{"id":28364,"date":"2025-12-24T06:40:28","date_gmt":"2025-12-24T11:40:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/?p=28364"},"modified":"2025-12-24T06:40:28","modified_gmt":"2025-12-24T11:40:28","slug":"mas-alla-de-las-luces-la-navidad-como-encuentro-fe-y-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/mas-alla-de-las-luces-la-navidad-como-encuentro-fe-y-esperanza\/","title":{"rendered":"M\u00e1s all\u00e1 de las luces: la navidad como encuentro, fe y esperanza"},"content":{"rendered":"<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La Navidad es una de las celebraciones m\u00e1s extendidas y esperadas en el mundo. Cada a\u00f1o, millones de personas se preparan para vivirla entre luces, encuentros familiares y tradiciones que despiertan alegr\u00eda y nostalgia. Para algunos, es un tiempo de descanso, regalos y celebraci\u00f3n; para otros, una oportunidad de reflexi\u00f3n espiritual, reconciliaci\u00f3n y esperanza renovada.<\/p>\n<p>Sin embargo, con el paso del tiempo, el significado original de la Navidad ha ido diluy\u00e9ndose, dando lugar a una celebraci\u00f3n donde lo comercial suele ocupar un lugar central, relegando a un segundo plano su esencia m\u00e1s profunda. En medio del ruido, las prisas y el consumo, corremos el riesgo de olvidar el verdadero acontecimiento que da sentido a esta fiesta: el nacimiento de Jesucristo, expresi\u00f3n m\u00e1xima del amor de Dios por la humanidad.<\/p>\n<p>Volver al origen de la Navidad no significa rechazar sus tradiciones, sino redescubrir su prop\u00f3sito m\u00e1s aut\u00e9ntico. Comprender su historia, su significado espiritual y su vigencia en el mundo actual nos permite rescatar una celebraci\u00f3n que invita al encuentro, fortalece la fe y renueva la esperanza. M\u00e1s all\u00e1 de las luces y los adornos, la Navidad nos llama a detenernos, a mirar al otro con amor y a permitir que Dios vuelva a nacer en el coraz\u00f3n humano.<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Nochebuena: la espera que transforma el coraz\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Los d\u00edas previos a los acontecimientos importantes suelen estar cargados de una profunda trascendencia emocional. Son momentos de expectativa, reflexi\u00f3n y preparaci\u00f3n interior. Basta con recordar la v\u00edspera de una boda, de un cumplea\u00f1os significativo, de una graduaci\u00f3n, del inicio de una etapa laboral estable o del nacimiento de un hijo o un nieto. En esos instantes, el coraz\u00f3n se llena de esperanza, ilusi\u00f3n y compromiso, porque sabemos que algo trascendente est\u00e1 a punto de ocurrir.<\/p>\n<p>De la misma manera, la Nochebuena, celebrada cada 24 de diciembre, representa la antesala de uno de los acontecimientos m\u00e1s significativos para la humanidad: el nacimiento de Jesucristo. Esta noche simboliza la espera consciente y amorosa del Mes\u00edas, quien vino al mundo hace m\u00e1s de dos mil a\u00f1os para traer un mensaje de esperanza, salvaci\u00f3n, reconciliaci\u00f3n y amor incondicional.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de luces, regalos y celebraciones externas, la Nochebuena nos invita a hacer una pausa, a silenciar el ruido cotidiano y a mirar hacia nuestro interior. Es una oportunidad para renovar, con profunda humildad, la decisi\u00f3n de \u201cnacer de nuevo\u201d, abriendo nuestro coraz\u00f3n a Jes\u00fas y permitiendo que su mensaje transforme nuestras actitudes, pensamientos y acciones.<\/p>\n<p>En este esp\u00edritu de recogimiento, la Nochebuena tambi\u00e9n nos llama a reafirmar el compromiso de cuidarnos mutuamente, de permanecer unidos como familia y comunidad, tanto en los momentos de alegr\u00eda como en las dificultades y las pruebas m\u00e1s duras. Nos recuerda que el verdadero sentido de la Navidad se vive en el amor compartido, en el perd\u00f3n sincero, en la solidaridad, en la empat\u00eda y en la paz que se construye d\u00eda a d\u00eda.<\/p>\n<p>Que esta noche sagrada sea un tiempo para fortalecer los lazos familiares, sanar heridas, renovar la fe y permitir que nuestras acciones reflejen el mensaje generoso de Jesucristo: amor, paz, esperanza y unidad, valores que siguen siendo esenciales en el mundo actual.