{"id":23377,"date":"2025-05-11T08:37:32","date_gmt":"2025-05-11T13:37:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/?p=23377"},"modified":"2025-05-11T08:37:32","modified_gmt":"2025-05-11T13:37:32","slug":"dejaron-abrazos-en-ecuador-y-crian-a-la-distancia-madres-ecuatorianas-en-nueva-york-y-nueva-jersey-el-corazon-de-dos-paises","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elamazonico.com\/portal\/dejaron-abrazos-en-ecuador-y-crian-a-la-distancia-madres-ecuatorianas-en-nueva-york-y-nueva-jersey-el-corazon-de-dos-paises\/","title":{"rendered":"Dejaron abrazos en Ecuador y cr\u00edan a la distancia: Madres ecuatorianas en Nueva York y Nueva Jersey, el coraz\u00f3n de dos pa\u00edses"},"content":{"rendered":"<p>Cargaron fotos, recetas, cartas y promesas. Dejaron atr\u00e1s casas con patio y tardes en familia y llegaron a un pa\u00eds que les exig\u00eda todo: fuerza, paciencia, silencio. Las madres ecuatorianas que hoy viven en Nueva York y Nueva Jersey cruzaron al otro lado del continente, con una sola certeza: que el amor no conoce de fronteras, pero las siente.<\/p>\n<p>Este art\u00edculo de PRIMICIAS rinde homenaje a esas mujeres que maternan entre videollamadas, turnos dobles y abrazos pendientes. Sus voces \u2014como las de Leticia, que venci\u00f3 al c\u00e1ncer mientras cuidaba de su familia con esa fuerza de quien todo lo da; Majo, que trabaja en tres estados y cr\u00eda a sus hijos a trav\u00e9s de una pantalla; o Cinthya, que trabaja turnos dobles \u2014 son eco de cientos de miles de historias silenciadas. Son madres migrantes, valientes y persistentes, que aunque no figuran en los titulares, sostienen con amor y esfuerzo los pilares invisibles de dos pa\u00edses.<\/p>\n<blockquote><p>\u00abTraje mis recetas, mis cuentos y mis memorias\u00bb. Leticia R\u00edos.<\/p><\/blockquote>\n<p>Leticia, la abuela que cruz\u00f3 hemisferios para cuidar de su familia<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.primicias.ec\/files\/content_vertical_image_400_460\/uploads\/2025\/05\/06\/681a40f7e864b.jpeg\" alt=\"thumb\" \/><\/p>\n<p>Leticia R\u00edos dej\u00f3 Guayaquil en 2018, no por un empleo ni por una aventura americana, sino por algo m\u00e1s poderoso: su nieta. Con apenas nueve meses, la peque\u00f1a enfermaba constantemente en una guarder\u00eda de Nueva Jersey. \u201cMi hija me necesitaba, y yo no pod\u00eda quedarme viendo desde lejos\u201d, dice Leticia, que a sus 63 a\u00f1os cruz\u00f3 el continente con un solo prop\u00f3sito: sostener a su familia.<\/p>\n<p>En Ecuador, Leticia ten\u00eda una vida armada: trabajaba con adultos mayores, conoc\u00eda cada rinc\u00f3n de su barrio y caminaba con autonom\u00eda. Al llegar a Estados Unidos, todo fue ajeno: el idioma, el clima, las calles. Pero el amor \u2014el de las madres y abuelas que no dudan en comenzar de nuevo\u2014 fue m\u00e1s fuerte. Pronto se convirti\u00f3 en el alma silenciosa de la casa: cocinaba, cuidaba, consolaba y cantaba nanas heredadas.<\/p>\n<p>Cuando su nieta creci\u00f3, Leticia no se detuvo. Empez\u00f3 a cuidar a otros ni\u00f1os del vecindario con la misma ternura. \u201cSer ni\u00f1era no es un trabajo menor. Es una forma extendida de ser madre\u201d, dice. Y aunque en 2024 fue diagnosticada con c\u00e1ncer de colon, enfrent\u00f3 la enfermedad con entereza, sostenida por su familia, sus m\u00e9dicos y una comunidad que aprendi\u00f3 a quererla.