios donde cada decisi\u00f3n puede significar la diferencia entre regresar a casa o convertirse en otra v\u00edctima.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL R\u00cdO QUE GUARDA EL SILENCIO Por Diario El Amaz\u00f3nico | Reportaje Especial Hay tragedias que irrumpen con estruendos capaces de estremecer ciudades enteras. 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Entonces ocurre algo casi imperceptible. Un sonido que rompi\u00f3 el silencio. En el v\u00eddeo, se escucha un estruendo fuerte. Es un ruido que advierte una tragedia. Es ah\u00ed, un trabajador sale de la vivienda, se dirige al lugar y evidencia del accidente, el es Manuel Calle, en ese momento se qued\u00f3 fr\u00edo sin saber que hacer, justo pasa una persona en moto y pide auxilio, y es \u00e9l quien avisa sobre el accidente. Nadie imagina que, en ese preciso instante un veh\u00edculo acaba de abandonar la carretera para precipitarse por una pendiente de aproximadamente 150 metros hasta el r\u00edo Zamora. Un perro comienza a ladrar con insistencia. Como si hubiese visto lo que ning\u00fan ser humano alcanz\u00f3 a observar. \u00abHay silencios que anuncian tragedias. Hay ladridos que terminan convirti\u00e9ndose en el \u00fanico testimonio de una noche que jam\u00e1s volver\u00e1 a repetirse.\u00bb &nbsp; La primera evidencia Con los minutos de desesperaci\u00f3n apareci\u00f3 la primera certeza. En el borde de la v\u00eda fue localizada la placa del veh\u00edculo. Aquella peque\u00f1a l\u00e1mina met\u00e1lica se convirti\u00f3 en la primera prueba f\u00edsica de que algo grave hab\u00eda ocurrido durante la madrugada. Desde ese momento comenz\u00f3 una carrera contra el tiempo. Bomberos, rescatistas, polic\u00edas y ciudadanos descendieron hasta las orillas del r\u00edo Zamora convencidos de que cada minuto pod\u00eda marcar la diferencia. Pero la naturaleza ten\u00eda otros planes. El r\u00edo no solamente es profundo. Es un r\u00edo impredecible. Su corriente golpea con fuerza contra las enormes rocas, forma remolinos y arrastra sedimentos que reducen completamente la visibilidad bajo el agua. En el sitio donde se presum\u00eda estaba el veh\u00edculo, la profundidad alcanzaba entre siete y nueve metros. El escenario reun\u00eda pr\u00e1cticamente todas las condiciones de una operaci\u00f3n de rescate de alta complejidad. Cada descenso implicaba un riesgo. Cada decisi\u00f3n deb\u00eda tomarse con precisi\u00f3n. Porque en un r\u00edo como el Zamora, un error puede convertir a un rescatista en otra v\u00edctima. &nbsp; La otra batalla Mientras los equipos de emergencia analizaban estrategias, en la superficie comenzaba otra lucha mucho m\u00e1s silenciosa. La de dos familias. Esperar tambi\u00e9n agota. No saber consume lentamente la esperanza. Cada mirada hacia el r\u00edo parec\u00eda una pregunta sin respuesta. Cada minuto prolongaba la angustia. Cada llamada telef\u00f3nica alimentaba la ilusi\u00f3n de recibir finalmente una buena noticia. \u00abEl agua segu\u00eda su camino. Las horas tambi\u00e9n. 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Ese gesto fue recibido con gratitud por ciudadanos y familiares, conscientes de que toda ayuda representaba una nueva posibilidad de encontrar el veh\u00edculo. El domingo amaneci\u00f3 distinto. El cielo permanec\u00eda despejado. El clima ofrec\u00eda una peque\u00f1a tregua. Era una oportunidad que no pod\u00eda desperdiciarse. &nbsp; La tarde que parec\u00eda terminar sin respuestas Con el paso de las horas la desesperaci\u00f3n comenz\u00f3 nuevamente a ganar terreno. El domingo avanzaba y el r\u00edo continuaba guardando su secreto. La incertidumbre volv\u00eda a instalarse entre quienes permanec\u00edan observando desde la orilla. Fue entonces cuando una familiar se acerc\u00f3 a uno de los responsables del operativo y pregunt\u00f3 si las labores concluir\u00edan por ese d\u00eda. La respuesta fue inmediata. \u2014No. Vamos a seguir trabajando. Tenemos que darle hasta las \u00faltimas horas de la tarde. Aquellas palabras devolvieron la esperanza. Poco despu\u00e9s, una intensa lluvia volvi\u00f3 a caer sobre el lugar. Pero nadie abandon\u00f3 el operativo. Mientras el agua descend\u00eda desde las monta\u00f1as, los equipos continuaban realizando barridos sobre el r\u00edo utilizando embarcaciones y un ancla especialmente adaptada para intentar localizar el veh\u00edculo. Intento tras intento. Una y otra vez. Por momentos parec\u00eda que el ancla encontraba alg\u00fan obst\u00e1culo. Luego volv\u00eda a soltarse. La expectativa crec\u00eda. La incertidumbre regresaba. Hasta que finalmente ocurri\u00f3. El ancla qued\u00f3 firmemente enganchada. Nadie quiso celebrar demasiado pronto. Era necesario confirmar que realmente se trataba del veh\u00edculo. Entonces uno de los buzos, asegurado mediante t\u00e9cnicas de rescate y sujeto a una l\u00ednea de seguridad, descendi\u00f3 lentamente siguiendo la cuerda. El r\u00edo intent\u00f3 arrastrarlo. La corriente golpeaba con fuerza. La visibilidad era pr\u00e1cticamente nula. Pero, despu\u00e9s de algunos minutos bajo el agua, lleg\u00f3 la confirmaci\u00f3n. Era el veh\u00edculo. El buzo asegur\u00f3 una segunda cuerda para reforzar el amarre y permitir la extracci\u00f3n sin que el cable cediera por el peso o la fuerza de la corriente. A las 18:45, aproximadamente, comenz\u00f3 una de las maniobras m\u00e1s delicadas de todo el operativo. Dos m\u00e1quinas<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":33335,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[243],"tags":[],"class_list":["post-33334","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias-zamora"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33334","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=33334"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33334\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":33338,"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33334\/revisions\/33338"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/33335"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=33334"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=33334"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=33334"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}