<\/p>\n<p><strong>Navidad sin Cristo: una celebraci\u00f3n vac\u00eda de sentido<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>La Navidad conmemora el nacimiento de Jesucristo en Bel\u00e9n, un acontecimiento que marc\u00f3 un antes y un despu\u00e9s en la historia de la humanidad (antes de Cristo y despu\u00e9s de Cristo). Este hecho simboliza la llegada de la luz, el amor y la salvaci\u00f3n al mundo, en medio de una realidad marcada por la oscuridad, el sufrimiento y la esperanza de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque la Biblia no establece una fecha exacta para el nacimiento de Jes\u00fas, la Iglesia fij\u00f3 el 25 de diciembre a partir del siglo IV, otorg\u00e1ndoles un profundo sentido espiritual centrado en Cristo, la verdadera Luz que vence toda oscuridad.<\/p>\n<p>La Navidad es, sin duda, el acontecimiento m\u00e1s resplandeciente para el pueblo cristiano, porque celebra el nacimiento de Jesucristo hace m\u00e1s de dos mil a\u00f1os, quien vino al mundo para tender un puente entre Dios y la humanidad. Su llegada representa una salvaci\u00f3n infinitamente valiosa y costosa en amor, pero absolutamente gratuita para todo aquel que decide acogerla con fe y humildad.<\/p>\n<p>Celebrar la Navidad sin Cristo es como festejar un cumplea\u00f1os sin el cumplea\u00f1ero, una boda sin los novios o una gala de premiaci\u00f3n sin los triunfadores. Es una celebraci\u00f3n vac\u00eda, desprovista de su esencia. La Navidad no se reduce a adornos, regalos o grandes banquetes; su verdadero significado se encuentra en el coraz\u00f3n transformado.<\/p>\n<p>La Navidad eres t\u00fa cuando, con sencillez y humildad, decides nacer de nuevo, aceptar a Jes\u00fas en tu coraz\u00f3n y vivir su mensaje sin vanidades ni ostentaciones. La Navidad eres t\u00fa cuando resistes con fortaleza los vientos adversos y las dificultades de la vida, y cuando anuncias el mensaje de paz, justicia y amor a la humanidad no solo con palabras, sino con acciones concretas.<\/p>\n<p>Una Navidad sin Cristo es como un billete falso: puede parecer aut\u00e9ntica a simple vista, pero carece de valor real. Solo cuando Cristo ocupa el centro de la celebraci\u00f3n, la Navidad recupera su sentido pleno y se convierte en una experiencia viva de fe, esperanza y amor compartido.<\/p>\n<p><strong>Navidad: cuando el amor vence al ego\u00edsmo<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>La Navidad nos invita a revisar nuestras actitudes y a desterrar el ego\u00edsmo que muchas veces se instala silenciosamente en el coraz\u00f3n humano. Para comprender mejor esta verdad, existe una antigua y significativa par\u00e1bola conocida como \u201cel pa\u00eds de las cucharas largas\u201d.<\/p>\n<p>Cuenta la historia que un viajero, en su recorrido por el mundo, descubri\u00f3 por casualidad un pa\u00eds extra\u00f1o. Al llegar al final del camino, encontr\u00f3 una enorme casa dividida en dos habitaciones: a la derecha, la habitaci\u00f3n negra, y a la izquierda, la habitaci\u00f3n blanca.<\/p>\n<p>Movido por la curiosidad, el viajero ingres\u00f3 primero a la habitaci\u00f3n negra. Desde la puerta escuch\u00f3 gritos lastimeros y lamentos de dolor. Al entrar, observ\u00f3 una mesa largu\u00edsima rodeada por cientos de personas. En el centro se encontraban los manjares m\u00e1s suculentos y apetecibles. Cada persona ten\u00eda una cuchara atada a la mano, pero el mango era el doble de largo de su brazo. Todos alcanzaban la comida, pero ninguno pod\u00eda llevarla a su propia boca. Aunque la abundancia estaba frente a ellos, mor\u00edan de hambre. La escena era desesperante, y los gritos de angustia lo obligaron a salir de all\u00ed con pasos apresurados.