<\/p>\n<p>Hoy, con la enfermedad en remisi\u00f3n, Leticia ha vuelto a ser ese pilar discreto y lleno de vida. Celebra la Navidad con mu\u00f1ecos de nieve, pero tambi\u00e9n ense\u00f1a a sus nietos las canciones de Julio Jaramillo. \u201cTraje mis recetas, mis cuentos, mi memoria\u201d, dice. Para ella, ser madre \u2014y abuela\u2014 lejos de casa es una forma renovada de amar: en otro idioma, en otro clima, pero con el mismo coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Majo: la madre que aprendi\u00f3 a maternar por videollamada<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.primicias.ec\/files\/content_vertical_image_400_460\/files\/fp\/uploads\/2025\/05\/06\/681a446009b8b.r_d.479-791-5420.jpeg\" alt=\"thumb\" \/><\/p>\n<p>Una mochila, una llamada y un pasaje. As\u00ed empez\u00f3 el nuevo cap\u00edtulo de Majo en Estados Unidos. Ten\u00eda tres hijos en Guayaquil, padres que cuidar, una carrera s\u00f3lida en producci\u00f3n de eventos y marketing, y una vida que parec\u00eda estable. Pero el deseo de brindarles un futuro m\u00e1s seguro a sus hijos la empuj\u00f3 a migrar. Hoy, tres a\u00f1os despu\u00e9s, Majo recorre las carreteras del noreste estadounidense como representante comercial, entre visitas a supermercados, largas jornadas de manejo y videollamadas diarias con sus hijos. \u201cMe toc\u00f3 volverme una mam\u00e1 que expresa sus sentimientos en redes sociales o haciendo reels\u201d, dice con una sonrisa.<\/p>\n<p>Su verdadera crianza ocurre a trav\u00e9s de una pantalla. Sus hijos viven en Ecuador, y la maternidad migrante le exige creatividad y resiliencia. Bailan juntos por videollamada canciones de Tierra Canela, discuten por la m\u00fasica que suena en los altavoces mientras hacen tareas, celebran cumplea\u00f1os y navidades por FaceTime. \u201cEs trabajar el doble y en silencio. Muchas veces llorar sola en la noche y al d\u00eda siguiente levantarse como si nada. No dejar que se den cuenta que se me quiebra la voz cuando hablamos por tel\u00e9fono\u201d.<\/p>\n<p>El d\u00eda que sus hijos llegaron a visitarla a Nueva York qued\u00f3 grabado en su memoria y en un video que atesora como una reliquia. \u201cFue como volver a respirar\u201d, dice. A pesar de la distancia, Majo procura transmitirles sus ra\u00edces ecuatorianas: sus padres, que a\u00fan est\u00e1n all\u00e1, se encargan de mantener vivas las tradiciones y las celebraciones.<\/p>\n<p>Majo sue\u00f1a con volver a tener a sus hijos a su lado, guiarlos de cerca, ense\u00f1arles que en Estados Unidos las oportunidades existen, pero hay que gan\u00e1rselas. \u201cLas madres migrantes no somos hero\u00ednas ni v\u00edctimas, somos el motor emocional y econ\u00f3mico de muchas casas. Nos vamos, pero dejamos la mitad del alma all\u00e1. Migrar es para valientes, y ser madre en este pa\u00eds es el acto m\u00e1s grande de amor.\u201d<\/p>\n<p>Cinthya: Sus hijos, su norte y su fuerza<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.primicias.ec\/files\/content_image_simple_414_238\/uploads\/2025\/05\/06\/681a45a018ba1.jpeg\" alt=\"thumb\" \/><\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a Nueva York en 2001 con dos hijos y una maleta cargada de incertidumbres. Cinthya Aldas dej\u00f3 atr\u00e1s a sus padres, hermanas, amigas, su casa, su idioma. Lo dej\u00f3 todo, menos el instinto. \u201cNunca imagin\u00e9 que iba a extra\u00f1ar tanto\u201d, dice. Una amiga la recibi\u00f3 y le tendi\u00f3 la mano. Desde entonces, aprendi\u00f3 a vivir entre el ruido de una ciudad que no espera a nadie y el silencio \u00edntimo de quien se adapta sin hacer esc\u00e1ndalo. Aprendi\u00f3 otro idioma, un nuevo oficio, y hoy trabaja como bartender en un hotel en Manhattan, sirviendo copas con la misma dignidad con la que ha servido sue\u00f1os en su casa.