{"id":29959,"date":"2026-03-16T08:46:55","date_gmt":"2026-03-16T13:46:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/?p=29959"},"modified":"2026-03-16T08:46:55","modified_gmt":"2026-03-16T13:46:55","slug":"yo-no-queria-irme-tenia-mi-vida-en-ecuador-las-extorsiones-generan-que-ecuatorianos-huyan-a-los-estados-unidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/yo-no-queria-irme-tenia-mi-vida-en-ecuador-las-extorsiones-generan-que-ecuatorianos-huyan-a-los-estados-unidos\/","title":{"rendered":"&#8216;Yo no quer\u00eda irme, ten\u00eda mi vida en Ecuador&#8217;: las extorsiones generan que ecuatorianos huyan a los Estados Unidos"},"content":{"rendered":"<p><strong>NUEVA YORK<\/strong>. En Machala, Ana hab\u00eda empezado a construir algo que para ella significaba mucho m\u00e1s que un trabajo. Ten\u00eda poco m\u00e1s de veinte a\u00f1os, dos hijos peque\u00f1os y un puesto en una tienda de electrodom\u00e9sticos donde hab\u00eda aprendido a detalle sobre televisores, refrigeradoras, o cualquier otro aparato. Primero fue secretaria, luego pas\u00f3 a atender clientes en el almac\u00e9n y finalmente pidi\u00f3 una oportunidad en ventas. Nadie esperaba demasiado de una vendedora sin experiencia, pero las cifras comenzaron a hablar por ella. Vend\u00eda m\u00e1s que muchos de sus compa\u00f1eros y, al cabo de dos a\u00f1os, ya supervisaba a un peque\u00f1o equipo. En su vida empezaban a aparecer se\u00f1ales de estabilidad que antes no hab\u00eda conocido.<\/p>\n<p>Sus ojos se llenan de emoci\u00f3n cuando habla de esa \u00e9poca. \u201cYo no vend\u00eda electrodom\u00e9sticos\u201d, dice. \u201cVend\u00eda la ilusi\u00f3n de lo que la gente pod\u00eda hacer con ellos. Persona que entraba por esa puerta, persona que sal\u00eda con deuda\u201d, admite sonriendo. A los clientes les hablaba del partido del Mundial que podr\u00edan ver en una pantalla nueva o de la novela que seguir\u00edan cada noche. Despu\u00e9s desarmaba el precio en cuotas peque\u00f1as hasta que la compra parec\u00eda alcanzable. El sueldo base era modesto, pero las comisiones cambiaban el ritmo de la vida. Los viernes a veces ped\u00edan pizza con sus hijos. De vez en cuando pod\u00edan ir al cine. En el supermercado ya no ten\u00eda que mirar cada centavo. Incluso pensaba comprar un carro. Tambi\u00e9n ayudaba a sus padres cuando pod\u00eda.<\/p>\n<p><strong>&#8216;Podemos pasar por tus hijos&#8217;<\/strong><br \/>\nUn d\u00eda, las primeras se\u00f1ales de peligro llegaron como comentarios sueltos dentro del almac\u00e9n. Un compa\u00f1ero dej\u00f3 de ir a trabajar. Luego otro. Algunos dec\u00edan que hab\u00edan recibido llamadas de extorsi\u00f3n. Otros simplemente desaparec\u00edan del turno y nadie volv\u00eda a saber de ellos. Un integrante de su equipo le sugiri\u00f3 que tuviera cuidado. Ana sigui\u00f3 trabajando. En ese momento todav\u00eda cre\u00eda que esas historias les ocurr\u00edan a otros.<\/p>\n<p>Hasta que empezaron las llamadas. Al principio eran n\u00fameros desconocidos. Luego llegaron mensajes de texto con insultos y amenazas. Uno de ellos mencionaba el lugar donde trabajaba. Otro describ\u00eda la ropa que llevaba ese d\u00eda. Los mensajes parec\u00edan escritos por alguien que la estaba mirando. Durante un tiempo decidi\u00f3 ignorarlos. No respondi\u00f3, no cambi\u00f3 su rutina. Intent\u00f3 convencerse de que todo pasar\u00eda si no les prestaba atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El d\u00eda en que el miedo se volvi\u00f3 real, fue cuando recibi\u00f3 una imagen en su tel\u00e9fono. Era una foto tomada a la salida de la escuela. Sus hijos aparec\u00edan en la puerta. El mensaje dec\u00eda que no ten\u00eda que preocuparse por recogerlos. \u201cNosotros podemos pasar por ellos\u201d. Ana dej\u00f3 el almac\u00e9n sin avisar y corri\u00f3 hasta la escuela. Los encontr\u00f3 all\u00ed, sanos y salvos. Pero la advertencia hab\u00eda cruzado una l\u00ednea imposible de ignorar. \u201cEse d\u00eda entend\u00ed que esto no era un juego\u201d, recuerda. \u201cSent\u00ed que ten\u00eda que escoger entre mi sue\u00f1o all\u00e1 o nuestras vidas\u201d.