<\/p>\n<p>Luego decidi\u00f3 visitar la habitaci\u00f3n blanca. Lo primero que le llam\u00f3 la atenci\u00f3n fue el silencio y la serenidad del lugar. En el centro tambi\u00e9n hab\u00eda una mesa enorme, a\u00fan m\u00e1s abundante en manjares. Las personas ten\u00edan exactamente las mismas cucharas largas atadas a sus manos. Sin embargo, nadie pasaba hambre. Cada uno tomaba el alimento y lo ofrec\u00eda a la persona que ten\u00eda enfrente. As\u00ed, todos se alimentaban y viv\u00edan en armon\u00eda.<\/p>\n<p>Esta par\u00e1bola nos confronta con una elecci\u00f3n profunda: vivir en un mundo dominado por el ego\u00edsmo, los intereses personales y la indiferencia, representado por la sala negra, o construir un mundo donde reinen la generosidad, la empat\u00eda, la solidaridad y el trabajo en equipo, simbolizado por la sala blanca.<\/p>\n<p>La Navidad es, precisamente, tiempo de perd\u00f3n, de solidaridad y de amor aut\u00e9ntico. Es el momento propicio para extender la mano al pr\u00f3jimo sin alardes, sin buscar reconocimiento, recordando las palabras del Evangelio: \u201cque no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha\u201d. Solo as\u00ed, cuando compartimos con sencillez y coraz\u00f3n sincero, honramos verdaderamente el nacimiento de Jes\u00fas y permitimos que Dios se sienta orgulloso de nuestras acciones.<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El rostro comercial de la Navidad y la p\u00e9rdida de su esencia<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda, la Navidad se celebra en casi todos los rincones del mundo, aunque de formas diversas seg\u00fan las culturas y tradiciones locales. Sin embargo, resulta evidente que el aspecto comercial ha adquirido un protagonismo creciente: promociones, regalos, decoraciones y campa\u00f1as publicitarias dominan el ambiente, desplazando en muchos casos el sentido espiritual y humano de esta festividad.<\/p>\n<p>A pesar de ello, la Navidad contin\u00faa siendo una oportunidad para el reencuentro, la solidaridad y la reflexi\u00f3n interior. En medio del ruido del consumismo, muchas personas y comunidades buscan rescatar su verdadera esencia a trav\u00e9s de actos de servicio, reuniones familiares, oraci\u00f3n y gestos sencillos de amor y perd\u00f3n. El gran desaf\u00edo de nuestro tiempo consiste en equilibrar la celebraci\u00f3n externa con una vivencia interna aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>En este contexto surge la figura de Pap\u00e1 Noel, tambi\u00e9n conocido como Santa Claus, cuyo origen se remonta a San Nicol\u00e1s de Bari, obispo del siglo IV reconocido por su generosidad y su ayuda desinteresada a los m\u00e1s necesitados, especialmente a los ni\u00f1os. Con el paso de los siglos, su historia fue transform\u00e1ndose a trav\u00e9s de diversas tradiciones europeas, particularmente en pa\u00edses como Holanda y Alemania.<\/p>\n<p>Durante los siglos XIX y XX, esta figura fue adaptada y popularizada, principalmente en Estados Unidos, hasta adquirir la imagen actual: un personaje alegre, vestido de rojo y portador de regalos. Si bien su prop\u00f3sito inicial fue fortalecer la ilusi\u00f3n, la fantas\u00eda infantil y el esp\u00edritu de generosidad, con el tiempo tambi\u00e9n se convirti\u00f3 en un s\u00edmbolo comercial que impuls\u00f3 el consumo masivo durante la temporada navide\u00f1a.<\/p>\n<p>En estas fiestas, el comercio y el mercadeo se intensifican, como si el amor debiera demostrarse \u00fanicamente a trav\u00e9s de un regalo. Dar obsequios es un gesto valioso, pero no debe desvirtuar el verdadero significado de la Navidad. Basta con levantar la mirada al cielo, observar el verdor de las monta\u00f1as, percibir la fragancia de las flores o el aroma de la tierra mojada, para redescubrir que la Navidad existe por el nacimiento de Jesucristo y que su esencia es el amor, la reconciliaci\u00f3n, la paz y la unidad familiar.<\/p>\n<p>Pareciera que, como humanidad, hemos descuidado a la familia y a la naturaleza, bienes que Dios nos encomend\u00f3 cuidar y proteger, provocando as\u00ed el deterioro de la calidad de vida de todos los seres vivos. Que esta Navidad sea un tiempo propicio para tender la mano al ca\u00eddo, perdonar al que nos ofendi\u00f3 y ofrecer esperanza a quien se ha rendido.