Entre el dolor y la esperanza, José Amay, uno de los sobrevivientes del aluvión que devastó el barrio Kantzama el pasado 3 y 4 de julio, regresó este martes desde el hospital para dar el último adiós a seis integrantes de su familia que perdieron la vida durante la tragedia.
Con visibles secuelas físicas tras haber sido arrastrado por la fuerza de la corriente, Amay relató que sufrió graves lesiones en uno de sus brazos luego de que un tronco impactara contra él mientras intentaba salvar su vida. A pesar de permanecer hospitalizado, decidió abandonar temporalmente el centro médico para asistir a las exequias de sus seres queridos.
«Quedamos sin nada, quedamos en la calle», expresó con profunda consternación al recordar la magnitud del desastre que destruyó viviendas y cobró numerosas vidas.
Según su testimonio, la noche del aluvión se encontraba junto a autoridades provinciales inspeccionando los daños provocados por el incremento del caudal del río. Mientras compartían un café tras la inspección, un fuerte estruendo anunció la llegada de la avalancha.
«Los bomberos nos dijeron que corriéramos, pero ya no hubo tiempo. Me subí a una casa de dos pisos, pero un árbol me golpeó y me destrozó el brazo. El río me arrastró varios kilómetros hasta Soapaca», recordó.
Amay permaneció aferrado entre troncos y escombros durante varias horas hasta ser rescatado aproximadamente a las tres de la madrugada.
El sobreviviente informó que en esta tragedia perdió a seis familiares: Gilberto May, Inés Pineda, Merely Quezada, Walter Quezada, Eitan Lozano y Gladis Amay. Además, indicó que cuatro miembros más de su familia continúan desaparecidos: Franklin Quezada, Liliana Tiwi y una menor identificada como Maila Vera.
«Perdí más de la mitad de mi familia», afirmó con evidente dolor.
A las pérdidas humanas se suma la destrucción total de su patrimonio. Explicó que las autoridades les han prohibido regresar a la zona afectada debido al riesgo que representa, situación que agrava la incertidumbre de quienes hoy carecen de vivienda y medios de subsistencia.
Amay manifestó su intención de trasladarse a la ciudad de Loja para permanecer junto a otros familiares mientras enfrenta el proceso de recuperación física y emocional.
Durante la entrevista hizo un llamado a la solidaridad ciudadana y al compromiso sostenido de las instituciones públicas y privadas.
«Necesitamos ropa, alimentos y ayuda para volver a construir nuestras viviendas. Que no se olviden de nosotros cuando pase la emergencia. La reconstrucción debe contar con el apoyo de toda la comunidad, de los gobiernos y también de la empresa privada», señaló.
En medio del profundo duelo, José Amay aseguró que considera haber recibido una segunda oportunidad de vida. Recordó que, mientras era arrastrado por la corriente, encomendó su destino a Dios.
«Si era mi hora de morir, le entregaba mi vida; pero si todavía no era el momento, le pedí que me salvara. Hoy creo que Dios me dio otra oportunidad», expresó.
Su historia refleja el drama humano que dejó el aluvión del pasado 4 de julio, una tragedia que continúa alentando el proceso de búsqueda de desaparecidos y evidencia la necesidad de fortalecer las acciones de asistencia humanitaria, reconstrucción y gestión del riesgo para las comunidades afectadas.
La experiencia de José Amay representa el testimonio de decenas de familias que, además de enfrentar pérdidas irreparables, buscan reconstruir sus vidas con el respaldo permanente de la sociedad y las autoridades.