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.primicias.ec\/files\/image_original\/uploads\/2026\/02\/09\/698a5a3e09b29.jpeg\" alt=\"thumb\" \/><br \/>\n<strong>Huir y dejar su proyecto en Ecuador<\/strong><br \/>\nHasta ese momento no hab\u00eda imaginado salir del pa\u00eds. Su plan estaba en Machala. Quer\u00eda seguir creciendo en la empresa, ahorrar, estudiar administraci\u00f3n en la universidad. La decisi\u00f3n de irse significaba abandonar todo eso de un d\u00eda para otro. Tambi\u00e9n significaba dejar a sus padres sin saber cu\u00e1ndo volver\u00eda a verlos. \u201cYo no quer\u00eda irme\u201d, dice. \u201cYo ten\u00eda mi vida all\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>Ten\u00eda algo de dinero guardado gracias a las comisiones. Empez\u00f3 a buscar contactos que pudieran ayudarla a salir. Tom\u00f3 un vuelo hacia Centroam\u00e9rica y desde all\u00ed comenz\u00f3 el trayecto hacia el norte. El viaje dur\u00f3 casi 30 d\u00edas. A veces dorm\u00edan en hoteles improvisados, otras noches en habitaciones m\u00e1s decentes. En los tramos m\u00e1s duros caminaron por zonas des\u00e9rticas durante horas. Nunca se separ\u00f3 de sus hijos. En buena parte del recorrido los acompa\u00f1\u00f3 un hombre ecuatoriano de la sierra, de unos cuarenta o cincuenta a\u00f1os, que tambi\u00e9n hu\u00eda de amenazas. \u00c9l la ayudaba a vigilar a los ni\u00f1os cuando el cansancio la superaba.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 si me arrepiento de haber migrado?\u201d Hace una pausa larga antes de responder. \u201cEs una pregunta dif\u00edcil de contestar, porque no ten\u00eda otra opci\u00f3n. No pod\u00eda ayudarme la Polic\u00eda, ni nadie\u201d.<\/p>\n<p>Cuando finalmente cruz\u00f3 la frontera decidi\u00f3 entregarse a las autoridades. Les explic\u00f3 por qu\u00e9 hab\u00eda salido de Ecuador. Despu\u00e9s de escuchar su historia le dijeron que podr\u00eda continuar su proceso dentro del pa\u00eds y que m\u00e1s adelante tendr\u00eda que presentarse ante un juez de inmigraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un t\u00edo que vive en Nueva Jersey fue a recogerla. Durante los primeros meses vivi\u00f3 en un apartamento donde conviv\u00edan cerca de ocho personas entre familiares y conocidos. No pagaba renta. A cambio ayudaba en la cocina, cuidaba a los hijos de los dem\u00e1s o hac\u00eda peque\u00f1os trabajos dentro del departamento.<\/p>\n<p>Los primeros empleos fueron trabajos de limpieza o ayudando en peque\u00f1as tiendas ecuatorianas. Con el tiempo consigui\u00f3 trabajo en una gran bodega que distribuye paqueter\u00eda. Sus jornadas pueden durar hasta doce horas. Sale temprano, regresa tarde y a veces siente que el d\u00eda se le escapa entre cajas y turnos largos. Ya tiene permiso de trabajo y n\u00famero de seguro social mientras espera la cita en la corte de inmigraci\u00f3n. No pudo pagar un abogado y alguien que hace tr\u00e1mites migratorios m\u00e1s baratos la ayud\u00f3 a presentar el caso de asilo.<\/p>\n<p>Cuando piensa en Ecuador no recuerda solo el miedo. Tambi\u00e9n recuerda la vida que estaba empezando a tomar forma. El almac\u00e9n donde trabajaba lleg\u00f3 a cerrar temporalmente porque varios empleados dejaron de ir por temor. Muchos de sus antiguos compa\u00f1eros tambi\u00e9n se marcharon. \u201cSue\u00f1o con volver a Ecuador y abrazar a mi madre. Ver a mis amigos. No s\u00e9 si lo har\u00eda para quedarme all\u00e1. Creo que no\u201d.