<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Mensaje de Navidad: Cristo, el puente entre el cielo y la tierra<\/strong><\/p>\n<p>Que esta Navidad no sea solo de luces y regalos, sino de corazones abiertos. Que el mayor obsequio sea el tiempo compartido, el perd\u00f3n ofrecido y el amor sincero. Que en cada hogar nazcan la paz, la esperanza y la solidaridad que el mundo tanto necesita, porque el verdadero sentido de la Navidad vive en cada gesto de bondad.<\/p>\n<p>La Navidad no es solo una fecha: es un encuentro. Es el recordatorio vivo de que Dios decidi\u00f3 habitar entre nosotros, abrazar nuestra humanidad y llenarla de esperanza. Celebrar la Navidad sin Cristo ser\u00eda como encender luces sin luz verdadera, como entonar villancicos sin alegr\u00eda eterna. Jesucristo es la raz\u00f3n, el centro y la esencia de la Navidad.<\/p>\n<p>\u00c9l es el amor hecho carne, la paz que sana corazones heridos, la reconciliaci\u00f3n que restaura lo que parec\u00eda perdido y la unidad que vuelve a reunir a la familia alrededor del perd\u00f3n. En la Navidad, Dios tendi\u00f3 el puente m\u00e1s grande de amor que la historia haya conocido: entreg\u00f3 a su Hijo unig\u00e9nito para que la humanidad tuviera acceso a la vida eterna. Ese puente entre el cielo y la tierra tiene un nombre, y ese nombre es Jesucristo.<\/p>\n<p>\u00c9l es el regalo m\u00e1s perfecto, el acto supremo de amor incondicional. Que esta Navidad no sea solo una tradici\u00f3n, sino una decisi\u00f3n: la decisi\u00f3n de amar m\u00e1s, de perdonar de verdad, de reconciliarnos con Dios y con quienes nos rodean. Que abramos el coraz\u00f3n para que Jes\u00fas nazca nuevamente en nosotros, iluminando nuestras vidas con su gracia, su paz y su amor eterno.<\/p>\n<p>Porque cuando Cristo nace en el coraz\u00f3n, la Navidad deja de ser un d\u00eda y se convierte en vida.<\/p>\n<p>Feliz Navidad, y que el amor de Jes\u00fas sea la llama que nunca se apague.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La Navidad no es solo una fecha en el calendario ni una temporada marcada por el consumo y las apariencias. Es una invitaci\u00f3n a detenernos, a silenciar el ruido exterior y a mirar al otro con compasi\u00f3n y misericordia. Es el recordatorio permanente de que la verdadera riqueza no se mide por lo que poseemos, sino por los valores que cultivamos y compartimos.<\/p>\n<p>Comprender el origen de la Navidad, el significado de sus s\u00edmbolos y su evoluci\u00f3n a lo largo del tiempo nos permite celebrarla con mayor conciencia y profundidad. M\u00e1s all\u00e1 de las luces y los regalos, la Navidad nos llama al encuentro sincero, al fortalecimiento de la fe y a la renovaci\u00f3n de la esperanza en un mundo que tanto la necesita.<\/p>\n<p>Recuperar el esp\u00edritu navide\u00f1o es, en definitiva, una decisi\u00f3n personal y colectiva: elegir el amor por encima del ego\u00edsmo, el perd\u00f3n en lugar del rencor y la solidaridad frente a la indiferencia. Cuando Cristo ocupa el centro de nuestra vida, la Navidad deja de ser un momento pasajero y se convierte en un estilo de vida capaz de transformar corazones, familias y comunidades.<\/p>\n<p>Que m\u00e1s all\u00e1 de las luces que se apagan, permanezca encendida la luz de Cristo en nuestro interior, guiando siempre nuestros pasos con fe, esperanza y amor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n La Navidad es una de las celebraciones m\u00e1s extendidas y esperadas en el mundo. Cada a\u00f1o, millones de personas se preparan para vivirla entre luces, encuentros familiares y tradiciones que despiertan alegr\u00eda y nostalgia. Para algunos, es un tiempo de descanso, regalos y celebraci\u00f3n; para otros, una oportunidad de reflexi\u00f3n espiritual, reconciliaci\u00f3n y esperanza renovada. Sin embargo, con el paso del tiempo, el significado original de la Navidad ha ido diluy\u00e9ndose, dando lugar a una celebraci\u00f3n donde lo comercial suele ocupar un lugar central, relegando a un segundo plano su esencia m\u00e1s profunda. En medio del ruido, las prisas y el consumo, corremos el riesgo de olvidar el verdadero acontecimiento que da sentido a esta fiesta: el nacimiento de Jesucristo, expresi\u00f3n m\u00e1xima del amor de Dios por la humanidad. Volver al origen de la Navidad no significa rechazar sus tradiciones, sino redescubrir su prop\u00f3sito m\u00e1s aut\u00e9ntico. Comprender su historia, su significado espiritual y su vigencia en el mundo actual nos permite rescatar una celebraci\u00f3n que invita al encuentro, fortalece la fe y renueva la esperanza. M\u00e1s all\u00e1 de las luces y los adornos, la Navidad nos llama a detenernos, a mirar al otro con amor y a permitir que Dios vuelva a nacer en el coraz\u00f3n humano.