<\/p>\n<p>Criar dos hijos lejos de su tierra fue un acto de fe cotidiano. \u201cSer madre lejos es hacer todo el doble\u201d, repite. Enfrent\u00f3 cada reto sola, como cabeza de familia, con la convicci\u00f3n de que ese sacrificio dar\u00eda frutos. Y as\u00ed fue. Sus hijos crecieron, estudiaron, se titularon, y hoy son hombres hechos y derechos, como dice ella, agradecidos por todo lo que este pa\u00eds les ofreci\u00f3 y por la madre que se desvel\u00f3 para abrirles el camino.<\/p>\n<p>\u201cQuisiera que las madres migrantes tuvieran m\u00e1s apoyo. No es f\u00e1cil vivir con tantas barreras, sobre todo la del idioma\u201d, reflexiona. Pero tambi\u00e9n dice que todo esfuerzo vale la pena cuando llega ese abrazo. El que cura, el que reconcilia, el que recuerda que, a pesar de todo, lo hiciste bien. Cinthya no se arrepiente. \u201cSer madre es una bendici\u00f3n\u201d, concluye. Y su historia es prueba de ello. <strong>Fuente: Primicias<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cargaron fotos, recetas, cartas y promesas. Dejaron atr\u00e1s casas con patio y tardes en familia y llegaron a un pa\u00eds que les exig\u00eda todo: fuerza, paciencia, silencio. Las madres ecuatorianas que hoy viven en Nueva York y Nueva Jersey cruzaron al otro lado del continente, con una sola certeza: que el amor no conoce de fronteras, pero las siente. Este art\u00edculo de PRIMICIAS rinde homenaje a esas mujeres que maternan entre videollamadas, turnos dobles y abrazos pendientes. Sus voces \u2014como las de Leticia, que venci\u00f3 al c\u00e1ncer mientras cuidaba de su familia con esa fuerza de quien todo lo da; Majo, que trabaja en tres estados y cr\u00eda a sus hijos a trav\u00e9s de una pantalla; o Cinthya, que trabaja turnos dobles \u2014 son eco de cientos de miles de historias silenciadas. Son madres migrantes, valientes y persistentes, que aunque no figuran en los titulares, sostienen con amor y esfuerzo los pilares invisibles de dos pa\u00edses. \u00abTraje mis recetas, mis cuentos y mis memorias\u00bb. Leticia R\u00edos. Leticia, la abuela que cruz\u00f3 hemisferios para cuidar de su familia Leticia R\u00edos dej\u00f3 Guayaquil en 2018, no por un empleo ni por una aventura americana, sino por algo m\u00e1s poderoso: su nieta. Con apenas nueve meses, la peque\u00f1a enfermaba constantemente en una guarder\u00eda de Nueva Jersey. \u201cMi hija me necesitaba, y yo no pod\u00eda quedarme viendo desde lejos\u201d, dice Leticia, que a sus 63 a\u00f1os cruz\u00f3 el continente con un solo prop\u00f3sito: sostener a su familia. En Ecuador, Leticia ten\u00eda una vida armada: trabajaba con adultos mayores, conoc\u00eda cada rinc\u00f3n de su barrio y caminaba con autonom\u00eda. Al llegar a Estados Unidos, todo fue ajeno: el idioma, el clima, las calles. Pero el amor \u2014el de las madres y abuelas que no dudan en comenzar de nuevo\u2014 fue m\u00e1s fuerte. Pronto se convirti\u00f3 en el alma silenciosa de la casa: cocinaba, cuidaba, consolaba y cantaba nanas heredadas. Cuando su nieta creci\u00f3, Leticia no se detuvo. Empez\u00f3 a cuidar a otros ni\u00f1os del vecindario con la misma ternura. \u201cSer ni\u00f1era no es un trabajo menor. Es una forma extendida de ser madre\u201d, dice. Y aunque en 2024 fue diagnosticada con c\u00e1ncer de colon, enfrent\u00f3 la enfermedad con entereza, sostenida por su familia, sus m\u00e9dicos y una comunidad que aprendi\u00f3 a quererla. Hoy, con la enfermedad en remisi\u00f3n, Leticia ha vuelto a ser ese pilar discreto y lleno de vida. Celebra la Navidad con mu\u00f1ecos de nieve, pero tambi\u00e9n ense\u00f1a a sus nietos las canciones de Julio Jaramillo. \u201cTraje mis recetas, mis cuentos, mi memoria\u201d, dice. Para ella, ser madre \u2014y abuela\u2014 