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, su historia tampoco termina en ese almac\u00e9n de Nueva Jersey donde pasa buena parte del d\u00eda. Ana sigue hablando de estudios cuando imagina el futuro. Quiere ahorrar lo suficiente para estudiar una carrera t\u00e9cnica relacionada con negocios o administraci\u00f3n. Algo que le permita volver a acercarse a la persona que era antes de que el miedo cambiara el rumbo de su vida. Porque lo que dej\u00f3 atr\u00e1s no fue solamente un pa\u00eds. Fue tambi\u00e9n la versi\u00f3n de s\u00ed misma que estaba empezando a construir.<\/p>\n<p>LEA MA\u00d1ANA: La historia de Ernesto, el ecuatoriano que dej\u00f3 su carrera y su vida en Guayaquil despu\u00e9s de una llamada de extorsi\u00f3n. <strong>Fuente: Primicias<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>NUEVA YORK. En Machala, Ana hab\u00eda empezado a construir algo que para ella significaba mucho m\u00e1s que un trabajo. Ten\u00eda poco m\u00e1s de veinte a\u00f1os, dos hijos peque\u00f1os y un puesto en una tienda de electrodom\u00e9sticos donde hab\u00eda aprendido a detalle sobre televisores, refrigeradoras, o cualquier otro aparato. Primero fue secretaria, luego pas\u00f3 a atender clientes en el almac\u00e9n y finalmente pidi\u00f3 una oportunidad en ventas. Nadie esperaba demasiado de una vendedora sin experiencia, pero las cifras comenzaron a hablar por ella. Vend\u00eda m\u00e1s que muchos de sus compa\u00f1eros y, al cabo de dos a\u00f1os, ya supervisaba a un peque\u00f1o equipo. En su vida empezaban a aparecer se\u00f1ales de estabilidad que antes no hab\u00eda conocido. Sus ojos se llenan de emoci\u00f3n cuando habla de esa \u00e9poca. \u201cYo no vend\u00eda electrodom\u00e9sticos\u201d, dice. \u201cVend\u00eda la ilusi\u00f3n de lo que la gente pod\u00eda hacer con ellos. Persona que entraba por esa puerta, persona que sal\u00eda con deuda\u201d, admite sonriendo. A los clientes les hablaba del partido del Mundial que podr\u00edan ver en una pantalla nueva o de la novela que seguir\u00edan cada noche. Despu\u00e9s desarmaba el precio en cuotas peque\u00f1as hasta que la compra parec\u00eda alcanzable. El sueldo base era modesto, pero las comisiones cambiaban el ritmo de la vida. Los viernes a veces ped\u00edan pizza con sus hijos. De vez en cuando pod\u00edan ir al cine. En el supermercado ya no ten\u00eda que mirar cada centavo. Incluso pensaba comprar un carro. Tambi\u00e9n ayudaba a sus padres cuando pod\u00eda. &#8216;Podemos pasar por tus hijos&#8217; Un d\u00eda, las primeras se\u00f1ales de peligro llegaron como comentarios sueltos dentro del almac\u00e9n. Un compa\u00f1ero dej\u00f3 de ir a trabajar. Luego otro. Algunos dec\u00edan que hab\u00edan recibido llamadas de extorsi\u00f3n. Otros simplemente desaparec\u00edan del turno y nadie volv\u00eda a saber de ellos. Un integrante de su equipo le sugiri\u00f3 que tuviera cuidado. Ana sigui\u00f3 trabajando. En ese momento todav\u00eda cre\u00eda que esas historias les ocurr\u00edan a otros. Hasta que empezaron las llamadas. Al principio eran n\u00fameros desconocidos. Luego llegaron mensajes de texto con insultos y amenazas. Uno de ellos mencionaba el lugar donde trabajaba. Otro describ\u00eda la ropa que llevaba ese d\u00eda. Los mensajes parec\u00edan escritos por alguien que la estaba mirando. Durante un tiempo decidi\u00f3 ignorarlos. No respondi\u00f3, no cambi\u00f3 su rutina. Intent\u00f3 convencerse de que todo pasar\u00eda si no les prestaba atenci\u00f3n. El d\u00eda en que el miedo se volvi\u00f3 real, fue cuando recibi\u00f3 una imagen en su tel\u00e9fono. Era una foto tomada a la salida de la escuela. Sus hijos aparec\u00edan en la puerta. El mensaje dec\u00eda que no ten\u00eda que preocuparse por recogerlos. \u201cNosotros podemos pasar por ellos\u201d. Ana dej\u00f3 el almac\u00e9n