\u00a0 Nochebuena: la espera que transforma el coraz\u00f3n Los d\u00edas previos a los acontecimientos importantes suelen estar cargados de una profunda trascendencia emocional. Son momentos de expectativa, reflexi\u00f3n y preparaci\u00f3n interior. Basta con recordar la v\u00edspera de una boda, de un cumplea\u00f1os significativo, de una graduaci\u00f3n, del inicio de una etapa laboral estable o del nacimiento de un hijo o un nieto. En esos instantes, el coraz\u00f3n se llena de esperanza, ilusi\u00f3n y compromiso, porque sabemos que algo trascendente est\u00e1 a punto de ocurrir. De la misma manera, la Nochebuena, celebrada cada 24 de diciembre, representa la antesala de uno de los acontecimientos m\u00e1s significativos para la humanidad: el nacimiento de Jesucristo. Esta noche simboliza la espera consciente y amorosa del Mes\u00edas, quien vino al mundo hace m\u00e1s de dos mil a\u00f1os para traer un mensaje de esperanza, salvaci\u00f3n, reconciliaci\u00f3n y amor incondicional. M\u00e1s all\u00e1 de luces, regalos y celebraciones externas, la Nochebuena nos invita a hacer una pausa, a silenciar el ruido cotidiano y a mirar hacia nuestro interior. Es una oportunidad para renovar, con profunda humildad, la decisi\u00f3n de \u201cnacer de nuevo\u201d, abriendo nuestro coraz\u00f3n a Jes\u00fas y permitiendo que su mensaje transforme nuestras actitudes, pensamientos y acciones. En este esp\u00edritu de recogimiento, la Nochebuena tambi\u00e9n nos llama a reafirmar el compromiso de cuidarnos mutuamente, de permanecer unidos como familia y comunidad, tanto en los momentos de alegr\u00eda como en las dificultades y las pruebas m\u00e1s duras. 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La Navidad no se reduce a adornos, regalos o grandes banquetes; su verdadero significado se encuentra en el coraz\u00f3n transformado. La Navidad eres t\u00fa cuando, con sencillez y humildad, decides nacer de nuevo, aceptar a Jes\u00fas en tu coraz\u00f3n y vivir su mensaje sin vanidades ni ostentaciones. La Navidad eres t\u00fa cuando resistes con fortaleza los vientos adversos y las dificultades de la vida, y cuando anuncias el mensaje de paz, justicia y amor a la humanidad no solo con palabras, sino con acciones concretas. Una Navidad sin Cristo es como un billete falso: puede parecer aut\u00e9ntica a simple vista, pero carece de valor real. Solo cuando Cristo ocupa el centro de la celebraci\u00f3n, la Navidad recupera su sentido pleno y se convierte en una experiencia viva de fe, esperanza y amor compartido. Navidad: cuando el amor vence al ego\u00edsmo\u00a0 La Navidad nos invita a revisar nuestras actitudes y a desterrar el ego\u00edsmo que muchas veces se instala silenciosamente en el coraz\u00f3n humano. Para comprender mejor esta verdad, existe una antigua y significativa par\u00e1bola conocida como \u201cel pa\u00eds de las cucharas largas\u201d. Cuenta la historia que un viajero, en su recorrido por el mundo, descubri\u00f3 por casualidad un pa\u00eds extra\u00f1o. Al llegar al final del camino, encontr\u00f3 una enorme casa dividida en dos habitaciones: a la derecha, la habitaci\u00f3n negra, y a la izquierda, la habitaci\u00f3n blanca. Movido por la curiosidad, el viajero ingres\u00f3 primero a la habitaci\u00f3n negra. Desde la puerta escuch\u00f3 gritos lastimeros y lamentos de dolor. Al entrar, observ\u00f3 una mesa largu\u00edsima rodeada por cientos de personas. 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