lejos de casa es una forma renovada de amar: en otro idioma, en otro clima, pero con el mismo coraz\u00f3n. Majo: la madre que aprendi\u00f3 a maternar por videollamada Una mochila, una llamada y un pasaje. As\u00ed empez\u00f3 el nuevo cap\u00edtulo de Majo en Estados Unidos. Ten\u00eda tres hijos en Guayaquil, padres que cuidar, una carrera s\u00f3lida en producci\u00f3n de eventos y marketing, y una vida que parec\u00eda estable. Pero el deseo de brindarles un futuro m\u00e1s seguro a sus hijos la empuj\u00f3 a migrar. Hoy, tres a\u00f1os despu\u00e9s, Majo recorre las carreteras del noreste estadounidense como representante comercial, entre visitas a supermercados, largas jornadas de manejo y videollamadas diarias con sus hijos. \u201cMe toc\u00f3 volverme una mam\u00e1 que expresa sus sentimientos en redes sociales o haciendo reels\u201d, dice con una sonrisa. Su verdadera crianza ocurre a trav\u00e9s de una pantalla. Sus hijos viven en Ecuador, y la maternidad migrante le exige creatividad y resiliencia. Bailan juntos por videollamada canciones de Tierra Canela, discuten por la m\u00fasica que suena en los altavoces mientras hacen tareas, celebran cumplea\u00f1os y navidades por FaceTime. \u201cEs trabajar el doble y en silencio. Muchas veces llorar sola en la noche y al d\u00eda siguiente levantarse como si nada. No dejar que se den cuenta que se me quiebra la voz cuando hablamos por tel\u00e9fono\u201d. El d\u00eda que sus hijos llegaron a visitarla a Nueva York qued\u00f3 grabado en su memoria y en un video que atesora como una reliquia. \u201cFue como volver a respirar\u201d, dice. A pesar de la distancia, Majo procura transmitirles sus ra\u00edces ecuatorianas: sus padres, que a\u00fan est\u00e1n all\u00e1, se encargan de mantener vivas las tradiciones y las celebraciones. Majo sue\u00f1a con volver a tener a sus hijos a su lado, guiarlos de cerca, ense\u00f1arles que en Estados Unidos las oportunidades existen, pero hay que gan\u00e1rselas. \u201cLas madres migrantes no somos hero\u00ednas ni v\u00edctimas, somos el motor emocional y econ\u00f3mico de muchas casas. Nos vamos, pero dejamos la mitad del alma all\u00e1. Migrar es para valientes, y ser madre en este pa\u00eds es el acto m\u00e1s grande de amor.\u201d Cinthya: Sus hijos, su norte y su fuerza Lleg\u00f3 a Nueva York en 2001 con dos hijos y una maleta cargada de incertidumbres. Cinthya Aldas dej\u00f3 atr\u00e1s a sus padres, hermanas, amigas, su casa, su idioma. Lo dej\u00f3 todo, menos el instinto. \u201cNunca imagin\u00e9 que iba a extra\u00f1ar tanto\u201d, dice. Una amiga la recibi\u00f3 y le tendi\u00f3 la mano. Desde entonces, aprendi\u00f3 a vivir entre el ruido de una ciudad que no espera a nadie y el silencio \u00edntimo de quien se adapta sin hacer esc\u00e1ndalo. Aprendi\u00f3 otro idioma, un nuevo oficio, y hoy trabaja como bartender en un hotel en Manhattan, sirviendo copas con la misma dignidad con la que ha servido sue\u00f1os en su casa. Criar dos hijos lejos de su tierra fue un acto de fe cotidiano. \u201cSer madre lejos es hacer todo el doble\u201d, repite. Enfrent\u00f3 cada reto sola, como cabeza de familia, con la convicci\u00f3n de que ese sacrificio dar\u00eda frutos. Y as\u00ed fue. Sus hijos crecieron, estudiaron, se titularon, y hoy son hombres hechos y derechos, como dice ella, agradecidos por todo lo que este pa\u00eds les ofreci\u00f3 y por la madre que se desvel\u00f3 para abrirles el camino. \u201cQuisiera que las madres migrantes tuvieran m\u00e1s apoyo. No es f\u00e1cil vivir con tantas barreras, sobre todo la del idioma\u201d, reflexiona. 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