sin avisar y corri\u00f3 hasta la escuela. Los encontr\u00f3 all\u00ed, sanos y salvos. Pero la advertencia hab\u00eda cruzado una l\u00ednea imposible de ignorar. \u201cEse d\u00eda entend\u00ed que esto no era un juego\u201d, recuerda. \u201cSent\u00ed que ten\u00eda que escoger entre mi sue\u00f1o all\u00e1 o nuestras vidas\u201d. Huir y dejar su proyecto en Ecuador Hasta ese momento no hab\u00eda imaginado salir del pa\u00eds. Su plan estaba en Machala. Quer\u00eda seguir creciendo en la empresa, ahorrar, estudiar administraci\u00f3n en la universidad. La decisi\u00f3n de irse significaba abandonar todo eso de un d\u00eda para otro. Tambi\u00e9n significaba dejar a sus padres sin saber cu\u00e1ndo volver\u00eda a verlos. \u201cYo no quer\u00eda irme\u201d, dice. \u201cYo ten\u00eda mi vida all\u00e1\u201d. Ten\u00eda algo de dinero guardado gracias a las comisiones. Empez\u00f3 a buscar contactos que pudieran ayudarla a salir. Tom\u00f3 un vuelo hacia Centroam\u00e9rica y desde all\u00ed comenz\u00f3 el trayecto hacia el norte. El viaje dur\u00f3 casi 30 d\u00edas. A veces dorm\u00edan en hoteles improvisados, otras noches en habitaciones m\u00e1s decentes. En los tramos m\u00e1s duros caminaron por zonas des\u00e9rticas durante horas. Nunca se separ\u00f3 de sus hijos. En buena parte del recorrido los acompa\u00f1\u00f3 un hombre ecuatoriano de la sierra, de unos cuarenta o cincuenta a\u00f1os, que tambi\u00e9n hu\u00eda de amenazas. \u00c9l la ayudaba a vigilar a los ni\u00f1os cuando el cansancio la superaba. \u201c\u00bfQu\u00e9 si me arrepiento de haber migrado?\u201d Hace una pausa larga antes de responder. \u201cEs una pregunta dif\u00edcil de contestar, porque no ten\u00eda otra opci\u00f3n. No pod\u00eda ayudarme la Polic\u00eda, ni nadie\u201d. Cuando finalmente cruz\u00f3 la frontera decidi\u00f3 entregarse a las autoridades. Les explic\u00f3 por qu\u00e9 hab\u00eda salido de Ecuador. Despu\u00e9s de escuchar su historia le dijeron que podr\u00eda continuar su proceso dentro del pa\u00eds y que m\u00e1s adelante tendr\u00eda que presentarse ante un juez de inmigraci\u00f3n. Un t\u00edo que vive en Nueva Jersey fue a recogerla. Durante los primeros meses vivi\u00f3 en un apartamento donde conviv\u00edan cerca de ocho personas entre familiares y conocidos. No pagaba renta. A cambio ayudaba en la cocina, cuidaba a los hijos de los dem\u00e1s o hac\u00eda peque\u00f1os trabajos dentro del departamento. Los primeros empleos fueron trabajos de limpieza o ayudando en peque\u00f1as tiendas ecuatorianas. Con el tiempo consigui\u00f3 trabajo en una gran bodega que distribuye paqueter\u00eda. Sus jornadas pueden durar hasta doce horas. Sale temprano, regresa tarde y a veces siente que el d\u00eda se le escapa entre cajas y turnos largos. Ya tiene permiso de trabajo y n\u00famero de seguro social mientras espera la cita en la corte de inmigraci\u00f3n. No pudo pagar un abogado y alguien que hace tr\u00e1mites migratorios m\u00e1s baratos la ayud\u00f3 a presentar el caso de asilo. Cuando piensa en Ecuador no recuerda solo el miedo. Tambi\u00e9n recuerda la vida que estaba empezando a tomar forma. El almac\u00e9n donde trabajaba lleg\u00f3 a cerrar temporalmente porque varios empleados dejaron de ir por temor. Muchos de sus antiguos compa\u00f1eros tambi\u00e9n se marcharon. \u201cSue\u00f1o con volver a Ecuador y abrazar a mi madre. Ver a mis amigos. No s\u00e9 si lo har\u00eda para quedarme all\u00e1. Creo que no\u201d. Aun as\u00ed, su historia tampoco termina en ese almac\u00e9n de Nueva Jersey donde pasa buena parte del d\u00eda. Ana sigue hablando de estudios cuando imagina el futuro. Quiere ahorrar lo suficiente para estudiar una carrera t\u00e9cnica relacionada con negocios o administraci\u00f3n. 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